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Crónica publicada en “Todoliteratura.es”:

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Fotografía de Juan Luis Bedins

El pasado miércoles, 14 de noviembre, en el Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Colón, en Valencia, tuvo lugar la presentación oficial de “Un yo sin mí” (Olé Libros, 2018), la nueva antología poética de Jaime Siles (Valencia, 1951). Aclamado poeta y catedrático, además de ensayista, filólogo, traductor, crítico literario, políglota y profesor, Jaime Siles no necesita presentación entre los amantes de la poesía escrita en castellano, tanto en España, como fuera de ella.

    Siles había llegado a Valencia recientemente tras participar como jurado en el fallo del Premio Loewe de Poesía, en Madrid. El público ocupó todos los asientos del salón de actos e incluso había gente de pie. La expectación era máxima. Entre los asistentes, algunas de las plumas más destacadas de la Comunidad Valenciana, como: Blas Muñoz, María Teresa Espasa o Mar Busquets, se congregaban para disfrutar de lo que prometía ser una fiesta de la palabra.

    Acompañaron al poeta Toni Alcolea, editor de Olé Libros, los escritores Robert Archer, Rafael Soler, Bibiana Collado y Ricardo Bellveser. Alcolea fue el primero en intervenir y como era de rigor, agradeció al público su afectuosa acogida, así como al propio Jaime Siles que hubiese confiado en Olé Libros para publicar la que supone su novena antología poética. Alcolea, quien ha irrumpido en los círculos literarios valencianos con la energía de un gran proyecto editorial que abarca, novela, ensayo, poesía y certámenes literarios, ofreció algunas pinceladas de lo que engloba y representa la destacada actividad de Olé Libros.

    El anfitrión dio paso a Ricardo Bellveser, reconocido poeta, narrador y periodista valenciano, de quien hay que decir con toda justicia que fue el orador que encandiló al público, tanto por la elocuencia y pertinencia de su discurso, como por su consabida efusividad. Bellveser abordó en su intervención la original antítesis que da título a la antología: “Un yo sin mí”; y apuntó al respecto la preocupación de Jaime Siles por la identidad como tema de indagación poemática. Siguió descifrando la poética del autor de “Himnos tardíos” (1999) y lo etiquetó como «poeta del lenguaje», algo en lo que el propio Siles se reconoció más tarde, y terminó reconociéndolo como un auténtico poeta novísimo que por muchas razones debió haber figurado en la conocida antología de Castellet.

    Alcolea dio paso al hispanista Robert Archer, uno de los máximos especialistas en la obra del poeta Ausiàs March, quien desde la gran amistad que le une al poeta homenajeado habló de una anécdota muy singular que ambos vivieron con motivo de la erupción de un volcán en Islandia durante una visita de Siles por tierras británicas. Además, Archer destacó la pasión que siente y siempre ha sentido Siles por las Lenguas Clásicas, una dedicación que comparte con la Filología.

    Por su parte, la joven poeta Bibiana Collado, quien en la actualidad es profesora del Taller de Poesía de la Universidad de Valencia, tuvo palabras de agradecimiento a Jaime Siles por su generosidad con los poetas más jóvenes cuando estos se acercan a pedir su consejo. Subrayó la importancia de su magisterio como docente y reflexionó acertadamente acerca de ese yo del título de la antología que tantos comentarios suscitó.

    Por último, Rafael Soler, poeta y narrador afincado en Madrid, admiró la plena dedicación de Siles a la literatura desde que era un joven estudiante. Contó, entre otras cosas, que su precoz vocación por la poesía le llevó a compartir amistad y cartas con Vicente Aleixandre, quien se convirtió en un padre literario y referente. Añadió que su estética culturalista y esa particular revolución en el lenguaje le han permitido distinguirse y evolucionar como poeta pleno de variados matices.

    Llegó el turno de Jaime Siles y este dedicó su agradecimiento, uno por uno, a los intervinientes. Valoró muy positivamente el arrojo editorial de Toni Alcolea al apostar por la poesía valenciana; se confesó admirador de la poesía de Bibiana; alabó la precisión de los comentarios de Bellveser, quien gestionó la edición de una de sus anteriores antologías; agradeció a Archer su simpatía y sinceridad; y con referencia a Rafael Soler, además de los pertinentes agradecimientos, confesó una de las muchas cosas que ambos comparten y se puede contar: su amor por los gin tonic.

    Siles, quien se mostró distendido, agradecido y bromista, recitó algunos de sus conocidos poemas contenidos en la antología, como: “Propileo”, “Acis y Galatea” o  “Semáforos, semáforos”, pero fue al recitar un poema inspirado en la localidad de Jávea, cuando su voz se truncó por la emoción que pudo evocarle alguno de sus versos finales. Siles añadió que esta publicación representa algo especial en su trayectoria, ya que de todas las antologías editadas hasta ahora, esta es la única en la que él personalmente ha escogido los poemas; lo cual es un valor añadido al ya de por sí magnífico legado que compendia este libro.

    Debido a las muchas intervenciones de la mesa, el acto no dio para más, pero debido a la calidad de las mismas, el público se mostró conmocionado y satisfecho tras una velada espectacular que terminó con una interminable cola de lectores que esperaban una firma del autor.

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Publicado en “Todoliteratura.es”:

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   La tarde del pasado viernes, 1 de febrero, fue oscura, lluviosa y desapacible en Valencia, pero todos aquellos quienes tuvimos ocasión de escuchar los poemas de José Iniesta en la voz de su autor, fuimos iluminados por su luz y guarecidos por el calor de su palabra.

