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Crónica publicada en “Todoliteratura”:

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Fotografía de I. Piñol. En la foto Juan Luis Bedins, María Teresa Espasa, Mar Busquets y Elena Torres

Fotografía de I. Piñol. De derecha a izquierda: Elena Torres, Mar Busquets, María Teresa Espasa y Juan Luis Bedins.

El pasado miércoles, 3 de julio, en el salón de actos de la Fnac (San Agustín), en Valencia, tuvo lugar un acto literario de primer nivel convocado por CLAVE (Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios). La poeta valenciana María teresa Espasa fue invitada a ofrecer un encuentro-recital basado en toda su trayectoria literaria. Juan Luis Bedins, como presidente de CLAVE, poeta y amigo de la artista convocada, resultó un presentador de lujo, pues como él mismo comentó, a Espasa le une varias décadas de amistad y un sinfín de anécdotas y complicidades.

    A partir de las siete de la tarde el público fue ocupando sus puestos en un foro que se llenó casi por completo. Teniendo en cuenta que el evento tuvo lugar durante la primera semana de julio y las altas temperaturas que sofocaban buena parte de la Comunidad Valenciana, podemos decir que el acto fue un rotundo éxito de asistencia.

Fotografía de I. Piñol

Fotografía de I. Piñol

    La importancia de Teresa Espasa pudo apreciarse, no solo en la cantidad de público que se congregó a escucharla, sino también en la calidad del mismo. Escritores como Ricardo Bellveser, Blas Muñoz, Ángel Calpe, José Antonio Mateo Albeldo, José Lapasió, Roger Swanzy, Vicente Barberá, Ana Fernández de Córdova, Miguel García Casas e Isabel Oliver se dieron cita para arropar a la gran dama de la poesía valenciana.

    Juan Luis Bedins comenzó el acto entrevistando cercanamente y de manera excelente a la autora de Tanto y tanto silencio (Vitruvio, 2014). De esta manera pudimos conocer parte de la extensa carrera, no solo literaria, sino periodística, docente y cultural —con letras mayúsculas— de la autora convocada. Las preguntas de Bedins sirvieron para dar a conocer al público la etapa radiofónica de María Teresa Espasa, hace ya algunos años, al frente de un programa cultural que se emitía a través de la Cadena COPE. Así como también conocimos la dilatada labor como editora de María Teresa Espasa al frente del sello Página Cero Ediciones, todavía activo, y de la revista literaria Corondel, ya desaparecida, pero en proyecto de recuperación.

   La sabiduría y buen hacer de Juan Luis Bedins hizo posible conocer que la poeta invitada es fundadora de la Tertulia Literaria La Buhardilla, asociación a través de la cual realizó seminarios, encuentros y premios de poesía; precisamente, Mar Busquets, quien se encontraba allí presente, fue la ganadora de la única edición del premio de poesía que María Teresa Espasa convocó en 1991, como resultado, Busquets publicó su primer poemario La pausa.

   Bedins siguió entrevistando a Teresa Espasa y así la poeta evocó los tiempos en los que gestionaba eventos y presentaciones para El Corte Inglés, ciclo por el que pasaron muchos de los mejores poetas valencianos y no valencianos y que cristalizó con la publicación de los famosos Pliegos de Ítaca.

  A Bedins y a Espasa acompañaron las escritoras Mar Busquets y Elena Torres, destacadas voces poéticas valencianas que compartieron con el público las particulares experiencias que desde hace muchos años comparten con la autora. Asimismo, ambas poetas leyeron poemas de Teresa Espasa antes de retirarse por motivos de agenda.

  Miguel García Casas, profesor de declamación, profesor de Biología y artista polifacético, demostró con su impresionante intervención —leyó un relato contenido en el libro El laberinto de Venus (Lastura, 2017) — que Teresa Espasa no deja de ser poeta ni cuando escribe narrativa.

    Bedins dio paso al poeta valenciano Blas Muñoz Pizarro, quien emocionado agradeció a la poeta haberle abierto las puertas de la literatura valenciana cuando este decidió regresar a la escritura allá por el año 2006. Blas Muñoz forma parte junto a Teresa Espasa, Vicente Barberá, Antonio Mayor y Joaquín Riñón, poeta recientemente desaparecido, del grupo literario El limonero de Homero, hermandad ya ilustre en la capital del Turia que proyecta en breve la aparición de su quinta antología. Muñoz Pizarro dio lectura a un poema inédito en libro de Teresa Espasa que dejó de serlo al ser publicado en la revista valenciana de poesía Crátera, publicación para la cual Blas Muñoz tuvo efusivos elogios.

