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Crónica publicada en “Todoliteratura.es”:

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El pasado jueves, 6 de septiembre, la Librería Ramón Llull de Valencia estrenó su temporada con la presentación del poemario “Gramática de sombras” (Calambur, 2018) de Elena Torres. Dicho libro es el decimocuarto en la bibliografía de su autora. Y para la ocasión, la poeta contó con la presencia de Sergio Arlandis, poeta, crítico, y en este caso, editor del sello Calambur, además de Blas Muñoz, reconocido poeta y profesor de larga trayectoria.

    A pesar de la fecha escogida para la presentación, teniendo en cuenta que el verano levantino se vive hasta mediados de septiembre, el público no defraudó y llenó uno de los foros culturales más emblemáticos de la Comunidad Valenciana. Como consecuencia de ello, escritores de la talla de Jaime Siles, Pedro José Moreno, Gloria de Frutos, Mar Busquets o Bibiana Collado, entre otros, arroparon a la autora.

    Para quienes no conozcan a Elena Torres, apuntaré brevemente que empezó su trayectoria como poeta en 1994 con Don de la memoria (Instituto de Estudios Modernistas), editorial del recientemente desaparecido Ricardo Llopesa, y a este libro sucedieron Alta fidelidad (Páginacero, 2001, Alrededor del deseo (Torremozas, 2011) o Frágil (Obrapropia, 2012), libro que mereció el Premio Ciudad de Valencia Vicente Gaos.

    El acto comenzó con unas palabras del poeta y anfitrión —junto a Almudena— Francisco Benedito, con las que agradeció al público su asistencia y subrayó la relevancia cultural y el cariño que las tres figuras literarias allí reunidas despiertan en la casa.

    Sergio Arlandis, una de las voces más destacadas de su generación, tomó la palabra en calidad de editor para manifestar que el manuscrito de Elena Torres no convenció a la mayoría del comité lector a su llegada a la editorial, sino a todos. Puso en valor la dilatada experiencia de la autora y su particular admiración por una obra que conecta emocional e intelectualmente con el lector a varios niveles. Alabó la capacidad de síntesis de los poemas, su arraigo con lo cotidiano pero a la vez metafísico, su universalidad y carácter metaliterario, lo que dota a los versos de profundidad y múltiples interpretaciones. Arlandis añadió que el lenguaje y su finitud gramatical lo convierten, precisamente, en una herramienta de infinitas posibilidades, motivo temático que filtrará toda su simbología por los diferentes pasajes del libro.

    Elena Torres, por su parte, compartió con los allí presentes algunas claves que ayudan a conocer mejor su poética y a desentrañar el libro. Comentó que urdió el poemario con la idea preconcebida de abordar temas nucleares y recurrentes en su poética, como lo son: el amor, el deseo, el tiempo, la duda; añadió que el libro está dividido en ocho partes y que a cada una de ellas precede una cita en la que se encuentra implícita la palabra temática a la que va referida cada sección. Decidió envolver esta obra con una retórica lingüística en la que la palabra fuese vehículo, pero también modelo y cuerpo de su universo simbólico. De este modo, la autora manifestó haber subrayado la importancia de los adverbios, las preposiciones y locuciones como partes de la gramática que posibilitan combinaciones que nos acerquen a describir lo inefable.

    El poeta Blas Muñoz fue breve en su intervención, pero —tal y como acostumbra— contundente y preciso. Vinculó la importancia de esas mínimas partes de la oración, como pueden ser los adverbios y preposiciones, con la coherencia y cohesión de una gramática necesitada de esas membranas articulatorias del discurso. Antepuso el valor de la solvente utilización de dichos nexos  a la sustantivación o adjetivación, recursos  banalizados y trillados por el acervo popular. Al igual que Sergio Arlandis, Blas Muñoz fue uno de los lectores privilegiados cuando Gramática de sombras era solo un borrador, y sostuvo con la autora una conversación en la que ambos comentaron la decisiva influencia que su criterio tuvo en el acabado final del libro.

    El acto culminó con un breve recital de los poemas del libro a cargo de Blas Muñoz y Elena Torres, quienes pausadamente y alternando sus lecturas convirtieron la declamación en un diálogo brillante y fluido que no hizo más que revelar la condición de macrotexto de la obra.

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Reseña publicada en “Todoliteratura.es”:

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Portada

Título: Memoria crepuscular

Autor: Joaquín Riñón Rey

Editorial: Olé Libros

Género: poesía

Año de publicación: 2018

Número de páginas: 124

ISBN: 978-84-17003-88-3

Joaquín Riñón Rey (Madrid, 1943) debuta en la poesía con “Memoria crepuscular” (Olé Libros, 2018), un poemario inundado  de lucidez y nostalgia que constata la rotundidad de  su voz poética.

    No podemos afirmar fácilmente este hecho ante cualquier poeta que comienza a publicar sus primeros versos, las razones de este libro son manifiestas y varias, entre ellas: Riñón Rey vio ligada su adolescencia al teatro; se licenció y ejerció como profesor de Lengua y Literatura; ya jubilado, pudo dedicarse a cultivar la poesía y durante esta etapa y hasta nuestros días goza de la amistad y magisterio de los miembros del grupo literario El limonero de Homero —al que pertenece—, formado por los poetas y profesores: María Teresa Espasa, Blas Muñoz, Antonio Mayor y Vicente Barberá. Cuatro han sido hasta la fecha las antologías que este grupo ha publicado desde 2010 y en ellas, Riñón Rey ha ido publicando poemas que, además, muchos de ellos han sido premiados, como por ejemplo en los certámenes: Internacional de Poesía “Aldaba”, Premio de Primavera “Luis Chamizo” o el “Fiesta de la Primavera” organizado por la asociación Amigos de la Poesía de Valencia.

