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SUMARIO N. º 3 / Invierno 2018

Portada y contraportada: ilustración de Juan Carlos Mestre

Inéditos (Ilustración de portadilla de Marta Azparren)

Luis Alberto de Cuenca
Fermín Herrero
Antonio Rivero Taravillo
Trinidad Gan
Victor Oliveira Mateus (portugués – traducción de José Ángel García Caballero)
Isabel de Sá (portugués – traducción de Pedro Sánchez Sanz)
Blas Muñoz Pizarro
Juan Marqués
Lola Andrés
Gerardo Cárdenas
Nieves Chillón
David Mayor
Alicia Es. Martínez
Raúl Quinto
Cleofé Campuzano
Luci Romero

La mirada de Basho (Ilustración de portadilla de Sara García Lafont)

Mercedes Pérez “Kotori”
Constantino Dimitrov
Carlos Castilho Pais

Experimental (Ilustración de portadilla de Enriqueta Hueso)

J. Seafree
María Jesús Montía

Traducción (Ilustración de portadilla de Marta Azparren)

Zhivka Baltadzhieva – Tzveta Sofrónieva (búlgaro)
Antonio Martínez-Arboleda – Robin Ouzman Hislop (inglés)
Elisabeta Botan – Virgil Diaconu (rumano)

La entrevista (Ilustración de portadilla de Pepe Aledo)

Elena Medel

Investigación (Ilustración de portadilla de Enriqueta Hueso)

Tulia Guisado (sobre José María Fonollosa)
Bibiana Collado Cabrera (sobre Gloria Fuertes)

Reseñas (Ilustración de portadilla de José Manuel Benítez Ariza)

Pilar Verdú – “El afán y los límites” de Salustiano Masó
Rafael Mesado – “Criar la luz” de Marcelo Díaz
David Acebes Sampedro – “Nubes de evolución” de Luis Ramos
José Ángel García Caballero – “Nadie podrá decir que tu reino no existe” de Giovanni Quessep
Gregorio Muelas Bermúdez – “La mitad silenciada” de Marina Izquierdo
José Antonio Olmedo López-Amor – “Raíz olvido” de Jesús Cárdenas y “Ultramor” de Alfonso Brezmes

Leído por (Ilustración de portadilla de Marta Azparren)

Álvaro Hernando – “Educación nocturna” de Hilario Barrero
Ramón Campos – “La voluntad quebrada” de Javier Arnáiz
Jorge Ortiz Robla – “Silbando un eco extraño” de Constantino Molina
Eduard Xavier Montesinos – “La casa de la vida” de Montserrat Butxaca

Biobibliografías (Ilustración de portadilla de José Carlos Lloréns “CHARLES”)

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Portada del número 3, diseñada por Juan Carlos Mestre

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Boletín de suscripción a la revista

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Publicado en el blog de Vicente Barberá:

http://vicentebarbera.blogspot.com.es/2017/05/poetas-en-el-ateneo-cronica-de-jose.html?m=1

Publicado en la página web del Ateneo Mercantil de Valencia:

http://www.ateneovalencia.es/poetas-en-el-ateneo-xii-blas-munoz-en-la-poesia-siempre-hay-que-buscar-la-voz-propia/

(Todas las fotografías son autoría de José Luis Vila Castañer).

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De izquierda a derecha: Vicente Barberá, Blas Muñoz y Vicente Bosch. (José Luis Vila Castañer)

 

Presentación

Un 25 de abril nacieron Leopoldo Alas “Clarín” y José Ángel Valente, y por azar del destino, también un 25 de abril —o quizá por justicia poética— el poeta Blas Muñoz Pizarro visitó el ciclo Poetas en el Ateneo, un distinguido foro por el que han dejado huella algunos de los mejores autores líricos valencianos.

Celebrado en el Salón Sorolla del Ateneo Mercantil, uno de los coliseos culturales más señeros de la ciudad de Valencia, dicho ciclo es coordinado por Vicente Bosch, presente en la mesa, y presentado por Vicente Barberá, poeta y compañero del poeta invitado en el grupo literario El limonero de Homero.

A partir de las 19 horas fue llegando el público, hay que destacar que el aforo se llenó, algo que subraya la importancia de Blas Muñoz en el círculo poético valenciano, ya que como viene siendo una costumbre, el mismo día y a la misma hora, los actos literarios se solapan en Valencia.

