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Ignacio Caparrós fotografiado por Pepe Ponce (Droga dura, 2014).

 

Artículo publicado en la revista “Rewe des Sciences du Langage”. Publicación editada por el Laboratorio de Ciencias del Lenguaje de la Facultad de Letras y Lenguas de la Universidad Ammar Telidji de Laghouat (Argelia):

file:///C:/Users/Heberto%20de%20Sysmo/Downloads/Revue_des_sciences_du_langage_n11_juin_2017-1.pdf

 

El idioma es la fuente de todo.

Gonzalo Santonja

 

 

Cada verso contiene

una pequeña vida luminosa.

Cada poema entero

una resurrección.

 

Antonio Porpetta

 

 

Du reste, toute parole étant idee, le temps d’un langage universel viendra!…

Cette langue sera de l’áme pour l’áme, résumant tout, parfums, sons,

couleurs…

Rimbaud, Carta a Paul Demeny, 15 de mayo de 1871

 

 

  1. IDENTIDAD Y LENGUAJE

 

Es poco demostrable que los seres humanos en el amanecer de los tiempos, y habiendo adquirido ya un código común para comunicarse, utilizasen esa ventaja, la de expresarse, transmitir pensamientos y emociones, órdenes, y así organizarse mejor en grupo para someter a otros grupos que todavía no habían alcanzado ese tipo de desarrollo cognitivo. Pero en la teoría, todo apunta a que los “hablantes” podrían haber provocado la extinción de otras especies, gracias a las ventajas proporcionadas por el lenguaje, garantizando con ello su supervivencia (Miquel Serra, et al. 2000, 93).

Todo lenguaje es una invención, en primer lugar, y después, dada la naturaleza comunicativa de dicha herramienta, es necesario que se transforme en una convención. Llegamos al lenguaje movidos por una necesidad, y su aparición no es otra cosa que una adaptación al medio de nuestras capacidades cognitivas. Somos seres pensantes y sintientes, algo que no impide al lenguaje, aun habiendo aparecido con posterioridad a la conciencia, ser el elemento necesario para que ella misma se desarrolle y madure. Nuestra cabeza bulle, tenemos necesidades de toda índole, vivimos en un mundo físico de características peculiares, y no menos peculiares son los rasgos de otros seres con los que nos “relacionamos”. El hecho de vivir es una invitación forzosa a crear un lenguaje; si es que nosotros, como individuos, acaso no somos el enclave panspérmico para que el lenguaje sea.

El paso del tiempo y la evolución mental del individuo, propiciada a buen seguro por esa habilidad comunicativa también en evolución, hacen que el sistema fonético se trasunte al plano fonológico, pasamos de la oralidad y el gesto a la materialidad, a la escritura. En ella pensamos que culmina como obra el camino expresivo del ser humano. Pero para adquirir el valor de obra total debemos añadir todos los lenguajes vinculados a las artes: pintura, danza, escultura, música, etc. Cualquier sistema comunicativo ha sido sublimado de los primeros gruñidos que emitieran nuestros ancestros.

Las lenguas derivadas del latín hacen que asociemos los pensamientos análogos de manera sintáctica, mientras que las lenguas anglosajonas producen un efecto paratáctico (Eco, La estructura ausente, 1968). La obra poética de Ignacio Caparrós Valderrama (Málaga, 1955-2015) es, sin duda, relacional. Pero, si bien su percepción latina tiende a relacionar elementos compositivamente hablando, su lectura obliga a relacionar los mismos elementos de manera inversa. Pero ello no supone una finalidad argumental en sus poemas, sino una herramienta vehicular y lingüística de la que el autor se sirve para guiar al lector.

Caparrós, como hablante poético, escogió la poesía como idioma. Sus poemas son textos de resistencia, una oposición artística, intelectual, animal y moral, contra el silencio, contra la ignorancia, el sinsentido, la injusticia, lo absurdo y otros rasgos atávicos que dimensionan la conciencia humana.

Al igual que los antiguos padres de nuestro habla, precursores de cuantas lenguas hoy inventariamos, Caparrós se aferró a la poesía para sobrevivir, y lo hizo, como pocos, hasta sus últimas consecuencias. Este reducto cultual, capaz de trascender tanto en quien lo escribe (función terapéutica), como en quien lo lee (función social), fue la tabla de salvación para un poeta que no concebía su vida sin poesía.

Su «puesta en abismo» fue obligada desde el momento en el que eligió ser en el lenguaje.  Sobrevivir en el lenguaje, al principio, y sobrevivir por el lenguaje, al final, fueron etapas vitales en la vida del poeta, quizás iniciadas de manera inconsciente, pero advertidas de forma tan contundente como desencantada. Esto ya puede apreciarse en el valor catafórico de su primer título Sombra de la sombra que soy (1993); donde la imposibilidad de ser lo que uno es en el plano experiencial, contrasta análogamente a la insuficiencia del lenguaje, en el plano textual, ya que utiliza la convención del símbolo para referenciar a un objeto real que jamás será.

Para encontrar la identidad transfigurada en los poemas de Caparrós hemos de de tener en cuenta las funciones del lenguaje enunciadas por Jakobson, en concreto, la función poética (Jakobson, 1975 [1960]). Muchas de las figuras que estudian los schémata lexéos de la retórica son atribuidas a la identidad, y es que las figuras y tropos son fundamentales en la creación literaria, pero a su vez son elementos clave para esclarecer la identidad de elementos en el poema.

Superada la teoría figural del ornatus, las figuras no son elementos decorativos o de relleno, son un componente activo y dinámico del poema, en buena parte responsables de la literariedad de un texto, que desde su dimensión elocutiva poemática conducen al lector a la globalidad del poema, no sin antes instarlo a una particular hermeneia poiética.

Un poema es más aprendible que explicable, cualidad que comparte con el propio lenguaje. Ese rasgo experiencial es unívoco al innatismo para la poesía de un autor. Caparrós nació poeta y su inmensa vocación provocó su enamoramiento con las palabras. Palabras, ya no como significantes de un significado, sino con vida propia. Elementos vivos, con cualidades propias, en constante fusión, evolución y cambio, algo comparable a la poesía y prosa[1] de Caparrós, estadios en los que el poeta indagó los resortes y límites del lenguaje en una particular prospección dilatada durante más de dos décadas.

El plano fonofonológico del poema ofrece uno de los campos de información más ricos. Caparrós, como especialista en la estructura interna y clásica de la composición poética, tiende a cultivar el metro, el ritmo, y en ocasiones, la rima. Sus textos rezuman una musicalidad armónica que no debe pasar desapercibida a quien analice su obra. De tendencia al verso blanco, de arte mayor y axis heteropolar, su poética es amplia y profunda, la plasticidad y variación de sus formas adquiere en su estilema un valor heterocrónico.

Su pasión-neotenia es la responsable de su compromiso renovador en el discurso. Desde que Ignacio comenzó a escribir parece haber adquirido la responsabilidad de, no solo otorgar un legado literario de inmenso valor, respirar por la herida, sino hacernos replantear las convenciones de un género poético, para algunos, adocenado; además de empujar los márgenes creativos mediante una vocación experimental que expresa en sí misma el máximo respeto que el poeta sentía por la palabra y la poesía.

  1. SISTEMATIZACIÓN Y VARIACIÓN

Ser en el lenguaje obliga a fluctuar tanto ejes temáticos, como léxico, plano de la representación y actores líricos. La volubilidad de la conciencia empuja al dinamismo a todo aquello que pretenda ser su trasunto. Ello no impide, como ocurre en la poesía de Caparrós, que en su reflejo lingüístico perseveren ciertas constantes y cada variación sea coherente con el resto de la obra. Así, en su libro Heredero del aire (Alhulia, 2001), en el poema “Deseos” encontramos estos versos:

Reposa una libélula inquietamente

apenas sin rozarlo.

Así son los deseos,

belleza en la belleza

de lo fugaz en lo fugaz del aire,

tacto apenas, caricia ingrave

de lo hermoso y mágico

sobre la piel inviolada del misterio.

Y ese dolor que dejan sus perfumes

cuando la lluvia colma sus corolas.

Nos hacen poseer el mundo

y de él nos dejan huérfanos para siempre.

Este libro fue escrito entre 1996 y 1997, tres años después de su primera publicación, y ya encontramos en él factores clave que aun deformados —según su posterior posición final—, ya indican patrones que serán reconocibles en su metodología.

La disposición de estos doce versos está distribuida en tres estrofas, de manera simétrica en su modelo compositivo, algo que se convertirá en un recurrente rasgo de estilo. Aunque los quinto y sexto versos riman en asonante, el resto del poema está escrito en verso blanco, tendencia general en su poesía. Como también será tendencia su escrupulosa combinación de versos imparisílabos, especialmente endecasílabos, heptasílabos y alejandrinos. Y siguiendo con la auscultación de vetas que más tarde se irán ramificando y consolidando, el uso del encabalgamiento en estos versos es suave, un recurso del que nunca abusará, pues su tendencia natural es al verso esticomítico. El único hablante lírico del poema se expresa en primera persona del plural, rasgo circunstancial adecuado al mensaje. Libélula, lluvia y corolas son sus tres actantes, naturaleza modélica que permite la metáfora del deseo, tema nuclear, el cual es abordado de forma filosófica y con el desencanto propio de tratar de alcanzar una utopía imposible.

También entre 1996 y 1997 Caparrós escribió La fruta, la mano (Alhulia), aunque fue publicado en el año 2003. En este libro se encuentra el siguiente poema sin título:

Una mano que escribe

o está ensangrentada o nunca

se podría decir que da vida a los mármoles.

Pues no cabe en un verso

sino escaras sin vendas

y el desnudo semblante de la perplejidad. (Caparrós, 2003, 27).

