Archivos para septiembre, 2018

Publicado en el blog “Verde Luna”:

https://verdeluna2012.wordpress.com/2018/08/24/las-muchas-vidas-literarias-de-heberto-de-sysmo-de-haijin-cuantico-a-poeta-del-lenguaje/

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(Entrevista realizada por José Carlos Rodrigo Breto a José Antonio Olmedo).

Detrás de Heberto de Sysmo, emboscado, se esconde Jose Antonio Olmedo López-Amor, un poeta prolífico y a veces cuántico, aunque en su último poemario haya intentado descifrar el inmenso enigma del significado del lenguaje. También codirige la Revista Crátera de crítica y poesía contemporánea y, en esa tarea de crítico, acaba de publicar Polifonía de lo inmanente (Lastura/Ediciones Juglar). Hace poco firmó, además, un precioso libro de haikus en compañía de su gemelo literario, el poeta Gregorio Muelas. Heberto de Sysmo tiene un currículo impresionante, repleto de menciones, premios, y publicaciones. Entre su obra destaca el poemario El Testamento de la Rosa, que resultó finalista del VI Certamen Nacional de Poesía “Poeta Juan Calderón Matador 2014”, el ya mencionado libro de haikus La soledad encendida (Editorial Ultramarina Cartonera & Digital, 2015) en compañía de Gregorio Muelas, y el poemario de 2016 titulado La flor de la vida, Elogio de la geometría sagrada (Lastura Ediciones), con el que fue finalista de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana 2017. Su último libro es Maldito y bienamado bibelot (Baile del Sol), primer premio de poesía Certamen Nacional de las Letras Isabel Agüera Ciudad Villa del Río.

En Verde Luna nos hemos preocupado por su obra, que ahora os enlazamos como prólogo a esta entrevista. Sobre su nuevo poemario, Maldito y bienamado bibelot, esta es la crítica que le hicimos:

https://verdeluna2012.wordpress.com/2018/06/08/maldito-y-bienamado-bibelot-de-heberto-de-sysmo-el-rabino-low-y-la-feliz-pinata-del-lenguaje/

La crítica del poemario La flor de la vida, Elogio de la geometría sagrada, aquí:

https://verdeluna2012.wordpress.com/2017/03/24/de-lo-molecular-a-lo-cosmico-un-poemario-para-geometrizar-el-mundo/

Crítica de La soledad encendida, haikus en compañía de Gregorio Muelas:

https://verdeluna2012.wordpress.com/2017/07/24/la-soledad-encendida-haikus-un-museo-natural-del-verso/

Sobre Polifonía de lo inmanente, libro de crítica poética junto a Gregorio Muelas:

https://verdeluna2012.wordpress.com/2018/05/14/polifonia-de-lo-inmanente-guia-del-autoestopista-poetico/

Reseñas de algunos números de la Revista Crátera de crítica y poesía contemporánea que codirige:

https://verdeluna2012.wordpress.com/2018/03/13/segundo-numero-de-la-revista-de-critica-y-poesia-contemporanea-cratera-en-las-trincheras-de-la-belleza-poetica/

https://verdeluna2012.wordpress.com/2017/05/25/presentacion-de-la-revista-de-critica-y-poesia-contemporanea-cratera-poesia-para-tiempos-deshumanizados/

1-Empezaremos hablando de tu nuevo poemario, ¿qué podemos encontrar en Maldito y bienamado bibelot?

Es un ensayo poético sobre el lenguaje entendido como un ente propio, no como una herramienta o un abecedario que podemos emplear a nuestro antojo, ni como una capacidad gnóstica. Me puse a reflexionar un día tras la lectura de un ensayo de Enrique Serna que se titula Genealogía de la soberbia intelectual, publicado por Taurus, en donde nos cuenta la manipulación histórica que había sufrido la cultura durante generaciones y la importancia del lenguaje en la cultura no solamente literaria, sino humana. Si cuando nacemos no nos instruyen en la lengua seríamos seres ferales, Mowglis en la jungla. Es algo científico.

2-¿Cómo estructuras un poemario que nace de unos conceptos tan complejos?

