Se presenta el libro número 300 de la editorial valenciana Olé Libros y es “Prenda de abrigo”, una antología poética de Francisca Aguirre

Crónica publicada en “Todo Literatura”:

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En la fotografía, de derecha a izquierda: Ricardo Bellveser, Guadalupe Grande, Jaime Siles y Rafael Soler. Fotografía de José Antonio Olmedo López-Amor

El pasado martes, 24 de septiembre, tuvo lugar en el salón de actos de Fnac, san Agustín (Valencia), la presentación oficial del libro número 300 editado por la editorial valenciana Olé Libros. Toni Alcolea, cabeza visible y responsable de este proyecto editorial, agradeció al público asistente su respuesta masiva, incluyendo en él a muchos de los escritores que forman parte de esa gran familia que es Olé Libros. También agradeció la colaboración de personas que no son publicadas en la editorial pero de algún modo colaborativo participan en ella.

    Alcolea reveló el título y la autora del paradigmático número 300 —si tenemos en cuenta que dicha editorial nació en 2012—, el cual no podía ser más atractivo y pertinente para los lectores de poesía valencianos: ni más ni menos que “Prenda de abrigo”, una antología poética de Francisca Aguirre. Como es sabido, Aguirre fue Premio Nacional de Poesía en 2011, Premio Nacional de las Letras Españolas en 2018 y ha sido y es por derecho propio una de las voces líricas más importantes, no solo de Valencia, sino a nivel nacional.

     La pertinencia de esta publicación es clara, además de por su calidad artística, Aguirre falleció el pasado 13 de abril a los ochenta y ocho años de edad, por lo que la presentación, además de tener visos de homenaje, sirvió para reivindicar la valía de una poesía y una autora de las que todos destacan su sensibilidad y humildad.

Guadalupe Grande, hija de Francisca Aguirre y del también poeta Félix Grande, participa en la selección y prólogo de esta magnífica edición. Su presencia en el acto fue de lo más acertado, pues al ser testigo directo de la vida de Paca —tal como la llamaban sus amigos— pudo ilustrar a los presentes con la narración de muchas anécdotas que provocaron en el público asombro y emotividad.

   Una de esas vivencias fue la captura y asesinato de Lorenzo Aguirre, padre de Francisca, a su regreso a España tras el exilio provocado por la Guerra Civil. Como es natural, este episodio marcaría para siempre la vida de Francisca Aguirre, pues quedó huérfana a los doce años de edad. De Lorenzo se destacó su destreza como caricaturista y su vocación como pintor, arte que heredó Jesusa, otra de sus tres hijas.

    Guadalupe Grande prosiguió en su disertación y comento, entre otras cosas, que le sorprende un hecho, y es que en la calle de Madrid donde Francisca Aguirre vivió desde 1940, en lugar de haber una placa conmemorativa con su nombre, la hay a nombre de Félix Grande, su padre. Aunque poco después explicó que dada la efervescente actividad literaria de su padre: flamencólogo reputado que daba conferencias y escribía ensayos, poeta que frecuentaba tertulias, recitales y dirigía una revista y la casi nula vida social de Francisca podría explicar hechos como este. Guadalupe, en un simpático arranque de sinceridad comentó a este respecto: «todo ocurrirá a su debido destiempo».

     Grande aseguró que su madre se sentía muy a gusto al saber que la reconocían como poeta machadiana, la perspectiva del tiempo y su notoriedad como poeta la convirtieron en la representante de una generación silenciada por las duras circunstancias, primero, de la posguerra, y después del franquismo. Como poeta-isla, y no adscrita a ninguna promoción por decisión propia, Aguirre construyó en el tiempo una trayectoria literaria tan importante o más que la de su marido, concluyó Guadalupe.