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Entre el público, algunas de las personas más relevantes del panorama cultural valenciano se dieron cita en lo que, más que una exposición de vida y obra del poeta, se convirtió en un homenaje: Jaime Siles, Pedro J. de la Peña, Ricardo Bellveser, Pedro José Moreno o Elena Torres, fueron algunos de los escritores que acudieron al evento.

Quiero hacer visible la extraordinaria labor de José Luis Vila Castañer, reconocido fotógrafo valenciano, quien es el encargado de inmortalizar a través del objetivo de su cámara estos cíclicos encuentros con poetas destacados.

Vicente Bosch tomó la palabra para agradecer a Muñoz Pizarro su presencia en este proyecto, además de manifestarle su admiración como reconocido poeta, y no menos, mejor persona y amigo. Bosch subrayó el importante compromiso del poeta con la entidad convocante, por lo que terminó su intervención poniendo en valor no solo todo lo que Blas Muñoz ha dado al Ateneo Mercantil como persona, sino también la aportación global del grupo al que pertenece, El limonero de Homero, compuesto además por: María Teresa Espasa, Joaquín Riñón, Antonio Mayor y Vicente Barberá; grupo literario que coordina el Aula I de Poesía del Ateneo.

Era de prever que entre Vicente Barberá, como conductor del encuentro y buen limonero, y Blas Muñoz, surgiesen confidencias y la química de una amistad unida por la poesía deparase momentos de entrañable complicidad.

El Proyecto Poetas en el Ateneo acostumbra a dividirse en tres partes: exposición fotográfica, entrevista de Barberá al poeta invitado y ronda de preguntas del público, todo esto alternado con la proyección de un vídeo y un breve recital a cargo de poetas invitados.

Antes de dar paso a la primera fotografía, Vicente Barberá recordó que por este ciclo han pasado hasta once poetas de la talla de Antonio Cabrera, Jaime Siles, Ricardo Bellveser, Sergio Arlandis, Guillermo Carnero, Vicente Gallego, Rafael Soler, Francisca Aguirre, Pedro J. de la Peña, Juan María Calles o Carlos Marzal. Con la presencia de Blas Muñoz se cierra un periodo que culminará en su próxima entrega para dar paso al parón veraniego, siendo su pretensión reanudar la actividad ya entrados en septiembre. Invitó a los presentes a hacerse con uno de los dípticos sobre el poeta y su poesía que se ofrecían en la entrada al recinto y explicó que estos encuentros pretenden, no solo conocer la labor literaria del poeta convocado, sino también, y lo más importante, conocer un poco más su dimensión humana.

Fotografías

Así pues, dio comienzo el primer bloque. Apareció proyectada en la pantalla una fotografía en blanco y negro donde una joven señorita, ataviada con un vestido y un paraguas oscuros, sonríe a la cámara en mitad de unas vías de tren; el poeta ilustró al público al contar que aquel paisaje era la estación de Aragón (1972) y reveló que aquella mujer era Mercedes, a quien se dirige como Merche, su esposa, presente entre el público, y sus palabras y sus ojos se llenaron de luz. Con aquella pintura, el poeta rememoraba el drástico cambio que sufrió su vida, ya que enamorarse supuso pasar del narcisismo del yo a la entrega sin condiciones, lo que le llevó a escribir el poema “Consumación” y culminar así un poemario que llevaba entre manos, se refería, por supuesto, a Naufragio de Narciso.

La siguiente fotografía mostraba un autógrafo de Juan Gil-Albert, poeta admirado por Blas, quien tras las periódicas visitas de un joven y prometedor poeta, tuvo a bien, no solo dedicarle una de sus obras —Concierto en «mi» menor. Homenaje a Marcel Proust (1974) , sino a esbozar dentro del mismo autógrafo y en palabras de Muñoz Pizarro: la primera crítica a su poesía.

De la nostalgia y veneración de los que, sin duda, son momentos cruciales e imborrables en la etapa de un poeta joven, pasamos a la fotografía número tres, donde el reconocimiento del mundo literario y los primeros pasos de un autor comienzan a hacerse realidad. En esta fotografía en blanco y negro vemos a un Blas Muñoz muy joven y delgado, recogiendo el Premio Nacional de Poesía José Antonio Torres en la ciudad de Tomelloso. Vestido de esmoquin y pajarita, el autor comenta que justo detrás, se encontraba el poeta Antonio Gala. A lo que añade que entre el jurado que lo premió se encontraban el poeta Félix Grande, Eladio Cabañero y García Pavón. El pregonero de las fiestas ese año fue Francisco Umbral y tuvo el privilegio de ser nombrado pregonero para el año siguiente. Sin duda, un espaldarazo para alguien que todavía no había cumplido treinta años y tenía mucho que decir.

