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Ensayo publicado en “Revista Literaria Taller Ígitur”:

http://tallerigitur.com/2019/04/10/escenificacion-de-la-corrupcion-verosimilitud-y-ritmo-en-plata-quemada-de-ricardo-piglia/?fbclid=IwAR1Grh_4kSUnUeYDkw8Un-uXG9mUcsVlZV6ygg5TPmhlMZ3oqmP-6cgXbw0

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« ¿Qué es robar un banco comparado con fundarlo?» (Bertol Bretch, 1928).

A esta pregunta, incluida en el libreto de La ópera de los tres centavos y por ello atribuida al dramaturgo alemán, se podría contestar —contextualizándola en nuestro presente— con esta otra:  « ¿Por qué los bancos siguen ganando miles de millones a pesar de que la economía mundial está en la baja?» (declaraciones de James Petras a Tercera Información, 2010).

      La postura de Ricardo Piglia (1941-2017) es clara ante la tesis comparativa que plantea la cita de Bretch. Plata quemada no justifica ni moraliza de manera alguna la acción delictiva llevada a cabo por sus protagonistas, pero sí cuestiona qué parte de responsabilidad puede tener el Estado en ello. Objetivamente, si tenemos en cuenta la limitada cantidad de dinero que puede obtenerse mediante el robo a un banco —un efectivo que está asegurado— y lo comparamos con la incalculable cifra que los bancos, no solo obtienen invirtiendo el dinero de los demás y cobrándoles por ello, sino ejerciendo tácticas deshonestas para lucrarse impunemente mucho más rápido, comprenderemos que Piglia, aun siendo sus protagonistas unos asaltantes sin escrúpulos, entienda la particular actividad delictiva como una ilegalidad menor.

    En el párrafo anterior hemos utilizado y destacado en negrita tres palabras que aluden a tres conceptos que articulan de principio a fin la novela, y por tanto, también este estudio: delito, dinero y ley. En la importancia de estos tres elementos y su interpretación real apoya Plata quemada buena parte de su acción.

      Para diferenciar qué es legal de aquello que no lo es, hemos de atender a las órdenes emitidas por las instituciones sociales: gobierno, judicatura, ejército, policía; entes que dictan las leyes y las hacen cumplir a través de la violencia. El discurso monológico del Estado cuenta también con una estructura no violenta, sino ideológica, de doma social que abarca la enseñanza, los medios de comunicación, la religión o la mercadotecnia. Toda organización social debe estructurar sus parcelas de dominio y establecer prioridades en cuanto a su uso y posible influencia en el individuo. Ahora bien, el problema viene cuando dicha estructura de poder es corrupta y en lugar de salvaguardar la integridad y prosperidad de sus ciudadanos los somete a una dictadura encubierta en la que la finalidad de cada estamento sea beneficiar únicamente al Estado y sus articulaciones y permitir que así siga siendo.

‘El delito’ podría leerse como una constelación que articula delincuente y víctima, y esto quiere decir que articula sujetos, palabras, culturas, creencias y cuerpos determinados. Y que también articula la ley, la justicia, la verdad y el estado con estos sujetos (Ludmer, El cuerpo del delito. Un manual, 1999:14), (dosier).

 

      Piglia es consciente de que el delito, más allá de si es justificado o no, lícito o no lícito, transforma a la sociedad y al individuo. La novela gira por completo alrededor de un delito y la participación en él de —además de los asaltantes— políticos y policías: quienes deberían estar al otro lado de la ley.

    En relación a los delitos se crean las leyes ¿o es al contrario? ¿Robar a quien roba exime de culpabilidad? ¿Los medios de castigo y confinamiento del Estado mejoran al individuo o lo vuelven más salvaje y peligroso? Para escenificar estos y otros presupuestos con referencia al delito, el dinero y la ley, Plata quemada adapta las cláusulas genológicas del policial, lo cual le permite representar la tesis del poder corrupto y la ambivalencia de unos personajes que se moverán a ambos lados de una noción cambiante de legalidad.

      Pero en la estrategia narrativa de Piglia este no será su único objetivo, ya que además de cumplir las exigencias del género: personajes marcados por un pasado, motivaciones para no cumplir la ley, suceso desencadenante, investigación e intriga hasta el fatal desenlace; el autor de Respiración artificial (1980) critica una vez más la tiranía de un Estado que corrompe a sus ciudadanos y es responsable incluso de por qué son lo que son. Los hechos narrados van demostrando que a veces es difícil diferenciar a los buenos de los malos, ya que la línea roja de la legalidad es dictada por quienes la incumplen: «El comisario Silva, de Robos y Hurtos, no investiga, sencillamente tortura y usa la delación como método» (capítulo “Tres”).

     Para que el lector llegue a sus propias conclusiones y entienda hasta dónde llega la alargada sombra del capitalismo, Piglia va desnudando a sus personajes durante la primera parte de la novela y, mediante analepsis, estos irán desvelando parte de su pasado: «Malito venía de Rosario, había estudiado hasta cuarto año de Ingeniería y a veces se hacía llamar el Ingeniero…» (capítulo “Uno”). Así descubrimos que, pese a contribuir varias voces de personajes  a desliar el ovillo de la historia, el verdadero narrador está sobre todas ellas y no es otro que un narrador extradiegético que conoce información de los personajes: «Se los imaginó que la miraban mientras ella paseaba desnuda, con tacos altos, y después se vio encamada con el Nene…» (capítulo “Uno”).

     La narración comienza cuando los personajes que forman la banda de ladrones están planeando el golpe al banco y finaliza cuando, tras robarlo, huyen y son perseguidos hasta que se atrincheran y son abatidos. Pero el orden cronológico de la diégesis o el tiempo de la historia se ve interrumpido por constantes cambios formales y saltos en el tiempo que dotan a la historia de un ritmo trepidante: «Algunos testigos aseguran haber visto a Malito en el hotel con una mujer. Pero otros dicen que sólo vieron a dos tipos y que no había ninguna mujer» (capítulo “Uno”). Y por la alternancia de las voces narrativas:

Cuando salió de la cárcel, pese al dinero de la herencia paterna, influido por los contactos carcelarios y ante la desesperación de su madre y de sus hermanos, que son respetados y honestos profesionales, siguió el camino del crimen.