El propio Antonio Mayor, miembro de El limonero de Homero, es quien escribe el prólogo del libro, y lo hace de manera exhaustiva y metódica, añadiría, a todos los niveles, resultando un proemio que es la brújula perfecta para adentrarse en las profundidades del libro.

    La experiencia de una vida que ya sobrepasa las siete décadas, unida a una vocación artística que parece haber encontrado el momento idóneo para su eclosión, convierten a “Memoria crepuscular” en un libro que no debe pasar desapercibido para el amante de la buena poesía. Toni Alcolea, editor valenciano que en los últimos meses está haciendo una gran labor editorial, así lo cree y ha apostado sabiamente por la poética de este autor madrileño afincado en Valencia.

    Preguntas y recuerdos parecen fundirse en una moviola que proyecta multitud de registros: poesía metafísica, elegíaca, del silencio, y quizá entre ellos predomine además de la evocación anunciada en el título, un tono reflexivo y poco condescendiente con el desprendimiento y dolor de la historia que narra.

    El libro se estructura en seis partes que carecen de título. En la primera de ellas encontramos el poema titulado “Memoria crepuscular”, el cual coincide con el título del libro, y comprobamos que en él se sintetizan —como bien señala Antonio Mayor en su prólogo— las vigas maestras sobre las cuales el poeta edificará su discurso: presentimiento de la muerte, vacío como sinsentido o soledad, un ejercicio memorístico en el que el silencio cobrará un valor tan importante como ambivalente. En este poema, dividido en diez fragmentos, ya es manifiesta la apuesta por recuperar el valor de la adjetivación, un recurso que el poeta maneja con singular destreza reivindicando con ello su uso. Y encontramos un elemento poemático: la belleza, el cual estará presente durante el poemario pero también en su poema final. De esta manera el poeta enhebra un principio y un final, o un final y un principio —de ahí lo crepuscular—  sin necesidad de recursos forzosos, de una manera natural y circular a la manera de un macrotexto. Este poema funciona también como una suerte de metáfora, ya que la evolución argumental que se da en él va de lo físico a lo metafísico, de la evocación a la aceptación, de la vida a la muerte, exactamente de la misma forma en la que lo hará el libro.

    El segundo apartado se compone de doce poemas en los que hay una ausencia absoluta de comas. Esa decisión de prescindir de ellas es coherente con la idea de despojamiento y pérdida general del libro. Las ausencias, los vacíos, los adioses, son la confirmación de una desposesión paulatina que terminará, no solo eliminándonos, sino también borrando nuestro recuerdo, y ello se representa con la ausencia de signos como traslación de esa fuga al plano textual.

    Quizá este apartado sea el más filosófico. En el poema titulado “La ley” el poeta nos habla de lo inexorable del tiempo, no desde una perspectiva patética o quejumbrosa, sino desde la asunción madura que no muestra resistencia a aquello que le excede, y esa actitud será uno de los tonos y perspectiva generales del libro.

    Una aceptación de ese calibre hace que el poeta emplee a través del léxico recursos que transmitan esa dureza, como por ejemplo, a través de arcaísmos: soledumbre, furente —de marcada fuerza telúrica—; pero también mediante palabras a priori no poéticas utilizadas en mayor medida: informatizado, deletreado, trizada, silueteada; participios que intentan adjetivar e incluso cultismos, todo ello de manera equilibrada, sin llegar a un oscurantismo farragoso.

    Dicha asunción es representada nítidamente en el poema titulado “Caracol pensativo”. Aquí, el caracol simboliza a un ser humano, un ser elemental que se arrastra y vaga en busca de algo por un mundo inhóspito, un ser que carga con todo cuanto es y cuanto recuerda y finalmente se esconde en su concha para permanecer en su ignorancia.

    La tercera parte del poemario corresponde a un solo poema presentado en tres actos. De título “La frontera”, en él el poeta utiliza la luz y el silencio como instrumentos a través de los cuales motivar una experiencia sensorial en el hablante lírico. La mirada encuentra en el espectáculo de la naturaleza un mensaje invisible que es todavía complejo de descifrar pero muy fácil de intuir: «Las piedras y peñascos / —informes, sin medida— / otorgan su verdad / de pedernales siglos».

    La luz seguirá siendo un protagonista importante en el cuarto apartado. En el poema titulado “Las luces de mi casa vacía” el poeta habla de varias luces de naturaleza diferente, y ya sea natural o artificial, siempre advierte en ella connotaciones positivas: « […] luz donde me refugio / de las espumas que no alientan, / y de la voz / de los fantasmas / que me destruyen». Esa acusación a la virulencia de los fantasmas no es otra cosa que la dentellada de la memoria, el dolor que provoca recordar seres queridos y quedar en soledad, en una soledad reflexiva frente a su ausencia.

    Será la reflexión y sensaciones por lo evocado y lo perdido aquello que propiciará que dicha luz trascienda en música: «Canción indescifrable, luz de cáliz / volcada para el credo, / música de himno ambiguo». Y esa música se abre paso al plano textual a través de aliteraciones, como en estos versos: « […] luz de lucidez cósmica / en el convulso pálpito del pulso […] ». La liquidez de su sonoridad devela un curso aéreo que el lector percibe subliminalmente merced a la versatilidad técnica del poeta.

    La apuesta formal del poemario no escoge una métrica concreta, en la blancura de los versos predomina una combinación de versos imparisílabos que oscila entre los endecasílabos, heptasílabos y alejandrinos en menor medida, frente a la supremacía del eneasílabo. La gama de recursos retóricos del poeta es amplia, desde el encabalgamiento abrupto a la antítesis y el hipérbaton, pasando por aposiciones, elipsis e hipérboles. El poemario está plagado de imágenes sugerentes y referencias a poetas admirados, como Cernuda o Juan de la Cruz, su lectura deja un poso de dolor y escepticismo a partes iguales.