El poeta nicaragüense afincado en Valencia, Ricardo Llopesa, amigo de Blas Muñoz desde finales de los años sesenta, es quien aparece en la siguiente fotografía. Recordemos que Muñoz Pizarro tras publicar en 1981 Naufragio de Narciso, mantuvo un silencio editorial hasta el año 2007, momento en que finaliza La mirada de Jano, que fue publicado en 2009 por el Ayuntamiento de Petrer. En este nuevo momento crucial, fue Ricardo Llopesa quien le abrió las puertas de sus tertulias literarias en Valencia, hecho que acabaría siendo decisivo para desencadenar el éxito y repercusión de la etapa posterior del poeta.

No podía faltar una instantánea sobre El limonero de Homero, sus cinco componentes aparecen en la quinta fotografía, lo que aprovecha Blas para dar lectura a una décima compuesta expresamente para ellos. Sobre este grupo hablaremos más adelante, a colación de las preguntas que formulará Barberá.

Con motivo de un viaje a Portugal, y aprovechando que este evento se celebró en el aniversario de la «Revolución de los Claveles», en la siguiente fotografía aparece el poeta posando frente a una librería con un ejemplar de Mensagem, el único libro de Pessoa publicado en vida, hecho que lo llevó a improvisar “Rua do Carmo” un poema que regalará posteriormente a sus compañeros de El limonero, y que lo llevará también a reflexionar sobre el mismo hecho de la improvisación en su poesía: pocas veces sirve un poema escrito deprisa.

En la séptima fotografía vemos al ya desaparecido poeta José Luis Parra, en un instante del año 2011, en el también desaparecido Café Malvarrosa de Valencia. Blas Muñoz recuerda ese momento con sentimientos encontrados, puesto que por un lado, gracias al recital que allí ofreció consolidó su amistad con Juan Pablo Zapater, Francisco Benedito y Víctor Segrelles, hoy editores de la revista 21veintiunversos y entonces gestores culturales de uno de los foros poéticos más emblemáticos de Valencia. Y por otra parte, su amistad con Parra lo llevó a encargarle la presentación de su libro La herida de los días, pero poco después cayó enfermo y falleció. Por este motivo el siguiente libro de Blas Muñoz, En la desposesión, está dedicado emotivamente a José Luis Parra.

Con el motivo de la obtención de otro premio literario, en este caso el Memorial Bruno Alzola García (2011), en la siguiente fotografía vemos a Blas Muñoz en el que sería su tercer encuentro con el maestro Antonio Gamoneda. El momento retratado transcurre en Asturias, en el restaurante La Sauceda, propiedad de Ramón Alzola. Este momento fue una ocasión para manifestar su admiración por el poeta ovetense, así como la satisfacción por haber merecido un prestigioso premio a un soneto clásico.

Sin embargo, de los muchos reconocimientos que Blas Muñoz ha obtenido, El Premio de la Crítica Literaria Valenciana que obtuvo en el año 2012 por su obra La herida de los días, es como él mismo manifiesta: su más preciada distinción. Por ello, la siguiente fotografía recuerda el instante en que Juan Luis Bedins, presidente de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios, le hace entrega del citado galardón.

A continuación, y refiriéndose a una presentación en la Sociedad General de Autores y Editores de Valencia (SGAE) de su libro En la desposesión, un libro por el que consiguió el premio Flor de Jara de la Diputación de Cáceres, el poeta señaló a sus acompañantes aquel día, y no eran otros que Mila Villanueva, presentadora y organizadora del acto a través de Concilyarte, la asociación que preside; Ana Noguera, quien disertó magníficamente sobre el libro y el poeta valenciano José Antonio Olmedo, quien aquel día asistió a la presentación como parte del público y terminó anecdóticamente tocando el piano en el escenario, debido a la ausencia de la pianista anunciada.