En cana (contaba a veces) aprendí lo que es la vida: estás adentro y te verduguean y aprendés a mentir, a tragarte la vena. En la cárcel me hice puto, drogadicto, me hice chorro, peronista, timbero, aprendí a pelear a traición[1]… (Capítulo “Cinco”).

      El uso de los tiempos verbales delata en ocasiones los cambios de narrador, recurso que dinamiza la exposición de los hechos y abre un amplio abanico de información al lector.

       Llama la atención, no solo el empleo de lenguaje vulgar o argot, sino la variedad de registros del habla coloquial que Piglia imprime a sus personajes. Ello potencia el realismo y la verosimilitud de la historia y su uso representa una marca para distinguir el discurso de un personaje de otro o incluso de la elegancia del propio narrador en tercera persona: « […] me dicen que ahí murió un cacique, un indio puto, ranquel, murió ahogado, porque le ataron una piedra de molino al cuello, ya que dicen que se había garchado a un gringuito […]» (capítulo “Tres”).

     Los informes médicos del doctor Bunge suelen filtrarse en la narración entre comillas. Como en el siguiente caso, en el cual se refiere a la curiosa relación de dependencia entre el Gaucho y el Nene Brignone: «Un caso muy interesante de simbiosis gestáltica. Son dos pero actúan como una unidad. El cuerpo es el Gaucho, el ejecutor pleno, un asesino psicótico; el Nene es el cerebro y piensa por él».

      Los ejemplos de lenguaje periodístico —como los de otro tipo o cambio de narrador— en la obra se reproducen sin previo aviso. En ocasiones, algún marcador discursivo (según los diarios) nos previene de su inclusión, pero por lo general, tan solo advertimos ese cambio de perspectiva en la enunciación por el contraste de su propio lenguaje, como en el siguiente ejemplo:

“Las astillas volaban, la madera quebrada.
—No me imaginé que eran tan chotas las barreras —se reía el Nene Brignone.
—Sacaron medio cuerpo por la ventanilla y las serrucharon limpitas —dijo el guardabarrera.
Tanto el empleado ferroviario como su amigo de veinte años que lo acompañaba no pudieron hacer una descripción coherente de los asaltantes, dado su estado de ánimo.
“Al escapar encontraron cerradas las barreras del paso a nivel de la calle Madero y sin parar el auto la cortaron con la ametralladora”.

      Una de las posibilidades es que el epílogo esté escrito por el propio autor, en primera persona, y en él revela que hizo una investigación exhaustiva muchos años antes de acometer la escritura de la novela. Al igual que Renzi (periodista que representa a los medios de comunicación que el Estado pretende manipular), su alter ego, Piglia tuvo acceso a informes médicos y policiales, a declaraciones de testigos y pudo conocer de primera mano toda la sordidez y misterio que envolvía a esta historia. Esto rompería el pacto de ficción con el lector. Y otra posibilidad es que el indeterminado narrador de la novela sea también el autor del epílogo, perdiendo con ello la condición de extradiegético y reconociendo su historia como un discurso modalizado: «Me contó una primera y confusa versión de los hechos que yo recordaba vagamente haber leído en los diarios meses atrás».

     La heteroglosia representada en la obra otorga, pues, una textura fonética a los personajes que los singulariza y encuadra en un estrato social; potencia la verosimilitud de la historia; permite conocer diversos puntos de vista de la misma; rompe la monotonía de una misma y única voz ofreciendo un discurso modalizado e incompleto de los hechos y añade intriga a la trama, pues cada aportación arroja luz o atenúa, a una diégesis agilizada y enriquecida por la misma.

     Un recurso del género policial es la investigación. A través de ella —en este caso, a través del acceso que el narrador o el comisario Silva tienen a esos informes— el lector va conociendo detalles y entresijos de la trama que no son desvelados ni por el discurso narrativo, ni por los diálogos de los personajes; por tanto, es una información adicional que esclarece por momentos los puntos oscuros de la trama. Testimonios de testigos, informes médicos, noticias de prensa: todo el aparato articulatorio que emplea Piglia lleva al lector del desconocimiento al saber (cauce canónico del género) con tal naturalidad que a veces no se aprecia nada antinatural en el entrecruzamiento de sus recursos técnicos.

     Esto nos lleva a otro elemento del género: el enigma. En la novela, los atracadores planean asaltar el banco y repartir el botín con políticos y policías corruptos que han colaborado en su preparación, pero una decisión de última hora: la traición; hace que los delincuentes huyan con el dinero. Como es normal, la policía sale tras ellos y el lector no sabe cómo acabará dicha persecución. ¿Morirán, serán encarcelados los ladrones o huirán con el dinero?

      La entidad del investigador privado parece proverbial al abordar temas como los de esta novela. Un tipo que puede actuar a ambos lados de la ley pero sin pertenecer a ninguno de ellos encarna a la perfección ese espacio en blanco moral no dogmatizado a priori y legitimado para hacer las preguntas adecuadas. El detective puede dejarse llevar por las emociones y actuar de manera pasional o ejercer como defensor de la ley y convertirse en su paladín. Lo cierto es que su figura a veces cuestiona tanto la legitimidad del Estado en las sociedades masificadas (junglas de asfalto y cemento que proporcionan anonimato y son refugio para los delincuentes); como la propia función y veracidad del narrador. El narrador extradiegético que cuenta la historia podría ser un investigador, dada la variada y múltiple información sobre el caso que maneja.

     Debido a la alternancia de distintos tipos de lenguaje y perspectivas expresados por sus distintas voces podemos entender que Plata quemada es una novela polifónica; no llega a ser tan coral como Respiración artificial, pero aglutina en ellas la síntesis de las tesis expuestas, además de digresión.

    Si el Estado no fabricase y permitiese el mercadeo de drogas, probablemente los delincuentes no las consumirían. El Estado lanza sus consignas: la homosexualidad está mal vista; algo que el lector advierte —por ejemplo— a través del comisario Silva, quien enjuicia y quiere castigar violentamente a Dorda y Brignone, quienes viven prácticamente en la clandestinidad esta condición.

