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Crónica publicada en “Todoliteratura.es”:

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El pasado jueves, 6 de septiembre, la Librería Ramón Llull de Valencia estrenó su temporada con la presentación del poemario “Gramática de sombras” (Calambur, 2018) de Elena Torres. Dicho libro es el decimocuarto en la bibliografía de su autora. Y para la ocasión, la poeta contó con la presencia de Sergio Arlandis, poeta, crítico, y en este caso, editor del sello Calambur, además de Blas Muñoz, reconocido poeta y profesor de larga trayectoria.

    A pesar de la fecha escogida para la presentación, teniendo en cuenta que el verano levantino se vive hasta mediados de septiembre, el público no defraudó y llenó uno de los foros culturales más emblemáticos de la Comunidad Valenciana. Como consecuencia de ello, escritores de la talla de Jaime Siles, Pedro José Moreno, Gloria de Frutos, Mar Busquets o Bibiana Collado, entre otros, arroparon a la autora.

    Para quienes no conozcan a Elena Torres, apuntaré brevemente que empezó su trayectoria como poeta en 1994 con Don de la memoria (Instituto de Estudios Modernistas), editorial del recientemente desaparecido Ricardo Llopesa, y a este libro sucedieron Alta fidelidad (Páginacero, 2001, Alrededor del deseo (Torremozas, 2011) o Frágil (Obrapropia, 2012), libro que mereció el Premio Ciudad de Valencia Vicente Gaos.

    El acto comenzó con unas palabras del poeta y anfitrión —junto a Almudena— Francisco Benedito, con las que agradeció al público su asistencia y subrayó la relevancia cultural y el cariño que las tres figuras literarias allí reunidas despiertan en la casa.

    Sergio Arlandis, una de las voces más destacadas de su generación, tomó la palabra en calidad de editor para manifestar que el manuscrito de Elena Torres no convenció a la mayoría del comité lector a su llegada a la editorial, sino a todos. Puso en valor la dilatada experiencia de la autora y su particular admiración por una obra que conecta emocional e intelectualmente con el lector a varios niveles. Alabó la capacidad de síntesis de los poemas, su arraigo con lo cotidiano pero a la vez metafísico, su universalidad y carácter metaliterario, lo que dota a los versos de profundidad y múltiples interpretaciones. Arlandis añadió que el lenguaje y su finitud gramatical lo convierten, precisamente, en una herramienta de infinitas posibilidades, motivo temático que filtrará toda su simbología por los diferentes pasajes del libro.

    Elena Torres, por su parte, compartió con los allí presentes algunas claves que ayudan a conocer mejor su poética y a desentrañar el libro. Comentó que urdió el poemario con la idea preconcebida de abordar temas nucleares y recurrentes en su poética, como lo son: el amor, el deseo, el tiempo, la duda; añadió que el libro está dividido en ocho partes y que a cada una de ellas precede una cita en la que se encuentra implícita la palabra temática a la que va referida cada sección. Decidió envolver esta obra con una retórica lingüística en la que la palabra fuese vehículo, pero también modelo y cuerpo de su universo simbólico. De este modo, la autora manifestó haber subrayado la importancia de los adverbios, las preposiciones y locuciones como partes de la gramática que posibilitan combinaciones que nos acerquen a describir lo inefable.

    El poeta Blas Muñoz fue breve en su intervención, pero —tal y como acostumbra— contundente y preciso. Vinculó la importancia de esas mínimas partes de la oración, como pueden ser los adverbios y preposiciones, con la coherencia y cohesión de una gramática necesitada de esas membranas articulatorias del discurso. Antepuso el valor de la solvente utilización de dichos nexos  a la sustantivación o adjetivación, recursos  banalizados y trillados por el acervo popular. Al igual que Sergio Arlandis, Blas Muñoz fue uno de los lectores privilegiados cuando Gramática de sombras era solo un borrador, y sostuvo con la autora una conversación en la que ambos comentaron la decisiva influencia que su criterio tuvo en el acabado final del libro.

