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Crónica publicada en “Todo Literatura”:

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En la fotografía, de derecha a izquierda: Ricardo Bellveser, Guadalupe Grande, Jaime Siles y Rafael Soler. Fotografía de José Antonio Olmedo López-Amor

El pasado martes, 24 de septiembre, tuvo lugar en el salón de actos de Fnac, san Agustín (Valencia), la presentación oficial del libro número 300 editado por la editorial valenciana Olé Libros. Toni Alcolea, cabeza visible y responsable de este proyecto editorial, agradeció al público asistente su respuesta masiva, incluyendo en él a muchos de los escritores que forman parte de esa gran familia que es Olé Libros. También agradeció la colaboración de personas que no son publicadas en la editorial pero de algún modo colaborativo participan en ella.

    Alcolea reveló el título y la autora del paradigmático número 300 —si tenemos en cuenta que dicha editorial nació en 2012—, el cual no podía ser más atractivo y pertinente para los lectores de poesía valencianos: ni más ni menos que “Prenda de abrigo”, una antología poética de Francisca Aguirre. Como es sabido, Aguirre fue Premio Nacional de Poesía en 2011, Premio Nacional de las Letras Españolas en 2018 y ha sido y es por derecho propio una de las voces líricas más importantes, no solo de Valencia, sino a nivel nacional.

     La pertinencia de esta publicación es clara, además de por su calidad artística, Aguirre falleció el pasado 13 de abril a los ochenta y ocho años de edad, por lo que la presentación, además de tener visos de homenaje, sirvió para reivindicar la valía de una poesía y una autora de las que todos destacan su sensibilidad y humildad.

Guadalupe Grande, hija de Francisca Aguirre y del también poeta Félix Grande, participa en la selección y prólogo de esta magnífica edición. Su presencia en el acto fue de lo más acertado, pues al ser testigo directo de la vida de Paca —tal como la llamaban sus amigos— pudo ilustrar a los presentes con la narración de muchas anécdotas que provocaron en el público asombro y emotividad.

   Una de esas vivencias fue la captura y asesinato de Lorenzo Aguirre, padre de Francisca, a su regreso a España tras el exilio provocado por la Guerra Civil. Como es natural, este episodio marcaría para siempre la vida de Francisca Aguirre, pues quedó huérfana a los doce años de edad. De Lorenzo se destacó su destreza como caricaturista y su vocación como pintor, arte que heredó Jesusa, otra de sus tres hijas.

    Guadalupe Grande prosiguió en su disertación y comento, entre otras cosas, que le sorprende un hecho, y es que en la calle de Madrid donde Francisca Aguirre vivió desde 1940, en lugar de haber una placa conmemorativa con su nombre, la hay a nombre de Félix Grande, su padre. Aunque poco después explicó que dada la efervescente actividad literaria de su padre: flamencólogo reputado que daba conferencias y escribía ensayos, poeta que frecuentaba tertulias, recitales y dirigía una revista y la casi nula vida social de Francisca podría explicar hechos como este. Guadalupe, en un simpático arranque de sinceridad comentó a este respecto: «todo ocurrirá a su debido destiempo».

     Grande aseguró que su madre se sentía muy a gusto al saber que la reconocían como poeta machadiana, la perspectiva del tiempo y su notoriedad como poeta la convirtieron en la representante de una generación silenciada por las duras circunstancias, primero, de la posguerra, y después del franquismo. Como poeta-isla, y no adscrita a ninguna promoción por decisión propia, Aguirre construyó en el tiempo una trayectoria literaria tan importante o más que la de su marido, concluyó Guadalupe.

    Llegó el turno de Ricardo Bellveser, poeta y periodista valenciano que fue amigo cercano de Francisca Aguirre. En su turno de palabra, Ricardo puso en valor la compleja sencillez de la poesía de Paca, su desnudez, sinceridad y hondura. Comentó que fue una poeta tardía a la que no le preocupaba figurar en el panorama literario sino escribir sus vivencias y reflexiones para dar fiel testimonio de su paso por el mundo. Añadió que su debut en la poesía fue con una reflexión sobre el concepto de mito clásico, pero después fue decantándose por una poesía reivindicativa y existencialista.

    Por su parte, Jaime Siles, catedrático, filólogo y profesor de Lenguas Clásicas, recordó que junto a Ricardo Bellveser viajó en su día en coche para asistir al entierro de Félix Grande. Comentó que Félix Grande le invitó a su casa y Paca le atendió con su generosa hospitalidad. Siles coincidió en alguna ocasión con Aguirre, ambos, como jurados literarios. Y sobre la poesía de Paca subrayó su capacidad testimonial, su vocación de entrega: «La poesía de Paca no deja fuera al lector, lo mete dentro y ese es uno de sus principales atractivos».

    El tercer y último invitado fue el novelista y poeta Rafael Soler, quien vino desde Madrid, donde gestiona el emblemático Café Comercial, para participar en el emotivo evento. Soler, tras escuchar los espléndidos discursos de sus compañeros consideró que todo estaba dicho y dio lectura a tres poemas de Francisca Aguirre, fueron: “Oficio de tinieblas”, “Nanas del desperdicio” y “Los trescientos escalones”. La voz de Soler se entrecortó en varios pasajes debido a la emoción contenida del momento.

    Como colofón al acto se proyectó en pantalla grande un vídeo realizado por Mar Gómiz de Serranos y Ángel Salguero —allí presentes— para su proyecto Poética 2.0, en el que Francisca Aguirre recita en persona su poema “Frontera”. Tras esto, y como respuesta a una pregunta formulada por un miembro del público, Guadalupe Grande afirmó que la obra pictórica de su abuelo, Lorenzo Aguirre, no descansa mayoritariamente en galerías de arte o museos, añadió que una parte importante se su obra se perdió tras su exilio, el grueso de la misma está en posesión de sus familiares y solo algunas obras concretas descansan en pinacotecas. Permitir que todas las obras de su abuelo terminen en un museo apuntó que es una de sus tareas pendientes.

    Grande sostuvo que la obra de su madre, además de un valor literario, ostenta un valor histórico indudable porque retrata a la perfección —sin ser poesía social— los problemas y preocupaciones que afectaban a la clase trabajadora española en la segunda mitad del siglo XX. Alcolea anticipó que uno de los próximos números de la colección será dedicado al novísimo José María Álvarez y sin más, agradeció a los invitados y al público asistente su presencia. El acto se cerró con una gran ovación y la firma de libros de Guadalupe Grande.

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Crónica publicada en “Todo Literatura”:

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En la fotografía, de derecha a izquierda: Elena Torres, Vicente Barberá, Juan Luis Bedins y Mila Villanueva. Fotografía de José Antonio Olmedo López-Amor

El pasado lunes, 18 de noviembre, el foro de la Fnac de Guillén de Castro, en Valencia, acogió la presentación del decimoquinto libro publicado por la poeta valenciana Elena Torres, El tiempo en las clepsidras (Olé Libros, 2019).