El poemario tiene cuatro partes: la segunda, tercera y cuarta se refieren a las potencias de la literatura según Roland Barthes: Mathesis, Mímesis y Semiosis, mientras que la primera parte del poema se basa en la Physis, que la añado yo como aludiendo a esa parte humana. Además, le he dado mucha importancia a los títulos de los poemas con un valor catafórico muy importante. Son poemas muy breves y ocurre un poco como con los micro relatos, que el título forma parte del cuerpo del texto. En ese caso, hay que atender muy bien a lo que se quiere decir en el título porque es como un verso más. Y muchos de estos poemas se pueden leer de abajo para arriba, al revés, por esa direccionalidad del ser al lenguaje y del lenguaje al ser, algo que intenté representar en los poemas de esta manera.

3-¿Entonces el lenguaje es el absoluto protagonista de Maldito y bienamado bibelot?

En el poemario aparecen muchas referencias a Stefan Mallarmé, hermético de la poesía, que tenía un soneto acabado en –ix y le faltaba un rima pare terminarlo, así que inventó la palabra petix y la llenó del sentido que él quiso darle. Maldito y bienamado bibelot atiende a eso precisamente, al llenado de sentido de la palabra, a ese forzar el lenguaje, a ese quebrar una convención que es una palabra y dotarla de un significado. Sobre esos aspectos gira el poemario. El bibelot al que me refiero en el título he querido representarlo con caballo hueco, un caballo de Troya. El lenguaje como tal, que no sabemos qué es, utiliza la escritura y la literatura como caballo de Troya para entrar en nosotros. Pero también esto puede darse al revés porque, al final de todo, el hombre es el Dios. Somos tan capaces de crear, incluso la Inteligencia Artificial, que llegará un momento en el que sobraremos. Y lo que hayamos hecho nosotros será lo que perdurará.

4-Se nota que este es un poemario muy especial y significativo para ti…

Desde luego, y no puedo sino agradecer a la editorial Baile del Sol que hayan querido mi poemario desde el primer día y hayan hecho una edición muy buena que además cuenta con el prólogo de José Luis Rey, poeta al que admiro. Y después tuve la suerte de que Maldito y bienamado bibelot se llevó el Premio Nacional “Isabel Agüera” Ciudad de Villa del Río, y pude incluir en la publicación unas palabras muy hermosas de uno de los miembros del jurado.

5- ¿Una de tus influencias reconocidas son los novísimos, verdad?

Yo casi diría que la segunda oleada de novísimos, aquellos que Castellet dejó fuera, pero la verdad es que no son ni ellos ni sus obras lo que me interesa, lo que me parece modélico es la manera en que rompieron con la poesía social y aportaron una forma nueva basada en la cultura. No me interesa ni lo camp ni lo pop, ni la escritura mecánica y automática que ellos propugnaban, pero sí ese punto de quebrantar una poesía social tradicionalista, popular y enquistada, gastada ante la que afloraron estas nuevas vertientes de crear. Gimferrer con su poemario Arde el mar, publicado con tan solo 18 años, es impresionante en su complejidad, una forma de versar que cambió el punto de vista, rompió las cosas y abrió nuevas vías.

6-¿Y en este momento hay alguien que este abriendo nuevas vías poéticas?

En este momento de divergencia creativa hay creadores que no son conscientes de que están marcando pautas y creando caminos. Ellos serán la nueva Generación poética que aparecerá algún día, ahora solo están en periodo de formación. Son inetiquetables, y esto es a causa de la crisis de valores. La poesía se hace a título particular, nadie busca unirse a ninguna causa o movimiento. Ahora mismo convive una Generación inconsciente de que lo es. El poeta a título individual es fácil de identificar con los denominadores comunes ya establecidos, pero ahora nos ocurrirá a la inversa con esta Generación inconsciente, siendo identificables por las diferencias de sus libros, porque cada libro es distinto al otro. Esta polivalencia de temática y estilo define a la posible futura Generación ecléctica.

7-¿Esta futura Generación vive y se alimenta de las Redes Sociales, de Internet?

