Noelia Illán Conesa: «No se puede estar escribiendo siempre lo mismo, entre otras cosas, porque uno no siempre es el mismo».

Entrevista publicada en “Todo Literatura”:

https://www.todoliteratura.es/noticia/52368/entrevistas/noelia-illan-conesa:-no-se-puede-estar-escribiendo-siempre-lo-mismo-entre-otras-cosas-porque-uno-no-siempre-es-el-mismo.html?fbclid=IwAR1Kqxg_BKP_SJJin9QLNPxiJ1hbQZGyu4i7eq_gcB7WQBd9DhxuByXn0K8

(Fotografías cedidas por Noelia Illán Conesa)

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José María Álvarez y Noelia Illán Conesa frente al Café Danton (París), lugar en el que en 1960 José María Álvarez comenzó a escribir su libro “Museo de cera”.

ENTREVISTA A NOELIA ILLÁN CONESA

BIOGRAFÍA DE NOELIA ILLÁN CONESA

Noelia Illán Conesa (Cartagena, 1983) es licenciada en Filología Clásica. En 2012 publicó Calamidad y Desperfectos, reeditado un año más tarde con prólogo del poeta novísimo José María Álvarez, de cuya obra es experta conocedora. Publicó en 2015 la antología de Álvarez El oro de los tigres (Editorial Balduque). Ha participado en festivales de poesía y colaborado con prensa y revistas literarias, como El Ciervo, El Coloquio de los Perros, Ágora, Carátula o Meca. Ha aparecido en varias antologías y recibido varios premios de poesía y microrrelato. Ha publicado el poemario Verbos por dentelladas (RavensWood Books, 2016), reeditado por Lastura Ediciones en 2018, con prólogo de Antonio Praena. Publicó en 2018 Volver a brindar con extraños, II Premio de poesía de La Montaña Mágica y publicado por Balduque Ediciones. Algunos de sus poemas han sido traducidos al francés, inglés y griego moderno. Ha sido codirectora de la revista de poesía La Galla Ciencia desde su fundación. Acaba de preparar la segunda antología de poesía de José María Álvarez, La mirada de la esfinge, con la editorial Olé Libros.

ENTREVISTA

Con motivo de la publicación de “La mirada de la esfinge” (Olé Libros, 2019), una antología poética sobre la obra de José María Álvarez (Cartagena, 1942) que tú has seleccionado y prologado parece pertinente hablar sobre la vigencia estética de los presupuestos esgrimidos por la promoción novísima en la actualidad. ¿Qué queda de aquella ruptura con la poesía social? ¿Crees que el culturalismo es hoy una tendencia que goza de buena salud en la poesía española?

Compleja pregunta… No creo que, desde un punto de vista lector, interese mucho hoy en día el culturalismo. Todo lo contrario. Se busca lo fácil, lo inmediato, lo que me lleve menos tiempo comprender. Me sorprendo -cuando se me ocurre echar un vistazo a lo que “se lleva” en poesía- de las tonterías que se pueden decir en un poema, y todas alejadas de ese culturalismo del que hablamos. Implica, como digo, una atención y un interés al que no todo el mundo está dispuesto a enfrentarse. A mí, como lectora, me interesa mucho, pero soy una “rara avis”. Prefiero un poema de este corte que esos que parecen tuits espontáneos y que no dicen nada. Además, y con esto digo mucho, el culturalismo implica no solo un conocimiento del mundo anterior a nosotros (de los autores, obras, lugares, corrientes…), sino un reconocimiento, cierta devoción y sobre todo respeto.

¿Cómo llegaste a la poesía de José María Álvarez? ¿Cómo fue aquel primer contacto con ella? ¿Qué crees que motivó en ti como lectora?

