Archivos para noviembre, 2018

Reseña publicada en “Todoliteratura.es”:

https://www.todoliteratura.es/noticia/50279/poesia/poemas-de-dia.-poemas-de-noche:-la-poesia-para-ninos-de-ana-rosetti.html

poemasdediapoemasdenoche

Título: Poemas de día. Poemas de noche

Autora: Ana Rosetti

Género: poesía infantil

Editorial: Unaria Ediciones

Año de publicación: 2017

Número de páginas: 36

ISBN: 978-84-947109-5-7

Para algunos, incluso aficionados a la literatura, quizás la faceta de Ana María Bueno de la Peña (Cádiz, 1950) como escritora de poemas para niños no le resulte conocida, sin embargo, si por algo se ha distinguido esta autora todoterreno es por su versatilidad. En cambio, si revelamos que el seudónimo de esta ilustre poeta es Ana Rosetti, algunos esbozarán en su semblante un gesto de sorpresa. No es para menos. Desde que debutase en la poesía en 1980 con “Los devaneos de Erato” (Premio Gules), Rosetti ha cultivado el teatro, la poesía y el género narrativo con igual destreza; es más, su obra es un paradigma de erotismo, esteticismo y culturalismo marcado por un estilo muy personal.

    Por si fuera poco, en el año 1997 publicó “Un baúl lleno de momias”, lo que sería el comienzo de otra vertiente de su literatura, esta orientada hacia un público infantil y juvenil, que continúa hasta el presente con la publicación bajo el sello Unaria Ediciones de “Poemas de día. Poemas de noche”, un original libro de poemas para niños.

    La apasionada y barroca autora de “Devocionario” (1985) cambia drásticamente en su poesía de registro y nos ofrece un libro de poemas para niños a partir de cuatro años en el que la fantasía y el color de sus versos no solo está en la palabra, sino también en la pintura. La joven artista castellonense Sara Bellés ilustra a la perfección los poemas de Rosetti, no solo encuentra una gama de colores y motivos que comulga armoniosamente con la desnudez y frescura de los versos, sino también potencia hábilmente su atractivo.

46514149_2480961888596981_2710866920671805440_n

    Esta fusión de talentos resulta en un libro de gran formato que debería estar en la biblioteca de todos los niños. Editado a todo color, una de sus cualidades es la de ser un libro reversible. Tanto si comenzamos su lectura comenzando por sus poemas de día, como si lo hacemos por sus poemas de noche, llegaremos a un punto intermedio en el que deberemos dar la vuelta al libro para poder continuar leyendo.

    De Ana Rosetti, como poeta, poco vamos a descubrir. Sus casi cuatro décadas de trayectoria como escritora le avalan, y no solo eso, su experiencia dota  a los poemas de variados matices: inocencia, ternura, magia, humor; sensaciones que su sensibilidad hilvana sutilmente a nuestra tradición literaria, pues muchos de los poemas  estremecen nuestros corazones a través de rimas asonantes: «Por el aire va el limón, / la canela y el café, / el incienso y el clavel / y el pan recién horneado. // Por el aire va la voz, / el aullido, el balido, / el ruido y el sonido / del eco reverberando».

46516765_510663379433479_4661301368961630208_n

    El viaje propuesto por la autora cruza por playas y bosques, amaneceres, ventanas, jardines, primaveras; un recorrido narrado desde los ojos de un niño que se fascina por esas pequeñas cosas que pasan inadvertidas para los adultos y sin embargo en él despiertan sueños y emociones. El cromatismo de las ilustraciones trasciende a los versos, o viceversa, todo se impregna de color y luz, de vida en los albores del despertar infante. Algo que cambia en los “Poemas de noche”, donde la luna, los gatos, un astronauta o simplemente, una ciudad, viven entre las sombras y se  revelan personajes y parajes de bellezas  subrayadas por la poesía fluorescente de las imágenes de Sara Bellés y las palabras de Ana Rosetti.

arc_227737_g

Ana Rosetti

Nota de prensa publicada en “Todoliteratura.es”:

https://www.todoliteratura.es/noticia/50264/literatura/lunes-de-lirica:-curso-practico-de-poesia-japonesa.html

