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Publicado en la revista de libros “Los Diablos Azules” de “Infolibre”:

https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2019/02/15/seleccion_esencial_los_cien_mejores_poemas_karmelo_iribarren_91914_1821.html?fbclid=IwAR3-s9aR7XVFtWJ96uzXXqMKpOtXLOcjpc8S688zso8-PK7qULKl4FGo3qc

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Podríamos considerar a Karmelo C. Iribarren(San Sebastián, 1959) un poeta de la existencia; también un poeta postexpresionista. Sin embargo, hay escritores que se resisten a ser etiquetados, simplemente porque rebasan los márgenes que los acotan, porque sus obras están en movimiento. Tal es el caso de Iribarren, poeta-isla en la poesía española contemporánea quien, tal como advierte en su magnífico aporte José Luis Morante —encargado de seleccionar y prologar el libro que nos ocupa—: «su obra, amplia y significativa, refleja una evolución personal, con signos singulares pero con un concepto poético uniforme». Dicha evolución sigue componiendo su hoja de ruta con cada nueva publicación, ya sea a través de poemas o aforismos, vertiente que también cultiva este autor.

    Esta antología o selección esencial, compendia 23 años de vida y poesía (1995-2018), ambas indisociables, de la trayectoria de Iribarren. Señalado como poeta urbano por libros como La condición urbana (1995), en el que ya dibuja el croquis del posterior autorretrato: verso libre, una dicción coloquial que incluye argot y palabras marginales como recurso para dotar de realismo y verosimilitud a los poemas, desencanto del mundo pero a la vez fascinación por descubrir(se) en sus contrariedades, ironía y tránsito entre desesperanza e ilusión. Iribarren da voz a personajes engullidos por una realidad que los enfrenta a sí mismos. La analogía entre los coches, antes de entrar al túnel, y la vida, entendida como aceptación de lo efímero, presente en el poema “Hacia la sombra” sintetiza a la perfección buena parte de su poética.

Sin hacer crítica explícita al funcionamiento de las relaciones sociales, el poeta evidencia por contraste, moldea personajes insatisfechos, entre los que se incluye, y de manera subliminal se posiciona con los perdedores, quienes sienten que no han perdido nada y no tienen nada que perder porque realmente no hay nada por ganar.

Influenciado por el séptimo arte, Iribarren se convierte en un creador de imágenes irreverentes; la poesía negra utiliza códigos del cine negro: una infidelidad, una botella de wisky y su alucinación, un francotirador que apunta su mira telescópica a la conciencia del lector. Quizá por incontinencia y sin pretender empatizar, la carga emocional de los poemas y la puesta en escena incitan al lector a compadecerse por la dureza de algunas historias, y a descodificar de ellas cierto grado de ternura: «Ándate con cuidado // hay gente que es capaz de cualquier cosa, / cuando ve una sonrisa».

La turbulenta relación con el alcohol del hablante lírico o el agravio del tiempo, culpable de no haber podido conocer mejor a su padre antes de morir, desdibujan preocupaciones autobiográficas que cristalizan en cinismo y desafectación a menudo y se revelan casi siempre en los bares, esas sedes del desengaño. Así, la poesía de Iribarren ensalza la cotidianidad y ubica en ella a la mujer, un ser ambivalente capaz de lo mejor y lo peor, y se especializa, a través del sarcasmo, en encontrar lo novedoso en la rutina, como por ejemplo, en esa catafórica alusión al clasismo en el título de uno de sus poemarios Serie B (1998).

El margen emocional —y de maniobra— de que disponen los poemas viene determinado por un estado de ánimo, un paisaje interior elaborado con la sinceridad de palabas desnudas que carecen de una preocupación estética: «Me dieron hostias (…) hasta en el carné de identidad». En un mundo en el que la tónica posmodernista es romper el cliché o huir de él, Iribarren lo incluye tal cual en su poesía y resulta, sino revolucionario, sí contestatario. Su poesía camina con independencia de otras etiquetas masivas y coetáneas.

    Los cien mejores poemas de Karmelo C. Iribarren resulta un título engañoso, ya que la selección parece el cuaderno de bitácora de un caminante. Pero como dice Jaime Siles, los títulos de los poemarios no deben ser poéticos, y sin duda, este cumple fielmente tal afirmación.

