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Artículo publicado en la revista cultural Sede de Torrelavega:

http://sederevista.com/la-filosofia-en-el-cubo-de-la-basura

 

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José Luis Pardo

 

Título: Nunca fue tan hermosa la basura

Autor: José Luis Pardo

Editorial: Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores

Género: ensayo

Nº páginas: 400

Año de publicación: 2010

 

Esa ingente apisonadora capitalista, sí, la información rodante, y la flotante, su poética de manual, más conocida como «cultura de masas», nos convence a diario: a golpe de ratón, de dial, de mando a distancia, de que somos la mejor de las sociedades posible; no puede haber raza más sana, guapa y sofisticada que la nuestra. Resulta anecdótico, patético, humillante, descorazonador, que detrás de esa pátina virtual que los sistemas venden con programados marketing, la verdad solapada sea que vivimos en un mundo de completa basura.

Tele basura, comida basura, contratos basura. La ideología del contemporáneo citadino, si podemos llamarla así y no rebautizarla como una espiral de vicios y servidumbres, se reduce a la devastación natural, antihumanismo y consumismo. Recluidos en nuestras ciudades-basura, somos inducidos al entretenimiento, a la opulencia, a la jerarquización, a la obediencia. No ejercitamos, —y ya creemos que ni nos interesa—, algo tan poderoso como antaño fue el pensamiento. Este mundo necesita de muchos y buenos pensadores; hombres que, fuera de la estructura mecanizada de la mercadotecnia, cuestionen, critiquen, propongan, violenten el no pensamiento, el pensamiento basura; y nos ofrezcan otras alternativas “mentales”.

José Luis Pardo (Madrid, 1954), filósofo y ensayista español, es consciente de esta era de detrito embalsamado, de ídolos de barro, cenotafios, vacíos, en la que —intelectualmente— subsistimos. Pardo escribió en el año 2010, Nunca fue tan hermosa la basura, una obra ensayística de cuatrocientas páginas, cuyo título —y esto sí es anecdótico y cuántico— es un verso endecasílabo prestado de Juan Bonilla. En dicho libro, el pensador madrileño etiqueta como «estetización» el súbito y totalitario giro conceptual —vamos a decirlo así— del valor que “actualmente” damos a las cosas. En sus palabras, se dibuja con exactitud ese paso fronterizo entre la “estetización universal” (política) y el “objeto artístico” (no político). Testigo de la sustitución de los códigos éticos por sucedáneos estét[r]icos, Pardo nos dice, a través de diferentes ópticas y con múltiples objetos, que allí donde hay “obra de arte” hay experiencia del sentido del mundo y del significado humano, pero allí donde hay estetización sólo hay nihilismo.

Por este libro pasan: Sánchez Ferlosio, Heidegger, Benjamin y Nietzsche como baluartes de un pensamiento menos académico, menos contaminado por la mercantilidad de los poderes, de las instituciones, que muchos de sus coetáneos; son outsiders del vertedero, supervivientes de la basura, en ella se han fortalecido, y con su abierto raciocinio demuestran que es posible sobrevivir entre la escoria, como el anarco, Jünger, vivió en el palacio del dictador.

En ese escenario de decadencia, de idolatradas aporías socráticas, están los niños, cuyos juguetes tecnificados (y reciclables) son instrumentos que les tecnifican a ellos mismos. Están los escribientes y copistas, como Bartleby, quienes representaban la —casi única— posibilidad de lo que llamamos “literatura”, cuya desaparición se vuelve paulatina y necesaria a medida que se impone la literatura-basura. O los cuerpos-basura, que deben ser “reciclados” constantemente mediante implantes, cirugía, culturismo. El inope culto al cuerpo (seres-vacío), la fría y confinadora tecnocracia (seres-isla), son dioses-droga de latón en una enferma sociedad politoxicómana y politeísta. También en Nunca fue tan hermosa la basura tiene su lugar la enseñanza-basura, definida por Pardo como «gelatina de conocimiento» quizá el último reducto para algunos, la última esperanza de encaminar las tendencias hacia ese “reciclaje” que se presume el culmen sostenible. En la actualidad, las jóvenes generaciones reciben seudoconocimientos programados como preparación para sus futuros trabajos-basura, junto con una ideología apropiada para la sumisión al feudalismo local. Por no hablar de la defensa teológica de los mitos-basura, mercancía de ínfima calidad que se vende como reliquia santa de una religión que se avergüenza de sí misma.

Leer a José Luis Pardo posibilita concebir al mundo y sus seres como mecanismos y conciencias inútiles, máquinas corrompidas; a través de obras como: La regla del juego. Sobre la dificultad de aprender filosofía (2004) o Esto no es música. Introducción al malestar de la cultura de masas (2007) el profundo y crítico pensamiento de Pardo nos incita a, por lo menos, buscar esa vía de reciclaje de lo ya reciclado que suponga el primer paso hacia la humanización.

Sobre José Luis Pardo:

«Eminente filósofo y ensayista español. Premio Nacional de Ensayo 2005 por su libro La regla del juego. Nacido en Madrid en 1954. Estudia Filosofía y Letras en la Universidad Complutense de Madrid donde se doctora con una tesis titulada:La teoría de la individuación intensiva en el proyecto de una semiótica translingüística (1985) que dirige el Dr. Jacobo Muñoz Veiga.

Hasta el año 2001 ejerce como Profesor de Enseñanza Secundaria y actualmente es catedrático de la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, donde imparte la asignatura de Corrientes Actuales de la Filosofía. También trabaja en la Escuela Contemporánea de Humanidades. Es considerado como uno de los más importantes difusores del pensamiento de Gilles Deleuze en España, gracias a su Deleuze: violentar el pensamiento así como a sus artículos y traducciones al castellano sobre las obras del filósofo francés».

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Blanchot y la parte del fuego

Publicado: 19 septiembre, 2015 en artículos
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¿Qué le ocurre a quien confía en ese genio de la muerte absoluta que permanece en el fondo del habla? La inmortalidad. ¿Y qué le ocurre a quien consagra su existencia al lenguaje para convertirlo en la verdad de la existencia? La mentira de una existencia de papel, la mala fe de una vida que figura la vida, que se experimenta en experimentos de palabras y que se dispensa por estar imitando lo que no es. Estos fracasos se tornan tanto más grandes cuanto más puro es el triunfo. En ese sentido la poesía es el reino del desastre.