46493603_329835397812025_6957883488087310336_n

Fotografía: José Antonio Olmedo López-Amor

Que la poesía japonesa, en concreto, el haiku, es algo que está de moda, es un hecho innegable. Cada vez son más las personas interesadas por conocer en qué consiste un poema tan aparentemente sencillo, por su brevedad, pero a la vez tan profundo y diferente a lo que estamos acostumbrados los occidentales. Como suele suceder, quien se acerca a algo por primera vez, más todavía cuando es a algo que para millones de personas se ha convertido en una vía espiritual, se necesita un conocimiento, una referencia rigurosa y fiable para poder comprender y valorar en su justa medida algo que aun a pesar de suscitar interés, para nosotros sigue siendo ese gran desconocido.

    Toni Alcolea, director de la editorial valenciana Olé Libros, ha puesto en marcha el ciclo “Lunes de Lírica: curso práctico de poesía japonesa”: un intento por acercar la poesía japonesa más practicada fuera de sus fronteras: haiku, senryu y tanka, al público valenciano. El emblemático espacio Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Colón, gestionado por Pau Pérez, albergará las sucesivas citas programadas para los meses de diciembre (día 3) y enero de 2019 (día 28).

    Toni Alcolea presentará los talleres, acompañado de Vicente Barberá, encargado de coordinar e intervenir en todas sus sesiones. El pasado lunes, 19 de noviembre, dio comienzo el curso con éxito de público y participación. Los escritores Antonio Mayor y Elena Torres fueron los encargados de ilustrar a los asistentes en los no fáciles entresijos del haiku japonés. La parte práctica de estos talleres hace que tras las exposiciones de los ponentes, los aspirantes a haijin puedan preguntar sus dudas y escribir y recitar sus propios haikus: algo que sin duda dinamiza y potencia el aprendizaje.

    Alcolea y su editorial, Olé Libros, se han comprometido a publicar un libro con los mejores poemas escritos durante las clases. Este tipo de iniciativas merecen todo el apoyo posible, ya que además de ser gratuitas, concentran a escritores destacados que abandonan su zona de confort para compartir su sabiduría, preservan el estilo original de formas poéticas maltratadas por mal formados practicantes y sobre todo, dan voz  y oportunidades a todas aquellas personas interesadas en aprender.

Reseña publicada en “Todoliteratura.es”:

https://www.todoliteratura.es/noticia/50258/poesia/flor-en-el-agua:-la-poesia-japonesa-de-vicente-barbera.html

FLOR-EN-EL-AGUA

Título: Flor en el agua

Autor: Vicente Barberá

Género: poesía

Editorial: Lastura

Año de publicación: 2018

Número de páginas: 100

ISBN: 978-84-948512-1-6

Tal como escribe Vicente Barberá (Castellón, 1937) en el extenso prólogo —más de veinte páginas—  de “Flor en el agua” (Lastura, 2018), tras realizar dos viajes a Japón, entre 2013 y 2014, quedó fascinado con la riqueza de la cultura nipona. No es para menos. Tras dedicar su vida a la docencia, siendo inspector de Educación, pedagogo y autor de varias decenas de libros sobre evaluación pedagógica, Barberá despertó como poeta —tardío, según Pedro J. de la Peña en su prólogo a “Después del amor”— en el año 2014 con la publicación de “De amor y sombras” (Páginacero Ediciones) y desde entonces son cuatro sus libros publicados con aspiraciones líricas. Además, Barberá es uno de los miembros fundadores del grupo literario “El limonero de Homero”, lo que le ha llevado a participar en sus diversas antologías, también como poeta.

    Inquieto espiritualmente y viajero incansable, Barberá, quien en la actualidad, entre sus numerosas ocupaciones se dedica a impartir talleres sobre la felicidad, reúne todos los componentes necesarios para interesarse por la poesía japonesa, concretamente, por el haiku; algo que, no solo le ha llevado a integrarlo en sus talleres, sino también a conocer otras formas poéticas japonesas.

