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Crónica publicada en “Todoliteratura.es”:

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El pasado jueves, 6 de septiembre, la Librería Ramón Llull de Valencia estrenó su temporada con la presentación del poemario “Gramática de sombras” (Calambur, 2018) de Elena Torres. Dicho libro es el decimocuarto en la bibliografía de su autora. Y para la ocasión, la poeta contó con la presencia de Sergio Arlandis, poeta, crítico, y en este caso, editor del sello Calambur, además de Blas Muñoz, reconocido poeta y profesor de larga trayectoria.

    A pesar de la fecha escogida para la presentación, teniendo en cuenta que el verano levantino se vive hasta mediados de septiembre, el público no defraudó y llenó uno de los foros culturales más emblemáticos de la Comunidad Valenciana. Como consecuencia de ello, escritores de la talla de Jaime Siles, Pedro José Moreno, Gloria de Frutos, Mar Busquets o Bibiana Collado, entre otros, arroparon a la autora.

    Para quienes no conozcan a Elena Torres, apuntaré brevemente que empezó su trayectoria como poeta en 1994 con Don de la memoria (Instituto de Estudios Modernistas), editorial del recientemente desaparecido Ricardo Llopesa, y a este libro sucedieron Alta fidelidad (Páginacero, 2001, Alrededor del deseo (Torremozas, 2011) o Frágil (Obrapropia, 2012), libro que mereció el Premio Ciudad de Valencia Vicente Gaos.

    El acto comenzó con unas palabras del poeta y anfitrión —junto a Almudena— Francisco Benedito, con las que agradeció al público su asistencia y subrayó la relevancia cultural y el cariño que las tres figuras literarias allí reunidas despiertan en la casa.

    Sergio Arlandis, una de las voces más destacadas de su generación, tomó la palabra en calidad de editor para manifestar que el manuscrito de Elena Torres no convenció a la mayoría del comité lector a su llegada a la editorial, sino a todos. Puso en valor la dilatada experiencia de la autora y su particular admiración por una obra que conecta emocional e intelectualmente con el lector a varios niveles. Alabó la capacidad de síntesis de los poemas, su arraigo con lo cotidiano pero a la vez metafísico, su universalidad y carácter metaliterario, lo que dota a los versos de profundidad y múltiples interpretaciones. Arlandis añadió que el lenguaje y su finitud gramatical lo convierten, precisamente, en una herramienta de infinitas posibilidades, motivo temático que filtrará toda su simbología por los diferentes pasajes del libro.

    Elena Torres, por su parte, compartió con los allí presentes algunas claves que ayudan a conocer mejor su poética y a desentrañar el libro. Comentó que urdió el poemario con la idea preconcebida de abordar temas nucleares y recurrentes en su poética, como lo son: el amor, el deseo, el tiempo, la duda; añadió que el libro está dividido en ocho partes y que a cada una de ellas precede una cita en la que se encuentra implícita la palabra temática a la que va referida cada sección. Decidió envolver esta obra con una retórica lingüística en la que la palabra fuese vehículo, pero también modelo y cuerpo de su universo simbólico. De este modo, la autora manifestó haber subrayado la importancia de los adverbios, las preposiciones y locuciones como partes de la gramática que posibilitan combinaciones que nos acerquen a describir lo inefable.

    El poeta Blas Muñoz fue breve en su intervención, pero —tal y como acostumbra— contundente y preciso. Vinculó la importancia de esas mínimas partes de la oración, como pueden ser los adverbios y preposiciones, con la coherencia y cohesión de una gramática necesitada de esas membranas articulatorias del discurso. Antepuso el valor de la solvente utilización de dichos nexos  a la sustantivación o adjetivación, recursos  banalizados y trillados por el acervo popular. Al igual que Sergio Arlandis, Blas Muñoz fue uno de los lectores privilegiados cuando Gramática de sombras era solo un borrador, y sostuvo con la autora una conversación en la que ambos comentaron la decisiva influencia que su criterio tuvo en el acabado final del libro.

    El acto culminó con un breve recital de los poemas del libro a cargo de Blas Muñoz y Elena Torres, quienes pausadamente y alternando sus lecturas convirtieron la declamación en un diálogo brillante y fluido que no hizo más que revelar la condición de macrotexto de la obra.

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Publicado en la página del Ateneo Mercantil de Valencia:

http://www.ateneovalencia.es/poetas-en-el-ateneo-xiv-maria-teresa-espasa-emocion-y-sentimiento-en-un-merecido-homenaje/

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Fotografía de José Luis Vila Castañer.

El pasado viernes, 27 de octubre, en la decimocuarta entrega del ciclo “Poetas en el Ateneo” que presenta Vicente Barberá y coordina Vicente Bosch, el Ateneo Mercantil de Valencia recibió a la poeta María Teresa Espasa.

A partir de las siete de la tarde, al emblemático Salón Sorolla de este centenario Ateneo, fue acudiendo un buen número de público a este ciclo literario, una ceremonia poética, llena de música, recital, entrevista, y en definitiva, una oportunidad única para conocer en profundidad, no solo la obra, sino la dimensión humana del autor invitado que no tiene parangón entre los eventos literarios que hoy se celebran en la Comunidad Valenciana.