Yo tenía menos de 15 años, y un amigo me enseñó en la biblioteca de mi barrio un libro titulado La esclava instruida. Era una novela de José María, novela que se ha convertido en uno de mis pilares. Me acompaña siempre, la leo varias veces al año, me la sé de memoria. Tengo cerca de veinte ejemplares. De ahí pasé a Museo de cera, en la edición negra de la Editora Regional. Y bueno: el flechazo fue instantáneo. Me servía a la vez de guía para otros autores y otras lecturas. Viajaba a otros países cuando los poemas me llevaban, saboreaba lo que allí se contaba, el sol que allí se describía también me iluminaba a mí. Luego empezó mi fanatismo por tener toda su obra, desde las primeras ediciones de Museo hasta conferencias, reportajes, colaboraciones en revistas… No hay nada que se le parezca. Es absolutamente original, y así lo sentí entonces. Se puede decir que hay absoluta devoción por su obra porque le debo mucho, a ella y a él como Maestro y amigo.

La mirada de la esfinge”. Cuéntanos el porqué de dicho título. A primera vista, la mirada de una mujer a la que se intuye fatal y el exotismo de tierras lejanas como Egipto son connotaciones que percibimos del mismo que casan a la percepción con el imaginario de Álvarez.

El título nace de un verso del mismo José María, del poema “Epístola moral a Fabia”. Creo que resume muy bien lo que he querido transmitir en la antología: por un lado, efectivamente la visión de esa mujer que puede acarrear nuestra propia desgracia, que nos mira poderosa desde arriba, que nos puede aniquilar de un plumazo. También está Egipto, obvio, tierra muy amada por Álvarez, pero lo elegí más por todo lo que conlleva la imagen de esa Esfinge, poderosa como la Naturaleza, soberbia y altanera. Ante esa mirada, no podemos más que arrodillarnos y dar gracias. Es una metáfora algo compleja, pero creo que se entiende.

En el prólogo a esta antología revelas a los lectores que tu criterio de selección a la hora de escoger los poemas ha sido visceral, emocional. Te confiesas lectora de José María Álvarez desde la adolescencia y manifiestas que todo lector apasionado con la obra de un autor forja una antología inconsciente en su memoria. Me parece un enfoque original que sin duda ofrece un nuevo itinerario para acercarse a la poesía del maestro, pero ¿no te preocupa haber dejado fuera poemas emblemáticos? ¿Crees que este tipo de enfoque que has dado a la antología la singulariza para bien?

Una antología tiene a mi entender dos intereses: o bien acercarnos a esa antología como un “aperitivo” para alguien que no haya leído nada de ese autor (es una selección; si le gusta, buscará el resto de sus libros); o bien que nos interese la selección que ha hecho el antólogo por el hecho de ser X antólogo. En este segundo caso, a mí como lectora me interesa la visión que pueda tener un poeta, por ejemplo, de la obra de otro poeta; o me interesa saber qué poemas incluiría tal autor de otro autor que ya conozco. También está la antología personal, claro, pero no es el caso ante el que nos encontramos.

Lo digo en el prólogo: los que conocen la obra de Álvarez puede que echen en falta algunos poemas. Sí, no hay duda. Sería difícil coincidir, y más en un autor tan prolífico. ¿Qué interés puede tener una antología hecha por Noelia Illán? Pues si me pongo en el lugar de un lector ya iniciado en José María, creo que es interesante ver precisamente por qué están unos poemas y otros no, por qué alguien que los conoce tanto elige unos sí y otros no. Pero aunque me haya movido más la emoción a la hora de elegir, creo que es una antología más que representativa de sus poemas de “deseo”, como él los llamaría. ¡Saquen, saquen más antologías de Álvarez! Yo las compraré todas.

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En los últimos diez años José María Álvarez ha demostrado ser un poeta renovado, un creador más moderno y original que muchos de los poetas actuales. ¿A qué crees que es debido esto: mérito del inconformista Álvarez o demérito de promociones de poetas conformistas? ¿Piensas que es posible actualizar un discurso lírico sin perder el respeto a la tradición ni perder de vista lo clásico?

