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“El hombre que cabía en la palma de su mano”: la ópera prima de Francesc Barberá.

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Publicado en la revista “Oculta Lit”:

http://www.ocultalit.com/narrativa/el-hombre-que-cabia-en-la-palma-de-su-mano-la-opera-prima-de-francesc-barbera/

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Título: El hombre que cabía en la palma de su mano

Autor: Francesc Barberá

Ilustraciones: Riki Blanco

Editorial: Unaria Ediciones

Género: microrrelato

Año de publicación: 2017

Número de páginas: 215

ISBN: 978-84-947109-3-3

Amelia Díaz Benlliure es una gran poeta castellonense. Su labor como editora, al frente de Unaria Ediciones, no es menos grande si tenemos en cuenta la visible evolución de un sello editorial —de los honestos, sí, esos que no piden dinero a sus autores por publicar— que en pocos años ya gestiona su propio certamen literario, tiene presencia activa en ferias y festivales a nivel nacional, y su nómina de autores ya aglutina bastantes firmas imprescindibles.

La importantísima figura del editor en el panorama literario actual se está perdiendo. Algunas editoriales maquetan lo que el autor les envía, sin proponer un mínimo de corrección ortográfica o de estilo, trasladan a la imprenta unas galeradas a las que les falta la opinión experta de un editor; porque una cosa es escribir, y otra muy diferente, es editar. Toda publicación rigurosa debe pasar por las manos de un editor al que le apasione su trabajo, que mime cada publicación, y ese es el caso de Díaz Benlliure. Como editora, no solo tiene el mérito de apostar por autores noveles que más tarde despuntarán, sino también de encontrar la forma física más adecuada para cada obra que publica.

El hombre que cabía en la palma de su mano está escrito y editado de forma valiente. Sus medidas de bolsillo (14,5 x 15,5 cm) lo convierten en un objeto fácilmente manipulable, puede acompañarnos en el autobús o el metro; pero su estética y tacto seducen desde el exterior: encolado, solapas, página de guarda en consonancia estética; y ya en el interior, nada se apelotona ni entorpece la lectura, al contrario; los microrrelatos se encuentran en las páginas recto, y el blanco de la página o en ocasiones, las ilustraciones en blanco y negro de Riki Blanco, en las páginas verso. Su diseño, desde la tipografía, al color (luminosidad) y la ubicación centrada de los textos, son rasgos que denotan una cuidada edición que, para aquel que entiende, no cae en saco roto.

Por microrrelato, entendemos un texto breve, aunque los hay de más de una página. Evidentemente, pensamos en un texto narrativo, una especie de historia condensada en pocas líneas, un ejercicio literario de síntesis en el que la retórica o lo no significativo no tienen lugar. Y entendemos bien, aunque por brevedad, el libro que nos ocupa es más breve, si cabe. Como dato, decir que uno de los microrrelatos de Barberá está escrito únicamente con seis palabras, más el título; por tanto, no solo microrrelatos, sino una buena cantidad de nanorrelatos, componen esta obra. Lejos quedan esas doscientas palabras o ciento cuarenta caracteres a los que estamos acostumbrados. Y qué decir de los títulos. Ante una empresa tan ardua, el valor catafórico del título cobra especial relevancia. La elección de los títulos como tales, además de su presencia en mayúscula, negrita y yuxtapuesto al texto, es muy acertada, hace que la posible interpretación del texto siempre caiga del lado bueno. Una buena muestra de ello es el siguiente ejemplo:

SE PRECISA VIDENTE

— Llamaba por lo del anuncio que publicaréis mañana.

Barberá se revela como un malabarista de palabras, ya en la contraportada del libro, Miguel A. Zapata previene de  esta forma:

No es imposible que un hombre quepa en la palma de su mano. Solo se precisa la palabra exacta que conjure el prodigio. En este espléndido y sorprendente volumen de textos brevísimos, Francesc Barberá nos deleita con brillantes juegos léxicos, piruetas verbales, refutaciones varias de las leyes físicas, trampantojos lúdicos, sucesos inauditos, atrocidades poéticas y crímenes ejemplares. Una obra, en definitiva, amistada con lo maravilloso como solo la buena literatura puede hacerlo.

El imaginario del autor es muy amplio, bebe de muchísimas fuentes, y por ello, la diversidad de registros en cuanto al género, o la ingente capacidad de recursos literarios, son hechos manifiestos que dotan al conjunto de un  ritmo, peso y profundidad muy equilibrados. El humor, es sin duda, una constante de su propuesta, algo que conecta con el lector y le hace empatizar rápidamente con lo narrado; múltiples géneros humorísticos se resuelven en estos relatos, quizás el humor negro tenga una especial presencia:

VACÍO

Lo abrí en canal. Ni siquiera así encontré a su niño interior.

Pero si un recurso estilístico predomina en toda la obra, ese es la elipsis. Pragmáticamente, exige un lector activo, pero la habilidad de Barberá hace de este libro una antología de minicuentos para todos los públicos. Lo no narrado, pero contrapuesto a lo narrado y por ello sugerido, se evidencia magistralmente en microrrelatos como:

TERAPIA

Ahora vístete y cuando cuente hasta tres, despertarás y no recordarás nada.

En lo formal, encontramos condensación temporal, sí, pero llena de paradojas. Indizado en la modernidad cultural,  en una urbanidad polivisual y decadente, precisamente su ironía no oculta el juicio de valor de una conciencia que expende su opinión a través de omitidas y fabulosas moralejas.

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Francesc Barberá

Su intertextualidad es poliédrica. Dado lo esquemático del espacio literario y su dependencia de lo paratextual, la concisión, tanto del enfoque narrativo, como del lenguaje empleado, revela la maestría de un autor que no parece un recién llegado a estos lares. Barberá dota de encanto a sus composiciones, se maneja como pez en el agua ante la escasez de recursos, su capacidad intelectual resuelve adecuadamente cada microhistoria, y aunque parezca mentira, las culmina con contundencia.