    Llegó el turno de Ricardo Bellveser, poeta y periodista valenciano que fue amigo cercano de Francisca Aguirre. En su turno de palabra, Ricardo puso en valor la compleja sencillez de la poesía de Paca, su desnudez, sinceridad y hondura. Comentó que fue una poeta tardía a la que no le preocupaba figurar en el panorama literario sino escribir sus vivencias y reflexiones para dar fiel testimonio de su paso por el mundo. Añadió que su debut en la poesía fue con una reflexión sobre el concepto de mito clásico, pero después fue decantándose por una poesía reivindicativa y existencialista.

    Por su parte, Jaime Siles, catedrático, filólogo y profesor de Lenguas Clásicas, recordó que junto a Ricardo Bellveser viajó en su día en coche para asistir al entierro de Félix Grande. Comentó que Félix Grande le invitó a su casa y Paca le atendió con su generosa hospitalidad. Siles coincidió en alguna ocasión con Aguirre, ambos, como jurados literarios. Y sobre la poesía de Paca subrayó su capacidad testimonial, su vocación de entrega: «La poesía de Paca no deja fuera al lector, lo mete dentro y ese es uno de sus principales atractivos».

    El tercer y último invitado fue el novelista y poeta Rafael Soler, quien vino desde Madrid, donde gestiona el emblemático Café Comercial, para participar en el emotivo evento. Soler, tras escuchar los espléndidos discursos de sus compañeros consideró que todo estaba dicho y dio lectura a tres poemas de Francisca Aguirre, fueron: “Oficio de tinieblas”, “Nanas del desperdicio” y “Los trescientos escalones”. La voz de Soler se entrecortó en varios pasajes debido a la emoción contenida del momento.

    Como colofón al acto se proyectó en pantalla grande un vídeo realizado por Mar Gómiz de Serranos y Ángel Salguero —allí presentes— para su proyecto Poética 2.0, en el que Francisca Aguirre recita en persona su poema “Frontera”. Tras esto, y como respuesta a una pregunta formulada por un miembro del público, Guadalupe Grande afirmó que la obra pictórica de su abuelo, Lorenzo Aguirre, no descansa mayoritariamente en galerías de arte o museos, añadió que una parte importante se su obra se perdió tras su exilio, el grueso de la misma está en posesión de sus familiares y solo algunas obras concretas descansan en pinacotecas. Permitir que todas las obras de su abuelo terminen en un museo apuntó que es una de sus tareas pendientes.

    Grande sostuvo que la obra de su madre, además de un valor literario, ostenta un valor histórico indudable porque retrata a la perfección —sin ser poesía social— los problemas y preocupaciones que afectaban a la clase trabajadora española en la segunda mitad del siglo XX. Alcolea anticipó que uno de los próximos números de la colección será dedicado al novísimo José María Álvarez y sin más, agradeció a los invitados y al público asistente su presencia. El acto se cerró con una gran ovación y la firma de libros de Guadalupe Grande.

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Elena Torres presenta su nuevo poemario: “El tiempo en las clepsidras”

Crónica publicada en “Todo Literatura”:

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En la fotografía, de derecha a izquierda: Elena Torres, Vicente Barberá, Juan Luis Bedins y Mila Villanueva. Fotografía de José Antonio Olmedo López-Amor

El pasado lunes, 18 de noviembre, el foro de la Fnac de Guillén de Castro, en Valencia, acogió la presentación del decimoquinto libro publicado por la poeta valenciana Elena Torres, El tiempo en las clepsidras (Olé Libros, 2019).

    El evento, organizado por la editorial Olé Libros, llenó su aforo y contó con las intervenciones de Juan Luis Bedins (presidente de CLAVE), Vicente Barberá (coordinador del ciclo Poetas en el Ateneo) y Mila Villanueva (prologuista y presidenta de Concilyarte). Por este mismo orden, Juan Luis Bedins tomó la palabra en calidad de presentador y relató al público que conoció a Elena Torres hace veinticinco años por mediación del escritor Ricardo Llopesa, ya fallecido. Tras esto, Bedins hizo un breve repaso de publicaciones destacadas de Elena Torres, como su poemario Don de la memoria, ópera prima en la que —según sus palabras— ya demostró razones para anticipar la sólida carrera como escritora que acontecería después. Bedins presentó a Barberá y Villanueva, y a continuación cedió la palabra a Vicente.

