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Reseña publicada en “Todoliteratura.es”:

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Título: El laberinto de Venus

Autora: María Teresa Espasa Moltó

Editorial: Lastura Ediciones

Género: narrativa (relatos)

Año de publicación: 2017

Número de páginas: 177

ISBN: 978-84-947779-6-7

 

El sello editorial Lastura publica en el número 31 de su colección Alquisa, de narrativa, el último libro de María Teresa Espasa “El laberinto de Venus”, una compilación de relatos eróticos que supone la primera incursión de su autora en este género.

    Nacida en Denia, un bello pueblo de la Marina Alta valenciana, María Teresa Espasa estudió Filosofía y Teología en Valencia, además de Arqueología Bíblica en Israel. De reconocida trayectoria como poeta, algunos títulos publicados son: Desierto articulado (1992), Cuando puedas llama (1999) o Tanto y tanto silencio (2014), obra por la que obtuvo un premio especial en los Premios de la Crítica Literaria Valenciana. Conocida por su dilatada trayectoria como gestora cultural al frente de la asociación de escritores Tertulia la Buhardilla, una de sus últimas aportaciones a la cultura literaria valenciana ha sido la fundación de la Plataforma de Escritoras del Arco Mediterráneo, compuesta por algunas de las mejores voces poéticas de la Comunidad.

    El laberinto de Venus no es un libro de relatos convencional. Al hecho de ser el primer libro de relatos —tras varias décadas escribiendo poesía— publicado por su autora, hay que añadir el hecho de que María Teresa Espasa es ante todo poeta. Y esa mirada de poeta —como bien señaló Ricardo Bellveser en una de las presentaciones del libro— estará presente en todos y cada uno de los relatos, ya sea por la sensibilidad de las descripciones o situaciones de los personajes, por el lenguaje o en la mayoría de casos, por el tratamiento y punto de vista de la idea.

    La identidad poética de la autora irá manifestándose también en el plano argumental, ya que la mayoría de personajes están ligados a la escritura y muchas de las situaciones que viven están relacionadas con el quehacer habitual del mundo literario. Por si fuera poco, gran parte de los personajes son poetas.

    A cada uno de los relatos preceden citas de otros autores, no son autores cualesquiera, sino personas cercanas a la autora y su presencia —en ocasiones, agrupadas por sentido biográfico—, además de introducir al clima de cada historia, supone un detalle de gratitud.

    Es interesante el hecho de encontrar en la prosa de Teresa Espasa analogías formales con su poesía. Ya que la intención fundacional de su escritura es contar, expresarse y comunicar con la mayor claridad posible, esa claridad se traduce en sus párrafos en un lenguaje sencillo y asequible hasta para un lector ocasional. La sencillez aparente de su lectura entraña un enorme trabajo de desbrozo y síntesis, ya que las historias contenidas son por lo general breves (hasta de una página) y en ellas no se encuentra retórica de relleno ni pasajes aburridos o farragosos. La acción es sintética, no solo de principio a fin de cada relato, sino también de principio a fin del libro. Relatos climáticos, por la transparencia de su forma, forma de un fondo que por lo general apela a la emoción.

    Concebido como un ejercicio memorístico en el que se entrevera la ficción, no sabemos si para rellenar espacios que el tiempo y el olvido han ido borrando o para fantasear y saborear impunemente  los gozos del atrevimiento y la irreverencia. Lo cierto y probado, es que Teresa Espasa ofrece cierto grado de ficción en sus historias, pero siempre partiendo de una base biográfica real; algo que ha enseñado a sus alumnos en sus múltiples talleres de escritura y ahora pone en práctica con su narrativa.

    Así, personajes y lugares en los que transcurre la acción, poseen una importancia personal e histórica para la autora y las personas referenciadas. Ir tratando de desentrañar identidades reales tras los personajes, o lugares y sucesos que han tenido lugar tal cual se citan o de forma parecida, es un juego que añade un valor paralelo a la degustación de su lectura.