    El evento, organizado por la editorial Olé Libros, llenó su aforo y contó con las intervenciones de Juan Luis Bedins (presidente de CLAVE), Vicente Barberá (coordinador del ciclo Poetas en el Ateneo) y Mila Villanueva (prologuista y presidenta de Concilyarte). Por este mismo orden, Juan Luis Bedins tomó la palabra en calidad de presentador y relató al público que conoció a Elena Torres hace veinticinco años por mediación del escritor Ricardo Llopesa, ya fallecido. Tras esto, Bedins hizo un breve repaso de publicaciones destacadas de Elena Torres, como su poemario Don de la memoria, ópera prima en la que —según sus palabras— ya demostró razones para anticipar la sólida carrera como escritora que acontecería después. Bedins presentó a Barberá y Villanueva, y a continuación cedió la palabra a Vicente.

    Vicente Barberá, como buen conocedor de la poesía japonesa, explicó que El tiempo en las clepsidras es un poemario que contiene haiku, senryu y tanka, insignes exponentes de la poesía japonesa. De los dos primeros, dijo que componen la primera parte del libro en un apartado sin distinciones entre ambos. De este modo, Barberá citó algunos de los haikus que le habían parecido más interesantes y explicó por qué el acierto y sutileza de los poemas era digna de mención. Barberá abordó el apartado de tankas de la misma manera, habló de las características que lo singularizan como poema popular japonés y a continuación dio lectura a varias piezas.

    Bedins cedió la palabra a Mila Villanueva, quien dio lectura al prólogo contenido en el libro. En su intervención, Villanueva recordó la larga tradición española de autores como Lorca, Juan Ramón o Machado, quienes junto a poetas gallegos y catalanes introdujeron y practicaron el haiku en generaciones anteriores. Puso en valor la destreza de Elena Torres como haijin decidida a plasmar un paseo contemplativo abierto al instante y sin intención, de manera breve e intensa, de forma que lo efímero del momento se convierte en inspiración. Villanueva puso énfasis en lo nostálgico y reflexivo de algunos poemas, en la presencia del tiempo y la fidelidad a algunos aspectos propios de la poesía japonesa, como la referencia estacional. Su relación de amistad con la autora hizo de su intervención un momento emotivo.

    Por su parte, la autora se dirigió al público para agradecer su presencia, así como también a los miembros de la mesa, y dio lectura a la página de agradecimientos que contiene el libro. En un alarde de agradecimiento y generosidad, Elena Torres nombró a todas y cada una de las personas de las que ha aprendido a poetizar a la manera de los japoneses. Reveló la importancia del agua en el poemario, presente en múltiples estados y formas, y contó que el tiempo de escritura del libro se prolongó durante dos años. También, contó la forma en que la idea original del poemario se gestó y bromeó con lo singular del colofón editorial al libro.

    Publicado en el número tres de la colección Nigredo, El tiempo en las clepsidras es un libro bellamente editado por Toni Alcolea, con ilustración de cubierta autoría del artista plástico José Lapasió, quien se encontraba entre el público.

    Y siguiendo con el público, también en él se encontraban escritores distinguidos como Jaime Siles, Ricardo Bellveser, Ana Noguera; novelistas como Amparo Peris y poetas como Gloria de Frutos, María José Pastor, Salomé Chulví o Elia Saneleuterio.

    Elena Torres ofreció un extenso recital acompañada por imágenes y texto proyectado en la pantalla, un momento en el que el público fue testigo del romanticismo y sensibilidad que contienen algunos de sus poemas. La poeta dedicó el recital a su madre fallecida, a su hija, allí presente, quien mostró estar visiblemente emocionada y a su futura nieta.

  Tras ello, y como colofón al acto, la autora fue sorprendida con un obsequio, una pintura enmarcada de José Lapasió, que su propio autor le entregó. Dicha obra plástica, firmada en su reverso por escritores amigos de la autora, fue una sorpresa para conmemorar los veinticinco años de fructífera y reconocida trayectoria como poeta que Elena Torres ostenta.

    Para finalizar, Bedins tomó la palabra para agradecer la masiva presencia del público y conminar a los presentes a próximos actos literarios.

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Crónica publicada en “Todoliteratura”:

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Fotografía de I. Piñol. En la foto Juan Luis Bedins, María Teresa Espasa, Mar Busquets y Elena Torres

Fotografía de I. Piñol. De derecha a izquierda: Elena Torres, Mar Busquets, María Teresa Espasa y Juan Luis Bedins.

El pasado miércoles, 3 de julio, en el salón de actos de la Fnac (San Agustín), en Valencia, tuvo lugar un acto literario de primer nivel convocado por CLAVE (Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios). La poeta valenciana María teresa Espasa fue invitada a ofrecer un encuentro-recital basado en toda su trayectoria literaria. Juan Luis Bedins, como presidente de CLAVE, poeta y amigo de la artista convocada, resultó un presentador de lujo, pues como él mismo comentó, a Espasa le une varias décadas de amistad y un sinfín de anécdotas y complicidades.

    A partir de las siete de la tarde el público fue ocupando sus puestos en un foro que se llenó casi por completo. Teniendo en cuenta que el evento tuvo lugar durante la primera semana de julio y las altas temperaturas que sofocaban buena parte de la Comunidad Valenciana, podemos decir que el acto fue un rotundo éxito de asistencia.

Fotografía de I. Piñol

Fotografía de I. Piñol

    La importancia de Teresa Espasa pudo apreciarse, no solo en la cantidad de público que se congregó a escucharla, sino también en la calidad del mismo. Escritores como Ricardo Bellveser, Blas Muñoz, Ángel Calpe, José Antonio Mateo Albeldo, José Lapasió, Roger Swanzy, Vicente Barberá, Ana Fernández de Córdova, Miguel García Casas e Isabel Oliver se dieron cita para arropar a la gran dama de la poesía valenciana.

    Juan Luis Bedins comenzó el acto entrevistando cercanamente y de manera excelente a la autora de Tanto y tanto silencio (Vitruvio, 2014). De esta manera pudimos conocer parte de la extensa carrera, no solo literaria, sino periodística, docente y cultural —con letras mayúsculas— de la autora convocada. Las preguntas de Bedins sirvieron para dar a conocer al público la etapa radiofónica de María Teresa Espasa, hace ya algunos años, al frente de un programa cultural que se emitía a través de la Cadena COPE. Así como también conocimos la dilatada labor como editora de María Teresa Espasa al frente del sello Página Cero Ediciones, todavía activo, y de la revista literaria Corondel, ya desaparecida, pero en proyecto de recuperación.

   La sabiduría y buen hacer de Juan Luis Bedins hizo posible conocer que la poeta invitada es fundadora de la Tertulia Literaria La Buhardilla, asociación a través de la cual realizó seminarios, encuentros y premios de poesía; precisamente, Mar Busquets, quien se encontraba allí presente, fue la ganadora de la única edición del premio de poesía que María Teresa Espasa convocó en 1991, como resultado, Busquets publicó su primer poemario La pausa.

   Bedins siguió entrevistando a Teresa Espasa y así la poeta evocó los tiempos en los que gestionaba eventos y presentaciones para El Corte Inglés, ciclo por el que pasaron muchos de los mejores poetas valencianos y no valencianos y que cristalizó con la publicación de los famosos Pliegos de Ítaca.

  A Bedins y a Espasa acompañaron las escritoras Mar Busquets y Elena Torres, destacadas voces poéticas valencianas que compartieron con el público las particulares experiencias que desde hace muchos años comparten con la autora. Asimismo, ambas poetas leyeron poemas de Teresa Espasa antes de retirarse por motivos de agenda.