    Ana Fernández de Córdova acertó en su intervención al señalar que este acto adquirió tintes de homenaje, dada la relevancia cultural y humana de Teresa Espasa y debido a las constantes muestras de cariño y admiración de las personas intervinientes.

    El artista polifacético José Carlos Lloréns, quien se encargó además de dar testimonio gráfico del evento a través de sus fotografías, también intervino y dedicó unas palabras a Teresa Espasa, momento que culminó con la lectura de uno de sus poemas.

   Representando a la Casa de Chile en Valencia intervinieron Noemí Lagos (su presidenta) y Alicia Flores, quienes también leyeron textos de Teresa Espasa y comentaron uno de los últimos proyectos literarios de la autora valenciana. Y no es otro que la antología hispanochilena Puente de Poesía (Hispanochilena Ediciones, 2019) recientemente presentada en la Universidad de Valencia, en la que participan poetas chilenos convocados por Amely Duavauchelle y poetas españoles invitados por María Teresa Espasa.

    Bedins colocó acertadamente a Teresa Espasa en la lista de ilustres poetas valencianas, como: Amalia Fenollosa, Francisca Aguirre o María Beneyto, pero la comentada y conocida entrega humana de Espasa durante varias décadas, promocionando, descubriendo, forjando e incluso patrocinando a poetas la distinguen por su dimensión humana del resto: algo que sin duda engrandece su figura y contribuye a construir su condición de institución de las letras valencianas.

    La propia María Teresa Espasa dio lectura a uno de sus poemas y se dio concluido el acto, seguido de una fuerte ovación del público.

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Reseña publicada en el número 5 de “Crátera. Revista de Crítica y Poesía Contemporánea”.

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Título: Lo que hace el tiempo

Autora: Yolanda Pantin

Editorial: Visor

Género: poesía

Año de publicación: 2017

Número de páginas: 89

ISBN: 978-84-9895-310-7

 

Ya desde el propio título Lo que hace el tiempo (Visor, 2017) señala los efectos producidos por ese transcurrir inagotable que todo lo erosiona. Para Yolanda Pantin (Venezuela, 1954) el tiempo es una preocupación existencial pero su poética no centra su atención en el torbellino que todo lo arrasa, sino también en aquello que deja a su paso, pues precisamente eso es la vida.

      Lo que hace el tiempo mereció el XVII Premio de Poesía Americana que otorga la Casa de América de Madrid, elegido entre 961 obras de 22 países.  En 1979 la autora fue galardonada con la Mención de Honor del Premio Nacional de Poesía Francisco Lazo Martí por su obra Casa o Lobo. Cultivada en literatura infantil, dramaturgia y edición, además de en poesía, Yolanda Pantin no ha recibido el reconocimiento que su literatura merece.

     Dividida en cuatro secciones cuyos epígrafes son números sucesivos del uno al cuatro, esta obra encuentra su culminación en una coda concebida en forma de cuento, la íngrima prosa de “El corneto” es un original y contrastivo cierre a este conjunto.

  Titular al primer poema del libro “Descanso” y evocar en él: protección, despreocupación por el tiempo y escucha de música, deja al esfuerzo, al castigo, en una elipsis inicial que anticipará otras, y subraya una de ellas: indeterminación: « […] cuando el sol / no hiere // sin medir / la hora, van // con el canto / de otra lengua […]». El tiempo mítico y el tiempo real se confabulan en la poesía de Pantin. Para quien conoce su obra, leer la descripción de la sombra de una flor —por poner un ejemplo— pone el foco principal en la propia flor que no es descrita. El remanso de quietud y paz, el recogimiento de ese descanso inicial señala a una volcánica actividad simultánea como digresión implícita de una realidad convulsa que solo puntualmente manifestará sus erupciones.

    Si la ideología literaria de cualquier autor atraviesa sus ideales políticos, sociales y económicos y por ello, se impregna de las causas que provocan tal efecto, no resulta difícil suponer el perfil de esa ideología cultural en una poeta como Pantin, sufriente poeta contemporánea de una Venezuela que en sus propias palabras: «está entrampada en un delirio histórico». Por lo tanto, lo que hace el tiempo existencialmente en el ser humano, tiene su correlato en los poemas con la lacerante injerencia de un régimen en un país. La realidad social preconiza un efecto literario que en el caso de Yolanda Pantin es un motivo recurrente: «Hoy salieron los vecinos / con sus perros. // No hay muertos que valgan para ellos, / tampoco para mí cuando los veo / vestidos de domingo en las plazas». Estos versos, contenidos en el poema titulado “Belleza” están dedicados a la memoria de Verónica Luján, quien fue asesinada en un asalto en Caracas. El poema culmina de esta manera: «Puede la belleza conquistar los días / y sobre el luto, aunque duelan / todavía: luz, candela, candelaria». No son necesarias las mayúsculas ni los puntos suspensivos para apreciar que el último verso refiere concretamente a personas desaparecidas.