 La parte del fuego, Maurice Blanchot

 

Ese «reino del desastre» del que hablaba Blanchot (1907-2003), refiriéndose a la poesía, parece ser considerado un error menos fatal que el resto de la literatura, al que el mismo autor de La escritura del desastre, 1980,  denomina «mentira».

Ya Mishima refirió a la literatura como algo artificial; qué duda cabe, la literatura, en una de sus más pobres definiciones, es una combinación de signos con una aspiración comunicativa y aunque personalmente creo que la poesía alcanza las cotas más altas de belleza en literatura, preveo un rol de mayor relevancia tanto a la lírica como a la literatura en general.

Cuando agrupamos los signos buscando la descripción o la crónica, el lenguaje queda en mera semblanza, una abstracción alfamatérica que dista mucho del concepto original. Sin embargo, cuando describimos un sueño, una idea o un pensamiento, su transcripción caligráfica es lo único que «existe» relativo a ello, por tanto, la escritura cobra un valor más importante y trascendente al vincularse con el germen de dicha revelación. Y qué decir cuando la palabra es solícita al mandamiento del arte; cuando el irracionalismo, la pasión, el sentimiento, cobran forma y trascienden las emociones de otros seres. Shakespeare decía que en la misma fuerza de la llama del amor, existe el pábilo que la mengua; la pasión se ahoga en su propio exceso y hay que cuidarse de él. Pero ¿de qué forma —en lances de emoción— podemos dirimir qué vive o muere?

La parte del fuego[1] (1949) es una profunda meditación acerca de la creación literaria. No debe considerarse como una mera colección de lecturas de la obra de poetas surrealistas como Mallármé, Hölderlin, Baudelaire, Rimbaud o René Char, incluyendo narradores de la talla de Kafka, Sartre, Gide, Leiris, Constant, Miller, Malraux, Hemingway o Lautréamont. La parte del fuego también contiene en sus páginas el legado de una buena nómina de filósofos como Nietzsche, Pascal, Valèry o Paulhan, y de ahí es precisamente de donde parte el renovado intento de Maurice Blanchot por responder a una pregunta cuya respuesta se escabulle en el misterio de su propio modo de ser: ¿qué es la literatura? A esta pregunta La parte del fuego, en su ensayo final La literatura y el derecho a la muerte, responderá con enorme gravedad: «la literatura es lenguaje, el lenguaje que lleva consigo la muerte y permanece en ella». Eso es lo mismo que también dice su título: la literatura —y no otra cosa— es la «parte del fuego».

¿La parte del fuego? El sentido de esta expresión francesa no es fácilmente accesible al lector español: «faire la part du feu» significa el acto por el cual aceptamos perder una parte de algo —en caso de Blanchot, el texto— para preservar el resto, como sucede cuando en un incendio y ante la imposibilidad de sofocar de inmediato las llamas, se orienta el fuego en una dirección —lugar donde todo quedará consumido (la parte del fuego) —, con el objeto de que lo demás permanezca intacto y a salvo.

Sacrificar un miembro para salvar el cuerpo. Según la analogía de La parte del fuego, para todo lo que existe, ningún otro acontecimiento es comparable al «nacimiento/nominación», momento en que cualquier persona o cosa es susceptible de ser nombrada (bautismo o prueba de fuego[2] literaria):

 

«La literatura es realmente peligrosa. Por eso la prueba de fuego de la identidad —de la humanidad instituida en nosotros— consiste en aprender a dominar el mal que la experiencia de la literatura trae consigo».

La experiencia de la lectura. Estudios sobre literatura y formación,

(Jorge Larrosa, 1996)

 

El lenguaje extiende así su soberanía sobre aquello que ha sido nombrado, y a la manera de un incendio, una combustión capaz de arrasarlo todo: todo desaparece en el habla que lo nombra, se reduce a ello y sin nombre, nada existiría; todo se apresura pues a hundirse en una ausencia irremediable.

La literatura como vehículo, es lenguaje, prolonga ese mismo movimiento de un modo sorprendente: sus palabras, como todas, hacen la ausencia, pero ellas mismas prolongan más lejos aún su movimiento y quieren hacerse ausentes, ser esta misma ausencia. Y tal vez llegan a serlo en la obra de todos aquellos que han llevado esta labor hasta su extremo, pero con el resultado —quizá decepcionante, pero ahí estará el misterio de su gloria— de que, en lugar de la ausencia total, una y otra vez y de múltiples maneras, sólo tienen la presencia de esa misma ausencia así creada. Es decir, la «parte del fuego» —la literatura—, que es lo que desaparece, a su vez, en cuanto a que apunta a aquello que desaparece, es lo que no puede desparecer jamás o —lo que es lo mismo— algo imposible que no puede dejar de aparecer. En ese juego de contrarios, tan propio del taoísmo o la literatura, la ciencia de la palabra demuestra no poder desvincularse del principio de incertidumbre de Heisenberg y afirma lo que niega al mismo tiempo, correlaciona la tesis y la antítesis perturbando el modelo original, creando —por tanto— su propia versión.

La vida, como las palabras, está llena de relaciones indeterminadas. Pocos teorizan a cerca del Lenguaje como ente propio, un caudal poderoso y múltiple que busca —desde tiempos inmemoriales— su cauce; pensar en el lenguaje como emisor y mensaje nos convertiría a nosotros en avatares de algo muy superior a nosotros, aquello que creemos utilizar para comunicarnos y se expresa a través y más allá de nosotros. Quizá no alcanzamos a ser el pirómano, ni siquiera el fuego; y somos esa minúscula parte, la «parte del fuego» que es sacrificada en pos de la verdadera y perdurable expresión.

Ser esa sublimación de la literatura que desaparece, la ínfula finita, el abnegado soldado, es concebirse como mortal cobaya frente al mundo y sus misterios, una reducción moral e intelectual que, de llevarse a cabo en nuestra especie, sería más justa con todo lo demás y haría del mundo y el universo, lugares más sostenibles, seguros y prósperos.