    El acto culminó con un breve recital de los poemas del libro a cargo de Blas Muñoz y Elena Torres, quienes pausadamente y alternando sus lecturas convirtieron la declamación en un diálogo brillante y fluido que no hizo más que revelar la condición de macrotexto de la obra.

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   Crónica publicada en “Todoliteratura.es”:

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 La obra (poética) y figura (humana) de Antonio Praena (Purullena, 1973) ha crecido enormemente en los últimos años. Desde que recibió el Accésit del Premio Adonáis por Poemas para mi hermana (2006), sus libros se cuentan por premios: algunos de ellos, los más importantes del panorama lírico español. Historia de un alma (Visor, 2017) fue merecedor del XXVII Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma, y es precisamente con el autor de “Pandémica y celeste” con quien Praena consuena de manera muy particular en este libro.

   El pasado sábado, 27 de enero, en la Librería Ramón Llull —corazón cultural valenciano, gestionado magníficamente por Almudena— se dieron cita algunas de las plumas más destacadas de la región. El evento no era para menos; la asociación cultural Concilyarte organizaba el acto de presentación de Historia de un alma, Mila Villanueva, su presidenta, fue la encargada de presentar a Antonio Praena y Bibiana Collado. De Bibiana, no podemos decir menos: reciente ganadora del Accésit del Premio Adonáis por El recelo del agua, ha sido merecedora del premio Arcipreste de Hita, 2012, por Como si nunca antes y del Premio Complutense de Literatura por Certeza del colapso; por lo que la velada prometía ser de altura poética.

   Ni Antonio Praena, ni Bibiana Collado defraudaron al público asistente. Tras la introducción de Bibiana, en primera instancia, y varias preguntas que la poeta realizó al autor de Historia de un alma, en turnos alternados con la lectura de algunos poemas, pudimos conocer los entresijos de este libro, el cual supone un giro —digamos, lingüístico— en la dicción poética del autor de Yo he querido ser grúa muchas veces.

     De entrada, sorprende la naturalidad, rozando la irreverencia, y el descaro, lindando con la provocación, de un argumento lírico, con destellos místicos, pero a la vez hundido en sus raíces en un hiperrealismo urbano y plagado de personajes tan marginales como pintorescos: consumidores de cocaína, adictos a anabolizantes y tatuajes; quienes, sin embargo, no hacen más que constatar que ante los procesos, etapas y emociones de la vida, como seres humanos, no somos tan diferentes como nos creemos.

     Nada, más cerca de la realidad, son los versos contenidos en un poemario cuyo autor reivindica un regreso a los valores de la moral ante una profunda y expansiva deshumanización global. El autor, manifestó haber encontrado su lugar en el mundo y quizá ello justifique el momento de plenitud creativa en el que se halla desde hace algún tiempo. «Quiero verdad»: afirmó Antonio Praena, y subrayó que uno de los privilegios de una obra artística es que no está obligada a explicarse o justificarse. El arte debe ser y revelarse con naturalidad, favoreciendo con ello el discurrir de las cosas.

   Por mediación de las preguntas formuladas por Bibiana Collado, descubrimos pinceladas biográficas tras la fachada de algunos versos: “Salmo 104” resulta ser la transcripción de una costumbre de monjas contemplativas que el poeta compartió en uno de sus viajes transoceánicos; “Comebolsas” deviene de su experiencia como voluntario en la reinserción de presos a la sociedad; y así, en cada puesta en escena de cada poema se traslucía un embargo interior de inconformismo, una denodada búsqueda de la belleza que no descarta en su empeño visitar —si es preciso— el rincón más insalubre o más oscuro del mundo.

     En Historia de un alma, la pasión y sorpresa del hablante lírico se focalizan bajo una perspectiva burguesa que no duda en mezclar a santo Tomás de Aquino con Dido, sobre todo, si a través de dichos referentes se clarifica un paso a la verdad. Por lo tanto, este libro es una suerte de vínculo entre lo clásico y lo moderno, un homenaje a poéticas y poetas como Jaime Gil de Biedma o Luis Antonio de Villena, donde la palabra acaricia o golpea con la misma contundencia en cada uno de los pasajes que conforman esta actualizada crónica de la decadencia.