    A partir de las siete de la tarde, en la librería Ambreta, de Valencia, dio comienzo la presentación del poemario “El eje de la luz”, un libro editado por Renacimiento que supone el séptimo poemario de su autor. Recayó en las manos de Juan Noyes-Kuehn, filólogo, profesor y poeta, amigo de Iniesta, la labor de introducir a los asistentes a la presentación-recital. De esta forma pudimos conocer que la senda místico-trascendente transitada por el poeta en libros como Y tu vida de golpe (2013) o Las razones del viento (2016) también es hollada en El eje de la luz. Noyes-Kuehn, con acertadas palabras, subrayó que la desnudez del alma del poeta, no solo se expone en los versos, sino también se funde en la densidad de un paisaje que no es solo lontananza, se revela trasunto, hermosa analogía para describir el interior del ser humano.

   José Iniesta comenzó a recitar sus versos con esa forma tan apasionada que le caracteriza y pronto sedujo a un selecto y numeroso público asistente, entre el que se encontraban poetas ilustres de la Comunidad Valenciana, como Juan Ramón Barat y Blas Muñoz. Entre poema y poema conocimos a través de las palabras de Iniesta que una de sus vocaciones se convirtió en oficio, la docencia. La naturaleza en todas sus formas está muy presente en su poesía, hecho influido —según sus propias confesiones— por su cercanía a la tierra, desde su infancia, en parajes tan bellos como La Pobla de Sant Miquel (municipio de la comarca del Rincón de Ademuz) y Oliva (comarca de La Safor).      La contemplación de la belleza se trasluce en los versos de Iniesta en forma de celebración, y dentro de esa celebración la jácena maestra es la luz. Un símil o símbolo tan utilizado en literatura suena a nuevo en los poemas de El eje de la luz, la vitalidad de una poética enraizada en lo terrenal, pero con la mirada en lo celeste, es uno de los rasgos de un autor valenciano que se agiganta como poeta con cada libro. Emoción, sí, pero también meditación, destilan los versos de este libro:

Me basta con sentarme y asentir

en este patio mío donde el sol

resplandece en un muro que se agrieta.

    Puesto que su manifiesta conciencia de vida le insta a escudriñar el recorrido de una nube,  la luz del sol sobre un muro o el rostro de su mujer durante un desayuno cualquiera, el poeta encuentra en algunos sucesos un símbolo, una enseñanza que le obliga a contar y cantar la vida.

    La lectura de poemas terminó con una gran ovación y posteriormente el público tomó la palabra, así el autor pudo departir cercanamente con los asistentes a razón de sus preguntas.

  La poesía de José Iniesta, de hondo calado y sencillez léxica, camina entre la experiencia y lo místico, otorgando, a la manera de los poetas japoneses, una importancia sagrada a la naturaleza, templo real de quien rinde culto a una belleza que —al igual que él—  no malgasta su tiempo con impostadas retóricas.

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José Iniesta

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   Crónica publicada en “Todoliteratura.es”:

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 La obra (poética) y figura (humana) de Antonio Praena (Purullena, 1973) ha crecido enormemente en los últimos años. Desde que recibió el Accésit del Premio Adonáis por Poemas para mi hermana (2006), sus libros se cuentan por premios: algunos de ellos, los más importantes del panorama lírico español. Historia de un alma (Visor, 2017) fue merecedor del XXVII Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma, y es precisamente con el autor de “Pandémica y celeste” con quien Praena consuena de manera muy particular en este libro.

   El pasado sábado, 27 de enero, en la Librería Ramón Llull —corazón cultural valenciano, gestionado magníficamente por Almudena— se dieron cita algunas de las plumas más destacadas de la región. El evento no era para menos; la asociación cultural Concilyarte organizaba el acto de presentación de Historia de un alma, Mila Villanueva, su presidenta, fue la encargada de presentar a Antonio Praena y Bibiana Collado. De Bibiana, no podemos decir menos: reciente ganadora del Accésit del Premio Adonáis por El recelo del agua, ha sido merecedora del premio Arcipreste de Hita, 2012, por Como si nunca antes y del Premio Complutense de Literatura por Certeza del colapso; por lo que la velada prometía ser de altura poética.

   Ni Antonio Praena, ni Bibiana Collado defraudaron al público asistente. Tras la introducción de Bibiana, en primera instancia, y varias preguntas que la poeta realizó al autor de Historia de un alma, en turnos alternados con la lectura de algunos poemas, pudimos conocer los entresijos de este libro, el cual supone un giro —digamos, lingüístico— en la dicción poética del autor de Yo he querido ser grúa muchas veces.

     De entrada, sorprende la naturalidad, rozando la irreverencia, y el descaro, lindando con la provocación, de un argumento lírico, con destellos místicos, pero a la vez hundido en sus raíces en un hiperrealismo urbano y plagado de personajes tan marginales como pintorescos: consumidores de cocaína, adictos a anabolizantes y tatuajes; quienes, sin embargo, no hacen más que constatar que ante los procesos, etapas y emociones de la vida, como seres humanos, no somos tan diferentes como nos creemos.

     Nada, más cerca de la realidad, son los versos contenidos en un poemario cuyo autor reivindica un regreso a los valores de la moral ante una profunda y expansiva deshumanización global. El autor, manifestó haber encontrado su lugar en el mundo y quizá ello justifique el momento de plenitud creativa en el que se halla desde hace algún tiempo. «Quiero verdad»: afirmó Antonio Praena, y subrayó que uno de los privilegios de una obra artística es que no está obligada a explicarse o justificarse. El arte debe ser y revelarse con naturalidad, favoreciendo con ello el discurrir de las cosas.