    Una de esas transfiguraciones la encontramos en el nombre de la protagonista de “todas” las historias, y no es otra que Tsa; acrónimo de Teresa, verdad a medias, pero una verdad al fin y al cabo que señala al yo real del autor, algo que nos hace reflexionar tras leer el primer texto que inaugura el libro, titulado “El yo ficcionado”, unas palabras liminares a modo de poética, en las que ya se nos previene de la delgada línea que separa a la realidad de la ficción y en el que encontramos una pregunta cuya respuesta aspira a justificar ese juego de falsas o verdaderas apariencias: «¿Es preferible un amante de papel construido con palabras , o un amante real que después de seducir esconde la mirada?».

    El primero de los diecisiete relatos lleva por título “Hablemos de Eros”, toda una declaración de intenciones; la forma verbal del título encierra un enclítico «nosotros» que no solo incluye al lector, sino también al autor al mismo nivel y a esto acompaña todas las connotaciones del dios griego Eros, a quien atribuyen la responsabilidad, no solo del amor, sino también del sexo o la fertilidad. En esta primera historia, enfocada como una reunión de amigos, aparece el tema erótico como frívola conversación de un día festivo, lo que da paso a una reflexión mucho más seria y profunda de un amor, que como extensión o como trasunto del sexo en el universo simbólico de la autora, filtrará su poder en cada relato ofreciendo un contraste entre la realidad (amor/desamor) y la ficción (lujuria/sexo) que será uno de los rasgos troncales del libro.

    El relato titulado “La estrategia”, además de nombrar a Ricardo Bellveser, reconocido poeta y periodista, en la cita que lo introduce, alude también al libro de mismo título que Bellveser publicó en 1977, y es justo subrayar la importancia de su autor, tanto en esta obra como en otras de Teresa Espasa, debido a la sana amistad e influencia que los une. En este relato, el narrador se dirige a un coprotagonista, de forma dialógica, desencadenando una pasión que pretende ser erótica pero resulta ser romántica. Y estas dos palabras, `pasión´ y `romanticismo´, definen a la perfección el cariz amatorio de El laberinto de Venus. En el siguiente pasaje puede verse con claridad esta afirmación: «Aunque quisiera, no podría reprimir este afán por abrazarte, ni atemperar mi avaricia por ceñirme a tu cuerpo y decirte: amor, amor…».

    La importancia y trascendencia que la autora da al amor o al sexo en este libro viene estrechamente ligada y condicionada por un plausible estado de ánimo. De escritura intuitiva, puede considerar a enamorarse como algo de vida o muerte: « […] pensé que al igual que Alfonsina yo también podría morir sin amor»; o tomar el hecho de conocer a un hombre apuesto y decidido a conquistar como un mero juego o motivo de diversión, como por ejemplo, en el relato titulado “El pacto”: Nosotras teníamos muchas cosas que compartir. Después de todo, aquel hombre alto, fuerte, elegante, de ojos intensos y mirada penetrante, no nos merecía la pena». En este mismo relato, Tsa, alter ego de la autora, se ve en la tesitura de compartir con su grupo de amigas dos reuniones anuales en las que se olvidarán del mundo y tratarán de compartir y preservar una amistad que, entre otras cosas, es lo que les hace dar algo de sentido a sus mundanas vidas. Y este hecho, no deja de ser un planteamiento utópico y romántico de la amistad en un mundo globalizado y mediatizado por la prisa. El obstáculo de la realidad, las emociones subterráneas, la erosión del tiempo, pero sobre todo, un ejemplo de cómo esquivar la tentación, serán algunas de las propuestas de esta historia protagonizada por cinco amigas.