    En el poema titulado “Meditación” encontramos una estrofa que resume a la perfección la esencia del poemario, un pasaje en el que la belleza se revela como vía purificadora del alma:

Ungido por el óleo divino

de esta canción de entera luz,

se idealiza mi nostalgia

 —necesario aparejo

para mi mente reflexiva—;

se extrema el mundo de mis sensaciones

purificándose con la belleza,

aunque nos comunique su expresión

con símbolos de diferente nombre.

    La zona crepuscular o batial del océano es una de las capas en las que la luz comienza a palidecer, un mundo nubloso, preámbulo a la zona abisal, donde hay una completa ausencia de luz. Los versos de Memoria crepuscular parecen haber sido concebidos en dicha zona espiritual, pero durante una caída libre hacia la zona hadal, la latitud más profunda y fría de la memoria y de la vida. Encontramos pesimismo, cierto, pero es más serena y fuerte la aceptación del destino que la queja vacía o el sentimentalismo.

    La quinta parte del libro a través de sus juegos metaliterarios muestra a las claras su postura combativa, resiliencia como actitud para dignificar el dolor. Aquí la escritura se adensa, los poemas se expanden y el poeta se vacía en cuerpo y letra antes de rematar su obra con un tríptico marítimo.

    Su poética cobra vigor al abrazar lo inevitable: «Y así mi pensamiento es mirada que siente / lo permanente como irrevocable»,  y sigue viviendo y poetizando hasta agotar el alma. El ritmo, el silencio, la mirada o la divagación, irán vertebrando poemas reflexivos hasta llegar al poema titulado “Un buen día”. Aquí, un rotundo optimismo desborda las estrofas y convierte a los versos en una oración, en un himno que el poeta grita y esculpe en la piedra de todas las losas: « […] romperemos la luz de la ignorancia / de aquellos que no quieren ver / la floración cuando abre su fruto entre las piedras».

    Una cita de Virgilio: «Y el dolor por fin dejó pasar su voz», como pórtico a la sexta y última parte del libro nos previene de la transformación, de la transición a la transparencia de una conciencia que por más atravesada y rota que se encuentre no implora clemencia.

    El mar, su grandeza y ambigüedad naturales son la metáfora escogida por el poeta para representar en tres partes la culminación de su obra. Ese mar de profundidad crepuscular ofrece la música en el rumor de sus olas, la paz, cuando está en calma, o la furia en su tormenta; todo un mundo de vida sobrevive bajo su superficie y sus profundidades siguen siendo temidas y misteriosas. Ese mar se transforma en un mar de sábanas, medicamentos y agujas en el poema “Mar cerrado”, la voz de la sangre explorando sus límites pone contra las cuerdas, hiere y amenaza a toda esperanza de vida.

    “Muerte en la Malvarrosa” es un estremecedor colofón, cual homenaje a la película Muerte en Venecia, del cineasta italiano Luchino Visconti, ya que el hablante lírico observa a unas muchachas jugar en la orilla de una playa mientras se siente herido de muerte, analogía perfecta de la escena final protagonizada en la película por  Gustav von Aschenbach (alter ego del hablante lírico) y Tadzio (belleza idealizada encarnada en un joven). Frases intertextuales aparecen en cursiva para fortalecer esa imagen de la playa cuyo oxímoron humano nos parece escuchar al ritmo del famoso Adagietto de Gustav Mahler: « […] aquel que ha contemplado la belleza / está condenado a seducirla o morir […] ». Y en este punto comprendemos todo el dramatismo que supone la disquisición estético-filosófica acerca del adiós a la juventud y la belleza, y lo que algunos podrían interpretar como una oda a la pedofilia no es más que el doloroso fin de una era, el réquiem de un soñador que deja intacto su sueño y esa gota de sudor que recorre la sien del moribundo sabemos, por Dirk Bogarde, que es sangre.

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Joaquín Riñón Rey

Publicado en “Todoliteratura.es”:

http://www.todoliteratura.es/articulo/presentaciones/jose-iniesta-presenta-poemario-eje-luz-libreria-ambreta-valencia/20180203080700046321.html

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   La tarde del pasado viernes, 1 de febrero, fue oscura, lluviosa y desapacible en Valencia, pero todos aquellos quienes tuvimos ocasión de escuchar los poemas de José Iniesta en la voz de su autor, fuimos iluminados por su luz y guarecidos por el calor de su palabra.

    A partir de las siete de la tarde, en la librería Ambreta, de Valencia, dio comienzo la presentación del poemario “El eje de la luz”, un libro editado por Renacimiento que supone el séptimo poemario de su autor. Recayó en las manos de Juan Noyes-Kuehn, filólogo, profesor y poeta, amigo de Iniesta, la labor de introducir a los asistentes a la presentación-recital. De esta forma pudimos conocer que la senda místico-trascendente transitada por el poeta en libros como Y tu vida de golpe (2013) o Las razones del viento (2016) también es hollada en El eje de la luz. Noyes-Kuehn, con acertadas palabras, subrayó que la desnudez del alma del poeta, no solo se expone en los versos, sino también se funde en la densidad de un paisaje que no es solo lontananza, se revela trasunto, hermosa analogía para describir el interior del ser humano.