A la segunda pregunta es fácil responder: sí, efectivamente. Álvarez lo hace, o Villena, por ejemplo, o González Iglesias, o Antonio Praena… Para eso hay que tener “la cosa” interiorizada y no tratarse de postureos baratos o pasajeros. No creo que el “renovarse” se haga con plena consciencia. Uno escribe y a veces no sabe por qué. El Arte sale solo, como la Luna, ¿no? Si Álvarez se ha “renovado” es porque no podría ser de otra manera. No se puede estar escribiendo siempre lo mismo porque no siempre uno es el mismo, ni su circunstancia, ni su visión del mundo. José María fue uno de los novísimos, sí, pero es mucho más. Es moderno hasta la médula, pero no en el sentido de “moda” (cosa que aborrezco), sino en el sentido de “actual” lo leas cuando lo leas. Tú coges un poema del primer Museo y podrías pensar que lo ha escrito hoy. O al revés. Eso tenían los clásicos: que no pasan de moda, que son “modernos”. Eso es de alabar.

Dices en el prólogo a esta antología que más que poemas sobre sexo o amor José María Álvarez escribe sobre el deseo ¿por qué el deseo? Codiciamos lo que vemos, pero también aquello que no tenemos. ¿El deseo representa un afán de superación o de conquista?

Cuando José María habla de “deseo” habla de ese deseo carnal (sexual, aunque la palabra no es la más acertada) y también de eso que llamamos amor, fascinación, devoción. Pueden ir separados amor y sexo, claro está, pero para ese “deseo” no existe en castellano una palabra acertada, como sí lo está en griego clásico para referirse a los distintos tipos de amor. El deseo puede referirse a lo que ocurre en una cama con tu amante, o a la visión de una muchacha que nos mira desde una mesa en un restaurante, o una mujer que deja su olor al rozarnos por la calle, o el recuerdo de aquella noche de pasión que nos trajo la dicha. Supongo que a eso te refieres cuando dices que ansiamos lo que no tenemos. El deseo no existe solo cuando se ejecuta: podemos desear cuanto queramos. Como en el poema de la Echegui. No son poemas pornográficos; tampoco son poemas románticos. Son todo eso a la vez. Él te diría que la gran mentira que nos intentan vender es la de la sexualidad, y estoy de acuerdo con él en este sentido. Se folla menos y peor, intuyo que te diría él…, pero mejor preguntarle a José María, que lo explica mejor que yo.

¿Podemos interpretar los poemas de Álvarez desde un punto de vista hedonista-secular o desde la perspectiva lacaniana que relaciona el deseo como una utopía, aquello irrealizable que nos moviliza? ¿Qué punto de vista crees que sería el más acertado?

Creo que cada lector debe hacer suyos los poemas y leer a José María como le plazca. A veces puede ponerse más utópico en un poema y otras veces más hedonista. Creo que en ese sentido ambas visiones son acertadas. Unas veces leemos poemas donde anhela algo que no tiene, ya sea un recuerdo, un sueño o una apetencia. Otras, se ve que es real eso que nos cuenta. ¿Qué más da si nos da un trallazo el verso? Con el cine no hacemos eso: necesariamente no estamos pensando en qué nos ha querido decir el guionista o qué visión del director es la más acertada. A veces solo disfrutamos, ¿no? Bueno, aquí el debate daría para mucho…

Tras conocer en persona a José María Álvarez ¿qué podrías contarnos sobre el poeta que no podamos deducir de su poesía? ¿Crees que es una persona coherente con lo que escribe o su poesía es una impostura estética muy lejos de ser deliberadamente biográfica?

Es la persona más honesta que conozco, del mundo poético y fuera de él. Lo que hay en su obra existe en él. Ha renunciado a muchas cosas por ser como es, por escribir como escribe. Yo no puedo más que admirarlo, pero más allá de su obra. Es un verdadero maestro, creo además que sin pretenderlo. Pero no siempre estoy de acuerdo con él, ojo, y eso no me impide admirarlo. A lo largo de estos años de amistad he ido comprobando que no hay ningún tipo de impostura en su obra. Es auténtico. Tengo mucha suerte.

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Como antóloga has sentido la necesidad de poner en valor la poesía de Álvarez frente a la polifonía del panorama actual de la poesía. Decidiste ordenar y seleccionar una poética bajo el prisma de una mirada, de una emoción que selecciona de manera intuitiva aquellos textos que le conmueven. ¿Qué crees que le puede enseñar un poeta como José María Álvarez a esas nuevas generaciones de lectores que nunca le han leído?