Dada la situación convaleciente por problemas de salud de María Teresa Espasa y por su trayectoria literaria y humana, el acto se convirtió en un merecido y emotivo homenaje.

Vicente Bosch, directivo del Ateneo Mercantil, pronunció unas palabras de bienvenida y reconoció la relevante figura de la poeta convocada. Por su parte, Vicente Barberá agradeció a José Luis Vila, José Antonio Olmedo y Virgilio Fuero, sus labores como fotógrafo, cronista y realizador audiovisual, respectivamente.

Asimismo, Barberá, tras citar algunos de los logros acumulados a través de la extensa carrera literaria de Teresa Espasa, como por ejemplo: ser mecenas de varias generaciones de poetas valencianos, su labor como locutora radiofónica, su experiencia como fundadora de la revista Corondel, fundadora de la Tertulia la Buhardilla, su pertenencia al grupo El limonero de Homero o la innumerable organización de recitales y presentaciones; dio paso a Juan Manuel de Zaldúa, músico colombo británico, quien interpretó a la guitarra tres temas musicales.

Barberá dio paso a la sección fotográfica, un apartado donde María Teresa Espasa fue comentando instantes de su vida a través de doce fotografías. Así, pudimos verla en su época de estudiante, con las escritoras integrantes de la Plataforma de Escritoras del Arco Mediterráneo o recibiendo el galardón especial de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana.

A continuación, el poeta, narrador y periodista, Ricardo Bellveser, dio lectura al poema de María Teresa, titulado “Oscurece”, no sin antes dedicar unas agradecidas y cariñosas palabras a quien desde hace mucho tiempo es una buena amiga.

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María Teresa Espasa

Seguidamente, Barberá dio comienzo a su particular entrevista a la poeta. En esta ocasión, tras cada pregunta, dio paso a dos personas invitadas a leer poemas de la autora, así recitaron hasta un total de quince escritores, quienes agradecieron uno a uno su respeto y agradecimiento a una personalidad de las letras valencianas. Tras la pregunta: « ¿Qué te motivó para realizar aquel gran proyecto de Pliegos de Ítaca? » Juan Manuel de Zaldúa realizó su segunda intervención musical. Los escritores que intervinieron son los siguientes, por orden de intervención: Ricardo Bellveser, Ana Noguera, Blas Muñoz, Encarna Beltrán, Juan Luis Bedins, Mila Villanueva, Virgilio Fuero, Elga Reátegui, Marina Izquierdo, Elena Torres, José Antonio Olmedo, Ana Fernández de Córdova, Mar Busquets, Rosa María Rodríguez y Rafael Soler. También entre las preguntas y poemas recitados, llegó el turno del poema recitado por Virgilio Fuero, una proyección audiovisual en la que declamó el poema titulado “El Montgó”, perteneciente al libro En alguna parte es otoño. El propio Virgilio hizo entrega a Teresa Espasa del vídeo proyectado, como recuerdo del entrañable homenaje.

A través de las preguntas que Vicente Barberá formuló a Teresa Espasa, supimos que uno de los poetas que ha influido en su obra estaba presente en la sala, se trata de Ricardo Bellveser. Supimos también, que la autora de El Congreso recomienda leer mucho a los poetas que están empezando; que uno de sus últimos proyectos es un libro de relatos eróticos y que el premio que más ilusión le ha hecho ha sido el de la Crítica Valenciana.

Tras formularle una tanda de preguntas rápidas, en la que sus respuestas arrancaron risas entre el público, intervino de nuevo Juan Manuel de Zaldúa, pero esta vez acompañado por la voz de Maitechu, su hija, de diez años, quien encandiló al público por su espontaneidad y desparpajo.

Ya para despedir el acto, Vicente Bosch reconoció la emoción y el sentimiento vertidos en este encuentro, felicitó a Teresa Espasa en nombre del Ateneo Mercantil y Vicente Barberá pronunció palabras de agradecimiento a todos los presentes y colaboradores; anunció que el próximo poeta invitado al ciclo será Antonio Porpetta e invitó a María Teresa a recitar algunos poemas propios. Como colofón, la autora fue obsequiada con un espléndido ramo de flores y el acto terminó con la tradicional fotografía colectiva.

Publicado en CaoCultura:

http://caocultura.com/baile-la-vida-de-elena-torres/

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Título: El baile de la vida

Autora: Elena Torres

Editorial: Lastura

Género: poesía

Número de páginas: 56

Año de publicación: 2016

ISBN: 978-84-945177-1-6

 

Danza es lo que deviene de un cuerpo en movimiento

que abandona su inherente geometría

para ser esencia poliforme del arte.

