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Publicado en “El Mundo” (edición de papel, Comunidad Valenciana) del lunes 23.4.18

Autor del texto: Ricardo Bellveser 

Temática: sobre el libro “Polifonía de lo inmanente. Apuntes sobre poesía española contemporánea (2010-2017)” de José Antonio Omedo y Gregorio Muelas (Lastura Ediciones & Ediciones El Juglar, 2017).

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De 40 autores, 12 son valencianos

El crítico valenciano José Antonio Olmedo López-Amor, utiliza como “percha” de introducción a su libro de rarísimo título, “Polifonía de lo inmanente”, escrito en coautoría con el también valenciano Gregorio Muelas, una definición del poeta y profesor Jaime Siles, que dice: “La poesía es un estado de gracia, como la crítica lo es —o debería serlo— de conciencia”, interesante por lo que tiene de particular.


Mi titularidad académica universitaria es de ‘Crítica Literaria’, asignatura que en otros momentos se llamó ‘Poética’, terminología tomada de Aristóteles, incluso ‘Literatura Comparada’, y como tal la he entendido en el ámbito filosófico de la frase de Siles, pues para mí la Crítica Literaria significa pensamiento y reflexión pero además hay que exigirle que cumpla una función mediadora.


Este volumen de 328 páginas (coedición de Lastura Ediciones y Editorial Juglar, diciembre de 2017), selecciona a 40 autores sobre los que construyen unos “apuntes sobre poesía española contemporánea 2010-2017”, de los cuales, al menos doce son valencianos y el resto, mayoritariamente, andaluces o aragoneses, lo que hace pensar que para los autores la poesía española hoy, pasa por estos territorios. 


A Joseph Addison, (1672-1719), un personaje realmente interesante cuando se habla de estas materias, le leí la siguiente maldad: “una buena señal para distinguir al crítico que carece de gusto y de instrucción es que raras veces se aventura a alabar pasaje alguno de una obra que no haya sido previamente bien acogida y aplaudida por el público, y que su crítica se ensaña en los defectos y errores más leves de un autor. En este su empeño, el crítico tiene tantas probabilidades de éxito, que aún el más vulgar lector, a la aparición de algún poema nuevo, posee la agudeza y mala voluntad bastante, para poner en ridículo algunos pasajes del mismo, y ciertamente, a menudo con razón”
José Antonio y Gregorio, en su libro, no sé si conscientes o no, se han puesto en fila en esta tradición de pensamiento, lo que incluye la concepción de la crítica literaria como un estado de conciencia a lo que yo acabo de añadir el concepto de mediación. 


Vamos a ver: entre las múltiples fórmulas de comprensión de la crítica literaria, prevalece la crítica erudita, aunque en mi opinión, el factor dominante debe ser el gusto. Se lo hemos oído antes a Joseph Addison luego no hablamos, de ninguna novedad.


José Antonio señala, en su introducción, que la crítica literaria “nunca ha dejado de ser necesaria”, por supuesto, eso la historia nos lo desvela, y Gregorio da un paso más y se pregunta “¿qué ocurre ahora?”. Ese es el quid de la cuestión, aparte de distinguir entre crítica e ideología, porque el prestigio de la crítica y teoría literaria marxista, representada por Mijaíl Bajtín, introductor del concepto de éthos, ética, desbancó a todas las demás, y pasó, ya en el siglo XX, del formalismo ruso, a la estilística europea (Dámaso Alonso) o la crítica estructuralista (Barthes).


Los autores de este libro miran con simpatía las posiciones postmodernas como las de Luis Alberto de Cuenca, quien considera que hoy el lector ha sustituido a Zeus por Supermán y reinterpretan a críticos futuristas como sucede con el Canto a la máquina de Cano Ballesta ––la vida corre y los autores consideran como de especial interés a poetas ‘vivos’ como García Baena, al que el tiempo se ha llevado este mes de enero–– , pero no hay intención antológica en las autores seleccionados.


El libro se divide en dos partes, la primera es de teoría literaria, de todo aquello de lo que venimos hablando desde hace unos minutos aquí, y la segunda es una relativa aplicación del mundo teórico, aplicación sobre casos, libros y autores concretos. Pero recuerdan los autores que este libro no tiene ni propósito, ni deseo, ni intención, ni finalidad antológica , sino que reúne una lista de escritos críticos que los dos autores han venido elaborando durante el último lustro, desde 2013 cuando empezaron a publicar estos artículos, guiados principalmente por la subjetividad . 