La posibilidad de escribir un poema y que aparezca en Google y publicarlo a los cuatro vientos tiene su parte buena y su parte mala. La divulgación, el que llegue a tanta gente, debería ser bueno, pero el que no sepa lo que está leyendo podrá tomar un mal trabajo poético como le apetezca y eso será algo peligroso porque se visibiliza lo que no merece la pena; por otra parte, el autor puede llegar a gente que de otra forma ni se propondría alcanzar. Como autores cruzamos océanos a golpe de clic y eso es indudablemente bueno.

8: ¿Qué te parece el que hayamos considerado en el blog de pensamiento poético Verde Luna a tu poemario anterior, La flor de la vida, como un texto de referencia de la poesía cuántica?

Estoy encantado. Y asombrado, No pensaba que mi poemario pudiera llegar tan lejos, ni mucho menos, lleno de agradecimiento. Es un libro de muchas alegrías, incluso ha sido finalista de los Premios de la Crítica Literaria de Valencia. Y efectivamente, es cuántico, porque allí se habla de asuntos geométricos y fractales. Desde luego. Que me adscribas a la corriente cuántica, que hables del libro en diferentes conferencias o que lo nominen a premios, son regalos inesperados que recibo con los brazos abiertos y que además conllevan una divulgación. La divulgación es vital para la poesía, en donde somos una minoría.

9-¿Qué opinas del Blog de pensamiento poético Verde Luna?

Pues tengo que felicitaros a todos lo que hacéis el Blog. Es algo muy necesario. Cuantos más foros de poesía haya, mejor, y acercar la crítica poética al lector es acercar la poesía. En Verde Luna he podido constatar el rigor de tu trabajo, por ejemplo, y la enorme vocación que se encuentra detrás de las reseñas, y eso no se ofrece en todos los blogs que se publican en las Redes. No suele verse muy a menudo el compromiso que tienes, y eso se percibe en Verde Luna, que debajo de las publicaciones hay una persona que lo vive y comulga con lo que hace. Y mira que hay blogs… Muchos hacen reseñas meramente testimoniales, de copiar la contraportada y poco más. Es importante que te digan que estás haciendo las cosas bien y en Verde Luna es así con esas críticas que subís.

10-Despídete con un pensamiento poético.

Ezra Pound decía que el poeta no sólo tenía el compromiso de crear, sino el de ser un modelo para la sociedad para la que escribe. Me quedo con esa reflexión, no solo creativa, sino también moral del poeta.

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Artículo de investigación publicado en la revista “El vuelo de la lechuza”:

https://elvuelodelalechuza.com/2018/09/09/evolucion-del-topico-literario-locus-amoenus-garcilaso-gongora-y-fray-luis-de-leon/

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El tópico locus amoenus es considerado en literatura desde los tiempos del Imperio romano hasta el siglo XVI como el motivo nuclear en cuanto a descripciones de la naturaleza se refiere. Atendamos a la siguiente definición que dan de él Sergio Arlandis y Agustín Reyes-Torres en su libro Textos e interpretación: introducción al análisis literario (pág. 132):

    Significa «lugar ameno, agradable». Lugar idílico donde se desarrolla una acción bella, generalmente un entorno natural idealizado: un verde prado en primavera, de aguas dulces y claras, con árboles de frondosos ramajes, soleados y con pájaros, etc. A veces un texto sólo tiene como tema la descripción de un lugar ameno, en conexión con el alma o sentimiento del protagonista. Igual ocurre en caso contrario.

    Bajo esta óptica podríamos considerar el locus amoenus como la antítesis de otro tópico literario, el locus eremus «lugar inhóspito». Dicho lugar ideal suele encontrarse lejos de las ciudades —lo cual lo acercaría geográficamente al beatus ille «feliz aquel…»— o lugares habitados y para muchos autores es el enclave perfecto para el amor y el gozo.

    Algunos poetas clásicos como: Teócrito, Virgilio y Horacio, ya encuadraron sus textos en un marco comparable al locus amoenus, pero fue a través de Petrarca como este tópico llegó a los poetas renacentistas. Poetas como Garcilaso de la Vega lo hicieron suyo y lo introdujeron en sus creaciones líricas ocupando un lugar determinante. El mismo Garcilaso fue el primer poeta castellano en introducir el locus amoenus en España mediante la escritura de sus tres églogas.

