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“Lienzos”, de Mar Busquets-Mataix: écfrasis de la memoria.

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Publicado en la revista Oculta Lit:

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Cubierta de Lienzos

La pintura y la poesía siempre han estado unidas. O por lo menos, todo pintor aspira a la poesía en sus obras, y todo poeta se ha inspirado en la pintura, ya que le es imposible aspirar a detener el tiempo o atrapar la luz. Ambas artes poseen lenguajes diferentes. El ser humano es capaz de pintar o poetizar para expresar con ello mensajes que provienen de diferentes latitudes interiores, seguramente, de no ser así, la historia de la raza humana habría sido muy diferente. Mar Busquets-Mataix pinta con palabras en Lienzos, y al mismo tiempo su palabra aspira a ser pigmento.

La editorial valenciana Pre-Textos edita este libro tras haber sido premiado en el XXXIV Premio Ciudad de Valencia Juan Gil-Albert. Busquets-Mataix es una escritora tenaz, como pocas. En los inicios de los años noventa del pasado siglo comenzó a publicar poemarios: La pausa (1992), Los hombres de paja (1996), La curva del aire (1997), y también comenzó a merecer sus primeros reconocimientos: La Buhardilla (1992), Premio Valle Inclán de la Universidad de Bilbao (1994), y así fue creciendo como escritora y forjándose una fructífera carrera, no solo como poeta, sino también como narradora. De la invisibilidad (2013) y Lo efímero (2015) son sendas novelas que su pluma ha brindado a los lectores.

Hemos dicho que la pintura y la poesía pueden cubrir diferentes necesidades expresivas del artista, no cabe duda, ¿pero qué ocurre cuando la una describe a la otra? Pintar un poema, poetizar un paisaje. De esa pretensión nacen la ilustración y la écfrasis, técnicas de las que surgen obras cognadas de una misma belleza.

Los versos contenidos en Lienzos representan una necesidad vital para su autora, en ellos, conviven poemas de cinco versos con otros de varias páginas; poemas con título o desprovisto de él, y en su naturaleza óntica se trasluce el sentimiento, la reflexión y la emoción de una mirada que recuerda, sufre y se interroga: Cómo entender el silencio / que blinda la tierra / de los vivos y nos cose / al filo de los días / acaso redención / o abismo.

Su lectura manifiesta pulsión, catarsis; ya en su primera parte, titulada “Grito”, nos topamos de lleno con la realidad de los refugiados, asunto que no tarda en encogernos el corazón. La orilla de una playa es el escenario permanente donde la realidad pone a prueba a la conciencia humana: Siempre tan solitarios / como ahora / cuando vamos al mar / y no somos el mar, // y mordemos la orilla / o morimos.

Cuestionamiento de la palabra escrita, pero también evocación, al ser afectados por su influjo, son temas abordados en una segunda parte donde el amor se posiciona en un estatus privilegiado con respecto a la efervescencia que lo rodea: Mis palabras / se posan en tu piel, / respiran quedamente, / sonríen, / se desvisten, / te desarman.

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Mar Busquets-Mataix

En este segundo apartado titulado “Palabras” la viga maestra es el lenguaje. La preocupación de la autora sobre este tema inunda los poemas de reflexiones metaliterarias, sus palabras se dirigen a un interlocutor homólogo, pero aluden constantemente a esa fuerza ulterior que es el lenguaje: Hablemos de metáforas; / ideas nuevas y cambiantes, / oscuramente bellas / cuando juntas muerte amor / lo bello y lo siniestro, / te suben por los brazos / o los párpados, / asombran y sublevan.

Lo erógeno y frágil del cuerpo humano encarna la fisicidad de las preguntas en el tercer apartado, titulado “El cuerpo”; una caricia, un silencio, un amanecer puede desencadenar el cielo o el infierno, la seguridad de la montaña o el vértigo del abismo: Desprovista de mis armas / me vi dentro de ti, / lo que ansiamos, / y no somos; / la belleza.

El Bosco, Munch, Sorolla o Klimt, dan pie a la autora, a través de algunas de sus obras maestras, a culminar “Lienzos”, un apartado lleno de luz y sensibilidad, donde el color y el verbo se funden en una poesía que se espacia sobre la hoja, que se reitera en los versos, y subraya la importancia de vivir: Son los mantos, las sedas / con que cuidamos este roce / frágil y misterioso / para elevarlo, / y pulsar // lo que nos devuelve / a nuestro origen: // la luz.

“Vivir” es el nombre del último apartado, una coda diseminada en tres actos en la que las manos, como símbolo dador de amor mediante abrazos, caricias, consuena armoniosamente en esa noche ilimitada  en la que el yo lírico arde, vive, ama ignorando de qué lado está la vida: Porque finalmente / no son tus manos / lo que tanto amo en ti / sino su propio giro silencioso, / la cadencia de mi piel / en la yema de tus dedos.

Viaje sensorial el que propone Busquets-Mataix, donde la prosografía del cuerpo humano a su vez describe la orografía de un mundo interior, ideal y metafísico que permanece atenazado por el daño. Lo inefable vibra y se estremece por analogía al temblor de la carne, ya que después de todo, un libro es un lienzo buscando una vida que lo reconozca; un cuerpo es un lienzo cuyo autor es la vida.

 

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Entrevista capotiana a Heberto de Sysmo, por Toni Montesinos.

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cubierta, contraportada y solapas de la flor de la vida

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Heberto de Sysmo.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?

Una respuesta borgiana sería, una biblioteca. Pero habría más sensatez en la respuesta si incluyese cualquier lugar en el que uno se sienta amado.

¿Prefiere los animales a la gente?

En demasiadas ocasiones. Parece que sus silenciosas lecciones de amor no le son suficientes al ser humano.

¿Es usted cruel?

Nunca me lo he preguntado. Supongo que en un mundo como este, sin algo de crueldad y mentira nadie llega muy lejos. La sociedad instruye en la crueldad, lo cual no implica que cada uno no se esfuerce por combatirla.

¿Tiene muchos amigos?

Creo que nadie los tiene. La palabra «amigo» es muy grande.

¿Qué cualidades busca en sus amigos?

No solo en los amigos, la aspiración es rodearse de personas nobles y honestas con las que disfrutar y sufrir, aprender y compartir esa alternancia entre el dolor y la felicidad que es la vida. No podemos exigir más de lo que damos.

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¿Suelen decepcionarle sus amigos?

Supongo que si así fuera, sería en la misma medida que yo a ellos. Los amigos de verdad no decepcionan o no deberían hacerlo.

¿Es usted una persona sincera? 

Trato de serlo la mayor parte del tiempo. La mentira es adictiva, y lo peor, procura trofeos. Desenvolverse en un mundo lleno de mentirosos, sin mentir, es todo un reto. Lo mejor es aprender a no ser sincero cuando convenga, pero eso para el profano conlleva un proceso largo.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?

No tengo tiempo libre. Pienso y escribo a tiempo completo. En mis ratos libres, trabajo.

¿Qué le da más miedo?

De pequeño, la oscuridad de mi habitación. Ahora, la oscuridad del corazón de mis semejantes.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?

La indiferencia ante las injusticias.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?

Habría inventado la manera de serlo. No concibo la vida de otra forma. Soy de esos que si no escribiesen se volverían locos.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico?

Sí. Uno muy recomendable. Diez re-flexiones al día.

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¿Sabe cocinar?

Tengo mucho que aprender pero me gusta. No sé si es porque después de cocinar uno se come lo cocinado o por la satisfacción de explorar creativamente otros ámbitos.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?

A muchos: Johannes Kepler, Hugo Von Hoffmansthal, Marie Curie, Mary Shelley, Roman Jakobson, Clarice Lispector…

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?

Educación.

¿Y la más peligrosa?

Política.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien?

Los seres humanos somos animales instintivos y emocionales. La idea de suicidio la ha tenido todo el mundo, al menos, una vez en la vida. Lo mismo ocurre con el odio o los actos reflejos como mecanismo de defensa. Por suerte, no he sentido esa necesidad, de momento.

¿Cuáles son sus tendencias políticas?

Desencantado. Ningún partido político me representa. No soy apolítico porque pienso que se puede hacer política para la paz y prosperidad de los pueblos, algo de lo que estamos muy lejos a nivel mundial.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?

Astrofísico. El universo y sus misterios me cautivan.

¿Cuáles son sus vicios principales?

No fumo, no bebo ni me drogo. Leer y escribir son pulsiones adictivas constantes. Si tuviese tiempo elegiría tener algún otro vicio sano.

¿Y sus virtudes?

Generoso y trabajador.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?

Mi madre, mi pareja y mis gatos.  Momentos de felicidad ya vividos: graduación, primer premio, fiestas familiares, y ojalá que otros muchos que me quedan por vivir.

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Encuentro con la diversidad

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Prólogo a III Encuentro Internacional de Poetas “Ciudad de Valencia” (Asociación Rincón Poético Valle del Vinalopó, 2017).

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Un encuentro internacional de poetas siempre es motivo de celebración y un síntoma de la buena salud, o por lo menos, vitalidad, con la que los amantes de ese bien inmaterial, llamado poesía, afrontan su responsabilidad como activos valores culturales.