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De izquierda a derecha: Mila Villanueva, Antonio Praena y Bibiana Collado.

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De derecha a izquierda: Rafael Soler, Sara Juárez, Ricardo Bellveser, Robert Archer y Sergio Arlandis.         Fotografía: Hasbia Ma

El pasado miércoles, 29 de marzo, en la Librería Ramón Llull de Valencia, y en un acto organizado por la asociación cultural Concilyarte, tuvo lugar la presentación del libro “Primavera de la noche”, el más reciente poemario del poeta, periodista, ensayista y narrador valenciano, Ricardo Bellveser. Como no podía ser de otra manera, el acto reunió a un numerosísimo público, un público en el que se encontraban algunas de las personalidades más destacadas de la cultura valenciana. No era para menos, “Primavera de la noche” corona cuatro décadas en la vida poética de Ricardo Bellveser, para ello, y presentados por Mila Villanueva, organizadora del evento, también escritora y presidenta de Concilyarte, tres grandes escritores arroparon al poeta y lo hicieron por este orden: Sergio Arlandis, Rafael Soler y Robert Archer.

Arlandis, destacado poeta y crítico literario, intervino como editor, ya que en la actualidad es el responsable editorial de tres colecciones de la editorial Calambur, sello bajo el que está publicado “Primavera de la noche”. Sus palabras fueron breves, pero concisas y en ellas se trasluce la admiración y el respeto que siente por Bellveser: «Los solitarios y sus amigos es una colección en la que hemos publicado poetas como Gamoneda o Antonio Colinas y sin duda, con la inclusión de Ricardo Bellveser, esta colección se enriquece».

Por su parte, Rafael Soler, poeta valenciano radicado en Madrid, habló de la importancia del título del libro, lo definió como una suerte de equilibrio antitético, entendiendo por «primavera» quizás el primero de los cuatro estadios temporales que anteceden a esa postrera «noche» o transfiguración de la muerte. También apuntó el momento de madurez e introspección del autor, obligado por sus propias reflexiones vitales, al recuerdo, a las ausencias, al amor y sus reconocibles huellas en el tiempo. Sus palabras compusieron un tributo de prosa poética, no solo por su belleza, sino por su solemnidad y hondura.

Robert Archer, escritor e hispanista londinense, residente en Valencia, con no menos vehemencia, sino con sorpresa y fascinación añadidas, reveló que la lectura de “Primavera de la noche” le había hecho reflexionar acerca de las cuestiones existenciales que en libro se tratan, y aún más, confesó que los versos de Bellveser lo subyugaron también en sueños. Este hecho —según palabras textuales del propio Archer— le hizo reconsiderar su postura ante la vida y el paso del tiempo, acercándose con ello a la actitud de un amigo al que por anteriores opiniones sobre temas de esta índole, creía diferente.

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Fotografía: Hasbia Ma

Ricardo Bellveser tomó la palabra y como es lógico, agradeció debidamente a sus compañeros de mesa todo su cariño y generosidad. Ya dirigiéndose al público, el poeta apuntó que la poesía debe recobrar la verdad, es decir, todo lo que los poetas románticos consiguieron —en lo que acercar la poesía a toda clase social se refiere—, fue destruido por los vanguardistas. Según Bellveser, la poesía demasiado intelectual, irracional, surrealista, experimental, llámese como se quiera, alejó al no erudito en literatura de la poesía. En su opinión, que alguien enfrente un poema y no lo comprenda es un fracaso para todos. De ahí su invitación a la poesía verité, rasgo representado en los poemas que componen “Primavera de la noche”, un fluido discurso que huye de tecnicismos y retórica, donde cada palabra está justificada y tanto el tono, léxico, ritmo y argumento demuestran libertad, pero también —y lo más importante— sinceridad.

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La actriz Sara Juárez recitando versos de Bellveser.                                       Fotografía: Hasbia Ma.

El acto fue culminado por la actriz Sara Juárez, quien intervino recitando poemas del libro, maravillando al público presente con su particular sensibilidad.

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