    “Flor en el agua” se compone de cuatro partes y cada una de ellas está compuesta según un formato poético japonés en el siguiente orden y cantidad: haiku (55), senryu (84), tanka (27) y mondoo (3). Cada una de las partes va encabezada por una bella ilustración de Susana Benet. A modo de prólogo y epílogo, el autor abre y cierra el poemario con sendos sonetos, formato con el que se halla muy familiarizado.

    Si exceptuamos el primer bloque dedicado al haiku, podemos decir que el resto del libro, en sí, es un canto al amor romántico. Como sabemos, el haiku tradicional, llamado «de lo sagrado», se enclava en la naturaleza y no permite al autor expresar sus emociones o pensamientos; es por eso que en este primer bloque, titulado “En la linde del agua”, el autor, llevando a cabo un ejercicio de educación del yo, consigue inhibir esa tendencia expresiva que le caracteriza y será en los demás bloques donde la desatará a través de diferentes formas poéticas.

    Los haikus de Barberá ocupan siete páginas, a razón de cuatro poemas por hoja. En ellos encontramos una constante métrica: todos están escritos en tres versos de cinco, siete y cinco sílabas respectivamente, lo cual deviene en una cacofonía rítmica a pesar de alternar las cesuras entre los primeros y segundos versos de cada poema. La rima de todos ellos es acertadamente blanca, y aquí se aprecia un denodado esfuerzo por no incurrir en consonancias ni asonancias, algo que se suele encontrar con mucha frecuencia en otros autores.

    Los haikus de Vicente Barberá se basan más en una contemplación descriptiva que en la sensorialidad del olor, el sonido o el tacto, aunque encontremos un poema en el que el olor indefinido de unas calles parece contaminarse negativamente por los demás elementos del poema: «Graznan los cuervos. / En un barrio de Kioto / las calles huelen». Su mirada recorre el paisaje natural en busca de esa pequeña belleza que no solo encierra en sí misma el funcionamiento y orden del mundo, sino también representa el equilibrio entre fuerzas antagónicas que permite y en el que sucede la vida. Como ejemplo, el haiku número dos, donde la quietud de la chicharra contrasta con el movimiento de las hojas mientras conviven en un mismo árbol: «Chicharra inmóvil / en el tronco del árbol. / Las hojas tiemblan». Este mismo poema cumple también ese grado de indeterminación que se exige al haiku verdadero, pues no sabemos por qué tiemblan las hojas; el poeta deja la causa del temblor de las hojas en una elipsis, recurso que utilizará en otros poemas.

    Por ejemplo, en el haiku número cuarenta y ocho, donde desconocemos el motivo por el que llora el ciego: «Guirnaldas verdes. / En la fiesta de otoño / un ciego llora»; poema en el que a su vez vuelven a salir representadas antitéticamente la alegría de una fiesta y un llanto, además de señalarnos con la palabra `otoño´ una referencia estacional.

    Algunos haikus contienen elementos urbanos, por lo que se alejan del concepto «de lo sagrado». Incluso encontramos varios haikus urbanos completos, como el diecinueve: «Papel en blanco. / Un lápiz en la mesa / resbala y cae». En otros, la relación efecto causa de los elementos y la situación son demasiado evidentes: «Corren las liebres. / Pisando los rastrojos / un cazador». También encontramos algún zappai en toda regla, como el número cuarenta y siete: «Un viejo pino. / Sobre el césped helado / sólo unas matas», el cual no es ninguna ocurrencia, parte de la observación, pero carece de suceso.

    En ocasiones, la escena descrita es tan sugerente que al terminar el poema nos quedamos pensando en lo descrito, pero también en lo que podría suceder después, como en los poemas veintisiete y cuarenta y uno: «Noche nevada. / El perro está dormido, / alguien se acerca», «Una paloma / se acerca lentamente. / Niños mirando». Por lo general, los poemas suelen ser muy gráficos, algunos de atractivo efecto cromático: «En el estanque, / cardumen de colores. / Vuela un zorzal».