Por esta razón, a mí personalmente, mucho más que los poetas y escritores seleccionados, me interesa el discurso del método que desde la diletancia han establecido en las 75 primeras páginas, de formulación severamente teórica. De todos modos, son 40 las reseñas sobre otros tantos poetas o escritores, relación en la que figuran poetas muy conocidos y populares, y otros casi secretos por su juventud o porque sus obras han trascendido poco públicamente.

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¡Espléndido titular! ¿Verdad? Después de leer algo así, cualquiera pensaría que todo va bien. Los juegos se celebran cuando toca, no han reparado en gastos para la ceremonia —por lo que es deslumbrante—, y este año se celebra en Brasil, ni más ni menos que un país exótico, lleno de playas tropicales con cuerpos esculturales; una imagen que da la sensación de que las gentes de allí estén permanentemente en verano, y lo que es peor, de fiesta.

Todos sabemos que los medios de comunicación contribuyen como nadie a que esta época en la que vivimos sea la era del eufemismo. Desde el momento en que se permitió que la ley de los mercados marcase los tiempos de la economía, y no al revés, admitimos la condena a muerte de la libertad de prensa. Grandes inversores se encuentran detrás de los grandes medios, y esa obvia correlación entre el poder económico y el poder político tiene como misiva no dejar resquicio a cualquier publicación contraproducente. Sólo en pequeños medios, no indizados, en los que su repercusión es poco evidente o casi nula, podemos encontrar artículos que no apartan la mirada de esa errática verdad que los poderes mediáticos: tergiversan, demonizan o simplemente ignoran.

La diferencia entre la vida real y la vida contada por los medios es de una envergadura irrisoria; «el hombre despierto, debe ser definido como un animal que ríe» (Bueno, Gustavo; “Ética de la risa”, El Gallo, Salamanca, marzo de 1953). ¿Somos seres despiertos? Esta pregunta cobra especial sentido, principalmente, cuando aceptamos que aceptamos lo que a priori no deberíamos aceptar. Desde luego, esa desafección ante problemas universales que son solucionables con compromiso, mueve a risa. Lo peor de todo es que tampoco somos felices.

Más allá de si la felicidad es un estado anímico fugaz o una impresión subjetiva de la realidad, ¿quién puede ser feliz viviendo en la pobreza extrema? Y con pobreza, no me refiero únicamente a carecer de posición social, carecer de dinero líquido o posesiones, sino a no tener para comer. Tal es el caso de 45,8 millones de personas en Brasil. La mayor pobreza se sitúa en áreas suburbanas y en la región nordeste del país, donde el cuarenta por ciento de las familias sobrevive en la inopia. Sí, Brasil, la tierra donde en estos momentos se celebran los Juegos Olímpicos. ¿Qué pensarán las personas que viven en las favelas cuando vean pasar las limosinas con escolta, o cuando sepan el precio de la ropa que lució la modelo Gisele Bundchen en su desfile durante la gala inaugural?

La región de América Latina y el Caribe es, según Oxfam, la más desigual en ingresos del mundo, ya que en 2015 el 1% poseía el 41% de la riqueza regional, mientras que el 99% restante debe repartirse el otro 60%. Hoy, la avaricia de la clase pudiente ya no esconde su cara más ostentosa, su cara más cruel. Una de las propuestas del incipiente presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, es construir un muro que separe a Estados Unidos —en su frontera— con México, para evitar la entrada de personas ilegales. Desgraciadamente, ese infame proyecto ya es una realidad en Brasil —además de en otros países—, la denominada favela Vila Autódromo, sufrió el derribo de gran parte de sus viviendas en estado precario por su cercanía al recinto que hoy es utilizado como Villa Olímpica, en su lugar, hoy se erige un gigantesco muro de hormigón. El proyecto tenía como finalidad evitar cualquier riesgo de intrusión por parte de los más pobres, respecto al perímetro donde se hospedarán los deportistas durante un par de semanas.