    Vicente Barberá, como buen conocedor de la poesía japonesa, explicó que El tiempo en las clepsidras es un poemario que contiene haiku, senryu y tanka, insignes exponentes de la poesía japonesa. De los dos primeros, dijo que componen la primera parte del libro en un apartado sin distinciones entre ambos. De este modo, Barberá citó algunos de los haikus que le habían parecido más interesantes y explicó por qué el acierto y sutileza de los poemas era digna de mención. Barberá abordó el apartado de tankas de la misma manera, habló de las características que lo singularizan como poema popular japonés y a continuación dio lectura a varias piezas.

    Bedins cedió la palabra a Mila Villanueva, quien dio lectura al prólogo contenido en el libro. En su intervención, Villanueva recordó la larga tradición española de autores como Lorca, Juan Ramón o Machado, quienes junto a poetas gallegos y catalanes introdujeron y practicaron el haiku en generaciones anteriores. Puso en valor la destreza de Elena Torres como haijin decidida a plasmar un paseo contemplativo abierto al instante y sin intención, de manera breve e intensa, de forma que lo efímero del momento se convierte en inspiración. Villanueva puso énfasis en lo nostálgico y reflexivo de algunos poemas, en la presencia del tiempo y la fidelidad a algunos aspectos propios de la poesía japonesa, como la referencia estacional. Su relación de amistad con la autora hizo de su intervención un momento emotivo.

    Por su parte, la autora se dirigió al público para agradecer su presencia, así como también a los miembros de la mesa, y dio lectura a la página de agradecimientos que contiene el libro. En un alarde de agradecimiento y generosidad, Elena Torres nombró a todas y cada una de las personas de las que ha aprendido a poetizar a la manera de los japoneses. Reveló la importancia del agua en el poemario, presente en múltiples estados y formas, y contó que el tiempo de escritura del libro se prolongó durante dos años. También, contó la forma en que la idea original del poemario se gestó y bromeó con lo singular del colofón editorial al libro.

    Publicado en el número tres de la colección Nigredo, El tiempo en las clepsidras es un libro bellamente editado por Toni Alcolea, con ilustración de cubierta autoría del artista plástico José Lapasió, quien se encontraba entre el público.

    Y siguiendo con el público, también en él se encontraban escritores distinguidos como Jaime Siles, Ricardo Bellveser, Ana Noguera; novelistas como Amparo Peris y poetas como Gloria de Frutos, María José Pastor, Salomé Chulví o Elia Saneleuterio.

    Elena Torres ofreció un extenso recital acompañada por imágenes y texto proyectado en la pantalla, un momento en el que el público fue testigo del romanticismo y sensibilidad que contienen algunos de sus poemas. La poeta dedicó el recital a su madre fallecida, a su hija, allí presente, quien mostró estar visiblemente emocionada y a su futura nieta.

  Tras ello, y como colofón al acto, la autora fue sorprendida con un obsequio, una pintura enmarcada de José Lapasió, que su propio autor le entregó. Dicha obra plástica, firmada en su reverso por escritores amigos de la autora, fue una sorpresa para conmemorar los veinticinco años de fructífera y reconocida trayectoria como poeta que Elena Torres ostenta.

    Para finalizar, Bedins tomó la palabra para agradecer la masiva presencia del público y conminar a los presentes a próximos actos literarios.