   Por mediación de las preguntas formuladas por Bibiana Collado, descubrimos pinceladas biográficas tras la fachada de algunos versos: “Salmo 104” resulta ser la transcripción de una costumbre de monjas contemplativas que el poeta compartió en uno de sus viajes transoceánicos; “Comebolsas” deviene de su experiencia como voluntario en la reinserción de presos a la sociedad; y así, en cada puesta en escena de cada poema se traslucía un embargo interior de inconformismo, una denodada búsqueda de la belleza que no descarta en su empeño visitar —si es preciso— el rincón más insalubre o más oscuro del mundo.

     En Historia de un alma, la pasión y sorpresa del hablante lírico se focalizan bajo una perspectiva burguesa que no duda en mezclar a santo Tomás de Aquino con Dido, sobre todo, si a través de dichos referentes se clarifica un paso a la verdad. Por lo tanto, este libro es una suerte de vínculo entre lo clásico y lo moderno, un homenaje a poéticas y poetas como Jaime Gil de Biedma o Luis Antonio de Villena, donde la palabra acaricia o golpea con la misma contundencia en cada uno de los pasajes que conforman esta actualizada crónica de la decadencia.

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De izquierda a derecha: Mila Villanueva, Antonio Praena y Bibiana Collado.

Publicado en la revista “Todoliteratura.es”:

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Fotografía de José Luis Vila Castañer.

El Museo de la Ciudad (Valencia) se encuentra enclavado en el corazón del centro histórico, junto a la Basílica de la Virgen y el Almudín, en un hermoso edificio señorial. En sus salas, ahora restauradas, pueden apreciarse los ricos fondos pictóricos, propiedad del Ayuntamiento de Valencia, así como exposiciones temporales gestionadas por el Consistorio. En dicho enclave tuvo lugar el pasado viernes, 15 de diciembre, la presentación del libro “El laberinto de Venus”, de la poeta, ensayista y narradora valenciana, María Teresa Espasa.

Isabel Miguel y Lidia López Miguel, editoras del libro y responsables de uno de los sellos editoriales españoles con más proyección del panorama literario, Lastura Ediciones, se desplazaron desde Madrid para estar presentes en un evento literario de primer nivel. Si María Teresa Espasa, autora del libro y persona eminente en el ámbito cultural, dentro y fuera de la Comunidad Valenciana, no necesita presentación y su incursión en la prosa erótica ya es motivo suficiente para levantar expectación; los componentes de la mesa no lo fueron menos. Además de la citada Lidia López Miguel, quien en calidad de editora alabó la trayectoria y capacidad como escritora de María Teresa Espasa, acompañaron a la autora Ana Noguera y Ricardo Bellveser, distinguidas personalidades del mundo cultural y político de Valencia.

Escuchar a Ana Noguera a propósito de sus intervenciones en eventos culturales es siempre un placer para los sentidos. Modelo de elegancia personificada, Noguera hizo gala de su particular precisión y sensibilidad en sus disertaciones sobre el libro. Apuntó el hecho de que el personaje protagonista de todos y cada uno de los relatos del libro sea el mismo, una mujer, de nombre, Tesa. Asimismo, previno sobre la posible identidad de tal protagonista, a lo que amplió Bellveser, apuntando a la posibilidad de que tal personaje sea un alter ego de la autora, ya que la palabra Tesa puede interpretarse como un acrónimo de Teresa.

Bellveser, por su parte, hizo un repaso exhaustivo del libro, relato por relato, subrayando la mirada de poeta de su autora en una narrativa llena de imágenes y alusiones a un sexo, más de sensualidad y amor, que carnal. Puso en valor una sinceridad pasmosa tanto en la identidad de los personajes secundarios, como de algunas situaciones; y señaló con vehemencia que aunque la autora tratase de velar la realidad tras la ficción, todos los personajes eran poetas, algunos, de nombres coincidentes con amigos cercanos, y la esencia de sus relatos, llenos de sensibilidad, sentimiento de culpa, pero también de la inquietud del buscador, resulta ser una petición de atención, un ruego de cariño, misma sed que caracteriza a toda su obra poética.

María Teresa Espasa, poeta de raza, además de ensayista y profesora, confesó que la publicación de su primer libro de relatos ha supuesto algo muy importante para ella. Recientemente recuperada de algunas complicaciones de salud, culminar esta obra, además de una demostración de su versatilidad como escritora, supone su regreso al panorama literario y solo es el principio de una serie de proyectos que pondrá en marcha en el próximo año.

En su intervención, Teresa Espasa agradeció a público e integrantes de la mesa, su apoyo y compañía. Confesó que algunas de las historias contenidas en su libro eran reales y otras, ficticias. Dio paso a diez amigos y escritores valencianos, quienes fueron dando lectura a fragmentos de algunos de sus relatos. A continuación, la lista de intervinientes y los títulos de los relatos mencionados:

Virgilio Fuero “Hablemos de Eros”

Mariam Ferrer “No sé si la memoria”

Heberto de Sysmo “El rincón de D. Antonio”

Ana Fernández de Córdova “El yo ficcionado”

Vicente Barberá “Tuya es la victoria”

Consuelo Sanahuja “El último aliento”

Pascual Casañ “Como mendigo hambriento”

Elia S. Temporal “Cuando llega el otoño”

Blas Muñoz “Los sueños y los días”

Elena Torres “Destinos cruzados”.

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[…] todavía estaba haciéndose,
no se encontraba ni cerca ni lejos del principio o del fin,
iría cambiando de forma […].
Saer: 2005

Escultura de Tony Cragg que representa la elipsis.

(Artículo publicado en el número 36 de la gaceta del haiku “Hojas en la acera”).