A muchas cosas. Para empezar, a escribir algo que vaya más allá de lo espontáneo. A valorar a los clásicos. A respetar la cultura, la civilización, el arte. A leer a otros poetas y autores. A extraer citas a destajo, suyas y de otros (ya sabes que siempre mete citas de otros autores en sus poemas). A ser honesto. A ser valiente y atrevido (que no es lo mismo). A fijarse en cosas en las que un chaval no se fija porque “nadie se fija”, y quizá no sepa ni que eso existe. Yo leo a José María a menudo en mis clases, a veces a propósito de una explicación de algo griego o romano (un poema que habla de un templo, de un emperador…), y otras veces cuando creo que lo que allí se enseña merece la pena. Y les gusta, les sorprende. Les llama la atención que no sea un poeta “joven” y que sea un mensaje tan cercano a ellos. Pero hay que abrir la mente para leer a Álvarez, no quedarse en la superficie ni recurrir a clichés que nos impiden una lectura óptima.

Cuéntanos cómo ha sido esta experiencia como antóloga y a qué problemas —que preveías o no— te has enfrentado a la hora de elaborar este libro.

Ya hice una primera antología de José María, El oro de los tigres (Balduque, 2015), sobre sus ciudades y países amados. Tuvo muy buena acogida. El problema a la hora de hacer una antología es básico: ¿qué entra y qué se queda fuera? No puedes meterlo todo. Para empezar, porque muchos temas se repiten en la obra de José María, y algunos poemas son transversales. Luego lo óptimo es elegir bien, que representen bien lo que quieres contar, y ahí puedes equivocarte. Yo espero no haber decepcionado. A él le gusta, y a los amigos más ceranos de ambos que la han leído, también. Sería ideal que sirviera sobre todo para que aquellos que no lo han leído todavía sientan la curiosidad de seguir conociéndolo. En el caso de La mirada de la esfinge, uno de los problemas a los que nos hemos enfrentado ha sido precisamente la temática. Algunos son poemas que hoy en día no gustan, o que escandalizan (como si no estuviera ya todo inventado, que diría mi abuela…). No todo el mundo está dispuesto a publicar un libro que hable de ciertos temas, aunque sean poemas ya publicados (algunos hace muchos años). La censura existe, aunque no sea una censura en el plano legal sino en el moral, que es peor, mucho peor. Esto enlaza con lo de la “gran mentira” que decíamos antes…

¿Crees que ser poeta te ha facilitado las cosas para llevar a cabo esa tarea, o por el contrario, ha sido un hándicap? ¿Cómo crees que esa influencia de Álvarez durante toda tu vida se refleja en tu poesía?

La influencia es obvia, pero más en el contenido que en la forma, creo yo. De todos modos, creo que el peor lector de tu obra eres tú mismo. Poco puede explicar uno de sus propios poemas, más allá de alguna anécdota. Uno no sabe por qué escribe ni por qué lo hace de la manera que lo hace. Tampoco creo que ser poeta sea escribir poemas. Tengo amigos poetas que no han escrito un verso en su vida. Ser poeta va más allá, en mi opinión. Que yo haya escrito no creo que perjudique para nada a la hora de hacer una antología. Es más una cuestión de conocer bien la obra del autor que quieras antologar. ¡Y encontar editor que se atreva a sacarla!

Si puedes hacerlo, háblanos de tus futuros proyectos.

Seguir leyendo, y si la Musa toca, abrirle la puerta (o no).

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“La mirada de la esfinge”: la antología poética más reciente de José María Álvarez

Reseña publicada en “Todo Literatura”:

https://www.todoliteratura.es/noticia/52353/poesia/la-mirada-de-la-esfinge:-la-antologia-poetica-mas-reciente-de-jose-maria-alvarez.html?fbclid=IwAR2KxIz20h7A1vXsHVFzs5mLTjsWo1BPP0Y-eMtsKUWb1NJzAce34bUvjLc

 

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Título: La mirada de la esfinge