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Lunes de Lírica: curso práctico de poesía japonesa

Nota de prensa publicada en “Todoliteratura.es”:

https://www.todoliteratura.es/noticia/50264/literatura/lunes-de-lirica:-curso-practico-de-poesia-japonesa.html

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Fotografía: José Antonio Olmedo López-Amor

Que la poesía japonesa, en concreto, el haiku, es algo que está de moda, es un hecho innegable. Cada vez son más las personas interesadas por conocer en qué consiste un poema tan aparentemente sencillo, por su brevedad, pero a la vez tan profundo y diferente a lo que estamos acostumbrados los occidentales. Como suele suceder, quien se acerca a algo por primera vez, más todavía cuando es a algo que para millones de personas se ha convertido en una vía espiritual, se necesita un conocimiento, una referencia rigurosa y fiable para poder comprender y valorar en su justa medida algo que aun a pesar de suscitar interés, para nosotros sigue siendo ese gran desconocido.

    Toni Alcolea, director de la editorial valenciana Olé Libros, ha puesto en marcha el ciclo “Lunes de Lírica: curso práctico de poesía japonesa”: un intento por acercar la poesía japonesa más practicada fuera de sus fronteras: haiku, senryu y tanka, al público valenciano. El emblemático espacio Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Colón, gestionado por Pau Pérez, albergará las sucesivas citas programadas para los meses de diciembre (día 3) y enero de 2019 (día 28).

    Toni Alcolea presentará los talleres, acompañado de Vicente Barberá, encargado de coordinar e intervenir en todas sus sesiones. El pasado lunes, 19 de noviembre, dio comienzo el curso con éxito de público y participación. Los escritores Antonio Mayor y Elena Torres fueron los encargados de ilustrar a los asistentes en los no fáciles entresijos del haiku japonés. La parte práctica de estos talleres hace que tras las exposiciones de los ponentes, los aspirantes a haijin puedan preguntar sus dudas y escribir y recitar sus propios haikus: algo que sin duda dinamiza y potencia el aprendizaje.

    Alcolea y su editorial, Olé Libros, se han comprometido a publicar un libro con los mejores poemas escritos durante las clases. Este tipo de iniciativas merecen todo el apoyo posible, ya que además de ser gratuitas, concentran a escritores destacados que abandonan su zona de confort para compartir su sabiduría, preservan el estilo original de formas poéticas maltratadas por mal formados practicantes y sobre todo, dan voz  y oportunidades a todas aquellas personas interesadas en aprender.

“Un yo sin mí”: Jaime Siles presenta su nueva antología poética en Valencia.

Crónica publicada en “Todoliteratura.es”:

https://www.todoliteratura.es/noticia/50241/presentaciones/un-yo-sin-mi:-jaime-siles-presenta-su-nueva-antologia-poetica-en-valencia.html

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Fotografía de Juan Luis Bedins

El pasado miércoles, 14 de noviembre, en el Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Colón, en Valencia, tuvo lugar la presentación oficial de “Un yo sin mí” (Olé Libros, 2018), la nueva antología poética de Jaime Siles (Valencia, 1951). Aclamado poeta y catedrático, además de ensayista, filólogo, traductor, crítico literario, políglota y profesor, Jaime Siles no necesita presentación entre los amantes de la poesía escrita en castellano, tanto en España, como fuera de ella.

    Siles había llegado a Valencia recientemente tras participar como jurado en el fallo del Premio Loewe de Poesía, en Madrid. El público ocupó todos los asientos del salón de actos e incluso había gente de pie. La expectación era máxima. Entre los asistentes, algunas de las plumas más destacadas de la Comunidad Valenciana, como: Blas Muñoz, María Teresa Espasa o Mar Busquets, se congregaban para disfrutar de lo que prometía ser una fiesta de la palabra.