    Asimismo, el arte representa esa necesaria contrapartida moral e intelectual a la injusticia y la violencia, aunque la jácena del poemario es una profunda reflexión acerca del tiempo y la memoria, la música y la pintura sirven a la autora para introducir reflexiones o evocaciones que serán equidistantes de un tácito dolor, como por ejemplo, en el poema titulado “La pintura”, donde ante la imposibilidad de valorar e interpretar un hermoso cuadro que ha sido regalado a la familia, esta opta por envolverlo y olvidarlo: « —Qué hacer para no herir susceptibilidades / si nos parece tan rara? discutían. // En el valle no hay ojos que vean tanto / ni nosotros / estamos preparados / para dar el salto de lo nuevo». Aquí, la poeta transparenta una corrección social, un conservadurismo que pone de manifiesto una jerárquica e injusta limitación cultural. Sin embargo, recuerdos como este son narrados con una nostalgia que evidencia su ternura y angustia a pesar de estar contenida.

    Venezuela es un personaje más, está muy presente en todo el poemario a través de topónimos, costumbres, personajes; la esperanza, como pequeña llama inapagable, fulgura en poemas como el titulado “Invierno”: «Todo es lejos en el frío. La llovizna // pasada la tormenta / que hizo / temblar las ventanas // y adentro, // como el niño / que ha llorado sin consuelo, // un querer decir».

    Muchos poemas son prosaicos deliberadamente, otros, dialógicos, la poesía es un arma con balas de fogueo que muestra su fragilidad tras el combate con la realidad: «La luz que cae sobre algo // para exaltar ese algo / que recibe la luz // y era nada, o poca cosa, / en la sombra, es un poema // y en segundos deja de serlo».

    Lo inconsistente de las máscaras de la mentira, la vacuidad como forma de no pensar en el tiempo, la belleza cambiante, los instintos, el regreso a la infancia, la transformación a la que nos aboca el dolor; hondos y múltiples registros contiene este poemario, una perífrasis del sufrimiento visual de lo vivido, la caótica búsqueda de verdad en la frondosa memoria, recuerdos de oscuridad y luz irremediablemente bajo el yugo del tiempo, un tiempo cruel y sádico del que brota la belleza en metáforas como esta: «Fue por esos años. // Yo iba sola / sentada en mi asiento / de metal, tranquila, / cuando una araña / en la otra silla, / escogió // tejer su tela / entre mis piernas».

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Yolanda Pantin

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El pasado 9 de marzo algunos de los componentes de la asociación cultural Cratarroja nos reunimos para poner en común ideas y proyectos que llevamos a cabo a través de dicha asociación. En esta ocasión y de derecha a izquierda fuimos: Ramón Campos, Gregorio Muelas, José Antonio Olmedo y Jorge Ortiz. La fotografía tenemos que agradecérsela a la gran editora y amiga Lidia López Miguel (Lastura Ediciones), quien nos acompañó y participó esa misma tarde en la presentación de un libro a la que también asistimos. Como sabéis, Cratarroja es el órgano fundador y editor de “Crátera. Revista de Crítica y Poesía Contemporánea”, por lo que la reciente aparición del número cinco de la revista, así como los preparativos del próximo número seis, en el que ya estamos trabajando, concentraron el núcleo de nuestras conversaciones. Muy pronto tendremos más noticias: presentaciones de la revista en Valencia y Madrid, concursos literarios que convocamos, videoteca de autores Crátera y la nueva colección Aríbalo de plaquettes.

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Índice de contenidos. Número 5 de “Crátera. Revista de Crítica y Poesía Contemporánea”

Publicado: 11 febrero, 2019 en publicaciones
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Ilustración: Juan Carlos Mestre