   José Iniesta comenzó a recitar sus versos con esa forma tan apasionada que le caracteriza y pronto sedujo a un selecto y numeroso público asistente, entre el que se encontraban poetas ilustres de la Comunidad Valenciana, como Juan Ramón Barat y Blas Muñoz. Entre poema y poema conocimos a través de las palabras de Iniesta que una de sus vocaciones se convirtió en oficio, la docencia. La naturaleza en todas sus formas está muy presente en su poesía, hecho influido —según sus propias confesiones— por su cercanía a la tierra, desde su infancia, en parajes tan bellos como La Pobla de Sant Miquel (municipio de la comarca del Rincón de Ademuz) y Oliva (comarca de La Safor).      La contemplación de la belleza se trasluce en los versos de Iniesta en forma de celebración, y dentro de esa celebración la jácena maestra es la luz. Un símil o símbolo tan utilizado en literatura suena a nuevo en los poemas de El eje de la luz, la vitalidad de una poética enraizada en lo terrenal, pero con la mirada en lo celeste, es uno de los rasgos de un autor valenciano que se agiganta como poeta con cada libro. Emoción, sí, pero también meditación, destilan los versos de este libro:

Me basta con sentarme y asentir

en este patio mío donde el sol

resplandece en un muro que se agrieta.

    Puesto que su manifiesta conciencia de vida le insta a escudriñar el recorrido de una nube,  la luz del sol sobre un muro o el rostro de su mujer durante un desayuno cualquiera, el poeta encuentra en algunos sucesos un símbolo, una enseñanza que le obliga a contar y cantar la vida.

    La lectura de poemas terminó con una gran ovación y posteriormente el público tomó la palabra, así el autor pudo departir cercanamente con los asistentes a razón de sus preguntas.

  La poesía de José Iniesta, de hondo calado y sencillez léxica, camina entre la experiencia y lo místico, otorgando, a la manera de los poetas japoneses, una importancia sagrada a la naturaleza, templo real de quien rinde culto a una belleza que —al igual que él—  no malgasta su tiempo con impostadas retóricas.

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José Iniesta

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Publicado en la revista “Todoliteratura.es”:

http://www.todoliteratura.es/articulo/presentaciones/laberinto-venus-narrativa-erotica-maria-teresa-espasa/20171229122713045817.html

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Fotografía de José Luis Vila Castañer.

El Museo de la Ciudad (Valencia) se encuentra enclavado en el corazón del centro histórico, junto a la Basílica de la Virgen y el Almudín, en un hermoso edificio señorial. En sus salas, ahora restauradas, pueden apreciarse los ricos fondos pictóricos, propiedad del Ayuntamiento de Valencia, así como exposiciones temporales gestionadas por el Consistorio. En dicho enclave tuvo lugar el pasado viernes, 15 de diciembre, la presentación del libro “El laberinto de Venus”, de la poeta, ensayista y narradora valenciana, María Teresa Espasa.

Isabel Miguel y Lidia López Miguel, editoras del libro y responsables de uno de los sellos editoriales españoles con más proyección del panorama literario, Lastura Ediciones, se desplazaron desde Madrid para estar presentes en un evento literario de primer nivel. Si María Teresa Espasa, autora del libro y persona eminente en el ámbito cultural, dentro y fuera de la Comunidad Valenciana, no necesita presentación y su incursión en la prosa erótica ya es motivo suficiente para levantar expectación; los componentes de la mesa no lo fueron menos. Además de la citada Lidia López Miguel, quien en calidad de editora alabó la trayectoria y capacidad como escritora de María Teresa Espasa, acompañaron a la autora Ana Noguera y Ricardo Bellveser, distinguidas personalidades del mundo cultural y político de Valencia.

Escuchar a Ana Noguera a propósito de sus intervenciones en eventos culturales es siempre un placer para los sentidos. Modelo de elegancia personificada, Noguera hizo gala de su particular precisión y sensibilidad en sus disertaciones sobre el libro. Apuntó el hecho de que el personaje protagonista de todos y cada uno de los relatos del libro sea el mismo, una mujer, de nombre, Tesa. Asimismo, previno sobre la posible identidad de tal protagonista, a lo que amplió Bellveser, apuntando a la posibilidad de que tal personaje sea un alter ego de la autora, ya que la palabra Tesa puede interpretarse como un acrónimo de Teresa.

Bellveser, por su parte, hizo un repaso exhaustivo del libro, relato por relato, subrayando la mirada de poeta de su autora en una narrativa llena de imágenes y alusiones a un sexo, más de sensualidad y amor, que carnal. Puso en valor una sinceridad pasmosa tanto en la identidad de los personajes secundarios, como de algunas situaciones; y señaló con vehemencia que aunque la autora tratase de velar la realidad tras la ficción, todos los personajes eran poetas, algunos, de nombres coincidentes con amigos cercanos, y la esencia de sus relatos, llenos de sensibilidad, sentimiento de culpa, pero también de la inquietud del buscador, resulta ser una petición de atención, un ruego de cariño, misma sed que caracteriza a toda su obra poética.

María Teresa Espasa, poeta de raza, además de ensayista y profesora, confesó que la publicación de su primer libro de relatos ha supuesto algo muy importante para ella. Recientemente recuperada de algunas complicaciones de salud, culminar esta obra, además de una demostración de su versatilidad como escritora, supone su regreso al panorama literario y solo es el principio de una serie de proyectos que pondrá en marcha en el próximo año.

En su intervención, Teresa Espasa agradeció a público e integrantes de la mesa, su apoyo y compañía. Confesó que algunas de las historias contenidas en su libro eran reales y otras, ficticias. Dio paso a diez amigos y escritores valencianos, quienes fueron dando lectura a fragmentos de algunos de sus relatos. A continuación, la lista de intervinientes y los títulos de los relatos mencionados:

Virgilio Fuero “Hablemos de Eros”

Mariam Ferrer “No sé si la memoria”

Heberto de Sysmo “El rincón de D. Antonio”

Ana Fernández de Córdova “El yo ficcionado”

Vicente Barberá “Tuya es la victoria”

Consuelo Sanahuja “El último aliento”

Pascual Casañ “Como mendigo hambriento”

Elia S. Temporal “Cuando llega el otoño”

Blas Muñoz “Los sueños y los días”

Elena Torres “Destinos cruzados”.