    El catedrático Emilio Orozco Díaz señala en su libro Paisaje y sentimiento de la naturaleza en la poesía española (págs. 99,100) algunos motivos que justifican la adopción de este tópico por los poetas renacentistas:

    No son motivos puramente estéticos sino vitales e intelectuales los que determinan esta aparición del paisaje en la poesía renacentista. A la general aspiración del humanismo a un orden mejor, apoyada en la sobrevaloración de la cultura y el raciocinio, se une la fatal añoranza de la vida pastoril que trae una época de hipercultura. Ello, fundido al ideal neoplatónico de exaltación de lo natural, explica cómo surge esta visión de paisaje apoyada como creación en lo intelectual y literario, pero construida con elementos naturales.

    Durante el Romanticismo el locus amoenus fue concebido con un carácter más salvaje, aumentando con ello la presencia de las sombras, mayor dureza, menos felicidad y más asilvestramiento. Posteriormente, durante el siglo XIX el tópico se introdujo en el mundo urbano y los bosques se convirtieron en jardines y los ríos en fuentes de piedra. En la actualidad se encuentran miles de ejemplos de locus amoenus, sobre todo en medios audiovisuales como la publicidad, por supuesto, actualizados al contexto sociocultural de una sociedad que ha transformado sus valores y costumbres con el paso del tiempo.

    Debemos tener en cuenta que la utilización de tópicos literarios en los poemas objeto de estudio es funcional, y por lo tanto, variada; es decir, el autor, según el desarrollo de los hechos que relata, la intencionalidad del texto, la psicología de los personajes, sus propias creencias, referencias, contexto social e ideología, configura una estructura condicionada por múltiples factores, de lo que resulta que en algunos poemas coexistan referencias a varios tópicos literarios[1].

  Todos estos condicionantes y algunos otros determinarán la importancia y protagonismo del locus amoenus, así como también marcarán positiva o negativamente a algunos elementos de los textos, como por ejemplo el mar, el cual por motivos biográficos será considerado algo malo en la Oda a la vida retirada de fray Luis de León.

    El locus amoenus del Renacimiento evoluciona desde lo amplio, sencillo y natural (neoplatonismo), pasando por un proceso de espiritualización (ascetismo, estoicismo) hasta lo limitado, recargado y artificioso del Barroco (culteranismo).

    Tanto en la Égloga II, como en la Oda a la vida retirada o la Fábula de Polifemo y Galatea, el paisaje supone un escenario vital, el marco incomparable donde los personajes de los textos desarrollan sus acciones al mismo tiempo que son influenciados por la belleza de la naturaleza.

    Garcilaso de la Vega inscribe su Égloga II en el bucolismo, género que facilita el empleo del locus amoenus para expresar el anhelo existencial de un mundo en equilibrio y puro, no mancillado por desencuentros amorosos ni de ningún tipo, ya sean de orden material o espiritual.

    El bucolismo fue otra forma de tradición clásica enormemente influyente en la poesía del siglo XVI. En este caso no sólo conformó actitudes o arquetipos, sino que instrumentó parte de su lenguaje y de su retórica al convertirse en el cauce más adecuado para la expresión del más poderoso de los anhelos del poeta renacentista: la añoranza de un mundo perfecto emblematizado en la Edad de Oro. (Castro, 1925: 173-195).

    En este sentido, como referencias incuestionables en los poetas del Renacimiento se encuentran Virgilio (Bucólicas) y Sannazaro (Arcadia); si el primero constituyó el modelo eglógico, el segundo propuso una opción más lírica en la que se insertaba la tradición petrarquista[2].

    Por ello el bucolismo poético, más allá del aparente añadido superficial que pudiera aparentar el disfraz onomástico, es la expresión de la íntima necesidad de armonía del poeta-pastor, armonía con proyección esencial sobre el marco natural. (López Bueno, 2011: 41,42).