La actividad cultural valenciana, en la actualidad, es intensa y variada, más todavía, si centramos la atención en el gremio literario, y dentro de este, si auscultamos el torrente sanguíneo de lo lírico. Intensa, por la cantidad de grupos, asociaciones e instituciones que organizan recitales, presentaciones o premios; y variada, porque prácticamente todas las formas de expresión del hecho poético —y precisamente esa heterogeneidad es uno de sus rasgos de identidad— se encuentran en ella representadas.

José Romero, Presidente  de la Asociación Cultural la Platea y coordinador del grupo literario junto a  José Carlos, relaciones públicas, un colectivo de amantes de la poesía con núcleo en la localidad de Quart de Poblet, en Valencia. Muchas y muy variadas son las propuestas culturales que ambos vienen llevando a cabo en el tiempo, este III Encuentro Internacional de Poetas “Ciudad de Valencia”, encuentro celebrado durante varias jornadas, es una de sus actividades más exigente y compleja, debido a la labor logística que todo evento de esta índole exige.

Este encuentro no se reduce a una reunión de amigos que intercambian poemas con la única finalidad de pasar un rato agradable. Su mayor valor radica en la pluralidad geográfica —y por tanto, lingüística— de sus participantes, así como en la trascendencia literaria de sus poéticas, ya que además de la experiencia vital de los poetas que en él participan, una selección de poemas de cada autor se inmortaliza en el libro que usted tiene ahora entre las manos, esto con el valor añadido de homenajear, además, la obra y figura de Federico García Lorca, el Andaluz Universal al que han precedido en estos encuentros, autores —no menos universales— como Juan Ramón Jiménez o Miguel Hernández.

Dicho esto, me es obligado agradecer a los citados José Romero y José Carlos Llorens, su confianza y generosidad depositadas en mí, ya que al confiarme la redacción de estas palabras introductorias a su citada antología, no hacen más que afianzar entre nosotros un vínculo cultural y temporal que hace tiempo cristalizó en una sana amistad.

Proyectos como este son más necesarios que nunca. Como ciudadanos del siglo XXI, somos testigos de una decadencia socio-política sin precedentes. Por un lado, el capitalismo sigue su curso como flautista de Hamelín y guía a la humanidad a una sociedad tecnócrata, consumista, deshumanizada y controlada por una minoría de élites; y por otro, la violencia, la intolerancia y el odio brotan en el ser humano como síntomas de ese envenenamiento endémico.

Como bibliófilo, aplaudo la iniciativa de convertir en libro el germen de este encuentro. Como bien se sabe, de la oralidad solo quedan rumores, no siempre acertados; el negro sobre blanco que ofrece la escritura, sin duda, favorece que cualquier legado haga más oposición al tiempo. Como persona, entiendo que toda poesía emerge de la experiencia, y no pocas experiencias conlleva viajar, conocer a otros poetas e intercambiar con ellos vivencias y pensamientos. Esta sociedad se ocupa de tener, mientras que los artistas deben poner el foco de atención en ser. Compartir es darse a los demás, pero también, conocer al otro. En la diversidad se halla la riqueza, y este tipo de concentraciones favorece en algunos casos la convergencia de pensamiento de autores de poéticas, en apariencia, divergentes. Ahí radica una de las muchas grandezas de la poesía; como dice el poeta Francisco Brines: la poesía nos educa en la tolerancia.

La cultura, algo que los medios de comunicación de masas confunden y emparentan en sus últimas páginas al ocio, jamás ha sido reducida al entretenimiento, a la celebración popular. La cultura es mucho más. Quienes creemos que en ella se encuentran los principales valores que dignifican al ser humano, entendemos que hay que apoyar iniciativas como las que promueven los amigos de La Platea. En ocasiones, el pueblo se organiza y respondiendo a un estímulo, habla y ofrece sabiamente una solución que debe ser escuchada.

Mi admiración y respeto a José Romero y José Carlos Llorens, defensores de la cultura en Valencia, ciudad en la que su silenciosa y valiosa labor va edificando áreas de abrazo y divulgación de la poesía, así como de otras artes. Y mi felicitación a todos y cada uno de los autores, aquí compendiados, pues en todos ellos, por separado, anida una ilusión inquebrantable, una esperanza que a través del arte va alejándose de lo irreal y materializándose; y en su conjunto, representan una de las más constructivas versiones del ser humano. Espero que estos versos, cada uno a su forma y por más diferentes que parezcan, encuentren acomodo en la mente y el corazón de sus lectores.

José Antonio Olmedo López-Amor

Valencia, 24 de agosto de 2017

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“Metamorfosis”: el poliestilismo de Amparo Andrés Machí.

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Título: Metamorfosis

Autora: Amparo Andrés Machí

Editorial: Chiado Editorial

Género: miscelánea de artículos, relatos y poemas

Año de publicación: 2017

Número de páginas: 112

ISBN: 978-989-51-9900-6

El diseño de cubierta del libro, obra de María Guirão, ya es premonitorio en cuanto al contenido, pues el eclecticismo de un collage representa a la perfección el afán convergente y unitario de esta obra con referencia a los géneros literarios.

En la propia contraportada del libro, Amparo Andrés Machí (también conocida como Stelmarch), su autora, alude a la Ars poética de Horacio —también conocida como Epístola a los Pisones—  para relacionar la fusión de filosofía y literatura —si es que tal separación puede llevarse a cabo— llevada a cabo en Metamorfosis, un libro en el que los géneros narrativos se imbrican, sí, pero sin renunciar a la poesía.

El propio Horacio, en el siglo I a. C. ya observó en el tópico denominado prodesse et delectare, las cualidades que debía tener todo texto que aspirase a entretener y enseñar. Una posible traducción a dicho término sería «enseñar deleitando», y eso es precisamente lo que consigue este libro. Dulce et utile, este libro miscelánea (según palabras de José Vicente Peiró, firmante del prólogo) encuentra en la emoción de la diversión el recurso mnemotécnico para ser didáctico.

Que las ideas de un artista, en este caso, poeta además de narradora, no siempre confluyen en una obra aparentemente homogénea, en una ordenación de modos y tiempos que nos parezca coherente, es algo que Cortázar demostró con Rayuela, Borges con El hacedor —como bien señala Peiró—, o más recientemente el propio Masoliver Ródenas con El ciego en la ventana. Cuando el caudal expresivo-artístico es torrencial, encontrar el molde que lo contenga se convierte en una tarea compleja.

Conceder al texto la morfología que reclama es más sabio que forzar su armadura al esbozo de nuestras aspiraciones. Amparo Andrés comienza su libro con un texto ensayístico sobre la poesía, “Metamorfosis de la poesía”, y sus consideraciones no resultan chocantes con respecto al siguiente texto, “Tu magia, poesía”, un elegante poema en prosa, ya que su lenguaje, lejos del academicismo presumible en un texto ensayístico, se naturaliza y acerca a la conversación íntima, provocando con ello no solo la comprensión del lector, sino también una agradable clima de recogimiento y confianza.

Dicha continuidad en el lenguaje hace que los saltos entre géneros, lejos de resultar bruscos, sean interesantes. Pone de manifiesto la estratificación inconsciente del hecho literario. Por ejemplo, para ejemplificar con pasajes de los textos citados: El buen estilo en prosa es siempre rehén de la precisión, / rapidez e intensidad lacónica de la dicción poética. La autora expone opiniones sobre temas que le preocupan y también las argumenta. Pero también:

En esos mismos momentos te capturo intacta como una flor de un día y tú, juguetona, me das la espalda y desapareces como un hada que se esfuma dentro de la flor que la contiene… pero siempre queda tu perfume en el aire, intacto y embaucador.

De lo testimonial, a lo confesional y sensible con la habilidad de los grandes narradores que envuelven con imágenes muy nítidas cualquier suceso o pensamiento. La autora hace uso de una gradual profundidad en sus escritos a través del estilo.

El libro está estructurado en trece partes: doce metamorfosis y un ensayo sobre un relato de Borges. La temática de esos doce apartados abarca: la poesía, el silencio, el tiempo, la libertad, el amor, las personas; temas humanos abordados de manera existencial; pero sobre todos ellos prevalece un cuestionamiento o una reflexión permanente sobre las palabras. Es verdad que la poesía ocupa un lugar protagonista, pero la preocupación por el lenguaje presenta en sus textos una perfecta oposición al silencio:

La poesía me resuelve

la línea curva donde reposan mis ojos de insomnio

entre versos ajenos

cuando no te tengo

y me duelen las llagas de las paredes

que sin voz delatan al mundo y sus intrigas

sobre mí vertidas ahora.

La poesía, y por ende las palabras, representa la tabla de salvación contra el desamor o el tiempo. El silencio es un refugio en el que el yo lírico se adentra para equilibrar un mundo interior atestado de emociones:

La tierra, el agua y el aire

saben de mi fuego de lucha callada

y el mar del desasosiego

espera su amor

en el naufragio de las preposiciones.