    Teniendo en cuenta el valor fundacional de este libro con referencia a la relación entre su autor y la poesía japonesa, el balance es esperanzador y positivo.

    “Los límites del cielo” es el título de la segunda parte, la más extensa, dedicada al senryu. Este tipo de poesía, a pesar de conservar la métrica imparisílaba de la anterior, permite verter en ella pensamientos, temas variados, como el amor o relaciones sociales, incluso añadiendo ironía y humor, entre otras cosas. Aquí, la torrencial voz de Barberá parece resolverse hábilmente a pesar de incurrir en ocho asonancias, pues crea hermosas metáforas ya liberado de las ataduras del haiku: «El cenicero / contiene las cenizas / de mi pasado».

    El yo lírico aparece y adquiere suma importancia, se alternan sus observaciones: «En la piscina / se reflejan dos rostros / desdibujados» con pensamientos: « ¿A dónde irán  / todos los estudiantes / si ya no estudian» e incluso con apelaciones a un apóstrofe amado: «Ven. Sentirás / que el mar por la mañana / brilla y murmura».

    Pero sobre todo, los poemas en esta parte del libro y de aquí en adelante, nos descubren a un poeta romántico que encuentra en el amor la viga maestra sobre la que construir su reino: «Llora hasta el perro / en la casa habitada, / si tú no estás».

    Este romanticismo estará totalmente justificado en “En brazos de su amante”, el siguiente bloque. Como anticipamos, los poemas siguientes son tankas, una composición poética milenaria en Japón que fue concebida como medio de comunicación de los amantes furtivos, quienes después del encuentro amoroso se enviaban abanicos o ramos de flores a través de mensajeros e incluían en ellos pequeños poemas en los que hablaban de su encuentro, pero de una manera que solo ellos podían entender. Estos poemas conservan la métrica del senryu anterior pero añaden una segunda estrofa compuesta por un dístico de heptasílabos.

    Como singularidad sintáctica el tanka incluye la posibilidad de vincular la idea y elementos de los dos primeros versos con la idea y elementos —aparentemente diferentes— de los dos últimos a través del tercero, punto de inflexión y eje clave para relacionar los argumentos expuestos en ambas estrofas.

    Así pues, como ejemplo del tercer verso con función de pivote encontramos el poema número ocho, en el que la mujer nadando aparece en ese proverbial tercer verso ofreciendo la clave para interpretarlo: «Cauce del río / con el sol en sus aguas / y ella nadando. // Veo el torso desnudo / y pienso, sólo pienso».

    La adición de los dos últimos versos permite al poeta ampliar su abanico creativo y rematar de alguna forma la idea sugerida en los primeros: «En el verano / tu cuerpo, arena y agua, / se mece al viento. / Sobre la playa ardiente / atracan mis deseos».

    “Si no te tengo cerca” es el título de la cuarta y última parte, donde el poeta redunda en el amor, pero esta vez utilizando el mondoo (combinación de dos katautas): poema en dos estrofas de cinco, siete y siete sílabas en las que la primera estrofa una persona sugiere una pregunta y en la segunda estrofa otra persona le responde. De esta manera se relacionan las estrofas, lo que además permite encadenar poemas de manera interminable.

    A diferencia de todos los poemas de los bloques anteriores, el mondoo sí lleva título, carece de rima, como toda la poesía japonesa y está abierto a múltiples temáticas. Como sabemos, Barberá escoge el amor como tema central y en su poema “Ausencia” escribe: « ¿Dónde estás hoy / que no te encuentro, amor, / en la linde del lago? // Ya me marché, / amor, a otros lugares / donde florece el viento». Esa `linde del lago´ nos recuerda a la flor de loto del primer haiku del libro, por lo que además de sensación de intertextualidad y abroche como clausura del final, intuimos la relación entre la flor y la mujer como sinónimos de una misma belleza.