  Miguel García Casas, profesor de declamación, profesor de Biología y artista polifacético, demostró con su impresionante intervención —leyó un relato contenido en el libro El laberinto de Venus (Lastura, 2017) — que Teresa Espasa no deja de ser poeta ni cuando escribe narrativa.

    Bedins dio paso al poeta valenciano Blas Muñoz Pizarro, quien emocionado agradeció a la poeta haberle abierto las puertas de la literatura valenciana cuando este decidió regresar a la escritura allá por el año 2006. Blas Muñoz forma parte junto a Teresa Espasa, Vicente Barberá, Antonio Mayor y Joaquín Riñón, poeta recientemente desaparecido, del grupo literario El limonero de Homero, hermandad ya ilustre en la capital del Turia que proyecta en breve la aparición de su quinta antología. Muñoz Pizarro dio lectura a un poema inédito en libro de Teresa Espasa que dejó de serlo al ser publicado en la revista valenciana de poesía Crátera, publicación para la cual Blas Muñoz tuvo efusivos elogios.

    Ana Fernández de Córdova acertó en su intervención al señalar que este acto adquirió tintes de homenaje, dada la relevancia cultural y humana de Teresa Espasa y debido a las constantes muestras de cariño y admiración de las personas intervinientes.

    El artista polifacético José Carlos Lloréns, quien se encargó además de dar testimonio gráfico del evento a través de sus fotografías, también intervino y dedicó unas palabras a Teresa Espasa, momento que culminó con la lectura de uno de sus poemas.

   Representando a la Casa de Chile en Valencia intervinieron Noemí Lagos (su presidenta) y Alicia Flores, quienes también leyeron textos de Teresa Espasa y comentaron uno de los últimos proyectos literarios de la autora valenciana. Y no es otro que la antología hispanochilena Puente de Poesía (Hispanochilena Ediciones, 2019) recientemente presentada en la Universidad de Valencia, en la que participan poetas chilenos convocados por Amely Duavauchelle y poetas españoles invitados por María Teresa Espasa.

    Bedins colocó acertadamente a Teresa Espasa en la lista de ilustres poetas valencianas, como: Amalia Fenollosa, Francisca Aguirre o María Beneyto, pero la comentada y conocida entrega humana de Espasa durante varias décadas, promocionando, descubriendo, forjando e incluso patrocinando a poetas la distinguen por su dimensión humana del resto: algo que sin duda engrandece su figura y contribuye a construir su condición de institución de las letras valencianas.

    La propia María Teresa Espasa dio lectura a uno de sus poemas y se dio concluido el acto, seguido de una fuerte ovación del público.

Crónica publicada en “Todoliteratura.es”:

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Fotografía de Juan Luis Bedins

El pasado miércoles, 14 de noviembre, en el Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Colón, en Valencia, tuvo lugar la presentación oficial de “Un yo sin mí” (Olé Libros, 2018), la nueva antología poética de Jaime Siles (Valencia, 1951). Aclamado poeta y catedrático, además de ensayista, filólogo, traductor, crítico literario, políglota y profesor, Jaime Siles no necesita presentación entre los amantes de la poesía escrita en castellano, tanto en España, como fuera de ella.

    Siles había llegado a Valencia recientemente tras participar como jurado en el fallo del Premio Loewe de Poesía, en Madrid. El público ocupó todos los asientos del salón de actos e incluso había gente de pie. La expectación era máxima. Entre los asistentes, algunas de las plumas más destacadas de la Comunidad Valenciana, como: Blas Muñoz, María Teresa Espasa o Mar Busquets, se congregaban para disfrutar de lo que prometía ser una fiesta de la palabra.

    Acompañaron al poeta Toni Alcolea, editor de Olé Libros, los escritores Robert Archer, Rafael Soler, Bibiana Collado y Ricardo Bellveser. Alcolea fue el primero en intervenir y como era de rigor, agradeció al público su afectuosa acogida, así como al propio Jaime Siles que hubiese confiado en Olé Libros para publicar la que supone su novena antología poética. Alcolea, quien ha irrumpido en los círculos literarios valencianos con la energía de un gran proyecto editorial que abarca, novela, ensayo, poesía y certámenes literarios, ofreció algunas pinceladas de lo que engloba y representa la destacada actividad de Olé Libros.

    El anfitrión dio paso a Ricardo Bellveser, reconocido poeta, narrador y periodista valenciano, de quien hay que decir con toda justicia que fue el orador que encandiló al público, tanto por la elocuencia y pertinencia de su discurso, como por su consabida efusividad. Bellveser abordó en su intervención la original antítesis que da título a la antología: “Un yo sin mí”; y apuntó al respecto la preocupación de Jaime Siles por la identidad como tema de indagación poemática. Siguió descifrando la poética del autor de “Himnos tardíos” (1999) y lo etiquetó como «poeta del lenguaje», algo en lo que el propio Siles se reconoció más tarde, y terminó reconociéndolo como un auténtico poeta novísimo que por muchas razones debió haber figurado en la conocida antología de Castellet.

    Alcolea dio paso al hispanista Robert Archer, uno de los máximos especialistas en la obra del poeta Ausiàs March, quien desde la gran amistad que le une al poeta homenajeado habló de una anécdota muy singular que ambos vivieron con motivo de la erupción de un volcán en Islandia durante una visita de Siles por tierras británicas. Además, Archer destacó la pasión que siente y siempre ha sentido Siles por las Lenguas Clásicas, una dedicación que comparte con la Filología.

    Por su parte, la joven poeta Bibiana Collado, quien en la actualidad es profesora del Taller de Poesía de la Universidad de Valencia, tuvo palabras de agradecimiento a Jaime Siles por su generosidad con los poetas más jóvenes cuando estos se acercan a pedir su consejo. Subrayó la importancia de su magisterio como docente y reflexionó acertadamente acerca de ese yo del título de la antología que tantos comentarios suscitó.

    Por último, Rafael Soler, poeta y narrador afincado en Madrid, admiró la plena dedicación de Siles a la literatura desde que era un joven estudiante. Contó, entre otras cosas, que su precoz vocación por la poesía le llevó a compartir amistad y cartas con Vicente Aleixandre, quien se convirtió en un padre literario y referente. Añadió que su estética culturalista y esa particular revolución en el lenguaje le han permitido distinguirse y evolucionar como poeta pleno de variados matices.

    Llegó el turno de Jaime Siles y este dedicó su agradecimiento, uno por uno, a los intervinientes. Valoró muy positivamente el arrojo editorial de Toni Alcolea al apostar por la poesía valenciana; se confesó admirador de la poesía de Bibiana; alabó la precisión de los comentarios de Bellveser, quien gestionó la edición de una de sus anteriores antologías; agradeció a Archer su simpatía y sinceridad; y con referencia a Rafael Soler, además de los pertinentes agradecimientos, confesó una de las muchas cosas que ambos comparten y se puede contar: su amor por los gin tonic.