Erick Rodrigo Guatemal

 

Elena Torres es Licenciada en Filosofía Pura e imparte talleres de creación literaria para alumnos de la tercera edad. Entre 1994 y 2014 publicó doce poemarios: Don de la memoria, Ráfagas de vértigo, As de copas, La zona oscura, Alta Fidelidad, En la esquina del desencuentro, Exceso de equipaje, Lencería de piel, Nada Personal, Alrededor del deseo, Frágil y En el silencio de la bodega. Ha participado en varias antologías, siendo la última La escucha y la concordia. Su poesía ha sido galardonada en numerosas ocasiones, sus últimos reconocimientos son el XIII Premio Certamen Poético Mollina color de Vino, Málaga, 2011, por Tiempo de vendimia, el XXIX Premio Ciudad de Valencia 2012 Vicente Gaos poesía en castellano por Frágil y la mención de honor por haikus “Cosecha Púrpura” del XXII Concurso Poesía Arnedo, La Rioja, 2013.

Con El baile de la vida (Lastura, 2016), Elena Torres es actualmente justa Finalista de los Premios de la Crítica Valenciana 2017, un premio que será fallado el próximo 20 de mayo en la Universidad Miguel Hernández de Elche (Alicante).

En este libro, la autora valenciana encuentra en la música, y especialmente en la danza, la analogía perfecta para celebrar, rememorar y reflexionar la vida. No en vano, la estructura del mismo es un continuo formado por once poemas y un bloque final de poemas breves sin título, en los que tanto el baile, como todo lo afín a él, es utilizado como una gran metáfora, humana, muy humana, eso sí, que busca su propia melodía en unos versos especialmente dotados de sensibilidad.

A los poemas antecede un prólogo escrito por María José Pastor. En él su autora emplea términos como roadmovie para destacar el hecho de que el libro posee un evidente carácter unitario, un todo en el que cada baile mencionado refiere a una cultura, a una zona geográfica distinta, pero al mismo tiempo cada poema tiene autonomía propia y pueden disfrutarse y comprenderse por separado sin disminuir un ápice su capacidad expresiva.

También Pastor subraya acertadamente cada rasgo distintivo de los poemas. Nos indica así que algunos abordan temas filosóficos, como el titulado “Tango”, el anhelo y la esperanza en “Mascarada” o las referencias cinematográficas sobre la danza en el poema que lleva por nombre “Musical”.

De esa forma llegamos a una cita de Isadora Duncan que reza: Desde el primer momento yo no he hecho sino bailar en mi vida. Y tras ella nos sumergimos en El lenguaje del abanico, primera coreografía narrada en primera persona, rasgo que alternará con su homóloga plural, como puntos de vista dominantes en el conjunto. El yo lírico corresponde a una mujer y su discurso va dirigido a su supuesto amado: Te miro abanicándome / en medio de un salón / de temblorosas lámparas. Aquí observamos una morfología versal con predominio del imparisílabo, ausente de rima y distribuida en estrofas de cinco versos, algo que compartirá con el siguiente poema. Los versos de Elena Torres componen en este poema un pequeño tratado de campiología, cabe recordar que el abanico no es solo un complemento femenino, pues existe un lenguaje gestual —ya en desuso— con el que a través de él la mujer podía codificar mensajes privados: Podría decirte que estoy impaciente / mientras juego con mi abanico, / expresar mis ganas de hablarte / al contar sus varillas con los dedos. / Mostrarlo abierto para que me esperes.

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Elena Torres

La preocupación del tiempo aparece en el poema titulado “Pasodoble”: Tal vez los pasos de la vida  / sean pasos de baile / que, inexorablemente, / fija un preciso minutero. / Una marcha ligera / a merced de un ingrávido péndulo. La poeta entiende en la figura abrazada de los bailarines el simbolismo totémico de un amor que camina hacia su destino, y para ello emplea paralelismos con el toreo y su trágico final: Tal vez sea un doble desfile. / Uno enfrente del otro. / El porte erguido, las manos unidas. / Un cortejo del porvenir / que se dirige con traje de fiesta / hacia un equívoco destino.

En el poema titulado “Bolero” hay palabras remarcadas en negrita que forman partes o versos completos: No sé tú pero yo…, Por debajo de la mesa…, dichas palabras son títulos emblemáticos de boleros históricos, por lo que su poder evocador se multiplica y la poeta va hilvanando uno tras otro y componiendo sutilmente una invitación al amor que culminará de esta manera: […] Y en la eternidad del Bolero / daré La media vuelta / para venir de allá, de Un mundo raro / y quedarme Contigo en la distancia.

La muerte y la melancolía que provocan las ausencias danzan en el poema titulado “Samba”: Es preciso encontrarnos / en esta coreografía de ausencias. / Escuchar conocidos ecos / en este circular preludio / de saudades extrañas. Aquí el contrapunto es evidente; un baile tan alegre como la samba sirve a la autora para reflexionar sobre algo tan luctuoso como la muerte. La soledad y el olvido son pensamientos análogos a saberse un condenado en el tiempo; sentirse solo, olvidar o ser olvidado, es imposible despojarse de esas lacras y por ello, parece menos dolorosa su erosión tras su asunción: Es preciso abrumarse / con la belleza oscura. / Sublimar el triste consuelo, / la percusión vibrante del vacío / en la plenitud del mañana.