Los microrrelatos se suceden en un continuo que en ocasiones pone de relieve agrupaciones temáticas. Es justo señalar que las ilustraciones de Riki Blanco conviven armónicamente con los textos e incluso aportan más personalidad a la obra a través de su mordaz transparencia. Estas pequeñas píldoras de letras son, en ocasiones: pedradas, por su crítica; balas, por lo expeditivo de sus argumentos; cosquillas, por su motivación a la risa; pero también fábulas o simplemente fantásticas ficciones. Toda etiqueta es injusta e incompleta ante una obra de estas características. Este libro cabe en la palma de nuestra mano, pero no su riqueza, el talento de su autor sobrepasa cualquier límite y propone un juego en el que las reglas cambian al pasar una nueva página, como por ejemplo, en el texto titulado “El ahorcado”, donde el motivo al que se alude es descrito uniendo las letras que faltan:

EL AHORCADO

Fin_lmente, encontró un _otivo para n_ quita_se la vida.

De lectura amable, música entretenida y paisaje mental sofisticado, estas cien breverías sacuden las telarañas del cliché, por su ironía, parodia o metaficción; deshojan la rutina del lector adocenado en el redundante clasicismo y falta de innovación de gran parte de la producción literaria actual, y nos enseña, a la vez que entretiene, otra forma de hacer literatura, sin duda, pequeña gran literatura, en la que el simbolismo y la poesía, rearman y dulcifican una prosa —ilusionante— más necesaria que nunca:

PANTOMIMA

En el parque, la gente se burlaba del mimo que tiraba de una cuerda.

Hasta que aquel edificio se derrumbó.

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Cosas buenas que depara la poesía.

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En esta fotografía me encuentro (de izquierda a derecha) con: Gregorio Muelas, Enna Villarroya, Rafael Mesado y Arantxa Esteban. (Yo soy el de la derecha).

Con motivo de la presentación de los números 1 y 2 de la revista “Crátera”, y el número 14 de la revista “Azaharanía” (3-11-2017), Gregorio Muelas y quien suscribe, fuimos invitados por Marcelo Díaz, coordinador de la tertulia castellonense El Almadar, a hacerlo en La Bohemia, sala cultural —ya emblemática— castellonense, donde no es raro ver —entre otras muchas cosas— interesantes exposiciones de arte, presentaciones de libros o incluso, actuaciones musicales.

Las instantánea, fue tomada después de la presentación, en un local cercano. Las buenas vibraciones y la grata conversación propiciaron uno de esos momentos especiales por los que merece la pena desplazarse a otra ciudad con el pretexto de hablar de poesía.

“Azaharanía” y “Crátera”: dos revistas de poesía hermanadas por la amistad.

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Presentación del número 2 de la revista “Crátera”.

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Próxima presentación del número 2 de la revista “Crátera”, el próximo jueves,  9 de noviembre, a partir de las 19:30 h, en la Sala Multiusos de la Casa Palacio de Vivanco (Camino Real, 22), en Catarroja (Valencia).

Introducirá al acto el Excmo. alcalde de Catarroja D. Jesús Monzó.

Intervendrán José Antonio Olmedo, Gregorio Muelas y Jorge Ortiz, editores y directores de la revista, acompañados por Bibiana Collado, poeta, profesora y miembro del comité asesor.

Organizan:

Crátera. Revista de Crítica y Poesía Contemporánea, Ayuntamiento de Catarroja y Asociación Literaria Crátarroja.

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Contenidos y colaboradores del n.º 2:

Ilustraciones:

Cubierta: Juan Carlos Mestre

Portadillas: Enriqueta Hueso, Ricardo Ranz, Marcelo Díaz, Sara García Lafont.

Inéditos:

Luis Antonio de Villena, Nuno Júdice, Jorge Riechmann, Enrique Falcón, Alejandro López Andrada, Juan Ramón Barat, Guadalupe Grande, Marta López Vilar, Vanesa Pérez-Sauquillo, Verónica Aranda, José Cabrera Martos, Rafael Correcher, Sergio Navarro, David Trashumante, Ramon Ramon, Teresa Ramos.

La mirada de Basho (haikus):

Félix Arce Araiz, Mila Villanueva, Xaro Ortolá.

Experimental:

Juan López de Ael, Fran Soto (selección de David Acebes Sampedro).

Traducción:

Robert Serban por Elisabeta BotanStela Sourafí y Ceofanis Panagiotópoulos por Natasa Lambrou.

La entrevista:

Nacho Escuín por Jorge Ortiz Robla

Investigación:

“Hilde Domin y el despertar de la conciencia poética” por Gema Estudillo.

Reseñas:

“Entre dos nadas. Antología consultada” de Francisco Brines por José Luis Morante;
“Cantó un pájaro. Antología esencial” de Vicente Gallego por Santos Domínguez;
“Sin ir más lejos” de Fermín Herrero por David Acebes Sampedro;
“Poesía Completa” de Mário de Sá-Carneiro por José Ángel García Caballero;
“De exilios y moradas” de José Luis Zerón Huguet por Gregorio Muelas Bermúdez;
“El primer día” de Julio César Galán por Gregorio Muelas Bermúdez; 
“Tú me mueves” de Agustín Pérez Leal por José Antonio Olmedo López-Amor; 
“Sangre seca” de Josep M. Rodríguez por José Antonio Olmedo López-Amor.

Leído por:

“La noche de Europa” de Dionisio Cañas por Ramón Campos;
“Geometría del Abismo” de David Sarrión Galdón por Jorge Ortiz Robla;
“Cada noche un poema. Antología” de Montserrat Abelló por Antonio Praena;
“Acadèmia d´idiomes invisibles” de Anna Bou Jorba por Eduard Xavier Montesinos.

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Blog de “Crátera”:

http://revistacratera.blogspot.com.es/?m=1

Pide tu ejemplar al correo de la revista:

revistacratera@gmail.com

 

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María Teresa Espasa en «Poetas en el Ateneo».

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Publicado en la página del Ateneo Mercantil de Valencia:

http://www.ateneovalencia.es/poetas-en-el-ateneo-xiv-maria-teresa-espasa-emocion-y-sentimiento-en-un-merecido-homenaje/

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Fotografía de José Luis Vila Castañer.