Si hablamos del calor y la luz, de la sombra y la ceniza, de la danza, de la muerte, estamos hablando del fuego. Pero no de un fuego que es resultado de la combinación de elementos físicos —aunque este se reconozca y perciba de la misma manera—, no de un fuego provocado, controlado, sino del fuego primordial, salvaje, que arde y se propaga desde mucho antes que el ser humano se arrastrara por la tierra, el fuego místico, universal, análogo a todas sus «formas» y todos sus estados, el fuego de la vida.

Del mismo modo que una rosa puede provocar la felicidad, pero también herir y hacer sangrar, el fuego físico cumple ese canon natural de ambigüedad, sigue el patrón de equilibrio entre el bien y el mal y su deliberado uso complementa esa ponderación de fuerzas naturales. El fuego puede carbonizarnos y acabar con nosotros, pero también ayudarnos a sobrevivir con su calor y ser un arma defensiva. Somos fuego. En nuestro cuerpo contenemos los elementos necesarios para provocar ese atávico baile de las llamas[3].

¿Qué ocurre si el fuego no se provoca, sino nace? ¿O si el fuego no quema, se alimenta? ¿Qué ocurre si el fuego es un ente propio como el lenguaje? ¿Qué ocurre si no se propaga, sino se reproduce?

La arquitectura del fuego y su comportamiento están delimitados por las demás fuerzas de la naturaleza, ¿pero qué ocurriría si su coreografía, la causa de su efecto, fuese definitivamente su albedrío?

Quizá, el nuestro, es el lenguaje del fuego. Una retórica dinámica y constante, como todo cuanto existe. ¿Qué parte de nuestras vidas estamos dispuestos a sacrificar para salvaguardar los tesoros fundamentales? ¿Desde qué parte del fuego poetizo?

Si amar es ese fuego inextinguible, querer arder, inmolarse por el otro, avivemos esa «parte del fuego» y que se produzca el milagro.

 

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Una de las pocas fotografías de Maurice Blanchot en su juventud.

 

 

[1] Publicado en España por la editorial Arena (2007).

[2] Según Blanchot, la literatura amenaza la identidad del ser humano y para evitarlo es necesaria la desactivación del desafío literario.

[3] Véase «combustión espontánea».

Genealogía de la soberbia intelectual

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Enrique Serna

Ficha técnica:

Título: Genealogía de la soberbia intelectual

Autor: Enrique Serna

Editorial: Taurus

Género: Ensayo

Año de publicación: 2014

Número de páginas: 402

ISBN: 978-84-306-1678-7

Enrique Serna (Ciudad de México, 1959), es el reconocido autor de la novela histórica El seductor de la patria (Seix Barral, 1999), que fue merecedora del Premio Mazatlán de Literatura, fue adaptada a una versión radiofónica de éxito y además obtuvo el elogio de prestigiosos historiadores literarios como Seymour Menton, quien calificó la obra como «una de las grandes novelas latinoamericanas de las últimas décadas».

Serna también escribió una serie de cuentos que fueron reunidos en tres libros: El orgasmógrafo (Plaza & Janés, 2001), Amores de segunda mano (Cal y Arena, 1994) y La ternura caníbal (Páginas de espuma, 2013) razón por la cual Gabriel García Márquez lo incluyó en su antología acerca de los mejores cuentistas mexicanos publicada en la revista Cambio. Su ácida mirada existencial vertida en historias mundanas no exenta de sarcasmo, incredulidad y una forma muy personal de revisitar escenarios y convenciones aportando siempre algo nuevo, hizo que Enrique Serna triunfase también como cuentista.

Pero es su faceta de ensayista, y más concretamente sobre su libro Genealogía de la soberbia intelectual publicado impecablemente por Taurus, quizá donde el talento del narrador mexicano campa a sus anchas por los anales de una historia no contada, repleta de sátira, ironía, humor, crítica, pero siempre como lentes de aumento de un profundo e ilustrado pensamiento.

La solvencia como investigador de Serna quedó muy patente en su sumario existencial sobre la personalidad de Antonio López de Santa Anna, el caudillo mexicano más controvertido del siglo XIX. Así, el novelista aborda de forma didáctica y muy entretenida lo que ha supuesto para la humanidad la utilización —por parte de diferentes élites intelectuales— de la cultura como elemento de poder. Pero ¿qué sentido tiene que un intelectual critique a otros intelectuales cuando todos ellos se dedican a lo mismo? He ahí una de las razones fundamentales que convierten a este libro en un baluarte necesario, ya que su autor se esfuerza por diferenciar la labor de los verdaderos intelectuales, generosos y comunicantes, de los supuestos eruditos de fines bien distintos. Serna hace un elegante ejercicio de honestidad al tratar un tema tan delicado como el de la manipulación del arte literario sin caer en la pedantería, el hermetismo o la inteligencia iletrada —cosas que el propio autor critica en el libro—,  y para ello hace uso de una de sus principales valías como escribiente, el lenguaje. El autor, emprende su tarea de abogado del diablo partiendo de una naturalidad discursiva que mantiene el interés del lector tanto por su riqueza informativa como por su mordaz carga crítica.

Otro de los factores que estimulan su lectura, es la precisión descriptiva de su léxico; tanto los adjetivos como los sustantivos dibujan a la perfección la reflexión o el suceso narrado y proyectan una imagen muy clara en la mente del lector, algo que es sin duda clave para facilitar su comprensión. Las notas a pie de página, tan comunes en este tipo de ensayos, no interrumpen el natural curso de su lectura puesto que están inteligentemente agrupadas al final del libro; aunque debido a sus acotaciones numéricas pueden ser consultadas intertextualmente a voluntad durante la lectura.

Ya en su introducción al libro, el propio autor confiesa la influencia de Nietzsche, a quien leyó en su juventud, tanto en el título —ya que alude su Genealogía de la moral— como en la senda que este trazó para rastrear los orígenes de la moral; aunque Serna también reconoce que Nietzsche contribuyó como pocos a distanciar al hombre docto del inculto, y afirma que siempre detestó su particular tentativa por aunar en un sólo concepto la voluntad de poder y la voluntad de crear; a pesar de ello, sus aciertos pesan más en la balanza y durante el libro referencia en varias ocasiones la obra del genio alemán.