Autor: José María Álvarez

Editorial: Olé Libros

Género: poesía

Año de publicación: 2019

Número de páginas: 126

ISBN: 978-84-17737-92-4 

José María Álvarez (Cartagena, 1942) es uno de los nueve poetas que escogió el crítico literario José María Castellet para conformar su famosa y polémica antología —a partes iguales— titulada Nueve novísimos poetas españoles (Barral, 1970). Concretamente, Álvarez, junto a Manuel Vázquez Montalbán y Antonio Martínez Sarrión formaron esa facción denominada `senior´ dentro de una misma antología que se completó con poetas más jóvenes, o `coqueluche´, formada por: Guillermo Carnero, Félix de Azúa, Pere Gimferrer, Ana María Moix, Vicente Molina Foix y Leopoldo María Panero.

    La privilegiada posición que el tiempo nos brinda medio siglo después nos da la posibilidad de advertir que Castellet solo acertó, en parte, como antólogo, ya que algunos de los poetas que escogió se distanciaron mucho de la poesía, años después, y algunos de los poetas no incluidos en su selección demostraron ser más novísimos que los propios novísimos, me refiero a: Juan Luis Panero, Luis Antonio de Villena, Jaime Siles, Marcos Ricardo Barnatán, Jenaro Talens, Antonio Colinas y un largo etcétera. Sin embargo, a su favor siempre quedará el hecho de anticipar un cambio de mentalidad en la poesía española, un registro que en años anteriores contrajeron algunos poetas españoles por contagio con algunas vanguardias de la cultura europea, sumado al hastío que les producía el desgaste de una poesía social costumbrista y agotada.

     Para algunos, la verdadera puntería de Castellet quedó representada en dos de sus poetas: Pere Gimferrer y Guillermo Carnero, poetas totales, todavía hoy activos y fieles representantes de un culturalismo que no han abandonado. La sólidas trayectorias de Gimferrer y Carnero, pero sobre todo, la importancia y trascendencia de sus obras poéticas, realzó el contraste con sus compañeros de grupo, quienes se vieron —figurativamente— invitados a desmentir la apuesta que por ellos había hecho Castellet o, por el contrario, a refrendarla.

     José María Álvarez publicó en 1964 su ópera prima, titulada Libro de las nuevas herramientas (El Bardo), obra que ya fue considerada entonces como la mejor publicación poética del año por la revista Índice. Y no fue hasta una década después que se pronunció de nuevo como poeta con la publicación de Museo de cera (Manual de exploradores), para muchos, su obra maestra, concebida entre 1960 y 1970 y después reeditada y ampliada en varias ocasiones. El gigantismo de Museo de cera recuerda a los Cantos de Ezra Pound, autor al que Álvarez conoce bien, ya que lo ha traducido y por el que le coorganizó y presidió su homenaje trece años después de su muerte, celebrado en Venecia (1985).

     Ya en sus inicios José María Álvarez mostró un especial interés por el cosmopolitismo y la variedad de la riqueza cultural a él asociada, así como un inusual gusto por la abundancia de citas de otros autores —primero— y la profusa utilización de títulos extensos —después— y en diversas lenguas. Estos rasgos y muchos otros han singularizado hasta a día de hoy su quehacer como poeta. En la actualidad, podemos afirmar que su legado poético es caleidoscópico y poliédrico, algo que le ha exigido una evidente libertad formal.

     Ensayo, novela y poesía estructuran las ramas principales de su producción literaria. A las interesantes antologías que glosan su poesía, entre las que se encuentra El vaho de Dios (Poemas venezianos) que elaboró Alfredo Rodríguez para la editorial Renacimiento, se suma ahora La mirada de la esfinge (Olé Libros, 2019) al cuidado de la también poeta Noelia Illán Conesa (Cartagena, 1983), quien es especialista en la poesía de José María Álvarez, a quien ya antologó en El oro de los tigres (Balduque, 2015).

     Si en la mencionada antología de Illán Conesa el criterio de selección poemática fue la relación de los poemas de Álvarez con aquellas ciudades amadas por el poeta, en La mirada de la esfinge plantea otro recorrido, y es el que a través del deseo los poemas del novísimo la han conducido a la emoción como lectora. Recordemos que Illán Conesa ya leía a Álvarez desde los catorce años y, como ella misma confesó en una entrevista, de su novela La esclava instruida pasó a la poesía de Museo de cera, quedando absolutamente maravillada y sobrecogida tanto por la amplitud de su registro poético como por su actualidad.