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[Las meditaciones sobre el Poder tienen un carácter moral o ético –son «filosofía moral», y en esto estamos casi todos de acuerdo. Toda reflexión sobre el Poder (aunque, en sus comienzos, no sea estrictamente filosófica, sino científica, categorial) alcanza inmediatamente resonancias morales, por tanto: induce a una meditación filosófica. «El Poder (El Estado) es el Padre» –dice una fórmula muy extendida que intenta penetrar categorialmente (puesto que «Padre» es un concepto categorial, histórico, sociológico…etc.) en la esencia del Poder. Pero la penetración en esta esencia «categorial», induce, aunque no lo quiera, múltiples «líneas de fuerza» constitutivas de un campo moral, a la manera como la corriente que pasa por un conductor induce un campo magnético cuyas líneas de fuerza envuelven al cable. Para muchos psicoanalistas, decir «El Poder es el Padre» es tanto como condenarlo, sugerir la iniciación de la tarea edípica de la «muerte del Padre»].

Gustavo Bueno,

Sobre el Poder (en torno a un libro de Eugenio Trías),

El Basilisco, 1978.

Para alcanzar ese grado de rebelión, para acometer la tarea de Edipo, hay que ser plenamente consciente, tanto de uno mismo, como de sus congéneres y el contexto de la realidad que los rodea. Ocurre que el capitalismo ya se ocupa de que la sociedad tenga su opinión dividida acerca de cuál es su verdadero enemigo, o de que directamente carezcan de opinión. El caso paradigmático de la aplicación del videojuego Pokemon Go, y todo el revuelo que ha organizado a nivel global, es una muestra más del sometimiento mental al que la sociedad anda inducida. Esta “aventura”, pionera en realidad aumentada, ha sido desarrollada por Niantic, y aunque a algunos pueda parecerles mentira, factura nueve millones de euros al día, cantidad que es repartida entre las nueve empresas que intervienen en su comercialización.

Zygmunt Bauman, en su libro titulado Ceguera moral (2015), escrito junto a Leonidas Donskis, ya alertó de la pérdida del sentido de comunidad en los individuos que coexisten —que no conviven— en un mundo individualista. Esa ceguera moral, esa insensibilidad a los problemas propios y ajenos, hace imposible que seamos seres despiertos, mucho menos, que seamos autores de esa «muerte del Padre», y ha cambiado innegablemente la eterna lucha de clases de la humanidad por una lucha particular en la que ya, los valores que blande la parte más débil, no son los que eran.

Y siguiendo con la sociología que propugna Bauman y ese efecto adormecedor con el que están experimentando los responsables de las redes:

«Mucha gente usa las redes sociales no para unir, no para ampliar sus horizontes, sino al contrario, para encerrarse en lo que llamo zonas de confort, donde el único sonido que oyen es el eco de su voz, donde lo único que ven son los reflejos de su propia cara. Las redes son muy útiles, dan servicios muy placenteros, pero son una trampa».

Zygmunt Bauman

Entrevista concedida a Babelia, enero de 2016.

A esa deshumanización paulatina y evidente, hay que añadir el grado de indefensión que sufrimos las personas ante la pérdida de libertades, la injerencia política en la privacidad del ciudadano ya es invisible e imparable. Aunque muchos no quieran admitirlo, la lobotomización general hace tiempo que comenzó y se sigue evidenciando.

Aquí, en España, la noticia es que Nadal participó en la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos, o que Mireia Belmonte ha conseguido la primera medalla para España. Amo el deporte y admiro a los atletas, son un ejemplo de superación, ellos son la mejor demostración de una costumbre que comparto y me tomo —quizá— demasiado en serio: uno mismo debe ser su único rival. El problema es que son muy pocos quienes toman a estos atletas como ejemplo, la masa social está más preocupada de ir a la moda, consumir el último grito en productos que no necesita, y en definitiva, obedecer las órdenes enmascaradas de un sistema que se hace llamar «demócrata», mientras perfecciona su dictadura a golpe de tecnología.

Brasil es el cuarto país del mundo en cuanto a extensión territorial se refiere, su reciente industrialización, así como su riqueza natural son el motivo de una importante expansión de su industria agrícola, un sector que aporta importantes beneficios a la hacienda pública, un erial que ya calcula su renta per cápita a razón de 4.320 dólares. Sin embargo, uno de cada cuatro brasileños debe recurrir a ayudas estatales para evitar el hambre.