“Crátera. Revista de Crítica y Poesía Contemporánea”
Sumario del número 5
Poemas inéditos (ilustración de portadilla de Alfonso Aguado Ortuño)
Vicente Gallego, Ángeles Mora, David Pujante, Luis Bagué Quílez, María Teresa Espasa, Alice Vieira traducido por José Ángel García Caballero (Portugal), Fruela Fernández, José Viyuela, Juan Cristóbal (Perú), Branca Vilela, Víktor Gómez, Pau Sif, Rey Andújar (Santo Domingo), Ana Patricia Moya, Lucía Boscà, Isabel Hualde, Guillermo Cano Rojas, Nuno Brito (Portugal), Marta Núñez Delegido, Ricardo Lezón
La mirada de Basho (haikus(ilustración de portadilla de Sara García Lafont)
Frutos Soriano, Marga Alcalá, Nikos Fildisis traducido por Natasa Lambrou (Grecia)
Poesía experimental: coordina David Acebes Sampedro (ilustración de portadilla de Pedro Peinado Rodríguez)
José Luis Campal, Ángela Serna, Francisco Pérez Belda
Traducción (ilustración de portadilla de Pedro Peinado Rodríguez)
Nora Iuga (Rumanía), Milo de Angelis (Italia), María Lipískova (Bulgaria), Soodabeh Saeidnia (Irán), Jean Claude Goiri (Francia)
– Rumano: Elisabeta Botan
– Italiano: Andrés Navarro
– Búlgaro: Margarita Todorova
– Inglés: Antonio Martínez-Arboleda
– Francés: Miguel Ángel Real
Destellos (aforismos): coordina José Luis Morante
“Los hechizos de la noche”, por Hiram Barrios (México)
La entrevista: pregunta Jorge Ortiz Robla (ilustración de portadilla de Vicente Pellicer Lloret)
Isabel Miguel y Lidia López Miguel
Investigación (ilustración de portadilla de Alfonso Aguado Ortuño)
“La crítica literaria como pensamiento”, por Ricardo Bellveser;
“Ricardo Molina en su centenario”, por Antonio Rivero Taravillo
Reseñas (ilustración de portadilla de Vicente Pellicer Lloret)
La palabra muda de Antonio Enrique, por José Antonio Santano;
Bobilongos y churrilungas de Maximiano Revilla, por José Carlos Rodrigo Breto;
Treinta y nueve peldaños de Javier Hernández Baruque, por David Acebes Sampedro;
Matrioska de Virginia Navalón, por Bibiana Collado Cabrera;
¿Quién teme a Thelma y Louise? de Mónica Doña, por José Ángel García Caballero;
Estudio sobre noviembre de Tulia Guisado, por Álvaro Hernando Freile;
Ventana de emergencias de Ángel Manuel Gómez Espada, por Gregorio Muelas Bermúdez;
Lo que hace el tiempo de Yolanda Pantin, por José Antonio Olmedo López-Amor
Leído por (ilustración de portadilla de Pedro Peinado Rodríguez)
Tremor de polvo rojo de Nieves Álvarez, por Ramón Campos Barreda;
Niebla Fronteriza de Hasier Larretxea, por Jorge Ortiz Robla;
El guant de plàstic rosa de Dolors Miquel, por Eduard Xavier Montesinos
Biobibliografías
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Reseña publicada en el número 3 de “Crátera. Revista de Crítica y Poesía Contemporánea”:

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Título: Ultramor

Autor: Alfonso Brezmes

Editorial: Renacimiento

Género: poesía

Año de publicación: 2017

Número de páginas: 100

ISBN: 978-84-16981-51-9

Alfonso Brezmes (Madrid, 1966) demostró con La noche tatuada (2013) y después con Don de lenguas (2015), ambos libros editados por Renacimiento, que no es un poeta de paso. Debutó en la poesía, pasada la cuarentena, pero con tan solo tres libros es ya un valor seguro entre los poetas de su generación. En sus poemas, parte de la clásica y culturalista tradición novísima se encuentra con la forma y motivos de la experiencia. Aunque poco importan las etiquetas en una poesía-verdad, concebida tras muchas lecturas y vivencias y un gran amor por la fotografía y el collage. En los poemas de Ultramor se filtra toda la sapiencia de un viajante, de un observador de curiosidad inextinguible que ofrece sin remordimiento el fruto maduro de su experiencia.

    Leyendo este libro habrá quien recuerde a Sven, Wilhem o Caro Baroja, quienes hicieron de sus «cuadernos de campo» ejemplares archivos de anotaciones acerca de sus extraordinarios viajes. No menos extraordinario es el viaje propuesto por Alfonso Brezmes, ya que tras cada poema se intuye esa tarea de investigación, lo que en poesía se traduce como reflexión precedida de sorpresa, en su singular incursión en busca de la fuente primaria de la emoción: «Ahora elijo con cuidado los caminos, / no por la ciudad a que conducen, / sino por lo que ofrecen a mis pies».