    Por tanto, el protagonismo y uso del locus amoenus en las tres obras que nos ocupan no se reduce al de un escenario, sino a un universo plástico y dinámico que se adapta a las circunstancias argumentales e incluso interactúa con los pensamientos del sujeto lírico y los personajes; la potencia polisémica y simbólica de los elementos que lo conforman facilitan este rol, por lo que el campo semántico referido a él se verá ampliado con el paso del tiempo evidenciando una evolución, así como sus connotaciones  traslucirán una parte de las preocupaciones y consecuencias políticas, sociales y culturales de cada época.

    El amor de Albanio en la Égloga II de Garcilaso puede corresponderse con el mismo y desmesurado amor de la tradición medieval, una sensualidad desenfrenada que rompe tanto con el canon del amor cortés[3] como con la moral cristiana. Bajo esta premisa el poeta se sirve del paisaje para contrastar sus emociones: «En medio del invierno está templada / el agua dulce de esta clara fuente, / y en el verano más que nieve helada»; mientras en el primer y tercer versos el poeta expresa la contradicción del sujeto lírico a través de antítesis, el segundo verso, formado por una bimembración sinestésica, funciona como bisagra de ambos y nuclear expresión de un locus amoenus que en sus siguientes versos pasará del plano espectacular al de interlocutor.

    Los elementos (terrenales) del paisaje participan íntimamente de las secretas inquietudes del poeta o sujeto lírico, no siendo solo testigos de la acción sino participando activamente en ella (contraste): « ¡Oh claras ondas, cómo veo presente, / en viéndoos, la memoria d´aquel día / de que el alma temblar y arder se siente». Al dirigir su discurso a las aguas estas se transforman en su confidente. Sin embargo, los elementos poemáticos del plano celeste: sol, estrellas, luna, no cuentan como elementos activos del paisaje, no existe lo supraterreno. Tampoco dicho paisaje se espiritualiza, aunque sí hay un goce sensorial matizado y refinado: «El dulce murmurar deste ruïdo, / el mover de los árboles del viento, / el suave olor del prado florecido» (vv. 13, 14, 15). La visión antropocentrista del mundo está presente, de nuevo a través del recurso sinestésico.

    En la Oda a la vida retirada de fray Luis de León ya encontramos diferencias manifiestas con respecto a la obra de Garcilaso. Mientras en la égloga estudiada los lugares eran de naturaleza virtual, en esta oda aparece un huerto, en la novena estrofa, que es trasunto de un huerto real que poseía Luis de León: «Del monte en la ladera, / por mi mano plantado tengo un huerto, / que con la primavera / de bella flor cubierto / ya muestra en esperanza el fruto cierto».

    Como poeta estético y sensorial fray Luis manifiesta dos rasgos profundos en esta obra: admiración por la vida sencilla y anhelo de espiritualidad, por lo que vincula el locus amoenus con el Edén. Ello motiva una espiritualización del paisaje (estoicismo) en la que pervive una lectura moral sobre el hecho de alejarse de las tentaciones materiales: «Oh monte. Oh fuente, oh río!, / ¡oh secreto seguro, deleitoso!, / roto casi el navío, / a vuestro almo reposo / huyo de aqueste mar tempestuoso».

    En esta tesitura la naturaleza aparece quintaesenciada (refinada, purificada) y como naturaleza amable se impregna en el plano léxico de cromatismo. Bajo una lectura en clave ascética un elemento como la montaña es para fray Luis una escalera a Dios. El paisaje es pues testimonio y reflejo de una grandeza divina, por lo que los significantes abren su campo semántico al símbolo.

    Para fray Luis, a diferencia de Garcilaso, sí es importante la contemplación del cielo y todos sus elementos, pues encuentra en ellos consuelo y lección, aunque también inquietud y desasosiego. El cielo es trasunto de la mansión eterna, por eso la tierra se goza de forma sensorial y profunda pero en el fondo representa una cárcel para el alma (valle hondo y oscuro).