    Por no destripar al lector más entresijos de un libro al que le invito a adentrarse, terminaré refiriéndome al relato titulado “El regreso de Kaléb”, el cual se presenta como un regreso que es también despedida, una hermosa declaración de amor en forma de aparición que puede leerse en clave lírica como poema en prosa: «Contigo llega la revolución de las cosas pequeñas, astillas de sospecha, recuerdo de una vida que añoraba el susurro de tu voz. // Regresas con la audacia entrecortada, el salitre entre los labios y el beso que siempre  aguarda…».

    No hay rubor ni ofensa en el erotismo de una poeta, pues su búsqueda agónica es la del amor; un amor que restituya el tiempo perdido, que sane las heridas y enseñe a ser feliz. Teresa Espasa llora y grita a través de sus personajes, en ocasiones, sus palabras fingen altanería, orgullo, presunción, pero si fijamos nuestra atención en esos renglones no escritos que todo buen lector intuye y todo buen escritor sugiere, advertiremos que bajo esa petición de amor aguarda un dolor insufrible, un desencanto extremo y una decepción del mundo y sus seres ingratos y mentirosos, que mantiene una constante lucha con su esperanza, su ilusión de vivir y soñar, la virtud de poder amar y ser amada; batalla que teme perder al flaquear sus fuerzas, pero jamás por rendirse, claudicar o simplemente, por no entender la vida de otra forma sino amando.

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Publicado en la página del Ateneo Mercantil de Valencia:

http://www.ateneovalencia.es/poetas-en-el-ateneo-xiv-maria-teresa-espasa-emocion-y-sentimiento-en-un-merecido-homenaje/

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Fotografía de José Luis Vila Castañer.

El pasado viernes, 27 de octubre, en la decimocuarta entrega del ciclo “Poetas en el Ateneo” que presenta Vicente Barberá y coordina Vicente Bosch, el Ateneo Mercantil de Valencia recibió a la poeta María Teresa Espasa.

A partir de las siete de la tarde, al emblemático Salón Sorolla de este centenario Ateneo, fue acudiendo un buen número de público a este ciclo literario, una ceremonia poética, llena de música, recital, entrevista, y en definitiva, una oportunidad única para conocer en profundidad, no solo la obra, sino la dimensión humana del autor invitado que no tiene parangón entre los eventos literarios que hoy se celebran en la Comunidad Valenciana.

Dada la situación convaleciente por problemas de salud de María Teresa Espasa y por su trayectoria literaria y humana, el acto se convirtió en un merecido y emotivo homenaje.

Vicente Bosch, directivo del Ateneo Mercantil, pronunció unas palabras de bienvenida y reconoció la relevante figura de la poeta convocada. Por su parte, Vicente Barberá agradeció a José Luis Vila, José Antonio Olmedo y Virgilio Fuero, sus labores como fotógrafo, cronista y realizador audiovisual, respectivamente.

Asimismo, Barberá, tras citar algunos de los logros acumulados a través de la extensa carrera literaria de Teresa Espasa, como por ejemplo: ser mecenas de varias generaciones de poetas valencianos, su labor como locutora radiofónica, su experiencia como fundadora de la revista Corondel, fundadora de la Tertulia la Buhardilla, su pertenencia al grupo El limonero de Homero o la innumerable organización de recitales y presentaciones; dio paso a Juan Manuel de Zaldúa, músico colombo británico, quien interpretó a la guitarra tres temas musicales.

Barberá dio paso a la sección fotográfica, un apartado donde María Teresa Espasa fue comentando instantes de su vida a través de doce fotografías. Así, pudimos verla en su época de estudiante, con las escritoras integrantes de la Plataforma de Escritoras del Arco Mediterráneo o recibiendo el galardón especial de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana.

A continuación, el poeta, narrador y periodista, Ricardo Bellveser, dio lectura al poema de María Teresa, titulado “Oscurece”, no sin antes dedicar unas agradecidas y cariñosas palabras a quien desde hace mucho tiempo es una buena amiga.