      Tal es el cuestionamiento de las parcelas que detentan el poder y el desplazamiento de la supuesta autoridad que en un momento de la novela algunos ciudadanos llegan a solidarizarse con los delincuentes, quienes podrían estar siendo víctimas de una cacería más sanguinaria que la que han dejado a su paso: « —Mi hija y yo —según la señora Vélez (a Radio Carve)— pasamos todo el tiempo en el fondo de la cocina y por las cañerías oíamos los gritos y las risas de estos muchachos. Los cazan como a ratas… Me dieron lástima, no se mata así a un cristiano…».

      Pero pronto se disipa ese conato de compasión al tener lugar uno de los hechos que marcan a esta novela y la convierten en un icono del género: la quema del dinero. Atrincherados, malheridos y sin posibilidad de escape, los asaltantes deciden prender fuego al dinero robado para que su muerte tenga algún sentido, y de alguna manera, aquel robo perjudique a su enemigo. Lo que ocurre es que el dinero no es una vulgar moneda de cambio, sino un símbolo totalizador que mueve a la sociedad moderna. El Estado practica su particular terrorismo en busca de dinero; los delincuentes quieren dinero para vivir mejor y darse todo tipo de lujos; el detective se mueve por dinero. El dinero es, por tanto, una absurda lacra, la utopía de tener, frente a ser: el denominador común que une a inocentes y culpables a ambos lados de la justicia.

    La quema del dinero condena a los protagonistas, tanto a su muerte, como a la culpabilidad, incluso de manera más fuerte que sus asesinatos. Novela como constructo heteroglósico, como rebeldía al dictado monológico institucional, como laboratorio lingüístico en el que Ricardo Piglia hibrida géneros discursivos, rompe moldes y consigue crear realismo y ritmo a base de desglosar el lenguaje y fragmentar el tiempo.

Ricardo Piglia fotografiado durante el Festival VivAmérica.

Ricardo Piglia

 

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

El género policial. Evolución y problemáticas. Unidad didáctica compilada por Antonio García del Río.

—PIGLIA, Ricardo; Plata quemada, Buenos Aires: Planeta, 1997. Edición consultada de LeLibros: file:///C:/Users/Heberto%20de%20Sysmo/Downloads/Plata%20Quemada%20-%20Ricardo%20Piglia.pdf

[1] Este testimonio confirma la tesis de que en las cárceles o sanatorios los individuos empeoran su estado mental o moral.

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Poema publicado en la gaceta mexicana “La experiencia de la libertad”:

https://laexperienciadelalibertad.com/2019/01/11/versos-de-queda-heberto-de-sysmo/?fbclid=IwAR0DksBpir0_wZzBbNP7DMy3TETMeYKfvduWKaXfHVl2LC2w1qSFxJJnQuA

 

 

VERSOS DE QUEDA

 

La palabra es el tiempo, el silencio la eternidad.

Maeterlink

 

Si supieras que tantas imposturas

no van a conducirte a donde piensas,

dejarías de ser el mamporrero

de esta estética muerta.

 

¿Por qué contar las sílabas de un daño?

¿A qué, reorganizar las tildes

en una despedida?

Ya sea incontinencia, vicio o filia,

— ¡valiente serendipia! —

En busca de la forma, encontramos un modo.

 

En mi mesa de artista

conviven el bolígrafo, el pincel,

la servilleta;

los unos, desdibujan el ensueño,

la otra, recoge el semen

de sus burdos intentos de embarazo.

 

No por forzar el verso a nuestra idea,

no por romper el himen

gramático, la prosa,

encontramos belleza en la escritura.

Para encontrar el ritmo que no suena

resulta imprescindible que el silencio

retumbe en tu conciencia.

 

Desaparece del poema.

Así, cuando regreses, verás qué tanto ocupas

en este simulacro de homicidio.

 

La música no cuenta con nosotros

al gestar los milagros que con su lira tañe;

afirmar la autoría

de ese robo imposible

es gritar: — ¡soy poeta!

 

Heberto de Sysmo

 

 

Heberto de Sysmo, seudónimo de José Antonio Olmedo López-Amor. Titulado en Audiovisuales, cursa Estudios Hispánicos, Lengua Española y sus Literaturas en la Universidad de Valencia. Publica los poemarios: Luces de Antimonio (2011), El Testamento de la Rosa (2014) La soledad encendida (2015), La flor de la vida (2016), Maldito y bienamado bibelot (2017) y Nubes rojizas (2019); publica el libro de ensayo Polifonía de lo inmanente (2017). Miembro del consejo editorial de Todoliteratura.es. Codirector de “Crátera. Revista de Crítica y Poesía Contemporánea”. Mantiene el blog: https://acropolisdelapalabra.wordpress.com/

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Crónica publicada en “Todoliteratura.es”:

https://www.todoliteratura.es/noticia/50241/presentaciones/un-yo-sin-mi:-jaime-siles-presenta-su-nueva-antologia-poetica-en-valencia.html

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Fotografía de Juan Luis Bedins

El pasado miércoles, 14 de noviembre, en el Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Colón, en Valencia, tuvo lugar la presentación oficial de “Un yo sin mí” (Olé Libros, 2018), la nueva antología poética de Jaime Siles (Valencia, 1951). Aclamado poeta y catedrático, además de ensayista, filólogo, traductor, crítico literario, políglota y profesor, Jaime Siles no necesita presentación entre los amantes de la poesía escrita en castellano, tanto en España, como fuera de ella.

    Siles había llegado a Valencia recientemente tras participar como jurado en el fallo del Premio Loewe de Poesía, en Madrid. El público ocupó todos los asientos del salón de actos e incluso había gente de pie. La expectación era máxima. Entre los asistentes, algunas de las plumas más destacadas de la Comunidad Valenciana, como: Blas Muñoz, María Teresa Espasa o Mar Busquets, se congregaban para disfrutar de lo que prometía ser una fiesta de la palabra.

