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Reseña publicada en “Todoliteratura.es”:

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SANDRA sanchez_libro

Título: Poemas del frío

Autora: Sandra Sánchez

Editorial: Heracles y Nosotros (Cuadernos)

Género: poesía

Año de publicación: 2018

Número de páginas: 24

ISBN: edición no venal

Sandra Sánchez (Oviedo, 1971) es una poeta de lo cotidiano, o debería decir, de lo divino en lo cotidiano; siempre y cuando entendamos la palabra `divino´ despojada de sus connotaciones religiosas y cercana a aquello que trasciende en nuestras vidas por su impacto, deslumbramiento o enseñanza y nos convierte a pesar nuestro en buscadores de la belleza.

    Tras publicar Una manzana en la nevera (Piediciones, 2017) la poeta asturiana sigue rastreando esa esencia ulterior que presupone velada a la cercana realidad en Poemas del frío (Heracles y Nosotros, 2018), plaquette número 21 de la colección Cuadernos de poesía de la citada editorial.

    Estas diecisiete páginas de nuevos versos en edición no venal suponen la constatación de lo mostrado en el anterior poemario de la autora: una voz poética verdadera busca su lugar en el mundo al mismo tiempo que va macerando y curtiendo sus capacidades. Y no es poco, decir `voz poética verdadera´ tal y como está el panorama poético nacional.

    Los poemas de Sandra Sánchez tienen fuste, su mirada no carece de filosofía ni preocupaciones ontológicas, al contrario, posee un nexo de unión con lo existencial y también con lo metafísico. Tampoco carece de musicalidad, aunque se expresa en verso libre, la hondura y crudeza de algunas de sus analogías, sus modos de interpretación de la realidad, pero sobre todo, una inclinación a la compasión, a la esperanza de un amor que no prescribe, empujan en muchos momentos su sintaxis al precipicio del canto.

    Este cuaderno se compone de 21 poemas sin separadores, todos ellos titulados, incluyendo un poema de dos versos y otro en prosa. El yo lírico se expresa en primera persona, algunos poemas son dialogísticos, como por ejemplo, “Nacimiento y muerte de una tragedia”, en el que se interpela  a una otredad a través de interrogantes: « ¿No te has parado nunca a contemplar / cómo te nace una lágrima? ». En otras ocasiones, el carácter de los poemas es descriptivo, perspectiva adecuada para narrar una historia, como sucede en el poema titulado “Nada”: «Una lombriz mojada / por la lluvia, abandonada a la intemperie, / desubicada, retorcida sobre sí misma / en el asfalto que la hiere, se arrastra / hacia un lugar indefinido muy lejos de su tierra»; en este poema la lombriz protagonista puede interpretarse alegóricamente como los principios y la moral humana, valores degradados por la jerarquía del egoísmo, el interés o simplemente la violencia innata o asco y desprecio hacia aquello juzgado inferior. Muchos poemas apelan a la empatía y denuncian esta falta de humanidad a través de rutilantes imágenes.

    No es este el único caso de poema que cuenta una historia. En el poema titulado “Expeditivo” encontramos a un narrador omnisciente que además interviene y opina sobre aquello que está narrando. Dicha injerencia aparece al final y en cursiva, también entre paréntesis; tras su lectura, y por la continuidad gramática, léxico y desarrollo, nos da la sensación de haber leído un microrrelato. Y no es ningún disparate interpretar el libro casi por completo en clave narrativa, de hecho, el poema final es un poema en prosa y los títulos de los poemas, muy acertados, como llaves maestras del mensaje del texto, destilan su poder catafórico a la manera de un libro de microhistorias.

    El libro, desde la perspectiva del hablante lírico, cumple a la perfección la tríada platónica: imitativo, descriptivo y mixto. Lo que nos lleva a ponderar, desde el punto de vista de la verdad, su rica gama de matices argumentales cumpliendo con otra tríada, la de san Isidoro: historia, argumento y fábula. Hay poemas que cuentan verdades ocurridas, algunos, no verdades probables y otros, que no atienden a su adaptación a la realidad. Ancho es el abanico del camino poético y aunque posea una tendencia existencial y realista, ello no impide puntuales accesos a una especie de realismo mágico.

    En el poema que lleva por título “Metamorfosis” se aprecia una armonía aforística, la sintética rotundidad del aserto lírico recuerda a la cadencia de una máxima que nos parece disfrazada de poema: «Con los años, aquella mariposa / de nuestra juventud / se ha convertido en arrugada seda / que acabarán comiendo los gusanos».

    También es recurrente en la poética de Sandra Sánchez criticar la hipocresía, en su aticismo confesional hay una aspiración moralizadora que desenmascara la arrogante mentira e increpa a sus fieles con desnuda verdad, como en el poema titulado “Más allá de mi cuerpo”: «Todo me asombra aquí dentro, / mas ahí afuera / no hay nada que conmueva a esta careta».

    Con un planteamiento antropocéntrico la poeta consigue dibujar a la perfección la conducta humana, su simbolismo y verdad trascienden la ficción literaria y mueven a reflexión tras el impacto emocional producido por sus imágenes y mensaje. Sandra Sánchez sospecha —como era costumbre en la era medieval— que la evidencia de lo material significa algo distinto a lo que obvia físicamente. La sintaxis de la naturaleza, del azar, no es algo aleatorio. Por ello, la semántica amplía su campo y la exégesis de sus poemas multiplica sus interpretaciones en los ojos de un lector activo.