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María Teresa Espasa

Seguidamente, Barberá dio comienzo a su particular entrevista a la poeta. En esta ocasión, tras cada pregunta, dio paso a dos personas invitadas a leer poemas de la autora, así recitaron hasta un total de quince escritores, quienes agradecieron uno a uno su respeto y agradecimiento a una personalidad de las letras valencianas. Tras la pregunta: « ¿Qué te motivó para realizar aquel gran proyecto de Pliegos de Ítaca? » Juan Manuel de Zaldúa realizó su segunda intervención musical. Los escritores que intervinieron son los siguientes, por orden de intervención: Ricardo Bellveser, Ana Noguera, Blas Muñoz, Encarna Beltrán, Juan Luis Bedins, Mila Villanueva, Virgilio Fuero, Elga Reátegui, Marina Izquierdo, Elena Torres, José Antonio Olmedo, Ana Fernández de Córdova, Mar Busquets, Rosa María Rodríguez y Rafael Soler. También entre las preguntas y poemas recitados, llegó el turno del poema recitado por Virgilio Fuero, una proyección audiovisual en la que declamó el poema titulado “El Montgó”, perteneciente al libro En alguna parte es otoño. El propio Virgilio hizo entrega a Teresa Espasa del vídeo proyectado, como recuerdo del entrañable homenaje.

A través de las preguntas que Vicente Barberá formuló a Teresa Espasa, supimos que uno de los poetas que ha influido en su obra estaba presente en la sala, se trata de Ricardo Bellveser. Supimos también, que la autora de El Congreso recomienda leer mucho a los poetas que están empezando; que uno de sus últimos proyectos es un libro de relatos eróticos y que el premio que más ilusión le ha hecho ha sido el de la Crítica Valenciana.

Tras formularle una tanda de preguntas rápidas, en la que sus respuestas arrancaron risas entre el público, intervino de nuevo Juan Manuel de Zaldúa, pero esta vez acompañado por la voz de Maitechu, su hija, de diez años, quien encandiló al público por su espontaneidad y desparpajo.

Ya para despedir el acto, Vicente Bosch reconoció la emoción y el sentimiento vertidos en este encuentro, felicitó a Teresa Espasa en nombre del Ateneo Mercantil y Vicente Barberá pronunció palabras de agradecimiento a todos los presentes y colaboradores; anunció que el próximo poeta invitado al ciclo será Antonio Porpetta e invitó a María Teresa a recitar algunos poemas propios. Como colofón, la autora fue obsequiada con un espléndido ramo de flores y el acto terminó con la tradicional fotografía colectiva.

Publicado en:

http://revistadeletras.net/espasa-en-alguna-parte-es-otono/

 

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Título: En alguna parte es otoño

Autora: María Teresa Espasa

Editorial: Hiperión

Género: poesía

Año de publicación: 2015

Número de páginas: 80

ISBN: 978-84-9002-070-8

 

El número 692 de la colección de poesía de la editorial Hiperión, colección dirigida por el poeta Jesús Munárriz, corresponde al más reciente poemario de María Teresa Espasa, En alguna parte es otoño, un trabajo que mereció el XXXII Premio Ciudad de Valencia “Vicente Gaos”, uno de los premios literarios más prestigiosos de la Comunidad Valenciana.

Desde el año 1978 en que María Teresa Espasa publicó A través del silencio (Adelapos, 1978), su primer poemario, hasta la actualidad, la poeta de Denia ha publicado dieciocho poemarios. Su trayectoria literaria se ha visto jalonada de numerosos premios y reconocimientos, no solo en su faceta literaria, sino también como ensayista y narradora.

Dos son los temas troncales en la poética de Teresa Espasa: el amor y el tiempo; amor como gran tesoro a merecer, conquistar y proteger; un amor platónico y deslumbrante que puede tornarse en herida y dolor, un dolor que en la mirada melancólica de la poeta se traduce en todas sus representaciones posibles; y el tiempo, verdugo de todo cuanto amamos y maestro cruel que puede transformarse en muerte u olvido.