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      Un amigo que viajó a Japón varias veces y quedó fascinado con la cultura, gastronomía y gentes de allí, me comentó sorprendido que entró a una librería buscando algún libro de haiku pero, únicamente disponían de dos ejemplares, y no eran otra cosa que antiguas compilaciones. ¿Cómo puede ser que aquí mucha gente conozca Japón por el haiku y allí, en una librería enorme, tan solo haya dos ejemplares y sean antologías?
La respuesta principal a esa pregunta es que el haijin japonés, con el haiku, no pretende hacer literatura. Esa abnegación que nosotros advertimos en el poeta, para él no es tal cosa. Como ciudadanos occidentales acusamos los vicios y tradiciones de una sociedad donde el consumismo y la egolatría imperan, así cualquier ámbito accede a nuestra propuesta de materialismo. El fútbol, más que un deporte, es un negocio, y lo mismo ocurre, pese a quien pese con, por ejemplo, la pintura. Etiquetar y poner un precio a cosas que no han sido concebidas como producto es tarea de las llamadas sociedades desarrolladas. De esa mercantilización del arte, y de muchas otras, huyen el haiku y sus acólitos.
Los versos de este poema japonés suponen una vía espiritual a todos los niveles. Sus practicantes se reúnen en grupos de familiares, amigos o afines a esta expresión, y lo hacen modestamente y por muchos años. Algunos miembros pueden pertenecer a otros grupos, pero tienen por costumbre no abandonar ninguno a menos que sea por motivos graves. El haiku japonés, como tal, vive en la elipsis del mundo editorial. Se distribuye en publicaciones periódicas, algunas ni siquiera poseen distribuidor, y un grueso muy importante se mueve por círculos clandestinos. Se editan libros sobre su teoría e influencia, sobre su historia y muy de cuándo en cuándo las comentadas compilaciones, casi siempre de autores clásicos. El hecho poético del haiku debe mantener esa distancia para conservar su pureza y no caer en la contaminación del decadentismo modernista.
Esa permanencia, esa conservación de la belleza en lo apartado, en el silencio, también supone uno de los rasgos inequívocos de un buen haiku. Parte de su emoción y significado deben concentrarse no en lo dicho en el poema, sino en lo sugerido. De esta manera se afianza su propuesta de algo inacabado, se agranda su misterio e invita al lector a terminarlo con su particular composición mental.

No está el colegio,
pero ha quedado en pie
la buganvilla.
Susana Benet

   En estos versos de Susana Benet el motivo que ha provocado el aware —una demolición— no es narrado en el poema. Incluso el suceso que exigimos al haiku puede hallarse sugerido si imaginamos los escombros recién formados y humeantes, o quizá a la buganvilla tambaleándose por el monumental derribo. Lo tremendo y lo frágil conviven en el poema y sin embargo el suceso desencadenante puede leerse magistralmente en la elipsis.
En el desplazamiento nuclear —en este caso, considerado algo colosal—, la atención del poema busca la poesía en una sobreviviente y mínima flor. Este poema es ejemplarizante en cuanto a los rasgos sustanciales que debe tener el haiku verdadero, además de poseer pausa, cesura o kireji, responde al canon silábico más extendido en occidente de 5 / 7 / 5, emplea versos blancos y se encuentra en tiempo presente. Por un lado, también encontramos el equilibrio entre dos elementos poemáticos en calidad de símbolos: el colegio, algo de gran tamaño y urbano, es sustituido por el gran vacío que deja su demolición, cuya imagen podría parecerse a los escombros tras un bombardeo; y por otro, tenemos la fragilidad y belleza de una pequeña flor que ha podido morir durante el derribo pero ha sobrevivido. La esencia taoísta está implícita, tan solo con dos elementos, y su resolución en la elipsis nos revela que estamos ante un gran haiku.
No debemos confundir el hecho de dejar fuera del poema quizá lo más relevante, o el motor mismo de la acción, con el hecho de componer poemas inacabados. La apariencia de esbozo es otro de los rasgos característicos del haiku verdadero. Dilucidar los elementos actoriales del poema con naturalidad, y de la misma forma entrever el vínculo entre ellos o la analogía que su observación nos produce, sesga la sensación de totalidad en el plano lingüístico y vislumbra la eternidad de lo efímero, al mismo tiempo que engrandece la cualidad transmisora del haiku. El haijin, consciente de que con tan solo unos esbozos no puede capturar plenamente lo absoluto de la emoción vivida, recurre al símbolo y todas las connotaciones semiológicas de este para significar las líneas maestras de su iluminación.

Esto significa que sabemos qué es la poesía. Lo sabemos tan bien que no podemos definirla con otras palabras, como somos incapaces de definir el sabor del café, el color rojo o amarillo, o el significado de la ira, el amor, el odio, el amanecer, el atardecer o el amor por nuestro país. Estas cosas están tan arraigadas en nosotros que sólo pueden ser expresadas por esos símbolos comunes que compartimos ¿Y por qué habríamos de necesitar de más palabras? (Borges, 2001, p. 34).

      Si esas pinceladas consiguen confabularse con la psicología y experiencia del lector, el poema es culminado con éxito. Luis Antonio de Villena, con referencia a esta indeterminación de esta poesía japonesa, tiene clara la prevalencia de la imagen sobre la idea: «[…] fragancia, resonancia y reflejo como palabras clave para una poética». Para ilustrar la sutileza de este rasgo, en el que lo inacabado abre paso al misterio y a todas sus posibles interpretaciones, termino este artículo con estos versos anónimos:

Nubes rojizas.
Mientras bebe el cernícalo
algo lo asusta.
Anónimo

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En esta fotografía me encuentro (de izquierda a derecha) con: Gregorio Muelas, Enna Villarroya, Rafael Mesado y Arantxa Esteban. (Yo soy el de la derecha).