    Por su parte, Góngora en la Fábula de Polifemo y Galatea potencia, pule y perfecciona los recursos literarios empleados en el Renacimiento para formar una obra predominantemente barroca pero con algunos rasgos renacentistas. Modifica el vínculo significante/significado, la constante acción expresiva recae sobre el significante. Esto puede apreciarse en la primera estrofa del poema:

La fugitiva ninfa, en tanto, donde

hurta un laurel su tronco al sol ardiente,

tanto jazmines cuanta hierba esconde

la nieve de sus miembros, da una fuente.

Dulce se queja, dulce la responde

un ruiseñor a otro, y dulcemente

al sueño da sus ojos la armonía,

por no abrasar con tres soles el día.

    En esta estrofa apreciamos elementos barrocos y renacentistas. Por un lado, la anafórica presencia de las palabras `dulce´ y `dulcemente´ en los versos quinto y sexto, representa una inducción al sueño en el sentido más petrarquista. Por otro, la apariencia de la dama Galatea es absolutamente renacentista, lo cual contrastará más adelante con la descripción barroca de su amante, Acis. El símbolo del laurel en el segundo verso representa el amor esquivo, lo que lo vincula con otro de los aspectos de la dama cortesana. El canto del ruiseñor que aparece en el verso sexto alude a un motivo virgiliano, un “espacio de evasión” que se identifica con la dulzura de Galatea.

    La descripción del paisaje ahora es oscura, debido al pronunciado cromatismo que emplea Góngora, adquiere un valor de hipotiposis, como también el uso recurrente de un hipérbaton histerológico favorece la hipotaxis: «La ninfa, pues, la sonorosa plata / bullir sintió del arroyuelo apenas, / cuando, a los verdes márgenes ingrata, / segur se hizo de sus azucenas».

     En la estrofa cuarenta hay un afán comparativo entre la naturaleza y la belleza de unas alfombras tejidas por el ser humano, de dicha comparación sale victoriosa la naturaleza: «Sobre una alfombra, que imitara en vano / el tirio sus matices (si bien era / de cuantas sedas ya hiló, gusano, / y, artífice, tejió la Primavera)».

    El locus amoenus da un cambio radical en las estrofas que describen y narran los hechos de Polifemo. Con ello, se abre a lo grotesco e inquietante, a la oscuridad y el desasosiego. La crisis ideológica que juzga imperfecta a la naturaleza, como motivo a superar, trasciende en un oscurantismo cromático. Esa decodificación de la oscuridad será considerada como culteranismo. Lo terrible y lo bello contrastan su belleza en el Barroco.

    Pero sin duda, uno de los rasgos que caracterizan a esta obra respecto de las anteriores, es presentar a la naturaleza no solo como potencia propiciadora del juego sensual de los protagonistas —hiedras enroscadas como metáfora del amor—, sino también como participante del goce amoroso —dos palomas enceladas incitan a acercarse a los amantes— llamada a anticipar su desenlace: «Huyera; mas tan frío se desata / un temor perezoso por sus venas, / que a la precisa fuga, al presto vuelo, / grillos de nieve fue, plumas de hielo».

    La Égloga II de Garcilaso se inscribe en la primera etapa del locus amoenus, de carácter antropocéntrico y neoplatónico. Sus consideraciones tienen una raigambre telúrica y las emociones del sujeto lírico son vertidas al paisaje, en este caso, el dolor de un amor no correspondido.

    La Oda a la vida retirada de fray Luis de León ya pertenece al denominado segundo Renacimiento. La vinculación del paisaje al Edén o al Paraíso Perdido obliga a la naturaleza a espiritualizarse de manera ascética, pero también estoica. Perteneciente a la etapa de soledad rústica de su autor y afectada por el erasmismo, aquí el paisaje cobra mayor relevancia y protagonismo y multiplica su capacidad expresiva.

    La Fábula de Polifemo y Galatea de Góngora aunque contenga un paisaje inundado de imágenes petrarquistas es una obra modélica del Barroco. De su conflicto entre el arte y la naturaleza nace una nueva sensibilidad en la que la naturaleza participa de la sensualidad de los personajes. La barroquización del poema a través de recursos literarios complejiza la sintaxis pero enriquece sobremanera la obra potenciando incluso el uso de algunos recursos renacentistas. La naturaleza se vuelve incitadora de los personajes y el recurso a la mitología alcanza un valor hiperuranio y mitagógico.