Amor y tiempo son las preocupaciones de esta poeta, unas preocupaciones que la conducen a la reflexión, a la nostalgia, y por tanto, al silencio. En el silencio de Teresa Espasa se fragua su rebeldía, su estupor, su fascinación, su dolor, su poesía. Sus versos son humanos, sinceros, desnudos; ante ellos puede verse reflejado cualquier ser viviente: ¿Cómo expresar con palabras / la raíz última / de lo que siento? De esta forma comienza el poemario, confesando una debilidad, tratando de sortear una dificultad imposible por inefable. Pero antes de traspasar ese “Pórtico”, título del primer poema, la autora revela de forma sencilla el desgarrador enclave desde donde se dispone a narraros su historia: […] la letra capitular que guía esta historia papita por las / calles en medio de la nada. / ¡Este ha sido mi mundo! / He perdido la noción y la inocencia del tiempo, ahora sólo busco escribir mi destino…

Esa confesión es trágica, descorazonadora, de ese desencuentro entre uno mismo y con los demás nace un sentimiento artístico que, lejos de llorar, lamentarse o temer, hace que la poeta celebre la vida y con ella, todos sus dones: A pesar de los retos impuestos / por la vida, / allí estabas, / sobre frágiles capas de arena, / dunas color ocre.

Dicha celebración no está exenta de melancolía, incluso de tristeza, pero predomina en ella una necesidad de búsqueda, de comprensión, que la empuja a reconocerse en la memoria; pero hasta la memoria -cuando el tiempo interviene- es imprecisa, traidora, difusa; la poeta, lejos de rendirse, reconstruye esa memoria o desmemoria utilizando tan sólo su poesía, acaso todo cuanto tiene: Cuando se acerca diciembre / y no sé dónde pensarte, / leo tus poemas, // y las horas se suceden sin remedio / y tu imagen cabrillea / en el fondo del espejo. // Y no logro saber: / dónde la ficción, / dónde el olvido. // Cuándo la memoria.

La poesía de Teresa Espasa posee un gran calado romántico, pero también existencial, a través de un lenguaje sencillo, a la par que evocador, la poeta narra algunos momentos que marcaron su vida al mismo tiempo que da lugar y color a esas calas del pensamiento que yacen anegadas bajo la marea del tiempo y que tanto necesita recobrar.

La sutileza a la hora de abordar esos recuerdos -vividos o inventados- revela una escritura sensorial que huye de la retórica y el artificio. Uno de los rasgos característicos de la poeta es, pese a su vasta erudición, la sencillez lingüística, la claridad, lo que no implica simplicidad, sino la ausencia de trucos.

El poemario está dividido en seis partes, seis tiempos en los que la poeta divide el tránsito de su mirada. En el primer tiempo, llamado “Pórtico” se exponen las preocupaciones y poética: las imposibilidades y su angustia, el desbaste que produce lo breve de lo efímero, la sed de quien ama más allá de sí.

El segundo tiempo lleva por título “Los tiempos de la vida” y en él se suceden como fugaces resplandores del pasado, momentos donde la ilusión del amor da paso a la incertidumbre de la duda, el corazón de la poeta transita las arenas movedizas de un tiempo que recuerda, pese a todo, con ternura.

“La ley de los caminos” es el tercer tiempo y el más extenso del libro. Una hoja de ruta a modo de cuaderno paisajístico. Los montes de Gredos, Santillana del Mar, New York o el Montgó de Denia, son algunos de los parajes donde las rémoras de la artista la conducen a versos existenciales en los que todo es una bruma, un reflejo desfigurado, un espejismo.

El cuarto tiempo es “Cuando llega el silencio”, un pasaje inundado del vacío sonoro que se transforma en un arma letal en manos de la soledad. Los títulos de los poemas que componen este apartado hablan por sí solos: “Preguntas –sólo eso”, “La sal de la memoria”, “En el país de las sombras”, “Donde el azar le duele a cada uno” y “Año tras año”.