Parafraseando a José Luis Morante: «Las palabras de Iribarren inspiran confianza»; y en verdad esta poesía posee ese don, lejos de parecer buena o mala, correcta o incorrecta a la moralidad o el gusto, una verdad late bajo los versos. No hay impostura: «Se acabó el cuento, / amigo: esto es la vida», algo que no impide que muchas veces los finales de los poemas sean rematados a la manera de O. Henry: «Cierras los ojos / y «esto es la felicidad», / te dices. // Luego los abres / y ves a ese pobre viejo / hurgando en las papeleras».

En definitiva, el viaje a través de esos veintitrés años de poesía sintetizada en este libro, nos lleva a conocer más profundamente la dimensión humana del poeta, nos traslada desde la sordidez y el pesimismo a cierto grado de optimismo y esperanza, algo que se agradece después de algunos pasajes desapacibles por la crudeza de la realidad; como hizo Ortega y Gasset, Iribarren reduce el mundo a lo que observa a través de la ventana del bar donde reflexiona su vida, y lo hace a través de la poesía, mientras se resiste a ser atravesado y absorbido por fuerzas que ni siquiera conoce. Desde  el cauce de las palabras se desdice y transforma pero nunca renuncia a preguntarse.

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Karmelo C. Iribarren

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Reseña publicada en “Oculta Lit”:

https://www.ocultalit.com/poesia/jose-luis-morante-pulsaciones-takara/?fbclid=IwAR27Ovgkswzv-jum_2AwqCPrJOVmbATLxaSs-d8bIcAr_lp-b6Rvo0y2feo

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Título: Pulsaciones

Autor: José Luis Morante

Editorial: Takara Editorial

Género: poesía

Año de publicación: 2017

Número de páginas: 120

ISBN: 978-84-945775-7-4

 

La mirada absoluta de José Luis Morante (Ávila, 1956) rebasa los límites de un sujeto lírico contemplativo y reflexivo, desborda el continente previsto a la ocupación del poema y devela a ritmo de caminante los hilos invisibles que vinculan la intuición a su experiencia.

    Empoderado por una trayectoria rigurosa e intachable, tanto como poeta, como por aforista, profesor, narrador y crítico literario; el estilo y visión del mundo de José Luis Morante avanzan igual de fortificados y pulidos. La precisión aforística se aprecia en la sintética concisión y resolución de los poemas. La palabra de Morante, unas veces entregada a la prospección de la memoria, sin caer en sentimentalismos; y otras, estilete que ausculta el interior de una conciencia en busca de su propia identidad, se revela contundente en su caer descalzo sobre la mirada lectora. Seguro hasta en la incertidumbre, el poeta canta con la misma naturalidad al recuerdo, el dolor o el pensamiento, y su poesía cristaliza como anastilosis de su vida.

    Publicado en la colección Wasabi de Takara Editorial, Pulsaciones supone una exquisita y necesaria selección del autor a un cuarto de siglo (1990-2016) de vida dedicada —y con qué denuedo— a la literatura. Rosario Troncoso, poeta y además editora de Takara, ofrece a Morante con acierto la posibilidad de publicar su antología como edición limitada, lo que la convierte en pieza de coleccionista para los amantes de la buena poesía.

    La propia editora es quien se encarga de introducir al lector al amplio universo del poeta; ardua y apasionante tarea, sin embargo, quizás demasiado sucinta, dada la densa y profunda obra poética a la que antecede. En dicho apunte, Troncoso habla de viaje interior, de reflexión, también de emoción contenida, en lo que se constituye quizás lo más representativo como poeta de Morante. Conviene, además, en que la temporalidad, identidad y otredad, son temas que preocupan al autor y sobre ellos despliega gran parte de sus evocaciones y reflexiones.

    Ocho son los títulos compendiados en esta obra: Rotonda con estatuas (1990), Enemigo leal (1992), Población activa (1994), Causas y efectos (1997), Un país lejano (1998), Largo recorrido (2001), La noche en blanco (2005) y Ninguna parte (2013), a lo que hay que añadir el último y más extenso apartado, de título “Pulsaciones”: dieciocho poemas inéditos concebidos entre 2012 y 2016, tal como confiesa el propio autor en una nota final.

    La labor como crítico literario de José Luis Morante es constante y mantiene, desde hace algunos años, un ritmo y una calidad que no muchos pueden sostener. Sus reseñas son una presencia habitual en revistas literarias, así como en su blog personal “Puentes de papel”. Como prologuista y antólogo el orbe de su mirada no hace más que crecer y afianzarlo como referente de la teoría y práctica de la poesía española contemporánea. Suyas son las ediciones críticas de Eloy Sánchez Rosillo, Luis García Montero y Joan Margarit, referentes personales: Hilo de oro (2014), Ropa de calle (2011) y Arquitecturas de la memoria (2007), respectivamente, todas ellas editadas por Cátedra; trabajos monumentales que unidos a otros como la selección y prólogo de la antología poética de Javier Sánchez Menéndez y un compendio de aforismos e ideas líricas de Juan Ramón Jiménez —por citar solo dos de sus más recientes trabajos— explican que su producción poética se vea mermada en cuanto a cantidad.