El libro está estructurado en diez bloques que, si bien centran su atención en el acontecer moderno de la historia, en ocasiones su hilo argumental viaja al pasado más remoto para justificar o refutar analogías que se descubren seculares. Los planteamientos de Serna, muchas veces ramificados en las artes plásticas, la filosofía, la ciencia, la política o la antropología, consiguen formar un paisaje de fondo con todas estás —y muchas otras— disciplinas que en ocasiones abandonan su estatus de lontananza para alcanzar el primer plano.

La escritura siempre ha sido una de las llaves maestras del conocimiento, algo que según el autor conocían muy bien los sacerdotes de las civilizaciones antiguas, por lo que decidieron privatizarla, «que los sabios instruyan a los sabios, porque los ignorantes no saben ver» reflejaban algunos escritos mesopotámicos. Pero esa argumentación no fue fundada para evitar a los ciegos de espíritu su sufrimiento particular al vivir en una ignorancia perpetua, sino que se convirtió en una herramienta milenaria para desarmarlos, manipularlos y someterlos. Toda maquinaria construida para propiciar y proteger ese coto privado de la cultura atiende únicamente las ansias de poder.

Dentro de ese cruel juego de dominio, cualquier artimaña que salvaguardara la integridad y privacidad de la alta cultura estaba justificada. Restringir el acceso a la cámara del conocimiento acaparado, controlar las traducciones, oscurecer el lenguaje o hasta inventar un lenguaje nuevo que —por supuesto— fuese críptico y fangoso para el iletrado, era un rol que debía pasar de generación en generación para asegurar la perpetuidad del ignorante.

Un buen ejemplo de ello fueron los brahmanes, quienes carecieron del lenguaje escrito durante siglos y transmitieron su corpus doctrinal de forma oral durante generaciones por temor a compartir sus tesoros intelectuales con las castas inferiores, poniendo en peligro con ello su supremacía espiritual.

El famoso faraón egipcio Akenatón trató de sustituir el idioma jeroglífico imperante por una escritura demótica mucho más accesible a la población, algo que desató las iras de los sacerdotes de Amón-Ra que custodiaban la escritura como sagrado elemento de poder, aquello provocó una revuelta militar que terminó con la destitución del faraón.

Enrique Serna visita la Grecia de Sócrates, el erudito; las primeras colonias españolas en México; la Roma de Horacio, distintos tiempos y latitudes del mundo, y reconoce y demuestra con hechos históricos, cómo un generalizado odio de las élites intelectuales hacia el vulgo profano tenía como consecuencia tentativas de analfabetismo inducido.

En la literatura francesa del siglo XIX, uno de los máximos opositores a compartir su cultura con la masa incultivada fue Stéphane Mallarmé. Mallarmé siempre consideró una ofensa para el genio poético las enormes tiradas de edición que se hicieron de Las flores del mal de Baudelaire; nostálgico de viejos misales con cerrojo y jeroglíficos indescifrables, cuentan que su literatura era hermética en su poesía y en sus ensayos, pero sin embargo cuando se encontraba entre amigos su lenguaje era diáfano. Una de las anécdotas que cuenta Serna sobre Mallarmé es la siguiente:

[Tras haber pronunciado un discurso en el entierro de Verlaine, un periodista que se lo encontró en un restaurante le pidió el texto. «Espere un momento, necesito corregirlo» dijo, y susurró al amigo que lo acompañaba: «Agregaré algunas sombras»].

Un émulo alemán de Mallarmé, el poeta Stefan George, llevó al extremo más radical las ínfulas de estos sociópatas de la palabra e hizo este aserto: «cualquiera que se vea dominado por el anhelo de decir algo ni siquiera es digno de acceder al vocabulario del arte». Pero por si fuera poco, George fue el protagonista de un desdichado lance de paroxismo; inventó una lengua que sólo él podía comprender, algo que podría haberse ahorrado manteniendo un profundo silencio. Según George Steiner, «es fama que tradujo el libro I de la Odisea a esa neolengua. De creer a sus discípulos, destruyó la traducción antes de su muerte, temeroso de que los eruditos y académicos de baja estofa saquearan sus secretos».

Intelectuales como Schopenhauer contribuyeron a cimentar ese elitismo intelectual, por fortuna, autores como Ortega y Gasset o Henry Miller contribuyeron a lo contrario. ¿Por qué razón jamás llegarán a nuestras manos ciertos libros? ¿Cuál es la forma de romper esa ilícita cadena de intelectuales custodios?

Resulta apasionante la historia propuesta por Enrique Serna en este viaje temporal, una genealogía necesaria, como bien dice el propio autor en la introducción, para discernir hasta qué punto es culpable el ciudadano de a pie de su ignorancia. No es ningún descubrimiento que ciertos ideales políticos abogan por privatizar la enseñanza, parece que está bastante claro que cuantas más oportunidades de aprender facilites a tus subordinados, antes advertirán que su sometimiento no es justo o hasta aprenderán la forma de someterte a ti.

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Ensayo de los escritores:

David Acebes Sampedro.

José Antonio Olmedo López-Amor.

David Acebes Sampedro

David Acebes Sampedro

José Antonio Olmedo López-Amor

José Antonio Olmedo López-Amor

Que sirvió de ponencia en el I Congreso de Escritores pro Derechos Humanos celebrado el 19 de Octubre de 2013 en Valencia y fue publicado en: Movimiento de Escritores pro Derechos Humanos. Conferencias 2008/2013. Valencia, VVAA. Ateneo Blasco Ibáñez (2014).

Entidad organizadora: Ateneo Blasco Ibáñez en colaboración con la Universidad Politécnica de Valencia.