    Siles, quien se mostró distendido, agradecido y bromista, recitó algunos de sus conocidos poemas contenidos en la antología, como: “Propileo”, “Acis y Galatea” o  “Semáforos, semáforos”, pero fue al recitar un poema inspirado en la localidad de Jávea, cuando su voz se truncó por la emoción que pudo evocarle alguno de sus versos finales. Siles añadió que esta publicación representa algo especial en su trayectoria, ya que de todas las antologías editadas hasta ahora, esta es la única en la que él personalmente ha escogido los poemas; lo cual es un valor añadido al ya de por sí magnífico legado que compendia este libro.

    Debido a las muchas intervenciones de la mesa, el acto no dio para más, pero debido a la calidad de las mismas, el público se mostró conmocionado y satisfecho tras una velada espectacular que terminó con una interminable cola de lectores que esperaban una firma del autor.

Reseña publicada en “Revista de Letras”:

http://revistadeletras.net/antonio-rodriguez-encontrar-la-verdadera-poesia/

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Título: La sociedad secreta de los poetas. Estéticas diferenciales de la poesía española contemporánea

Autor: Antonio Rodríguez Jiménez

Editorial: Ediciones Carena

Género: ensayo

Año de publicación: 2017

Número de páginas: 591

ISBN: 978-84-16843-94-7

Escuché una vez en cierta presentación literaria sucedida en Valencia unas palabras del poeta Jaime Siles en las que evidenciaba su desconfianza por la poesía de los grandes premios o la abanderada por la oligarquía de las grandes editoriales: «a la verdadera poesía hay que encontrarla». En aquel entonces, puso como ejemplo uno de los mayores descubrimientos líricos de su vida, encontrar la poesía de Manuel Álvarez Ortega. La lectura de Dios de un día cuando era adolescente supuso algo deslumbrante y transformador que lo motivó, no solo a viajar y conocer en persona a Álvarez Ortega, sino a consagrarse a una palabra poética que parecía contener muchas más cosas de las que aparentaba. Librerías de viejo, mercadillos o pequeñas editoriales con apenas distribución siguen siendo a día de hoy importantes caladeros en los que hallar poesía verdadera.

    Jaime Siles es, muy acertadamente, uno de los 48 poetas que Antonio Rodríguez Jiménez (Córdoba, 1956) reúne en La sociedad secreta de los poetas (Ediciones Carena, 2017), un libro necesario por cuanto salvaguarda de la poesía y los poetas que de ella han hecho su vida y no siempre han sido reconocidos en su justa medida ni a tiempo, lleva a cabo. También está incluido —y no por casualidad— Manuel Álvarez Ortega, un poeta ya desaparecido al que es justo invitar a descubrir.

   Antonio Rodríguez Jiménez es doctor en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, además de licenciado en Filología Hispánica y periodista: profesión, esta última, que lo llevó a ejercer el periodismo cultural durante más de tres décadas. Director de la revista Cuadernos del Sur, es a través de su experiencia al frente de este mítico foro, y de otras experiencias, como la de dirigir el Instituto Cervantes de Fez (Marruecos), que Rodríguez Jiménez estructura y va vehiculando un discurso ensayístico a través de artículos breves y bien cohesionados.

    Ya en la contraportada del libro se nos advierte de que este libro es un acercamiento crítico a la obra de 48 poetas nacidos en el siglo XX y seleccionados bajo un criterio de calidad diferente. Poetas-isla a los que algunos pueden considerar consagrados y reconocidos, pero el talante reivindicador de Rodríguez Jiménez destaca de ellos, además, su autenticidad y creatividad insobornables. El periodo temporal cubierto por este estudio son los ochenta años comprendidos desde la última gran generación española de poetas (1927) hasta la actualidad.

    Hemos dicho «calidad diferente» porque ese es otro de los rasgos que caracterizan este estudio. No hay que olvidar que su autor fue uno de los poetas fundadores del movimiento después conocido como Poesía de la Diferencia. Desde esa perspectiva, la de un defensor de la poesía plural y libre, Rodríguez Jiménez acomete la tarea de escribir las semblanzas de 48 poetas, precedidas por más de 90 páginas de reflexión crítica sobre el asunto, latitud del libro verdaderamente interesante, no solo por lo que contiene, sino por la valentía y claridad con las que está expresado.

    A continuación, paso a enumerar todos los autores compendiados, ya que me parece un dato interesante hacia sus futuros lectores, para después comentar esa extensa introducción, la cual nos permite conocer el cariz lírico e ideológico de Rodríguez Jiménez: Rafael Alberti, Rafael Álvarez Merlo, Manuel Álvarez Ortega, Blanca Andréu, Julio Aumente, Enrique Badosa, Ricardo Bellveser, Juan Bernier, Guillermo Carnero, Francisco Carrasco Heredia, Antonio Carvajal, Juana Castro, Carlos Clementson, Antonio Colinas, Pedro J. de la Peña, Leopoldo de Luis, Carlos Edmundo de Ory, Fernando de Villena, Antonio Enrique, Domingo F. Faílde, Antonio Gala, Antonio Gamoneda, Pablo García Baena, Ángel García López, Concha García, Rafael Guillén, Antonio Hernández, José Hierro, Luis Jiménez Martos, Manuel Jurado López, Concha Lagos, Mario López, José Lupiáñez, Manuel Mantero, José de Miguel, Ricardo Molina, José Antonio Muñoz Rojas, Vicente Núñez, María Antonia Ortega, Rafael Pérez Estrada, Fernando Quiñones, Manuel Ríos Ruiz, Pedro Rodríguez Pacheco, Claudio Rodríguez, Mariano Roldán, Eduardo Scala, Jaime Siles y Rafael Soto Vergés.

    Sorprende, a primera vista, lo descompensado entre autores y autoras en cuanto a cantidad. Pero a decir verdad, toda antología es incompleta. Hay que poner en valor, en cambio, el afán recuperador de Rodríguez Jiménez, quien entiende entre las funciones del crítico literario la de corregir —en la medida de lo posible— los olvidos naturales y no tan naturales del sistema.

    Rodríguez Jiménez señala en su introducción de casi cien páginas, que poetas como José Ángel Valente ya criticaron en su momento el afán reduccionista y monopolizador de grupos literarios que pretendían ser modelos de una nueva tradición: « […] la poesía es una aventura rigurosamente individual, de una soledad equiparable a la del corredor de fondo». No duda en poner nombres y apellidos a quienes considera realizan funciones de lobby. Una de esas sociedades secretas —en el sentido más romántico del término— es la constituida como Poesía de la Experiencia en los años 80, formada por Juan Carlos Rodríguez, Javier Egea, Antonio Jiménez Millán, Álvaro Salvador y Luis García Montero. Como acólitos a este grupo Rodríguez Jiménez menciona a Benjamín Prado, Luis Muñoz, Álvaro García, Carlos Marzal, Felipe Benítez Reyes e Inmaculada Mengíbar. Reconoce en Montero al líder con poder y posible autor intelectual de un expolio que no solo afecta a la repercusión de una estética en los medios de comunicación, sino a toda una corruptela de premios literarios y procedimientos oscuros para favorecer el ascenso de unos autores en detrimento de otros.

    Frente a un tipo de poesía oficialista, uniformada y estereotipada, se defiende desde las páginas de Cuadernos de Sur en 1986 una poesía libre, heterogénea y universal, que no atienda específicamente a modas, sino que permita que todo tenga cabida y que sea el criterio de la originalidad y profundidad el único que se imponga.