Brasil tiene frontera con diez estados sudamericanos, buena parte de ellos son los mayores productores de droga del continente, este dato no es ningún misterio, es conocido a todas luces, como consecuencia de la poca o nula atención de este problema, Brasil es el segundo país que más drogas consume, después de Estados Unidos, y una de las mayores vías de tráfico de estupefacientes de todas las Américas.

Por si no fuera suficiente, y basándose en estadísticas internacionales, Brasil se encuentra a la cabeza en la lista de los países más violentos del mundo. En la ciudad de Río de Janeiro, por ejemplo, entre enero y mayo del año 2007, 546 personas resultaron heridas o muertas por consecuencia de tiroteos en enfrentamientos entre bandas rivales que se disputaban puntos de venta de droga en las favelas o la ciudad.

¿Alguien piensa que alguno de estos problemas se subsanará tras la celebración de los Juegos? Muchos aplauden la celebración de eventos mundiales en tierra brasileñas, como el mundial de fútbol de 2014, porque es una importante fuente de ingresos debido al turismo, principalmente. Lo que no piensan es que esos beneficios irán siempre a parar a los mismos.

Aquí, en España, los ciudadanos estamos siendo testigos de una bochornosa actuación de los partidos políticos en lo que a pactos y formación de gobierno se refiere. Si no consiguen llegar a un acuerdo, seguirá gobernando un partido imputado por corrupción —ya en términos de organización criminal— que ha obtenido menos de ocho millones de votos, es decir, que esos ocho millones de votos decidirán quiénes gobiernan a los otros treinta y nueve millones de la población restante, democracia pura y dura. Aquí, la desafección política y el descrédito no provocan en la casta el efecto que claramente manifiesta; la frase nítida e irreductible de: señores, ya no creemos en vosotros, queda traducida en los mítines a: la ciudadanía nos ha dicho que tenemos que pactar. Como sociedad, estamos esperando impasiblemente ser descabellados en unas terceras elecciones que sólo provocarán un gasto innecesario a las arcas públicas y constatará el mensaje ya enviado por nosotros, esos mansos labriegos que forman una ciudadanía a la que no se le agota la paciencia; dejemos de acudir en masa a los Black Friday, no comentemos más el desproporcionado precio del último fichaje del Manchester United y pongámonos en serio a reflexionar y actuar en aquellos problemas verdaderamente acuciantes para todos.

Mientras sigamos el sendero de la dichosa y telegrafiada [des]integración social, no habrá conatos de parricidio, sólo un suicidio colectivo y anunciado. Los flautistas de Hamelín del capitalismo guiaron las hordas de la clase media al precipicio del endeudamiento; si algo tan terrible no ha tenido castigo, puesto que ha aumentado el número de ricos, ¿qué puede tranquilizarnos sintiendo cómo el pie del Gran Padre está oprimiéndonos el cuello? El opio del pueblo. Si pretendemos fabricar armas y vivir de ello, no podemos permitir nada que favorezca la paz, (capitalismo, dixit).

Los primeros Juegos Olímpicos de la historia datan del 776 a.C. desde entonces, hasta hoy y cada cuatro años, el deporte ha sido motivo de unión de los países, algo que no deja de ser paradigmático. Hoy, una parte importante del planeta está en guerra, y otra se siente amenazada. Contemplar el accidentado recorrido de la antorcha olímpica por las calles de Brasil, me hizo sentir que el ser humano todavía cree en simbolismos, la llama no debe apagarse y para ello se emplea cualquier medio. Lo cierto es que aquello que verdaderamente llevamos a rajatabla es la perpetuación de las costumbres. No cambiar la tradición, más aún cuando esta atenta contra la dignidad o integridad de otros seres, sigue siendo una incógnita sin candidato para la etología moderna. El dinero sigue imprimiendo nuevas páginas a su evangelio espurio, si finalmente las Humanidades se acaban suprimiendo de la enseñanza, y con ellas se constata la leucemia de la educación, suscribo al cien por cien la afirmación de Luis Alberto de Cuenca: «El suicidio definitivo de la civilización está a la vuelta de la esquina» (La Razón.es, 2016).