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Publicado en la página del Ateneo Mercantil de Valencia:

http://www.ateneovalencia.es/poetas-en-el-ateneo-xiv-maria-teresa-espasa-emocion-y-sentimiento-en-un-merecido-homenaje/

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Fotografía de José Luis Vila Castañer.

El pasado viernes, 27 de octubre, en la decimocuarta entrega del ciclo “Poetas en el Ateneo” que presenta Vicente Barberá y coordina Vicente Bosch, el Ateneo Mercantil de Valencia recibió a la poeta María Teresa Espasa.

A partir de las siete de la tarde, al emblemático Salón Sorolla de este centenario Ateneo, fue acudiendo un buen número de público a este ciclo literario, una ceremonia poética, llena de música, recital, entrevista, y en definitiva, una oportunidad única para conocer en profundidad, no solo la obra, sino la dimensión humana del autor invitado que no tiene parangón entre los eventos literarios que hoy se celebran en la Comunidad Valenciana.

Dada la situación convaleciente por problemas de salud de María Teresa Espasa y por su trayectoria literaria y humana, el acto se convirtió en un merecido y emotivo homenaje.

Vicente Bosch, directivo del Ateneo Mercantil, pronunció unas palabras de bienvenida y reconoció la relevante figura de la poeta convocada. Por su parte, Vicente Barberá agradeció a José Luis Vila, José Antonio Olmedo y Virgilio Fuero, sus labores como fotógrafo, cronista y realizador audiovisual, respectivamente.

Asimismo, Barberá, tras citar algunos de los logros acumulados a través de la extensa carrera literaria de Teresa Espasa, como por ejemplo: ser mecenas de varias generaciones de poetas valencianos, su labor como locutora radiofónica, su experiencia como fundadora de la revista Corondel, fundadora de la Tertulia la Buhardilla, su pertenencia al grupo El limonero de Homero o la innumerable organización de recitales y presentaciones; dio paso a Juan Manuel de Zaldúa, músico colombo británico, quien interpretó a la guitarra tres temas musicales.

Barberá dio paso a la sección fotográfica, un apartado donde María Teresa Espasa fue comentando instantes de su vida a través de doce fotografías. Así, pudimos verla en su época de estudiante, con las escritoras integrantes de la Plataforma de Escritoras del Arco Mediterráneo o recibiendo el galardón especial de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana.

A continuación, el poeta, narrador y periodista, Ricardo Bellveser, dio lectura al poema de María Teresa, titulado “Oscurece”, no sin antes dedicar unas agradecidas y cariñosas palabras a quien desde hace mucho tiempo es una buena amiga.

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María Teresa Espasa

Seguidamente, Barberá dio comienzo a su particular entrevista a la poeta. En esta ocasión, tras cada pregunta, dio paso a dos personas invitadas a leer poemas de la autora, así recitaron hasta un total de quince escritores, quienes agradecieron uno a uno su respeto y agradecimiento a una personalidad de las letras valencianas. Tras la pregunta: « ¿Qué te motivó para realizar aquel gran proyecto de Pliegos de Ítaca? » Juan Manuel de Zaldúa realizó su segunda intervención musical. Los escritores que intervinieron son los siguientes, por orden de intervención: Ricardo Bellveser, Ana Noguera, Blas Muñoz, Encarna Beltrán, Juan Luis Bedins, Mila Villanueva, Virgilio Fuero, Elga Reátegui, Marina Izquierdo, Elena Torres, José Antonio Olmedo, Ana Fernández de Córdova, Mar Busquets, Rosa María Rodríguez y Rafael Soler. También entre las preguntas y poemas recitados, llegó el turno del poema recitado por Virgilio Fuero, una proyección audiovisual en la que declamó el poema titulado “El Montgó”, perteneciente al libro En alguna parte es otoño. El propio Virgilio hizo entrega a Teresa Espasa del vídeo proyectado, como recuerdo del entrañable homenaje.

A través de las preguntas que Vicente Barberá formuló a Teresa Espasa, supimos que uno de los poetas que ha influido en su obra estaba presente en la sala, se trata de Ricardo Bellveser. Supimos también, que la autora de El Congreso recomienda leer mucho a los poetas que están empezando; que uno de sus últimos proyectos es un libro de relatos eróticos y que el premio que más ilusión le ha hecho ha sido el de la Crítica Valenciana.

Tras formularle una tanda de preguntas rápidas, en la que sus respuestas arrancaron risas entre el público, intervino de nuevo Juan Manuel de Zaldúa, pero esta vez acompañado por la voz de Maitechu, su hija, de diez años, quien encandiló al público por su espontaneidad y desparpajo.

Ya para despedir el acto, Vicente Bosch reconoció la emoción y el sentimiento vertidos en este encuentro, felicitó a Teresa Espasa en nombre del Ateneo Mercantil y Vicente Barberá pronunció palabras de agradecimiento a todos los presentes y colaboradores; anunció que el próximo poeta invitado al ciclo será Antonio Porpetta e invitó a María Teresa a recitar algunos poemas propios. Como colofón, la autora fue obsequiada con un espléndido ramo de flores y el acto terminó con la tradicional fotografía colectiva.