La siguiente fotografía, tomada por Guadalupe Grande, rememoró un encuentro en Madrid, en casa de Francisca Aguirre, viuda de Félix Grande. Muñoz Pizarro acudió a la capital acompañando a María Teresa Espasa, quien presentaba en Madrid su libro Tanto y tanto silencio (2014) y a ambos les acompañaba su buen amigo y también poeta, Ricardo Bellveser. Blas recordó que mientras se celebraban en la capital los fastos por la coronación de Felipe VI, todos ellos disfrutaron de una velada íntima e inolvidable.

Marta Hazas, la popular actriz nacida en Santander y protagonista de series televisivas como Velvet o El internado, acompaña a Blas Muñoz en la penúltima fotografía. Tomada en diciembre de 2014 durante la gala de entrega del Premio Laguna de Duero de Valladolid, galardón que obtuvo Blas y gala en la que la actriz participó junto a Javier Veiga, esta instantánea sirvió para que el poeta valorase a esa juventud que lucha, representada en la actriz, pues no solo trabaja en cine y televisión, sino también en el especialmente exigente teatro clásico.

Y para terminar con la sección fotográfica, Blas comentó una instantánea en la que aparecieron Sergio Arlandis, Gregorio Muelas, Mila Villanueva y José Antonio Olmedo. De Sergio Arlandis comentó que escribió un excelente prólogo a su libro De la luz al olvido, un trabajo por el que le está muy agradecido; añadió que Arlandis es uno de los grandes poetas de su generación, además de investigador, por lo que anunció su próxima visita a la Feria del Libro de Valencia en unos días, e invitó a los presentes a conocer (In)verso, su último poemario. A Gregorio Muelas, con quien comparte una buena amistad, se refirió como autor del interesante libro de haikus La soledad encendida, una publicación en coautoría con José Antonio Olmedo, también presente, y a ambos incluyó también en su comentario sobre la nueva revista de crítica y poesía, Crátera, ya que son editores y críticos de la misma, deseándoles una larga y próspera trayectoria en esta nueva etapa. De Mila Villanueva destacó su magnífica labor al frente de Concilyarte, una de las asociaciones valencianas de mayor auge en la actualidad, y alabó también las cualidades como escritora de la autora de Bajo la luna de Kislev. Y por último, Muñoz Pizarro deseó al libro La flor de la vida de José Antonio Olmedo, actualmente nominado a los Premios de la Crítica Literaria Valenciana, la mejor de las suertes y un largo recorrido, pues a su parecer es uno de los libros de poesía más interesantes que se han publicado en Valencia durante el pasado año.

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Collage de las fotografías comentadas. (José Luis Vila Castañer)

Entrevista y recital

Vicente Barberá, en adelante (V.B.), confesó que su amistad con Blas Muñoz (B.M.) se remonta diez años en el tiempo. La culpa de su primer encuentro fue de Joaquín Riñón, ya que los invitó a ambos a la boda de su hija mayor. Aquel fue el momento fundacional de El limonero de Homero, grupo literario con el que han ofrecido más de cuarenta recitales, tanto en Valencia como por el resto de la geografía española. Siguiendo con las palabras de Barberá, admitió que de Blas admira muchas cosas, por ejemplo, su meticulosidad a la hora de trabajar los poemas. Blas es un arquitecto del verso, perfecto conocedor del metro clásico, en su poética abunda el verso medido y su escrupulosa y precisa armonía siempre ha dado que hablar en los corrillos literarios. Por este motivo, Barberá contó que expuso uno de sus poemas a Muñoz Pizarro, fue en el año 2007, y el poema en concreto “El triunfo del amor”. Este gesto es una costumbre cotidiana entre los miembros de El limonero, ya que su amistad y también la experiencia y magisterio de sus componentes hacen posible que de unos a otros opinen de sus obras con naturalidad, con la sana aspiración de aprender y perfeccionar sus textos. El laudo de Blas no dejó indiferente a Vicente, ya que le escribió dos folios de correcciones y recomendaciones demostrando lo que ya sabía: siempre se ha tomado la poesía muy en serio.

Barberá siguió comentando con vehemencia que admira a Muñoz Pizarro por su capacidad para interpretar el sentido de los poemas, su vocación docente unida a su habilidad para desentrañar esa historia subterránea de los versos lo convierten en un artista de lo formal, un excelente poeta, de mucho oficio, perfeccionista y con dominio de la técnica, en definitiva: un maestro con mayúsculas.

V.B: — ¿Para ser un buen poeta es necesario el dominio de la técnica?