Volvemos a encontrar simetría en su sistema compositivo. No solo en la distribución estrófica, sino también en el plano métrico (espejo), reconocible en esta escansión: 7-7-14 / 7-7-14. A lo que hay que añadir un perfecto equilibrio se sílabas tónicas; ambas estrofas poseen la misma tonicidad, en el mismo orden. Si la primera estrofa refiere al dolor como proceso necesario para que un autor alcance la capacidad de conmover, en la segunda, el poeta alude a la poesía-verdad como modelo a imitar para ser coherente con lo escrito. Datos interesantes si tenemos en cuenta que dichos conceptos: la herida y su enseñanza, su no ocultación, la sinceridad en el poema como paso a la naturalidad, son referencias que resultarán constantes en su poética.

En La fruta, la mano asistimos a una particular florescencia semiológica. Los frutos y las extremidades superiores alcanzan la condición de símbolos, y al hacerlo, su imagen, su significación, su orden, todo se invierte y convierte en un maravilloso juego de palabras que en manos del poeta es un vehículo dilogístico para la fascinación del lector, pero también para su extrañamiento. La mano, como instrumento hacedor, dinámico y tocante al mundo físico, a cuanto deseamos, es piadosa o cruel, víctima o verdugo. De igual forma la fruta es el fruto, pero también semilla, fruto del fruto, causa o efecto.

Esa desautomatización de los roles, también de la identidad que otorgamos a las cosas y en las que tratamos de reconocernos, además de ser un recurso literario creado por el formalismo ruso, se vuelve algo vital cuando tratamos de describir el mundo y definirnos, ya que en la volubilidad el mundo existe y coexistimos y nada no flexible podrá retratarlos con precisión.

La tmesis está presente en cada uno de los poemas de Droga dura. Conociendo lo incómodo que resultan los adverbios terminados en «mente» como terminación de verso, el poeta invierte esa tónica y precisa de ese tipo de adverbios, aunque con la visible división de la tmesis, para aludir a esa mente enfermiza que sufre las circunstancias de la vida y el poema: cuna ontogénica de la identidad.

Por eso perdonad mis esquiveces

de afilado iceberg a la deriva

por esta mar de lava congelada,

que muere, levantando un monumento

a la piedra que, temblorosa-mente,

da fe del frío fuego que la afirma. (Caparrós, 2014, 61).

Lava congelada, frío fuego, incluso ese morir levantando un monumento, dan buena cuenta de la riqueza en figuras retóricas que posee la poesía de Caparrós. Sus imágenes responden a un alma contrariada, feliz en ocasiones, pero atormentada. El contraste de fuerzas expresivas es notorio en esta estrofa. Como también la aliteración de la letra «f» en el último verso. Con referencia a este libro:

[…] Destaca la antítesis, a la que le siguen la paradoja y la hipérbole. Y ello tiene cierta lógica, dado que bajo los efectos de la “droga” todo es y no es a un tiempo. La realidad se inventa o se desvanece, al tiempo que soñamos el mundo y somos a su vez soñados. A ello hay que añadir una sobria retórica muy cernudiana.

Antonio Romero Márquez (Droga dura, 2014, 16)

Esta obra posee un fuerte carácter etopéyico. Toda su obra lo es, en mayor o menor medida. Dicha filtración etopéyica en los versos, ¿qué puede desvelar? Sino la propia identidad. Su retrato involuntario va dibujando un mapa psicológico donde se encuentran las claves de la personalidad del poeta.

Hablaba Romero Márquez en la cita anterior de una retórica muy cernudiana como influencia en Caparrós, y en cuanto a la influencia de otros autores en su poética, entre los que podemos citar a: Rimbaud, Rilke, Pavese, Hölderlin, Trakl, Kavafis, César Vallejo o Rubén Darío, creo importante destacar la influencia de Charles Baudelaire. Las flores del mal resultó ser una lectura impactante en sus años de adolescente, tanto, que se propuso hacer su propia traducción, un trabajo en el que invirtió veinte años de su vida. Pero si dicha influencia es patente en alguno de sus poemarios, lo es en El desencanto y otras pesadumbres, sobre el que escribí estas líneas:

El hecho de encontrar en su bibliografía una brillante traducción de la gran obra de Baudelaire Las flores del mal, una versión analógica en la que invirtió veinte años de su vida y consiguió situarse entre las más fieles hasta la fecha, me hace pensar en ciertos paralelismos con respecto a su obra personal. Por un lado, bien pudiera haber titulado Baudelaire a sus flores “Del desencanto y otras pesadumbres” como lo mismo pudiera haber hecho Caparrós, llamando “Flores del Mal” a sus pesadumbres. Curiosamente encuentro más de una semblanza entre estas dos obras, por ejemplo: Baudelaire comienza su clásico con unas palabras al lector a modo de advertencia, lo mismo que Caparrós. Al igual que Caparrós, también entre el desconcierto de formas métricas de las flores predominan las estrofas de cuatro versos y de arte mayor. En ambas obras se utiliza el lirismo entremezclado con la dureza y la sordidez, aunque tal vez Baudelaire imprimiera mayor angustia y oscuridad a sus versos. En ocasiones, el yo lírico de ambas obras deja de proyectarse hacia afuera y se dirige concretamente al lector, de modo que el poeta se convierte en apóstrofe y el poema en la descripción de un mapa. Digamos que la admiración por la figura y obra del poeta francés han servido a Ignacio de inspiración, aunque tal vez, haya sido inconscientemente.

José Antonio Olmedo (Todoliteratura.es, 2014)

Los puntos de unión con Baudelaire en El desencanto y otras pesadumbres, sirvieron a Caparrós para exorcizar unos demonios que lo atormentaban en el plano real. El desencanto y la pesadumbre invitaron a una acostumbrada melancolía a llenarse de sombras, a guarecer su huída en una descarga de tensión más parecida a un ataque-defensa virulento. La realidad social y sobre todo, una situación mental insostenible por el mismo motivo, convirtieron a este poemario en una catarsis en la que cada verso golpea al lector con atinada puntería.

He puesto en valor anteriormente la variedad de registros de Ignacio Caparrós como poeta. La amplitud de su talento lírico es tan vasta como imposible de compendiar en un artículo, por lo que ya me he comprometido en el necesario proyecto de un libro para su estudio. No obstante, sí me gustaría citar algunos hechos de su poesía que la han diferenciado del resto, al tiempo que le sirvieron para exteriorizar una eléctrica inquietud por descubrir lugares nuevos en el lenguaje.

«Por más nimio e intrascendente que sea algo, es susceptible de ser poetizado… ¿Por qué no hacerle un poema a un tapón o a un mojito?». Con esta pregunta retórica justificaba Caparrós su pluralidad temática. Puede entenderse que el objeto a poetizar no es más que un pretexto para contar una historia o revelar un pensamiento, en el que la forma dirá tanto como el fondo y cada figura y gradación de tono serán acordes al clima psicológico. En este modus operandi su metodología es análoga a la del poeta José Hierro. No se trata de trivializar la poesía, ni de buscar en lo aparentemente devaluado un elemento para diferenciarse de la masa. Si no de describir lo inefable, lo trascendente, a través de lo cotidiano. La poesía de Caparrós es sincera, pero también pedagógica. Un irrefrenable impulso de superación, unido a su erudición y gusto por los desafíos, hizo que cada poemario fuese un amalgama de referentes culturales y descubrimientos formales sobre creación literaria.

Así encontramos el libro Aguas sin Cauces (2006), tercero de una tetralogía compuesta por: El cuerpo del delito (1996), La fruta, la mano y La llama rota (2003), en el que el poeta escribe más de ochocientos versos sin utilizar un solo verbo (conjugado). Este hecho es un paralelismo con su argumento, puesto que los poemas narran una historia de amor imposible entre dos amantes, y ante esa tortuosa imposibilidad de la acción de amarse, toda acción es prohibida representativamente en la omisión del verbo. Todo un reto superado en un alarde de creatividad.

Ni tú, ni yo, ni nadie,

más allá del olvido.

¿Para qué tanto traje,

ni tanto compromiso?

Mañana, por el aire,

el agua en mil añicos.

Y, muertos verticales,

todos los versos míos. (Caparrós, 2006, 27)

Caparrós, no solo aborda esta compleja empresa, imposible para otros autores, con decisión, y la sortea, sino que a su dificultad —como en el poema citado— añade métrica en los versos (heptasílabos) y rima asonante.

Armado de una voluntad y talento prodigiosos, y por citar solo un ejemplo más de su singular creatividad, me referiré a Titúlame (2011), cien poemas sin título que Caparrós divulgó por los medios de comunicación para alentar a los lectores a descubrir los cien títulos de los poemas. A la persona que le revelase ese centenar de epígrafes le obsequiaría con cinco mil euros. Toda una ocurrente campaña de promoción, pero también de invitación a la indagación y la lectura.

III. COHESIÓN POEMÁTICA

Cercano por edad a la generación novísima, la poesía de Caparrós posee un fuerte valor culturalista. Si es la entidad del autor, su conciencia de ser y sus tribulaciones, aquello que se desgaja y transparenta en cada uno de los veintidós poemarios que componen su bibliografía, su poética hace una particular lectura de la tradición, y en sus postrimerías busca acomodo, siempre buscando nuevos límites a través de la variación y experimentación. Su poesía se sistematiza en la dramatización de un yo que busca espacio y tiempo para compartir sus reflexiones. Ese yo responde a una actorialización lírica de su propia conciencia, la cual va vertiendo su mensaje en un código lingüístico que encuentra en sus figuras y tropos la equivalencia significativa a sus pulsiones.

El modus essendi o componente sustancial en el hablante lírico del poemario titulado Templos vacíos (2007) se compone de los atributos de treinta voces, en concreto, treinta héroes, mitos o dioses como: Prometeo, Cristo, Adonis, Sirena, Ganímedes, y entre los cuales Caparrós introduce como un demiurgo más, al Poeta. Esta figura es la que clausura el poemario con un discurso en tres partes en el que viene a cuestionar su propia heroicidad, la fe ciega a sagrados cenotafios  y apela a la desnudez y la duda como únicas vías para alcanzar, tanto el valor de la experiencia, como la autenticidad frente al lector. Dicha heterofonía está personalizada en la mayoría de los casos, en los que el héroe se expresa en primera persona, y en sus laudos, además del mensaje el autor, podemos ir cotejando los milagros o  hazañas atribuidas a su historia. Este poemario es, por completo un homenaje a la riqueza cultural religioso-mitológica, pero a su vez una profunda crítica a la ceguera de la fe.