El poema más extenso del libro es el dedicado a las Nueve Musas: Terpsícore, Calíope, Clío, Erato, Euterpe, Polimnia, Urania, Melpómene y Talía. A cada una de ellas dedica una estrofa, pero antes, introduce con estos versos a su alabanza: Es posible un lugar / donde la Poesía / baila con los recuerdos, / donde se siente la presencia / del invocado coro de las Musas. Todos sus ámbitos, todas sus cualidades quedan descritas, y a su vez subrayada toda su magnificencia y feminidad: Es posible un lugar, donde inspiradas, / danzan la vida y la poesía. // Como existen los mitos. Estas nueve mujeres cinceladas / en el bajorrelieve de los días.

No es casualidad que la poeta clausure este apartado con un poema titulado “Tango”. Toda la pasión y dramatismo que transmite ver bailar o bailar un hermoso tango, queda plasmada a la perfección en unos versos que van sucediéndose a modo de súplica, compendiando emociones y conmocionando a un tiempo a ese hipotético interlocutor del hablante lírico. Aquello que ahora trae dolor a nuestras vidas antaño provocó felicidad y por ese motivo debe ser cantado y no borrado de nuestros recuerdos: Déjame escribir esta letra. / Componer un tango que exprese / el desgarro del ya no ser / desde el arrabal de lo verdadero, / fuera de lo vivido, / con la cálida voz del desengaño. Esa metamorfosis del cuerpo en sublimación con el espíritu a la que mueve la danza, es descrita a la perfección en los versos —citados al principio de esta reseña— del poeta ecuatoriano Erick Rodrigo Guatemal; en este último tango la conciencia lírica abandona su inherente geometría para formar parte de la esencia poliforme del amor: Déjame que te nombre. / Poner la melodía que acentúe / este vaivén de sentimientos / y piernas enlazadas. Transmitir la sensualidad / con la impostura del abrazo. / Llorar con el lamento de la carne.

Para finalizar, “La vida es un baile de relámpagos” es un bloque compuesto por veinte piezas breves, todas de cinco versos, excepto la primera, de las que he elegido una representativa como brillante colofón para cerrar esta reseña.

V

Era el momento,

ese que, cómplice, respira,

calcula, tiende las manos,

nos traspasa y se rompe.

Y no lo detuvimos.

Publicado en el blog de Vicente Barberá:

http://vicentebarbera.blogspot.com.es/2017/05/poetas-en-el-ateneo-cronica-de-jose.html?m=1

Publicado en la página web del Ateneo Mercantil de Valencia:

http://www.ateneovalencia.es/poetas-en-el-ateneo-xii-blas-munoz-en-la-poesia-siempre-hay-que-buscar-la-voz-propia/

(Todas las fotografías son autoría de José Luis Vila Castañer).

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De izquierda a derecha: Vicente Barberá, Blas Muñoz y Vicente Bosch. (José Luis Vila Castañer)

 

Presentación

Un 25 de abril nacieron Leopoldo Alas “Clarín” y José Ángel Valente, y por azar del destino, también un 25 de abril —o quizá por justicia poética— el poeta Blas Muñoz Pizarro visitó el ciclo Poetas en el Ateneo, un distinguido foro por el que han dejado huella algunos de los mejores autores líricos valencianos.

Celebrado en el Salón Sorolla del Ateneo Mercantil, uno de los coliseos culturales más señeros de la ciudad de Valencia, dicho ciclo es coordinado por Vicente Bosch, presente en la mesa, y presentado por Vicente Barberá, poeta y compañero del poeta invitado en el grupo literario El limonero de Homero.

A partir de las 19 horas fue llegando el público, hay que destacar que el aforo se llenó, algo que subraya la importancia de Blas Muñoz en el círculo poético valenciano, ya que como viene siendo una costumbre, el mismo día y a la misma hora, los actos literarios se solapan en Valencia.

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Entre el público, algunas de las personas más relevantes del panorama cultural valenciano se dieron cita en lo que, más que una exposición de vida y obra del poeta, se convirtió en un homenaje: Jaime Siles, Pedro J. de la Peña, Ricardo Bellveser, Pedro José Moreno o Elena Torres, fueron algunos de los escritores que acudieron al evento.

Quiero hacer visible la extraordinaria labor de José Luis Vila Castañer, reconocido fotógrafo valenciano, quien es el encargado de inmortalizar a través del objetivo de su cámara estos cíclicos encuentros con poetas destacados.

Vicente Bosch tomó la palabra para agradecer a Muñoz Pizarro su presencia en este proyecto, además de manifestarle su admiración como reconocido poeta, y no menos, mejor persona y amigo. Bosch subrayó el importante compromiso del poeta con la entidad convocante, por lo que terminó su intervención poniendo en valor no solo todo lo que Blas Muñoz ha dado al Ateneo Mercantil como persona, sino también la aportación global del grupo al que pertenece, El limonero de Homero, compuesto además por: María Teresa Espasa, Joaquín Riñón, Antonio Mayor y Vicente Barberá; grupo literario que coordina el Aula I de Poesía del Ateneo.