Por no desentrañar más contenidos del libro, ya que descubrir sus argumentos y múltiples correlaciones son algunas de las apasionantes tareas del lector, reproduciré un fragmento del interesante y necesario prólogo —que un libro de estas características necesita— de José Vicente Peiró, quien acierta de lleno en su disertación sobre esta obra:

No se pierdan “Claroscuros de otoño” por su intensidad y su pasión lírica. Si la autora no se ha dado cuenta del silencio, como expresa, el lector sí debe hacerlo porque es necesario, y si cita a Schopenhauer y su división de la libertad en tres modos (física, intelectual y moral) no es para debatir con el filósofo alemán, ni tampoco con Saussure o Wittgenstein al hablar del sentido de las palabras, sino para construir un mundo poético, que es donde se encuentra más a gusto.

Con la publicación de Metamorfosis, Amparo Andrés culmina su tercer libro, tras Filoversando en Nod (Evohé, 2013) y Cuentos neuróticos (Chiado Editorial, 2015), demostrando con ello la escisión de su corazón entre la narrativa y la poesía, además de un inquieto talento para plantear preguntas y contar historias, escenarios donde esta autora se maneja con versátil creatividad.

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Amparo Andrés Machí

 

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“Treinta y seis mujeres”: maneras de nombrar el vacío de Gema Palacios.

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Publicado en “Revista de Letras” de “La Vanguardia”:

http://revistadeletras.net/gema-palacios-maneras-de-nombrar-el-vacio/

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Título: Treinta y seis mujeres

Autora: Gema Palacios

Editorial: El sastre de Apollinaire

Género: poesía

Número de páginas: 78

Año de publicación: 2016

ISBN: 978-84-938931-9-4

Treinta y seis mujeres es el tercer poemario de Gema Palacios (Zaragoza, 1992), Compañeros del crimen (Ediciones Paralelo, 2014) y Morada y plata (Ebediziones, 2013) le preceden. Esta joven autora ha encontrado acomodo en El sastre de Apollinaire, sello editorial en proyección ascendente, gestionado hábilmente por Agustín Sánchez Antequera. Si fácil es entregarse como editor a ese brote cantautoril del que algunos sacan buen partido, y no tanto pecho, Antequera ha escogido el camino difícil. Apuesta en esta ocasión por Gema Palacios, exponente de una generación poética —liderada por Elvira Sastre y coetánea a la generación aludida— que ha florecido líricamente durante el último lustro, pero demuestra haber perdido su tiempo cribando la arena de las letras, y como buen forty-niner, en cada nueva entrega nos ofrece su selecto yacimiento.

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Gema Palacios, fotografía de Alberto Rivas.

Libro dedicado a tres mujeres; una cita de la poeta rusa Marina Tsvietáieva: La poesía es el ser, el no poder hacer de otra manera, nos previene de ese irrevocable fervor poético al que está abocado todo letraherido. Un fervor que en este poemario se concentra en una defensa de lo femenino, si es que tal distinción puede hacerse, además de un inconformismo moral e intelectual, a lo que hay que añadir el amor. Estas tres vetas nucleares confluyen y conforman, de manera indisoluble, los rasgos característicos de la identidad del hablante lírico.

“Tres maneras de nombrar el vacío” es un preludio que además de revelar la fascinación que siente la autora por la estética arábiga, expone sin titubeos su radical postura ante el machismo endémico que carcome la sociedad: Las mismas mujeres que ahora recobran la voz, / ahora hablan. Esas tres maneras de nombrar el vacío a las que alude el epígrafe, se corresponden con los tres actos en los que se divide el libro, si tomamos “El lugar para ser” como una coda prorrateada en cuatro partes.

A su vez, dichos actos ya anticipan catafóricamente en el título la direccionalidad de una mirada que comienza su recorrido en las manos, para dirigirse después a los labios y terminar en los ojos de quien enfrenta. Esa ascendente visión de lo metafísico en lo físico viene condicionada por el título de su primera parada: “Palabras-palma de la mano”, término utilizado por la citada Marina Tsvietéieva —heroína en quien la autora reconoce sus propios valores— en una de sus cartas a Abraham Vizniak. De esa construcción compuesta por «palabra» y «palma», dos naturalezas diferentes unidas para formar una nueva y ambivalente figura, la poeta arguye la idea para componer, de la misma forma, los títulos de los sucesivos bloques. Así encontramos “Labios precipicio” y “Ojos horizonte”, dos bellas aposiciones sustantivas que además de señalar las coordenadas de la geografía humana, asocian cada una de ellas al campo semántico de algo que puede ser, al mismo tiempo, estremecedor y majestuoso.

Uno de los rasgos caligráficos llamado a significar la disidencia moral proclamada en los versos, es la irreverencia ortográfica. Los poemas comienzan con mayúscula y terminan con punto final, pero carecen de cualquier interrupción ortográfica que no sea la ruptura sisrremática de los continuos encabalgamientos, tan solo espaciados por la distancia estrófica: Te sueño horizontal / la piel de arena / desierto entre los labios conocidos // tu voz así / mullida y plena // temblor constante en que me hundo / y mano. La ausencia de comas, puntos y otros signos, favorece las elipsis, e invita a agudizar sus cualidades interpretativas al lector más atento. Si en el primer bloque, los poemas son más breves que en el resto, en el conjunto del libro, tanto los espacios en blanco, como un aparente uso caótico de la sangría, serán constantes de principio a fin.

Gema Palacios utiliza con mayor frecuencia el uso de la primera persona como direccionalidad de su voz lírica; un yo, por fuerza, teatralizado y mínimamente diseminado entre las personas del verbo, que aspira a ser trasunto de su voz interior: Dadme / un vaso de agua / que no sacie mi sed sino que me convierta / en la única criatura / que lama la palma de su mano // Yo quiero tener sed de mí misma.

Los poemas del primer apartado carecen de títulos, únicamente son enumerados por cifras romanas; en el segundo apartado, en cada poema esplende un epígrafe propio; y será en el tercer y último apartado troncal, donde la autora utilice los versos de Alejandra Pizarnik para titular sus poemas, a modo de glosa.

En ocasiones, a sí misma, y en otras, a un interlocutor que no responde, la poeta se interroga en su propia descripción, se acerca o aleja de su propia conciencia de ser en cada pensamiento, en cada relato; parece que interpela, pero en verdad se descubre a golpe de verso, un verso que somatiza un dolor incandescente entre lo reflexivo y sensorial: Qué innato ver prever cada resquicio / cada nuevo insomnio / cada testamento // Yo // no soy salvo en tu aroma.

Imaginario repleto de abismos y soledades, su virulenta mezcla de amor y dolor provoca una cascada de adjetivos; más inquietante en su sustantivación, las aposiciones se suceden en una suerte de constatación del poder del nombre: Donde empieza la palabra te apareces; doble articulación del lenguaje cuya proposición nominal anticipa y enardece un particular lirismo: voz rasguño // fantoche mujer // formato página // formato angustia.

Gema Palacios no esconde sus referentes literarios, al contrario, los expone a las claras a través de citas o alusiones directas; de esta forma encontramos a: Julieta Valero, Olga Novo o Luisa Castro, quienes actualizan concomitancias con Virginia Woolf y las citadas Pizarnik y Tsvietáieva, a quienes está dedicado el poemario. Y lo mismo ocurre con el apartado masculino, que también lo hay, representado por: Borges, Rosales o Rilke. De distintas geografías y temporalidades ha bebido la autora. Realismo y surrealismo conviven en sus poemas, de corte intimista, donde conatos de romanticismo son rápidamente disueltos por versos existencialistas que golpean con toda su verdad.

Versos blancos y libres, de lenguaje sencillo y descalabrados en un espacio-tiempo de gramática herida, en ellos, una noción de irracionalidad anega las zonas deprimidas de una orografía volcánica: A veces gimo y no se produce sonido alguno / como bien sabes // Parpadeo dos veces antes de sustraerme el órgano vital / me doy a bocanadas por si la hipérbole / y sí / has venido a dar de comer a los pájaros.

Este tercer bloque, titulado “Simetrías”, además de vincularse a los versos de Pizarnik, puesto que los poemas nacen a partir de sus versos, a modo de cadáver exquisito, la autora señala que han sido escogidos en simetría con una selección de fotografías de la artista Francesca Woodman;  no cabe duda de que la inclusión de dichas fotografías hubiese engrandecido el conjunto.

En este bloque, la autora se descubre, y también advierte una grave soledad. Su actitud estética, lejos de parecer impostada, se naturaliza en su humana heredad. Nada es trivial a su mirada, así sus versos se enriquecen en imágenes y destilan velados aforismos y no tan velados tintes de erotismo: Entonces muevo los brazos compulsivamente / muevo mi vida hasta perder el tacto / y todo es frenesí / y todo es niebla // Su memoria es mi memoria es mi huracán.