    Con el objetivo de articular una oposición a estos hechos denunciados se abrió un campo de discusión en la revista Cuadernos del Sur. Constantes son las referencias y alusiones de Rodríguez Jiménez a artículos allí publicados que van dando la réplica a su discurso, además de ampliar las líneas de observación. El autor reconoce que los poetas no son una raza gregaria por naturaleza, aunque en la actualidad muchos lo sean, y subraya que la responsabilidad de cambiar el mundo pesa sobre los hombros de media docena de poetas, a los que no nombra, y se refiere a ellos como francotiradores y unicornios.

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Antonio Rodríguez Jiménez

    Atención especial se presta a dos poetas-críticos que tratan —según Rodríguez Jiménez— de emular a Castellet: Luis Antonio de Villena y José Luis García Martín. A través de sus antologías y estudios el autor va dibujando un trayecto literario-temporal en el que aparecen otras tendencias, como la escuela de Trieste, formada por: Andrés Trapiello, Juan Manuel Bonet, Ángel Rupérez, Ángel Guache, Ramón Andrés, Julio Llamazares, José Carlón, Juan Carlos Mestre o Julio Martínez Mesanza; también los poetas pertenecientes al Neosurrealismo: Blanca Andréu, Fernando Beltrán, Amalia Iglesias, Pedro Casariego Córdoba, Ángel Muñoz Petisme, Francisco Serradilla o Luisa Castro. Asimismo hará lo propio con las nóminas del Minimalismo, Tradicionalismo, poesía elegíaca y metafísica.

    En el apartado titulado “Crisis de autenticidad creativa” Rodríguez Jiménez pone el dedo en la llaga al afirmar que la poesía española a principios de los años 90 se encuentra en un atolladero repetitivo con falta de nervio expresivo y languidez creadora, para ello se apoya en tesis de otros dos críticos: Antonio Garrido y Juan José Lanz, quienes certifican ese estado comatoso diagnosticando sus efectos y causas. Un artículo de Lanz, titulado “La poesía sin experiencia” da pie a una afirmación que denunciaba el conservadurismo del modelo estético predominante: «En ningún momento de nuestra historia de la poesía de este siglo se había conseguido estar más alejado del devenir del mundo moderno».

    Una de las secciones de la citada revista Cuadernos del Sur fue “Antología consultada de poetas no clónicos” (1992), en ella, Rodríguez Jiménez entrevistaba a poetas acerca del estado actual de la poesía, aquella experiencia fraguó en la publicación de un libro y en el epígrafe «poetas clónicos» para identificar a todos aquellos poetas de obra epigonal que se refugiaban bajo la etiqueta neorrealista:

    Por el contrario, el poeta no clónico es el que se distingue de los demás por su voz auténtica, porque es genuino, tiene personalidad propia, siente y vibra por sí mismo. No es el eco ni la copia de nadie y se distingue por su propia coherencia, no detenta parcela de poder alguna, no está de moda, no practica la oficialidad, ni medra.

    Con una media de cinco páginas por ambas caras para cada autor seleccionado, el espacio literario se presta óptimo para esbozar los caracteres generales de una obra, o comentar puntos concretos de un texto o biografía, sin embargo, la actitud de estos artículos es quizá demasiado generalista y abarcadora con relación a su extensión, y por ello, cuanto gana en diversidad lo pierde en profundidad. En cualquier caso, de cada autor escogido se apuntan características interesantes y puntos de vista subjetivos e historicistas, suficientes como para incitar al lector a averiguar más datos de los autores y obras comentadas.

    Hay que dejar claro que Rodríguez Jiménez, como buen cordobés, pone en valor a los poetas del sur atendiendo especialmente a los integrantes del grupo Cántico, y lo hace con conocimiento de causa; defiende y abandera ese movimiento de múltiples estéticas que supone la Poesía de la Diferencia, estética de la que él mismo es cofundador. Sus principios, postulados, denuncias y defensas quedan muy claras tras la lectura de este valiente y necesario libro, para dilucidar la veracidad o no de lo aquí manifestado habrá que esperar a esa diacronía que ofrecerá la realidad histórica y compararla con las que otros cronistas y críticos —como él— trazarán en un futuro.

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Publicado en “El Mundo” (edición de papel, Comunidad Valenciana) del lunes 23.4.18

Autor del texto: Ricardo Bellveser 

Temática: sobre el libro “Polifonía de lo inmanente. Apuntes sobre poesía española contemporánea (2010-2017)” de José Antonio Omedo y Gregorio Muelas (Lastura Ediciones & Ediciones El Juglar, 2017).

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De 40 autores, 12 son valencianos

El crítico valenciano José Antonio Olmedo López-Amor, utiliza como “percha” de introducción a su libro de rarísimo título, “Polifonía de lo inmanente”, escrito en coautoría con el también valenciano Gregorio Muelas, una definición del poeta y profesor Jaime Siles, que dice: “La poesía es un estado de gracia, como la crítica lo es —o debería serlo— de conciencia”, interesante por lo que tiene de particular.


Mi titularidad académica universitaria es de ‘Crítica Literaria’, asignatura que en otros momentos se llamó ‘Poética’, terminología tomada de Aristóteles, incluso ‘Literatura Comparada’, y como tal la he entendido en el ámbito filosófico de la frase de Siles, pues para mí la Crítica Literaria significa pensamiento y reflexión pero además hay que exigirle que cumpla una función mediadora.


Este volumen de 328 páginas (coedición de Lastura Ediciones y Editorial Juglar, diciembre de 2017), selecciona a 40 autores sobre los que construyen unos “apuntes sobre poesía española contemporánea 2010-2017”, de los cuales, al menos doce son valencianos y el resto, mayoritariamente, andaluces o aragoneses, lo que hace pensar que para los autores la poesía española hoy, pasa por estos territorios. 


A Joseph Addison, (1672-1719), un personaje realmente interesante cuando se habla de estas materias, le leí la siguiente maldad: “una buena señal para distinguir al crítico que carece de gusto y de instrucción es que raras veces se aventura a alabar pasaje alguno de una obra que no haya sido previamente bien acogida y aplaudida por el público, y que su crítica se ensaña en los defectos y errores más leves de un autor. En este su empeño, el crítico tiene tantas probabilidades de éxito, que aún el más vulgar lector, a la aparición de algún poema nuevo, posee la agudeza y mala voluntad bastante, para poner en ridículo algunos pasajes del mismo, y ciertamente, a menudo con razón”
José Antonio y Gregorio, en su libro, no sé si conscientes o no, se han puesto en fila en esta tradición de pensamiento, lo que incluye la concepción de la crítica literaria como un estado de conciencia a lo que yo acabo de añadir el concepto de mediación. 


Vamos a ver: entre las múltiples fórmulas de comprensión de la crítica literaria, prevalece la crítica erudita, aunque en mi opinión, el factor dominante debe ser el gusto. Se lo hemos oído antes a Joseph Addison luego no hablamos, de ninguna novedad.


José Antonio señala, en su introducción, que la crítica literaria “nunca ha dejado de ser necesaria”, por supuesto, eso la historia nos lo desvela, y Gregorio da un paso más y se pregunta “¿qué ocurre ahora?”. Ese es el quid de la cuestión, aparte de distinguir entre crítica e ideología, porque el prestigio de la crítica y teoría literaria marxista, representada por Mijaíl Bajtín, introductor del concepto de éthos, ética, desbancó a todas las demás, y pasó, ya en el siglo XX, del formalismo ruso, a la estilística europea (Dámaso Alonso) o la crítica estructuralista (Barthes).