    El siguiente poema, de título “Espejo”, me inclino a pensar que a pesar de carecer de pregunta es una de las variantes del sedoka, poema que comparte con el mondoo métrica y estructura de pregunta y respuesta, con la salvedad de que en el sedoka solo hay una persona que se pregunta y responde a sí misma; juzguen ustedes: «Miro el espejo / buscando tu hermosura / y me encuentro a mí mismo. // A veces pienso: / qué amarga es la distancia / si no te tengo cerca».

    “Flor en el agua” supone la primera y más que digna incursión de Vicente Barberá en la poesía japonesa, una osadía que ha afrontado con respeto y dedicación y de la que es difícil salir indemne, por lo que es posible que su inquieto andar en busca de conocimiento y belleza vuelva a conducirle a esta senda, aunque probablemente debido a la experiencia transformadora, la meditación y el tiempo, ni la senda ni él sean los mismos.

1_JLV2428-001

Vicente Barberá Albalat

Crónica publicada en “Todoliteratura.es”:

https://www.todoliteratura.es/noticia/50241/presentaciones/un-yo-sin-mi:-jaime-siles-presenta-su-nueva-antologia-poetica-en-valencia.html

46275237_2009350462511488_8741510975787630592_o

Fotografía de Juan Luis Bedins

El pasado miércoles, 14 de noviembre, en el Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Colón, en Valencia, tuvo lugar la presentación oficial de “Un yo sin mí” (Olé Libros, 2018), la nueva antología poética de Jaime Siles (Valencia, 1951). Aclamado poeta y catedrático, además de ensayista, filólogo, traductor, crítico literario, políglota y profesor, Jaime Siles no necesita presentación entre los amantes de la poesía escrita en castellano, tanto en España, como fuera de ella.

    Siles había llegado a Valencia recientemente tras participar como jurado en el fallo del Premio Loewe de Poesía, en Madrid. El público ocupó todos los asientos del salón de actos e incluso había gente de pie. La expectación era máxima. Entre los asistentes, algunas de las plumas más destacadas de la Comunidad Valenciana, como: Blas Muñoz, María Teresa Espasa o Mar Busquets, se congregaban para disfrutar de lo que prometía ser una fiesta de la palabra.

    Acompañaron al poeta Toni Alcolea, editor de Olé Libros, los escritores Robert Archer, Rafael Soler, Bibiana Collado y Ricardo Bellveser. Alcolea fue el primero en intervenir y como era de rigor, agradeció al público su afectuosa acogida, así como al propio Jaime Siles que hubiese confiado en Olé Libros para publicar la que supone su novena antología poética. Alcolea, quien ha irrumpido en los círculos literarios valencianos con la energía de un gran proyecto editorial que abarca, novela, ensayo, poesía y certámenes literarios, ofreció algunas pinceladas de lo que engloba y representa la destacada actividad de Olé Libros.

    El anfitrión dio paso a Ricardo Bellveser, reconocido poeta, narrador y periodista valenciano, de quien hay que decir con toda justicia que fue el orador que encandiló al público, tanto por la elocuencia y pertinencia de su discurso, como por su consabida efusividad. Bellveser abordó en su intervención la original antítesis que da título a la antología: “Un yo sin mí”; y apuntó al respecto la preocupación de Jaime Siles por la identidad como tema de indagación poemática. Siguió descifrando la poética del autor de “Himnos tardíos” (1999) y lo etiquetó como «poeta del lenguaje», algo en lo que el propio Siles se reconoció más tarde, y terminó reconociéndolo como un auténtico poeta novísimo que por muchas razones debió haber figurado en la conocida antología de Castellet.

    Alcolea dio paso al hispanista Robert Archer, uno de los máximos especialistas en la obra del poeta Ausiàs March, quien desde la gran amistad que le une al poeta homenajeado habló de una anécdota muy singular que ambos vivieron con motivo de la erupción de un volcán en Islandia durante una visita de Siles por tierras británicas. Además, Archer destacó la pasión que siente y siempre ha sentido Siles por las Lenguas Clásicas, una dedicación que comparte con la Filología.