    Brezmes escinde Ultramor en dos partes: «Ojos que no ven» y «Corazón que presiente». Y ya en esta ruptura del cliché se manifiesta una nítida declaración de intenciones: mirada y sentimiento. Estas dos aparentes abstracciones de dichos epígrafes contienen en sí la semblanza aproximada de lo que este libro representa. Pero al igual que esta titular nueva ordenación de lo trillado, nada será lo que parece a ojos del lector, pues el poeta es un hábil conocedor del medio en que se expresa: el lenguaje, y los juegos de palabras y de imágenes, las elipsis, figuras y referencias, serán constantes en una obra densa, metalingüística y viva, que a través de la palabra se dice y se desdice, cuestionándolo todo, hasta su propia esencia: «El último día que pasé contigo fue / el primer día que pasé conmigo. / Salí de ti para encontrarme».

    Si en una primera clase de Filosofía del Lenguaje se nos pregunta acerca del concepto de «significado», la poesía de Alfonso Brezmes realiza un elogio y refutación de sus propias teorías a este respecto. Titular este libro con un neologismo, ese amor prefijado, subraya la importancia de —pese a no haber un eje temático — un discurso intermitente, emitido por el hablante lírico hacia la persona amada: «Siempre tuve tendencia a desmitificar, / me inicié con tu cuerpo en la mitología»; pero también, da cuenta de su inquebrantable fe en la palabra: «el mundo ha vuelto a creer / en lo que no precisa ser cantado, / y la belleza consiste ahora en escuchar / cómo algo se escribe dentro de nosotros».

    Muchas son las preocupaciones, recuerdos y pensamientos del poeta; los temas de los poemas, análogamente reproducen esa pluralidad en un amplio abanico de colores: recuerdos, pensamientos, plegarias, ideas; y como si de un collage se tratase, no solo argumentalmente son diferentes los poemas, también lo son en lo formal: si algunos de ellos están escritos íntegramente con versos imparisílabos —con predominio del endecasílabo—, en otros, la heteropolaridad —no exenta de cadencia— lo acerca al verso libre. Una constante formal es la rima blanca de los versos, algo que se sostiene con pulcritud.

    En el transcurso del libro, la naturaleza inquieta del poeta es transmitida, como también, su inteligencia. La palabra se tensa para tratar de derivar su significado a través de la grieta. El pensamiento, alerta para esquivar los lugares comunes, busca la originalidad argumental dentro de una coherencia sintáctica que no busca lo poético en la ruptura gramatical.

    Poeta singular, Alfonso Brezmes es difícil de etiquetar o adscribir a algún bando o ideología poética. Probablemente, la particularidad de ser independiente, de escribir sin porqué ni pensando en rendir cuentas, favorezca esa libertad creadora que esplende en los poemas.

    Uno de los rasgos que definen su poesía en este Ultramor es esa capacidad para contar una historia en el interior del poema. Si en su modo confesional y descriptivo el autor es íntimo y preciso; no lo es menos cuando recurre en ocasiones a una función narradora de especial contundencia, ya que no solo expone y desarrolla un hecho, la actitud frente a él de un personaje o su situación tras las consecuencias, sino que remata cada poema incluso con moraleja: «[…] y una lágrima rodó sigilosa / hasta desteñir la piel del mundo. // Pero yo ya no estaba allí / para poder contarlo».

    Baluarte en su estilema es la elección de un léxico limpio que no cede un centímetro a los ruegos de la estética. Este rasgo es consonante a la serenidad de una voz madura que hace de la incertidumbre un cálido remanso para la reflexión, una reflexión que deviene asunción del mundo, del ser humano y sus complicados procesos; donde el lenguaje es un lugar para esconderse: palabra sanadora, creadora, pero también, semilla de esperanza: «[…] mientras en las ruinas de antiguas bibliotecas / los pájaros se posan en silencio, / con la emoción apenas contenida / de aquello que está a punto de decirse».

LA CASA SIN PUERTAS

Homero vio a Dios:

esa fue la causa de su ceguera.

Borges leyó a Homero,

y en sus hexámetros las naves

surcaban el mar para llevar el sol

hasta el ciego horizonte de sus ojos.

Yo he leído antes a Borges

y otro me lee a mí ahora.

Así viaja la luz

por esta casa sin puertas

cuyos muros son palabras:

iluminando unos cuartos

tras dejar otros a oscuras.

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Alfonso Brezmes

Reseña publicada en el número dos de “Crátera. Revista de Crítica y Poesía Contemporánea”

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Título: Sangre seca

Autor: Josep M. Rodríguez

Editorial: Hiperión

Género: poesía

Número de páginas: 76

Año de publicación: 2017

ISBN: 978-84-9002-093-7

Hace casi veinte años que Josep M. Rodríguez (Súria, 1976) publicó Las deudas del viajero (Dama Ginebra, 1998), ópera prima de lo que con posterioridad se ha constituido como una brillante carrera lírica. Y es que este catalán, de apenas cuarenta y un años, además de inquieto poeta, es un excelente crítico y traductor.