SUMARIO:

  1. INTRODUCCIÓN.
  2. LA NUEVA POESÍA SOCIAL: HACIA UN POSTMODERNISMO VISCERAL.
  • UN ÚLTIMO GRITO DE GUERRA.

 

 

  1. INTRODUCCIÓN

  Paulatinamente, el ser humano ha pasado del más recio oscurantismo a la sobreinformación. En la actualidad, con los medios que disponemos, no sólo la información llega a cualquier rincón del mundo, a cualquiera hora y en cualquier idioma, sino que lo hace de forma inmediata. La televisión, la radio, el cine, la prensa o Internet son mecanismos que bombardean constantemente nuestras mentes, convirtiéndose –como ya predijera Lauro Olmo en su archiconocido teatro de agitación- en el verdadero Cuarto Poder. Este autor, para un montaje de su obra a realizar en 1.977, escribió un Pasodoble-Prólogo, que decía así: Hay fechas, hay lugares, hay sucesos; hay, señores, mucha tela que cortar. Tela histórica, retórica y pletórica de signos de valor descomunal. Si se encuentra con páginas en blanco o «entre líneas» la historia ha de leer, no le extrañe: son gajes de un oficio que a veces es difícil de ejercer. Nosotros, los escritores, comprendemos que el oficio de periodista es un oficio “difícil de ejercer”, pero sabemos también que hay “mucha tela que cortar”. Por ello, no podemos ni queremos olvidar nuestra obligación moral de rebelarnos contra la tiranía de las tendencias modernas, la globalización, el totalitarismo de los mercados o, simplemente, contra el monopolio de las clases pudientes. Debemos gritar nuestra verdad desde el enclave marginal en que la misma realidad nos coloca y no sentirnos representados por medios de comunicación que -manipulados o no- focalizan su atención en el morbo o la opulencia. Por este motivo, los que suscribimos la presente ponencia pensamos que es un deber del Movimiento de Escritores Pro Derechos Humanos avanzar en su labor de concienciación y ello, dado que confiamos plenamente en la integridad del artista, en el poder de la palabra que hará, pasada esta crisis de valores en la que estamos inmersos, que se recupere la figura histórica del escritor como «educador», convirtiendo de paso esta democracia en la que vivimos en más participativa y no en una mera dictadura disfrazada. Con este objetivo, a lo largo de los últimos meses, hemos sondeado los distintos medios de comunicación social para tratar de averiguar cuál es la actitud de los escritores actuales en cuanto al tratamiento que tienen los derechos humanos en aquellos. En concreto, y dado el auge que tiene Internet en nuestros días, nos hemos dedicado principalmente a estudiar los periódicos digitales. Éste es el resultado de nuestra investigación:

  1. LA NUEVA POESÍA SOCIAL: HACIA UN POSTMODERNISMO VISCERAL

»El 17 de agosto de 2.013, en el periódico digital La razón.es, apareció un artículo titulado La violencia arrasa las calles en el “día de la ira”. Como es sabido, en los periódicos digitales, tras la noticia o el artículo en cuestión, se puede añadir un comentario. Lo habitual es que los lectores suban comentarios absurdos, irracionales o faltos de interés. Cuál fue nuestra sorpresa, cuando en una ocasión, nos encontramos con el siguiente comentario[1]:

                                 Dies irae, dies illa,

                                   Solvet saeclum in favilla,                                    Teste David cum Sibylla!                                                  Tomás de Celano.

    555 camaradas islámicos, armatostes simétricos desfilan por Egipto como el hombre fausto, puzzle [militarizado de un general con un triángulo rojo, disparando contra [orfanatos claustrofóbicos luz sin esperanza, mostrando la tez impasible a proletarios centrobáricos o manifestantes enérgicos con armaduras en su derecho ante la puerta [de un ejército ineludible… En lugar del típico comentario fuera de lugar, propio de este tipo de apartados, alguien -usando como pseudónimo el de Sebastièn Théus-, había subido al periódico un comentario “poético”. Tal comentario se ajustaba a los modelos de comentarios que la gente habitualmente sube a Internet, pero parecía un poema. Un poema, eso sí, típicamente surrealista, casi escritura automática, sin principio ni final. Como averiguamos más tarde, para dar mayor énfasis a sus palabras, el escritor virtual había añadido una cita apropiadísima del Dies irae, un famoso himno latino del siglo XIII, atribuido al franciscano Tomás de Celano. Su traducción sería: “El día de la ira, aquel día / en que los siglos se volvieron ceniza, / siendo testigos David y la Sibila”. Así, pues, el autor nos sugería que ya el rey David fue testigo de la decadencia de su civilización… En seguida, concluimos que más que un poema, este “aborto de poema” parecía un esputo contra la sociedad y así es, desde nuestro punto de vista, como tenía que ser. Pues, ¿qué puede hacer un poeta –virtual o no- cuando lee una noticia como ésta? Cualquier cosa, suponemos, menos quedar impasible… Tras este descubrimiento en la red, buscamos más comentarios de este tipo, y el día 27 de agosto de 2.012, en El País digital, encontramos otro comentario parecido en un artículo, cuyo título era “Hace quince años en Malicounda…”, donde se rememoraba a un grupo de mujeres que se reunieron para anunciar al mundo una decisión histórica; abandonar la práctica de la mutilación genital femenina. En http://blogs.elpais.com/africa-no-es-un-pais/2012/08/hace-quince-anos-en-malicounda.html, se puede leer: Aquel día, tu oído contorsionado no escuchó los aullidos de la ablación, no contempló la ansiedad de la curandera las facciones desencajadas de aquella niña aquel día, la noche decayó temblorosa para el hombre cadavérico, aquel hombre que sajó la membrana de la ingenuidad para apostar con la placenta de su futura [madre… En esta ocasión, junto a este comentario firmado nuevamente por Sebastièn Thèus, encontramos otro publicado por un tal Rubén Guzmán, que exponía:

En cada encrucijada del sendero que lleva al futuro,  la tradición ha colocado diez mil hombres                               para custodiar el pasado.   Maurice Maeterlinck.