“En un lugar para ser” supone un broche expeditivo a una obra que crece y se adensa conforme va avanzando. La sensibilidad de Gema Palacios hiere, porque acusa y señala, y se hace admirar y temer, pues no se rinde y doblega. Su visión histórica no olvida los calvarios impuestos a mujeres dique que abrieron brechas libertarias: A todas las mujeres que han sido silenciadas / a lo largo de la Historia. En esta coda, la rotundidad en sí misma y sus posibilidades como mujer, se concretizan paulatinamente, conforme nos acercamos al final. No hay más seguridad y certeza que la lucha, el propio enfrentamiento, contra sí mismo y el mundo, será la única vía hacia la dignidad: Porque estoy aquí, / porque temo y deseo la belleza con tanta ferocidad / que no puedo entregarme al abrazo sin oponer resistencia; (único poema del libro con presencia de comas).

Treinta y seis mujeres: treinta y seis poemas de una autora en decidida proyección ascendente. La poesía de Gema Palacios, henchida de un romanticismo que alude a la muerte de lo divino en la flaqueza y contradicción de lo humano, no busca condescendencia, sus poemas son denuncia y homenaje, constatación de una actitud firme y coherente que enfrenta a cuanto no asume, a cuanto cree injusto, y lo hace con una efervescencia poética que inocula su propia fuerza interior.

Gema Palacios, fotografía de Laura Carrascosa Vela

Gema Palacios, fotografiada por Laura Carrascosa Vela.

 

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Adiós al restaurante Chez Lyon: gracias por tanto.

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Publicado en “El Cotidiano”:

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Francisco Mateu

Hace unos días me enteré de la noticia, como suele ocurrirme, buscando datos por la red para redactar algún artículo, leo muy apenado las siguientes palabras: Chez Lyon, el carismático restaurante valenciano regentado por Francisco Mateu, cierra sus puertas tras cuarenta años de actividad en el corazón de Valencia. Y no pude más que entristecerme y sentirme un poco culpable de su cierre. Acertadas o no, estas fueron mis primeras emociones al leer dicha noticia. Y es que desde que conocí aquel lugar, en un emplazamiento privilegiado de la festiva y peatonal calle En Llop, muy cerca del Ayuntamiento de Valencia, siempre pensé en el poder transformador, restaurador y unitario de la cultura.

Una pequeña mesa circular, ataviada con la apropiada mantelería de un negocio de restauración, siempre aguardaba a un lado de la puerta, en ella, unas tarjetas de visita, y no solo por eso, sino por la presencia de un poema manuscrito en un papel de aspecto pergamino colocado sobre un cabestrillo de madera, provocaba que cualquier transeúnte se detuviera y leyese aquellos inesperados versos, versos firmados por sus propios autores que iban cambiando con el transcurso de los días.

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La poesía era el primer aroma que uno percibía antes de entrar a este emblemático local. Muchas personas se fotografiaban ante «los versos del día», algo que contrarrestaba impactantemente con los típicos «menús del día» que ofertaban en su exterior los demás restaurantes colindantes. El primer día que advertí esos umbrales versos pensé: esto debe ser idea de algún poeta. Y no me falló nada la percepción, la persona al frente de aquel negocio era Francisco Mateu, Paco para los amigos; un hombre delgado, de aspecto frágil y mirada serena al que conocería —por suerte— poco después y con quien entablé una hermosa amistad.

La primera vez que entré al local me pareció pequeño. Desde la entrada podía verse todo, excepto la cocina, que era subterránea, y por supuesto los baños. La barra se encontraba a la derecha, nada más entrar, y ella acompañaba a unos escalones que daban acceso al salón, un recinto en el que había una escalera de madera por la que podía accederse a otra altura, también preparada con mesas. Aunque lo que llamó mi atención fue un árbol de madera que decoraba una de las paredes, cerca de la entrada, y del que emergían varias estanterías a modo de ramas. Paco siempre colocaba en ellas libros de amigos, personas que agradecían su fraternal trato de anfitrión perfecto y, de alguna forma, querían contribuir a ese amplio proyecto cultural que este singular maître hizo florecer en este recinto.

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Fotografía de Ramón Torregrosa

Y es que los domingos, día de cierre para descanso del personal, Paco abría las puertas de su restaurante, solo y exclusivamente para que algún artista o conjunto de artistas actuase por la tarde. Dicha oportunidad no fue desaprovechada por la efervescente comunidad cultural valenciana, y de esa forma, asociaciones culturales, grupos o artistas en solitario llenaban el local con sus propuestas, por lo que no tardó en convertirse en un bastión de poetas.

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Vicent Camps, recitando.

Por si fuera poco, Paco creó un movimiento solidario denominado “Comunicación desde la otra orilla. Un mar de poemas solidarios”, el cual consistía en la donación de poemas manuscritos por parte de escritores o personas aficionadas,  los escritos después se introducían en frascas de vidrio, de medio litro, y se vendían, tanto en el restaurante, como en librerías, por un módico precio con la idea de donar todo lo recaudado a fines benéficos. Fue tal la aceptación social de aquel proyecto, que firmas de toda alcurnia, desde personajes consagrados a anónimos, en varias lenguas y de formas muy creativas, participaron y donaron sus poemas, motivando con ello que tanta belleza artística y buenas intenciones fraguaran en un proyecto en papel, una preciosa revista.

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Botellas y revistas se expandieron por Valencia como la pólvora. Paco comenzó a organizar eventos en diferentes locales: presentaciones, maratones o recitales, siempre como generoso anfitrión y dando la oportunidad de expresarse a multitud de artistas. Su personalidad, generosa y altruista, enamoraba a propios y extraños, por lo que todo el que sabía de su proyecto decidía sumarse a él. El último artículo que leí al respecto señalaba que más de 4.500 botellas habían sido vendidas, y la revista agotó rápidamente su primera edición. El proyecto de un maître poeta comenzó a salir en los medios: radio, prensa, internet, y la noticia se expandió por toda España. Llegaron a cruzar el atlántico una buena remesa de botellas, así como también llegaron a otros países europeos, demostrando que hace más quien quiere que quien puede.

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Fotografía de Anna Pérez

Nunca olvidaré el recital que ofrecimos Gregorio Muelas y yo en febrero de 2013 en este local. Nos acompañaron los músicos de Samaín y Enclavedeblog.com, una experiencia única que pudimos compartir con el numeroso público que asistió a arroparnos.

La comunidad cultural valenciana, en masa, debería unirse y homenajear a Francisco Mateu por su denodado esfuerzo en pro de la cultura y la solidaridad, valores poderosos y esperanzadores que hoy son más necesarios que nunca.

Desde aquí doy las gracias a Paco y también a Anna Pérez, por todo su cariño y hospitalidad, esperemos que este cambio de rumbo sea para bien, termina una etapa y se abre otra nueva. Podéis dormir tranquilos, habéis hecho algo muy grande, os queremos. Vosotros sí sois poesía.

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“Déjame salir” de Jordan Peele

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Publicado en “Sala1. Revista Digital de Cine”:

http://revistasala1.com/?p=8375

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Déjame salir (Jordan Peele, 2017), es un buen ejemplo de película en equilibrio entre varios géneros. Por un lado, la cinta va dosificando su intriga a medida que el personaje protagonista va adentrándose en la trama; por otro, su planteamiento podría ser mucho más visceral o gore, si se quiere, pero el director se decanta por un suspense realista —terror, para algunos—que no solo viene a reivindicar la emoción en el espectador, sino también su reflexión, a través de un par de cuestiones que plantea: racismo y seres autómatas.

 Muchas de sus situaciones evocan a otras cintas: chica blanca conoce a chico negro, se enamora y quiere presentarlo a su familia (Adivina quién viene esta noche); y de principio a fin utiliza clichés, pero no cae en lo gastado y manido, su pericia radica en que todas sus referencias son un punto de apoyo para aportar algo nuevo. Es atípico encontrar un grupo de villanos que no pretendan asesinar a sus víctimas, la manipulación de la conciencia que plantea la película es una suerte de crítica social a la deshumanización de la sociedad actual.

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Mucho se ha dicho acerca del racismo con motivo del estreno de esta película; ya desde su portada se alude al blanco y al negro, y su trasfondo es más patente en escenas como la de la identificación policial, o la reunión de invitados que juegan al bingo. Su denuncia no es casual, Peele, su director y también guionista, es de raza negra, y enfoca sin tapujos esa predilección de los blancos por los negros, ya que en el fondo, los blancos quieren ser como ellos.

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La hipnosis juega un papel importante en la película. Su tratamiento recuerda a El último escalón, cinta en la que por primera vez se mostraba el punto de vista del personaje hipnotizado. Los planos del protagonista suspendido en una densa oscuridad que lo engulle incrementan la angustia del espectador. Como también resulta acertado el tratamiento del sonido en la parte final del metraje, su empleo pone de manifiesto la importancia del relieve sonoro en el relieve visual, algo que aquí es explotado con eficiente destreza. Sin ser una obra maestra, Déjame salir es una película interesante y recomendable que pone al espectador tras la pista de Jordan Peele, un director poco convencional de recursos originales.

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Identidad, sistematización y cohesión poemática en la poesía de Ignacio Caparrós.

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Ignacio Caparrós fotografiado por Pepe Ponce (Droga dura, 2014).