    Al leer cualquiera de los libros de poesía de Rodríguez, uno tiene siempre la extraña sensación de estar ante un demiurgo, un contador de historias que ha afincado su experiencia vital en la palabra. El autor de Arquitectura yo (Visor, 2012), a pesar de haber publicado en prestigiosas editoriales y de haber ganado importantes premios literarios, jamás se ha conformado ni con su rédito, ni su poética, algo encomiable que comparte con otros compañeros de generación, como por ejemplo Joaquín Pérez Azaústre. Josep M. Rodríguez sigue buscando en la poesía y en el lenguaje. Sus poemas están inundados de sugerentes imágenes, de gráficas y palpables figuras retóricas, de vida.

    Ángel Luis Prieto de Paula en “Un poema, ¿una poética?”, su aportación al número siete de la revista Fragmenta (2016), volumen dedicado por entero al autor de este libro, comenta la riqueza visual de su poesía, como también, otro de los rasgos que caracterizan su estilo, la referencia biográfica. Si toda poesía nace ineludiblemente de la experiencia, esta queda representada en la poesía de Rodríguez mediante recuerdos aparentemente mencionados para quien se reconozca en ellos: «En los últimos meses de estar juntos / parecíamos // ascensores de hotel. / Siempre a destiempo». El fotógrafo no se resiste a figurar en el otro lado de la cámara.

    Con referencia a la pregunta que plantea el artículo de De Paula, si pudiésemos deconstruir un poema de Josep M. Rodríguez y diferenciar y señalar cada una de sus partes, en la inmensa mayoría de las piezas descubriríamos una veta clásica, al menos en lo métrico, pero también los nudos de su ruptura. Su fase temporal: la diacronía de la vida, aunque narrada de forma sincrónica y descriptiva.

   Joyce, Dickinson y Aleixandre, alternan —que no dividen— con los poemas dibujando un todo en tres instantes. Sus citas apelan al yo como identidad poliédrica, factor consustancial al hecho poético de Josep M. Rodríguez: «Al nacer nos entregan una máscara. / Mi rostro ya ha crecido / hasta encajar en ella».

    Las metáforas bullen en los versos de Sangre seca, su escenario está lleno de espejos que proponen tanto el autorreconocimiento, como mostrar a las claras las —en contraste con lo otro— pequeñas diferencias. Sin duda, las metáforas más logradas son aquellas que no son precedidas por ningún artículo, adverbio o preposición, ex profesos, ya que la necesidad de golpear al lector, de abrir su campo de visión, se vuelve más natural y creíble sin su manifiesta confesión: «El dolor es un bosque que se quema de pronto / y te deja su tizne y su vacío».

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Josep M. Rodríguez

    Rodríguez pertenece a esa generación —por edad— de poetas aglutinada en El canon abierto. Última poesía en español (1970-1985), publicada por Visor y llevada a cabo por la investigadora Remedios Sánchez García. El contraste de esta genial hornada de la poesía española muestra su heterogeneidad, prácticamente todas las corrientes poéticas discursivas que se practican en la actualidad están reflejadas en ella. La aportación de Josep María Rodríguez busca equilibrio, precisión, sugerencia y respeto por la tradición, rasgos inamovibles en su arqueológica y dinámica poética.

    Sangre seca, ya desde su título evoca a la reminiscencia de la herida. La sequedad de la sangre puede interpretarse como una ubicación temporal postraumática, el análisis tras el dolor, pero también puede leerse como el comienzo de un proceso de cicatrización, una mudanza de la carne viva a su curtición. Por ello, y por la dirección y forma del camino andado, algunos pensamos que este libro puede ser un punto de inflexión en la carrera del poeta.

Memoria y tradición literaria son los temas capitales de un poemario que estudia a ambos para averiguar la forma de superarlos. Por tanto, el pasado juega un papel muy importante en la morfología del yo, recuerdo y referente se transfiguran en una suerte de esperanza por trascenderlos, sí, pero en el fondo, también por cambiarlos.

    Buscar el reflejo actualizado de la analogía sin renunciar al ritmo, y al mismo tiempo, no renunciar a la autenticidad, no es tarea fácil, exige un trabajo de maduración y poda, también tensión en el lenguaje. Y todo ello se trasluce en el resplandor y la relectura de estos poemas.