«No figura en las escrituras del Corán. Un grupo de senegalesas rompen una costumbre arraigada. Mutilar el órgano sexual femenino es una tradición macabra. Malicounda Bambara es imparable. El socialista Abdou Diouf dice: “el tiempo de cambiar estas antiguas prácticas ha llegado”. Las mujeres que no son “cortadas” son repudiadas. Amputan dignidad para conservar su tradicionalismo. ¡Bárbaros! ¡Genocidas! La cultura, la educación, deben cauterizar las heridas del alma. Secularización de las costumbres que atentan. Las niñas sangran mientras los cobardes callan. África no es un país. Es un continente formado por 55 pobrezas y catástrofes. Forjemos la ablación de la incultura. Nadie teme las leyes que no se aplican. Absurdo maniqueísmo de la aberración a ultranza. Muchas ONG luchan, comunidades, diez mil hombres en cada encrucijada. Más de 2 millones de niñas siguen siendo mutiladas.» Este nuevo comentario nos recordó al primer Leopoldo María Panero, al autor de Así se fundó Carnaby Street. La frase corta y el verso telegráfico. Amputan dignidad para conservar su tradicionalismo. Forjemos la ablación de la incultura. Recuerdo haber escuchado una entrevista del recientemente fallecido Juan Luis Panero, en la que comentaba que su hermano escribió el antedicho libro a partir de retazos de noticias de periódicos y revistas de la época, por lo que, de alguna forma, vimos en este libro de Panero un antecedente de esta singular propuesta virtual que los autores de hoy hacen circular por Internet. Veamos, verbigracia, un poema de ese libro titulado HOMENAJE A CARYL CHESSMAN. Dice así: «Las cámaras de gas que se utilizan en los Estados Unidos para ejecutar las sentencias de pena capital funcionan, en líneas generales, de la siguiente forma: mediante la acción de una palanca caen cuatro bolas de cianuro a un depósito de ácido, generando el gas. La muerte es instantánea.» ¿Qué es lo que hizo Leopoldo María Panero en este poema? Simplemente, coger un segmento del artículo que trató el tema de la pena de muerte de Caryl Chessman y plasmarlo tal cual. Es decir, el escritor –habiéndose sentido conmovido por la noticia- decide servirse de un medio de comunicación (en este caso, un periódico clásico) y transformarlo en poesía. Es, además, poesía social, aunque sugestivamente extraña. Por otro lado, el poema no puede ser más directo. La descripción puramente objetiva del mecanismo que producirá la muerte instantánea del ajusticiado… A mayor abundamiento, nos llamó la atención que Panero se sirviera para la construcción de su poema de un personaje controvertido; Caryl Chessman. Éste fue condenado por robo, secuestro y perversión sexual. Sin embargo, en prisión, estudió Derecho y se convirtió en una activista contra la pena de muerte, llegando a ser capaz de retrasar con artimañas jurídicas su ejecución en ocho ocasiones. Lo que nos propone Panero es la siguiente cuestión: ¿Debemos, por tanto, forzar nuestra empatía y considerarlo un héroe que luchó contra la pena de muerte? La misma objetividad del poema de Panero la percibimos en el segundo comentario seleccionado: Su autor ha tomado un tema duro, áspero y directo y nos lo escupe a la cara. Sin duda, un poeta no puede sentirse impasible ante un tema tan duro como la ablación… Contra él podemos y debemos reaccionar. Desde nuestro punto de vista, el verso clave es “Forjemos la ablación de la incultura”, aunque lo matizaríamos un poco. Nosotros diríamos; “Forjamos la ablación de la incultura”, pues entendemos que así nos consideramos también copartícipes de este desastre… Curiosa es la cita que el autor ha elegido. De Maurice Maeterlinck (En cada encrucijada del sendero que lleva al futuro, / la tradición ha colocado diez mil hombres / para custodiar el pasado). Uno de los grandes problemas de la humanidad es nuestra incultura representada por una casta de edad madura que supone un freno contra el progreso, tanto en los países subdesarrollados como en los supuestamente desarrollados. Siempre hay 10.000 hombres que custodian el pasado, hombres que mantienen actitudes dogmáticas y que rechazan el talante de un grupo de mujeres que, valientemente, deciden un buen día acabar con la práctica de la ablación en su pueblo. Nosotros, como miembros del Movimiento Pro Derechos Humanos, las apoyamos y como hizo el artículo periodístico conmemoramos la fecha, aunque solamente sea por puro egoísmo. Pues, como dice el poeta, ¿quién es tan idiota de apostar con la placenta de su futura madre? Este comentario nos llevó a plantearnos una nueva pregunta. ¿Es posible que el escritor actual, un escritor moderno, asiduo a la tecnología audiovisual, se sirva de estos medios virtuales para crear un nuevo tipo de, digámoslo sin ambages, poesía social? Hasta ahora hemos visto que sí. Los autores virtuales leen una noticia y escriben un comentario poético sobre ella. Pero, ¿existen más formas? ¿Otros medios? Suponíamos que sí, así que probamos un novedoso experimento. En