Con motivo de la presentación de los números 1 y 2 de la revista “Crátera”, y el número 14 de la revista “Azaharanía” (3-11-2017), Gregorio Muelas y quien suscribe, fuimos invitados por Marcelo Díaz, coordinador de la tertulia castellonense El Almadar, a hacerlo en La Bohemia, sala cultural —ya emblemática— castellonense, donde no es raro ver —entre otras muchas cosas— interesantes exposiciones de arte, presentaciones de libros o incluso, actuaciones musicales.

Las instantánea, fue tomada después de la presentación, en un local cercano. Las buenas vibraciones y la grata conversación propiciaron uno de esos momentos especiales por los que merece la pena desplazarse a otra ciudad con el pretexto de hablar de poesía.

“Azaharanía” y “Crátera”: dos revistas de poesía hermanadas por la amistad.

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Próxima presentación del número 2 de la revista “Crátera”, el próximo jueves,  9 de noviembre, a partir de las 19:30 h, en la Sala Multiusos de la Casa Palacio de Vivanco (Camino Real, 22), en Catarroja (Valencia).

Introducirá al acto el Excmo. alcalde de Catarroja D. Jesús Monzó.

Intervendrán José Antonio Olmedo, Gregorio Muelas y Jorge Ortiz, editores y directores de la revista, acompañados por Bibiana Collado, poeta, profesora y miembro del comité asesor.

Organizan:

Crátera. Revista de Crítica y Poesía Contemporánea, Ayuntamiento de Catarroja y Asociación Literaria Crátarroja.

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Contenidos y colaboradores del n.º 2:

Ilustraciones:

Cubierta: Juan Carlos Mestre

Portadillas: Enriqueta Hueso, Ricardo Ranz, Marcelo Díaz, Sara García Lafont.

Inéditos:

Luis Antonio de Villena, Nuno Júdice, Jorge Riechmann, Enrique Falcón, Alejandro López Andrada, Juan Ramón Barat, Guadalupe Grande, Marta López Vilar, Vanesa Pérez-Sauquillo, Verónica Aranda, José Cabrera Martos, Rafael Correcher, Sergio Navarro, David Trashumante, Ramon Ramon, Teresa Ramos.

La mirada de Basho (haikus):

Félix Arce Araiz, Mila Villanueva, Xaro Ortolá.

Experimental:

Juan López de Ael, Fran Soto (selección de David Acebes Sampedro).

Traducción:

Robert Serban por Elisabeta BotanStela Sourafí y Ceofanis Panagiotópoulos por Natasa Lambrou.

La entrevista:

Nacho Escuín por Jorge Ortiz Robla

Investigación:

“Hilde Domin y el despertar de la conciencia poética” por Gema Estudillo.

Reseñas:

“Entre dos nadas. Antología consultada” de Francisco Brines por José Luis Morante;
“Cantó un pájaro. Antología esencial” de Vicente Gallego por Santos Domínguez;
“Sin ir más lejos” de Fermín Herrero por David Acebes Sampedro;
“Poesía Completa” de Mário de Sá-Carneiro por José Ángel García Caballero;
“De exilios y moradas” de José Luis Zerón Huguet por Gregorio Muelas Bermúdez;
“El primer día” de Julio César Galán por Gregorio Muelas Bermúdez; 
“Tú me mueves” de Agustín Pérez Leal por José Antonio Olmedo López-Amor; 
“Sangre seca” de Josep M. Rodríguez por José Antonio Olmedo López-Amor.

Leído por:

“La noche de Europa” de Dionisio Cañas por Ramón Campos;
“Geometría del Abismo” de David Sarrión Galdón por Jorge Ortiz Robla;
“Cada noche un poema. Antología” de Montserrat Abelló por Antonio Praena;
“Acadèmia d´idiomes invisibles” de Anna Bou Jorba por Eduard Xavier Montesinos.

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Blog de “Crátera”:

http://revistacratera.blogspot.com.es/?m=1

Pide tu ejemplar al correo de la revista:

revistacratera@gmail.com

 

Publicado en la página del Ateneo Mercantil de Valencia:

http://www.ateneovalencia.es/poetas-en-el-ateneo-xiv-maria-teresa-espasa-emocion-y-sentimiento-en-un-merecido-homenaje/

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Fotografía de José Luis Vila Castañer.

El pasado viernes, 27 de octubre, en la decimocuarta entrega del ciclo “Poetas en el Ateneo” que presenta Vicente Barberá y coordina Vicente Bosch, el Ateneo Mercantil de Valencia recibió a la poeta María Teresa Espasa.

A partir de las siete de la tarde, al emblemático Salón Sorolla de este centenario Ateneo, fue acudiendo un buen número de público a este ciclo literario, una ceremonia poética, llena de música, recital, entrevista, y en definitiva, una oportunidad única para conocer en profundidad, no solo la obra, sino la dimensión humana del autor invitado que no tiene parangón entre los eventos literarios que hoy se celebran en la Comunidad Valenciana.

Dada la situación convaleciente por problemas de salud de María Teresa Espasa y por su trayectoria literaria y humana, el acto se convirtió en un merecido y emotivo homenaje.

Vicente Bosch, directivo del Ateneo Mercantil, pronunció unas palabras de bienvenida y reconoció la relevante figura de la poeta convocada. Por su parte, Vicente Barberá agradeció a José Luis Vila, José Antonio Olmedo y Virgilio Fuero, sus labores como fotógrafo, cronista y realizador audiovisual, respectivamente.