Publicado en Todoliteratura.es:

http://www.todoliteratura.es/noticia/12306/presentaciones/amparo-andres-presenta-en-la-sgae-de-valencia-metamorfosis..htmlhttp://www.todoliteratura.es/noticia/12306/presentaciones/amparo-andres-presenta-en-la-sgae-de-valencia-metamorfosis..html

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Amparo Andrés Machi

El pasado martes, 4 de marzo, el salón de actos de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) de Valencia, acogió la presentación oficial del último libro de Amparo Andrés Machi, narradora y poeta valenciana, además de grafóloga.

Metamorfosis, publicado bajo el sello luso Chiado Editorial, es el tercer libro de esta autora, conocida también por su seudónimo “Stelmarch”, quien ya publicó en esta misma editorial su anterior libro Cuentos neuróticos.

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José Vicente Peiró, Doctor en Filología Española y gran especialista en literatura paraguaya, además de presidente de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana, fue el encargado de dirigirse al público en primer lugar. En su intervención, Peiró señaló el crecimiento literario que ha experimentado Andrés Machi en los últimos años. Seguidamente apuntó qué géneros literarios componen Metamorfosis, ya que, según sus propias palabras, esta obra es una miscelánea formal. Artículo ensayístico, relato, poemas o prosemas, son algunos de los formatos que utiliza la autora para elaborar la estructura de este libro.

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José Vicente Peiró

Siguiendo con la exposición de Peiró, el profesor confesó que esta lectura abre el debate entre el lector y la autora —entre otras cosas— por los manifiestos morales e intelectuales que contiene, ya que, la condescendencia no es el tono habitual en los textos, Andrés Machi posee un firme criterio sobre la vida y el mundo que le rodea y con la misma firmeza lo expone, sin tapujos. A pesar del carácter ensayístico y poético de la mayoría de sus textos, José Vicente Peiró, en un intento por etiquetar una obra tan ecléctica, advirtió que la autora tuvo que abstraerse de la realidad para contar la suya propia e identificaba cierto grado de impresionismo, además de una importante influencia borgiana, hecho que lo llevó a evocar El hacedor, por sus múltiples analogías con esta obra.

Por su parte, Mar Busquets-Mataix, poeta, narradora y licenciada en Filología Hispánica, abordó en su intervención aspectos más argumentales del libro. Propuso que la obra, en general, es una gran reflexión sobre la vida, pero también sobre la cultura. Su afilado análisis previno de un lenguaje metafórico en el que —según palabras de la autora— lo semántico-semiótico, además de permitirle indagar sistemáticamente en los campos que aborda, constituye una suerte de mirada lúdico-crítica con una clara vocación agitadora, pero también concienciadora.

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Mar Busquets-Mataix

Así pues, Busquets-Mataix valoró positivamente la libertad creativa de la que hace gala Andrés Machi y señaló la importancia alegórica de cada elemento incluido en los textos, como por ejemplo, la arquitectura laberíntica de esas ciudades-símbolo en las que la vida se ahoga. La vida es uno de los temas troncales del libro, vida como reflejo de literatura y viceversa, pero también el amor. Busquets-Mataix, para finalizar, apuntó que la obra en sí contiene una velada aspiración al misticismo, razón por la cual justifica que, aun tratándose en gran medida de narrativa, los textos de Andrés Machi rezuman poesía.

Amparo Andrés intervino en último lugar. Como es lógico, agradeció las aportaciones de sus invitados y reveló que un problema de salud acaecido hace unos años hizo que se tomara esto de la literatura más en serio. Esa consciencia vital la animó a vivir la vida intensamente, aunque solo fuese para poder empaparse de experiencias que poder verter en sus escritos. Y ahí radica una de las claves de este libro. Su título, “Metamorfosis”, alude a ese proceso que sufre la conciencia desde que experimenta la emoción hasta que la “filtra” a través de la razón y el lenguaje. Ese proceso de [d]estilación es una singularidad en cada individuo, ya que en él intervienen tanto sus particularidades dadas como ser humano, como sus aprendizajes.

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La autora dio lectura a sus propios textos: poemas, artículos, prosemas y relatos, y dimensionó con ello todo lo expuesto por los intervinientes. Su fe, y a su vez, incredulidad en la palabra, quedaron patentes en el cariz inquieto e inconformista de sus cuentos. No dar nada por sentado invita al cuestionamiento, la pregunta lleva a la reflexión, y la reflexión, por muy doloroso que sea el proceso y el resultado, será quizá lo más cerca que jamás estaremos de la verdad.

En el turno de preguntas del público, Blas Muñoz Pizarro, reconocido poeta y profesor de latín, comentó que el crisol de formas de Metamorfosis le recordó a Mesa revuelta, de Juan Gil-Albert, una obra poco citada de su autor, pero traída al pelo para reivindicar una práctica en paulatina muerte, para algunos, y en claro resurgimiento en la literatura actual, para otros, como es el híbrido, el collage o el amalgama.

cubierta

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A María África de San Juan López-Amor Martínez

 

Madre de purezas tan hermosas

que humedeces mis pupilas con tu esfuerzo,

gracias por poner en prenda tu juventud

por mi culpa, a los verdugos.

 

Verte arrojar tu cuerpo a los abismos

para que yo pueda cruzarlos

siempre será la fuerza de este puño embravecido;

verte transitar como una princesa

enhiesta, de ojos vivos,

todavía elegante vestida de espantapájaros.

Soy yo la obra maestra de tu sangre,

esa que con furia te llora y su alma escribe

por ti entre juramentos lancinantes.

 

Tu fe y tu amor son lo sagrado,

tus ojos; de azules infalibles,

tu cabello; de esplendor albazano,

y el fruto de tu amor este guerrero

que ahorma su mundo a tu enseñanza

con ojos párvulos y corazón herido.

 

El golpe de tu adiós me hizo desnudo,

ya no puedo mentir,

mas tú tienes la grandeza que yo admiro,

y tus besos en el ciclostil de mi memoria

se cuentan ya por miles y prometo

que quiero honrar tus bienes y no puedo, no puedo.