   Esta particular forma de acercarse a la poética de, en opinión de Luis Antonio de Villena, uno de los mejores poetas españoles contemporáneos, propone un sesgado itinerario sensorial muy propicio para aquellos que no han tenido contacto con su poesía. Esa parcialidad que exige el criterio de selección de los poemas no evita que en los poemas escogidos veamos representados los principales actores, temas y estilo del autor cartagenero.

     Publicada en el número cinco de la colección Vuelta de Tuerca, colección que aspira a convertirse en un referente a nivel nacional y en la que ya han publicado antologías poetas como Ricardo Bellveser, Jaime Siles, Rafael Soler y Francisca Aguirre, La mirada de la esfinge cuenta con 125 páginas en las que Illán Conesa glosa ese ya comentado recorrido trazado por el deseo en la poética alvareziana y lo escinde en dos partes: “Las huellas del deseo” e “Imposible terciopelo”; 27 y 32 poemas, respectivamente.

     Tras los agradecimientos del autor y el comentado prólogo de Illán Conesa, en el que justifica la estructura del libro agrupando los poemas más carnales al principio y los más `románticos´, después, encontramos un poema de José María Álvarez titulado “El desterrado”, y como su mismo nombre indica, se encuentra fuera del compendio general, por lo que funciona  a modo de propedéutica. Ya en este poema podemos apreciar la postura ante la vida de un viajero que asume la muerte como corolario a su existencia, un caminante al que la belleza de una mujer y la degustación de un buen licor hacen de su espera algo más llevadero: «acostumbro a mis ojos a que acepten este paisaje como / el último»; «La vida que amé […] // A veces sueño si aún / existe».

     Es en los versos centrales de este poema donde el autor confiesa una de sus grandes preocupaciones, la paulatina destrucción del mundo: «Mucho me ha costado no / desesperar, / aunque sé que la vida sólo puede / ir ya a peor». Este desasosiego es compartido por poetas como Luis Antonio de Villena, quien también se confiesa amante de lo que Venecia, como último y lacerado bastión de un pasado luminoso, representa al resistir el paso del tiempo como un devaluado símbolo.

     La erosión de la inteligencia, los valores, de las Humanidades, la reconfiguración de la moral al ser sometida al molde dictado por el capitalismo, no deja indiferente a aquellos que han vivido y luchado por todas estas virtudes y en ellas reconocen parte de la grandeza del ser humano. El citado Ezra Pound haría lo propio y reflejaría este sentimiento en sus Cantos pisanos, una profunda meditación sobre el lugar que ocupaba en el mundo, tras la guerra, una Europa en ruinas y decadente.

     Debido a la certeza de ese acabamiento irrefrenable, José María Álvarez desempolva el tópico del carpe diem para decirnos, de manera culturalista y desde la perspectiva de un burgués cultista y vitalista, pero también elitista, que debemos disfrutar el aquí y el ahora mientras podamos. En su oda-invitación al deleite de los placeres anacreónticos otros temas se cruzan en su discurso, como el simposio o el bucolismo, pero de entre la riqueza expresiva del autor de Los obscuros leopardos de la luna (2010) Illán Conesa se centra en ese carácter erótico y sensual del que son representativos poemas como “El poeta festeja entusiasmado su miembro viril” o “El esplendor perdido”: «Mi corazón aún está abierto / a su gracia adolescente, / aún puedo sentir su boca en mi cuerpo, / sus infantiles ademanes, / la música de sus pulseras todavía suena / en mis oídos y consuela mis noches».

     En algunos pasajes la lascivia recuerda a las orgías que protagonizaban los libertinos personajes de las obras del Marqués de Sade: «Y como aquella virgen núbil, / la imagino complaciéndose / a solas, juguetona, pensando en este o en aquel, / buscando el placer con sus dedos». Las referencias a Horacio, Catulo, Plutarco o Plinio son constantes, pero también el recurso a la iconografía cinematográfica: Truffaut, Ophüls, así como la aparición de personajes consagrados del celuloide amplían un dramatis personae que abarca milenios y diferentes culturas.