El pasado viernes, 27 de octubre, en la decimocuarta entrega del ciclo “Poetas en el Ateneo” que presenta Vicente Barberá y coordina Vicente Bosch, el Ateneo Mercantil de Valencia recibió a la poeta María Teresa Espasa.

A partir de las siete de la tarde, al emblemático Salón Sorolla de este centenario Ateneo, fue acudiendo un buen número de público a este ciclo literario, una ceremonia poética, llena de música, recital, entrevista, y en definitiva, una oportunidad única para conocer en profundidad, no solo la obra, sino la dimensión humana del autor invitado que no tiene parangón entre los eventos literarios que hoy se celebran en la Comunidad Valenciana.

Dada la situación convaleciente por problemas de salud de María Teresa Espasa y por su trayectoria literaria y humana, el acto se convirtió en un merecido y emotivo homenaje.

Vicente Bosch, directivo del Ateneo Mercantil, pronunció unas palabras de bienvenida y reconoció la relevante figura de la poeta convocada. Por su parte, Vicente Barberá agradeció a José Luis Vila, José Antonio Olmedo y Virgilio Fuero, sus labores como fotógrafo, cronista y realizador audiovisual, respectivamente.

Asimismo, Barberá, tras citar algunos de los logros acumulados a través de la extensa carrera literaria de Teresa Espasa, como por ejemplo: ser mecenas de varias generaciones de poetas valencianos, su labor como locutora radiofónica, su experiencia como fundadora de la revista Corondel, fundadora de la Tertulia la Buhardilla, su pertenencia al grupo El limonero de Homero o la innumerable organización de recitales y presentaciones; dio paso a Juan Manuel de Zaldúa, músico colombo británico, quien interpretó a la guitarra tres temas musicales.

Barberá dio paso a la sección fotográfica, un apartado donde María Teresa Espasa fue comentando instantes de su vida a través de doce fotografías. Así, pudimos verla en su época de estudiante, con las escritoras integrantes de la Plataforma de Escritoras del Arco Mediterráneo o recibiendo el galardón especial de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana.

A continuación, el poeta, narrador y periodista, Ricardo Bellveser, dio lectura al poema de María Teresa, titulado “Oscurece”, no sin antes dedicar unas agradecidas y cariñosas palabras a quien desde hace mucho tiempo es una buena amiga.

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María Teresa Espasa

Seguidamente, Barberá dio comienzo a su particular entrevista a la poeta. En esta ocasión, tras cada pregunta, dio paso a dos personas invitadas a leer poemas de la autora, así recitaron hasta un total de quince escritores, quienes agradecieron uno a uno su respeto y agradecimiento a una personalidad de las letras valencianas. Tras la pregunta: « ¿Qué te motivó para realizar aquel gran proyecto de Pliegos de Ítaca? » Juan Manuel de Zaldúa realizó su segunda intervención musical. Los escritores que intervinieron son los siguientes, por orden de intervención: Ricardo Bellveser, Ana Noguera, Blas Muñoz, Encarna Beltrán, Juan Luis Bedins, Mila Villanueva, Virgilio Fuero, Elga Reátegui, Marina Izquierdo, Elena Torres, José Antonio Olmedo, Ana Fernández de Córdova, Mar Busquets, Rosa María Rodríguez y Rafael Soler. También entre las preguntas y poemas recitados, llegó el turno del poema recitado por Virgilio Fuero, una proyección audiovisual en la que declamó el poema titulado “El Montgó”, perteneciente al libro En alguna parte es otoño. El propio Virgilio hizo entrega a Teresa Espasa del vídeo proyectado, como recuerdo del entrañable homenaje.

A través de las preguntas que Vicente Barberá formuló a Teresa Espasa, supimos que uno de los poetas que ha influido en su obra estaba presente en la sala, se trata de Ricardo Bellveser. Supimos también, que la autora de El Congreso recomienda leer mucho a los poetas que están empezando; que uno de sus últimos proyectos es un libro de relatos eróticos y que el premio que más ilusión le ha hecho ha sido el de la Crítica Valenciana.

Tras formularle una tanda de preguntas rápidas, en la que sus respuestas arrancaron risas entre el público, intervino de nuevo Juan Manuel de Zaldúa, pero esta vez acompañado por la voz de Maitechu, su hija, de diez años, quien encandiló al público por su espontaneidad y desparpajo.

Ya para despedir el acto, Vicente Bosch reconoció la emoción y el sentimiento vertidos en este encuentro, felicitó a Teresa Espasa en nombre del Ateneo Mercantil y Vicente Barberá pronunció palabras de agradecimiento a todos los presentes y colaboradores; anunció que el próximo poeta invitado al ciclo será Antonio Porpetta e invitó a María Teresa a recitar algunos poemas propios. Como colofón, la autora fue obsequiada con un espléndido ramo de flores y el acto terminó con la tradicional fotografía colectiva.

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“Madre!”: la cruel exégesis de Darren Aronofsky

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Publicado en “Sala 1. Revista Digital de Cine”:

http://revistasala1.com/?p=8451

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Javier Bardem se dirige a Jennifer Lawrence como «mi diosa», y su diosa confiesa a otro de los personajes que está esforzándose para convertir su hogar en un paraíso para ella y su esposo. Así, o más explícitas, son las alusiones de Madre!, nueva obra de Darren Aronofsky, al apartado genésico de algunos textos religiosos. Y es que la polémica que envuelve a cada trabajo de este realizador, en Madre! se potencia y magnifica hasta tal punto que la película, para algunos criterios, puede resultar desagradable. Con esto, no quiere decir que la película sea una obra maestra, ni mucho menos, ni siquiera es una película de terror, como afirman en algunos foros; como drama psicológico, su concepción simbólica y teatral puede fascinar a algunos y aburrir, además de resultar alambicada para otros.