    Por su parte, la joven poeta Bibiana Collado, quien en la actualidad es profesora del Taller de Poesía de la Universidad de Valencia, tuvo palabras de agradecimiento a Jaime Siles por su generosidad con los poetas más jóvenes cuando estos se acercan a pedir su consejo. Subrayó la importancia de su magisterio como docente y reflexionó acertadamente acerca de ese yo del título de la antología que tantos comentarios suscitó.

    Por último, Rafael Soler, poeta y narrador afincado en Madrid, admiró la plena dedicación de Siles a la literatura desde que era un joven estudiante. Contó, entre otras cosas, que su precoz vocación por la poesía le llevó a compartir amistad y cartas con Vicente Aleixandre, quien se convirtió en un padre literario y referente. Añadió que su estética culturalista y esa particular revolución en el lenguaje le han permitido distinguirse y evolucionar como poeta pleno de variados matices.

    Llegó el turno de Jaime Siles y este dedicó su agradecimiento, uno por uno, a los intervinientes. Valoró muy positivamente el arrojo editorial de Toni Alcolea al apostar por la poesía valenciana; se confesó admirador de la poesía de Bibiana; alabó la precisión de los comentarios de Bellveser, quien gestionó la edición de una de sus anteriores antologías; agradeció a Archer su simpatía y sinceridad; y con referencia a Rafael Soler, además de los pertinentes agradecimientos, confesó una de las muchas cosas que ambos comparten y se puede contar: su amor por los gin tonic.

    Siles, quien se mostró distendido, agradecido y bromista, recitó algunos de sus conocidos poemas contenidos en la antología, como: “Propileo”, “Acis y Galatea” o  “Semáforos, semáforos”, pero fue al recitar un poema inspirado en la localidad de Jávea, cuando su voz se truncó por la emoción que pudo evocarle alguno de sus versos finales. Siles añadió que esta publicación representa algo especial en su trayectoria, ya que de todas las antologías editadas hasta ahora, esta es la única en la que él personalmente ha escogido los poemas; lo cual es un valor añadido al ya de por sí magnífico legado que compendia este libro.

    Debido a las muchas intervenciones de la mesa, el acto no dio para más, pero debido a la calidad de las mismas, el público se mostró conmocionado y satisfecho tras una velada espectacular que terminó con una interminable cola de lectores que esperaban una firma del autor.

Publicado en la revista “Oculta Lit”:

https://www.ocultalit.com/poesia/boris-rozas-annie-hall-ya-no-vive-aqui/?fbclid=IwAR3dH6Hz2j5YLQ20bVtSDGrxL6oVoujv3fGeHf-Cruq7bvd20Lxp-yft-BQ

Título: Annie Hall ya no vive aquí

Autor: Boris Rozas

Editorial: Celya

Género: poesía

Año de publicación: 2018

Número de páginas: 69

ISBN: 978-84-16299-69-0

celya.-portada.-annie.-6-7-18

A finales de los años setenta hubo dos cineastas que marcaron de alguna manera a Boris Rozas (Buenos Aires, 1972), fueron Martin Scorsese y Woody Allen. A través del título del poemario, Rozas fusiona “Alicia ya no vive aquí” y “Annie Hall”, películas destacadas en la filmografía de los mencionados cineastas, en una suerte de híbrido que homenajea las singularidades, sobre todo, del mítico personaje encarnado en la gran pantalla por Diane Keaton.

    “Annie Hall ya no vive aquí” supone el duodécimo poemario de Boris Rozas, poeta hispano-argentino de dilatada trayectoria que vive uno de los momentos de mayor plenitud de su carrera; un libro sucede a otro y lo mismo ocurre con los premios, el libro que nos ocupa fue merecedor del XVI Premio Internacional de Poesía “León Felipe”, galardón que suma a su ya larga lista de reconocimientos.

    Dividido en cinco bloques y a lo largo de cuarenta y siete páginas, el yo lírico —quien parece tomar poca distancia con el autor— narra en primera persona su particular historia de amor y desamor con referencias constantes a Manhattan, New York, así como a referentes de la cultura anglosajona. Rozas consigue particularizar su obra en este sentido y parte de su acierto a la hora de dar textura a la personalidad del libro corresponde al jazz. Ya sea a través de Coltrane o un músico callejero blandiendo un saxo, la música está muy presente en toda la obra y matiza su profundidad atmosférica, pronuncia su sensorialidad.