    Por otra parte, toda esa experiencia en lo periodístico y lo narrativo no ha hecho sino aquilatar una palabra poética que no busca su vuelo con la ruptura gramatical o el desorden sintáctico, sino en la transparencia y el peso del punto de vista y la palabra precisos.

    El poema titulado “Heterónomos” es representativo en cuanto a la exposición que plantea el poeta con respecto a esa convivencia de un yo escindido en dos mitades: «Dentro de mí conviven, abocados / a una inmensa rutina sedentaria, / el yo que pienso y otro, el que parezco»; y esta preocupación pessoana será una constante en su poética. El tono confesional, la primera persona del hablante lírico y una clara vocación dialogística, convierten al sujeto de la enunciación  en una suerte de avatar del autor. Esa preocupación identitaria podría terminar en conflicto pero sin embargo desemboca en la asunción de su propia ambivalencia, por lo que se confiesa sumido en «el mar de una sabia ignorancia».

    También será constante la arquitectura imparisílaba de los versos: pentasílabos, heptasílabos y endecasílabos serán los más recurrentes en una combinación de metros que irá floreciendo alejandrinos, en mayor medida, en detrimento del eneasílabo: «Curtido en el rigor de una ancestral miseria, / nuevo rico y magnánimo, / fue otorgando sin tino donaciones». Morante poetiza sin rima, por lo que sus versos, entendidos como una combinación polimétrica de versículos blancos, buscan su ritmo en la aliteración y puntuación, en la prosodia natural de los vocablos, sin necesidad de oscurantismos retóricos ni léxicos: «Tanto naufragio en verso, / tanta huella en el agua, / tanto demonio suelto entre papeles, / incomodan mi estancia en la tranquila / pensión de solitarios terminales».

    Dicha naturalización de su expresión poética es coherente con la nitidez de sus imágenes, con la claridad de su lectura. La poesía de José Luis Morante, lejos de ser simple, es elegante y hace que los recursos técnicos: coordinación de versos yuxtapuestos, elisión de conectores o el uso del encabalgamiento, pasen desapercibidos al lector, quien además de sentirse identificado con sus poemas, podrá advertir una evolución desde una narratividad reflexiva: «De clara formación autodidacta, / fue un enemigo ilustre y bien podría / ser acendrado ejemplo / de las generaciones venideras»;  a una especie de simbolismo descriptivo y elegíaco: «Mostrarán las palabras / un ápice de vida, / el prodigio de estar en el andén / de una estación perdida / en la que soy el único viajero. // Un tren sin nadie aguarda la salida / para borrarse pronto / en el doble raíl de la distancia».

    Llama la atención el hecho de la solidez estilística de Morante, convicciones formales que no solo maneja con solvencia, sino que mantiene en el tiempo a la manera de Caballero Bonald. La rotundidad lírica ya se aprecia en los poemas más antiguos. El hecho cotidiano inspira la mayor parte de evocaciones, descripciones y teorías: «Cada jornada intento sin demora / la gesta cotidiana de aventar / el cansancio de los días comunes, / mientras, bruñida y frágil, a lo lejos / una luna de plata abre la noche, / dibuja su contorno en el regazo / del cielo envejecido de Madrid». Los poemas suelen comenzar y terminar en una única página y ninguno carece de título; además, no suelen dividirse en estrofas, para encontrar algún poema estrófico hemos de llegar a la última parte del libro.

    Cuaderno de itinerancia ontológica, la poesía de Morante va trazando círculos concéntricos alrededor de sí misma para tratar de balizar un gradual sendero hacia la desnudez. Esas demarcaciones, apenas perceptibles, constatan la metamorfosis vital de un pensador que duele y se fascina a partes iguales por su vivencia carnal y filológica.

    `Pulsaciones´ resulta un acertado epígrafe a esta agrupación de síntomas de vida. Los latidos son algo inevitable para el ser vivo, como irrefrenable es poetizar para el poeta verdadero; el acompasado pálpito de estos versos anticipa una apasionada corriente subterránea que nada tiene que ver con lo impostado.