     Resulta magnífico, dado el enfoque de la antóloga, paladear y contrastar lo expeditivo y contundente de algunos poemas, basados en el deseo carnal, con la fragilidad y sensibilidad contenida en ese “Imposible terciopelo” como segundo movimiento de esta sinfonía. El poema que lleva por título “Templar”, el cual inaugura este apartado, posee la suficiencia axiomática de un aforismo: «Qué fantástico momento / cuando en los ojos de una mujer / te has muerto».

     Con la belleza de Helena de Troya como pretexto, el poeta nos alecciona acerca de la trascendencia e importancia de lo bello en un mundo de peste, muerte y caos: «Y perecieron. / Y pereció su estirpe. / Sin que ninguno se atreviera / a condenar la Belleza». Destaca un uso antonomásico de la tipografía mayúscula como recurso para marcar y diferenciar los paradigmas cuya polisemia podría hacer que los confundiésemos con sustantivos. Esta forma de distinguir entre nombre común y paradigma sirve en el poema titulado “Acuarela romántica” para delimitar las proposiciones no coordinadas ni subordinadas entre sí, pues el poeta renuncia en esta latitud a la puntuación ortográfica: «Era el fin de un Verano Quizá mil novecientos / cincuenta y tres / La casa grande de la playa Hemos pasado / la mañana nadando buscando cangrejos».

    Según Illán Conesa el título del libro corresponde a uno de los versos de José María Álvarez: `La mirada de la esfinge´, bella metáfora que aglutina en su interpretación la suprema vigilancia de una mujer superior, capaz de destruirnos o glorificarnos, culmen de la belleza capaz de hacernos olvidar nuestra miserabilidad. A su vez, la esfinge representa el nexo con lo exótico, el orientalismo, pero también lo mágico, desconocido y asombroso que se cifra en el arte y los tesoros del mundo.

    “Bezahar” es buen ejemplo de esa fascinación por los insólitos hallazgos en territorio extranjero. Colocado como poema de cierre y colofón del libro, en este texto se incardinan los elementos y también las palabras que sirven para traducir a la perfección el significado global de una poética que lejos de agotarse se amplía y barroquiza sin caer en lo hermético:

El oro de la tarde

sobre el mar de tu cuerpo

 

El crepúsculo ardiendo en tu mirada

 

El ulular de sirenas de tus entrañas

 

Nuestras lenguas enlazándose como pájaros suntuosos

 

Contemplando tu belleza y mi deseo

acepto la vida

 

 

 

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José María Álvarez

“Un yo sin mí”: Jaime Siles presenta su nueva antología poética en Valencia.

Crónica publicada en “Todoliteratura.es”:

https://www.todoliteratura.es/noticia/50241/presentaciones/un-yo-sin-mi:-jaime-siles-presenta-su-nueva-antologia-poetica-en-valencia.html

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Fotografía de Juan Luis Bedins

El pasado miércoles, 14 de noviembre, en el Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Colón, en Valencia, tuvo lugar la presentación oficial de “Un yo sin mí” (Olé Libros, 2018), la nueva antología poética de Jaime Siles (Valencia, 1951). Aclamado poeta y catedrático, además de ensayista, filólogo, traductor, crítico literario, políglota y profesor, Jaime Siles no necesita presentación entre los amantes de la poesía escrita en castellano, tanto en España, como fuera de ella.

    Siles había llegado a Valencia recientemente tras participar como jurado en el fallo del Premio Loewe de Poesía, en Madrid. El público ocupó todos los asientos del salón de actos e incluso había gente de pie. La expectación era máxima. Entre los asistentes, algunas de las plumas más destacadas de la Comunidad Valenciana, como: Blas Muñoz, María Teresa Espasa o Mar Busquets, se congregaban para disfrutar de lo que prometía ser una fiesta de la palabra.