Un afamado poeta (artista) se encuentra en el dique seco de su inspiración, vive con su esposa (abnegada trabajadora y madre) en una apartada casa, en medio de un bosque, y la relación entre ambos no es idílica, pero sí más o menos equilibrada. Con los roles bien definidos de cada personaje: uno se esfuerza por él mismo, y el otro, lucha por los dos; el cineasta, además de poner en blanco sobre negro el machismo, contrapone la analogía entre la creación artística, la creación del hogar y la propia creación del ser humano, ya que la protagonista se encuentra embarazada. Como elemento misterioso, aparentemente vinculado a esa futura madre que interpreta Lawrence, se encuentra la casa, la cual parece estar viva, ya que tiene pulso, sangra y emite sonidos guturales; y es precisamente en su interior, donde únicamente transcurrirán los hechos.

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La visita de una pareja de desconocidos, interpretados solventemente por Ed Harris y Michelle Pfeiffer, irá desencadenando los sucesos, así como desenmascarando a los personajes. La generosidad del personaje encarnado por Bardem provocará la pérdida de intimidad, el abuso de la confianza y constantes discusiones con su pareja, hasta que paulatinamente todo se volverá caótico y desembocará en una epiléptica catarsis colectiva. Lawrence, eje de simetría de buen número de planos, erigida mártir y heroína al mismo tiempo, se sentirá indefensa, desbordada, amenazada y ajusticiada, pero también será valiente, luchadora y hasta asesina. Amplio es el registro que este papel le ofrece, como también es rico en matices el repertorio temático del film, además de los citados ejes troncales, hay egoísmo, violencia, fanatismo, hipocresía: pandemias universales de rabiosa actualidad.

Con mayor espectacularidad y grafismo que reflexión e insinuación, la alegoría orquestada por Aronofsky retrata la realidad político-social del ser humano, además de su propia moral. La culminación cíclica de la historia también puede interpretarse como un sueño, más bien una pesadilla, y tras el calvario de las pulsiones, pasiones y miserias humanas, el mensaje final del amor como elemento seminal para reconstruir de nuevo el mundo, es una exégesis de la creación de ese mismo mundo y de la vida, no exenta de maldad. Si algo no termina de encajar en esta historia, podría achacarse a la primera parte de la película, donde el ritmo pausado y la iteración de sucesos ralentizan un discurso que —quizá por ello mismo— se ve obligado a explotar en la última parte del metraje. En cualquier caso, Aronofsky sigue demostrando que le preocupa la historia bíblica, y arriesgando en sus propuestas cinematográficas, algo que mezclado en su justa proporción, puede dar como fruto, interesantes y futuras películas.

 

 

 

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“La piel melaza” de Sonia Aldama: resiliencia de la flor.

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Publicado en la revista “La Galla Ciencia”:

http://www.lagallaciencia.com/2017/10/la-piel-melaza-de-sonia-aldama-por-jose.html

Sonia Aldama, foto de Eduardo Cano

Sonia Aldama. Fotografía de Eduardo Cano.

Título: La piel melaza

Autora: Sonia Aldama

Editorial: Ediciones Torremozas

Género: poesía

Año de publicación: 2017

Número de páginas: 60

ISBN: 978-84-7839-699-3

Sonia Aldama Muñoz (Madrid, 1973) publica La piel melaza, su segundo poemario tras Cuarto solo (Aflora Libros, 2013), y lo hace bajo el sello Ediciones Torremozas, en su colección La Noctámbula. Si en su anterior obra la autora decidió como uno de sus ejes, la familia, y como simbólico baluarte de la luz y cuanto representa, las flores, en La piel melaza regresa a esa misma tesitura, pero la amplía. Aquí la dimensión humana abarca a lo social, también lo íntimo, y las flores forman ya jardines que son asolados por la incomprensión, la soledad o el paso del tiempo.

El cuerpo humano sigue siendo una geografía de la metáfora para la autora. No en vano, la piel, elemento corpóreo de extrema sensibilidad, además de protagonizar el título, es la frágil corteza que registra las heridas y es hollada por la tristeza y erosionada por el tiempo, suponiendo una analogía de la consciencia a través del tacto.

El poemario se estructura en tres partes: “De tanto tiempo”, “Labios, ojos, vida y calma” y “De tantas hojas”. Cada una de estas partes se compone de diez poemas, su equilibrio estructural es simétrico, como también lo es su equilibrio pictórico. Dos ilustraciones esplenden en cada bloque, y hasta tres artistas plásticos se encargan de ilustrar este poemario: Javier Plata, Silvia Domínguez y Guadalupe Aldama; excepto Javier, ambas artistas ya trabajaron con Aldama en su anterior proyecto.

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El libro también cuenta con un espléndido prólogo, el que firma Sara Medina, quien acierta al disertar sobre la morfología argumental e interpretaciones de la obra: Resistir ante tanto desamparo, ante tanta hostilidad, pero ¿cómo? / Arropados por la oscilante y apasionada certeza de la poesía. Es cierto que en el prólogo no se menciona la labor plástica de los ilustradores, y también es justo subrayar que las creaciones artísticas dialogan con los versos en equilibrada armonía.

Ya sea evocando un recuerdo, describiendo o apelando, el tiempo en el que se expresa el hablante lírico —trasunto de la propia poeta— es el presente. Confesional y a través del monólogo en algunos poemas, la autora escoge un tono dialogístico general para apelar con su discurso a diferentes interlocutores. Con una cadencia en verso libre y blanco no exenta de ocasionales asonancias —el poema titulado “Ella” está escrito totalmente en rima asonante cruzada— y usos polimétricos, la autora otorga a la primera persona el enclave principal de los poemas; la segunda y tercera personas aparecen en contadas ocasiones, y la transparencia léxica de todas, unida a una rítmica y vital sintaxis, provoca la aparición del resplandor poético en la ruptura gramatical.

Es recurrente el uso de aposiciones sustantivas: labios lengua, pétalos espinas o caléndula guirnalda, son rasgos vigorosos de una conciencia poética encendida que va en busca de su propia gramática.

La constatación de un mundo en disenso consigo mismo: Cada emisario en sus vicios, unida al desencuentro social: prejuicios disfrazados / en deslenguada ofrenda, / desertores sin acento,  provocan la inquietud y el miedo en la inocencia de lo frágil, pero también su instinto de supervivencia: Sobre gotas metales / palpitan escombros / en muros desarraigados. / Y a veces, aun entonces, / sobre este acero / quema el vientre y regreso. De esta manera se culmina el poema titulado “Batalla”, un fiel exponente del carácter combativo que impregna a toda la obra.