    Acompañaron al poeta Toni Alcolea, editor de Olé Libros, los escritores Robert Archer, Rafael Soler, Bibiana Collado y Ricardo Bellveser. Alcolea fue el primero en intervenir y como era de rigor, agradeció al público su afectuosa acogida, así como al propio Jaime Siles que hubiese confiado en Olé Libros para publicar la que supone su novena antología poética. Alcolea, quien ha irrumpido en los círculos literarios valencianos con la energía de un gran proyecto editorial que abarca, novela, ensayo, poesía y certámenes literarios, ofreció algunas pinceladas de lo que engloba y representa la destacada actividad de Olé Libros.

    El anfitrión dio paso a Ricardo Bellveser, reconocido poeta, narrador y periodista valenciano, de quien hay que decir con toda justicia que fue el orador que encandiló al público, tanto por la elocuencia y pertinencia de su discurso, como por su consabida efusividad. Bellveser abordó en su intervención la original antítesis que da título a la antología: “Un yo sin mí”; y apuntó al respecto la preocupación de Jaime Siles por la identidad como tema de indagación poemática. Siguió descifrando la poética del autor de “Himnos tardíos” (1999) y lo etiquetó como «poeta del lenguaje», algo en lo que el propio Siles se reconoció más tarde, y terminó reconociéndolo como un auténtico poeta novísimo que por muchas razones debió haber figurado en la conocida antología de Castellet.

    Alcolea dio paso al hispanista Robert Archer, uno de los máximos especialistas en la obra del poeta Ausiàs March, quien desde la gran amistad que le une al poeta homenajeado habló de una anécdota muy singular que ambos vivieron con motivo de la erupción de un volcán en Islandia durante una visita de Siles por tierras británicas. Además, Archer destacó la pasión que siente y siempre ha sentido Siles por las Lenguas Clásicas, una dedicación que comparte con la Filología.

    Por su parte, la joven poeta Bibiana Collado, quien en la actualidad es profesora del Taller de Poesía de la Universidad de Valencia, tuvo palabras de agradecimiento a Jaime Siles por su generosidad con los poetas más jóvenes cuando estos se acercan a pedir su consejo. Subrayó la importancia de su magisterio como docente y reflexionó acertadamente acerca de ese yo del título de la antología que tantos comentarios suscitó.

    Por último, Rafael Soler, poeta y narrador afincado en Madrid, admiró la plena dedicación de Siles a la literatura desde que era un joven estudiante. Contó, entre otras cosas, que su precoz vocación por la poesía le llevó a compartir amistad y cartas con Vicente Aleixandre, quien se convirtió en un padre literario y referente. Añadió que su estética culturalista y esa particular revolución en el lenguaje le han permitido distinguirse y evolucionar como poeta pleno de variados matices.

    Llegó el turno de Jaime Siles y este dedicó su agradecimiento, uno por uno, a los intervinientes. Valoró muy positivamente el arrojo editorial de Toni Alcolea al apostar por la poesía valenciana; se confesó admirador de la poesía de Bibiana; alabó la precisión de los comentarios de Bellveser, quien gestionó la edición de una de sus anteriores antologías; agradeció a Archer su simpatía y sinceridad; y con referencia a Rafael Soler, además de los pertinentes agradecimientos, confesó una de las muchas cosas que ambos comparten y se puede contar: su amor por los gin tonic.

    Siles, quien se mostró distendido, agradecido y bromista, recitó algunos de sus conocidos poemas contenidos en la antología, como: “Propileo”, “Acis y Galatea” o  “Semáforos, semáforos”, pero fue al recitar un poema inspirado en la localidad de Jávea, cuando su voz se truncó por la emoción que pudo evocarle alguno de sus versos finales. Siles añadió que esta publicación representa algo especial en su trayectoria, ya que de todas las antologías editadas hasta ahora, esta es la única en la que él personalmente ha escogido los poemas; lo cual es un valor añadido al ya de por sí magnífico legado que compendia este libro.

    Debido a las muchas intervenciones de la mesa, el acto no dio para más, pero debido a la calidad de las mismas, el público se mostró conmocionado y satisfecho tras una velada espectacular que terminó con una interminable cola de lectores que esperaban una firma del autor.

Publicado en “Todoliteratura.es”:

http://www.todoliteratura.es/articulo/presentaciones/jose-iniesta-presenta-poemario-eje-luz-libreria-ambreta-valencia/20180203080700046321.html

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   La tarde del pasado viernes, 1 de febrero, fue oscura, lluviosa y desapacible en Valencia, pero todos aquellos quienes tuvimos ocasión de escuchar los poemas de José Iniesta en la voz de su autor, fuimos iluminados por su luz y guarecidos por el calor de su palabra.

    A partir de las siete de la tarde, en la librería Ambreta, de Valencia, dio comienzo la presentación del poemario “El eje de la luz”, un libro editado por Renacimiento que supone el séptimo poemario de su autor. Recayó en las manos de Juan Noyes-Kuehn, filólogo, profesor y poeta, amigo de Iniesta, la labor de introducir a los asistentes a la presentación-recital. De esta forma pudimos conocer que la senda místico-trascendente transitada por el poeta en libros como Y tu vida de golpe (2013) o Las razones del viento (2016) también es hollada en El eje de la luz. Noyes-Kuehn, con acertadas palabras, subrayó que la desnudez del alma del poeta, no solo se expone en los versos, sino también se funde en la densidad de un paisaje que no es solo lontananza, se revela trasunto, hermosa analogía para describir el interior del ser humano.

   José Iniesta comenzó a recitar sus versos con esa forma tan apasionada que le caracteriza y pronto sedujo a un selecto y numeroso público asistente, entre el que se encontraban poetas ilustres de la Comunidad Valenciana, como Juan Ramón Barat y Blas Muñoz. Entre poema y poema conocimos a través de las palabras de Iniesta que una de sus vocaciones se convirtió en oficio, la docencia. La naturaleza en todas sus formas está muy presente en su poesía, hecho influido —según sus propias confesiones— por su cercanía a la tierra, desde su infancia, en parajes tan bellos como La Pobla de Sant Miquel (municipio de la comarca del Rincón de Ademuz) y Oliva (comarca de La Safor).      La contemplación de la belleza se trasluce en los versos de Iniesta en forma de celebración, y dentro de esa celebración la jácena maestra es la luz. Un símil o símbolo tan utilizado en literatura suena a nuevo en los poemas de El eje de la luz, la vitalidad de una poética enraizada en lo terrenal, pero con la mirada en lo celeste, es uno de los rasgos de un autor valenciano que se agiganta como poeta con cada libro. Emoción, sí, pero también meditación, destilan los versos de este libro:

Me basta con sentarme y asentir

en este patio mío donde el sol

resplandece en un muro que se agrieta.