    Acompañaron al poeta Toni Alcolea, editor de Olé Libros, los escritores Robert Archer, Rafael Soler, Bibiana Collado y Ricardo Bellveser. Alcolea fue el primero en intervenir y como era de rigor, agradeció al público su afectuosa acogida, así como al propio Jaime Siles que hubiese confiado en Olé Libros para publicar la que supone su novena antología poética. Alcolea, quien ha irrumpido en los círculos literarios valencianos con la energía de un gran proyecto editorial que abarca, novela, ensayo, poesía y certámenes literarios, ofreció algunas pinceladas de lo que engloba y representa la destacada actividad de Olé Libros.

    El anfitrión dio paso a Ricardo Bellveser, reconocido poeta, narrador y periodista valenciano, de quien hay que decir con toda justicia que fue el orador que encandiló al público, tanto por la elocuencia y pertinencia de su discurso, como por su consabida efusividad. Bellveser abordó en su intervención la original antítesis que da título a la antología: “Un yo sin mí”; y apuntó al respecto la preocupación de Jaime Siles por la identidad como tema de indagación poemática. Siguió descifrando la poética del autor de “Himnos tardíos” (1999) y lo etiquetó como «poeta del lenguaje», algo en lo que el propio Siles se reconoció más tarde, y terminó reconociéndolo como un auténtico poeta novísimo que por muchas razones debió haber figurado en la conocida antología de Castellet.

    Alcolea dio paso al hispanista Robert Archer, uno de los máximos especialistas en la obra del poeta Ausiàs March, quien desde la gran amistad que le une al poeta homenajeado habló de una anécdota muy singular que ambos vivieron con motivo de la erupción de un volcán en Islandia durante una visita de Siles por tierras británicas. Además, Archer destacó la pasión que siente y siempre ha sentido Siles por las Lenguas Clásicas, una dedicación que comparte con la Filología.

    Por su parte, la joven poeta Bibiana Collado, quien en la actualidad es profesora del Taller de Poesía de la Universidad de Valencia, tuvo palabras de agradecimiento a Jaime Siles por su generosidad con los poetas más jóvenes cuando estos se acercan a pedir su consejo. Subrayó la importancia de su magisterio como docente y reflexionó acertadamente acerca de ese yo del título de la antología que tantos comentarios suscitó.

    Por último, Rafael Soler, poeta y narrador afincado en Madrid, admiró la plena dedicación de Siles a la literatura desde que era un joven estudiante. Contó, entre otras cosas, que su precoz vocación por la poesía le llevó a compartir amistad y cartas con Vicente Aleixandre, quien se convirtió en un padre literario y referente. Añadió que su estética culturalista y esa particular revolución en el lenguaje le han permitido distinguirse y evolucionar como poeta pleno de variados matices.

    Llegó el turno de Jaime Siles y este dedicó su agradecimiento, uno por uno, a los intervinientes. Valoró muy positivamente el arrojo editorial de Toni Alcolea al apostar por la poesía valenciana; se confesó admirador de la poesía de Bibiana; alabó la precisión de los comentarios de Bellveser, quien gestionó la edición de una de sus anteriores antologías; agradeció a Archer su simpatía y sinceridad; y con referencia a Rafael Soler, además de los pertinentes agradecimientos, confesó una de las muchas cosas que ambos comparten y se puede contar: su amor por los gin tonic.

    Siles, quien se mostró distendido, agradecido y bromista, recitó algunos de sus conocidos poemas contenidos en la antología, como: “Propileo”, “Acis y Galatea” o  “Semáforos, semáforos”, pero fue al recitar un poema inspirado en la localidad de Jávea, cuando su voz se truncó por la emoción que pudo evocarle alguno de sus versos finales. Siles añadió que esta publicación representa algo especial en su trayectoria, ya que de todas las antologías editadas hasta ahora, esta es la única en la que él personalmente ha escogido los poemas; lo cual es un valor añadido al ya de por sí magnífico legado que compendia este libro.

    Debido a las muchas intervenciones de la mesa, el acto no dio para más, pero debido a la calidad de las mismas, el público se mostró conmocionado y satisfecho tras una velada espectacular que terminó con una interminable cola de lectores que esperaban una firma del autor.