Los autores de este libro miran con simpatía las posiciones postmodernas como las de Luis Alberto de Cuenca, quien considera que hoy el lector ha sustituido a Zeus por Supermán y reinterpretan a críticos futuristas como sucede con el Canto a la máquina de Cano Ballesta ––la vida corre y los autores consideran como de especial interés a poetas ‘vivos’ como García Baena, al que el tiempo se ha llevado este mes de enero–– , pero no hay intención antológica en las autores seleccionados.


El libro se divide en dos partes, la primera es de teoría literaria, de todo aquello de lo que venimos hablando desde hace unos minutos aquí, y la segunda es una relativa aplicación del mundo teórico, aplicación sobre casos, libros y autores concretos. Pero recuerdan los autores que este libro no tiene ni propósito, ni deseo, ni intención, ni finalidad antológica , sino que reúne una lista de escritos críticos que los dos autores han venido elaborando durante el último lustro, desde 2013 cuando empezaron a publicar estos artículos, guiados principalmente por la subjetividad . 


Por esta razón, a mí personalmente, mucho más que los poetas y escritores seleccionados, me interesa el discurso del método que desde la diletancia han establecido en las 75 primeras páginas, de formulación severamente teórica. De todos modos, son 40 las reseñas sobre otros tantos poetas o escritores, relación en la que figuran poetas muy conocidos y populares, y otros casi secretos por su juventud o porque sus obras han trascendido poco públicamente.

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   Publicado en “Todoliteratura.es”:

http://www.todoliteratura.es/articulo/presentaciones/poeta-castellonense-manuel-emilio-castillo-presenta-valencia-desierto/20180228131943046719.html

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De izquierda a derecha: Juan Luis Bedins, Jaime Siles, Manuel Emilio Castillo y Ricardo Bellveser.

El pasado martes, 27 de febrero, el emblemático Museo de la Ciudad, en Valencia, acogió la presentación del poemario titulado “Desierto”, del poeta castellonense Manuel Emilio Castillo. El acto, organizado por la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios (CLAVE), tuvo en la figura de Juan Luis Bedins, su presidente, un excelente maestro de ceremonias.

    La tarde, meteorológicamente, no fue muy propicia para una celebración literaria, pero ni la lluvia ni el frío impidieron que una digna afluencia de público arropase al poeta. A Bedins le correspondió presentar, además de a Manuel Emilio Castillo, a dos inmensas personalidades de las letras valencianas, como son Jaime Siles y Ricardo Bellveser. Fue Bellveser quien tomó la palabra y deleitó a los presentes con un soberbio discurso en el cual, además de disertar magistralmente sobre el libro, expuso cuáles son los motivos —a su juicio— que explican el poco e injusto reconocimiento que como poeta ha tenido en su trayectoria Manuel Emilio Castillo; groso modo, un inicio tardío en la publicación, publicación, además llevada a cabo en editoriales de escasa proyección o haber nacido y habitado en una localidad periférica de Castellón, fueron según Bellveser, motivos más que suficientes para que este poeta, cercano por edad a la generación novísima, se haya mantenido fuera del canon.

    Por su parte, Jaime Siles, recién llegado de Málaga, donde ha sido nombrado académico por la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, deslumbró mediante la pertinente lucidez de algunas anécdotas, como al enumerar las claves de un poemario basado en dos ideas nucleares: el amor y el hecho de versar; aunque comentó que también poseía tintes místicos y metafísicos. Alabó la certera precisión lingüística de Emilio Castillo, su economía del lenguaje y la coherente organicidad de un poemario dividido en tres segmentos definidos. Subrayó la importancia de algunos versos del libro, como por ejemplo, los que abren el poema titulado “Convergencia”: Esta es la clave del verso, / la síntesis de la intemperie y la penumbra; y apuntó después que esta definición del verso era más acertada que la de algunos teóricos.

    Bellveser manifestó lo acertado del título, ya que la persona poemática de los versos habla desde el fracaso y la desesperanza. Siguió añadiendo que el tercer apartado del poemario, titulado «Encuentro», supone una poética fragmentada, apreciación que Siles amplió con datos históricos muy relevantes.

     La presentación, en manos de dos poetas, críticos, ensayistas y referentes intelectuales como Jaime Siles y Ricardo Bellveser, se convirtió en una conferencia de extremada riqueza que terminó por emocionar a Manuel Emilio Castillo, quien al término de ambas intervenciones, se fundió en un caluroso abrazo con sus invitados.

    El poeta, conmocionado en igual medida que el público asistente, dio lectura a sus poemas bajo la atenta mirada y el silencio de los allí congregados, silencio que se rompió en aplauso al finalizar la lectura. Tras algunas preguntas formuladas por personas del público, Juan Luis Bedins agradeció la presencia a personalidades y público y dio por clausurada la presentación.

    “Desierto” supone el séptimo poemario para Manuel Emilio Castillo, un autor cuya poesía se aquilata con el tiempo y, en palabras de Bellveser: este libro es un excelente candidato a los Premios de la Crítica Literaria Valenciana del próximo año.

Publicado en la revista “Todoliteratura.es”:

http://www.todoliteratura.es/articulo/presentaciones/laberinto-venus-narrativa-erotica-maria-teresa-espasa/20171229122713045817.html

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Fotografía de José Luis Vila Castañer.

El Museo de la Ciudad (Valencia) se encuentra enclavado en el corazón del centro histórico, junto a la Basílica de la Virgen y el Almudín, en un hermoso edificio señorial. En sus salas, ahora restauradas, pueden apreciarse los ricos fondos pictóricos, propiedad del Ayuntamiento de Valencia, así como exposiciones temporales gestionadas por el Consistorio. En dicho enclave tuvo lugar el pasado viernes, 15 de diciembre, la presentación del libro “El laberinto de Venus”, de la poeta, ensayista y narradora valenciana, María Teresa Espasa.

Isabel Miguel y Lidia López Miguel, editoras del libro y responsables de uno de los sellos editoriales españoles con más proyección del panorama literario, Lastura Ediciones, se desplazaron desde Madrid para estar presentes en un evento literario de primer nivel. Si María Teresa Espasa, autora del libro y persona eminente en el ámbito cultural, dentro y fuera de la Comunidad Valenciana, no necesita presentación y su incursión en la prosa erótica ya es motivo suficiente para levantar expectación; los componentes de la mesa no lo fueron menos. Además de la citada Lidia López Miguel, quien en calidad de editora alabó la trayectoria y capacidad como escritora de María Teresa Espasa, acompañaron a la autora Ana Noguera y Ricardo Bellveser, distinguidas personalidades del mundo cultural y político de Valencia.

Escuchar a Ana Noguera a propósito de sus intervenciones en eventos culturales es siempre un placer para los sentidos. Modelo de elegancia personificada, Noguera hizo gala de su particular precisión y sensibilidad en sus disertaciones sobre el libro. Apuntó el hecho de que el personaje protagonista de todos y cada uno de los relatos del libro sea el mismo, una mujer, de nombre, Tesa. Asimismo, previno sobre la posible identidad de tal protagonista, a lo que amplió Bellveser, apuntando a la posibilidad de que tal personaje sea un alter ego de la autora, ya que la palabra Tesa puede interpretarse como un acrónimo de Teresa.