B.M: —Sí. Es preciso practicarla hasta dominarla, como también es preciso el proceso de corrección. Hay que escribir métrica sin contar los versos. Antonio Machado decía: líbrate del verso cuando te esclavice. El poema no debe forzarse.

(Pascual Casañ recita el poema “De anaranjadas sombras” contenido en el poemario La mirada de Jano).

V.B: — ¿Por qué ahora no escribes poesía?

B.M: —Nunca me obligo a escribirla. Tampoco sé por qué lo hago cuando la escribo.

V.B: — ¿Es verdad que sufres mientras escribes?

B.M: —Sí, si el poema no es bueno. Si eres exigente con tu trabajo siempre hay una insatisfacción al no estar seguro de dar al poema lo que este te pide. Generalmente, el poema me revela su mensaje cuando lo termino.

V.B: — ¿Qué es la poesía para ti?

B.M: —Si hablara como profesor, diría que es una transgresión, la separación del significante y significado para crear esa grieta abierta en el signo (palabra, poema, obra) una nueva significación. Pero sería insuficiente. La poesía no se agota en ninguna definición, y menos aún si se pide brevedad. En el acto poético, de escritura o de lectura, la realidad se muestra como una revelación intensa por la que una inteligencia emocionada crece en conocimiento y en comunicación. En otras palabras, es la palabra justa en el momento preciso con una carga de emoción que no empañe el poema pero que actúe en el lector.

(Antonio Mayor recita el poema número diez de “El paso de la luz” contenido en el libro De la luz al olvido).

V.B: —De tus poetas preferidos cita tan solo cuatro, tres españoles y uno extranjero.

B.M: —Podría decirte el nombre de 34 poetas. Pero te diré: Garcilaso, Góngora, Claudio Rodríguez y Rilke.

(Recita Joaquín Riñón el poema titulado “Como otras veces” incluido en el libro La mano pensativa).

V.B: — ¿Por qué elegiste el poema titulado “Si de mí hablo” para que aparezca en el díptico?

B.M: —Porque podría decirse que ese poema es como mi propia poética. Nunca sé lo que voy a escribir, cuando escribo no sé a dónde voy. Es al final del poema, como he dicho antes, que el poema se revela, excepto en los poemas de ocasión, dedicados, o cosas así.

(Se proyecta el vídeo realizado por Virgilio Fuero, en el que él mismo recita el poema titulado “Im promptu” perteneciente al libro De la luz al olvido. Terminada la proyección, Fuero regala al poeta el CD con la grabación del mismo).

V.B: — ¿Después del Premio de la Crítica Literaria Valenciana qué otro premio de los que has conseguido consideras más importante?

B.M: —Quizás el Premio del Gobierno de Aragón que me fue entregado por el libro La herida de los días.

(Recita Juan Ramón Barat el poema titulado “Insomnio” incluido en los pecios de la antología De la luz al olvido).

V.B: — Si El limonero de Homero no fuera perfecto ¿cómo podría serlo?

B.M: —Con la interacción de todos ha mejorado con los años. Todos hemos mejorado. La amistad permite decirse con sinceridad las imperfecciones del poema para mejorar.

(Recita Mar Busquets el poema titulado “Nana de tu ausencia”, perteneciente al libro El Limonero de Homero III).

Vicente Barberá anuncia que El limonero de Homero ya prepara su cuarto libro conjunto y da comienzo la ronda de preguntas rápidas.

V.B: — ¿Qué admiras de un poeta?

B.M: —Autenticidad.

V.B: — ¿Qué te hubiese gustado ser además de poeta?

B.M: —Lo que soy.

V.B: —Algo que detestes.

B.M: —El orgullo.

V.B: — ¿Dónde te gustaría vivir, que no sea Valencia?

B.M: —En Cuenca.

V.B: —Nombra un poeta vivo al que admires.

B.M: —Francisco Brines.

V.B: — ¿Cerveza o vino?

B.M: —Vino.

V.B: — ¿Pintura o poesía?

B.M: —Poesía.

V.B: — ¿En qué te gustaría ser mejor?

B.M: —Me gustaría ser mejor como padre, esposo y abuelo.

V.B: —Cita un poema cuya lectura haya sido importante para ti.

B.M: —El primero de Don de la ebriedad de Claudio Rodríguez.

(Termina la ronda de preguntas rápidas y Blas Muñoz lee algunos de sus poemas).