El quinto tiempo, titulado “Después de todo, regresar es lo que importa” se convierte en un breve devocionario que incluye súplicas al amado idolatrado; el reconocimiento de la duda como algo que puede ser positivo; e incluso la gallardía de afrontarse a sí mismo y aceptarse y reconocerse tal como uno es.

“Junto a ti me deslizo” clausura el poemario regresando al amor, un retorno al origen de la herida, inmarcesible, perturbador, quizá la única tabla de salvación posible para enfrentar el tiempo que eclosiona, se expande y estremece al desangrarse sobre la última estrofa.

María Teresa Espasa, ha sido y es una figura clave en la poesía valenciana de las últimas décadas, su labor al frente de la Asociación de Escritores Tertulia la Buhardilla ha marcado un antes y un después en el modo de hacer y entender la poesía en la capital del Turia. Durante años ha sido antóloga de voces poéticas hoy maduras y reconocidas a nivel nacional; también ha sido editora, fundadora de la revista Corondel, y por derecho propio, ha sido y es una institución y un referente cultural para varias generaciones de poetas.

 

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Título de la obra: El Congreso

Autora: María Teresa Espasa Moltó

Género: Poesía

Editorial: Ayuntamiento de Córdoba & Asociación cultural Andrómina

Año de publicación: 2012

Número de páginas: 53

Que para María Teresa Espasa la vida es inconcebible sin la escritura, y más concretamente sin la poesía, es algo que sus poemas transmiten y algo que las personas que tienen el privilegio de conocerle, saben ciertamente. Lo que ocurre, es que más allá del deleite que pueda producirnos una combinación de palabras dulces o de imágenes originales, la poética de Espasa tiene una cualidad más que la poética de aquel que escribe seudopoesía y dice ser poeta, y es que entretiene, ilustra, arrebata, hace reflexionar, azota y expone con esa elegancia de quien tiene de su parte a un gran ejército de musas, toda la fragilidad y emoción de un mundo interior tan metafísico como humano y sensorial.

La autora de A través del silencio (1978 Ed. Adelapos), utiliza como motivo de El Congreso la celebración en Valencia en el año 2011 de un Congreso Internacional llamado “Any Isabel de Villena” sobre Mujeres y Literatura entre la Edad Media y el Renacimiento. Dicho evento fue promovido por la Diputación de Valencia y la institución Alfonso el Magnánimo, el coordinador fue el director de dicha institución, Ricardo Bellveser, poeta que tiene un especial protagonismo en este libro, tanto en la primera dedicatoria como en las alusiones de algunos poemas: Al regresar de aquel lugar que nadie nombra, / y porque sabes que codicio esa mirada, / pasas ante mí sin detenerte.

En aquel congreso celebrado durante tres días de septiembre se reunieron un buen número de escritores, tanto españoles como extranjeros, y fueron tales las sensaciones de María Teresa, que aquel cenáculo, entre artistas, se hizo atemporal para la poeta valenciana y lo creyó suficiente motivo para soplar sobre la palma de sus manos y comenzar a escribir.

Por tanto, y después de leer el libro, puedo decir que El Congreso además de ser un poemario, con todas las condiciones que eso conlleva, es también una crónica de dicho evento. Una crónica no exenta de la carga personal que habita en un diario, tanto reflexiones, como sensaciones y recuerdos unidos artística y didácticamente en este elaborado manual de miradas.

Como buena crónica, el poemario está ordenado cronológicamente desde antes de llegar al congreso hasta el momento en que finaliza. La poeta es la protagonista declarada de los versos y elige temas propios de introspección al comienzo y al final del libro, además de desarrollar el grueso de su obra abordando los temas expuestos por los ponentes en mezcolanza con el fluctuar de su sentir. María Teresa hace uso de un verso blanco, sin medida, aderezado con un lenguaje sencillo pero preciso, a la vez que hace gala de una técnica exquisita a la hora de rematar los poemas, abrochando con destreza la clausura de sus versos y es capaz, con treinta y dos poemas de corta extensión, de propagarnos toda una gama de sensaciones y pensamientos al mismo tiempo que nos cuenta una historia.