Bellveser, por su parte, hizo un repaso exhaustivo del libro, relato por relato, subrayando la mirada de poeta de su autora en una narrativa llena de imágenes y alusiones a un sexo, más de sensualidad y amor, que carnal. Puso en valor una sinceridad pasmosa tanto en la identidad de los personajes secundarios, como de algunas situaciones; y señaló con vehemencia que aunque la autora tratase de velar la realidad tras la ficción, todos los personajes eran poetas, algunos, de nombres coincidentes con amigos cercanos, y la esencia de sus relatos, llenos de sensibilidad, sentimiento de culpa, pero también de la inquietud del buscador, resulta ser una petición de atención, un ruego de cariño, misma sed que caracteriza a toda su obra poética.

María Teresa Espasa, poeta de raza, además de ensayista y profesora, confesó que la publicación de su primer libro de relatos ha supuesto algo muy importante para ella. Recientemente recuperada de algunas complicaciones de salud, culminar esta obra, además de una demostración de su versatilidad como escritora, supone su regreso al panorama literario y solo es el principio de una serie de proyectos que pondrá en marcha en el próximo año.

En su intervención, Teresa Espasa agradeció a público e integrantes de la mesa, su apoyo y compañía. Confesó que algunas de las historias contenidas en su libro eran reales y otras, ficticias. Dio paso a diez amigos y escritores valencianos, quienes fueron dando lectura a fragmentos de algunos de sus relatos. A continuación, la lista de intervinientes y los títulos de los relatos mencionados:

Virgilio Fuero “Hablemos de Eros”

Mariam Ferrer “No sé si la memoria”

Heberto de Sysmo “El rincón de D. Antonio”

Ana Fernández de Córdova “El yo ficcionado”

Vicente Barberá “Tuya es la victoria”

Consuelo Sanahuja “El último aliento”

Pascual Casañ “Como mendigo hambriento”

Elia S. Temporal “Cuando llega el otoño”

Blas Muñoz “Los sueños y los días”

Elena Torres “Destinos cruzados”.

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Publicado en la página del Ateneo Mercantil de Valencia:

http://www.ateneovalencia.es/poetas-en-el-ateneo-xiv-maria-teresa-espasa-emocion-y-sentimiento-en-un-merecido-homenaje/

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Fotografía de José Luis Vila Castañer.

El pasado viernes, 27 de octubre, en la decimocuarta entrega del ciclo “Poetas en el Ateneo” que presenta Vicente Barberá y coordina Vicente Bosch, el Ateneo Mercantil de Valencia recibió a la poeta María Teresa Espasa.

A partir de las siete de la tarde, al emblemático Salón Sorolla de este centenario Ateneo, fue acudiendo un buen número de público a este ciclo literario, una ceremonia poética, llena de música, recital, entrevista, y en definitiva, una oportunidad única para conocer en profundidad, no solo la obra, sino la dimensión humana del autor invitado que no tiene parangón entre los eventos literarios que hoy se celebran en la Comunidad Valenciana.

Dada la situación convaleciente por problemas de salud de María Teresa Espasa y por su trayectoria literaria y humana, el acto se convirtió en un merecido y emotivo homenaje.

Vicente Bosch, directivo del Ateneo Mercantil, pronunció unas palabras de bienvenida y reconoció la relevante figura de la poeta convocada. Por su parte, Vicente Barberá agradeció a José Luis Vila, José Antonio Olmedo y Virgilio Fuero, sus labores como fotógrafo, cronista y realizador audiovisual, respectivamente.

Asimismo, Barberá, tras citar algunos de los logros acumulados a través de la extensa carrera literaria de Teresa Espasa, como por ejemplo: ser mecenas de varias generaciones de poetas valencianos, su labor como locutora radiofónica, su experiencia como fundadora de la revista Corondel, fundadora de la Tertulia la Buhardilla, su pertenencia al grupo El limonero de Homero o la innumerable organización de recitales y presentaciones; dio paso a Juan Manuel de Zaldúa, músico colombo británico, quien interpretó a la guitarra tres temas musicales.

Barberá dio paso a la sección fotográfica, un apartado donde María Teresa Espasa fue comentando instantes de su vida a través de doce fotografías. Así, pudimos verla en su época de estudiante, con las escritoras integrantes de la Plataforma de Escritoras del Arco Mediterráneo o recibiendo el galardón especial de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana.

A continuación, el poeta, narrador y periodista, Ricardo Bellveser, dio lectura al poema de María Teresa, titulado “Oscurece”, no sin antes dedicar unas agradecidas y cariñosas palabras a quien desde hace mucho tiempo es una buena amiga.

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María Teresa Espasa

Seguidamente, Barberá dio comienzo a su particular entrevista a la poeta. En esta ocasión, tras cada pregunta, dio paso a dos personas invitadas a leer poemas de la autora, así recitaron hasta un total de quince escritores, quienes agradecieron uno a uno su respeto y agradecimiento a una personalidad de las letras valencianas. Tras la pregunta: « ¿Qué te motivó para realizar aquel gran proyecto de Pliegos de Ítaca? » Juan Manuel de Zaldúa realizó su segunda intervención musical. Los escritores que intervinieron son los siguientes, por orden de intervención: Ricardo Bellveser, Ana Noguera, Blas Muñoz, Encarna Beltrán, Juan Luis Bedins, Mila Villanueva, Virgilio Fuero, Elga Reátegui, Marina Izquierdo, Elena Torres, José Antonio Olmedo, Ana Fernández de Córdova, Mar Busquets, Rosa María Rodríguez y Rafael Soler. También entre las preguntas y poemas recitados, llegó el turno del poema recitado por Virgilio Fuero, una proyección audiovisual en la que declamó el poema titulado “El Montgó”, perteneciente al libro En alguna parte es otoño. El propio Virgilio hizo entrega a Teresa Espasa del vídeo proyectado, como recuerdo del entrañable homenaje.

A través de las preguntas que Vicente Barberá formuló a Teresa Espasa, supimos que uno de los poetas que ha influido en su obra estaba presente en la sala, se trata de Ricardo Bellveser. Supimos también, que la autora de El Congreso recomienda leer mucho a los poetas que están empezando; que uno de sus últimos proyectos es un libro de relatos eróticos y que el premio que más ilusión le ha hecho ha sido el de la Crítica Valenciana.

Tras formularle una tanda de preguntas rápidas, en la que sus respuestas arrancaron risas entre el público, intervino de nuevo Juan Manuel de Zaldúa, pero esta vez acompañado por la voz de Maitechu, su hija, de diez años, quien encandiló al público por su espontaneidad y desparpajo.

Ya para despedir el acto, Vicente Bosch reconoció la emoción y el sentimiento vertidos en este encuentro, felicitó a Teresa Espasa en nombre del Ateneo Mercantil y Vicente Barberá pronunció palabras de agradecimiento a todos los presentes y colaboradores; anunció que el próximo poeta invitado al ciclo será Antonio Porpetta e invitó a María Teresa a recitar algunos poemas propios. Como colofón, la autora fue obsequiada con un espléndido ramo de flores y el acto terminó con la tradicional fotografía colectiva.