 

No puedo obrar el bien que te mereces

porque este mundo hipócrita

me obliga al rencor y la venganza,

sin ti es más vasto y espantoso el mundo,

y creo que es absurdo

rezar entre mamertos fementidos.

 

Tu corazón es un ramal de cáñamo

que con amor urdiste al mío, recosido,

y ahora siento que tiras

de este reinal bendito hacia tus nubes,

y tu voz sigue siendo un canto

ardido de filarmonía.

 

El manto de tu cuerpo aterido al mío

el calor de tu luz y tu palabra,

son dones memorados que mortifican mi vida

y me provocan el sueño,

dormir para soñar la taumaturgia de tus besos;

esa trampa mortal de un tiempo atrapado

en un bucle de dolor que no se rompe.

 

Perdona que no haya sabido lo bastante

como para quererte tanto,

y no atreva a adquirir ya los billetes

que me devuelvan a tus brazos.

 

 

Heberto de Sysmo

El Testamento de la Rosa, (Ediciones Cardeñoso, 2014)

Finalista del VI Certamen Nacional de Poesía “Poeta Juan Calderón Matador” 2014

 

Prólogo: Blas Muñoz

Epílogo: Gregorio Muelas

Cubierta: Julio Viadel

 

 

 

 

 

El testamento de la rosa

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Ficha técnica:

Título: El Testamento de la Rosa

Autor: Heberto de Sysmo

Editorial: Ediciones Cardeñoso

Género: Poesía

Número de páginas: 59

Prólogo: Blas Muñoz

Epílogo: Gregorio Muelas

Diseño de cubierta: Julio Viadel

ISBN: 978-84-8190-783-4

Año de publicación: 2014

«Heberto de Sysmo, seudónimo literario del escritor valenciano José Antonio Olmedo López-Amor, es un autor con una proyección meteórica, que en apenas dos años ha pasado de ser una promesa a un valor firme y seguro, los numerosos premios y menciones que ha cosechado durante este período avalan su ascendente trayectoria, que permite vaticinar una carrera tan perdurable como exitosa.

Su nuevo poemario, El Testamento de la Rosa, publicado por ediciones Cardeñoso y finalista en el VI Certamen de Poesía “Poeta Juan Calderón Matador” 2014, se trata de su segundo poemario publicado y el primero en solitario, pues el anterior, Luces de Antimonio, volumen XI de la Colección “Algo que Decir” del Ateneo Blasco Ibáñez, lo publicó en noviembre de 2011 en coautoría con Okoriades Varacri. En ese primer poemario Heberto de Sysmo reunió en 250 páginas composiciones de las más diversa índole, desde poemas de juventud a otros experimentales, donde ya se advierte la inquietud y afán de superación y riesgo de un autor conocedor de la obligación del poeta de crear lenguaje, de innovar e incorporar nuevos registros, en este sentido Heberto es un sagaz investigador del lenguaje y notable creador de neologismos, que además gusta de rescatar arcaísmos y cultismos para enriquecer y embellecer su discurso, siempre desde el respeto a la tradición clásica, siendo un gran cultivador de su forma más perfecta, el soneto, el cual practica tanto en rima consonante como en verso blanco.

Sin embargo aquí, en El Testamento de la Rosa, Heberto no se deja llevar por los cantos de sirena de la poesía clásica y decide apostar por una forma y un lenguaje más contemporáneo, acorde con los tiempos de crisis que nos toca vivir, así el poeta adapta su lenguaje a la realidad para cantar sin desencanto las muchas virtudes que aún nos quedan y denunciar algunos, si no todos, de los grandes defectos que nos acucian, pues Heberto es consciente, como intelectual activo y comprometido, que sólo por el lenguaje se puede dar el cambio, un cambio de rumbo que nos encauce en la dirección correcta.

Heberto tiene la virtud y la osadía de adoptar un símbolo en apariencia tan manido como la rosa para darle una magistral vuelta de tuerca y mostrarnos un rostro nada amable de las circunstancias y las cosas que conforman nuestro mundo. Así la rosa se muestra frágil en la intemperie de los hombres, pero también incólume frente a las adversidades y es su obstinada resistencia la que permite invocar a la esperanza como una mota de luz esplendente en la oscuridad.

Con un lenguaje altamente expresivo, rico en matices y sugerente en extremo, Heberto se hace eco de los problemas sociales con un aguda crítica que denuncia la inacción y el conformismo que devienen en una general ausencia de compromiso, que se manifiesta en un gran silencio colectivo que no hace más que otorgar legitimidad a una injusticia cada vez más institucionalizada.

Los versos de Heberto de Sysmo nos sumergen en un viaje iniciático por espacios urbanos e infectos, entre tinieblas. Callejuelas, suburbios, infaustas avenidas, son el escenario de una cruenta lucha entre el bien y el mal, entre la virtud y el pecado, pero donde aún es posible el milagro, pues el espíritu, aunque moribundo, aún late como un corazón delator, como posible y necesario recinto de subversión frente al desigual orden establecido.