    Un aparente poso autobiográfico inunda los poemas e invita a descubrir cada vez más al poeta embozado tras sus versos; ese recuerdo del padre, ese pupitre del colegio, descubren verdades incontestables concebidas más para sentir que para ser juzgadas.

    La lectura de estos ocho poemarios representados en uno solo revela la concordancia de forma y tono en la poesía de José Luis Morante. Fiel a su sello personal, poemas con varios lustros de diferencia consuenan armoniosamente y se integran en un todo coherente que lejos de interpretarse como estancamiento creativo subrayan la consolidación y madurez de una experimentada voz poética.

    Esta compilación, de apenas setenta y seis páginas de poesía, parece quedarse pequeña para constituirse como una antología seleccionada, demasiado breve, para la alta poesía y distinguido poeta que es José Luis Morante; estoy seguro de que buena parte de responsabilidad en esto la tienen dos cualidades que lo engrandecen como artista y como persona: su capacidad de autoexigencia y su humildad.

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José Luis Morante

Publicado en “El Mundo” (edición de papel, Comunidad Valenciana) del lunes 23.4.18

Autor del texto: Ricardo Bellveser 

Temática: sobre el libro “Polifonía de lo inmanente. Apuntes sobre poesía española contemporánea (2010-2017)” de José Antonio Omedo y Gregorio Muelas (Lastura Ediciones & Ediciones El Juglar, 2017).

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De 40 autores, 12 son valencianos

El crítico valenciano José Antonio Olmedo López-Amor, utiliza como “percha” de introducción a su libro de rarísimo título, “Polifonía de lo inmanente”, escrito en coautoría con el también valenciano Gregorio Muelas, una definición del poeta y profesor Jaime Siles, que dice: “La poesía es un estado de gracia, como la crítica lo es —o debería serlo— de conciencia”, interesante por lo que tiene de particular.


Mi titularidad académica universitaria es de ‘Crítica Literaria’, asignatura que en otros momentos se llamó ‘Poética’, terminología tomada de Aristóteles, incluso ‘Literatura Comparada’, y como tal la he entendido en el ámbito filosófico de la frase de Siles, pues para mí la Crítica Literaria significa pensamiento y reflexión pero además hay que exigirle que cumpla una función mediadora.


Este volumen de 328 páginas (coedición de Lastura Ediciones y Editorial Juglar, diciembre de 2017), selecciona a 40 autores sobre los que construyen unos “apuntes sobre poesía española contemporánea 2010-2017”, de los cuales, al menos doce son valencianos y el resto, mayoritariamente, andaluces o aragoneses, lo que hace pensar que para los autores la poesía española hoy, pasa por estos territorios. 


A Joseph Addison, (1672-1719), un personaje realmente interesante cuando se habla de estas materias, le leí la siguiente maldad: “una buena señal para distinguir al crítico que carece de gusto y de instrucción es que raras veces se aventura a alabar pasaje alguno de una obra que no haya sido previamente bien acogida y aplaudida por el público, y que su crítica se ensaña en los defectos y errores más leves de un autor. En este su empeño, el crítico tiene tantas probabilidades de éxito, que aún el más vulgar lector, a la aparición de algún poema nuevo, posee la agudeza y mala voluntad bastante, para poner en ridículo algunos pasajes del mismo, y ciertamente, a menudo con razón”
José Antonio y Gregorio, en su libro, no sé si conscientes o no, se han puesto en fila en esta tradición de pensamiento, lo que incluye la concepción de la crítica literaria como un estado de conciencia a lo que yo acabo de añadir el concepto de mediación. 


Vamos a ver: entre las múltiples fórmulas de comprensión de la crítica literaria, prevalece la crítica erudita, aunque en mi opinión, el factor dominante debe ser el gusto. Se lo hemos oído antes a Joseph Addison luego no hablamos, de ninguna novedad.


José Antonio señala, en su introducción, que la crítica literaria “nunca ha dejado de ser necesaria”, por supuesto, eso la historia nos lo desvela, y Gregorio da un paso más y se pregunta “¿qué ocurre ahora?”. Ese es el quid de la cuestión, aparte de distinguir entre crítica e ideología, porque el prestigio de la crítica y teoría literaria marxista, representada por Mijaíl Bajtín, introductor del concepto de éthos, ética, desbancó a todas las demás, y pasó, ya en el siglo XX, del formalismo ruso, a la estilística europea (Dámaso Alonso) o la crítica estructuralista (Barthes).