 

Artículo publicado en la revista “Rewe des Sciences du Langage”. Publicación editada por el Laboratorio de Ciencias del Lenguaje de la Facultad de Letras y Lenguas de la Universidad Ammar Telidji de Laghouat (Argelia):

file:///C:/Users/Heberto%20de%20Sysmo/Downloads/Revue_des_sciences_du_langage_n11_juin_2017-1.pdf

 

El idioma es la fuente de todo.

Gonzalo Santonja

 

 

Cada verso contiene

una pequeña vida luminosa.

Cada poema entero

una resurrección.

 

Antonio Porpetta

 

 

Du reste, toute parole étant idee, le temps d’un langage universel viendra!…

Cette langue sera de l’áme pour l’áme, résumant tout, parfums, sons,

couleurs…

Rimbaud, Carta a Paul Demeny, 15 de mayo de 1871

 

 

  1. IDENTIDAD Y LENGUAJE

 

Es poco demostrable que los seres humanos en el amanecer de los tiempos, y habiendo adquirido ya un código común para comunicarse, utilizasen esa ventaja, la de expresarse, transmitir pensamientos y emociones, órdenes, y así organizarse mejor en grupo para someter a otros grupos que todavía no habían alcanzado ese tipo de desarrollo cognitivo. Pero en la teoría, todo apunta a que los “hablantes” podrían haber provocado la extinción de otras especies, gracias a las ventajas proporcionadas por el lenguaje, garantizando con ello su supervivencia (Miquel Serra, et al. 2000, 93).

Todo lenguaje es una invención, en primer lugar, y después, dada la naturaleza comunicativa de dicha herramienta, es necesario que se transforme en una convención. Llegamos al lenguaje movidos por una necesidad, y su aparición no es otra cosa que una adaptación al medio de nuestras capacidades cognitivas. Somos seres pensantes y sintientes, algo que no impide al lenguaje, aun habiendo aparecido con posterioridad a la conciencia, ser el elemento necesario para que ella misma se desarrolle y madure. Nuestra cabeza bulle, tenemos necesidades de toda índole, vivimos en un mundo físico de características peculiares, y no menos peculiares son los rasgos de otros seres con los que nos “relacionamos”. El hecho de vivir es una invitación forzosa a crear un lenguaje; si es que nosotros, como individuos, acaso no somos el enclave panspérmico para que el lenguaje sea.

El paso del tiempo y la evolución mental del individuo, propiciada a buen seguro por esa habilidad comunicativa también en evolución, hacen que el sistema fonético se trasunte al plano fonológico, pasamos de la oralidad y el gesto a la materialidad, a la escritura. En ella pensamos que culmina como obra el camino expresivo del ser humano. Pero para adquirir el valor de obra total debemos añadir todos los lenguajes vinculados a las artes: pintura, danza, escultura, música, etc. Cualquier sistema comunicativo ha sido sublimado de los primeros gruñidos que emitieran nuestros ancestros.

Las lenguas derivadas del latín hacen que asociemos los pensamientos análogos de manera sintáctica, mientras que las lenguas anglosajonas producen un efecto paratáctico (Eco, La estructura ausente, 1968). La obra poética de Ignacio Caparrós Valderrama (Málaga, 1955-2015) es, sin duda, relacional. Pero, si bien su percepción latina tiende a relacionar elementos compositivamente hablando, su lectura obliga a relacionar los mismos elementos de manera inversa. Pero ello no supone una finalidad argumental en sus poemas, sino una herramienta vehicular y lingüística de la que el autor se sirve para guiar al lector.

Caparrós, como hablante poético, escogió la poesía como idioma. Sus poemas son textos de resistencia, una oposición artística, intelectual, animal y moral, contra el silencio, contra la ignorancia, el sinsentido, la injusticia, lo absurdo y otros rasgos atávicos que dimensionan la conciencia humana.

Al igual que los antiguos padres de nuestro habla, precursores de cuantas lenguas hoy inventariamos, Caparrós se aferró a la poesía para sobrevivir, y lo hizo, como pocos, hasta sus últimas consecuencias. Este reducto cultual, capaz de trascender tanto en quien lo escribe (función terapéutica), como en quien lo lee (función social), fue la tabla de salvación para un poeta que no concebía su vida sin poesía.

Su «puesta en abismo» fue obligada desde el momento en el que eligió ser en el lenguaje.  Sobrevivir en el lenguaje, al principio, y sobrevivir por el lenguaje, al final, fueron etapas vitales en la vida del poeta, quizás iniciadas de manera inconsciente, pero advertidas de forma tan contundente como desencantada. Esto ya puede apreciarse en el valor catafórico de su primer título Sombra de la sombra que soy (1993); donde la imposibilidad de ser lo que uno es en el plano experiencial, contrasta análogamente a la insuficiencia del lenguaje, en el plano textual, ya que utiliza la convención del símbolo para referenciar a un objeto real que jamás será.

Para encontrar la identidad transfigurada en los poemas de Caparrós hemos de de tener en cuenta las funciones del lenguaje enunciadas por Jakobson, en concreto, la función poética (Jakobson, 1975 [1960]). Muchas de las figuras que estudian los schémata lexéos de la retórica son atribuidas a la identidad, y es que las figuras y tropos son fundamentales en la creación literaria, pero a su vez son elementos clave para esclarecer la identidad de elementos en el poema.

Superada la teoría figural del ornatus, las figuras no son elementos decorativos o de relleno, son un componente activo y dinámico del poema, en buena parte responsables de la literariedad de un texto, que desde su dimensión elocutiva poemática conducen al lector a la globalidad del poema, no sin antes instarlo a una particular hermeneia poiética.

Un poema es más aprendible que explicable, cualidad que comparte con el propio lenguaje. Ese rasgo experiencial es unívoco al innatismo para la poesía de un autor. Caparrós nació poeta y su inmensa vocación provocó su enamoramiento con las palabras. Palabras, ya no como significantes de un significado, sino con vida propia. Elementos vivos, con cualidades propias, en constante fusión, evolución y cambio, algo comparable a la poesía y prosa[1] de Caparrós, estadios en los que el poeta indagó los resortes y límites del lenguaje en una particular prospección dilatada durante más de dos décadas.

El plano fonofonológico del poema ofrece uno de los campos de información más ricos. Caparrós, como especialista en la estructura interna y clásica de la composición poética, tiende a cultivar el metro, el ritmo, y en ocasiones, la rima. Sus textos rezuman una musicalidad armónica que no debe pasar desapercibida a quien analice su obra. De tendencia al verso blanco, de arte mayor y axis heteropolar, su poética es amplia y profunda, la plasticidad y variación de sus formas adquiere en su estilema un valor heterocrónico.

Su pasión-neotenia es la responsable de su compromiso renovador en el discurso. Desde que Ignacio comenzó a escribir parece haber adquirido la responsabilidad de, no solo otorgar un legado literario de inmenso valor, respirar por la herida, sino hacernos replantear las convenciones de un género poético, para algunos, adocenado; además de empujar los márgenes creativos mediante una vocación experimental que expresa en sí misma el máximo respeto que el poeta sentía por la palabra y la poesía.

  1. SISTEMATIZACIÓN Y VARIACIÓN

Ser en el lenguaje obliga a fluctuar tanto ejes temáticos, como léxico, plano de la representación y actores líricos. La volubilidad de la conciencia empuja al dinamismo a todo aquello que pretenda ser su trasunto. Ello no impide, como ocurre en la poesía de Caparrós, que en su reflejo lingüístico perseveren ciertas constantes y cada variación sea coherente con el resto de la obra. Así, en su libro Heredero del aire (Alhulia, 2001), en el poema “Deseos” encontramos estos versos:

Reposa una libélula inquietamente

apenas sin rozarlo.

Así son los deseos,

belleza en la belleza

de lo fugaz en lo fugaz del aire,

tacto apenas, caricia ingrave

de lo hermoso y mágico

sobre la piel inviolada del misterio.

Y ese dolor que dejan sus perfumes

cuando la lluvia colma sus corolas.

Nos hacen poseer el mundo

y de él nos dejan huérfanos para siempre.

Este libro fue escrito entre 1996 y 1997, tres años después de su primera publicación, y ya encontramos en él factores clave que aun deformados —según su posterior posición final—, ya indican patrones que serán reconocibles en su metodología.

La disposición de estos doce versos está distribuida en tres estrofas, de manera simétrica en su modelo compositivo, algo que se convertirá en un recurrente rasgo de estilo. Aunque los quinto y sexto versos riman en asonante, el resto del poema está escrito en verso blanco, tendencia general en su poesía. Como también será tendencia su escrupulosa combinación de versos imparisílabos, especialmente endecasílabos, heptasílabos y alejandrinos. Y siguiendo con la auscultación de vetas que más tarde se irán ramificando y consolidando, el uso del encabalgamiento en estos versos es suave, un recurso del que nunca abusará, pues su tendencia natural es al verso esticomítico. El único hablante lírico del poema se expresa en primera persona del plural, rasgo circunstancial adecuado al mensaje. Libélula, lluvia y corolas son sus tres actantes, naturaleza modélica que permite la metáfora del deseo, tema nuclear, el cual es abordado de forma filosófica y con el desencanto propio de tratar de alcanzar una utopía imposible.