La cohesión poemática en la poesía de Ignacio Caparrós es evidente si hacemos una lectura general de su obra, solo al dimensionar sus textos como un conjunto adquirimos la cosmovisión necesaria para poder señalar aspectos troncales y dirección de su heteroglosia, ya que sus aspectos formales van cambiando en cada libro, así como la escenificación y personajes de sus poemas, lo que obliga a buscar una perspectiva adecuada ante cada texto poético.

La polifonía, la liquidez del sujeto lírico, la amplitud de formatos, toda variación está justificada y es coherente en la obra poética de Caparrós, su poesía no tiene límites, cualquier cosa era susceptible de ser convertida en verso para él. Esa universalidad y carácter inclusivo es una característica seminal y conforme avanza en el tiempo va adquiriendo carácter ontológico.

La poderosa semantización de todos los componentes poemáticos y la ilusión motivadora en la relación de significante/significado son principios determinantes de la poeticidad (López-Casanova, 134). Razón por la cual en el tono discursivo y estilo clásico de los poemas de Caparrós adquieren especial relevancia los grafemas, signos pausales, blancos, sangrados, etc.

La unicidad en la poética de Caparrós es poderosa, profundamente humana. Sus poemas destilan una exquisitez por el lenguaje culto, lejos del hermetismo y cercano a la experiencia, que dentro de su clasicismo —al igual que los aspectos formales— tienen una clara tendencia a abrazar la modernidad. Pero una modernidad siempre entendida desde el respeto a la poesía y la palabra.

Droga dura, su última publicación, me parece el sumo exponente en su bibliografía, un volumen que compendia cerca de medio siglo de su poética, puesto que empezó a escribir a los catorce años y anecdótico es que no comenzó a publicar hasta los 38. En este libro, desde el soneto, hasta el romance, el poeta hace alarde de toda su gama de registros métricos. Aquí la culminación de su estilo alcanza su cota máxima; todo tipo de encabalgamiento es utilizado, recursos casi en desuso, como la rima interna, se resuelven en sus versos con grácil agilidad. Su densidad literaria es digna de estudio y divulgación, nada mejor que leerle para introducirse en una mente artística, vital, intelectual y apasionada que vio su vida sesgada por un cáncer a la edad de 59 años.

No soy partidario de las poéticas, salvo cuando están expuestas, poéticamente, dentro de alguna composición lírica. En cualquier caso, se me pide ahora que me manifieste y cedo. La poesía es el más estéril ejercicio a que nadie pueda someterse; mas, por ello mismo, es la más noble actividad que emana del espíritu en estos tiempos en que, según parece, todo ha de tener una justificación, un objetivo material y su correspondiente reconocimiento.

Una palabra se clava entre los párpados, surge una idea, la idea se estremece entre los labios y ya todo es sed, agonía de esa palabra que reclama vida. Para dársela, el poeta ha de morir en sí mismo, arrancarle al silencio su tozuda indiferencia, teñir con sangre el pensamiento, darle voz a lo inefable. De ahí el misterio de la poesía, su críptico mensaje de ultramundo, su creación de imposibles, su subversiva forma de abolir lo estipulado. Sólo sé que sin ella, no tendría razón de mi existencia.

Por lo demás, cuanto de ella sé lo expreso en mis poemas, torpes balbuceos de quien arrastra por el suelo de la cotidianidad las alas del deseo, las cadenas de una sombra inasible, los destellos de un infierno que sólo en mi cabeza existe.

Ignacio Caparrós (Cuadernos del Ateneo de La Laguna, nº6, 1999).

BIBLIOGRAFÍA

—Caparrós, Ignacio. Aguas sin cauces. Servicio de Publicaciones Fundación Unicaja, Málaga 2006, 27.

Droga gura. Centro de Ediciones de la Diputación de Málaga (CEDMA), Málaga 2014, 16-61.

Herederos del aire. Granada, Alhulia 2001.

La fruta, la mano. Alhulia, Granada 2003, 27.

Cuadernos del Ateneo de La Laguna. “Poemas”. Ateneo de La Laguna, nº 6, 1999, 115. Web. 30 mayo 2017.

—Eco, Umberto. La estructura ausente. Italia, Casa Editrice Valentino Bompiani, 1968.

—Jakobson, Roman. “Lingüística y poética”. Ensayos de lingüística general. Barcelona, Seix Barral, 1975.

—López-Casanova, Arcadio. El texto poético. Salamanca, Ediciones Colegio de España, 1994, 134.

—Olmedo López-Amor, José Antonio. “Adiós al poeta Ignacio Caparrós, un grande de la poesía”. La Galla Ciencia. Febrero, 2015. Web. 22 mayo, 2017.

—“Del desencanto y otras pesadumbres: un poemario intenso de Ignacio Caparrós”. Todoliteratura.es, 2014. Web. 25 mayo, 2017.

—Serra i Raventós, Miquel, Elisabet Serrat, Rosa Solé, Aurora Bel, Melina Aparici. La adquisición del lenguaje. Barcelona, Ariel, 2000.

[1] Cuentos de la impotencia (AMC Editores, 1997), fue la única incursión de Ignacio Caparrós en la narrativa. Algunos de los relatos compilados en este libro fueron merecedores de menciones en los siguientes premios literarios: “Cambio de agujas”, Primer Accésit del Premio “Juan José Relosilla” (Málaga, 1989). “La lid”, Primer Accésit del Premio Internacional de Cuentos “Mi querido Borges” (Los Ángeles, California (1991). “Vis a vis”, Mención de Honor del Premio de Cuentos “Antonio Segovia Lobillo” (Málaga, 1994). “Huevo de pascua”, Mención de Honor del Premio de Cuentos “Puebla Lucía” (Málaga, 1992).

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ENSAYO DE UN ENTRÓPICO DESORDEN

El axioma del sofisma

 

Heberto de Sysmo

 

 

 

 

“De algún extraño modo el universo 
es un universo participativo”.
 
John A. Wheeler

Laripse de la Vida

La palabra «laripse» no figura en ningún diccionario. Reconozco, que desde mis inicios como escribiente, siempre me ha estimulado la neología; crear palabras, empujar los márgenes del lenguaje. Pienso que en esta enfermedad, la de expresar el Todo y la Nada a través del verbo, es justo y necesario crear palabras nuevas cuando las que existen, no se ajustan como debieran al mensaje que se quiere transmitir. Anoté aquella palabra en mi cuaderno y comencé a pronunciarla una y otra vez. […] Consideré su esencia femenina. El golpe de voz recae en su segunda sílaba, /rip/, un vocablo muy musical si tenemos en cuenta, que después de pronunciar la primera sílaba, nuestra lengua debe oscilar en el interior de la boca, de abajo a arriba, de arriba abajo, unir los labios y hasta tenemos que entrecortar la respiración para terminar de pronunciarla. Quizá, en su segunda sílaba, radica uno de sus inconvenientes para algunos. O quizá sea uno de sus atractivos. Lo cierto es que a primera vista, sin ser maravillosa, la palabra tiene un encanto especial.

Así que comencé a diseccionarla para interpretar el mensaje de sus signos. Dividí la palabra en dos mitades: “lar / ipse; la palabra «lar», significa varias cosas según sus acepciones: En la mitología romana, corresponde a cada uno de los Dioses de la casa u hogar. En dicho hogar, significa también el lugar de la lumbre en la cocina. Y por último, se utiliza para designar al hogar mismo. Concluí que tal monosílabo, además de ser una palabra por sí misma, refiere tanto a lo cotidiano como a lo divino. Seguidamente abordé la palabra «ipse». Una palabra bisílaba y aguda de difícil pronunciación, pero inquietante. Elipse y eclipse, son dos palabras con su misma terminación, palabras que bien podríamos asociar al Universo por su naturaleza, pero ipse, teniendo la misma terminación que ambas, nos habla del yo, del ego, toda una aseveración pronominal de identidad.

Reunir en una palabra, lo cotidiano, lo divino y el yo, supone algo muy atrayente, y más todavía si tenemos en cuenta, toda la belleza gramatical y sonora del nuevo vocablo.  Lo terrenal, lo celestial y el alma. “…laripse de la vida son los versos / que encauzan el dolor en su armonía”. Aunque es justo reconocer, que el motivo de mi enamoramiento por este término, va un poco más allá de su simbología o su enigmática y nueva construcción. Lo que verdaderamente me atrajo de la palabra laripse, es que leída del revés, resulta ser la palabra «espiral».

Si colocásemos un espejo entre ambas palabras, tendríamos una especie de palíndromo, un reflejo que evocaría la simetría oculta, cierto grado de palingenesia y al contemplar ese magnífico desdoblamiento de la palabra, no sólo morfológico, sino también significativo, descubriríamos ese enclave panspérmico, panóptico y latente por largo tiempo, desde el que podríamos observar, con una nueva perspectiva, el mundo y el lenguaje como un sugerente palimpsesto.

La espiral logarítmica

La espiral me condujo a este poemario. Una espiral logarítmica, equiangular, en crecimiento. Un símbolo antiquísimo, un fenómeno axiomático que se reafirma a sí mismo, mediante constantes manifestaciones en la Naturaleza, en nuestra naturaleza. Su nombre proviene de la expresión de una de sus ecuaciones:

El dibujo de la espiral se repetía en mi mente. Lo reconocía en la grafía de la clave de sol (escritura musical), en la clave de fa, en el Ojo de Horus [1]. Parecía poseer un poder magnético, así que decidí investigar más a fondo, empujado por una sospecha, por un pálpito de origen sofista que poco a poco se iría disipando a favor de la certeza.