“Memoria crepuscular”: un poemario de Joaquín Riñón.

Reseña publicada en “Todoliteratura.es”:

https://www.todoliteratura.es/articulo/poesia/memoria-crepuscular-autor-joaquin-rinon-rey/20180806062530048632.html

Portada

Título: Memoria crepuscular

Autor: Joaquín Riñón Rey

Editorial: Olé Libros

Género: poesía

Año de publicación: 2018

Número de páginas: 124

ISBN: 978-84-17003-88-3

Joaquín Riñón Rey (Madrid, 1943) debuta en la poesía con “Memoria crepuscular” (Olé Libros, 2018), un poemario inundado  de lucidez y nostalgia que constata la rotundidad de  su voz poética.

    No podemos afirmar fácilmente este hecho ante cualquier poeta que comienza a publicar sus primeros versos, las razones de este libro son manifiestas y varias, entre ellas: Riñón Rey vio ligada su adolescencia al teatro; se licenció y ejerció como profesor de Lengua y Literatura; ya jubilado, pudo dedicarse a cultivar la poesía y durante esta etapa y hasta nuestros días goza de la amistad y magisterio de los miembros del grupo literario El limonero de Homero —al que pertenece—, formado por los poetas y profesores: María Teresa Espasa, Blas Muñoz, Antonio Mayor y Vicente Barberá. Cuatro han sido hasta la fecha las antologías que este grupo ha publicado desde 2010 y en ellas, Riñón Rey ha ido publicando poemas que, además, muchos de ellos han sido premiados, como por ejemplo en los certámenes: Internacional de Poesía “Aldaba”, Premio de Primavera “Luis Chamizo” o el “Fiesta de la Primavera” organizado por la asociación Amigos de la Poesía de Valencia.

El propio Antonio Mayor, miembro de El limonero de Homero, es quien escribe el prólogo del libro, y lo hace de manera exhaustiva y metódica, añadiría, a todos los niveles, resultando un proemio que es la brújula perfecta para adentrarse en las profundidades del libro.

    La experiencia de una vida que ya sobrepasa las siete décadas, unida a una vocación artística que parece haber encontrado el momento idóneo para su eclosión, convierten a “Memoria crepuscular” en un libro que no debe pasar desapercibido para el amante de la buena poesía. Toni Alcolea, editor valenciano que en los últimos meses está haciendo una gran labor editorial, así lo cree y ha apostado sabiamente por la poética de este autor madrileño afincado en Valencia.

    Preguntas y recuerdos parecen fundirse en una moviola que proyecta multitud de registros: poesía metafísica, elegíaca, del silencio, y quizá entre ellos predomine además de la evocación anunciada en el título, un tono reflexivo y poco condescendiente con el desprendimiento y dolor de la historia que narra.

    El libro se estructura en seis partes que carecen de título. En la primera de ellas encontramos el poema titulado “Memoria crepuscular”, el cual coincide con el título del libro, y comprobamos que en él se sintetizan —como bien señala Antonio Mayor en su prólogo— las vigas maestras sobre las cuales el poeta edificará su discurso: presentimiento de la muerte, vacío como sinsentido o soledad, un ejercicio memorístico en el que el silencio cobrará un valor tan importante como ambivalente. En este poema, dividido en diez fragmentos, ya es manifiesta la apuesta por recuperar el valor de la adjetivación, un recurso que el poeta maneja con singular destreza reivindicando con ello su uso. Y encontramos un elemento poemático: la belleza, el cual estará presente durante el poemario pero también en su poema final. De esta manera el poeta enhebra un principio y un final, o un final y un principio —de ahí lo crepuscular—  sin necesidad de recursos forzosos, de una manera natural y circular a la manera de un macrotexto. Este poema funciona también como una suerte de metáfora, ya que la evolución argumental que se da en él va de lo físico a lo metafísico, de la evocación a la aceptación, de la vida a la muerte, exactamente de la misma forma en la que lo hará el libro.