El poema titulado “Te tengo bajo mi piel” (traducido del inglés que aparece en el libro) es un préstamo titular de una canción de Frank Sinatra. En él se narra de forma dulce una reconciliación provocada por un emotivo momento musical: […] Una canción resbala de tu boca / y nuestros labios ponen fin / a la melodía y al desamor.

En 276 versos, la poeta compone un manifiesto moral y psicológico de resistencia y daño. El desvelo y adoración por los seres queridos, la recepción del dolor por la percepción de la realidad, la metáfora carnal de lo inefable en lo erógeno del cuerpo; todo pensamiento o emoción es transferido al lector con precisa pulcritud, la brevedad de los poemas y su humildad lo hacen posible.

La mirada poética de Sonia Aldama madura en cada libro, y con ella, aumenta el estremecimiento y asombro del lector, pues este descubre que el mundo y todo cuanto nos hace humanos, olvida sus diferencias y consuena a través de la emoción, la orografía y accidentes de la tierra tienen su analogía en la morfología del cuerpo humano, al menos, así lo advierte y argumenta la poeta; toda verdad que es colocada ante el espejo es temblor, música y luz, como los poemas de esta herida piel melaza que construye su propio lenguaje en la cúspide del sentimiento, a través del amor.

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“Herederos de Cthulhu”: ochenta años sin Lovecraft.

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Pulicado en la revista Planetas Prohibidos:

https://lektu.com/l/planetas-prohibidos/planetas-prohibidos-14/7758

 

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¿A qué se refería Michel Houellebecq cuando afirmó: hay algo en Lovecraft que no es del todo literario?

Pocas presentaciones necesita Howard Phillips Lovecraft, (Providence, Rodhe Island, 1890). A día de hoy, podemos afirmar que fue uno de los escritores más influyentes del siglo XX, en lo que a literatura fantástica se refiere, claro está. Pero no siempre su reconocimiento fue así. Es más, pasó desapercibido en su época y tras vender a bajo coste los derechos de sus relatos, tuvo que ocuparse en trabajos que le dispensaron poco dinero.

Uno de los hechos que más llama mi atención de su corta, pero densa biografía, es que ninguno de sus relatos o novelas cortas fueron publicados en forma de libro durante el periodo de vida de su autor. Sus historias eran malvendidas y publicadas en revistas de poca repercusión. Quizá a ese hecho influyese la extraña personalidad de un autor sombrío y misógino, conservador y xenófobo, con no pocas frustraciones y traumas que lo acompañaron y atormentaron durante toda su vida.

Lovecraft empezó a escribir a los siete años, sus inicios fueron miméticos con sus referentes de adolescente, gustaba del terror y de la ambientación gótica como escenario y argumento de sus tramas, pero había algo en su interior que no acababa de convencerle. Con la idea de encontrar su sello personal, comenzó, no solo a leer, sino a estudiar los métodos y estilos de insignes autores del género. Tales fueron sus lecturas y su erudición, que su ensayo titulado El horror sobrenatural en la literatura (1927), representa una exposición más que competente de los principios del relato sobrenatural hasta la fecha, demostrando un dominio exhaustivo de la materia.

En dicho trabajo trató de definir el atractivo peculiar de la historia de terror, en la que debe haber presente una cierta atmósfera de mortal terror inesperado a fuerzas exteriores desconocidas, y describió la evolución de la novela gótica a través de las obras de Walpole, Radcliffe, Lewis y Maturin.

Algunos esquematizan la obra de Lovecraft en cinco partes, otros no encuentran sentido en hacerlo —pues las fronteras son muy difusas entre ellas—, sin embargo, parecen claras las influencias de Poe, Dunsany y Machen, por lo que es fácil desglosarlo en tres etapas: gótica, onírica y mitos, respectivamente. De todos ellos trató de quedarse lo mejor y poco a poco fue forjando su sesgo como autor: barroquismo en las descripciones, muchos adjetivos, introducción de descubrimientos científicos y una atmósfera opresora, hasta que todo ello culminó en su particular universo tenebroso y primordial con los mitos de Cthulhu.

Del espiritismo, satanismo y fantasmagoría decimonónicos, Lovecraft saltó a los viajes en el tiempo, los seres extraterrestres, otras dimensiones y la idea de que la Tierra, antes que el ser humano, fue habitada por criaturas monstruosas con poderes increíbles que fueron expulsadas. El temor a su regreso y toda una iconografía de dioses y mitología fueron su mejor baza, una apuesta arriesgada que le permitía abrir el abanico de posibilidades, no solo para aterrorizar a sus lectores, sino para hipotetizar sobre una más que posible «otra Historia Universal».

La perspectiva del tiempo hace que hoy miremos a Lovecraft como un creador de historias de terror que algo aportó a la tradición de su época. Su influencia en autores contemporáneos es evidente, pero no solo en el ámbito literario, sino también en el cinematográfico, en el cómic, juegos de rol o videojuegos.

Su particular imaginario incluye toda una letanía de criaturas extraordinarias, seres extraños con poderes increíbles y capaces —aun sin proponérselo— de los más terribles actos. Uno de los rasgos característicos de estos dioses es su casi desprecio por la raza humana. Las narraciones lovecraftianas devienen del temor humano ante fuerzas tan desproporcionadas. Lejos queda el asunto del bien y el mal, polarización con la que fueron contaminados los mitos en su última etapa, por autores que, con buenas intenciones, trataron de transfigurar en dichas historias algunas reminiscencias de sus ideas religiosas.

El «Círculo de Lovecraft» nació de forma epistolar, ya entrados los años veinte y motivado por las periódicas publicaciones del genio de Providence en la famosa revista pulp Weird Tales. Algunos aseguran que Lovecraft mantuvo correspondencia con los componentes del grupo y otros admiradores mediante más de cien mil cartas. Y es que todo fue excesivo y enfermizo en su vida. Solo con parte de sus datos biográficos probados, y otra ingente cantidad de habladurías sobre su persona, podría filmarse una película interesante, incluso sin introducirse en el grotesco mundo de sus narraciones; ahí lo dejo.