    Puesto que su manifiesta conciencia de vida le insta a escudriñar el recorrido de una nube,  la luz del sol sobre un muro o el rostro de su mujer durante un desayuno cualquiera, el poeta encuentra en algunos sucesos un símbolo, una enseñanza que le obliga a contar y cantar la vida.

    La lectura de poemas terminó con una gran ovación y posteriormente el público tomó la palabra, así el autor pudo departir cercanamente con los asistentes a razón de sus preguntas.

  La poesía de José Iniesta, de hondo calado y sencillez léxica, camina entre la experiencia y lo místico, otorgando, a la manera de los poetas japoneses, una importancia sagrada a la naturaleza, templo real de quien rinde culto a una belleza que —al igual que él—  no malgasta su tiempo con impostadas retóricas.

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José Iniesta

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   Crónica publicada en “Todoliteratura.es”:

http://www.todoliteratura.es/articulo/presentaciones/poeta-granadino-antonio-praena-presenta-valencia-historia-alma/20180128081323046201.html

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 La obra (poética) y figura (humana) de Antonio Praena (Purullena, 1973) ha crecido enormemente en los últimos años. Desde que recibió el Accésit del Premio Adonáis por Poemas para mi hermana (2006), sus libros se cuentan por premios: algunos de ellos, los más importantes del panorama lírico español. Historia de un alma (Visor, 2017) fue merecedor del XXVII Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma, y es precisamente con el autor de “Pandémica y celeste” con quien Praena consuena de manera muy particular en este libro.

   El pasado sábado, 27 de enero, en la Librería Ramón Llull —corazón cultural valenciano, gestionado magníficamente por Almudena— se dieron cita algunas de las plumas más destacadas de la región. El evento no era para menos; la asociación cultural Concilyarte organizaba el acto de presentación de Historia de un alma, Mila Villanueva, su presidenta, fue la encargada de presentar a Antonio Praena y Bibiana Collado. De Bibiana, no podemos decir menos: reciente ganadora del Accésit del Premio Adonáis por El recelo del agua, ha sido merecedora del premio Arcipreste de Hita, 2012, por Como si nunca antes y del Premio Complutense de Literatura por Certeza del colapso; por lo que la velada prometía ser de altura poética.

   Ni Antonio Praena, ni Bibiana Collado defraudaron al público asistente. Tras la introducción de Bibiana, en primera instancia, y varias preguntas que la poeta realizó al autor de Historia de un alma, en turnos alternados con la lectura de algunos poemas, pudimos conocer los entresijos de este libro, el cual supone un giro —digamos, lingüístico— en la dicción poética del autor de Yo he querido ser grúa muchas veces.

     De entrada, sorprende la naturalidad, rozando la irreverencia, y el descaro, lindando con la provocación, de un argumento lírico, con destellos místicos, pero a la vez hundido en sus raíces en un hiperrealismo urbano y plagado de personajes tan marginales como pintorescos: consumidores de cocaína, adictos a anabolizantes y tatuajes; quienes, sin embargo, no hacen más que constatar que ante los procesos, etapas y emociones de la vida, como seres humanos, no somos tan diferentes como nos creemos.

     Nada, más cerca de la realidad, son los versos contenidos en un poemario cuyo autor reivindica un regreso a los valores de la moral ante una profunda y expansiva deshumanización global. El autor, manifestó haber encontrado su lugar en el mundo y quizá ello justifique el momento de plenitud creativa en el que se halla desde hace algún tiempo. «Quiero verdad»: afirmó Antonio Praena, y subrayó que uno de los privilegios de una obra artística es que no está obligada a explicarse o justificarse. El arte debe ser y revelarse con naturalidad, favoreciendo con ello el discurrir de las cosas.

   Por mediación de las preguntas formuladas por Bibiana Collado, descubrimos pinceladas biográficas tras la fachada de algunos versos: “Salmo 104” resulta ser la transcripción de una costumbre de monjas contemplativas que el poeta compartió en uno de sus viajes transoceánicos; “Comebolsas” deviene de su experiencia como voluntario en la reinserción de presos a la sociedad; y así, en cada puesta en escena de cada poema se traslucía un embargo interior de inconformismo, una denodada búsqueda de la belleza que no descarta en su empeño visitar —si es preciso— el rincón más insalubre o más oscuro del mundo.

     En Historia de un alma, la pasión y sorpresa del hablante lírico se focalizan bajo una perspectiva burguesa que no duda en mezclar a santo Tomás de Aquino con Dido, sobre todo, si a través de dichos referentes se clarifica un paso a la verdad. Por lo tanto, este libro es una suerte de vínculo entre lo clásico y lo moderno, un homenaje a poéticas y poetas como Jaime Gil de Biedma o Luis Antonio de Villena, donde la palabra acaricia o golpea con la misma contundencia en cada uno de los pasajes que conforman esta actualizada crónica de la decadencia.

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De izquierda a derecha: Mila Villanueva, Antonio Praena y Bibiana Collado.

Publicado en la revista “Todoliteratura.es”:

http://www.todoliteratura.es/articulo/presentaciones/laberinto-venus-narrativa-erotica-maria-teresa-espasa/20171229122713045817.html

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Fotografía de José Luis Vila Castañer.

El Museo de la Ciudad (Valencia) se encuentra enclavado en el corazón del centro histórico, junto a la Basílica de la Virgen y el Almudín, en un hermoso edificio señorial. En sus salas, ahora restauradas, pueden apreciarse los ricos fondos pictóricos, propiedad del Ayuntamiento de Valencia, así como exposiciones temporales gestionadas por el Consistorio. En dicho enclave tuvo lugar el pasado viernes, 15 de diciembre, la presentación del libro “El laberinto de Venus”, de la poeta, ensayista y narradora valenciana, María Teresa Espasa.