Era de prever que entre Vicente Barberá, como conductor del encuentro y buen limonero, y Blas Muñoz, surgiesen confidencias y la química de una amistad unida por la poesía deparase momentos de entrañable complicidad.

El Proyecto Poetas en el Ateneo acostumbra a dividirse en tres partes: exposición fotográfica, entrevista de Barberá al poeta invitado y ronda de preguntas del público, todo esto alternado con la proyección de un vídeo y un breve recital a cargo de poetas invitados.

Antes de dar paso a la primera fotografía, Vicente Barberá recordó que por este ciclo han pasado hasta once poetas de la talla de Antonio Cabrera, Jaime Siles, Ricardo Bellveser, Sergio Arlandis, Guillermo Carnero, Vicente Gallego, Rafael Soler, Francisca Aguirre, Pedro J. de la Peña, Juan María Calles o Carlos Marzal. Con la presencia de Blas Muñoz se cierra un periodo que culminará en su próxima entrega para dar paso al parón veraniego, siendo su pretensión reanudar la actividad ya entrados en septiembre. Invitó a los presentes a hacerse con uno de los dípticos sobre el poeta y su poesía que se ofrecían en la entrada al recinto y explicó que estos encuentros pretenden, no solo conocer la labor literaria del poeta convocado, sino también, y lo más importante, conocer un poco más su dimensión humana.

Fotografías

Así pues, dio comienzo el primer bloque. Apareció proyectada en la pantalla una fotografía en blanco y negro donde una joven señorita, ataviada con un vestido y un paraguas oscuros, sonríe a la cámara en mitad de unas vías de tren; el poeta ilustró al público al contar que aquel paisaje era la estación de Aragón (1972) y reveló que aquella mujer era Mercedes, a quien se dirige como Merche, su esposa, presente entre el público, y sus palabras y sus ojos se llenaron de luz. Con aquella pintura, el poeta rememoraba el drástico cambio que sufrió su vida, ya que enamorarse supuso pasar del narcisismo del yo a la entrega sin condiciones, lo que le llevó a escribir el poema “Consumación” y culminar así un poemario que llevaba entre manos, se refería, por supuesto, a Naufragio de Narciso.

La siguiente fotografía mostraba un autógrafo de Juan Gil-Albert, poeta admirado por Blas, quien tras las periódicas visitas de un joven y prometedor poeta, tuvo a bien, no solo dedicarle una de sus obras —Concierto en «mi» menor. Homenaje a Marcel Proust (1974) , sino a esbozar dentro del mismo autógrafo y en palabras de Muñoz Pizarro: la primera crítica a su poesía.

De la nostalgia y veneración de los que, sin duda, son momentos cruciales e imborrables en la etapa de un poeta joven, pasamos a la fotografía número tres, donde el reconocimiento del mundo literario y los primeros pasos de un autor comienzan a hacerse realidad. En esta fotografía en blanco y negro vemos a un Blas Muñoz muy joven y delgado, recogiendo el Premio Nacional de Poesía José Antonio Torres en la ciudad de Tomelloso. Vestido de esmoquin y pajarita, el autor comenta que justo detrás, se encontraba el poeta Antonio Gala. A lo que añade que entre el jurado que lo premió se encontraban el poeta Félix Grande, Eladio Cabañero y García Pavón. El pregonero de las fiestas ese año fue Francisco Umbral y tuvo el privilegio de ser nombrado pregonero para el año siguiente. Sin duda, un espaldarazo para alguien que todavía no había cumplido treinta años y tenía mucho que decir.

El poeta nicaragüense afincado en Valencia, Ricardo Llopesa, amigo de Blas Muñoz desde finales de los años sesenta, es quien aparece en la siguiente fotografía. Recordemos que Muñoz Pizarro tras publicar en 1981 Naufragio de Narciso, mantuvo un silencio editorial hasta el año 2007, momento en que finaliza La mirada de Jano, que fue publicado en 2009 por el Ayuntamiento de Petrer. En este nuevo momento crucial, fue Ricardo Llopesa quien le abrió las puertas de sus tertulias literarias en Valencia, hecho que acabaría siendo decisivo para desencadenar el éxito y repercusión de la etapa posterior del poeta.

No podía faltar una instantánea sobre El limonero de Homero, sus cinco componentes aparecen en la quinta fotografía, lo que aprovecha Blas para dar lectura a una décima compuesta expresamente para ellos. Sobre este grupo hablaremos más adelante, a colación de las preguntas que formulará Barberá.

Con motivo de un viaje a Portugal, y aprovechando que este evento se celebró en el aniversario de la «Revolución de los Claveles», en la siguiente fotografía aparece el poeta posando frente a una librería con un ejemplar de Mensagem, el único libro de Pessoa publicado en vida, hecho que lo llevó a improvisar “Rua do Carmo” un poema que regalará posteriormente a sus compañeros de El limonero, y que lo llevará también a reflexionar sobre el mismo hecho de la improvisación en su poesía: pocas veces sirve un poema escrito deprisa.