Dijeron de él que caminaba solo por las noches, que frecuentaba cementerios. Que no salió de su casa durante los primeros treinta años de su vida. Que leía y leía en la biblioteca de su abuelo. Lovecraft tomaba por poco más que un insulto el hecho de cobrar por sus escritos, no quería prostituir la única vía de escape de su alma. Su madre decía de él que era feo, horrible, y lo animaba a no salir de casa ni relacionarse; algo a lo que tuvo que enfrentarse, muerta su madre y mermada entonces la fortuna familiar. Astrónomo frustrado y divorciado de una mujer, diez años mayor que él, quien aseguraba haberse separado por no mantener relaciones sexuales, Lovecraft fue el blanco perfecto para las ociosas lenguas que veían en él a una persona extraña.

Robert Bloch, Donald Wandrei, Robert E. Howard, Frank Belknap Long, Clark Ashton Smith y August Derleth, fueron algunos de los autores más destacados e incluidos en el círculo lovecraftiano, por lo menos, fueron los más fieles, ya que su relación epistolar duró hasta la muerte de Howard Phillips, quien solía firmar algunas de sus cartas bajo el seudónimo —entre otros— de «Sumo Sacerdote».

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Este año sus más fanáticos seguidores celebran el ochenta aniversario de la muerte del autor de El horror de Dunwich. Kokapeli Ediciones se estrena en el mercado editorial del libro de papel con Herederos de Cthulhu, una antología de relatos de terror que se inscribe en la línea de horror cósmico lovecraftiano. El responsable antólogo, y además coautor y prologuista del libro, es Javier Arnau, editor de la revista digital Planetas Prohibidos y ganador del premio Ignotus 2011. La sabia elección de Arnau a la hora de seleccionar a los autores es su baza más fuerte, ya que, Herederos de Cthulhu no solo es un homenaje al uso a los Mitos, sino que aporta historias que se ajustan al canon de su fundador, relatos en los márgenes establecidos y otros en parámetros más experimentales. Esta nueva aportación al círculo de Lovecraft, también incluye humor y parodia, algo inusual en este tipo de publicaciones, pero coherente —décadas después— si el lector-autor trata de dimensionar algo de tanta repercusión y trascendencia en la literatura fantástica como lo han sido estos Mitos.

«La invocación» de Marta Martínez Velasco, es uno de los relatos paródicos que tratan de caricaturizar el cliché de los rituales sombríos, de los nombres archiconsonánticos, de la muerte y su escenografía icónica. Algo que no ocurre en «El demonio está aquí» de Gabriel Romero de Ávila, un relato en el que en la narración de un aparente trotamundos callejero que se hace llamar Abdul Alhazred, no todo es lo que parece. En esta historia, el autor utiliza el recurso metaliterario del diario narrado en primera persona, tan de uso novelesco en la época que añoraba Lovecraft; sus páginas, de importancia también cronológica, desvelan una intrahistoria sombría que, como su narrador principal indica, en ocasiones, es muy difícil diferenciar de la realidad.

Sergio Mars y León Arsenal son joyas polivalentes —ya consagradas en el género fantástico— que enriquecen y equilibran esta corona formada junto a valores emergentes, como ofrenda a los dioses oscuros. Unos dioses que moran en «El Inframundo» de Javier Arnau y suponen un «Horror sin nombre» en palabras de Javier Redal.

Variadas y terroríficas son las propuestas de este nuevo «círculo español lovecraftiano», un envite que muestra su vitalidad y en el que no faltan palabras —casi lovecraftianas— evocadoras de esos terrores primigenios: runas, monolíticos, ciclópeos, necronomicón, impronunciables… La magia y lo sobrenatural convergen en Herederos de Cthulhu, un libro que en pocos meses se ha situado como una de las lecturas fantásticas imprescindibles de este año 2017.

A continuación, la lista de autores y el título de sus obras por orden de aparición:

Prólogo por J. Javier Arnau

Beatriz T. Sánchez con «Los ojos de Yog-sothot»

Javier Redal con «El horror sin nombre»

Nieves Delgado con «El color que salió del agua»

Laura López Alfranca con «Arrastra las palabras»

Heberto de Sysmo con «El cuadro negro»

Juan José Tena con «El heredero»

Marta Martínez Velasco con «La invocación»

Pablo García Naranjo con «Advenimiento»

Aída Albiar con «La Hermandad del umbral de la vida»

León Arsenal con «Whateley terminal»

Sergio Mars con «Yamata-no-orochi»

Javier Arnau con «En el inframundo»

Sonia Córdoba y Alberto Valverde con «Origen»

J.E. Álamo con «Abdel Muta’al»

Ramón San Miguel con «Infiltrada»

Gabriel Romero de Ávila con «El demonio está aquí»

Ramón Muñoz con «Final de trayecto».

 

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“Blade Runner 2049”, de Denis Villeneuve: un espectáculo —solo— visual.

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Publicado en “Sala 1. Revista Digital de Cine”:

http://revistasala1.com/?p=8430

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Después de visionar Blade Runner 2049, uno de los estrenos más esperados del año, comprendo con resignación que todas esas críticas que valoran estratosféricamente la película están más empujadas a ello por la nostalgia de recibir una secuela por la que han esperado 35 años, que por el contenido de la misma. La cinta de Villeneuve no es una mala película, pero dista mucho de ser una obra maestra o un clásico a la altura de su predecesora. Es cierto que la novedad argumental es un factor del que gozó Ridley Scott, como también es cierto que la atmósfera de oscura mega ciudad futurista, donde siempre llueve, repleta de gentes extrañas que llenan sus vacíos con tecnología, está bien conseguida y es otro apunte más del futuro distópico al que nos dirigimos. Pero ¿qué podemos exigir como espectadores a la secuela de un clásico? De entrada, que no nos decepcione. Difícil tarea si el actor protagonista es el impertérrito Ryan Gosling, si la duración del metraje sobrepasa los 160 minutos y el guion no solo no es brillante, sino flojo.