Isabel Miguel y Lidia López Miguel, editoras del libro y responsables de uno de los sellos editoriales españoles con más proyección del panorama literario, Lastura Ediciones, se desplazaron desde Madrid para estar presentes en un evento literario de primer nivel. Si María Teresa Espasa, autora del libro y persona eminente en el ámbito cultural, dentro y fuera de la Comunidad Valenciana, no necesita presentación y su incursión en la prosa erótica ya es motivo suficiente para levantar expectación; los componentes de la mesa no lo fueron menos. Además de la citada Lidia López Miguel, quien en calidad de editora alabó la trayectoria y capacidad como escritora de María Teresa Espasa, acompañaron a la autora Ana Noguera y Ricardo Bellveser, distinguidas personalidades del mundo cultural y político de Valencia.

Escuchar a Ana Noguera a propósito de sus intervenciones en eventos culturales es siempre un placer para los sentidos. Modelo de elegancia personificada, Noguera hizo gala de su particular precisión y sensibilidad en sus disertaciones sobre el libro. Apuntó el hecho de que el personaje protagonista de todos y cada uno de los relatos del libro sea el mismo, una mujer, de nombre, Tesa. Asimismo, previno sobre la posible identidad de tal protagonista, a lo que amplió Bellveser, apuntando a la posibilidad de que tal personaje sea un alter ego de la autora, ya que la palabra Tesa puede interpretarse como un acrónimo de Teresa.

Bellveser, por su parte, hizo un repaso exhaustivo del libro, relato por relato, subrayando la mirada de poeta de su autora en una narrativa llena de imágenes y alusiones a un sexo, más de sensualidad y amor, que carnal. Puso en valor una sinceridad pasmosa tanto en la identidad de los personajes secundarios, como de algunas situaciones; y señaló con vehemencia que aunque la autora tratase de velar la realidad tras la ficción, todos los personajes eran poetas, algunos, de nombres coincidentes con amigos cercanos, y la esencia de sus relatos, llenos de sensibilidad, sentimiento de culpa, pero también de la inquietud del buscador, resulta ser una petición de atención, un ruego de cariño, misma sed que caracteriza a toda su obra poética.

María Teresa Espasa, poeta de raza, además de ensayista y profesora, confesó que la publicación de su primer libro de relatos ha supuesto algo muy importante para ella. Recientemente recuperada de algunas complicaciones de salud, culminar esta obra, además de una demostración de su versatilidad como escritora, supone su regreso al panorama literario y solo es el principio de una serie de proyectos que pondrá en marcha en el próximo año.

En su intervención, Teresa Espasa agradeció a público e integrantes de la mesa, su apoyo y compañía. Confesó que algunas de las historias contenidas en su libro eran reales y otras, ficticias. Dio paso a diez amigos y escritores valencianos, quienes fueron dando lectura a fragmentos de algunos de sus relatos. A continuación, la lista de intervinientes y los títulos de los relatos mencionados:

Virgilio Fuero “Hablemos de Eros”

Mariam Ferrer “No sé si la memoria”

Heberto de Sysmo “El rincón de D. Antonio”

Ana Fernández de Córdova “El yo ficcionado”

Vicente Barberá “Tuya es la victoria”

Consuelo Sanahuja “El último aliento”

Pascual Casañ “Como mendigo hambriento”

Elia S. Temporal “Cuando llega el otoño”

Blas Muñoz “Los sueños y los días”

Elena Torres “Destinos cruzados”.

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[…] todavía estaba haciéndose,
no se encontraba ni cerca ni lejos del principio o del fin,
iría cambiando de forma […].
Saer: 2005

Escultura de Tony Cragg que representa la elipsis.

(Artículo publicado en el número 36 de la gaceta del haiku “Hojas en la acera”).

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      Un amigo que viajó a Japón varias veces y quedó fascinado con la cultura, gastronomía y gentes de allí, me comentó sorprendido que entró a una librería buscando algún libro de haiku pero, únicamente disponían de dos ejemplares, y no eran otra cosa que antiguas compilaciones. ¿Cómo puede ser que aquí mucha gente conozca Japón por el haiku y allí, en una librería enorme, tan solo haya dos ejemplares y sean antologías?
La respuesta principal a esa pregunta es que el haijin japonés, con el haiku, no pretende hacer literatura. Esa abnegación que nosotros advertimos en el poeta, para él no es tal cosa. Como ciudadanos occidentales acusamos los vicios y tradiciones de una sociedad donde el consumismo y la egolatría imperan, así cualquier ámbito accede a nuestra propuesta de materialismo. El fútbol, más que un deporte, es un negocio, y lo mismo ocurre, pese a quien pese con, por ejemplo, la pintura. Etiquetar y poner un precio a cosas que no han sido concebidas como producto es tarea de las llamadas sociedades desarrolladas. De esa mercantilización del arte, y de muchas otras, huyen el haiku y sus acólitos.
Los versos de este poema japonés suponen una vía espiritual a todos los niveles. Sus practicantes se reúnen en grupos de familiares, amigos o afines a esta expresión, y lo hacen modestamente y por muchos años. Algunos miembros pueden pertenecer a otros grupos, pero tienen por costumbre no abandonar ninguno a menos que sea por motivos graves. El haiku japonés, como tal, vive en la elipsis del mundo editorial. Se distribuye en publicaciones periódicas, algunas ni siquiera poseen distribuidor, y un grueso muy importante se mueve por círculos clandestinos. Se editan libros sobre su teoría e influencia, sobre su historia y muy de cuándo en cuándo las comentadas compilaciones, casi siempre de autores clásicos. El hecho poético del haiku debe mantener esa distancia para conservar su pureza y no caer en la contaminación del decadentismo modernista.
Esa permanencia, esa conservación de la belleza en lo apartado, en el silencio, también supone uno de los rasgos inequívocos de un buen haiku. Parte de su emoción y significado deben concentrarse no en lo dicho en el poema, sino en lo sugerido. De esta manera se afianza su propuesta de algo inacabado, se agranda su misterio e invita al lector a terminarlo con su particular composición mental.