Asimismo, Barberá, tras citar algunos de los logros acumulados a través de la extensa carrera literaria de Teresa Espasa, como por ejemplo: ser mecenas de varias generaciones de poetas valencianos, su labor como locutora radiofónica, su experiencia como fundadora de la revista Corondel, fundadora de la Tertulia la Buhardilla, su pertenencia al grupo El limonero de Homero o la innumerable organización de recitales y presentaciones; dio paso a Juan Manuel de Zaldúa, músico colombo británico, quien interpretó a la guitarra tres temas musicales.

Barberá dio paso a la sección fotográfica, un apartado donde María Teresa Espasa fue comentando instantes de su vida a través de doce fotografías. Así, pudimos verla en su época de estudiante, con las escritoras integrantes de la Plataforma de Escritoras del Arco Mediterráneo o recibiendo el galardón especial de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana.

A continuación, el poeta, narrador y periodista, Ricardo Bellveser, dio lectura al poema de María Teresa, titulado “Oscurece”, no sin antes dedicar unas agradecidas y cariñosas palabras a quien desde hace mucho tiempo es una buena amiga.

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María Teresa Espasa

Seguidamente, Barberá dio comienzo a su particular entrevista a la poeta. En esta ocasión, tras cada pregunta, dio paso a dos personas invitadas a leer poemas de la autora, así recitaron hasta un total de quince escritores, quienes agradecieron uno a uno su respeto y agradecimiento a una personalidad de las letras valencianas. Tras la pregunta: « ¿Qué te motivó para realizar aquel gran proyecto de Pliegos de Ítaca? » Juan Manuel de Zaldúa realizó su segunda intervención musical. Los escritores que intervinieron son los siguientes, por orden de intervención: Ricardo Bellveser, Ana Noguera, Blas Muñoz, Encarna Beltrán, Juan Luis Bedins, Mila Villanueva, Virgilio Fuero, Elga Reátegui, Marina Izquierdo, Elena Torres, José Antonio Olmedo, Ana Fernández de Córdova, Mar Busquets, Rosa María Rodríguez y Rafael Soler. También entre las preguntas y poemas recitados, llegó el turno del poema recitado por Virgilio Fuero, una proyección audiovisual en la que declamó el poema titulado “El Montgó”, perteneciente al libro En alguna parte es otoño. El propio Virgilio hizo entrega a Teresa Espasa del vídeo proyectado, como recuerdo del entrañable homenaje.

A través de las preguntas que Vicente Barberá formuló a Teresa Espasa, supimos que uno de los poetas que ha influido en su obra estaba presente en la sala, se trata de Ricardo Bellveser. Supimos también, que la autora de El Congreso recomienda leer mucho a los poetas que están empezando; que uno de sus últimos proyectos es un libro de relatos eróticos y que el premio que más ilusión le ha hecho ha sido el de la Crítica Valenciana.

Tras formularle una tanda de preguntas rápidas, en la que sus respuestas arrancaron risas entre el público, intervino de nuevo Juan Manuel de Zaldúa, pero esta vez acompañado por la voz de Maitechu, su hija, de diez años, quien encandiló al público por su espontaneidad y desparpajo.

Ya para despedir el acto, Vicente Bosch reconoció la emoción y el sentimiento vertidos en este encuentro, felicitó a Teresa Espasa en nombre del Ateneo Mercantil y Vicente Barberá pronunció palabras de agradecimiento a todos los presentes y colaboradores; anunció que el próximo poeta invitado al ciclo será Antonio Porpetta e invitó a María Teresa a recitar algunos poemas propios. Como colofón, la autora fue obsequiada con un espléndido ramo de flores y el acto terminó con la tradicional fotografía colectiva.

Pulicado en la revista Planetas Prohibidos:

https://lektu.com/l/planetas-prohibidos/planetas-prohibidos-14/7758

 

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¿A qué se refería Michel Houellebecq cuando afirmó: hay algo en Lovecraft que no es del todo literario?

Pocas presentaciones necesita Howard Phillips Lovecraft, (Providence, Rodhe Island, 1890). A día de hoy, podemos afirmar que fue uno de los escritores más influyentes del siglo XX, en lo que a literatura fantástica se refiere, claro está. Pero no siempre su reconocimiento fue así. Es más, pasó desapercibido en su época y tras vender a bajo coste los derechos de sus relatos, tuvo que ocuparse en trabajos que le dispensaron poco dinero.

Uno de los hechos que más llama mi atención de su corta, pero densa biografía, es que ninguno de sus relatos o novelas cortas fueron publicados en forma de libro durante el periodo de vida de su autor. Sus historias eran malvendidas y publicadas en revistas de poca repercusión. Quizá a ese hecho influyese la extraña personalidad de un autor sombrío y misógino, conservador y xenófobo, con no pocas frustraciones y traumas que lo acompañaron y atormentaron durante toda su vida.

Lovecraft empezó a escribir a los siete años, sus inicios fueron miméticos con sus referentes de adolescente, gustaba del terror y de la ambientación gótica como escenario y argumento de sus tramas, pero había algo en su interior que no acababa de convencerle. Con la idea de encontrar su sello personal, comenzó, no solo a leer, sino a estudiar los métodos y estilos de insignes autores del género. Tales fueron sus lecturas y su erudición, que su ensayo titulado El horror sobrenatural en la literatura (1927), representa una exposición más que competente de los principios del relato sobrenatural hasta la fecha, demostrando un dominio exhaustivo de la materia.