La espiral se ha encontrado desde tiempos ancestrales, en la cultura megalítica de todos los continentes. Descubrimientos arqueológicos lo constatan, y aseveran también que su poder semiológico ha jugado un papel fundamental en aquellas culturas donde se representaba. En algunos lugares se utilizó como icono del ciclo: “nacimiento-muerte-renacimiento” del Sol. En la actualidad, la espiral se emplea como símbolo del pensamiento cíclico, lo cual, emparenta esta interpretación con lo fractal y recursivo. Y existe además, en el arte contemporáneo, una corriente llamada espiralista, cultivada por artistas como el escultor canario Martín Chirino, o el pintor cubano Ángel Laborde, cuyos trabajos, abordan la espiral como modelo totémico y divinidad universal.

Fijé después mi mirada en las cosas naturales, cosas que podemos encontrar en una playa o en un campo, como por ejemplo, el caparazón de un caracol. De hecho, en la concha de muchos moluscos, como los Helix o Spirula, la espiral pervive tallada, generación tras generación. Christopher Wren, Jan Swammerdam o Henry Nottidge, dieron buena cuenta de este hecho en sus numerosos estudios naturales, pero fue D’Arcy Wentworth Thompson, quien publicó el libro titulado Sobre el crecimiento y la forma (1917), quien examinó hasta la saciedad la existencia de espirales en la flora y fauna de nuestro planeta. En su libro, D’Arcy describe cómo las conchas de algunos animales se forman siguiendo una curva que rota en torno a un eje, de modo que la forma de la curva permanece constante pero su tamaño aumenta en progresión geométrica. En algunas conchas, como la del famoso Nautilus, la curva generatriz gira en un plano perpendicular al eje y la concha se conforma como una figura discoidal plana. En otros casos, la curva de la espiral sigue un patrón espacial, con forma de hélice.

Thompson también estudió la aparición de espirales en la anatomía de diversos cuernos, pelambres, dientes, uñas y algunas plantas en sus años de investigador.

Todos estos hallazgos, no hacían más que empujarme más y más a investigar; me generaban muchas preguntas, muchas dudas, pero también trazaban con meridiana  claridad, un camino que yo estaba más que dispuesto a transitar.

Llegado a ese punto pensé, como dijo el famoso Aristóteles, la Naturaleza no hace nada en vano. Tal vez esos mensajes condujeran a otros mensajes menos manifiestos, tal vez ese patrón repetitivo, invitara a verdades menos demostrables.

Uno de los intentos científicos actuales que abogan por desentrañar los secretos más recónditos de la Naturaleza, es la Teoría de las Supercuerdas. Los átomos se componen de protones, neutrones y electrones; los protones son formados por quarks; los quarks son ligados por gluones, permanecen unidos por la fuerza nuclear fuerte, y además existen los leptones, y así sucesivamente más y más diminutos formatos de la masa que la ciencia todavía está descubriendo. Dicha teoría, afirma que todas las partículas que existen y que conocemos, se componen de un mismo material, y nos parecen diferentes, pero en realidad son la misma materia, la misma cuerda vibrando de manera distinta. Y ese juego de ligazones y vibraciones, encaja perfectamente con la forma espiral como germen de la vida. Si descomponemos un espectro electromagnético, observamos cómo sus dos fuerzas, la eléctrica y la magnética, describen  un giro que las dinamiza y las hace interactuar. El mismo giro, ocurre en las partículas subatómicas cuando éstas alcanzan el llamado momento angular o espín; un movimiento de rotación semejante al que también describen los planetas. Girar, fluctuar, enroscarse, como hace el embrión de los seres vivos en el interior del útero materno; como hacen las aguas, al formarse en remolinos, para ionizarse. Los vientos se cruzan en corrientes formando un torbellino, el mismo “muelle” hipotético previsto en los agujeros negros o agujeros de gusano.

El conjunto de fuerzas electromagnéticas de densidad variable que emerge de los cuerpos físicos, vitales, etéreos, mentales, emocionales y espirituales, lo que conocemos por «aura», es una manifestación energética no visible al ojo humano, pero demostrada científicamente. Esta particular energía, permanece suspendida alrededor del cuerpo en forma de una capa elíptica.

Son tantas las aplicaciones de la espiral, que no tardé en interesarme —a mayor escala— por su presencia real y constatable, más allá de la hipótesis o la sospecha. De este modo, quedé asombrado al comprobar, que a escala infinitesimal, estamos codificados en sendas espirales, las que describe nuestra cadena de ADN. En esa doble hélice, se encuentra toda nuestra información genética, algo irrefutable en el siglo XXI. Y de la misma manera, advertí que vivimos en una gigantesca espiral, la formada por nuestra galaxia, la Vía Láctea; concretamente, la Tierra se encuentra en uno de los brazos de dicha espiral. Ante tales evidencias, resulta inesquivable obsesionarse o convencerse de que la espiral está intrínsecamente ligada a la vida, una espiral rotunda, incontestable.

Antes de caer en el dogmatismo de la fe ciega, antes de embarcarme en elucubraciones fantásticas y sorprendentes, me propuse encontrar una espiral, pero impresa en el cuerpo humano. Si tan importante es para nosotros esta forma, ¿por qué no hemos nacido con una espiral esculpida en la frente? Aunque parezca una pregunta simple, conlleva una buena carga de lógica. Si alguien diseñó las abejas, y las configuró con la necesidad de construir el hexágono en sus colmenas y no el cuadrado o el círculo, ¿por qué —ese algo o alguien—  no nos diseñó con la demostración total de la espiral tatuada en nuestro cuerpo? ¿Por qué tanta sutileza? Quizá mi pregunta pueda parecer ingenua, básica, pero me la formulé y no encontré respuesta.

Pasó el tiempo.

 Entre mis inquietudes artísticas se encuentra la pintura con acrílicos y el dibujo al carboncillo, y allí me encontraba yo, dibujando al carboncillo en una tarde cualquiera. El caso es que traté de dibujar unos trazos, y quise —como es habitual— corregirlos; para ello utilicé la famosa goma maleable de borrar el carboncillo. Mi sorpresa fue bárbara, y no miento al confesar que sentí miedo. Al retirar la goma de mi mano, observé con la claridad que brinda el Sol en una tarde de verano, la huella dactilar de mi dedo pulgar impresa en aquella masa informe. La tomé con ambas manos y la acerqué a mis ojos, caminé unos pasos hasta un lugar mejor iluminado, y allí mismo descubrí una espiral perfecta, apareció gravada en aquella goma por los surcos de la piel. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, en aquel preciso momento, supe que tenía que escribir este poemario, debía revelar lo descubierto, señalar un camino, quizá a ninguna parte, quizá iniciático, con la ilusión de despertar en otras conciencias la necesidad de investigar y conocer el mundo que nos rodea, al tiempo que mi alma y mi intelecto ahondaran más y más en este conocimiento virgen.

El ser humano busca y ha buscado siempre la Belleza, la invoca a través de rituales artísticos, aspira a ella, quizá la geometría pueda ofrecer una respuesta a esa preocupación; es responsabilidad nuestra aplicar esa revelación a nuestras vidas.

El 27 de septiembre del año 2000, Eva Neuer publicó El Manifiesto del Fractalismo, un manifiesto de aspiraciones universalistas, una tesis que trata de abarcar todas las manifestaciones del ser humano, dentro de su rol social y como ente particular. Eva Neuer parte del concepto fractal para conformar una nueva postura “fractalista”, y a través de esta visión, acercarse al mundo. Este manifiesto, con todas sus propuestas, ciñe su ordenación a lo fractal y se justifica a través de él. El ser humano, a fin de cuentas, es un elemento singular en el interior de un universo fractal, un ser que debe estar en armonía con su entorno, no sólo por pertenecer a él, sino por ser consciente de ello. Esta misma premisa es la que siguen algunas religiones. Como en todo manifiesto universal, Neuer expone un elenco de ideas utópicas que, no por ser utópicas son imposibles de realizar, si bien, todavía nadie lo ha conseguido. Según su autora, El Manifiesto del Fractalismo invita a reflexionar para convertir las invisibles fuerzas de una búsqueda interior, en una evidencia física que, no sólo transforme la conciencia, sino que a la vez se manifieste en el exterior.

Y ahí creo que principalmente está la clave, en entender la geometría, la simetría, no como un concepto estético o de belleza, sino como un principio vital que eroga cualquier energía, cualquier bien, de la forma más sencilla y justa, por igual. Su comprensión y aceptación por parte del ser humano, equilibra su potencial y lo arma frente a la aporía del Caos. La música de la geometría propone una partitura isopolar, la axiología necesaria para combatir —por ejemplo— el Trilema de Münchhaunsen[2].

Pero volvamos a la espiral. El término “espiral logarítmica” fue acuñado por Pierre Varignon, quien escribió el famoso Teorema de Varignon, un resultado de la geometría euclidiana que establece que en cualquier cuadrilátero, si unimos los puntos medios de sus lados, formamos un paralelogramo cuya área es la mitad de la del cuadrilátero original. Tras los axiomas emitidos por Pierre, el mismísimo René Descartes y Torriccelli abordaron la espiral logarítmica, pero fue Jacob Bernoulli quien le dedicó un libro, Spira Mirabilis, y muchos años de investigación. Debo admitir, que mucho más que Bernoulli, me influenció Descartes. El ser humano como reflejo del universo. La observación de los hechos como método de conocimiento. La primacía de la razón, pero sin desdeñar la intuición. La metafísica cartesiana. El recurso a Dios. Descartes está por todas partes en este poemario. Como también lo están Blavatsky, Jung, Kepler, Galileo, Gauss o Gödel. Este último, quizá sea el que más ha conseguido inquietarme con sus teoremas de incompletitud. No dudaría en afirmar que Johannes Kepler es, de los científicos del pasado, a quien más admiro; obviando todos sus logros, siempre me ha fascinado su vida y su persona. Hoy en día, pocos se explican, cómo Kepler pudo llegar hasta donde llegó, con unos medios escasos y rudimentarios, pero sobre todo, cómo pudo afirmar lo que afirmó, incluso antes de que ocurriera.