    El segundo apartado se compone de doce poemas en los que hay una ausencia absoluta de comas. Esa decisión de prescindir de ellas es coherente con la idea de despojamiento y pérdida general del libro. Las ausencias, los vacíos, los adioses, son la confirmación de una desposesión paulatina que terminará, no solo eliminándonos, sino también borrando nuestro recuerdo, y ello se representa con la ausencia de signos como traslación de esa fuga al plano textual.

    Quizá este apartado sea el más filosófico. En el poema titulado “La ley” el poeta nos habla de lo inexorable del tiempo, no desde una perspectiva patética o quejumbrosa, sino desde la asunción madura que no muestra resistencia a aquello que le excede, y esa actitud será uno de los tonos y perspectiva generales del libro.

    Una aceptación de ese calibre hace que el poeta emplee a través del léxico recursos que transmitan esa dureza, como por ejemplo, a través de arcaísmos: soledumbre, furente —de marcada fuerza telúrica—; pero también mediante palabras a priori no poéticas utilizadas en mayor medida: informatizado, deletreado, trizada, silueteada; participios que intentan adjetivar e incluso cultismos, todo ello de manera equilibrada, sin llegar a un oscurantismo farragoso.

    Dicha asunción es representada nítidamente en el poema titulado “Caracol pensativo”. Aquí, el caracol simboliza a un ser humano, un ser elemental que se arrastra y vaga en busca de algo por un mundo inhóspito, un ser que carga con todo cuanto es y cuanto recuerda y finalmente se esconde en su concha para permanecer en su ignorancia.

    La tercera parte del poemario corresponde a un solo poema presentado en tres actos. De título “La frontera”, en él el poeta utiliza la luz y el silencio como instrumentos a través de los cuales motivar una experiencia sensorial en el hablante lírico. La mirada encuentra en el espectáculo de la naturaleza un mensaje invisible que es todavía complejo de descifrar pero muy fácil de intuir: «Las piedras y peñascos / —informes, sin medida— / otorgan su verdad / de pedernales siglos».

    La luz seguirá siendo un protagonista importante en el cuarto apartado. En el poema titulado “Las luces de mi casa vacía” el poeta habla de varias luces de naturaleza diferente, y ya sea natural o artificial, siempre advierte en ella connotaciones positivas: « […] luz donde me refugio / de las espumas que no alientan, / y de la voz / de los fantasmas / que me destruyen». Esa acusación a la virulencia de los fantasmas no es otra cosa que la dentellada de la memoria, el dolor que provoca recordar seres queridos y quedar en soledad, en una soledad reflexiva frente a su ausencia.

    Será la reflexión y sensaciones por lo evocado y lo perdido aquello que propiciará que dicha luz trascienda en música: «Canción indescifrable, luz de cáliz / volcada para el credo, / música de himno ambiguo». Y esa música se abre paso al plano textual a través de aliteraciones, como en estos versos: « […] luz de lucidez cósmica / en el convulso pálpito del pulso […] ». La liquidez de su sonoridad devela un curso aéreo que el lector percibe subliminalmente merced a la versatilidad técnica del poeta.

    La apuesta formal del poemario no escoge una métrica concreta, en la blancura de los versos predomina una combinación de versos imparisílabos que oscila entre los endecasílabos, heptasílabos y alejandrinos en menor medida, frente a la supremacía del eneasílabo. La gama de recursos retóricos del poeta es amplia, desde el encabalgamiento abrupto a la antítesis y el hipérbaton, pasando por aposiciones, elipsis e hipérboles. El poemario está plagado de imágenes sugerentes y referencias a poetas admirados, como Cernuda o Juan de la Cruz, su lectura deja un poso de dolor y escepticismo a partes iguales.