En la séptima fotografía vemos al ya desaparecido poeta José Luis Parra, en un instante del año 2011, en el también desaparecido Café Malvarrosa de Valencia. Blas Muñoz recuerda ese momento con sentimientos encontrados, puesto que por un lado, gracias al recital que allí ofreció consolidó su amistad con Juan Pablo Zapater, Francisco Benedito y Víctor Segrelles, hoy editores de la revista 21veintiunversos y entonces gestores culturales de uno de los foros poéticos más emblemáticos de Valencia. Y por otra parte, su amistad con Parra lo llevó a encargarle la presentación de su libro La herida de los días, pero poco después cayó enfermo y falleció. Por este motivo el siguiente libro de Blas Muñoz, En la desposesión, está dedicado emotivamente a José Luis Parra.

Con el motivo de la obtención de otro premio literario, en este caso el Memorial Bruno Alzola García (2011), en la siguiente fotografía vemos a Blas Muñoz en el que sería su tercer encuentro con el maestro Antonio Gamoneda. El momento retratado transcurre en Asturias, en el restaurante La Sauceda, propiedad de Ramón Alzola. Este momento fue una ocasión para manifestar su admiración por el poeta ovetense, así como la satisfacción por haber merecido un prestigioso premio a un soneto clásico.

Sin embargo, de los muchos reconocimientos que Blas Muñoz ha obtenido, El Premio de la Crítica Literaria Valenciana que obtuvo en el año 2012 por su obra La herida de los días, es como él mismo manifiesta: su más preciada distinción. Por ello, la siguiente fotografía recuerda el instante en que Juan Luis Bedins, presidente de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios, le hace entrega del citado galardón.

A continuación, y refiriéndose a una presentación en la Sociedad General de Autores y Editores de Valencia (SGAE) de su libro En la desposesión, un libro por el que consiguió el premio Flor de Jara de la Diputación de Cáceres, el poeta señaló a sus acompañantes aquel día, y no eran otros que Mila Villanueva, presentadora y organizadora del acto a través de Concilyarte, la asociación que preside; Ana Noguera, quien disertó magníficamente sobre el libro y el poeta valenciano José Antonio Olmedo, quien aquel día asistió a la presentación como parte del público y terminó anecdóticamente tocando el piano en el escenario, debido a la ausencia de la pianista anunciada.

La siguiente fotografía, tomada por Guadalupe Grande, rememoró un encuentro en Madrid, en casa de Francisca Aguirre, viuda de Félix Grande. Muñoz Pizarro acudió a la capital acompañando a María Teresa Espasa, quien presentaba en Madrid su libro Tanto y tanto silencio (2014) y a ambos les acompañaba su buen amigo y también poeta, Ricardo Bellveser. Blas recordó que mientras se celebraban en la capital los fastos por la coronación de Felipe VI, todos ellos disfrutaron de una velada íntima e inolvidable.

Marta Hazas, la popular actriz nacida en Santander y protagonista de series televisivas como Velvet o El internado, acompaña a Blas Muñoz en la penúltima fotografía. Tomada en diciembre de 2014 durante la gala de entrega del Premio Laguna de Duero de Valladolid, galardón que obtuvo Blas y gala en la que la actriz participó junto a Javier Veiga, esta instantánea sirvió para que el poeta valorase a esa juventud que lucha, representada en la actriz, pues no solo trabaja en cine y televisión, sino también en el especialmente exigente teatro clásico.

Y para terminar con la sección fotográfica, Blas comentó una instantánea en la que aparecieron Sergio Arlandis, Gregorio Muelas, Mila Villanueva y José Antonio Olmedo. De Sergio Arlandis comentó que escribió un excelente prólogo a su libro De la luz al olvido, un trabajo por el que le está muy agradecido; añadió que Arlandis es uno de los grandes poetas de su generación, además de investigador, por lo que anunció su próxima visita a la Feria del Libro de Valencia en unos días, e invitó a los presentes a conocer (In)verso, su último poemario. A Gregorio Muelas, con quien comparte una buena amistad, se refirió como autor del interesante libro de haikus La soledad encendida, una publicación en coautoría con José Antonio Olmedo, también presente, y a ambos incluyó también en su comentario sobre la nueva revista de crítica y poesía, Crátera, ya que son editores y críticos de la misma, deseándoles una larga y próspera trayectoria en esta nueva etapa. De Mila Villanueva destacó su magnífica labor al frente de Concilyarte, una de las asociaciones valencianas de mayor auge en la actualidad, y alabó también las cualidades como escritora de la autora de Bajo la luna de Kislev. Y por último, Muñoz Pizarro deseó al libro La flor de la vida de José Antonio Olmedo, actualmente nominado a los Premios de la Crítica Literaria Valenciana, la mejor de las suertes y un largo recorrido, pues a su parecer es uno de los libros de poesía más interesantes que se han publicado en Valencia durante el pasado año.