El avance de nuestra tecnología nos ha servido para visualizar y reconocer más y más espirales en nuestro entorno, algunas de ellas, invisibles. En los girasoles se reproducen varios tipos de espirales, como la Espiral de Fermat, quizá, visualmente, la que más se asemeje a un espermatozoide y su recorrido. Los halcones se aproximan a su presa según la espiral logarítmica, ya que adquirir el ángulo de la espiral les proporciona una visión más panorámica. Los insectos se aproximan a una fuente luminosa según una espiral logarítmica. Y en geotecnia, la superficie de terreno denominada «falla» es el lugar geométrico de los puntos donde el suelo se rompe y permite un deslizamiento, y en muchos casos, dicho punto de ruptura tiene forma de espiral. Quizá nuestra mente, anclada en la asimetría, no sea capaz de procesar una maravillosa realidad más parecida a la ficción que a otra cosa; quizá no estamos preparados para conocer ciertos mecanismos, ciertos secretos. Lo cierto es que la Geometría Sagrada está ahí, se manifiesta abiertamente, sería justo escuchar su mensaje de sostenibilidad, de equilibrio, de recurrencia.

Actualmente, la ciencia busca la supersimetría a través de todos sus medios. Se piensa que cada partícula tiene su hermana gemela; demostrar ese patrón de igualdad, esa dualidad, sería constatar la duplicidad como uno de los resortes más importantes de la vida. Además, ayudaría a nombrar candidatos para el rol de la materia oscura. No sabemos nada de la materia oscura o de la gravedad. No sabemos nada de los agujeros negros, de los viajes en el tiempo. ¿Qué hay después de la muerte? ¿Por qué estamos aquí? Nada es lo que parece, vivimos tratando de sobrellevar nuestras dudas a expensas de los científicos. Estamos compuestos por una masa, y no conocemos siquiera, el proceso de formación de la misma. Kepler es el mejor ejemplo, de cómo podemos llegar al axioma partiendo del sofisma. Somos la intuición de que disponemos, aquello que demostramos, en lo que creemos.

Sucesión de Fibonacci

Leonardo de Pisa, más conocido por Fibonacci, escribió en el Siglo XIII la famosa Sucesión de Fibonacci, una consecución de números a los que llegó mediante procesos empíricos de observación de las plantas y cálculos sobre la reproducción con camadas de conejos en cautividad. Dicha cadena numérica, es un patrón repetitivo de crecimiento, por ejemplo: de las ramas de los árboles, o de los brotes de un tallo. Si tomamos el tronco del árbol o el tallo de la planta como un cilindro liso en el que, cada brote marcará su zona como una coordenada, después de un tiempo observando y habiendo aparecido diversos brotes, si trazáramos una línea que uniese todos las floraciones tendríamos una espiral logarítmica. Aunque parezca sorprendente, el número de conejos en cautividad y en las cantidades de dicha secuencia, crecería exponencialmente según los números de Fibonacci, por tanto, aquella sucesión de números, determinaba por primera vez que lo que llamamos azar o providencia tiene poco que ver en cuanto al “diseño” de la vida se refiere. Si la vida es un accidente, como afirman algunos, no habría pautas repetitivas en los ciclos naturales, todo sería caótico y aleatorio. Alguien o algo, en algún momento, se tomó la molestia de ordenar, de dotar y estructurar un  mundo mecánico poblado por seres mecánicos.

Actualmente la sucesión de Fibonacci se emplea en Matemáticas, Ciencias de la Computación y Teoría de Juegos. A través de dicha sucesión de números, también podemos llegar a la espiral; si en un plano bidimensional vamos colocando cuadrados de igual tamaño en la misma cantidad y sucesión del cómputo de Fibonacci, obtendremos un rectángulo de proporción áurea en el que se suscribirá una espiral logarítmica. Dicha proporción o número dorado, fue la cima divina e inalcanzable para los antiguos escultores griegos, todo lo que respondiese a su disposición y mensura, estaba relacionado con la perfección y la belleza. Da Vinci conocía esa cifra:

Su obra, la Gioconda, puede suscribirse en un rectángulo áureo, y su Hombre de Vitruvio, relaciona, no sólo las proporciones del ser humano con el planeta y satélites donde vive —modelo que podría ser válido de confirmarse con otras especies desconocidas—, sino también con la proporción áurea. El número áureo es el valor numérico de la proporción que guardan entre sí dos segmentos de recta a y b (a más largo que b), que cumplen la siguiente relación:

La longitud total es al segmento a, como a es al segmento b.

Escrito como ecuación algebraica:

Siendo el valor del número áureo φ el cociente

Nosotros, los seres humanos, disponemos de proporción áurea en nuestros dedos de las manos (la distancia entre sus articulaciones), en nuestra estatura con respecto a nuestro ombligo, en nuestros dedos con respecto al hombro y el codo, y en gran parte de la disposición de nuestros apéndices.

A escala ínfima, la célula animal puede conformarse geométricamente. Por ejemplo: de forma plana, como el epitelio, de forma esférica, como los glóbulos rojos, con forma de estrella, como las células nerviosas o de forma alargada, como las células musculares.

Masa crítica

Otro ejemplo de geometría natural a escala imperceptible, son esas invisibles redes cuadrangulares que vinculan a todo ser viviente, los llamados campos morfogenéticos[3]. La teoría del centésimo mono[4] o masa crítica, es una de las armas más poderosas de que dispone el ser humano, un descubrimiento accidental que ha sido vapuleado y contaminado para tratar de evitar que la sociedad ponga en marcha sus mecanismos, poniendo en peligro con ello la sustentabilidad y primacía de los sistemas gobernantes.

El concepto de masa crítica, puede encontrar analogías con algunos pasajes de la Biblia y con manifiestos de algunas sectas, cuando afirman, que un número concreto de personas serán las elegidas, las salvadas, y tal número es el necesario para abordar la nueva era o cambio de conciencia.

En su libro Una Nueva Ciencia de la Vida, Sheldrake toma posiciones en la corriente organicista u holística clásica, sustentada por nombres como Von Bertalanffy y su Teoría General de Sistemas o E.S. Russell, para cuestionar de forma tajante, la visión mecanicista que da por explicado cualquier comportamiento de los seres vivos mediante el estudio de sus partes constituyentes y posterior reducción de los mismos a leyes químicas y físicas.

Sheldrake, en cambio, propone la idea de los campos morfogenéticos, los cuales ayudan a comprender cómo los organismos adoptan sus formas y comportamientos más característicos. Hace no tantos años, las terapias alternativas en lo que a curaciones humanas se refieren, eran un tema tabú para la comunidad científica, y sin embargo, en la actualidad, disciplinas como la risoterapia, el reiki o el yoga, se aplican en los centros hospitalarios. La teoría de Sheldrake —de momento— no ha sido rechazada ni por la relatividad general ni por los actuales postulados de la Física.
La palabra “morfo” procede de la palabra griega morphe, que significa forma. Los campos morfogenéticos son campos de forma; campos, patrones o estructuras de orden. Estos campos organizan no sólo los campos de organismos vivos, sino también los campos de cristales y moléculas. Cada tipo de molécula, cada proteína por ejemplo, tiene su propio campo mórfico: un campo de hemoglobina, un campo de insulina. De igual manera, cada tipo de cristal, cada tipo de organismo, cada tipo de instinto o patrón de comportamiento tiene su campo mórfico. Estos campos son los que ordenan y conforman la Naturaleza.

La gran contribución de Sheldrake ha consistido en reunir nociones vagas sobre los campos morfogenéticos (Weiss, 1939) y formularlos en una teoría demostrable. Desde que escribió el libro en el que presenta la hipótesis de la Resonancia Mórfica, en 1981, se han llevado a cabo numerosos experimentos que, en principio, deberían demostrar la validez, o invalidez, de esta hipótesis que cada vez cuenta con más adeptos.

Conclusión

Uno de los últimos descubrimientos científicos, del que todavía no se tiene explicación, es que un agujero negro en rotación, pasa de calentarse a enfriarse, cuando el cuadrado de su masa dividido por el cuadrado de la velocidad con que rota, da como resultado Pi. Como también, se ha observado una estrella que expulsa un chorro de materia sólida durante un largo periodo de tiempo y esta materia expulsada permanece unida a la estrella por un extremo, mientras que en el otro extremo, la materia se va curvando hasta adquirir la apariencia de una espiral.

En el año 2010 murió la politóloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann, quien creó la denominada Teoría de la espiral de silencio. Una apuesta por el conocimiento de la opinión pública para poder influir sobre ella. En su tesis, Neumann no aboga por tergiversar la información, sino por conocer cuáles son los cambiantes dogmas predominantes en la sociedad y estudiar el comportamiento colectivo; de esa forma, la doctora afirma que es la propia sociedad quien margina o abraza al individuo, según éste comulgue o no con el sentir mayoritario del pueblo. Para ello, es necesario sondear periódicamente a los ciudadanos e influir sobre ellos, premiando con la inclusión o aceptación del individuo en un colectivo o sociedad, como también, amenazando con ese aislamiento tan temido, a la persona según sus criterios o ideales.

En 1970, el pintor reconvertido a escultor, Robert Smithson, culminó su trabajo más emblemático Spiral Jetty. Construyó, ayudado por maquinaria pesada y decenas de operarios, una gigantesca espiral logarítmica en el gran Lago Salado de Utah; una escultura que ya merece el calificativo de “paisaje” y es uno de los lugares más visitados de la zona. Tras varios meses de trabajo, fueron removidas varias toneladas de tierra y colocadas piezas de cristal suspendido y roca basáltica de color negro formando una espiral de más de cuatrocientos metros de longitud. Transcurrió un tiempo de su inauguración, la gente paseaba sobre la espiral, el enclave paisajístico era perfecto. En la temporada de lluvias, el lago aumentó su caudal y la espiral fue anegada por completo. Robert esperó un tiempo, pensó soluciones posibles, a cada cual más complicada. Cuando de repente, las aguas volvieron a descender y la espiral volvió a quedar a la vista de todo el mundo. La sorpresa fue mayúscula, mientras la espiral estuvo sumergida, las poderosas sales del lago, otorgaron otro color y brillo a la roca basáltica original, y le propiciaron un aspecto —si cabe todavía— más hermoso. La Naturaleza había intervenido en la obra artística y la había transformado por completo.