nuestra búsqueda por Internet, tomamos –a modo de ejemplo- la siguiente noticia, aparecida en El Norte de Castilla digital el día 9 de octubre de 2.013. Citamos textualmente: «Según los primeros datos que se han dado a conocer, la mujer se quedó a cargo de la niña, de seis meses, mientras su padre se iba a trabajar. Tan pronto como el padre salió de la casa, Alfreda Giedroj dejó a su nieta en el suelo y a continuación la habría golpeado con un martillo. Como la niña seguía moviéndose y llorando, siempre según el testimonio de Michael Deno, abogado auxiliar del Condado de Cook, la mujer “sacó un cuchillo de cocina y la degolló”. La policía recibió una llamada de urgencia en la que alertaban a los agentes de la presencia de una persona armada con un bebé herido en sus brazos. De momento se desconocen los motivos que han podido llevar a la mujer a cometer este crimen.» Y pensamos: -¿No es, acaso, un microrrelato? Tal circunstancia, hizo que le propusiera a mi compañero de ponencia que escribiera un microrrelato similar, pero a partir de una noticia, y así hizo, basándose en un titular, El País Digital, día 16 de diciembre de 2.012, en el que se hablaba de niños de Burkina Faso que cosechaban algodón para Victoria’s Secret… Su propuesta fue: «Trece años después de nacer en orfandad, capataces –tan abantos e inores como ella- recompensan su titánico esfuerzo a golpe de fusta. Su calvario es claudicación de un sistema económico, venden la inocencia para alquilar moda, mercadean con vidas sesgadas, felicidades improbables, nadie vela por el sufrimiento infante. Lágrimas de sangre humedecen flores púrpuras. Una bandera verde, de identificación, clavada en el lateral del campo indica que es legal. Clarisse, temblorosa, ayuda a cavar 500 surcos sólo con sus brazos y una vieja azada. Al día siguiente vuelve a salir el Sol. Muy lejos de allí, en el centro de Manhattan, alguien presume de lencería y brinda por ello.» Como se puede comprobar, es un microrrelato ad usum. Menos de 200 palabras, Times New Roman, 12, etc. Es directo e ingenioso, pero mi compañero añadió un matiz. Trata sobre los derechos humanos, con lo que, como habíamos visto que hicieron otros autores, lo subimos a Internet… Y volvimos a pensar: Como poetas que somos, ¿por qué no indagar en esta forma nueva de creación y crear nuestros propios add comments? De esta forma, aportaríamos nuestro pequeñito granito de arena en la lucha a favor de los Derechos Humanos. Dicho y hecho. Mi compañero escribió: Asunto: “La niña lapidada tenía 13 años”               “Que un ser humano debe ser totalmente suprimido de la sociedad porque es absolutamente malo, equivale a decir que la sociedad es absolutamente buena, lo cual ninguna persona sensata puede creer en la actualidad”.   Albert Camus   Add comment: Sátiros periodistas afirmaron que la víctima tenía 23 años. La acusación, adulterio. Su padre reveló que tenía 13 otoños en sus ojos. Los verdugos, en sus ojos, tenían 50 hombres. El público, un millar de personas. Aisha llevaba tan sólo 3 meses en Kismayo, provenía de un campo de refugiados de Kenia, fue atacada y violada por tres milicianos y al pretender denunciar los hechos fue detenida y acusada de adulterio. La ley del más fuerte aplica su talión a los más vulnerables. Un camión lleno de piedras irrumpe en el estadio. La furia posee a los engañados presentes y desatan contra la niña toda su violencia. Ya sepultada, es desenterrada y al comprobar que seguía viva, la sacaron y prosiguieron lapidándola. La piedad nació en algunos presentes que quisieron salvarla y fueron tiroteados, un niño murió. Mucha gente huye de Kismayo por temor a que le ocurra lo mismo. [Amnistía internacional. 31 de Octubre de 2008]. Asunto: Lampedusa, una tragedia evitable “Frente a las numerosas víctimas del enésimo trágico naufragio sucedido hoy en Lampedusa… se me ocurre la palabra ‘vergüenza’… ¡Es una vergüenza!”   Papa Francisco. Add comment: Centenares de somalíes y eritreos huyeron del hambre y la guerra y encontraron la muerte. Si el sur de Italia está olvidado, Lampedusa es el sur del sur. La matemática es precisa: ley italiana sobre inmigración –xenofobia-, más la incapacidad de la Unión Europea para afrontar la inmigración ilegal –claudicación-, es igual a tragedia. Tres pesqueros pudieron ayudar a la embarcación pero los ignoraron, porque ya hay precedentes de pescadores solidarios que fueron procesados por contribuir a la inmigración clandestina. La película Terraferma ya denunció este hecho en 2011. Globalización de la indiferencia. Lampedusa, a 100 kilómetros de las costas de África es una puerta de entrada a Europa. Una entrada al desencuentro de los principios, no hay asilo extraterritorial para nadie, sin embargo sí hay vergüenza suficiente para todos. Brasil es un ejemplo a seguir. ¡Maldita condición humana! [El Confidencial. 4 de Octubre de 2013] Por mi parte, yo escribí: Asunto:           Die juden sind unser unglück!1