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Collage de las fotografías comentadas. (José Luis Vila Castañer)

Entrevista y recital

Vicente Barberá, en adelante (V.B.), confesó que su amistad con Blas Muñoz (B.M.) se remonta diez años en el tiempo. La culpa de su primer encuentro fue de Joaquín Riñón, ya que los invitó a ambos a la boda de su hija mayor. Aquel fue el momento fundacional de El limonero de Homero, grupo literario con el que han ofrecido más de cuarenta recitales, tanto en Valencia como por el resto de la geografía española. Siguiendo con las palabras de Barberá, admitió que de Blas admira muchas cosas, por ejemplo, su meticulosidad a la hora de trabajar los poemas. Blas es un arquitecto del verso, perfecto conocedor del metro clásico, en su poética abunda el verso medido y su escrupulosa y precisa armonía siempre ha dado que hablar en los corrillos literarios. Por este motivo, Barberá contó que expuso uno de sus poemas a Muñoz Pizarro, fue en el año 2007, y el poema en concreto “El triunfo del amor”. Este gesto es una costumbre cotidiana entre los miembros de El limonero, ya que su amistad y también la experiencia y magisterio de sus componentes hacen posible que de unos a otros opinen de sus obras con naturalidad, con la sana aspiración de aprender y perfeccionar sus textos. El laudo de Blas no dejó indiferente a Vicente, ya que le escribió dos folios de correcciones y recomendaciones demostrando lo que ya sabía: siempre se ha tomado la poesía muy en serio.

Barberá siguió comentando con vehemencia que admira a Muñoz Pizarro por su capacidad para interpretar el sentido de los poemas, su vocación docente unida a su habilidad para desentrañar esa historia subterránea de los versos lo convierten en un artista de lo formal, un excelente poeta, de mucho oficio, perfeccionista y con dominio de la técnica, en definitiva: un maestro con mayúsculas.

V.B: — ¿Para ser un buen poeta es necesario el dominio de la técnica?

B.M: —Sí. Es preciso practicarla hasta dominarla, como también es preciso el proceso de corrección. Hay que escribir métrica sin contar los versos. Antonio Machado decía: líbrate del verso cuando te esclavice. El poema no debe forzarse.

(Pascual Casañ recita el poema “De anaranjadas sombras” contenido en el poemario La mirada de Jano).

V.B: — ¿Por qué ahora no escribes poesía?

B.M: —Nunca me obligo a escribirla. Tampoco sé por qué lo hago cuando la escribo.

V.B: — ¿Es verdad que sufres mientras escribes?

B.M: —Sí, si el poema no es bueno. Si eres exigente con tu trabajo siempre hay una insatisfacción al no estar seguro de dar al poema lo que este te pide. Generalmente, el poema me revela su mensaje cuando lo termino.

V.B: — ¿Qué es la poesía para ti?

B.M: —Si hablara como profesor, diría que es una transgresión, la separación del significante y significado para crear esa grieta abierta en el signo (palabra, poema, obra) una nueva significación. Pero sería insuficiente. La poesía no se agota en ninguna definición, y menos aún si se pide brevedad. En el acto poético, de escritura o de lectura, la realidad se muestra como una revelación intensa por la que una inteligencia emocionada crece en conocimiento y en comunicación. En otras palabras, es la palabra justa en el momento preciso con una carga de emoción que no empañe el poema pero que actúe en el lector.

(Antonio Mayor recita el poema número diez de “El paso de la luz” contenido en el libro De la luz al olvido).

V.B: —De tus poetas preferidos cita tan solo cuatro, tres españoles y uno extranjero.

B.M: —Podría decirte el nombre de 34 poetas. Pero te diré: Garcilaso, Góngora, Claudio Rodríguez y Rilke.

(Recita Joaquín Riñón el poema titulado “Como otras veces” incluido en el libro La mano pensativa).

V.B: — ¿Por qué elegiste el poema titulado “Si de mí hablo” para que aparezca en el díptico?

B.M: —Porque podría decirse que ese poema es como mi propia poética. Nunca sé lo que voy a escribir, cuando escribo no sé a dónde voy. Es al final del poema, como he dicho antes, que el poema se revela, excepto en los poemas de ocasión, dedicados, o cosas así.

(Se proyecta el vídeo realizado por Virgilio Fuero, en el que él mismo recita el poema titulado “Im promptu” perteneciente al libro De la luz al olvido. Terminada la proyección, Fuero regala al poeta el CD con la grabación del mismo).

V.B: — ¿Después del Premio de la Crítica Literaria Valenciana qué otro premio de los que has conseguido consideras más importante?

B.M: —Quizás el Premio del Gobierno de Aragón que me fue entregado por el libro La herida de los días.

(Recita Juan Ramón Barat el poema titulado “Insomnio” incluido en los pecios de la antología De la luz al olvido).

V.B: — Si El limonero de Homero no fuera perfecto ¿cómo podría serlo?