En dicho trabajo trató de definir el atractivo peculiar de la historia de terror, en la que debe haber presente una cierta atmósfera de mortal terror inesperado a fuerzas exteriores desconocidas, y describió la evolución de la novela gótica a través de las obras de Walpole, Radcliffe, Lewis y Maturin.

Algunos esquematizan la obra de Lovecraft en cinco partes, otros no encuentran sentido en hacerlo —pues las fronteras son muy difusas entre ellas—, sin embargo, parecen claras las influencias de Poe, Dunsany y Machen, por lo que es fácil desglosarlo en tres etapas: gótica, onírica y mitos, respectivamente. De todos ellos trató de quedarse lo mejor y poco a poco fue forjando su sesgo como autor: barroquismo en las descripciones, muchos adjetivos, introducción de descubrimientos científicos y una atmósfera opresora, hasta que todo ello culminó en su particular universo tenebroso y primordial con los mitos de Cthulhu.

Del espiritismo, satanismo y fantasmagoría decimonónicos, Lovecraft saltó a los viajes en el tiempo, los seres extraterrestres, otras dimensiones y la idea de que la Tierra, antes que el ser humano, fue habitada por criaturas monstruosas con poderes increíbles que fueron expulsadas. El temor a su regreso y toda una iconografía de dioses y mitología fueron su mejor baza, una apuesta arriesgada que le permitía abrir el abanico de posibilidades, no solo para aterrorizar a sus lectores, sino para hipotetizar sobre una más que posible «otra Historia Universal».

La perspectiva del tiempo hace que hoy miremos a Lovecraft como un creador de historias de terror que algo aportó a la tradición de su época. Su influencia en autores contemporáneos es evidente, pero no solo en el ámbito literario, sino también en el cinematográfico, en el cómic, juegos de rol o videojuegos.

Su particular imaginario incluye toda una letanía de criaturas extraordinarias, seres extraños con poderes increíbles y capaces —aun sin proponérselo— de los más terribles actos. Uno de los rasgos característicos de estos dioses es su casi desprecio por la raza humana. Las narraciones lovecraftianas devienen del temor humano ante fuerzas tan desproporcionadas. Lejos queda el asunto del bien y el mal, polarización con la que fueron contaminados los mitos en su última etapa, por autores que, con buenas intenciones, trataron de transfigurar en dichas historias algunas reminiscencias de sus ideas religiosas.

El «Círculo de Lovecraft» nació de forma epistolar, ya entrados los años veinte y motivado por las periódicas publicaciones del genio de Providence en la famosa revista pulp Weird Tales. Algunos aseguran que Lovecraft mantuvo correspondencia con los componentes del grupo y otros admiradores mediante más de cien mil cartas. Y es que todo fue excesivo y enfermizo en su vida. Solo con parte de sus datos biográficos probados, y otra ingente cantidad de habladurías sobre su persona, podría filmarse una película interesante, incluso sin introducirse en el grotesco mundo de sus narraciones; ahí lo dejo.

Dijeron de él que caminaba solo por las noches, que frecuentaba cementerios. Que no salió de su casa durante los primeros treinta años de su vida. Que leía y leía en la biblioteca de su abuelo. Lovecraft tomaba por poco más que un insulto el hecho de cobrar por sus escritos, no quería prostituir la única vía de escape de su alma. Su madre decía de él que era feo, horrible, y lo animaba a no salir de casa ni relacionarse; algo a lo que tuvo que enfrentarse, muerta su madre y mermada entonces la fortuna familiar. Astrónomo frustrado y divorciado de una mujer, diez años mayor que él, quien aseguraba haberse separado por no mantener relaciones sexuales, Lovecraft fue el blanco perfecto para las ociosas lenguas que veían en él a una persona extraña.

Robert Bloch, Donald Wandrei, Robert E. Howard, Frank Belknap Long, Clark Ashton Smith y August Derleth, fueron algunos de los autores más destacados e incluidos en el círculo lovecraftiano, por lo menos, fueron los más fieles, ya que su relación epistolar duró hasta la muerte de Howard Phillips, quien solía firmar algunas de sus cartas bajo el seudónimo —entre otros— de «Sumo Sacerdote».

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Este año sus más fanáticos seguidores celebran el ochenta aniversario de la muerte del autor de El horror de Dunwich. Kokapeli Ediciones se estrena en el mercado editorial del libro de papel con Herederos de Cthulhu, una antología de relatos de terror que se inscribe en la línea de horror cósmico lovecraftiano. El responsable antólogo, y además coautor y prologuista del libro, es Javier Arnau, editor de la revista digital Planetas Prohibidos y ganador del premio Ignotus 2011. La sabia elección de Arnau a la hora de seleccionar a los autores es su baza más fuerte, ya que, Herederos de Cthulhu no solo es un homenaje al uso a los Mitos, sino que aporta historias que se ajustan al canon de su fundador, relatos en los márgenes establecidos y otros en parámetros más experimentales. Esta nueva aportación al círculo de Lovecraft, también incluye humor y parodia, algo inusual en este tipo de publicaciones, pero coherente —décadas después— si el lector-autor trata de dimensionar algo de tanta repercusión y trascendencia en la literatura fantástica como lo han sido estos Mitos.

«La invocación» de Marta Martínez Velasco, es uno de los relatos paródicos que tratan de caricaturizar el cliché de los rituales sombríos, de los nombres archiconsonánticos, de la muerte y su escenografía icónica. Algo que no ocurre en «El demonio está aquí» de Gabriel Romero de Ávila, un relato en el que en la narración de un aparente trotamundos callejero que se hace llamar Abdul Alhazred, no todo es lo que parece. En esta historia, el autor utiliza el recurso metaliterario del diario narrado en primera persona, tan de uso novelesco en la época que añoraba Lovecraft; sus páginas, de importancia también cronológica, desvelan una intrahistoria sombría que, como su narrador principal indica, en ocasiones, es muy difícil diferenciar de la realidad.