Villeneuve, cineasta de recursos, demuestra haber concentrado esfuerzos en la estética de esta película. Hasta el mínimo detalle visual está cuidado: planos, efectos, decorados, iluminación, vestuario; su factura visual es potente y atractiva, pero la historia no termina de hacer pie ni conecta emocionalmente con un espectador que no sea adepto de la saga. A fin de cuentas, las piezas fundamentales del guion son personajes y situaciones ya vistos en otras películas, como por ejemplo: Joi, papel interpretado por la prometedora actriz cubana Ana de Armas, es una sensual holografía, comercializada como un videojuego, que se convierte en el sustento emocional de K (Ryan Gosling), un modelo de replicante que puede llegar a ser más humano que los humanos; y esta situación es análoga a la interpretada por Joaquin Phoenix en la película Her (Spike Jonze, 2013).

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Como también, la actriz suiza Carla Juri interpreta a Ana Stelline, una creadora de recuerdos que más tarde serán vividos por los replicantes, papel que encuentra su analogía con el de la actriz Ellen Page (Ariadne), como arquitecta de sueños en la película Origen (Cristopher Nolan, 2010). Para que una película alcance el rango de obra maestra, su creatividad debe predominar en el guion y no únicamente en el apartado técnico.

Es de esperar que Roger Deakins, director de fotografía de Blade Runner 2049, sea oscarizado por este trabajo, además de haber sido nominado hasta en trece ocasiones, tanto la historia de la película como la forma de contarla de Villeneuve, han propiciado su merecido lucimiento. Algo parecido ocurre con Hans Zimmer y Benjamin Wallfisch, encargados de la banda sonora. Es cierto que algunos pasajes están basados en la partitura original de Vangelis, y su incidente potencial sonoro es empleado por Villeneuve en repetidas transiciones, pero aunque resulta efectiva como acompañamiento de las imágenes e importante factor atmosférico, no es más destacable que otras obras menores de Hans Zimmer.

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Indiferencia produce el papel de Jared Leto, poco afortunado últimamente es sus elecciones. Bien es cierto que es el único personaje que se acerca a esa poesía en los diálogos de la primera entrega, no consigue alcanzarla —algo que los seguidores de K. Dick hubiesen agradecido— quizá deliberadamente por su guionista, Hampton Fancher, o por el descrédito que su vacuo histrionismo le viene propiciando. El papel de Harrison Ford es casi prescindible, los guiños a la cinta de Scott: archivos sonoros, holografía de Sean Young, cameo de Edward James Olmos; son retóricos y parte del engarce visual de su envoltura. Las apariciones de Elvis Presley, Frank Sinatra y Marilyn Monroe son coherentes dentro de la historia, aunque hilarantes. El ritmo pausado del cine negro es acorde a la obra maestra de Scott, también su contenido filosofal en cuanto a las reflexiones sobre la conciencia y el ser humano, quizá Villeneuve debería haber inventado su propia saga más que haber prolongado la de otro, películas como Enemy (2013) o Incendies (2010) ratifican su talento como cineasta, pero sus retos no terminan aquí, ya que ha sido elegido para rodar la nueva Dune en 2018, proyecto al que le deseo tenga mayor acierto y profundidad que el aquí comentado.

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“Lienzos”, de Mar Busquets-Mataix: écfrasis de la memoria.

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Publicado en la revista Oculta Lit:

http://www.ocultalit.com/poesia/lienzos-de-mar-busquets-mataix-y-la-ecfrasis-de-la-memoria/

Cubierta de Lienzos

La pintura y la poesía siempre han estado unidas. O por lo menos, todo pintor aspira a la poesía en sus obras, y todo poeta se ha inspirado en la pintura, ya que le es imposible aspirar a detener el tiempo o atrapar la luz. Ambas artes poseen lenguajes diferentes. El ser humano es capaz de pintar o poetizar para expresar con ello mensajes que provienen de diferentes latitudes interiores, seguramente, de no ser así, la historia de la raza humana habría sido muy diferente. Mar Busquets-Mataix pinta con palabras en Lienzos, y al mismo tiempo su palabra aspira a ser pigmento.

La editorial valenciana Pre-Textos edita este libro tras haber sido premiado en el XXXIV Premio Ciudad de Valencia Juan Gil-Albert. Busquets-Mataix es una escritora tenaz, como pocas. En los inicios de los años noventa del pasado siglo comenzó a publicar poemarios: La pausa (1992), Los hombres de paja (1996), La curva del aire (1997), y también comenzó a merecer sus primeros reconocimientos: La Buhardilla (1992), Premio Valle Inclán de la Universidad de Bilbao (1994), y así fue creciendo como escritora y forjándose una fructífera carrera, no solo como poeta, sino también como narradora. De la invisibilidad (2013) y Lo efímero (2015) son sendas novelas que su pluma ha brindado a los lectores.

Hemos dicho que la pintura y la poesía pueden cubrir diferentes necesidades expresivas del artista, no cabe duda, ¿pero qué ocurre cuando la una describe a la otra? Pintar un poema, poetizar un paisaje. De esa pretensión nacen la ilustración y la écfrasis, técnicas de las que surgen obras cognadas de una misma belleza.

Los versos contenidos en Lienzos representan una necesidad vital para su autora, en ellos, conviven poemas de cinco versos con otros de varias páginas; poemas con título o desprovisto de él, y en su naturaleza óntica se trasluce el sentimiento, la reflexión y la emoción de una mirada que recuerda, sufre y se interroga: Cómo entender el silencio / que blinda la tierra / de los vivos y nos cose / al filo de los días / acaso redención / o abismo.

Su lectura manifiesta pulsión, catarsis; ya en su primera parte, titulada “Grito”, nos topamos de lleno con la realidad de los refugiados, asunto que no tarda en encogernos el corazón. La orilla de una playa es el escenario permanente donde la realidad pone a prueba a la conciencia humana: Siempre tan solitarios / como ahora / cuando vamos al mar / y no somos el mar, // y mordemos la orilla / o morimos.

Cuestionamiento de la palabra escrita, pero también evocación, al ser afectados por su influjo, son temas abordados en una segunda parte donde el amor se posiciona en un estatus privilegiado con respecto a la efervescencia que lo rodea: Mis palabras / se posan en tu piel, / respiran quedamente, / sonríen, / se desvisten, / te desarman.