Publicado en:

http://caocultura.com/las-salinas-del-aliento-la-albricia-poetica-de-manuel-guerrero/

 

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Manuel Guerrero Cabrera

Título: Las salinas del aliento

Autor: Manuel Guerrero Cabrera

Editorial: Cuadernos del Laberinto

Género: Poesía

Número de páginas: 77

Año de publicación: 2015

ISBN: 978-84-944036-7-5

 

Manuel Guerrero Cabrera es profesor de Lengua y Literatura, articulista y poeta; además, realiza desde la Asociación Cultural Naufragio una labor de difusión cultural y literaria en el sur de Córdoba, recibiendo, por esto último, el Premio Pimiento de Plata que le concedió la Delegación de Juventud del Ayuntamiento de Lucena en 2011.

Ha publicado los poemarios El desnudo y la tormenta (Moreno Mejías, 2009), Loco afán (Ediciones en Huida, 2011) y El fuego que no se extingue (Manantial, Ayuntamiento de Priego de Córdoba, 2013); los libros de ensayo Estudios críticos de Literatura del Siglo de Oro (Juan de Mairena y De Libros, 2008), Tango. Bailando con la literatura (Moreno Mejías, 2009); y el libro de relatos Para despertar (Moreno Mejías, 2011).

Existen poetas de una exquisita hondura elegíaca, arqueólogos del dolor que encuentran belleza en las entrañas de la tristeza, de la preocupación, y la ofrecen al mundo como un hallazgo milagroso lleno de sabiduría y reflexión. Las salinas del aliento es justamente lo contrario, la razón genésica de este poemario es la celebración de la vida, un canto de agradecimiento; es una esencia a la que el poeta regresa una y otra vez tras consumar algunos poemas —en apariencia diferentes—; esa esencia es el amor. El amor del poeta es un presente limpio, sin sombras, grietas ni reversos; la llegada al mundo de Malena, su hija, lo corona como padre y este libro es un hecho necesario, un hecho en el que quizá el hombre se expresa más que el artista.

Un senryu (formato poético japonés de tres versos) inaugura la obra de manera solemne; la sorpresa y alegría por la vida anunciada eclosiona en el dibujo nítido de una orquídea de palabras: Ecografía. / Corazón delator. / La nueva vida.

El devocionario inconfesado de Guerrero Cabrera se estructura en tres partes nucleares: “Pena de bandoneón”, “Desangelado el cielo” y “La sal del recuerdo”. Aunque en apariencia los títulos de los bloques presagian melancolía —algo también reflejado en el título del libro—, el poeta equilibra con términos antitéticos sus sentimientos encontrados; el mismo recibimiento y goce del amor anuncia el futuro momento de su despedida. Y no sólo eso, el melifluo aroma de la plenitud esconde el germen de la preocupación; el desvelo por cuidar, merecer y no fallar a la vida más valiosa del mundo; la vida de un hijo.

Si en los dos primeros ejes del libro, el autor da rienda suelta a su emoción ante el inminente alumbramiento, en el tercer pasaje, su verso es una ofrenda que idolatra a esa hermosura capaz de hacernos cambiar el rumbo de la vida.

Como palabras liminares al poemario encontramos el comentario de Luis Alberto de Cuenca, poeta novísimo que con gran acierto expone en su breve antesala cómo el poeta, ante quizá la noticia más importante de su vida, pone en marcha la mecánica del recuerdo, y, de ese modo, a golpe de evocación, va recorriendo sus primeras lecturas, los tebeos que iluminaron su infancia y su adolescencia, y nos transmite la emoción que deriva de ese viaje fantástico al corazón de lo perdido para siempre.

En el poemario predomina la blancura como tesitura sonora de los versos así como una infraestructura imparisílaba; versos alejandrinos, heptasílabos, endecasílabos, en su mayoría combinados formando el axis homeopolar característico de la poesía de la experiencia; pero también podemos encontrar verso libre o rima consonante, como en estos cuartetos: Donde el aire se queda / y la dudosa luz del día nunca alcanza, / donde mi sangre enreda / la tuya con la vida tejida de esperanza. // Llevaré los poemas / que te dedicaré desde el alma hasta ti, / porque todos los temas / sobreviven por ti y duelen porque sí.