También entre 1996 y 1997 Caparrós escribió La fruta, la mano (Alhulia), aunque fue publicado en el año 2003. En este libro se encuentra el siguiente poema sin título:

Una mano que escribe

o está ensangrentada o nunca

se podría decir que da vida a los mármoles.

Pues no cabe en un verso

sino escaras sin vendas

y el desnudo semblante de la perplejidad. (Caparrós, 2003, 27).

Volvemos a encontrar simetría en su sistema compositivo. No solo en la distribución estrófica, sino también en el plano métrico (espejo), reconocible en esta escansión: 7-7-14 / 7-7-14. A lo que hay que añadir un perfecto equilibrio se sílabas tónicas; ambas estrofas poseen la misma tonicidad, en el mismo orden. Si la primera estrofa refiere al dolor como proceso necesario para que un autor alcance la capacidad de conmover, en la segunda, el poeta alude a la poesía-verdad como modelo a imitar para ser coherente con lo escrito. Datos interesantes si tenemos en cuenta que dichos conceptos: la herida y su enseñanza, su no ocultación, la sinceridad en el poema como paso a la naturalidad, son referencias que resultarán constantes en su poética.

En La fruta, la mano asistimos a una particular florescencia semiológica. Los frutos y las extremidades superiores alcanzan la condición de símbolos, y al hacerlo, su imagen, su significación, su orden, todo se invierte y convierte en un maravilloso juego de palabras que en manos del poeta es un vehículo dilogístico para la fascinación del lector, pero también para su extrañamiento. La mano, como instrumento hacedor, dinámico y tocante al mundo físico, a cuanto deseamos, es piadosa o cruel, víctima o verdugo. De igual forma la fruta es el fruto, pero también semilla, fruto del fruto, causa o efecto.

Esa desautomatización de los roles, también de la identidad que otorgamos a las cosas y en las que tratamos de reconocernos, además de ser un recurso literario creado por el formalismo ruso, se vuelve algo vital cuando tratamos de describir el mundo y definirnos, ya que en la volubilidad el mundo existe y coexistimos y nada no flexible podrá retratarlos con precisión.

La tmesis está presente en cada uno de los poemas de Droga dura. Conociendo lo incómodo que resultan los adverbios terminados en «mente» como terminación de verso, el poeta invierte esa tónica y precisa de ese tipo de adverbios, aunque con la visible división de la tmesis, para aludir a esa mente enfermiza que sufre las circunstancias de la vida y el poema: cuna ontogénica de la identidad.

Por eso perdonad mis esquiveces

de afilado iceberg a la deriva

por esta mar de lava congelada,

que muere, levantando un monumento

a la piedra que, temblorosa-mente,

da fe del frío fuego que la afirma. (Caparrós, 2014, 61).

Lava congelada, frío fuego, incluso ese morir levantando un monumento, dan buena cuenta de la riqueza en figuras retóricas que posee la poesía de Caparrós. Sus imágenes responden a un alma contrariada, feliz en ocasiones, pero atormentada. El contraste de fuerzas expresivas es notorio en esta estrofa. Como también la aliteración de la letra «f» en el último verso. Con referencia a este libro:

[…] Destaca la antítesis, a la que le siguen la paradoja y la hipérbole. Y ello tiene cierta lógica, dado que bajo los efectos de la “droga” todo es y no es a un tiempo. La realidad se inventa o se desvanece, al tiempo que soñamos el mundo y somos a su vez soñados. A ello hay que añadir una sobria retórica muy cernudiana.

Antonio Romero Márquez (Droga dura, 2014, 16)

Esta obra posee un fuerte carácter etopéyico. Toda su obra lo es, en mayor o menor medida. Dicha filtración etopéyica en los versos, ¿qué puede desvelar? Sino la propia identidad. Su retrato involuntario va dibujando un mapa psicológico donde se encuentran las claves de la personalidad del poeta.

Hablaba Romero Márquez en la cita anterior de una retórica muy cernudiana como influencia en Caparrós, y en cuanto a la influencia de otros autores en su poética, entre los que podemos citar a: Rimbaud, Rilke, Pavese, Hölderlin, Trakl, Kavafis, César Vallejo o Rubén Darío, creo importante destacar la influencia de Charles Baudelaire. Las flores del mal resultó ser una lectura impactante en sus años de adolescente, tanto, que se propuso hacer su propia traducción, un trabajo en el que invirtió veinte años de su vida. Pero si dicha influencia es patente en alguno de sus poemarios, lo es en El desencanto y otras pesadumbres, sobre el que escribí estas líneas:

El hecho de encontrar en su bibliografía una brillante traducción de la gran obra de Baudelaire Las flores del mal, una versión analógica en la que invirtió veinte años de su vida y consiguió situarse entre las más fieles hasta la fecha, me hace pensar en ciertos paralelismos con respecto a su obra personal. Por un lado, bien pudiera haber titulado Baudelaire a sus flores “Del desencanto y otras pesadumbres” como lo mismo pudiera haber hecho Caparrós, llamando “Flores del Mal” a sus pesadumbres. Curiosamente encuentro más de una semblanza entre estas dos obras, por ejemplo: Baudelaire comienza su clásico con unas palabras al lector a modo de advertencia, lo mismo que Caparrós. Al igual que Caparrós, también entre el desconcierto de formas métricas de las flores predominan las estrofas de cuatro versos y de arte mayor. En ambas obras se utiliza el lirismo entremezclado con la dureza y la sordidez, aunque tal vez Baudelaire imprimiera mayor angustia y oscuridad a sus versos. En ocasiones, el yo lírico de ambas obras deja de proyectarse hacia afuera y se dirige concretamente al lector, de modo que el poeta se convierte en apóstrofe y el poema en la descripción de un mapa. Digamos que la admiración por la figura y obra del poeta francés han servido a Ignacio de inspiración, aunque tal vez, haya sido inconscientemente.

José Antonio Olmedo (Todoliteratura.es, 2014)

Los puntos de unión con Baudelaire en El desencanto y otras pesadumbres, sirvieron a Caparrós para exorcizar unos demonios que lo atormentaban en el plano real. El desencanto y la pesadumbre invitaron a una acostumbrada melancolía a llenarse de sombras, a guarecer su huída en una descarga de tensión más parecida a un ataque-defensa virulento. La realidad social y sobre todo, una situación mental insostenible por el mismo motivo, convirtieron a este poemario en una catarsis en la que cada verso golpea al lector con atinada puntería.

He puesto en valor anteriormente la variedad de registros de Ignacio Caparrós como poeta. La amplitud de su talento lírico es tan vasta como imposible de compendiar en un artículo, por lo que ya me he comprometido en el necesario proyecto de un libro para su estudio. No obstante, sí me gustaría citar algunos hechos de su poesía que la han diferenciado del resto, al tiempo que le sirvieron para exteriorizar una eléctrica inquietud por descubrir lugares nuevos en el lenguaje.

«Por más nimio e intrascendente que sea algo, es susceptible de ser poetizado… ¿Por qué no hacerle un poema a un tapón o a un mojito?». Con esta pregunta retórica justificaba Caparrós su pluralidad temática. Puede entenderse que el objeto a poetizar no es más que un pretexto para contar una historia o revelar un pensamiento, en el que la forma dirá tanto como el fondo y cada figura y gradación de tono serán acordes al clima psicológico. En este modus operandi su metodología es análoga a la del poeta José Hierro. No se trata de trivializar la poesía, ni de buscar en lo aparentemente devaluado un elemento para diferenciarse de la masa. Si no de describir lo inefable, lo trascendente, a través de lo cotidiano. La poesía de Caparrós es sincera, pero también pedagógica. Un irrefrenable impulso de superación, unido a su erudición y gusto por los desafíos, hizo que cada poemario fuese un amalgama de referentes culturales y descubrimientos formales sobre creación literaria.

Así encontramos el libro Aguas sin Cauces (2006), tercero de una tetralogía compuesta por: El cuerpo del delito (1996), La fruta, la mano y La llama rota (2003), en el que el poeta escribe más de ochocientos versos sin utilizar un solo verbo (conjugado). Este hecho es un paralelismo con su argumento, puesto que los poemas narran una historia de amor imposible entre dos amantes, y ante esa tortuosa imposibilidad de la acción de amarse, toda acción es prohibida representativamente en la omisión del verbo. Todo un reto superado en un alarde de creatividad.

Ni tú, ni yo, ni nadie,

más allá del olvido.

¿Para qué tanto traje,

ni tanto compromiso?

Mañana, por el aire,

el agua en mil añicos.

Y, muertos verticales,

todos los versos míos. (Caparrós, 2006, 27)

Caparrós, no solo aborda esta compleja empresa, imposible para otros autores, con decisión, y la sortea, sino que a su dificultad —como en el poema citado— añade métrica en los versos (heptasílabos) y rima asonante.