En primer lugar, el poeta da lectura  al poema “Ella bajo la lluvia” de 1972, inspirado en la fotografía expuesta anteriormente de su esposa Merche, cuando era joven, tomada en la estación de tren de Aragón.

Seguidamente, Muñoz Pizarro comenta que su amigo José Luis Parra le dedicó el poema “Cortes de luz” en su último libro, un texto en el que se evocan los tiempos difíciles de la posguerra. Razón por la cual, Blas Muñoz lee el poema citado y además el poema “1950 (por ejemplo)”, perteneciente a su poemario La herida de los días y lo dedica y lee con tanto cariño hacia su amigo que no puede evitar emocionarse.

Para terminar sus lecturas, Blas recitó un soneto clásico titulado “La mano pensativa” contenido en su libro de mismo nombre.

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Escritores que leyeron poemas del autor invitado. (José Luis Vila Castañer)

Ronda de preguntas del público

Juan Ramón Barat: —Cuando te leo siento que se te entiende, pero con profundidad, eres claro y profundo a la vez. ¿Defiendes claridad y profundidad en la poesía?

B.M: —Pienso que a eso deberían responderte los lectores. Cambio de registro y es muy difícil etiquetarme. En mi libro En la desposesión hay algo de poesía hermética, pero la claridad o el hermetismo vienen dados al autor. Pertenezco a la generación novísima por edad y en mis inicios bebí de ellos, de su culturalismo.

Rafael Pla López: — ¿Una buena poesía debe sorprender o sonar?

B.M: —La sorpresa o la ruptura son relativas, a veces son mínimas, pero necesarias. Hay que prescindir de tópicos, huir de lo trillado. Si suena mucho un poema, malo. Hay que buscar siempre la voz propia.

Salvador Garay: —Me sorprenden tus poetas favoritos.  ¿Qué fue de aquel Blas amante de Rafael Alberti en sus comienzos?

B.M: —He admirado a muchos, Luis Felipe Vivanco, Leopoldo Panero, Manuel Álvarez Ortega, aunque he ido por etapas. He bebido de muchas fuentes y de Alberti bebí cuando fui adolescente.

Ricardo Bellveser: —En que puede haber poesía no escrita supongo que todos estaremos de acuerdo. Yo también abogo por la claridad en la poesía, las vanguardias espantaron a mucho público de la poesía, tanto experimentar hizo que la mayoría de personas no comprendiesen los poemas. Hay que recuperar la poesía-verdad.

B.M: —Sin dejar de estar de acuerdo, pienso sin embargo que la poesía debe tirar del lector, debe hacerlo crecer. En la ruptura, en la grieta está el poema. También es necesario un punto de extrañeza para desarbolar las convenciones y empujar al lector a terminar el poema.

(A petición de Vicente Barberá una persona del público se presta voluntaria para dar lectura al poema que figura en el díptico y con el que se clausurará el evento).

Antes de dar lectura al poema “Si de mí hablo”, el voluntario confiesa haberse emocionado con lo expuesto en el acto.

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Ronda de preguntas del público. (José Luis Vila Castañer)

Despedida

Vicente Barberá agradece la presencia de todos los asistentes y cede la palabra a Vicente Bosch, Directivo del Ateneo, que emplazó a los allí presentes a interesarse por la próxima entrega de los premios literarios que organiza y concede el Ateneo Mercantil de Valencia, una previsible fiesta de las letras que tendrá lugar los días 10 y 11 de mayo. Por último, despidió el evento no sin antes agradecer al público y a todos los participantes su presencia y colaboración.

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Foto general. (José Luis Vila Castañer)

Crónica publicada en Todoliteratura.es:

http://www.todoliteratura.es/noticia/12151/poesia/escritores-convocados-por-clave-ofrecen-un-recital-por-el-dia-internacional-de-la-mujer.html

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El pasado jueves, 9 de marzo, la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios (CLAVE), presidida por el poeta Juan Luis Bedins, convocó a escritores socios y no socios, para conmemorar el Día Internacional de la Mujer mediante la celebración de un recital, de nombre “Versos para la libertad”.

En un intento por abrazar a personas ajenas a este colectivo señero —según palabras de su propio presidente— y ampliar su invitación cultural a la vez que reivindicar los derechos de la mujer, a partir de las 19:30 horas dio comienzo un recital en el que el propio Bedins hizo las labores de presentador y además, Anna Moreno Morera intervino como flautista interpretando varias piezas musicales de corte clásico.