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Mar Busquets-Mataix

En este segundo apartado titulado “Palabras” la viga maestra es el lenguaje. La preocupación de la autora sobre este tema inunda los poemas de reflexiones metaliterarias, sus palabras se dirigen a un interlocutor homólogo, pero aluden constantemente a esa fuerza ulterior que es el lenguaje: Hablemos de metáforas; / ideas nuevas y cambiantes, / oscuramente bellas / cuando juntas muerte amor / lo bello y lo siniestro, / te suben por los brazos / o los párpados, / asombran y sublevan.

Lo erógeno y frágil del cuerpo humano encarna la fisicidad de las preguntas en el tercer apartado, titulado “El cuerpo”; una caricia, un silencio, un amanecer puede desencadenar el cielo o el infierno, la seguridad de la montaña o el vértigo del abismo: Desprovista de mis armas / me vi dentro de ti, / lo que ansiamos, / y no somos; / la belleza.

El Bosco, Munch, Sorolla o Klimt, dan pie a la autora, a través de algunas de sus obras maestras, a culminar “Lienzos”, un apartado lleno de luz y sensibilidad, donde el color y el verbo se funden en una poesía que se espacia sobre la hoja, que se reitera en los versos, y subraya la importancia de vivir: Son los mantos, las sedas / con que cuidamos este roce / frágil y misterioso / para elevarlo, / y pulsar // lo que nos devuelve / a nuestro origen: // la luz.

“Vivir” es el nombre del último apartado, una coda diseminada en tres actos en la que las manos, como símbolo dador de amor mediante abrazos, caricias, consuena armoniosamente en esa noche ilimitada  en la que el yo lírico arde, vive, ama ignorando de qué lado está la vida: Porque finalmente / no son tus manos / lo que tanto amo en ti / sino su propio giro silencioso, / la cadencia de mi piel / en la yema de tus dedos.

Viaje sensorial el que propone Busquets-Mataix, donde la prosografía del cuerpo humano a su vez describe la orografía de un mundo interior, ideal y metafísico que permanece atenazado por el daño. Lo inefable vibra y se estremece por analogía al temblor de la carne, ya que después de todo, un libro es un lienzo buscando una vida que lo reconozca; un cuerpo es un lienzo cuyo autor es la vida.

 

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Entrevista capotiana a Heberto de Sysmo, por Toni Montesinos.

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http://almaenlaspalabras.blogspot.com.es/2017/10/entrevista-capotiana-heberto-de-sysmo.html?m=1

cubierta, contraportada y solapas de la flor de la vida

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Heberto de Sysmo.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?

Una respuesta borgiana sería, una biblioteca. Pero habría más sensatez en la respuesta si incluyese cualquier lugar en el que uno se sienta amado.

¿Prefiere los animales a la gente?

En demasiadas ocasiones. Parece que sus silenciosas lecciones de amor no le son suficientes al ser humano.

¿Es usted cruel?

Nunca me lo he preguntado. Supongo que en un mundo como este, sin algo de crueldad y mentira nadie llega muy lejos. La sociedad instruye en la crueldad, lo cual no implica que cada uno no se esfuerce por combatirla.

¿Tiene muchos amigos?

Creo que nadie los tiene. La palabra «amigo» es muy grande.

¿Qué cualidades busca en sus amigos?

No solo en los amigos, la aspiración es rodearse de personas nobles y honestas con las que disfrutar y sufrir, aprender y compartir esa alternancia entre el dolor y la felicidad que es la vida. No podemos exigir más de lo que damos.

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¿Suelen decepcionarle sus amigos?

Supongo que si así fuera, sería en la misma medida que yo a ellos. Los amigos de verdad no decepcionan o no deberían hacerlo.

¿Es usted una persona sincera? 

Trato de serlo la mayor parte del tiempo. La mentira es adictiva, y lo peor, procura trofeos. Desenvolverse en un mundo lleno de mentirosos, sin mentir, es todo un reto. Lo mejor es aprender a no ser sincero cuando convenga, pero eso para el profano conlleva un proceso largo.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?

No tengo tiempo libre. Pienso y escribo a tiempo completo. En mis ratos libres, trabajo.

¿Qué le da más miedo?

De pequeño, la oscuridad de mi habitación. Ahora, la oscuridad del corazón de mis semejantes.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?

La indiferencia ante las injusticias.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?

Habría inventado la manera de serlo. No concibo la vida de otra forma. Soy de esos que si no escribiesen se volverían locos.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico?

Sí. Uno muy recomendable. Diez re-flexiones al día.

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¿Sabe cocinar?

Tengo mucho que aprender pero me gusta. No sé si es porque después de cocinar uno se come lo cocinado o por la satisfacción de explorar creativamente otros ámbitos.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?

A muchos: Johannes Kepler, Hugo Von Hoffmansthal, Marie Curie, Mary Shelley, Roman Jakobson, Clarice Lispector…

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?

Educación.

¿Y la más peligrosa?

Política.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien?

Los seres humanos somos animales instintivos y emocionales. La idea de suicidio la ha tenido todo el mundo, al menos, una vez en la vida. Lo mismo ocurre con el odio o los actos reflejos como mecanismo de defensa. Por suerte, no he sentido esa necesidad, de momento.

¿Cuáles son sus tendencias políticas?

Desencantado. Ningún partido político me representa. No soy apolítico porque pienso que se puede hacer política para la paz y prosperidad de los pueblos, algo de lo que estamos muy lejos a nivel mundial.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?

Astrofísico. El universo y sus misterios me cautivan.

¿Cuáles son sus vicios principales?

No fumo, no bebo ni me drogo. Leer y escribir son pulsiones adictivas constantes. Si tuviese tiempo elegiría tener algún otro vicio sano.

¿Y sus virtudes?

Generoso y trabajador.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?

Mi madre, mi pareja y mis gatos.  Momentos de felicidad ya vividos: graduación, primer premio, fiestas familiares, y ojalá que otros muchos que me quedan por vivir.