El Universo está lleno de singularidades, una de ellas es la vida. Tener el afán de comprenderla, puede acercarnos a saber algo más de nosotros mismos y del lugar en qué vivimos. Las transformaciones relatadas en las historias de Kafka, los intrincados laberintos de los cuentos de Borges, son senderos cíclicos o fractales que la literatura ha trazado para nuestro tránsito. La Geometría Sagrada es un espejo colocado frente a otro que abre múltiples posibilidades. El conocimiento y la intuición son factores clave para tratar de descifrar esa intrahistoria que pide ser revelada. Sacrificar el lirismo en virtud del pensamiento, aniquilar el yo, desnudarse y adentrarse en la nieve, son algunos de los factores que la estructura interna de este poemario quiere transmitir. El lirismo, lo queramos o no, es una velada —y buscada— recompensa para el hacedor de versos, un divino relleno, una deliciosa retórica que no es necesaria en este caso, pues nada puede engrandecer a lo que es, ya de por sí, maravilloso. Creo que no es posible traducir la música, aunque sin duda, sea hermoso intentarlo.

Una noche de ensoñación, de desbordante fantasía, fabulé sin condiciones en esa franja horaria de las últimas luces; tendido sobre mi cama, quedé observando la huella dactilar de mi pulgar. Imaginé que los surcos de la piel que componían aquella espiral tan misteriosa y diminuta, eran en verdad muros de piedra negra, volcánica, unos muros de un grosor y una altura infranqueables, e imaginé también, cómo en el vórtice central de esa inexpugnable fortaleza-laberinto, un laberinto al que sólo los más valientes se atreverían a entrar, florecía una exultante y palpitante espiral luminosa.

[1] El Ojo de Horus, o Udyat “el que está completo”, fue un símbolo de características mágicas, protectoras, purificadoras, sanadoras, símbolo solar del Antiguo Egipto que encarnaba el orden, lo imperturbado, el estado perfecto. El Udyat es un símbolo de estabilidad cósmico-estatal.

[2] El Trilema de Münchhausen (por el famoso Barón de Münchhausen, quien decía haber escapado de una ciénaga tirando de sí mismo), también llamado Trilema de Agripa (por el filósofo escéptico Agripa), el nombre referido al barón de Münchhausen fue acuñado en el contexto de la Teoría del Conocimiento a mediados del siglo XX por el popperiano Hans Albert, aunque tradicionalmente su argumento es referido por el griego clásico Diógenes Laercio, al filósofo escéptico Agripa y es un ataque a la posibilidad de lograr una justificación última para cualquier proposición, incluso en las ciencias formales como la Matemática y la Lógica.

[3] En 1990, Rupert Sheldrake publica su libro titulado Una nueva ciencia para la vida. La hipótesis de la causación formativa. En dicho libro propone la teoría sobre los campos mórficos que se deriva de la idea de los Campos morfogenéticos. Su interpretación causó mucha controversia desde el momento de su publicación, ya que se desvía -según algunos científicos- de ser una teoría científica y entra al campo de lo esotérico.

[4] El efecto del centésimo mono es un fenómeno demostrado científicamente al que pretende hacerse pasar por bulo; el descubrimiento consiste en que un comportamiento aprendido por los miembros de una comunidad aislada de monos, se propaga rápidamente desde el primer sujeto que advierte el nuevo conocimiento hasta todos los monos de su comunidad y más tarde del continente. Una vez que se alcanza un número crítico de iniciados, la idea o habilidad adquirida se transmite  morfogenéticamente a toda la especie -incluso en diferentes latitudes del mundo-, pudiendo quedar fuera del aprendizaje los sujetos de mayor edad del grupo.

cubierta la flor de la vida

«Poemario Finalista a los Premios de la Crítica Literaria Valenciana 2017».

http://lastura.es/?product=la-flor-de-la-vida

flor ateneo

Imagen de la conferencia sobre geometría sagrada que José Antonio Olmedo impartió en el Ateneo Científico, Artístico y Literario de Madrid (2016).

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Ensayo de los escritores:

David Acebes Sampedro.

José Antonio Olmedo López-Amor.

David Acebes Sampedro

David Acebes Sampedro

José Antonio Olmedo López-Amor

José Antonio Olmedo López-Amor

Que sirvió de ponencia en el I Congreso de Escritores pro Derechos Humanos celebrado el 19 de Octubre de 2013 en Valencia y fue publicado en: Movimiento de Escritores pro Derechos Humanos. Conferencias 2008/2013. Valencia, VVAA. Ateneo Blasco Ibáñez (2014).

Entidad organizadora: Ateneo Blasco Ibáñez en colaboración con la Universidad Politécnica de Valencia.

SUMARIO:

  1. INTRODUCCIÓN.
  2. LA NUEVA POESÍA SOCIAL: HACIA UN POSTMODERNISMO VISCERAL.
  • UN ÚLTIMO GRITO DE GUERRA.

 

 

  1. INTRODUCCIÓN

  Paulatinamente, el ser humano ha pasado del más recio oscurantismo a la sobreinformación. En la actualidad, con los medios que disponemos, no sólo la información llega a cualquier rincón del mundo, a cualquiera hora y en cualquier idioma, sino que lo hace de forma inmediata. La televisión, la radio, el cine, la prensa o Internet son mecanismos que bombardean constantemente nuestras mentes, convirtiéndose –como ya predijera Lauro Olmo en su archiconocido teatro de agitación- en el verdadero Cuarto Poder. Este autor, para un montaje de su obra a realizar en 1.977, escribió un Pasodoble-Prólogo, que decía así: Hay fechas, hay lugares, hay sucesos; hay, señores, mucha tela que cortar. Tela histórica, retórica y pletórica de signos de valor descomunal. Si se encuentra con páginas en blanco o «entre líneas» la historia ha de leer, no le extrañe: son gajes de un oficio que a veces es difícil de ejercer. Nosotros, los escritores, comprendemos que el oficio de periodista es un oficio “difícil de ejercer”, pero sabemos también que hay “mucha tela que cortar”. Por ello, no podemos ni queremos olvidar nuestra obligación moral de rebelarnos contra la tiranía de las tendencias modernas, la globalización, el totalitarismo de los mercados o, simplemente, contra el monopolio de las clases pudientes. Debemos gritar nuestra verdad desde el enclave marginal en que la misma realidad nos coloca y no sentirnos representados por medios de comunicación que -manipulados o no- focalizan su atención en el morbo o la opulencia. Por este motivo, los que suscribimos la presente ponencia pensamos que es un deber del Movimiento de Escritores Pro Derechos Humanos avanzar en su labor de concienciación y ello, dado que confiamos plenamente en la integridad del artista, en el poder de la palabra que hará, pasada esta crisis de valores en la que estamos inmersos, que se recupere la figura histórica del escritor como «educador», convirtiendo de paso esta democracia en la que vivimos en más participativa y no en una mera dictadura disfrazada. Con este objetivo, a lo largo de los últimos meses, hemos sondeado los distintos medios de comunicación social para tratar de averiguar cuál es la actitud de los escritores actuales en cuanto al tratamiento que tienen los derechos humanos en aquellos. En concreto, y dado el auge que tiene Internet en nuestros días, nos hemos dedicado principalmente a estudiar los periódicos digitales. Éste es el resultado de nuestra investigación:

  1. LA NUEVA POESÍA SOCIAL: HACIA UN POSTMODERNISMO VISCERAL

»El 17 de agosto de 2.013, en el periódico digital La razón.es, apareció un artículo titulado La violencia arrasa las calles en el “día de la ira”. Como es sabido, en los periódicos digitales, tras la noticia o el artículo en cuestión, se puede añadir un comentario. Lo habitual es que los lectores suban comentarios absurdos, irracionales o faltos de interés. Cuál fue nuestra sorpresa, cuando en una ocasión, nos encontramos con el siguiente comentario[1]:

                                 Dies irae, dies illa,

                                   Solvet saeclum in favilla,                                    Teste David cum Sibylla!                                                  Tomás de Celano.

    555 camaradas islámicos, armatostes simétricos desfilan por Egipto como el hombre fausto, puzzle [militarizado de un general con un triángulo rojo, disparando contra [orfanatos claustrofóbicos luz sin esperanza, mostrando la tez impasible a proletarios centrobáricos o manifestantes enérgicos con armaduras en su derecho ante la puerta [de un ejército ineludible… En lugar del típico comentario fuera de lugar, propio de este tipo de apartados, alguien -usando como pseudónimo el de Sebastièn Théus-, había subido al periódico un comentario “poético”. Tal comentario se ajustaba a los modelos de comentarios que la gente habitualmente sube a Internet, pero parecía un poema. Un poema, eso sí, típicamente surrealista, casi escritura automática, sin principio ni final. Como averiguamos más tarde, para dar mayor énfasis a sus palabras, el escritor virtual había añadido una cita apropiadísima del Dies irae, un famoso himno latino del siglo XIII, atribuido al franciscano Tomás de Celano. Su traducción sería: “El día de la ira, aquel día / en que los siglos se volvieron ceniza, / siendo testigos David y la Sibila”. Así, pues, el autor nos sugería que ya el rey David fue testigo de la decadencia de su civilización… En seguida, concluimos que más que un poema, este “aborto de poema” parecía un esputo contra la sociedad y así es, desde nuestro punto de vista, como tenía que ser. Pues, ¿qué puede hacer un poeta –virtual o no- cuando lee una noticia como ésta? Cualquier cosa, suponemos, menos quedar impasible… Tras este descubrimiento en la red, buscamos más comentarios de este tipo, y el día 27 de agosto de 2.012, en El País digital, encontramos otro comentario parecido en un artículo, cuyo título era “Hace quince años en Malicounda…”, donde se rememoraba a un grupo de mujeres que se reunieron para anunciar al mundo una decisión histórica; abandonar la práctica de la mutilación genital femenina. En http://blogs.elpais.com/africa-no-es-un-pais/2012/08/hace-quince-anos-en-malicounda.html, se puede leer: Aquel día, tu oído contorsionado no escuchó los aullidos de la ablación, no contempló la ansiedad de la curandera las facciones desencajadas de aquella niña aquel día, la noche decayó temblorosa para el hombre cadavérico, aquel hombre que sajó la membrana de la ingenuidad para apostar con la placenta de su futura [madre… En esta ocasión, junto a este comentario firmado nuevamente por Sebastièn Thèus, encontramos otro publicado por un tal Rubén Guzmán, que exponía:

En cada encrucijada del sendero que lleva al futuro,  la tradición ha colocado diez mil hombres                               para custodiar el pasado.   Maurice Maeterlinck.