Es evidente la importancia del Tiempo como lontananza, personaje secundario y personaje principal, en los versos de Teresa Espasa, unos versos que no esconden nunca sus intenciones, ya sea para elogiar la figura de un amigo o para adolecer por la agonía de una herida, una herida que en la mayoría de ocasiones está estigmatizada por ese dios inexorable: No hay temas prohibidos, / sólo un paréntesis cifrado que perturba / la corriente de lo eterno.

He leído en varios artículos, cómo otros colegas estriban este poemario como un homenaje a la Poesía, sin embargo yo disiento de esa apreciación y creo que acierto al afirmar que se trata de un elogio de la contemplación, pero no una contemplación gratuita, sino motivada por una necesidad de automotivación, una especie de juego o ejercicio nacido de una necesidad de reciclarse y no estancarse para así convertirse en un espectador del Tiempo. Teresa Espasa ha ofrecido su vida a la Poesía y creo que la Poesía le ha devuelto mucho, sin embargo la poeta de Denia se sienta en la tribuna de un simposio y observa a sus coetáneos oradores como una ignorante colegiala y abstraída todavía más en su propósito aventurero, se deja llevar por esa inercia narrativa de los hechos y convierte esa diacrónica cotidianeidad en un maravilloso poemario lleno de aseveración y agradecimiento.

Tiempos lejanos que a menudo palidecen / a causa del olvido y su liturgia, dice la poeta, ensimismada en rémoras melancólicas, una pesadumbre que reza para convertirse en memoria y poder seguir combatiendo  el Tiempo. En muchos de los poemas del libro habitan reminiscencias argumentales y características personales de los asistentes a ese congreso, unas veces más sutiles y otras más evidentes, como por ejemplo las dirigidas a: Gregorio Morales, José Luis Martínez Rodríguez o José Lupiañez.

Teresa Espasa se introduce en una burbuja llena de soledad y silencio que ella misma ha fabricado, quizá por una necesidad de recogimiento, y desde allí observa apacible todo cuanto le rodea, en ella su mirada es un análisis profundo, una necesidad tan antigua como la vida, una vida que la empuja a preguntarse y saborear el valor secreto de las cosas. Su escritura está plagada de pequeños detalles que pasarían inadvertidos para aquel que no ha aprendido el mensaje de los años, aquí el vino es viejo, el humanismo es viejo y los días, amarillos.

Al final del poemario y para contrarrestar el posible fatalismo por su persistencia y agonía de lo efímero, María Teresa termina su sinfonía con unos versos de enfática esperanza: […] pienso que si miro la vida / de otro modo / aún queda un mundo por descubrir.

Desde la publicación de: De la ilusión del Amor a la pérdida del Tiempo y El Tiempo se acaba, ambas publicaciones en el año 98 y editadas por Página Cero, la autora alicantina ha confesado una gran preocupación por el paso del Tiempo, al que ha convertido en multitud de ocasiones en el eje central de sus composiciones, y quizá por ello enfrenta su angustia de sentirse efímera con aquello que encuentra más eterno del ser humano, el amor, el pensamiento, la memoria, por eso cada libro suyo es una celebración de la vida.

La Comunidad Valenciana tiene mucho que agradecer a María Teresa Espasa, ya que además de ser una de las voces femeninas con mayor prestigio poético incluso a nivel nacional, ha sido una forjadora de poetas y una difusora cultural sin parangón e incombustible, un catalizador de la poesía que ha sembrado en varias generaciones mecanismos literarios que todavía hoy siguen en funcionamiento.