    Acompañaron al poeta Toni Alcolea, editor de Olé Libros, los escritores Robert Archer, Rafael Soler, Bibiana Collado y Ricardo Bellveser. Alcolea fue el primero en intervenir y como era de rigor, agradeció al público su afectuosa acogida, así como al propio Jaime Siles que hubiese confiado en Olé Libros para publicar la que supone su novena antología poética. Alcolea, quien ha irrumpido en los círculos literarios valencianos con la energía de un gran proyecto editorial que abarca, novela, ensayo, poesía y certámenes literarios, ofreció algunas pinceladas de lo que engloba y representa la destacada actividad de Olé Libros.

    El anfitrión dio paso a Ricardo Bellveser, reconocido poeta, narrador y periodista valenciano, de quien hay que decir con toda justicia que fue el orador que encandiló al público, tanto por la elocuencia y pertinencia de su discurso, como por su consabida efusividad. Bellveser abordó en su intervención la original antítesis que da título a la antología: “Un yo sin mí”; y apuntó al respecto la preocupación de Jaime Siles por la identidad como tema de indagación poemática. Siguió descifrando la poética del autor de “Himnos tardíos” (1999) y lo etiquetó como «poeta del lenguaje», algo en lo que el propio Siles se reconoció más tarde, y terminó reconociéndolo como un auténtico poeta novísimo que por muchas razones debió haber figurado en la conocida antología de Castellet.

    Alcolea dio paso al hispanista Robert Archer, uno de los máximos especialistas en la obra del poeta Ausiàs March, quien desde la gran amistad que le une al poeta homenajeado habló de una anécdota muy singular que ambos vivieron con motivo de la erupción de un volcán en Islandia durante una visita de Siles por tierras británicas. Además, Archer destacó la pasión que siente y siempre ha sentido Siles por las Lenguas Clásicas, una dedicación que comparte con la Filología.

    Por su parte, la joven poeta Bibiana Collado, quien en la actualidad es profesora del Taller de Poesía de la Universidad de Valencia, tuvo palabras de agradecimiento a Jaime Siles por su generosidad con los poetas más jóvenes cuando estos se acercan a pedir su consejo. Subrayó la importancia de su magisterio como docente y reflexionó acertadamente acerca de ese yo del título de la antología que tantos comentarios suscitó.

    Por último, Rafael Soler, poeta y narrador afincado en Madrid, admiró la plena dedicación de Siles a la literatura desde que era un joven estudiante. Contó, entre otras cosas, que su precoz vocación por la poesía le llevó a compartir amistad y cartas con Vicente Aleixandre, quien se convirtió en un padre literario y referente. Añadió que su estética culturalista y esa particular revolución en el lenguaje le han permitido distinguirse y evolucionar como poeta pleno de variados matices.

    Llegó el turno de Jaime Siles y este dedicó su agradecimiento, uno por uno, a los intervinientes. Valoró muy positivamente el arrojo editorial de Toni Alcolea al apostar por la poesía valenciana; se confesó admirador de la poesía de Bibiana; alabó la precisión de los comentarios de Bellveser, quien gestionó la edición de una de sus anteriores antologías; agradeció a Archer su simpatía y sinceridad; y con referencia a Rafael Soler, además de los pertinentes agradecimientos, confesó una de las muchas cosas que ambos comparten y se puede contar: su amor por los gin tonic.

    Siles, quien se mostró distendido, agradecido y bromista, recitó algunos de sus conocidos poemas contenidos en la antología, como: “Propileo”, “Acis y Galatea” o  “Semáforos, semáforos”, pero fue al recitar un poema inspirado en la localidad de Jávea, cuando su voz se truncó por la emoción que pudo evocarle alguno de sus versos finales. Siles añadió que esta publicación representa algo especial en su trayectoria, ya que de todas las antologías editadas hasta ahora, esta es la única en la que él personalmente ha escogido los poemas; lo cual es un valor añadido al ya de por sí magnífico legado que compendia este libro.

    Debido a las muchas intervenciones de la mesa, el acto no dio para más, pero debido a la calidad de las mismas, el público se mostró conmocionado y satisfecho tras una velada espectacular que terminó con una interminable cola de lectores que esperaban una firma del autor.