    En palabras de Antonio Lucas, poeta compendiado en El canon abierto y parte del jurado del Premio de Poesía Ciudad de Córdoba “Ricardo Molina” que fue concedido a este libro, Sangre seca es: «Un libro que se maneja en versos cortos, que tienen una voluntad casi aforística en algunos momentos pero que van completando el discurso, la galaxia de esta obra que tiene una condición muy orgánica».

    Es cierto que periódicamente durante la lectura de estos versos, estos se preñan de toda la rotundidad del aforismo para ser piedra de engarce en un presente dialógico y convulso en el que, lo poco expeditivo, tiende a desaparecer: «Un niño se parece a una maleta / por llenar».

    Tal es la amplitud del ámbito vital, mental y abstracto del hablante lírico, que su arquitectura se complejiza, al igual que la morfología versal: se fragmentan los endecasílabos, se entrelazan tiempos. «Somos los hombres huecos», caminantes sin terminar de hacer: «Me reconozco en lo que está incompleto». La realidad inocula su virus fragmentario y en su proyección consuenan y disienten seres caleidoscópicos.

    Joan Margarit, distinguido firmante del epílogo, coincide con De Paula en la evocación personal en la poesía de Rodríguez y su cifrado, ya no para el lector más culto y refinado, sino para ese destinatario concreto que se convertirá en su único y acertado traductor. Margarit destaca que la historia personal del poeta avanza a la par que la historia colectiva, y destaca uno de sus versos, al que propone como alta y resonante divisa de un autor de quien, en cada libro, seguiremos esperando la excelencia: Oscuro el corazón y el verso claro.

Desde este próximo viernes, 15 de junio, la revista “Crátera” estará en Vociferio, 7º Festival de Poesía Oral y Escénica de Valencia. Será un placer compartir con todos vosotros las experiencias de un proyecto tan apasionante como es editar esta revista. Feria de editoriales, charlas, recitales; no os perdáis las actividades de este festival. Más información, en el enlace.
http://vociferio.es/es/

cartel vociferio

Generación Crátera

Publicado: 10 junio, 2018 en publicaciones
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Número 4, de próxima aparición.

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Contenidos de número 4. Especial de poesía hispanoamericana

Portada y contraportada: Juan Carlos Mestre

Inéditos (Ilustración de portadilla de Jorge Mejías Garrón)

Hugo Mujica, Mercedes Roffé, María Negroni, Miguel Ángel Zapata, Nilton Santiago, Paulo Franchetti, Caridad Atencio, Laura Giordani, Arturo Borra, Carlos Castillo Quintero, Carlos Roberto Gómez Beras, Pedro Antonio Valdez, Álvaro Torres-Calderón, Boris Rozas, Silvia Goldman, Abel Dávila Sabina.

La mirada de Basho (Ilustración de portadilla de Sara García Lafont)

Mirta Gili, Elías Dávila, León Leiva Gallardo.

Experimental (Ilustración de portadilla de Jorge Mejías Garrón)

Rosa Gravino, Maya López Muro. (Selección de David Acebes Sampedro)

Traducción (Ilustración de portadilla de Abel Dávila Sabina)

Mónica de la Torre (inglés), por Antonio Martínez Arboleda; Angela Gabriela Nache Mamier (rumano), por Elisabeta Botan; Stelios Hourmouziadis (griego), por Natasa Lambrou.

La entrevista (Ilustración de portadilla de Hilario Barrero)

Aníbal Cristobo es entrevistado por Jorge Ortiz Robla

Investigación (Ilustración de portadilla de Jorge Mejías Garrón)

“Hablar y deshablar, tener y destener. La innovación lingüística en la poesía de Juan Gelman como vestigio de la herida”, por Marisa Martínez Pérsico; “La poesía de Jacobo A. Rauskin: período del escepticismo”, por José Vicente Peiró; “Ficciones fónicas”, por Gabriela Milone.

Reseñas (Ilustración de portadilla de Hilario Barrero)

“El frío de vivir” de Sergio García Zamora, por Adalber Salas Hernández; “Margen interno. Ensayos y semblanzas” de Juan Malpartida, por Juan Marqués; “Décimas lezámicas” de Roberto López Moreno, por David Acebes Sampedro; “Los habitados” de Piedad Bonnett, por José Ángel
García Caballero; “Mar en los huesos” de Juana Goergen, por Álvaro Hernando; “Borealis” de Rocío Cerón, por Gregorio Muelas Bermúdez; “Los espejos comunicantes” de Óscar Hahn, por José Antonio Olmedo López-Amor.