Armado de una voluntad y talento prodigiosos, y por citar solo un ejemplo más de su singular creatividad, me referiré a Titúlame (2011), cien poemas sin título que Caparrós divulgó por los medios de comunicación para alentar a los lectores a descubrir los cien títulos de los poemas. A la persona que le revelase ese centenar de epígrafes le obsequiaría con cinco mil euros. Toda una ocurrente campaña de promoción, pero también de invitación a la indagación y la lectura.

III. COHESIÓN POEMÁTICA

Cercano por edad a la generación novísima, la poesía de Caparrós posee un fuerte valor culturalista. Si es la entidad del autor, su conciencia de ser y sus tribulaciones, aquello que se desgaja y transparenta en cada uno de los veintidós poemarios que componen su bibliografía, su poética hace una particular lectura de la tradición, y en sus postrimerías busca acomodo, siempre buscando nuevos límites a través de la variación y experimentación. Su poesía se sistematiza en la dramatización de un yo que busca espacio y tiempo para compartir sus reflexiones. Ese yo responde a una actorialización lírica de su propia conciencia, la cual va vertiendo su mensaje en un código lingüístico que encuentra en sus figuras y tropos la equivalencia significativa a sus pulsiones.

El modus essendi o componente sustancial en el hablante lírico del poemario titulado Templos vacíos (2007) se compone de los atributos de treinta voces, en concreto, treinta héroes, mitos o dioses como: Prometeo, Cristo, Adonis, Sirena, Ganímedes, y entre los cuales Caparrós introduce como un demiurgo más, al Poeta. Esta figura es la que clausura el poemario con un discurso en tres partes en el que viene a cuestionar su propia heroicidad, la fe ciega a sagrados cenotafios  y apela a la desnudez y la duda como únicas vías para alcanzar, tanto el valor de la experiencia, como la autenticidad frente al lector. Dicha heterofonía está personalizada en la mayoría de los casos, en los que el héroe se expresa en primera persona, y en sus laudos, además del mensaje el autor, podemos ir cotejando los milagros o  hazañas atribuidas a su historia. Este poemario es, por completo un homenaje a la riqueza cultural religioso-mitológica, pero a su vez una profunda crítica a la ceguera de la fe.

La cohesión poemática en la poesía de Ignacio Caparrós es evidente si hacemos una lectura general de su obra, solo al dimensionar sus textos como un conjunto adquirimos la cosmovisión necesaria para poder señalar aspectos troncales y dirección de su heteroglosia, ya que sus aspectos formales van cambiando en cada libro, así como la escenificación y personajes de sus poemas, lo que obliga a buscar una perspectiva adecuada ante cada texto poético.

La polifonía, la liquidez del sujeto lírico, la amplitud de formatos, toda variación está justificada y es coherente en la obra poética de Caparrós, su poesía no tiene límites, cualquier cosa era susceptible de ser convertida en verso para él. Esa universalidad y carácter inclusivo es una característica seminal y conforme avanza en el tiempo va adquiriendo carácter ontológico.

La poderosa semantización de todos los componentes poemáticos y la ilusión motivadora en la relación de significante/significado son principios determinantes de la poeticidad (López-Casanova, 134). Razón por la cual en el tono discursivo y estilo clásico de los poemas de Caparrós adquieren especial relevancia los grafemas, signos pausales, blancos, sangrados, etc.

La unicidad en la poética de Caparrós es poderosa, profundamente humana. Sus poemas destilan una exquisitez por el lenguaje culto, lejos del hermetismo y cercano a la experiencia, que dentro de su clasicismo —al igual que los aspectos formales— tienen una clara tendencia a abrazar la modernidad. Pero una modernidad siempre entendida desde el respeto a la poesía y la palabra.

Droga dura, su última publicación, me parece el sumo exponente en su bibliografía, un volumen que compendia cerca de medio siglo de su poética, puesto que empezó a escribir a los catorce años y anecdótico es que no comenzó a publicar hasta los 38. En este libro, desde el soneto, hasta el romance, el poeta hace alarde de toda su gama de registros métricos. Aquí la culminación de su estilo alcanza su cota máxima; todo tipo de encabalgamiento es utilizado, recursos casi en desuso, como la rima interna, se resuelven en sus versos con grácil agilidad. Su densidad literaria es digna de estudio y divulgación, nada mejor que leerle para introducirse en una mente artística, vital, intelectual y apasionada que vio su vida sesgada por un cáncer a la edad de 59 años.

No soy partidario de las poéticas, salvo cuando están expuestas, poéticamente, dentro de alguna composición lírica. En cualquier caso, se me pide ahora que me manifieste y cedo. La poesía es el más estéril ejercicio a que nadie pueda someterse; mas, por ello mismo, es la más noble actividad que emana del espíritu en estos tiempos en que, según parece, todo ha de tener una justificación, un objetivo material y su correspondiente reconocimiento.

Una palabra se clava entre los párpados, surge una idea, la idea se estremece entre los labios y ya todo es sed, agonía de esa palabra que reclama vida. Para dársela, el poeta ha de morir en sí mismo, arrancarle al silencio su tozuda indiferencia, teñir con sangre el pensamiento, darle voz a lo inefable. De ahí el misterio de la poesía, su críptico mensaje de ultramundo, su creación de imposibles, su subversiva forma de abolir lo estipulado. Sólo sé que sin ella, no tendría razón de mi existencia.

Por lo demás, cuanto de ella sé lo expreso en mis poemas, torpes balbuceos de quien arrastra por el suelo de la cotidianidad las alas del deseo, las cadenas de una sombra inasible, los destellos de un infierno que sólo en mi cabeza existe.

Ignacio Caparrós (Cuadernos del Ateneo de La Laguna, nº6, 1999).

BIBLIOGRAFÍA

—Caparrós, Ignacio. Aguas sin cauces. Servicio de Publicaciones Fundación Unicaja, Málaga 2006, 27.

Droga gura. Centro de Ediciones de la Diputación de Málaga (CEDMA), Málaga 2014, 16-61.

Herederos del aire. Granada, Alhulia 2001.

La fruta, la mano. Alhulia, Granada 2003, 27.

Cuadernos del Ateneo de La Laguna. “Poemas”. Ateneo de La Laguna, nº 6, 1999, 115. Web. 30 mayo 2017.

—Eco, Umberto. La estructura ausente. Italia, Casa Editrice Valentino Bompiani, 1968.

—Jakobson, Roman. “Lingüística y poética”. Ensayos de lingüística general. Barcelona, Seix Barral, 1975.

—López-Casanova, Arcadio. El texto poético. Salamanca, Ediciones Colegio de España, 1994, 134.

—Olmedo López-Amor, José Antonio. “Adiós al poeta Ignacio Caparrós, un grande de la poesía”. La Galla Ciencia. Febrero, 2015. Web. 22 mayo, 2017.

—“Del desencanto y otras pesadumbres: un poemario intenso de Ignacio Caparrós”. Todoliteratura.es, 2014. Web. 25 mayo, 2017.

—Serra i Raventós, Miquel, Elisabet Serrat, Rosa Solé, Aurora Bel, Melina Aparici. La adquisición del lenguaje. Barcelona, Ariel, 2000.

[1] Cuentos de la impotencia (AMC Editores, 1997), fue la única incursión de Ignacio Caparrós en la narrativa. Algunos de los relatos compilados en este libro fueron merecedores de menciones en los siguientes premios literarios: “Cambio de agujas”, Primer Accésit del Premio “Juan José Relosilla” (Málaga, 1989). “La lid”, Primer Accésit del Premio Internacional de Cuentos “Mi querido Borges” (Los Ángeles, California (1991). “Vis a vis”, Mención de Honor del Premio de Cuentos “Antonio Segovia Lobillo” (Málaga, 1994). “Huevo de pascua”, Mención de Honor del Premio de Cuentos “Puebla Lucía” (Málaga, 1992).

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“Damnatio memoriae”

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Artículo publicado en El Cotidiano:

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Pilar Millán Astray

Es frecuente decir en el mundo del deporte que nadie recuerda a los subcampeones, a los que pierden la final de un torneo quedando a las puertas de la gloria. Y esta afirmación, además de cierta, es extrapolable a cualquier ámbito, por ejemplo, al de la historia. Nadie recuerda ni habla de los perdedores de una guerra, de las personas aplastadas, eliminadas o silenciadas por una facción vencedora. Ese destierro forzoso lleva consigo, sino todas, la mayoría de las veces, un buen número de personas valerosas y eminentes que de no haberse pronunciado políticamente, hoy tanto su obra, como su figura, gozarían del respeto y reconocimiento que merecen.

Tal es el caso de Pilar Millán Astray (La Coruña, 1879, Madrid 1949), narradora y dramaturga española que sufrió dicho destierro, no solo después de fallecer, sino también en vida. El Gobierno de la República convirtió en un reclusorio de presas políticas de la alta sociedad el Convento La Purísima (Alacuás, Valencia), y allí estuvo recluida durante más de dos años y coincidió con otras damas como Rosario Queipo de Llano, Carmen Primo de Rivera o Pilar Jaraiz Franco, algo de lo que ella misma dio buena cuenta en una de sus publicaciones Cautivos 32 meses en las prisiones rojas (1940).