«No figura en las escrituras del Corán. Un grupo de senegalesas rompen una costumbre arraigada. Mutilar el órgano sexual femenino es una tradición macabra. Malicounda Bambara es imparable. El socialista Abdou Diouf dice: “el tiempo de cambiar estas antiguas prácticas ha llegado”. Las mujeres que no son “cortadas” son repudiadas. Amputan dignidad para conservar su tradicionalismo. ¡Bárbaros! ¡Genocidas! La cultura, la educación, deben cauterizar las heridas del alma. Secularización de las costumbres que atentan. Las niñas sangran mientras los cobardes callan. África no es un país. Es un continente formado por 55 pobrezas y catástrofes. Forjemos la ablación de la incultura. Nadie teme las leyes que no se aplican. Absurdo maniqueísmo de la aberración a ultranza. Muchas ONG luchan, comunidades, diez mil hombres en cada encrucijada. Más de 2 millones de niñas siguen siendo mutiladas.» Este nuevo comentario nos recordó al primer Leopoldo María Panero, al autor de Así se fundó Carnaby Street. La frase corta y el verso telegráfico. Amputan dignidad para conservar su tradicionalismo. Forjemos la ablación de la incultura. Recuerdo haber escuchado una entrevista del recientemente fallecido Juan Luis Panero, en la que comentaba que su hermano escribió el antedicho libro a partir de retazos de noticias de periódicos y revistas de la época, por lo que, de alguna forma, vimos en este libro de Panero un antecedente de esta singular propuesta virtual que los autores de hoy hacen circular por Internet. Veamos, verbigracia, un poema de ese libro titulado HOMENAJE A CARYL CHESSMAN. Dice así: «Las cámaras de gas que se utilizan en los Estados Unidos para ejecutar las sentencias de pena capital funcionan, en líneas generales, de la siguiente forma: mediante la acción de una palanca caen cuatro bolas de cianuro a un depósito de ácido, generando el gas. La muerte es instantánea.» ¿Qué es lo que hizo Leopoldo María Panero en este poema? Simplemente, coger un segmento del artículo que trató el tema de la pena de muerte de Caryl Chessman y plasmarlo tal cual. Es decir, el escritor –habiéndose sentido conmovido por la noticia- decide servirse de un medio de comunicación (en este caso, un periódico clásico) y transformarlo en poesía. Es, además, poesía social, aunque sugestivamente extraña. Por otro lado, el poema no puede ser más directo. La descripción puramente objetiva del mecanismo que producirá la muerte instantánea del ajusticiado… A mayor abundamiento, nos llamó la atención que Panero se sirviera para la construcción de su poema de un personaje controvertido; Caryl Chessman. Éste fue condenado por robo, secuestro y perversión sexual. Sin embargo, en prisión, estudió Derecho y se convirtió en una activista contra la pena de muerte, llegando a ser capaz de retrasar con artimañas jurídicas su ejecución en ocho ocasiones. Lo que nos propone Panero es la siguiente cuestión: ¿Debemos, por tanto, forzar nuestra empatía y considerarlo un héroe que luchó contra la pena de muerte? La misma objetividad del poema de Panero la percibimos en el segundo comentario seleccionado: Su autor ha tomado un tema duro, áspero y directo y nos lo escupe a la cara. Sin duda, un poeta no puede sentirse impasible ante un tema tan duro como la ablación… Contra él podemos y debemos reaccionar. Desde nuestro punto de vista, el verso clave es “Forjemos la ablación de la incultura”, aunque lo matizaríamos un poco. Nosotros diríamos; “Forjamos la ablación de la incultura”, pues entendemos que así nos consideramos también copartícipes de este desastre… Curiosa es la cita que el autor ha elegido. De Maurice Maeterlinck (En cada encrucijada del sendero que lleva al futuro, / la tradición ha colocado diez mil hombres / para custodiar el pasado). Uno de los grandes problemas de la humanidad es nuestra incultura representada por una casta de edad madura que supone un freno contra el progreso, tanto en los países subdesarrollados como en los supuestamente desarrollados. Siempre hay 10.000 hombres que custodian el pasado, hombres que mantienen actitudes dogmáticas y que rechazan el talante de un grupo de mujeres que, valientemente, deciden un buen día acabar con la práctica de la ablación en su pueblo. Nosotros, como miembros del Movimiento Pro Derechos Humanos, las apoyamos y como hizo el artículo periodístico conmemoramos la fecha, aunque solamente sea por puro egoísmo. Pues, como dice el poeta, ¿quién es tan idiota de apostar con la placenta de su futura madre? Este comentario nos llevó a plantearnos una nueva pregunta. ¿Es posible que el escritor actual, un escritor moderno, asiduo a la tecnología audiovisual, se sirva de estos medios virtuales para crear un nuevo tipo de, digámoslo sin ambages, poesía social? Hasta ahora hemos visto que sí. Los autores virtuales leen una noticia y escriben un comentario poético sobre ella. Pero, ¿existen más formas? ¿Otros medios? Suponíamos que sí, así que probamos un novedoso experimento. En nuestra búsqueda por Internet, tomamos –a modo de ejemplo- la siguiente noticia, aparecida en El Norte de Castilla digital el día 9 de octubre de 2.013. Citamos textualmente: «Según los primeros datos que se han dado a conocer, la mujer se quedó a cargo de la niña, de seis meses, mientras su padre se iba a trabajar. Tan pronto como el padre salió de la casa, Alfreda Giedroj dejó a su nieta en el suelo y a continuación la habría golpeado con un martillo. Como la niña seguía moviéndose y llorando, siempre según el testimonio de Michael Deno, abogado auxiliar del Condado de Cook, la mujer “sacó un cuchillo de cocina y la degolló”. La policía recibió una llamada de urgencia en la que alertaban a los agentes de la presencia de una persona armada con un bebé herido en sus brazos. De momento se desconocen los motivos que han podido llevar a la mujer a cometer este crimen.» Y pensamos: -¿No es, acaso, un microrrelato? Tal circunstancia, hizo que le propusiera a mi compañero de ponencia que escribiera un microrrelato similar, pero a partir de una noticia, y así hizo, basándose en un titular, El País Digital, día 16 de diciembre de 2.012, en el que se hablaba de niños de Burkina Faso que cosechaban algodón para Victoria’s Secret… Su propuesta fue: «Trece años después de nacer en orfandad, capataces –tan abantos e inores como ella- recompensan su titánico esfuerzo a golpe de fusta. Su calvario es claudicación de un sistema económico, venden la inocencia para alquilar moda, mercadean con vidas sesgadas, felicidades improbables, nadie vela por el sufrimiento infante. Lágrimas de sangre humedecen flores púrpuras. Una bandera verde, de identificación, clavada en el lateral del campo indica que es legal. Clarisse, temblorosa, ayuda a cavar 500 surcos sólo con sus brazos y una vieja azada. Al día siguiente vuelve a salir el Sol. Muy lejos de allí, en el centro de Manhattan, alguien presume de lencería y brinda por ello.» Como se puede comprobar, es un microrrelato ad usum. Menos de 200 palabras, Times New Roman, 12, etc. Es directo e ingenioso, pero mi compañero añadió un matiz. Trata sobre los derechos humanos, con lo que, como habíamos visto que hicieron otros autores, lo subimos a Internet… Y volvimos a pensar: Como poetas que somos, ¿por qué no indagar en esta forma nueva de creación y crear nuestros propios add comments? De esta forma, aportaríamos nuestro pequeñito granito de arena en la lucha a favor de los Derechos Humanos. Dicho y hecho. Mi compañero escribió: Asunto: “La niña lapidada tenía 13 años”               “Que un ser humano debe ser totalmente suprimido de la sociedad porque es absolutamente malo, equivale a decir que la sociedad es absolutamente buena, lo cual ninguna persona sensata puede creer en la actualidad”.   Albert Camus   Add comment: Sátiros periodistas afirmaron que la víctima tenía 23 años. La acusación, adulterio. Su padre reveló que tenía 13 otoños en sus ojos. Los verdugos, en sus ojos, tenían 50 hombres. El público, un millar de personas. Aisha llevaba tan sólo 3 meses en Kismayo, provenía de un campo de refugiados de Kenia, fue atacada y violada por tres milicianos y al pretender denunciar los hechos fue detenida y acusada de adulterio. La ley del más fuerte aplica su talión a los más vulnerables. Un camión lleno de piedras irrumpe en el estadio. La furia posee a los engañados presentes y desatan contra la niña toda su violencia. Ya sepultada, es desenterrada y al comprobar que seguía viva, la sacaron y prosiguieron lapidándola. La piedad nació en algunos presentes que quisieron salvarla y fueron tiroteados, un niño murió. Mucha gente huye de Kismayo por temor a que le ocurra lo mismo. [Amnistía internacional. 31 de Octubre de 2008]. Asunto: Lampedusa, una tragedia evitable “Frente a las numerosas víctimas del enésimo trágico naufragio sucedido hoy en Lampedusa… se me ocurre la palabra ‘vergüenza’… ¡Es una vergüenza!”   Papa Francisco. Add comment: Centenares de somalíes y eritreos huyeron del hambre y la guerra y encontraron la muerte. Si el sur de Italia está olvidado, Lampedusa es el sur del sur. La matemática es precisa: ley italiana sobre inmigración –xenofobia-, más la incapacidad de la Unión Europea para afrontar la inmigración ilegal –claudicación-, es igual a tragedia. Tres pesqueros pudieron ayudar a la embarcación pero los ignoraron, porque ya hay precedentes de pescadores solidarios que fueron procesados por contribuir a la inmigración clandestina. La película Terraferma ya denunció este hecho en 2011. Globalización de la indiferencia. Lampedusa, a 100 kilómetros de las costas de África es una puerta de entrada a Europa. Una entrada al desencuentro de los principios, no hay asilo extraterritorial para nadie, sin embargo sí hay vergüenza suficiente para todos. Brasil es un ejemplo a seguir. ¡Maldita condición humana! [El Confidencial. 4 de Octubre de 2013] Por mi parte, yo escribí: Asunto:           Die juden sind unser unglück!1

   Y era tan sencillo todo. Con haber leído Mi Lucha, de Hitler, hubiera bastado…                                                                                              Juan Ramón Jiménez

    Add comment:           Sentirse hacer de una silueta homosexual una cascada pelirroja aquella era la ley y a veces los hijos tocados gritaban: DIE JUDEN SIND UNSER UNGLÜCK! y resucitaba el genocidio y el cuerpo se sabía muerto asesinado por una juventud súbita y marginada… 1 Eslogan de Heinrich von Treitschke, utilizado por el periódico nazi Der Stürmer.