    El primer bloque, titulado “Lowcost” se resuelve en cinco poemas numerados que como el resto de poemas del libro —salvo tres excepciones— quizá no llevan título porque son partes de un mismo poema; por tanto, estamos hablando de un macrotexto que se expande en una continua secuencia, obviando las elipsis.  El hablante lírico utiliza la metáfora del viajante que arriba a un país extranjero para extrapolarla a la fisicidad de dos amantes que se esperan. El apóstrofe al que dirige su parlamento es un ente femenino y el tono aticista de todo el poemario lo dota de hiperrealismo.

    Boris Rozas se acerca a una coloquialidad cotidiana en este libro, renuncia a complejidades retóricas para dotar a la naturalidad del verso libre de dinamismo y actualidad. Su poemario, sin perder de vista la larga tradición panhispánica de poetas que han escrito al amor, puede considerarse posmodernista.

    “Permiso concedido” es la segunda remesa de poemas. Aquí, el hablante lírico manifiesta su anhelo y para ello, no duda en personificar cosas, describir paisajes o comparar diferentes lugares y situaciones con su estado de ánimo. Y es que la inestabilidad de ese paisaje interior es la brújula que decide la profundidad de sus recuerdos.

    La parte nuclear del libro y una de las más extensas se titula “Anchorage”: la presencia de extranjerismos es constante. Aquí, la construcción memorística del amor es maridada con pinceladas críticas a la sociedad capitalista. El escenario es siempre urbano, los elementos poemáticos son actores icónicos de las grandes ciudades modernas: trenes, lonjas, cafés, paseos, grúas, dirigibles, centros comerciales, etc. El tono confesional del hablante lírico apunta a una sinceridad que no se arruga por más debilidades que revele, y por lo mismo, la posibilidad de que el lector se reconozca en sus versos aumenta conforme vamos adentrándonos en el poemario.

    “La primera vez que salté por una escalera de incendios” comienza con un poema dividido cuyas dos estrofas comienzan con el verso que da título al bloque; dicho recurso anafórico es empleado de forma recursiva a lo largo del poemario, bien dentro de un mismo poema, como el citado, o enlazando el primer y último poema del primer bloque, lo cual deviene en intertextualidad propia y su efecto vinculante de abroche.

    En esta parte del poemario la melancolía por el desencuentro asume el primer plano. La soledad, el llanto, la despedida, cada elemento del poema apunta en dirección a un dolor de ausencia, a un autorreproche rebuscado en la conciencia herida de memoria. En esta latitud es donde más entroncan estos versos con la búsqueda de amor e incertidumbre que rodaron Allen y Scorsese, artistas antagónicos que supieron hacer de ideas sencillas grandes películas.

    “Annie Hall ya no vive aquí”, quinta y última parte,  clausura el conjunto dejando en el lector un sabor agridulce, pues la apasionada reconstrucción del amor comienza con sensaciones placenteras que van oscureciéndose a medida que una fotografía, un escaparate, van envenenando de vacío la aparente felicidad del hablante lírico. Los últimos poemas confirman que la apelación del protagonista resulta en monólogo y recogen una versión del amor más descarnada, más centrada en los estragos que produce su ausencia que en las bondades que brinda su evocación.

    Boris Rozas, sin duda, se encuentra en su madurez poética. Su estilema es accesible a todos los públicos y representa acertadamente cómo funciona y entiende el mundo. Su ideología poética renuncia a la rima, métrica y complejas retóricas para asentarse en un realismo cotidiano. De alguna forma, este libro continúa su diálogo sobre la soledad, comenzado en “Las mujeres que paseaban perros imaginarios” (Piediciones, 2017), su anterior poemario, y persiste en la audacia, transgresora y contestataria, fiel a su labor como cronista e hijo de su tiempo que le ha distinguido como estilo propio.

10390438_10205597072794416_9067138923650028126_n

Boris Rozas