No está el colegio,
pero ha quedado en pie
la buganvilla.
Susana Benet

   En estos versos de Susana Benet el motivo que ha provocado el aware —una demolición— no es narrado en el poema. Incluso el suceso que exigimos al haiku puede hallarse sugerido si imaginamos los escombros recién formados y humeantes, o quizá a la buganvilla tambaleándose por el monumental derribo. Lo tremendo y lo frágil conviven en el poema y sin embargo el suceso desencadenante puede leerse magistralmente en la elipsis.
En el desplazamiento nuclear —en este caso, considerado algo colosal—, la atención del poema busca la poesía en una sobreviviente y mínima flor. Este poema es ejemplarizante en cuanto a los rasgos sustanciales que debe tener el haiku verdadero, además de poseer pausa, cesura o kireji, responde al canon silábico más extendido en occidente de 5 / 7 / 5, emplea versos blancos y se encuentra en tiempo presente. Por un lado, también encontramos el equilibrio entre dos elementos poemáticos en calidad de símbolos: el colegio, algo de gran tamaño y urbano, es sustituido por el gran vacío que deja su demolición, cuya imagen podría parecerse a los escombros tras un bombardeo; y por otro, tenemos la fragilidad y belleza de una pequeña flor que ha podido morir durante el derribo pero ha sobrevivido. La esencia taoísta está implícita, tan solo con dos elementos, y su resolución en la elipsis nos revela que estamos ante un gran haiku.
No debemos confundir el hecho de dejar fuera del poema quizá lo más relevante, o el motor mismo de la acción, con el hecho de componer poemas inacabados. La apariencia de esbozo es otro de los rasgos característicos del haiku verdadero. Dilucidar los elementos actoriales del poema con naturalidad, y de la misma forma entrever el vínculo entre ellos o la analogía que su observación nos produce, sesga la sensación de totalidad en el plano lingüístico y vislumbra la eternidad de lo efímero, al mismo tiempo que engrandece la cualidad transmisora del haiku. El haijin, consciente de que con tan solo unos esbozos no puede capturar plenamente lo absoluto de la emoción vivida, recurre al símbolo y todas las connotaciones semiológicas de este para significar las líneas maestras de su iluminación.

Esto significa que sabemos qué es la poesía. Lo sabemos tan bien que no podemos definirla con otras palabras, como somos incapaces de definir el sabor del café, el color rojo o amarillo, o el significado de la ira, el amor, el odio, el amanecer, el atardecer o el amor por nuestro país. Estas cosas están tan arraigadas en nosotros que sólo pueden ser expresadas por esos símbolos comunes que compartimos ¿Y por qué habríamos de necesitar de más palabras? (Borges, 2001, p. 34).

      Si esas pinceladas consiguen confabularse con la psicología y experiencia del lector, el poema es culminado con éxito. Luis Antonio de Villena, con referencia a esta indeterminación de esta poesía japonesa, tiene clara la prevalencia de la imagen sobre la idea: «[…] fragancia, resonancia y reflejo como palabras clave para una poética». Para ilustrar la sutileza de este rasgo, en el que lo inacabado abre paso al misterio y a todas sus posibles interpretaciones, termino este artículo con estos versos anónimos:

Nubes rojizas.
Mientras bebe el cernícalo
algo lo asusta.
Anónimo

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En esta fotografía me encuentro (de izquierda a derecha) con: Gregorio Muelas, Enna Villarroya, Rafael Mesado y Arantxa Esteban. (Yo soy el de la derecha).

Con motivo de la presentación de los números 1 y 2 de la revista “Crátera”, y el número 14 de la revista “Azaharanía” (3-11-2017), Gregorio Muelas y quien suscribe, fuimos invitados por Marcelo Díaz, coordinador de la tertulia castellonense El Almadar, a hacerlo en La Bohemia, sala cultural —ya emblemática— castellonense, donde no es raro ver —entre otras muchas cosas— interesantes exposiciones de arte, presentaciones de libros o incluso, actuaciones musicales.

Las instantánea, fue tomada después de la presentación, en un local cercano. Las buenas vibraciones y la grata conversación propiciaron uno de esos momentos especiales por los que merece la pena desplazarse a otra ciudad con el pretexto de hablar de poesía.

“Azaharanía” y “Crátera”: dos revistas de poesía hermanadas por la amistad.

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Próxima presentación del número 2 de la revista “Crátera”, el próximo jueves,  9 de noviembre, a partir de las 19:30 h, en la Sala Multiusos de la Casa Palacio de Vivanco (Camino Real, 22), en Catarroja (Valencia).

Introducirá al acto el Excmo. alcalde de Catarroja D. Jesús Monzó.

Intervendrán José Antonio Olmedo, Gregorio Muelas y Jorge Ortiz, editores y directores de la revista, acompañados por Bibiana Collado, poeta, profesora y miembro del comité asesor.

Organizan:

Crátera. Revista de Crítica y Poesía Contemporánea, Ayuntamiento de Catarroja y Asociación Literaria Crátarroja.

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Contenidos y colaboradores del n.º 2:

Ilustraciones:

Cubierta: Juan Carlos Mestre

Portadillas: Enriqueta Hueso, Ricardo Ranz, Marcelo Díaz, Sara García Lafont.

Inéditos:

Luis Antonio de Villena, Nuno Júdice, Jorge Riechmann, Enrique Falcón, Alejandro López Andrada, Juan Ramón Barat, Guadalupe Grande, Marta López Vilar, Vanesa Pérez-Sauquillo, Verónica Aranda, José Cabrera Martos, Rafael Correcher, Sergio Navarro, David Trashumante, Ramon Ramon, Teresa Ramos.

La mirada de Basho (haikus):

Félix Arce Araiz, Mila Villanueva, Xaro Ortolá.

Experimental:

Juan López de Ael, Fran Soto (selección de David Acebes Sampedro).

Traducción:

Robert Serban por Elisabeta BotanStela Sourafí y Ceofanis Panagiotópoulos por Natasa Lambrou.

La entrevista:

Nacho Escuín por Jorge Ortiz Robla

Investigación:

“Hilde Domin y el despertar de la conciencia poética” por Gema Estudillo.