Ricardo Bellveser, periodista, poeta, narrador y crítico literario, ha escrito un artículo sobre la revista Crátera en su sección del diario El Mundo (Comunidad Valenciana, 10-7-2017).

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Artículo de Ricardo Bellveser:

«La revista “Crátera”
Me tropiezo de pronto con una nueva revista cultural. Poética y literaria. Impresa y digital en un equilibrio calculado, y mi corazón palpita de asombro. Además hay algo que empieza a ser nuevo, y es que algunas de las nuevas revistas culturales, no sé si más interesantes que atractivas o viceversa, la voz de nuevas generaciones de artistas jóvenes, ––no digo adolescentes o púberes, sino jóvenes–– están siendo concebidas y producidas en pueblos de la periferia, lo que indica que las nuevas tecnologías de la comunicación, han provocado un relevante cambio de paradigma.
Desde Catarroja (Valencia) municipio de algo menos de 28.000 habitantes ha comenzado a editarse, con fecha “Primavera 2017” y ayuda municipal, una revista de Crítica y Poesía, principalmente de poesía contemporánea, titulada Crátera, que codirigen los poetas Gregorio Muelas Bermúdez, José Antonio Olmedo López-Amor (ambos nacidos en 1977) y Jorge Ortiz Robla. Para empezar mi felicitación al ayuntamiento que, al patrocinar el número cero, manifiesta su deseo de situarse en un lugar destacado del impulso cultural real, con resultados tangibles quiero decir.
El título de la publicación ya es revelador. La crátera es la vasija griega, vasija de cierta capacidad, que se utilizaba para mezclar el vino con agua, y aguardar allí el vino aligerado hasta ser servido. El vino en la antigüedad helénica, se trataba de una bebida densa, espesa incluso, y muy alcohólica, por lo que convenía rebajarla un poco para hacerla más agradable, mas refrescante, de modo que se necesitara una mayor cantidad de ingesta para que los contertulios empezaran a ponerse calamocanos.
La revista está ordenada en torno a una decena de ejes. Comienza con poemas que han de cumplir la condición de ser “Inéditos”, y le sigue “La mirada de Basho”, título bien elocuente pues alude a Matsuo Basho, poeta japonés del siglo XVII, considerado uno de los Cuatro Maestros de la lírica oriental, quien con Buson o Shiki elevaron el arte del haiku a su excelencia. El haiku es una composición poética muy breve, de tan solo tres versos y un carácter que recordaría a nuestros epigramas, aforismos o paremias. La sección acoge a seguidores de este modelo estrófico, entre los que se cuentan dos de los directores de la revista, Muelas y Olmedo (este último bajo el pesudónimo de Heberto de Sysmo), que están acreditados como refinados autores de haikus.
Las otras secciones se dedican a las “Traducciones”, importantísimo para estar al corriente de algunas de las cosas que se publican fuera del ámbito del castellano, “Experimental”, “Investigación” y una entrevista que en esta ocasión la lleva a cabo Ortiz, quien conversa con el joven poeta madrileño, de no llega a cuarenta años, Marcus Versus, el que fue director del festival Inverso, que opina de su mundo.
Completa la publicación las inesquivables secciones de “Reseñas” bibliográficas, otra de reseñas con el original enfoque de “Leído por…” en la que el reseñador se compromete tanto o más como el autor del libro escogido y una “Bibliografía” selecta que cierra la oferta de curiosidad y entretenimiento.
Tiene muy buena pinta, es así, tanto por la variedad de contenidos como porque no es una revista digital, sino en papel y los hijos de Guttemberg aún sentimos la inevitable pasión por lo impreso, que en mi caso ––y, como viajero de trenes y aviones, soy lector diario y meticuloso en ipad y ebooks, por lo que tiene de economía de bulto y peso en los traslados–– llega hasta el mismo olor de la tinta, el papel, la cola y el barniz.
¿Qué le falta?, para mi, una orientación más definida en el sentido de que tomara partido por cosas en concreto, aparte de los haikus, lo que no sé si sería mejor o peor, pero a mi me gustaría más, y ¿qué le sobra? Nada. Es una edición atractiva, de cómoda lectura y variada. Estas revistas suelen durar poco, si bien eso es cosa nuestra, porque depende de la fidelidad de los lectores, pero mientras vivan, sean bienvenidas.
La periferia
Desde la periferia se están editando algunas de las revistas más interesantes del panorama cultural, probablemente porque con las actuales tecnologías, no importa desde donde se producen los productos culturales, sino que importa la calidad de esos productos. Otro ejemplo bien elocuente: desde Ibi (Alicante), una ciudad de 25.000 habitantes, se edita “Optiks Magazine”, una de las mejores revistas digitales dedicada a la imagen y la creación, una joya, y ahora desde Catarroja, como hemos visto, “Crátera”. El mundo ha cambiado».

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Ilustración de cubierta y contraportada de Juan Carlos Mestre.

DATOS DE LA REVISTA

Dirección de Crátera. Revista de Crítica y Poesía Contemporánea:
Gregorio Muelas Bermúdez
Jose Antonio Olmedo López-Amor
Jorge Ortiz Robla

 

Comité asesor:
David Acebes Sampedro
Ramón Campos
Bibiana Collado Cabrera
José Ángel García Caballero
Eduard Xavier Montesinos
Antonio Praena

 

Para el número 1, estos son los contenidos y colaboradores:

Ilustraciones:
Cubierta y contraportada de Juan Carlos Mestre
Interior: Sara García

Inéditos:
Jaime Siles, Ángel Guinda, Miguel Veyrat, Joaquín Pérez Azaústre, José Luis Rey, Andrés Gacía Cerdán, Ana Gorría, Antonio Praena, Ben Clark, Ramon Guillem, José Iniesta, Katy Parra, David González, Sara Castelar, José Daniel García, Berta García Faet.

La mirada de Basho (haikus):
Susana Benet, Ricardo Virtanen, Gorka Arellano Pérez

Traducción:
Robert Rozhdestvensky por Natalia Litvinova, Mircea Petean por Elisabeta Botan, Eugenio Montale por Carlos Vitale,
Hilde Domin por Gema Estudillo.

Experimental:
Atilano Sevillano, Rafael Marín. (Selección de David Acebes)

Entrevista:
Marcus Versus por Jorge Ortiz Robla

Investigación:
“Justo y perfecto” por Justo Serna

Reseñas:
“Blanco Roto”, por Álvaro Valverde; “El club del crimen”, por Carlos Alcorta; “Reflejos en el cristal cotidiano”, por David Acebes Sampedro; “Llamo desde otro planeta”, por José Ángel García Caballero; “Tópo”, por Gregorio Muelas Bermúdez; “Contra las cosas redondas”, por Gregorio Muelas Bermúdez; “Infierno y nadie: antología poética esencial 1978-2014”, por José Antonio Olmedo López-Amor; “Masa crítica”, por José Antonio Olmedo López-Amor.

Leído por:
“Sabe la noche”, por Ramón Campos; “Nostalgia de la acción”, por Jorge Ortiz Robla; “Sense treva”, por Eduard Xavier Montesinos

 

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