Es justo mencionar que la poesía fue la gran protagonista de las lecturas, pero también la prosa tuvo su lugar en forma de microrrelatos, ambos géneros alternaron con la música de manera equilibrada y exquisita, algo debido a la buena organización y la altura literaria de los artistas convocados.

A continuación, la lista de participantes:

Amparo Andrés Machí, Amparo Peris, Amparo Santana, Ana Giner, Ana Mª Arroyo, Arantxa Esteban, Beatrice Borgia, Blanca Villanueva, Blas Muñoz Pizarro, Carmen Carrasco, Cecilia Lombardia, Emi Zanón, Enna Villarroya, Esperanza Vives, Felicidad Domínguez Faine, Irene Estrada, Lucía Boscá, Manuel Emilio Castillo, Manuel Quiroga Clérigo, Mar Busquets, Mila Villanueva, Olaya Bellver, Paco Tejedo, Rosa Montolío, Rosa María Vilarroig, Juan Luis Bedins y Heberto de Sysmo.

Imprevisual Galería (Doctor Sumsi, 35), es la sala de exposiciones donde se celebró dicho acto. Arístides Rosell, artista y gestor cultural de origen cubano, fue el anfitrión. Desde que Rosell constituyó esta galería en el año 2004, en el emblemático barrio de Ruzafa, ha convertido este espacio en un enclave singular donde el arte pictórico se cita y combina con otras artes, y se ha distinguido haciendo alarde de su concepto de «gestión integral del arte», conexionando artistas y proyectos culturales en todo el acontecer del arte contemporáneo.

 

 

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Blas Muñoz Pizarro

 

Título: La mano pensativa

Autor: Blas Muñoz Pizarro

Editorial: Ediciones Fecit (en colaboración con el Ayuntamiento de Lodosa)

Número de páginas: 65

Género: Poesía

Fecha de publicación: 2012

País: España

 

     Con una breve pero sugerente acuarela de Susana Benet en la portada, Blas Muñoz nos presenta su poemario La mano pensativa, ganador del “XXVIII Certamen Poético Ángel Martínez Baigorri 2011”. Dicho premio, organizado por el Ayuntamiento de Lodosa (Navarra), fue fallado el 9 de Marzo de 2012 con un jurado compuesto por: Daniel Aldaya Marín, Javier Asiain Urtasun y Victor Izco Cruz, quienes consideraron a la obra de Muñoz Pizarro la justa merecedora de tal galardón.

     Susana Benet, no se limita a ilustrar la cubierta del volumen, sino que también firma un excelente prólogo que resulta una magnífica introducción al lector. Recordemos que Susana, es toda una institución en el mundo del haiku cultivado por occidentales, una autora paradigmática —si se me permite— en este formato poético para algunos, vía espiritual para otros, ya que conjuga como nadie la dimensión humana con esa mirada trascendente del haijín en un arriesgado carácter de estilo que su talento y oficio le han hecho distinguirse como autora de haiku, y es precisamente ese leit motive, el haiku y otras formas poéticas japonesas, las hormas escogidas por Muñoz Pizarro para este poemario.

     La mano pensativa comienza con un fragmento de la obra “Círculo total”, y dice así: …un bosque, ya extinguido, por donde el hombre pasa, materia incandescente, de la luz al olvido. Y en estos versos, el poeta encuentra un motivo vehicular para toda la obra, ya que le sirven para subtitular cada bloque; de alguna manera, esta estrofa une los diferentes bloques y cohesiona el conjunto referenciando con ello la cuadratura de su propio título. Tras este metafísico envido encontramos el único soneto del libro, —y pieza clave— titulado igual que la obra, una  pieza que sirve de fantástica apertura, no sólo ya por su temática, pues habla acerca de los elementos y de la importancia de trascender al tiempo mediante la escritura, sino por la sonoridad de su rima, un soneto de estilo clásico con ritmo interior, que contrasta enormemente con la blancura de los haikus posteriores. La importancia de este soneto en el libro es su valor enunciativo, ya que advierte que el autor, en lugar de aludir a las estaciones del año —rasgo fundamental en el haiku de lo sagrado— utilizando palabras kigo, Blas Muñoz utiliza los cuatro elementos de la naturaleza como síntesis “estacional” y eje humano, trascendiendo con ello el valor polisémico de lo matérico. Quizá por ello, por ese contraste tan notorio, y por la indudable belleza y síntesis del endecasílabo clásico, haya escogido el autor esta forma poética para comenzar su andadura.