   Y era tan sencillo todo. Con haber leído Mi Lucha, de Hitler, hubiera bastado…                                                                                              Juan Ramón Jiménez

    Add comment:           Sentirse hacer de una silueta homosexual una cascada pelirroja aquella era la ley y a veces los hijos tocados gritaban: DIE JUDEN SIND UNSER UNGLÜCK! y resucitaba el genocidio y el cuerpo se sabía muerto asesinado por una juventud súbita y marginada… 1 Eslogan de Heinrich von Treitschke, utilizado por el periódico nazi Der Stürmer.

Asunto:           La fuga radiactiva de Fukushima es más grave de lo que se creía1.

eradicate voice in the green limit.                                                                                                                                  Harold Pinter.

    Add comment:           Grito exhausto; mar atormentado, sálvame del suicidio colectivo, porque el agua prescribirá a corto plazo los riesgos de vida serán escasos, la protección de la naturaleza eugenésica una utopía verde, porque el agua prescribirá a corto plazo, una depuradora de animales informáticos fabricará excrementos humanos y robots televisivos, los riesgos de vida serán escasos seremos reutilizados por nuestro carácter básico pero impregnados de aire metálico, seremos reutilizados y cianuro al mar ya negro daremos… 1 El país.com, 21 de agosto de 2.013. Estos poemas merecen una explicación. Como poetas que somos, como portavoces que pretendemos ser de una generación de escritores postmodernos, nos identificamos con el ser humano en su colectividad, pero lo que no queremos –como, por otro lado, hacía nuestra histórica poesía social- es repetir el típico lamento de “mirad que malos son los otros y qué bueno soy yo”. No, esa no es la idea. Si miramos lo negativo que nos rodea, ya sea desde un punto de vista histórico (léase, el holocausto) o actual (léase, la tragedia de Lampedusa), lo hacemos porque es lo que vemos o leemos en Internet y, desde ese mismo instante, se nos atasca dentro y, siguiendo el ejemplo de lo que hemos aprendido, lo expelemos a la prensa. Lógicamente, no pensamos en métrica ni en figuras retóricas si pretendemos llegar al fondo del asunto y creemos (al menos, esta es nuestra propuesta) que es nuestra obligación escribir directamente, desde una óptica inconsciente, lo que nos lleva a que aparezcan de pronto imágenes “extrañas”, pero a la vez “sugerentes” como (y escojo al azar) “hijos tocados” o “robots televisivos”. No es spleen, afectación o hiperestesia. Nosotros somos uno más de esos “excrementos humanos”, uno de esos “robots televisivos”, a los que aludimos. Por otro lado, no nos ponemos –desde el punto de vista de la empatía- del lado fácil, del lado de los niños que fallecieron en los campos de concentración, sino que (y esto supone un riesgo) nos ponemos también del lado del soldado que mataba… Aumentamos, con nuestro posicionamiento, el nivel de empatía. ¿Quién se preocupa –nos referimos desde el punto de vista histórico/moral- del soldado que, al cabo, apretaba el gatillo? ¿Era un fanático o se vio obligado a transigir? Eso es lo que nosotros nos preguntamos… En otro orden de cosas, en Die juden sind unser unglück (Los judíos son nuestra desgracia), utilizamos una cita de Juan Ramón Jiménez… Este poeta forma parte de nuestra mitología personal y, desde nuestro punto de vista, supone toda una declaración de principios atreverse a colocar una cita del poeta andaluz al frente de un poema en el que se trata el tema del holocausto judío… Pero, ¿qué razón tenía Juan Ramón? Si tan sólo lo hubieran leído (he ahí la crítica, no lo hicieron o no lo quisieron entender…), no habrían llegado a los extremos que llegaron. Trasladándolo a estos momentos, diríamos lo mismo acerca de lo que está ocurriendo en Siria. Leemos en otro titular que los EEUU va a atacar Siria por el uso de armas químicas… Y lo que nos preocupa no es tan sólo que Siria utilice armas químicas (eso ya habla por sí sólo), sino que no hayamos aprendido nada y EEUU tenga una excusa, de cara a la opinión pública,para atacar un nuevo país y así creerse salvaguarda de la paz mundial… Hace mucho tiempo que dejamos de creer en buenos y en malos, en víctimas y verdugos… Para terminar, un apunte más de carácter formal. En “Las mil y una mejores poesías de la lengua castellana”, el profesor Juan B. Bergua apunta que “la poesía es, de entre lo más hermoso del Mundo, quizá, la manifestación y forma más alta y noble de la estética y la espiritualidad. Ella, deleitándonos, llena los fines más preciados y útiles: nos enseña, nos conmueve, nos hace pensar y sentir, nos dignifica y nos vuelve mejores. Todo esto, claro, si su bondad y hermosura la hace digna del nombre de poesía. Pues sabido es que no todo lo que se pretende hace pasar por poesía lo es y, desgraciadamente, las medianías en arte son insoportables”. Pero, nosotros preguntamos: ¿Qué es “lo bueno”? ¿Qué es “lo malo”? Estas preguntas no tienen respuesta, pero merecen —desde el punto de vista de un Congreso literario a favor de los Derechos Humanos— un posicionamiento. Por nuestra parte, nos quedamos con nuestras “medianías”, con estos poemas que hemos descubierto en la red y que son, ya, una realidad. Sin duda, no se encuentran “entre lo más hermoso del Mundo”, más bien parecen sacados del fondo bilioso de nuestro hígado. Y así tienen que ser… En toda su extensión, “insoportables”. Hasta aquí nuestro estudio particular. Para concluir, formularemos una propuesta final: -¿Y por qué no transformamos esta idea del «add comment poético» que hemos descubierto rastreando la red en una actividad masiva y sincronizada? Nuestra propuesta consiste en: 1) Señalar una fecha y una hora determinadas; 2) Preparar un grupo de personas (léase, escritores o simples copartícipes) y, a partir de la orden de salida; 3) Bombardear los principales periódicos del país con nuestros “comentarios poéticos”… En un lapso singular de tiempo, quien accediera a estos comentarios se encontraría –en vez de los típicos comentarios habituales- con nuestras propuestas poéticas. En este sentido, consecuentemente, invitamos a todos los miembros del Movimiento, a todos los partícipes de este Congreso, al público en general, a participar en esta novedosa performance literaria, en este ataque ciberpoético… III. UN ÚLTIMO GRITO DE GUERRA. Terminada nuestra ponencia, descubrimos otra posibilidad que nos brindaban los medios de comunicación (en concreto, la publicidad y, principalmente, los eslóganes publicitarios), en relación con nuestro quehacer poético y nuestro deber con los derechos humanos. Leamos el último add comment:

Asunto:           Piensa en verde1.

parlo in rime aspre, e di dolceza ignude,                                                                                                                                  Petrarca.

    Add comment:           Propongo el empleo de fertilizantes para la higiene [diaria empaparnos con el aroma del estiércol plastificado (es el complemento ideal a una vida acicalada) propongo ducharnos con polución acústica y sentir en definitiva el contagio de los automóviles la temible infección del nuevo mundo moderno… 1 Heineken (eslogan publicitario). Caminando por Valladolid, me fijé en un eslogan que lucen con orgullo los camiones de basura de mi ciudad. Tu papel no tiene desperdicio. Es una perfecta greguería. Efectivamente, vemos que este eslogan cumple a rajatabla con las dos premisas que, según Ramón Gómez de la Serna, ha de tener toda greguería; humor y metáfora. En este caso, el lema va más allá del mero juego de ideas (papel-desperdicio) y esconde un mensaje subliminal. Tu papel (léase, si se quiere, protagonista) en la lucha contra el cambio climático (que es el fin último del reciclaje) no tiene desperdicio… Por la misma razón, pensamos que podíamos coger un famoso eslogan publicitario (en este caso, “Piensa en verde”) y colocarlo como título de nuestro poema. En el fondo, lo que estamos haciendo es dar la vuelta a la tortilla. Me explico. La palabra eslogan proviene del inglés slogan y éste a su vez del gaélico sluag-ghairm, que significa “grito de guerra”. Nada más propio, por tanto, para designar a estos poemas de los que os hemos estado hablando, que son pequeños gritos de guerra, pequeños cantos a la beligerancia. De hecho, se suele considerar al famoso póster de reclutamiento, diseñado por Alfred Leete en 1.914, como el primer eslogan de la historia. En él se veía a un soldado británico señalando con el dedo a los jóvenes británicos y, aleccionándolos con un severo “Tu país te necesita”, de cara a su reclutamiento voluntario. Como también sabemos, más tarde, este póster sería reutilizado por los EEUU con la variante del Tío Sam y el texto “El ejercito te necesita”… Pues bien, si tomamos el eslogan publicitario de Heineken (“Piensa en verde”) y lo descontextualizamos –es decir, lo sacamos del ámbito de la publicidad y lo trasladamos al ámbito de la poesía social-, obtenemos en consecuencia un eslogan diferente, un grito de guerra que lanzamos directamente a la mente de nuestro lector. Piensa en verde. Es, claro está, una declaración concisa y tajante que pretende aleccionar al que lo escucha y reclutarlo para nuestros fines. En este caso, la utopía verde de la que ya hemos hablado…. [1] http://www.larazon.es/detalle_normal/noticias/3306570/la-violencia-arrasa-las-calles-en-el-dia-de-#.Uljwk1McOIQ