El volumen, que Heberto dedica a su madre (rosa entre las rosas), se abre con un extenso y apasionado prólogo del poeta valenciano Blas Muñoz Pizarro, que con acierto titula Atrio y donde dialoga con el autor al hilo de las reflexiones que con agudeza e ingenio va trazando sobre los diferentes aspectos que integran el libro, desgranando el contenido de las diversas partes y culminando con una sentida coda personal donde da cuenta de su fraternal amistad con los mejores deseos para un poeta y un poemario que desde el mismo título, tan hermoso y sugerente como el dibujo de la portada, obra del joven pintor surrealista valenciano Julio Viadel, son el bello prolegómeno de un libro que se articula en torno a tres grandes apartados: Imperfección, Transformación y Revelación, a través de los cuales asistimos a un trepidante proceso metamórfico, donde la rosa, alter ego del autor, es testigo, entre frescas fragancias y pestilentes efluvios, de la erosión de los valores, de la caída en un tiempo de abulia y desazón. No obstante, el testamento que erigen estos versos lejos de ser la última voluntad de una esperanza ninguneada por múltiples intereses, acaba siendo un eficaz revulsivo contra la falta de fe y bondad en el mundo. En consonancia resulta muy efectiva la manera sutil de intercalar breves poemas en cursiva a modo de contrapunto, como necesario asidero para el lector activo, como si la voz de la esperanza articulara un discurso paralelo.

En la primera parte, Imperfección, advertimos un tono oscuro y expresionista, así los dos primeros poemas, “Espectros en la niebla” y “No hay Dios en los suburbios” dan cuenta de una realidad tan cruda como fantasmagórica merced a un empleo febril de la metáfora y un vocabulario tan coloquial como erudito. En el tercer poema, “Una obra maestra”, sin embargo, el autor introduce un tono sentimental y melancólico, se trata de una elegía anticipada, donde el autor reflexiona sobre ese fin ineluctable al que nos condena la vida. En “Darte de mí” y “Muda de prejuicios” Heberto realiza un malabarista ejercicio de autocrítica que parte de la imperfección congénita del ser humano: yo sólo alcanzo a ser el molde/ de un medio hombre, imperfecto:/ un medio acantilado/ buscando esa mitad del vértigo/ que lo devuelva a ser montaña, y no abismo; para alcanzar el ejemplo de perfección de la rosa que aunque maculada nos sigue mostrando su belleza exultante, primorosa, limpia de prejuicios. “Los lenguajes imperfectos” es un poema ecléctico, donde Heberto se sirve con destreza del paralelismo para trazar un puente entre la palabra y el silencio, entre la insuficiencia del lenguaje y la locuacidad del deseo. Loable lección la de la rosa que clama a la gallardía del ser humano como mejor aval para aletargar el paso de una esperanza que aunque efímera se hace necesaria para provocar el cambio.

En la segunda parte, “Transformación”, asistimos a la irrupción de la luz de una conciencia que invoca a la esperanza, que a pesar de los numerosos infortunios aún sigue creyendo en ella, que es capaz de respirar el flagrante perfume que emana de la rosa pisoteada, sangrante, y donde sólo el amor, verdadero mensaje de la rosa, puede redimirnos de la mentira, de la maldad, del odio. En esta parte los poemas son más breves y los versos más densos, donde Heberto hace gala de un lenguaje tan elocuente como excelso pues nos seduce su belleza y nos conciencia su sentido.

La tercera parte, “Revelación”, está integrada por dos poemas de ritmo endecasílabo y un tercero parisílabo, donde el autor nos revela quién somos: cuerpo destinado a arder en la venida del invierno; el enemigo íntimo que anida en nuestro interior y que muestra su rostro cada vez que nos asomamos al espejo; aquel que lucha con denuedo, hasta la extenuación, en la linde del sueño, para alcanzar el mensaje divino.

La obra se cierra con un epílogo del que firma estas palabras, donde pretendo resaltar la vigencia y trascendencia de la rosa, con todo su simbolismo, frente a la inmanencia de la oscuridad, que la cerca y lacera, y sobre todo demostrar que el empleo de un lenguaje lúcido y simbólico también sirve para denunciar los grandes males de nuestro tiempo.

En conclusión, Heberto de Sysmo nos ofrece una poética que incide en aspectos tan actuales como eternos, que a pesar de su enfoque testamentario pretende ser todo lo contrario, principio y no fin, a través de un mensaje tan delicado y sugestivo como ese personaje principal que recorre las páginas de un libro muy recomendable para este tiempo de crisis de conciencia y de concienciación».

Gregorio Muelas Bermúdez, publicado en Todoliteratura.es

Poemas del libro recitados por Miguel García Casas:

https://www.youtube.com/watch?v=L85y47IAC5w

https://www.youtube.com/watch?v=LMBE4oPUYw4

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Imagen de la revista “Miscelánea Literaria”

El testamento de la rosa (1)

Cubierta del libro, diseño e ilustración autoría de Julio Viadel

Muda de prejuicios

                                A Verónica Victoria Romero Reyes

Descansa la exultante rosa

toda su belleza en un atril de hebras,

descansa de los vientos

que se obstinan en desnudarla,

descansa de la lluvia

que la desborda y comba,

descansa del poeta

que la observa escudriñando

como un pintor cada rincón de su fisonomía,

y nos descansa verla

superviviente y primorosa,

convertida en versos, en cuadros,

en notas musicales.

Nos encanta la rosa de la palabra

la flor de los recuerdos, la alegría,

aunque no sepamos protegerla, merecerla ni honrarla,

y la preconicemos sin descanso.

No se duele la flor al arrancarla

y por más que sufra

no se arrepiente de haber nacido,

su destino acepta a golpe de brisa,

los cambios de guion del que no muere.

Muda, sin voz, pero con argumento,

no critica ni insulta a quien la aflige,

mudemos los prejuicios e imitemos

esa forma de amar tan lastimosa.

¡Oh, Rosa! Desnuda de prejuicios,

refleja en cada pétalo la turbamulta

de nuestros pecados en espirales,

y que tus espinas hieran para siempre

la flor de nuestro orgullo.

Heberto de Sysmo

Poemario El Testamento de la Rosa (Ediciones Cardeñoso, 2014)

Finalista del VI Certamen Nacional de Poesía “Poeta Juan Calderón Matador” 2014