Reseñas:

“Entre dos nadas. Antología consultada” de Francisco Brines por José Luis Morante;
“Cantó un pájaro. Antología esencial” de Vicente Gallego por Santos Domínguez;
“Sin ir más lejos” de Fermín Herrero por David Acebes Sampedro;
“Poesía Completa” de Mário de Sá-Carneiro por José Ángel García Caballero;
“De exilios y moradas” de José Luis Zerón Huguet por Gregorio Muelas Bermúdez;
“El primer día” de Julio César Galán por Gregorio Muelas Bermúdez; 
“Tú me mueves” de Agustín Pérez Leal por José Antonio Olmedo López-Amor; 
“Sangre seca” de Josep M. Rodríguez por José Antonio Olmedo López-Amor.

Leído por:

“La noche de Europa” de Dionisio Cañas por Ramón Campos;
“Geometría del Abismo” de David Sarrión Galdón por Jorge Ortiz Robla;
“Cada noche un poema. Antología” de Montserrat Abelló por Antonio Praena;
“Acadèmia d´idiomes invisibles” de Anna Bou Jorba por Eduard Xavier Montesinos.

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Blog de “Crátera”:

http://revistacratera.blogspot.com.es/?m=1

Pide tu ejemplar al correo de la revista:

revistacratera@gmail.com

 

Publicado en la página del Ateneo Mercantil de Valencia:

http://www.ateneovalencia.es/poetas-en-el-ateneo-xiv-maria-teresa-espasa-emocion-y-sentimiento-en-un-merecido-homenaje/

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Fotografía de José Luis Vila Castañer.

El pasado viernes, 27 de octubre, en la decimocuarta entrega del ciclo “Poetas en el Ateneo” que presenta Vicente Barberá y coordina Vicente Bosch, el Ateneo Mercantil de Valencia recibió a la poeta María Teresa Espasa.

A partir de las siete de la tarde, al emblemático Salón Sorolla de este centenario Ateneo, fue acudiendo un buen número de público a este ciclo literario, una ceremonia poética, llena de música, recital, entrevista, y en definitiva, una oportunidad única para conocer en profundidad, no solo la obra, sino la dimensión humana del autor invitado que no tiene parangón entre los eventos literarios que hoy se celebran en la Comunidad Valenciana.

Dada la situación convaleciente por problemas de salud de María Teresa Espasa y por su trayectoria literaria y humana, el acto se convirtió en un merecido y emotivo homenaje.

Vicente Bosch, directivo del Ateneo Mercantil, pronunció unas palabras de bienvenida y reconoció la relevante figura de la poeta convocada. Por su parte, Vicente Barberá agradeció a José Luis Vila, José Antonio Olmedo y Virgilio Fuero, sus labores como fotógrafo, cronista y realizador audiovisual, respectivamente.

Asimismo, Barberá, tras citar algunos de los logros acumulados a través de la extensa carrera literaria de Teresa Espasa, como por ejemplo: ser mecenas de varias generaciones de poetas valencianos, su labor como locutora radiofónica, su experiencia como fundadora de la revista Corondel, fundadora de la Tertulia la Buhardilla, su pertenencia al grupo El limonero de Homero o la innumerable organización de recitales y presentaciones; dio paso a Juan Manuel de Zaldúa, músico colombo británico, quien interpretó a la guitarra tres temas musicales.

Barberá dio paso a la sección fotográfica, un apartado donde María Teresa Espasa fue comentando instantes de su vida a través de doce fotografías. Así, pudimos verla en su época de estudiante, con las escritoras integrantes de la Plataforma de Escritoras del Arco Mediterráneo o recibiendo el galardón especial de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana.

A continuación, el poeta, narrador y periodista, Ricardo Bellveser, dio lectura al poema de María Teresa, titulado “Oscurece”, no sin antes dedicar unas agradecidas y cariñosas palabras a quien desde hace mucho tiempo es una buena amiga.

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María Teresa Espasa

Seguidamente, Barberá dio comienzo a su particular entrevista a la poeta. En esta ocasión, tras cada pregunta, dio paso a dos personas invitadas a leer poemas de la autora, así recitaron hasta un total de quince escritores, quienes agradecieron uno a uno su respeto y agradecimiento a una personalidad de las letras valencianas. Tras la pregunta: « ¿Qué te motivó para realizar aquel gran proyecto de Pliegos de Ítaca? » Juan Manuel de Zaldúa realizó su segunda intervención musical. Los escritores que intervinieron son los siguientes, por orden de intervención: Ricardo Bellveser, Ana Noguera, Blas Muñoz, Encarna Beltrán, Juan Luis Bedins, Mila Villanueva, Virgilio Fuero, Elga Reátegui, Marina Izquierdo, Elena Torres, José Antonio Olmedo, Ana Fernández de Córdova, Mar Busquets, Rosa María Rodríguez y Rafael Soler. También entre las preguntas y poemas recitados, llegó el turno del poema recitado por Virgilio Fuero, una proyección audiovisual en la que declamó el poema titulado “El Montgó”, perteneciente al libro En alguna parte es otoño. El propio Virgilio hizo entrega a Teresa Espasa del vídeo proyectado, como recuerdo del entrañable homenaje.

A través de las preguntas que Vicente Barberá formuló a Teresa Espasa, supimos que uno de los poetas que ha influido en su obra estaba presente en la sala, se trata de Ricardo Bellveser. Supimos también, que la autora de El Congreso recomienda leer mucho a los poetas que están empezando; que uno de sus últimos proyectos es un libro de relatos eróticos y que el premio que más ilusión le ha hecho ha sido el de la Crítica Valenciana.

Tras formularle una tanda de preguntas rápidas, en la que sus respuestas arrancaron risas entre el público, intervino de nuevo Juan Manuel de Zaldúa, pero esta vez acompañado por la voz de Maitechu, su hija, de diez años, quien encandiló al público por su espontaneidad y desparpajo.

Ya para despedir el acto, Vicente Bosch reconoció la emoción y el sentimiento vertidos en este encuentro, felicitó a Teresa Espasa en nombre del Ateneo Mercantil y Vicente Barberá pronunció palabras de agradecimiento a todos los presentes y colaboradores; anunció que el próximo poeta invitado al ciclo será Antonio Porpetta e invitó a María Teresa a recitar algunos poemas propios. Como colofón, la autora fue obsequiada con un espléndido ramo de flores y el acto terminó con la tradicional fotografía colectiva.