Leído por (Ilustración de portadilla de Juan G. Sorlí)

“El último apaga la luz” de Nicanor Parra, por Ramón Campos; “Un hogar fuera de mí” de Luciana Reif, por Bibiana Collado Cabrera; “Cesto de trenzas” de Natalia Litvinova, por Jorge Ortiz Robla; “Indrets del temps” de Ramon Xirau, por Eduard Xavier Montesinos.

 

 

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En esta fotografía me encuentro (de izquierda a derecha) con: Gregorio Muelas, Enna Villarroya, Rafael Mesado y Arantxa Esteban. (Yo soy el de la derecha).

Con motivo de la presentación de los números 1 y 2 de la revista “Crátera”, y el número 14 de la revista “Azaharanía” (3-11-2017), Gregorio Muelas y quien suscribe, fuimos invitados por Marcelo Díaz, coordinador de la tertulia castellonense El Almadar, a hacerlo en La Bohemia, sala cultural —ya emblemática— castellonense, donde no es raro ver —entre otras muchas cosas— interesantes exposiciones de arte, presentaciones de libros o incluso, actuaciones musicales.

Las instantánea, fue tomada después de la presentación, en un local cercano. Las buenas vibraciones y la grata conversación propiciaron uno de esos momentos especiales por los que merece la pena desplazarse a otra ciudad con el pretexto de hablar de poesía.

“Azaharanía” y “Crátera”: dos revistas de poesía hermanadas por la amistad.

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Próxima presentación del número 2 de la revista “Crátera”, el próximo jueves,  9 de noviembre, a partir de las 19:30 h, en la Sala Multiusos de la Casa Palacio de Vivanco (Camino Real, 22), en Catarroja (Valencia).

Introducirá al acto el Excmo. alcalde de Catarroja D. Jesús Monzó.

Intervendrán José Antonio Olmedo, Gregorio Muelas y Jorge Ortiz, editores y directores de la revista, acompañados por Bibiana Collado, poeta, profesora y miembro del comité asesor.

Organizan:

Crátera. Revista de Crítica y Poesía Contemporánea, Ayuntamiento de Catarroja y Asociación Literaria Crátarroja.

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Contenidos y colaboradores del n.º 2:

Ilustraciones:

Cubierta: Juan Carlos Mestre

Portadillas: Enriqueta Hueso, Ricardo Ranz, Marcelo Díaz, Sara García Lafont.

Inéditos:

Luis Antonio de Villena, Nuno Júdice, Jorge Riechmann, Enrique Falcón, Alejandro López Andrada, Juan Ramón Barat, Guadalupe Grande, Marta López Vilar, Vanesa Pérez-Sauquillo, Verónica Aranda, José Cabrera Martos, Rafael Correcher, Sergio Navarro, David Trashumante, Ramon Ramon, Teresa Ramos.

La mirada de Basho (haikus):

Félix Arce Araiz, Mila Villanueva, Xaro Ortolá.

Experimental:

Juan López de Ael, Fran Soto (selección de David Acebes Sampedro).

Traducción:

Robert Serban por Elisabeta BotanStela Sourafí y Ceofanis Panagiotópoulos por Natasa Lambrou.

La entrevista:

Nacho Escuín por Jorge Ortiz Robla

Investigación:

“Hilde Domin y el despertar de la conciencia poética” por Gema Estudillo.

Reseñas:

“Entre dos nadas. Antología consultada” de Francisco Brines por José Luis Morante;
“Cantó un pájaro. Antología esencial” de Vicente Gallego por Santos Domínguez;
“Sin ir más lejos” de Fermín Herrero por David Acebes Sampedro;
“Poesía Completa” de Mário de Sá-Carneiro por José Ángel García Caballero;
“De exilios y moradas” de José Luis Zerón Huguet por Gregorio Muelas Bermúdez;
“El primer día” de Julio César Galán por Gregorio Muelas Bermúdez; 
“Tú me mueves” de Agustín Pérez Leal por José Antonio Olmedo López-Amor; 
“Sangre seca” de Josep M. Rodríguez por José Antonio Olmedo López-Amor.

Leído por:

“La noche de Europa” de Dionisio Cañas por Ramón Campos;
“Geometría del Abismo” de David Sarrión Galdón por Jorge Ortiz Robla;
“Cada noche un poema. Antología” de Montserrat Abelló por Antonio Praena;
“Acadèmia d´idiomes invisibles” de Anna Bou Jorba por Eduard Xavier Montesinos.

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Blog de “Crátera”:

http://revistacratera.blogspot.com.es/?m=1

Pide tu ejemplar al correo de la revista:

revistacratera@gmail.com