     “Haikus de la piedra en el agua” es el primer bloque de versos, repartidos en veinticinco poemas, hecho que se repite en los bloques posteriores, veinticinco senryus y veinticinco tankas, lo que dota al conjunto de una armónica simetría. La estructura métrica que utiliza el poeta es la del haiku clásico, diecisiete sílabas distribuidas en tres versos sin rima: 5 / 7 / 5. Iniciados ya en ese bosque metafísico, encontramos joyas de valor pictórico como: Vuelve a llover, / se desbordan los cálices / de los narcisos. Este es un buen ejemplo de la plasticidad, pictoricidad y sonoridad de la palabra lírica en Muñoz Pizarro, cualidades que estarán presentes durante todo el libro. Atendiendo a la preceptiva de los maestros japoneses, los haikus de Blas Muñoz tienen como eje matriz el principio de la subjetividad, pero en la traslación al papel de esa mirada trascendente del artista, ese principio implica la idea de interioridad y particularidad. Dos profundos escenarios: el universo de la naturaleza  y la conciencia humana; el lienzo en el que esa coalescencia ocurre es la palabra, la palabra poética. Esta articulación sucede cuando la animación atraviesa y supera la mera presencia de los objetos para convertirse, así, en apariencia espiritual, en transfiguración de los motivos representados.

   En la maraña / del granado sin hojas, / un petirrojo. He escogido este haiku porque su alusión al suceso —rasgo imprescindible del haiku verdadero— es sutil hasta el punto en que algunos podrían considerarlo zappai; el zappai es otro formato poético que respeta la estructura métrica del haiku clásico pero prescinde del suceso. Es tan densa como luminosa la sensibilidad y riqueza de matices en la escritura de Muñoz Pizarro, recordemos la dificultad de este tipo de poesía oriental, un parangón de imagen y síntesis que fue popularizado Bashô. Además de ceñirse al cómputo de diecisiete sílabas sin rima, lo cual obliga a desdeñar la retórica y el artificio, hay una exigencia en cuanto al protagonismo del yo lírico, una frontera a veces no muy bien definida y que, como en el caso del libro que nos ocupa, no siempre es tan sencillo demarcar.

     En “Senryus del sueño de la tierra”, el segundo bloque, Muñoz Pizarro hace gala del oficio de un autor que lleva toda una vida dedicada a la escritura y ha cosechado numerosos éxitos, no en vano alcanza cotas de lírica madurez: Entre sus dedos / latía el corazón / de las palabras. Aquí el lenguaje y el ser humano se entremezclan, ya amparados por la permisividad del senryu, y lo metapoético florece para aportar su prisma a este poliedro sensorial: Cae una lágrima / como si fuera un punto: / fin del poema.

     En “Tankas de la sombra del fuego”, tercer bloque del poemario,  la poesía de Muñoz Pizarro se intensifica en registros dada la mayor amplitud que ofrece el formato, no sólo en extensión, sino de contenido, y con dos heptasílabos más es capaz de crear poemas como estos: Junto al jazmín / han crecido alhelíes / que no he plantado: / ¿Quién puede rechazar / un regalo de nadie? Existe la contemplación del hombre frente a la Naturaleza, existe el sacro vínculo de la persona con el mundo, hay reflexión: En las paredes / de esta casa de campo / abandonada / la humedad sueña sombras / de los que aquí vivieron. No conviene desvelar en esta reseña más poemas que los citados, animo a los lectores a zambullirse en su lectura y a descubrir por sí mismos, tanto la polivalencia de Blas Muñoz Pizarro, como los múltiples registros que la poesía oriental nos ofrece.

     Un poema en verso libre y una cita de Octavio Paz, cierran una obra bien estructurada y figurativa, coherente con la voz y forma poética del autor. Si como el propio poeta reconoció durante la presentación del libro en la Sociedad General de Autores y Editores de Valencia, este trabajo fue emprendido como descanso de su obra Viva ausencia (Diputación Foral de Álava, 2010), es decir, escrito en intervalos donde el artista necesitaba salir de los corsés del canon más estricto de estructuras clásicas para oxigenarse e impulsar su creación; si es así, entonces, bendito sea ese descanso del guerrero.