    En el poema titulado “Meditación” encontramos una estrofa que resume a la perfección la esencia del poemario, un pasaje en el que la belleza se revela como vía purificadora del alma:

Ungido por el óleo divino

de esta canción de entera luz,

se idealiza mi nostalgia

 —necesario aparejo

para mi mente reflexiva—;

se extrema el mundo de mis sensaciones

purificándose con la belleza,

aunque nos comunique su expresión

con símbolos de diferente nombre.

    La zona crepuscular o batial del océano es una de las capas en las que la luz comienza a palidecer, un mundo nubloso, preámbulo a la zona abisal, donde hay una completa ausencia de luz. Los versos de Memoria crepuscular parecen haber sido concebidos en dicha zona espiritual, pero durante una caída libre hacia la zona hadal, la latitud más profunda y fría de la memoria y de la vida. Encontramos pesimismo, cierto, pero es más serena y fuerte la aceptación del destino que la queja vacía o el sentimentalismo.

    La quinta parte del libro a través de sus juegos metaliterarios muestra a las claras su postura combativa, resiliencia como actitud para dignificar el dolor. Aquí la escritura se adensa, los poemas se expanden y el poeta se vacía en cuerpo y letra antes de rematar su obra con un tríptico marítimo.

    Su poética cobra vigor al abrazar lo inevitable: «Y así mi pensamiento es mirada que siente / lo permanente como irrevocable»,  y sigue viviendo y poetizando hasta agotar el alma. El ritmo, el silencio, la mirada o la divagación, irán vertebrando poemas reflexivos hasta llegar al poema titulado “Un buen día”. Aquí, un rotundo optimismo desborda las estrofas y convierte a los versos en una oración, en un himno que el poeta grita y esculpe en la piedra de todas las losas: « […] romperemos la luz de la ignorancia / de aquellos que no quieren ver / la floración cuando abre su fruto entre las piedras».

    Una cita de Virgilio: «Y el dolor por fin dejó pasar su voz», como pórtico a la sexta y última parte del libro nos previene de la transformación, de la transición a la transparencia de una conciencia que por más atravesada y rota que se encuentre no implora clemencia.

    El mar, su grandeza y ambigüedad naturales son la metáfora escogida por el poeta para representar en tres partes la culminación de su obra. Ese mar de profundidad crepuscular ofrece la música en el rumor de sus olas, la paz, cuando está en calma, o la furia en su tormenta; todo un mundo de vida sobrevive bajo su superficie y sus profundidades siguen siendo temidas y misteriosas. Ese mar se transforma en un mar de sábanas, medicamentos y agujas en el poema “Mar cerrado”, la voz de la sangre explorando sus límites pone contra las cuerdas, hiere y amenaza a toda esperanza de vida.

    “Muerte en la Malvarrosa” es un estremecedor colofón, cual homenaje a la película Muerte en Venecia, del cineasta italiano Luchino Visconti, ya que el hablante lírico observa a unas muchachas jugar en la orilla de una playa mientras se siente herido de muerte, analogía perfecta de la escena final protagonizada en la película por  Gustav von Aschenbach (alter ego del hablante lírico) y Tadzio (belleza idealizada encarnada en un joven). Frases intertextuales aparecen en cursiva para fortalecer esa imagen de la playa cuyo oxímoron humano nos parece escuchar al ritmo del famoso Adagietto de Gustav Mahler: « […] aquel que ha contemplado la belleza / está condenado a seducirla o morir […] ». Y en este punto comprendemos todo el dramatismo que supone la disquisición estético-filosófica acerca del adiós a la juventud y la belleza, y lo que algunos podrían interpretar como una oda a la pedofilia no es más que el doloroso fin de una era, el réquiem de un soñador que deja intacto su sueño y esa gota de sudor que recorre la sien del moribundo sabemos, por Dirk Bogarde, que es sangre.

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Joaquín Riñón Rey