Millán Astray, hermana de José Millán Astray, quien entre otras cosas, fue fundador de La Legión y de Radio Nacional de España, fue una mujer adelantada a su tiempo. Gozó de una educación exquisita y de una vocación desde la infancia por el arte de escribir; ambas cosas puso sin dudarlo al servicio de la defensa de la mujer en una sociedad machista y beligerante.

Su militancia en la insurrección derechista del 36 le costó la cárcel. Pero mucho antes de eso, Millán Astray se labró una carrera como escritora que muchos envidiaron.

Desde muy joven se dedicó al cultivo de las letras, faceta en la que tocó casi todos los géneros que estuvieron en boga en su época. Comenzó enviando numerosas colaboraciones a los diarios y revistas de su región -sobre todo a los especializados en asuntos teatrales, como el llamado El Espectador-, para ir extendiendo poco a poco el alcance de sus escritos hasta los principales medios de comunicación de difusión nacional. Al mismo tiempo, se entregó con ahínco a la redacción de narraciones cortas (relatos y novelas breves), muchas de las cuales fueron galardonadas en diferentes certámenes literarios (así ocurrió, verbigracia, con La Hermana Teresa, que se alzó con el “Premio Blanco y Negro” de 1919). Este cultivo de la narrativa hizo que la presencia de Pilar Millán Astray fuera constante en algunas de las principales colecciones de novela que tanto éxito alcanzaron durante el primer tercio del siglo XX: así, en “Los Novelistas” publicó, además de la ya mencionada La Hermana TeresaLa Llave de oro (1921), El ogro (1921) y Las dos estrellas (1928); y en la célebre colección “La Novela de Hoy” colocó no sólo algunas de sus mejores obras narrativas, sino también varios sainetes, como ¡Un caballero español! (1929), La velada de la señá Isidra (1929), La ramita de olivo (1930), Una chula de corazón (1930) y, entre otras muchas piezas, La miniatura de Mª Antonieta (1931).

(http://www.mcnbiografias.com)

Tras finalizar la Primera Guerra Mundial el panorama económico-político-social en todo el mundo era duro y desconcertante, la necesidad de reconstruir lo destruido y recuperar cuanto antes unas condiciones de vida dignas era una prioridad para cualquiera.

¿Cómo superó Pilar Millán Astray los duros años de la Gran Guerra? Trabajando como espía para el gobierno. Lo cierto es que tuvo una vida de película. Sus proezas como espía de militares alemanes en Barcelona fueron relatadas en el libro España en la Gran Guerra, del historiador Fernando García Sanz.

No resultaba nada fácil para una mujer en aquellos tiempos sacar adelante a sus tres hijos, menos todavía siendo viuda. Todas las dificultades que atravesó a lo largo de su vida la concienciaron acerca del lapidario machismo que atormentaba a las mujeres. Ello sirvió para no dudar en apoyar el feminismo en cada ocasión que se le presentaba.

 Autora de más de cincuenta libros, entre novelas, sainetes y comedias. Durante el primer tercio del siglo XX (dictadura de Primo de Rivera) fue considerada una de las comediógrafas más populares del país. Uno de sus mayores éxitos fue La tonta del bote (estrenada en teatro en 1925 y en cine en 1970). Su fama fue tal, que llegó a dirigir el Teatro Muñoz Seca de Madrid durante los años de la Segunda República.

Fue terminar la Primera Guerra Mundial y encontrar el éxito como escritora. Sus historias, llenas de personajes y costumbres populares, fueron cada vez más acogidas por el gran público. El propio Jacinto Benavente animó a la escritora a convertirse en una gran dramaturga, su estreno como tal fue El rugir del león (1923), supuso el principio de una ingente producción teatral.

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Y fue en ese ámbito, el teatral, en el que alcanzó fama a nivel nacional y respeto. Ideologías aparte, la labor como creadora de Millán Astray unido a su apoyo a la mujer, claro sector desfavorecido en la sociedad del momento, hicieron que algunos la considerasen un referente y una heroína. Sin embargo, si en el presente rastreamos los reductos dedicados a su obra y biografía comprobamos que toda la brillantez de su carrera y los avatares de una vida intensa han sido silenciados, o debería decir, olvidados.

Según Claudia Echazarreta, profesora de la Universidad Autónoma de Baja California Ensenada en México, y una de las pocas personas que ha estudiado a la escritora:

Sus obras se encontraban en un momento de transición entre lo tradicional y lo moderno en la mujer y responden a esas características: inculcan los valores morales sobre la sociedad y la familia al tiempo que muestran la importancia del papel de la mujer tanto en la economía como en la política.

 (El País, “Una de espías y mucha risa” 2014).

Todo este trabajo educacional llevado a cabo por la escritora fue paulatinamente destruido por organismos como La Sección Femenina, utilizado como rodillo franquista con el que monopolizar la conducta y hábitos de la mujer, cuyos resultados todavía persisten de forma endogámica en nuestra sociedad actual.

Resulta paradójico que tres personalidades como las de Carmen Polo, Pilar Primo de Rivera y Mercedes Sanz, sí hayan sido del todo consideradas por la historia y se haya hablado y escrito largo y tendido sobre ellas. Es por todos conocido que este triunvirato fue el motor de una de las herramientas represoras del régimen franquista.

En el histórico Manual de la buena esposa podía leerse cosas como: la mujer debe cuidar y servir al hombre y parir buenos soldados.

I Guerra Mundial, Guerra Civil, II Guerra Mundial, Dictadura; nunca fue el momento propicio para defender los derechos de los más desfavorecidos, pero en todo momento tuvo lugar esa defensa.

El caso de Pilar Millán Astray es singular en cuanto a la talla intelectual y moral de la escritora, pero lamentablemente no fue el único. Muchas mujeres hicieron de su vida un ejemplo de lucha pacífica y abnegada durante los peores años de nuestra historia.

Construyeron la vanguardia de este país. Fueron políticas, maestras, escritoras, actrices, pensadoras, milicianas y fueron perseguidas por ello. Con la llegada de la Guerra Civil muchas de ellas tuvieron que exiliarse y, después, en una especie de segundo exilio, su voz fue silenciada o discriminada de las grandes líneas de la historia. Son mujeres que han construido país, que han luchado por la emancipación, por la democracia y que, a cambio, han recibido represión y silencio.

Su legado fue eliminado de un plumazo de la historia de España con la llegada de la dictadura. Después, se fue recuperando la vida y obra de sus compañeros, de nombres como Federico García Lorca o Rafael Alberti, pero ellas quedaron atrás. Dice el historiador Julián Casanova que un hombre de sexta o séptima fila consigue entrar en las páginas de historia, pero que una mujer, salvo que sea de excepcional primera fila, no lo consigue.

Alejandro Torrús (Público, 2016).

Algunas de esas mujeres fueron Margarita Nelken, elegida diputada en 1931 y la única que consiguió seguir siéndolo durante las tres legislaturas de la República. Clara Campoamor, principal artífice de que las mujeres pudiesen votar en las primeras elecciones democráticas de noviembre de 1933. Federica Montseny, primera Ministra de la historia de España. Maruja Mallo, considerada la diosa española del surrealismo pictórico. María Teresa León Goyri, fundadora del grupo “Las guerrillas del teatro” y de la revista Octubre.

Todas, fervientes luchadoras de la causa femenina y un ejemplo de compromiso social. Creo que la memoria histórica tiene mucho que resarcir en un país que todavía está estructurado y controlado con esquemas y defensores del franquismo.

Como individuos, tenemos la obligación de conocer la historia, como sociedad, tenemos la obligación moral de cambiarla.

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A Francisco Olmedo Martínez

 

Morir, antes de hora. Marchar, sin despedirse.

Pocas veces o nunca la vida nos prepara

para el final incierto que tanto nos preocupa.

Toda muerte es injusta, inesperada y trágica,

esta lo es más si cabe: profunda herida abierta.

 

Te has ido pronto, Paco. Ingente es tu vacío.

Hoy tu familia llora porque antes te ha querido.

 

Qué palabras decir cuando se agolpan

sentimientos en masa, emociones contrarias

que nos desequilibran; ¡tanto duelen!

Que nos quedamos mudos.

 

Qué frase dedicarte, si puede ser la última:

Adiós, gracias, te quiero:

nunca te olvidaremos; quizás alguna de estas

o todas ellas juntas.

 

Ningún idioma tiene la hondura de un abrazo.

Hoy todos te abrazamos en tu último viaje.

Despedirte es difícil, como fácil fue amarte.

No aceptamos tu muerte, viviremos con ella,

recordando aquel niño para el que todos eres.

 

Adiós, como quien dice: hasta siempre, hasta pronto.

Descansa de este mundo, en el que tanto dejas.

Cuanto eres, vivirá en nuestra memoria,

vuela tan alto como puedas,

mucha gente buena te espera,

solo del pájaro es hogar el cielo.

 

Adiós, gracias, te quiero, te queremos,

nunca te olvidaremos, tengo el alma en las manos.

Adiós, esposo, tío, hijo, padre, sobrino,

cuñado, amigo, primo, hermano.

 

Valencia, 28 de julio de 2017