Asunto:           La fuga radiactiva de Fukushima es más grave de lo que se creía1.

eradicate voice in the green limit.                                                                                                                                  Harold Pinter.

    Add comment:           Grito exhausto; mar atormentado, sálvame del suicidio colectivo, porque el agua prescribirá a corto plazo los riesgos de vida serán escasos, la protección de la naturaleza eugenésica una utopía verde, porque el agua prescribirá a corto plazo, una depuradora de animales informáticos fabricará excrementos humanos y robots televisivos, los riesgos de vida serán escasos seremos reutilizados por nuestro carácter básico pero impregnados de aire metálico, seremos reutilizados y cianuro al mar ya negro daremos… 1 El país.com, 21 de agosto de 2.013. Estos poemas merecen una explicación. Como poetas que somos, como portavoces que pretendemos ser de una generación de escritores postmodernos, nos identificamos con el ser humano en su colectividad, pero lo que no queremos –como, por otro lado, hacía nuestra histórica poesía social- es repetir el típico lamento de “mirad que malos son los otros y qué bueno soy yo”. No, esa no es la idea. Si miramos lo negativo que nos rodea, ya sea desde un punto de vista histórico (léase, el holocausto) o actual (léase, la tragedia de Lampedusa), lo hacemos porque es lo que vemos o leemos en Internet y, desde ese mismo instante, se nos atasca dentro y, siguiendo el ejemplo de lo que hemos aprendido, lo expelemos a la prensa. Lógicamente, no pensamos en métrica ni en figuras retóricas si pretendemos llegar al fondo del asunto y creemos (al menos, esta es nuestra propuesta) que es nuestra obligación escribir directamente, desde una óptica inconsciente, lo que nos lleva a que aparezcan de pronto imágenes “extrañas”, pero a la vez “sugerentes” como (y escojo al azar) “hijos tocados” o “robots televisivos”. No es spleen, afectación o hiperestesia. Nosotros somos uno más de esos “excrementos humanos”, uno de esos “robots televisivos”, a los que aludimos. Por otro lado, no nos ponemos –desde el punto de vista de la empatía- del lado fácil, del lado de los niños que fallecieron en los campos de concentración, sino que (y esto supone un riesgo) nos ponemos también del lado del soldado que mataba… Aumentamos, con nuestro posicionamiento, el nivel de empatía. ¿Quién se preocupa –nos referimos desde el punto de vista histórico/moral- del soldado que, al cabo, apretaba el gatillo? ¿Era un fanático o se vio obligado a transigir? Eso es lo que nosotros nos preguntamos… En otro orden de cosas, en Die juden sind unser unglück (Los judíos son nuestra desgracia), utilizamos una cita de Juan Ramón Jiménez… Este poeta forma parte de nuestra mitología personal y, desde nuestro punto de vista, supone toda una declaración de principios atreverse a colocar una cita del poeta andaluz al frente de un poema en el que se trata el tema del holocausto judío… Pero, ¿qué razón tenía Juan Ramón? Si tan sólo lo hubieran leído (he ahí la crítica, no lo hicieron o no lo quisieron entender…), no habrían llegado a los extremos que llegaron. Trasladándolo a estos momentos, diríamos lo mismo acerca de lo que está ocurriendo en Siria. Leemos en otro titular que los EEUU va a atacar Siria por el uso de armas químicas… Y lo que nos preocupa no es tan sólo que Siria utilice armas químicas (eso ya habla por sí sólo), sino que no hayamos aprendido nada y EEUU tenga una excusa, de cara a la opinión pública,para atacar un nuevo país y así creerse salvaguarda de la paz mundial… Hace mucho tiempo que dejamos de creer en buenos y en malos, en víctimas y verdugos… Para terminar, un apunte más de carácter formal. En “Las mil y una mejores poesías de la lengua castellana”, el profesor Juan B. Bergua apunta que “la poesía es, de entre lo más hermoso del Mundo, quizá, la manifestación y forma más alta y noble de la estética y la espiritualidad. Ella, deleitándonos, llena los fines más preciados y útiles: nos enseña, nos conmueve, nos hace pensar y sentir, nos dignifica y nos vuelve mejores. Todo esto, claro, si su bondad y hermosura la hace digna del nombre de poesía. Pues sabido es que no todo lo que se pretende hace pasar por poesía lo es y, desgraciadamente, las medianías en arte son insoportables”. Pero, nosotros preguntamos: ¿Qué es “lo bueno”? ¿Qué es “lo malo”? Estas preguntas no tienen respuesta, pero merecen —desde el punto de vista de un Congreso literario a favor de los Derechos Humanos— un posicionamiento. Por nuestra parte, nos quedamos con nuestras “medianías”, con estos poemas que hemos descubierto en la red y que son, ya, una realidad. Sin duda, no se encuentran “entre lo más hermoso del Mundo”, más bien parecen sacados del fondo bilioso de nuestro hígado. Y así tienen que ser… En toda su extensión, “insoportables”. Hasta aquí nuestro estudio particular. Para concluir, formularemos una propuesta final: -¿Y por qué no transformamos esta idea del «add comment poético» que hemos descubierto rastreando la red en una actividad masiva y sincronizada? Nuestra propuesta consiste en: 1) Señalar una fecha y una hora determinadas; 2) Preparar un grupo de personas (léase, escritores o simples copartícipes) y, a partir de la orden de salida; 3) Bombardear los principales periódicos del país con nuestros “comentarios poéticos”… En un lapso singular de tiempo, quien accediera a estos comentarios se encontraría –en vez de los típicos comentarios habituales- con nuestras propuestas poéticas. En este sentido, consecuentemente, invitamos a todos los miembros del Movimiento, a todos los partícipes de este Congreso, al público en general, a participar en esta novedosa performance literaria, en este ataque ciberpoético… III. UN ÚLTIMO GRITO DE GUERRA. Terminada nuestra ponencia, descubrimos otra posibilidad que nos brindaban los medios de comunicación (en concreto, la publicidad y, principalmente, los eslóganes publicitarios), en relación con nuestro quehacer poético y nuestro deber con los derechos humanos. Leamos el último add comment:

Asunto:           Piensa en verde1.

parlo in rime aspre, e di dolceza ignude,                                                                                                                                  Petrarca.

    Add comment:           Propongo el empleo de fertilizantes para la higiene [diaria empaparnos con el aroma del estiércol plastificado (es el complemento ideal a una vida acicalada) propongo ducharnos con polución acústica y sentir en definitiva el contagio de los automóviles la temible infección del nuevo mundo moderno… 1 Heineken (eslogan publicitario). Caminando por Valladolid, me fijé en un eslogan que lucen con orgullo los camiones de basura de mi ciudad. Tu papel no tiene desperdicio. Es una perfecta greguería. Efectivamente, vemos que este eslogan cumple a rajatabla con las dos premisas que, según Ramón Gómez de la Serna, ha de tener toda greguería; humor y metáfora. En este caso, el lema va más allá del mero juego de ideas (papel-desperdicio) y esconde un mensaje subliminal. Tu papel (léase, si se quiere, protagonista) en la lucha contra el cambio climático (que es el fin último del reciclaje) no tiene desperdicio… Por la misma razón, pensamos que podíamos coger un famoso eslogan publicitario (en este caso, “Piensa en verde”) y colocarlo como título de nuestro poema. En el fondo, lo que estamos haciendo es dar la vuelta a la tortilla. Me explico. La palabra eslogan proviene del inglés slogan y éste a su vez del gaélico sluag-ghairm, que significa “grito de guerra”. Nada más propio, por tanto, para designar a estos poemas de los que os hemos estado hablando, que son pequeños gritos de guerra, pequeños cantos a la beligerancia. De hecho, se suele considerar al famoso póster de reclutamiento, diseñado por Alfred Leete en 1.914, como el primer eslogan de la historia. En él se veía a un soldado británico señalando con el dedo a los jóvenes británicos y, aleccionándolos con un severo “Tu país te necesita”, de cara a su reclutamiento voluntario. Como también sabemos, más tarde, este póster sería reutilizado por los EEUU con la variante del Tío Sam y el texto “El ejercito te necesita”… Pues bien, si tomamos el eslogan publicitario de Heineken (“Piensa en verde”) y lo descontextualizamos –es decir, lo sacamos del ámbito de la publicidad y lo trasladamos al ámbito de la poesía social-, obtenemos en consecuencia un eslogan diferente, un grito de guerra que lanzamos directamente a la mente de nuestro lector. Piensa en verde. Es, claro está, una declaración concisa y tajante que pretende aleccionar al que lo escucha y reclutarlo para nuestros fines. En este caso, la utopía verde de la que ya hemos hablado…. [1] http://www.larazon.es/detalle_normal/noticias/3306570/la-violencia-arrasa-las-calles-en-el-dia-de-#.Uljwk1McOIQ