“Espacio transitorio”: la mudanza interior de Zerón Huguet

Publicado: 30 septiembre, 2019 en reseñas literarias
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Reseña publicada en “Crátera. Revista de Crítica y Poesía Contemporánea”, número 6.

 

Espacio transitorio

José Luis Zerón Huguet

Huerga y Fierro Editores: Madrid, 2018

86 págs.

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Espacio transitorio (Huerga y Fierro, 2018) es un fruto lírico que pende en las ramas del árbol vital de José Luis Zerón Huguet (Orihuela, 1965), fundador de la revista Empireuma, y lo hace con un brillo especial al de otros frutos que también penden en dicha arborescencia desde el año 1993. Este poemario, en el que podemos sustituir la palabra `espacio´ por `tiempo´ sin renunciar al sentido original de las cláusulas que la contienen, supone un acto de curación espiritual sin precedentes en su poética.

    Los poemas de este tiempo transitorio irradian una ardentía epistémica, ontológica; su proclamación es necesaria para el poeta: volcánica; proviene de una sed vital, de un hambre, un géiser difícilmente contenible en una rígida métrica, por ello, el versículo adopta la función de cauce para estructurar y cohesionar lo que de otra forma se anegaría en su propia efervescencia.

    «A Pepe Rayos, que me dio ánimos para escribir este libro» es la dedicatoria-huella de la tormenta interior que el autor pretende superar aferrado a la fe en la palabra, un decir poético que se hará sentir irrestricto y uránico, parcelado en tres movimientos: “La canción del tránsito”, “Extravíos” y “Adhesiones”: lo que supone las tres caras de un tríptico que en su acto final se revelará políptico al plegarse sobre sí mismo como un todo.

    La primera parte del libro ya avanza los recursos generales de que dispondrá su autor. Así, descubrimos a un hablante lírico que abunda de imperativos, aliteración, anáforas y un léxico poderoso que adoncella en menor grado y barroquiza, como tónica al conjunto, un discurso no exento de tensión; por un lado: a una voluble esperanza en la palabra; como al opósito: una no menos cuestionada fe en lo divino o superhumano.

    Tanto la acuarela con la que Ana Leonís ilustra la cubierta del libro, como los títulos de los poemas, las citas e incluso la situación de los versos en la página, contienen una valiosa información semántica que para el diestro en descodificación vislumbran senderos catafóricos. Nada es irrelevante en el estilema de Zerón Huguet y su propensión al símbolo le hará recurrir a referentes religiosos y artísticos, todo ello en un intento por exorcizar un dolor atenazante que en el segundo acto encontrará más intensamente su analogía en las injusticias del mundo.

    “Me llamo Lot” es un buen ejemplo de arenga esperanzadora no exenta de matices pesimistas que sin embargo contiene uno de los versos que mejor sintetizan la relación del autor con el lenguaje: «Nuestros labios están vivos para invocar la palabra». En este poema se subraya el peso de los errores heredados, de esa tradición sanguínea que nos empuja al inmovilismo y no cuestionamos al interpretarla como algo natural.

    Engagée actualizado, dicha segunda parte construye su propio correlato a través del contraste del dolor privado con el dolor público; los renglones alógrafos de la miseria humana pesan tanto como la contundencia del negro sobre blanco: «Soy tus noches antiguas / y tus días pletóricos / y gobierno tu sangre y tu semen. / Soy manipulador y corrupto, / he fornicado con tu vida, / tus niños yacerán conmigo, / tú y tus descendientes me pertenecéis».

    De estilo asianista, la poesía de Zerón Huguet se declara hipostática a pesar de ofrecer una lectura órfica o visionaria. Innegablemente óntica y poderosamente cultual: esta lírica propone una selección natural basada en el lenguaje como arma evolutiva.

    El tercer bloque, donde las temáticas de los dos anteriores confluirán e intensificarán tanto el mensaje como el sentido global del poemario,  se inaugura con “Alba de otoño”, un poema que supone una suerte de velado caligrama con forma de cruz cristiana. De haber justificado gráficamente la primera y tercera estrofas, lo sería sin mácula.

    Lucha dialéctica consigo mismo en busca de una verdad balsámica, Espacio transitorio —en palabras de su prologuista Jordi Doce— es una forja de imágenes plenarias que incardinan el yo y la otredad, lo contemplado e intuido, pero también la impotencia del sujeto contemporáneo. Y en esa tesitura la poética se fortalece y determina sus zonas de contacto con el lector. El poeta no propone una comprensión intelectiva de su mudanza interior, sino mistagógica, inductiva; la densidad de sus versos marida con una poliédrica interpretación de la realidad en la que un cierto grado de descreimiento en el lenguaje no imposibilita que este mantenga su estatus mesiánico.

    En “Letanía para la hija” y “Palabras para el hijo”, dos últimos poemas del libro que preceden a la coda titulada “Réquiem”, el poeta se desnuda y dirige a sus vástagos de manera epistolar. Aquí descubre el verdadero motor que le mueve a trascender esa oscuridad hacinada en el fondo de su alma: el amor. Un amor que —como revela la última estrofa de dicha coda— le enseña a sobrevivir, le enseña a aprender a respirar en la inmensidad de la apariencia.

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José Luis Zerón Huguet

comentarios
  1. Mª Filomena Almarcha dice:

    Leer un poema, o sea desmenuzar un bucle de palabras o sentimientos, es como un viaje cósmico, que sumerge al lector en lo más hondo de su propio sentir, haciendo suyo el sentimiento que el autor nos traslada. Es como un viaje de traslación infinito en el espacio, ¿un espacio transitorio?
    Leer (o escribir) poesía es volver a los orígenes en el tiempo, en un retorno infinito como una especie de big bang de la memoria.
    Leer (o escribir) poesía, nos hace descubrir también un movimiento de rotación que a la vez, nos hace inamovibles,no podemos escapar a nuestro propio ritmo biológico, no podemos huir de la dimensión espacio-temporal porque sencillamente no nos pertenece.
    Pero lo que sí puede hacer el autor, es vertebrar palabras, ordenar sentimientos, en una orquestación que ponga orden a todo ese bucle espacio-temporal.
    Cosa que ha hecho con maestría José Luis Zerón, en su obra Espacio Transitorio.

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