La salinidad de ese aliento es la memoria, obligada por la madurez a reproducir el pasado para inventariarlo y pasar página; pierde su batalla contra la dulzura del torbellino que Malena produce en su padre: “Últimamente pienso / en qué color tendrá / tu mirada de azúcar, / y lo que diluirá / tu pequeña pupila con el mundo. […] No me importa el color con el que me mirarás, / porque sé que cabrán en él un par / de todas las naciones de la tierra.

Versos entrañables y felices, según Luis Alberto de Cuenca; humanidad en el alborozo icástico del verbo.

Ya en “Desangelado cielo”, segundo envite de la jugada, el poeta advierte la nostalgia, no con desánimo, sino como un sendero ya transitado que nos cerciora habitar en otra etapa: A muchos les costó crecer de golpe / y entender lo que atrás hubo quedado… / El corazón también se nos rompió, / como a Julian Ross, cuando / dejamos de ser niños en un patio. Guerrero Cabrera referencia a una serie de dibujos animados que él veía cuando niño constatando que la fragilidad sólo era un tránsito al fortalecimiento.

Cada poema escrito por el autor es un peldaño hacia la consagración a su hija; cada experiencia, cada recuerdo, cada herida, es vivida por el poeta de forma apasionada y desnuda, su pretensión no es más que exclamar: «Señoras y señores, soy feliz». Feliz y un hombre nuevo por la vida nueva, feliz pese a cualquier cosa, feliz pese a quien pese. Los versos consiguen contagiar al lector de esta euforia, de esta satisfacción. Creo todo un acierto clausurar esta aventura con dos poemas escritos en prosa poética: “El papá de Malena” y “En la sal del recuerdo”; el primero revela la nueva identidad del autor; el segundo, cuanto será la última morada de este amor pleno.

El poemario concluye con un epílogo original, lo conforman dos poemas más, pero de autores ajenos; “Tango” de Antonio J. Sánchez y “Eclipse” de Sensi Budia. Ambas aportaciones, a modo de tributo, elogian y ensalzan la figura de Malena —nombre como pocos para maridar con un tango—; a la vez que la vinculan a ese género musical; el primero, por la fuerza; el segundo, por la música; la pieza escogida por Sensi Budia bien podría tratarse de la letra de un tango; bello colofón para un libro agradecido, sincero y luminoso.

Tengo por costumbre, en los libros publicados por la editorial Cuadernos del Laberinto en su colección Anaquel de Poesía, leer el índice de primeros versos que incluyen al final del trayecto; leerlo como si se tratase de un poema; no siempre funciona, pero Guerrero Cabrera nos brinda versos como estos: El dolor es un arma, / el infinito bucle de tu pelo / el mismo cielo. La grandeza de la poesía hace surgir la belleza incluso en lugares insospechados, cual música involuntaria del azar. Y algo que pocas veces ocurre, leyendo de la misma forma el índice general, que precede al anterior, encontramos momentos como estos: Esta no es mi voz, / el papá de Malena / en la sal del recuerdo, […] llovía tanto el día / el eco de tu nombre, / el mundo es casi una canción, […] en océanos a la redonda / las pupilas de Dios, / la condena del tuit.

Manuel Guerrero ha sido incluido en las antologías Versos para derribar muros (Los libros de Umsaloa, 2008), Andalucía en el verso. Biznaga de poesía andaluza (De papel, 2012) y Náufragos en Saigón (Asociación Cultural Naufragio, 2013), así como en las virtuales Las afinidades electivas (desde 2007) y Poetas del siglo XXI (desde 2011), entre otras.

También ha participado en varias revistas literarias (Angélica. Revista de Literatura, Ágora. Revista de Literatura, Saigón, El coloquio de los perros, Espacio habitado, Aldaba, etc.) y en volúmenes colectivos de ensayo (destacan las aportaciones incluidas en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes) y colabora con artículos de opinión y de pensamiento, en varios medios del sur de Córdoba. Posee un espacio semanal sobre literatura en Radio Lucena bajo el título Siempre hay tiempo y es director y presentador del programa mensual de literatura La voz a ti debida en Radio Atalaya de Cabra.