    Como benévola emendatio, a la manera de Donato y Maximino Victorino, quizá observe un pronunciado prosaísmo y el débil eco de algunas asonancias, probablemente deliberado, el primero, e inadvertidas por falta de experiencia, las segundas, pero en cualquier caso la suma de virtudes de este libro sobrepasa con creces cualquier observación.

    Un hecho fehaciente durante todo el libro es la naturaleza anticlimática de los poemas; su autora, como en un intento por sostener la intriga del lector hasta el último momento, culmina de forma sobresaliente los últimos versos resolviendo el enigma y estremeciendo por su plasticidad dramática: «Las compañeras de la noche / le dicen «la Adri», con ese cariño / cómplice que les regala la mala vida. / La del piso, simplemente Adriana. / Y en las cartas que envía todos los meses / a su niño, firma solamente con una palabra: / mamá».

    Ante la lectura de Poemas del frío estamos frente a un macrotexto alegórico y actual que nos recuerda lo equivocado que estamos al pertenecer al gregarismo de la masa enferma y nos despierta a percibir la cotidianidad del entorno como un enclave en el que también ocurre la belleza y nos anima a encontrarla. Sus dardos sensoriales y reflexivos aguardan el calor de un buscador que sueñe con romper la cadena de frío que conserva intacto todo lo que no cambiamos por absurdo conformismo.

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Sandra Sánchez

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Publicado en la revista “Contrapunto” que edita el Área de Literatura Española de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Alcalá de Henares:

http://www.revistacontrapunto.es/descargas/numero_46.pdf

 

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Sandra Sánchez, Una manzana en la nevera

Asturias, PIEdiciones

111 páginas, 10 euros

 

 

Pablo Malmierca revela en sus palabras liminares a Una manzana en la nevera varias de las claves de este libro escrito por Sandra Sánchez (Oviedo, 1971). Algunas de esas claves refieren a lo simbólico del microcosmos cotidiano como analogía universal; otras, argumentativas, apuntan al amor, la niñez, la muerte, el deseo o la identidad, como asuntos recurrentes entre las preocupaciones de su autora. Y sin duda, acierta plenamente en sus disertaciones sobre esta ópera prima. Un primer poemario lleno de experiencias que en nada se parece a esas primeras obras publicadas precozmente en las que más que un estilo o una voz poética brilla una esperanzada inmadurez.

    Lo primero que llama la atención de los versos de Sandra Sánchez es la perspectiva y tono del yo lírico. Si los temas troncales pueden considerarse comunes, no lo es sin duda su tratamiento. En el primer poema del libro, titulado “Ikea” en tan solo tres versos se esboza su poética: “He comprado un corazón / y lo he armado con paciencia. / Me lo he quedado, venía roto”. Encontramos una necesidad de amor y por ello, su búsqueda; intuimos una entregada voluntad que no encuentra el ideal y se conforma con lo imperfecto; hay que cubrir esa necesidad vital pero, al mismo tiempo, reside en estos versos una contundente crítica a la sociedad capitalista, a la obsolescencia programada y al conformismo del ciudadano-usuario que tolera y practica la doctrina materialista.

  Escrito en verso libre, los poemas de “Una manzana en la nevera” poseen las características de un realismo mágico que florece intercalado entre poemas existencialistas: “Alguien dijo tu nombre / y de repente, / del asfalto gris de las aceras / brotaron rosas”. El tema amoroso guarda su veta romántica no en lo dicho, sino en lo sugerido, y su desnudez climática es proferida a través de la expeditiva realidad: “En un rincón oscuro / de aquel bar de mala muerte / te comí la boca: // tu lengua poco hecha; / los labios, al punto”.

    La estructura del poemario es un fluir continuo sin parcelar, y una de sus constantes es el poder semiológico de la manzana. Tótem infinito, si tenemos en cuenta que en el interior de su corazón radica la semilla que de nuevo la florecerá; pero también fruto original empuñado por seres primordiales, último alimento en la nevera medio vacía o medio llena y un recurrente símbolo de extenso campo semántico: “Si soy Yo fruto del pasado […] Ahora —en la copa de este árbol— / somos fruta fresca que (de)pende / sólo de nosotros… // ¿Nos comemos?”.

    Como ya hiciesen los poetas españoles de la generación de medio siglo, la poeta une su historia particular a una historia universal actualizada, rasgo que se manifiesta a través de los elementos poemáticos: “Hay muertos que caminan por las calles / que se sientan a tu lado / en autobuses sin destino […] Pega sus gotas a los escaparates / y a los cristales de las gafas. / Estanca el hastío de los oficinistas”.

    A la manera de un soliloquio o como apelaciones al lector, el yo lírico despliega su optimismo o pesimismo en un rastro de poemas vinculados a un estado de ánimo; en sus descripciones y narraciones puede entreverse un correlato objetivo que transita con igual eficiencia por diversos tópicos literarios: Amor ferus, Aurea mediocritas, Comtemptu mundi, sin olvidar el Memento mori que todo lo sobrevuela. Es precisamente en la gama cromática de sus formas donde los versos encuentran una profunda trascendencia, como por ejemplo, en el poema titulado “Se yergue la flor”: “Lo que me conmina a mirarla, / a contemplar —aunque sea un momento— / tanta delicadeza / es, sobre todo, / esa incertidumbre de no saber / si estará para mí, ahí, / mañana”.

    La poesía de Sandra Sánchez trae consigo la mejor de las noticias para un lector de poesía, y es la certeza del nacimiento de una poeta. Su voz es la de alguien que tiene mucho que decir y no tiene miedo en buscar y encontrar la forma de hacerlo. Su compromiso lírico no es solo con el arte, también con la verdad.