Sergio Mars y León Arsenal son joyas polivalentes —ya consagradas en el género fantástico— que enriquecen y equilibran esta corona formada junto a valores emergentes, como ofrenda a los dioses oscuros. Unos dioses que moran en «El Inframundo» de Javier Arnau y suponen un «Horror sin nombre» en palabras de Javier Redal.

Variadas y terroríficas son las propuestas de este nuevo «círculo español lovecraftiano», un envite que muestra su vitalidad y en el que no faltan palabras —casi lovecraftianas— evocadoras de esos terrores primigenios: runas, monolíticos, ciclópeos, necronomicón, impronunciables… La magia y lo sobrenatural convergen en Herederos de Cthulhu, un libro que en pocos meses se ha situado como una de las lecturas fantásticas imprescindibles de este año 2017.

A continuación, la lista de autores y el título de sus obras por orden de aparición:

Prólogo por J. Javier Arnau

Beatriz T. Sánchez con «Los ojos de Yog-sothot»

Javier Redal con «El horror sin nombre»

Nieves Delgado con «El color que salió del agua»

Laura López Alfranca con «Arrastra las palabras»

Heberto de Sysmo con «El cuadro negro»

Juan José Tena con «El heredero»

Marta Martínez Velasco con «La invocación»

Pablo García Naranjo con «Advenimiento»

Aída Albiar con «La Hermandad del umbral de la vida»

León Arsenal con «Whateley terminal»

Sergio Mars con «Yamata-no-orochi»

Javier Arnau con «En el inframundo»

Sonia Córdoba y Alberto Valverde con «Origen»

J.E. Álamo con «Abdel Muta’al»

Ramón San Miguel con «Infiltrada»

Gabriel Romero de Ávila con «El demonio está aquí»

Ramón Muñoz con «Final de trayecto».

 

Publicado en:

http://almaenlaspalabras.blogspot.com.es/2017/10/entrevista-capotiana-heberto-de-sysmo.html?m=1

cubierta, contraportada y solapas de la flor de la vida

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Heberto de Sysmo.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?

Una respuesta borgiana sería, una biblioteca. Pero habría más sensatez en la respuesta si incluyese cualquier lugar en el que uno se sienta amado.

¿Prefiere los animales a la gente?

En demasiadas ocasiones. Parece que sus silenciosas lecciones de amor no le son suficientes al ser humano.

¿Es usted cruel?

Nunca me lo he preguntado. Supongo que en un mundo como este, sin algo de crueldad y mentira nadie llega muy lejos. La sociedad instruye en la crueldad, lo cual no implica que cada uno no se esfuerce por combatirla.

¿Tiene muchos amigos?

Creo que nadie los tiene. La palabra «amigo» es muy grande.

¿Qué cualidades busca en sus amigos?

No solo en los amigos, la aspiración es rodearse de personas nobles y honestas con las que disfrutar y sufrir, aprender y compartir esa alternancia entre el dolor y la felicidad que es la vida. No podemos exigir más de lo que damos.

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¿Suelen decepcionarle sus amigos?

Supongo que si así fuera, sería en la misma medida que yo a ellos. Los amigos de verdad no decepcionan o no deberían hacerlo.

¿Es usted una persona sincera? 

Trato de serlo la mayor parte del tiempo. La mentira es adictiva, y lo peor, procura trofeos. Desenvolverse en un mundo lleno de mentirosos, sin mentir, es todo un reto. Lo mejor es aprender a no ser sincero cuando convenga, pero eso para el profano conlleva un proceso largo.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?

No tengo tiempo libre. Pienso y escribo a tiempo completo. En mis ratos libres, trabajo.

¿Qué le da más miedo?

De pequeño, la oscuridad de mi habitación. Ahora, la oscuridad del corazón de mis semejantes.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?

La indiferencia ante las injusticias.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?

Habría inventado la manera de serlo. No concibo la vida de otra forma. Soy de esos que si no escribiesen se volverían locos.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico?

Sí. Uno muy recomendable. Diez re-flexiones al día.

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¿Sabe cocinar?

Tengo mucho que aprender pero me gusta. No sé si es porque después de cocinar uno se come lo cocinado o por la satisfacción de explorar creativamente otros ámbitos.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?

A muchos: Johannes Kepler, Hugo Von Hoffmansthal, Marie Curie, Mary Shelley, Roman Jakobson, Clarice Lispector…

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?

Educación.

¿Y la más peligrosa?

Política.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien?

Los seres humanos somos animales instintivos y emocionales. La idea de suicidio la ha tenido todo el mundo, al menos, una vez en la vida. Lo mismo ocurre con el odio o los actos reflejos como mecanismo de defensa. Por suerte, no he sentido esa necesidad, de momento.

¿Cuáles son sus tendencias políticas?

Desencantado. Ningún partido político me representa. No soy apolítico porque pienso que se puede hacer política para la paz y prosperidad de los pueblos, algo de lo que estamos muy lejos a nivel mundial.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?

Astrofísico. El universo y sus misterios me cautivan.

¿Cuáles son sus vicios principales?

No fumo, no bebo ni me drogo. Leer y escribir son pulsiones adictivas constantes. Si tuviese tiempo elegiría tener algún otro vicio sano.

¿Y sus virtudes?

Generoso y trabajador.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?

Mi madre, mi pareja y mis gatos.  Momentos de felicidad ya vividos: graduación, primer premio, fiestas familiares, y ojalá que otros muchos que me quedan por vivir.