Los autores de este libro miran con simpatía las posiciones postmodernas como las de Luis Alberto de Cuenca, quien considera que hoy el lector ha sustituido a Zeus por Supermán y reinterpretan a críticos futuristas como sucede con el Canto a la máquina de Cano Ballesta ––la vida corre y los autores consideran como de especial interés a poetas ‘vivos’ como García Baena, al que el tiempo se ha llevado este mes de enero–– , pero no hay intención antológica en las autores seleccionados.


El libro se divide en dos partes, la primera es de teoría literaria, de todo aquello de lo que venimos hablando desde hace unos minutos aquí, y la segunda es una relativa aplicación del mundo teórico, aplicación sobre casos, libros y autores concretos. Pero recuerdan los autores que este libro no tiene ni propósito, ni deseo, ni intención, ni finalidad antológica , sino que reúne una lista de escritos críticos que los dos autores han venido elaborando durante el último lustro, desde 2013 cuando empezaron a publicar estos artículos, guiados principalmente por la subjetividad . 


Por esta razón, a mí personalmente, mucho más que los poetas y escritores seleccionados, me interesa el discurso del método que desde la diletancia han establecido en las 75 primeras páginas, de formulación severamente teórica. De todos modos, son 40 las reseñas sobre otros tantos poetas o escritores, relación en la que figuran poetas muy conocidos y populares, y otros casi secretos por su juventud o porque sus obras han trascendido poco públicamente.

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Próxima presentación del número 2 de la revista “Crátera”, el próximo jueves,  9 de noviembre, a partir de las 19:30 h, en la Sala Multiusos de la Casa Palacio de Vivanco (Camino Real, 22), en Catarroja (Valencia).

Introducirá al acto el Excmo. alcalde de Catarroja D. Jesús Monzó.

Intervendrán José Antonio Olmedo, Gregorio Muelas y Jorge Ortiz, editores y directores de la revista, acompañados por Bibiana Collado, poeta, profesora y miembro del comité asesor.

Organizan:

Crátera. Revista de Crítica y Poesía Contemporánea, Ayuntamiento de Catarroja y Asociación Literaria Crátarroja.

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Contenidos y colaboradores del n.º 2:

Ilustraciones:

Cubierta: Juan Carlos Mestre

Portadillas: Enriqueta Hueso, Ricardo Ranz, Marcelo Díaz, Sara García Lafont.

Inéditos:

Luis Antonio de Villena, Nuno Júdice, Jorge Riechmann, Enrique Falcón, Alejandro López Andrada, Juan Ramón Barat, Guadalupe Grande, Marta López Vilar, Vanesa Pérez-Sauquillo, Verónica Aranda, José Cabrera Martos, Rafael Correcher, Sergio Navarro, David Trashumante, Ramon Ramon, Teresa Ramos.

La mirada de Basho (haikus):

Félix Arce Araiz, Mila Villanueva, Xaro Ortolá.

Experimental:

Juan López de Ael, Fran Soto (selección de David Acebes Sampedro).

Traducción:

Robert Serban por Elisabeta BotanStela Sourafí y Ceofanis Panagiotópoulos por Natasa Lambrou.

La entrevista:

Nacho Escuín por Jorge Ortiz Robla

Investigación:

“Hilde Domin y el despertar de la conciencia poética” por Gema Estudillo.

Reseñas:

“Entre dos nadas. Antología consultada” de Francisco Brines por José Luis Morante;
“Cantó un pájaro. Antología esencial” de Vicente Gallego por Santos Domínguez;
“Sin ir más lejos” de Fermín Herrero por David Acebes Sampedro;
“Poesía Completa” de Mário de Sá-Carneiro por José Ángel García Caballero;
“De exilios y moradas” de José Luis Zerón Huguet por Gregorio Muelas Bermúdez;
“El primer día” de Julio César Galán por Gregorio Muelas Bermúdez; 
“Tú me mueves” de Agustín Pérez Leal por José Antonio Olmedo López-Amor; 
“Sangre seca” de Josep M. Rodríguez por José Antonio Olmedo López-Amor.

Leído por:

“La noche de Europa” de Dionisio Cañas por Ramón Campos;
“Geometría del Abismo” de David Sarrión Galdón por Jorge Ortiz Robla;
“Cada noche un poema. Antología” de Montserrat Abelló por Antonio Praena;
“Acadèmia d´idiomes invisibles” de Anna Bou Jorba por Eduard Xavier Montesinos.

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Blog de “Crátera”:

http://revistacratera.blogspot.com.es/?m=1

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