B.M: —Con la interacción de todos ha mejorado con los años. Todos hemos mejorado. La amistad permite decirse con sinceridad las imperfecciones del poema para mejorar.

(Recita Mar Busquets el poema titulado “Nana de tu ausencia”, perteneciente al libro El Limonero de Homero III).

Vicente Barberá anuncia que El limonero de Homero ya prepara su cuarto libro conjunto y da comienzo la ronda de preguntas rápidas.

V.B: — ¿Qué admiras de un poeta?

B.M: —Autenticidad.

V.B: — ¿Qué te hubiese gustado ser además de poeta?

B.M: —Lo que soy.

V.B: —Algo que detestes.

B.M: —El orgullo.

V.B: — ¿Dónde te gustaría vivir, que no sea Valencia?

B.M: —En Cuenca.

V.B: —Nombra un poeta vivo al que admires.

B.M: —Francisco Brines.

V.B: — ¿Cerveza o vino?

B.M: —Vino.

V.B: — ¿Pintura o poesía?

B.M: —Poesía.

V.B: — ¿En qué te gustaría ser mejor?

B.M: —Me gustaría ser mejor como padre, esposo y abuelo.

V.B: —Cita un poema cuya lectura haya sido importante para ti.

B.M: —El primero de Don de la ebriedad de Claudio Rodríguez.

(Termina la ronda de preguntas rápidas y Blas Muñoz lee algunos de sus poemas).

En primer lugar, el poeta da lectura  al poema “Ella bajo la lluvia” de 1972, inspirado en la fotografía expuesta anteriormente de su esposa Merche, cuando era joven, tomada en la estación de tren de Aragón.

Seguidamente, Muñoz Pizarro comenta que su amigo José Luis Parra le dedicó el poema “Cortes de luz” en su último libro, un texto en el que se evocan los tiempos difíciles de la posguerra. Razón por la cual, Blas Muñoz lee el poema citado y además el poema “1950 (por ejemplo)”, perteneciente a su poemario La herida de los días y lo dedica y lee con tanto cariño hacia su amigo que no puede evitar emocionarse.

Para terminar sus lecturas, Blas recitó un soneto clásico titulado “La mano pensativa” contenido en su libro de mismo nombre.

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Escritores que leyeron poemas del autor invitado. (José Luis Vila Castañer)

Ronda de preguntas del público

Juan Ramón Barat: —Cuando te leo siento que se te entiende, pero con profundidad, eres claro y profundo a la vez. ¿Defiendes claridad y profundidad en la poesía?

B.M: —Pienso que a eso deberían responderte los lectores. Cambio de registro y es muy difícil etiquetarme. En mi libro En la desposesión hay algo de poesía hermética, pero la claridad o el hermetismo vienen dados al autor. Pertenezco a la generación novísima por edad y en mis inicios bebí de ellos, de su culturalismo.

Rafael Pla López: — ¿Una buena poesía debe sorprender o sonar?

B.M: —La sorpresa o la ruptura son relativas, a veces son mínimas, pero necesarias. Hay que prescindir de tópicos, huir de lo trillado. Si suena mucho un poema, malo. Hay que buscar siempre la voz propia.

Salvador Garay: —Me sorprenden tus poetas favoritos.  ¿Qué fue de aquel Blas amante de Rafael Alberti en sus comienzos?

B.M: —He admirado a muchos, Luis Felipe Vivanco, Leopoldo Panero, Manuel Álvarez Ortega, aunque he ido por etapas. He bebido de muchas fuentes y de Alberti bebí cuando fui adolescente.

Ricardo Bellveser: —En que puede haber poesía no escrita supongo que todos estaremos de acuerdo. Yo también abogo por la claridad en la poesía, las vanguardias espantaron a mucho público de la poesía, tanto experimentar hizo que la mayoría de personas no comprendiesen los poemas. Hay que recuperar la poesía-verdad.

B.M: —Sin dejar de estar de acuerdo, pienso sin embargo que la poesía debe tirar del lector, debe hacerlo crecer. En la ruptura, en la grieta está el poema. También es necesario un punto de extrañeza para desarbolar las convenciones y empujar al lector a terminar el poema.

(A petición de Vicente Barberá una persona del público se presta voluntaria para dar lectura al poema que figura en el díptico y con el que se clausurará el evento).

Antes de dar lectura al poema “Si de mí hablo”, el voluntario confiesa haberse emocionado con lo expuesto en el acto.

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Ronda de preguntas del público. (José Luis Vila Castañer)

Despedida

Vicente Barberá agradece la presencia de todos los asistentes y cede la palabra a Vicente Bosch, Directivo del Ateneo, que emplazó a los allí presentes a interesarse por la próxima entrega de los premios literarios que organiza y concede el Ateneo Mercantil de Valencia, una previsible fiesta de las letras que tendrá lugar los días 10 y 11 de mayo. Por último, despidió el evento no sin antes agradecer al público y a todos los participantes su presencia y colaboración.

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Foto general. (José Luis Vila Castañer)