   La recurrencia de cualquier topos en la literatura —en este caso nos referimos al locus amoenus— demuestra que el ser humano, tanto a la hora de ser, como de ficcionar, transita lugares comunes quizás apoyado en tendencias innatas. El regreso a lo transido invita primero a su exhaustivo conocimiento, pero después a su ruptura.

    En la evolución de los tópicos literarios podemos vislumbrar además la evolución de una tradición íntimamente ligada al pensamiento, la preocupación eterna por tres constantes universales como el amor, la muerte o el tiempo, que lejos de desaparecer se actualiza.

    Muchos de los topos literarios están relacionados entre sí, por ejemplo, «el locus amoenus  encuentra analogías con el beatus ille, Edad de Oro, menosprecio de corte y alabanza de aldea» (Platas Tasende, 2000: 453); con otros muchos tópicos no hay analogía pero en algunos casos sus márgenes están muy cerca, demostrando con ello que son una derivación de esas tres preocupaciones universales anteriormente mencionadas.

BIBLIOGRAFÍA

—ARLANDIS, Sergio; REYES-TORRES, Agustín; (2013). Textos e interpretación: introducción al análisis literario. Barcelona. Anthropos Editorial. (Pág. 132).

—CASTRO, A; (1925). El pensamiento de Cervantes. Barcelona. Noguer. (Págs. 173-195).

—L. RIVERS, Elías; (2016). Poesía lírica del Siglo de Oro. Madrid. Ediciones Cátedra. (Págs. 112,113, 220-240).

—LÓPEZ BUENO, Begoña; (2011). La renovación poética del Renacimiento al Barroco. Madrid. Editorial Síntesis. (Págs. 41,42).

—OROZCO DÍAZ, Emilio; (2009). Paisaje y sentimiento de la naturaleza en la poesía española. Málaga: Universidad de Málaga. Servicio de Publicaciones e Intercambio. (Págs. 99,100).

—PLATAS TASENDE, Ana María; (2000). Diccionario de términos literarios. Madrid: Espasa Calpe. (Pág. 845).

[1] Una muestra de ello es la Oda a la vida retirada de fray Luis de León, en la cual el locus amoenus es desarrollado como tópico principal en todo el poema, mientras que las estrofas concernientes al principio y final referencian al beatus ille.

[2] La lista de referentes que influyeron en la plasmación humanístico-renacentista del mundo es ampliable a otros muchos autores, como: Ovidio (Metamorfosis), Bernardo Tasso (Églogas) y Horacio (Odas).

[3] En cambio, en esta égloga el autor sí utiliza el ideal de belleza cortesano a la hora de describir a la amada.

Crónica publicada en “Todoliteratura.es”:

https://www.todoliteratura.es/articulo/presentaciones/elena-torres-presenta-gramatica-sombras-homenaje-palabra-poetica/20180907181824048952.html

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El pasado jueves, 6 de septiembre, la Librería Ramón Llull de Valencia estrenó su temporada con la presentación del poemario “Gramática de sombras” (Calambur, 2018) de Elena Torres. Dicho libro es el decimocuarto en la bibliografía de su autora. Y para la ocasión, la poeta contó con la presencia de Sergio Arlandis, poeta, crítico, y en este caso, editor del sello Calambur, además de Blas Muñoz, reconocido poeta y profesor de larga trayectoria.

    A pesar de la fecha escogida para la presentación, teniendo en cuenta que el verano levantino se vive hasta mediados de septiembre, el público no defraudó y llenó uno de los foros culturales más emblemáticos de la Comunidad Valenciana. Como consecuencia de ello, escritores de la talla de Jaime Siles, Pedro José Moreno, Gloria de Frutos, Mar Busquets o Bibiana Collado, entre otros, arroparon a la autora.

    Para quienes no conozcan a Elena Torres, apuntaré brevemente que empezó su trayectoria como poeta en 1994 con Don de la memoria (Instituto de Estudios Modernistas), editorial del recientemente desaparecido Ricardo Llopesa, y a este libro sucedieron Alta fidelidad (Páginacero, 2001, Alrededor del deseo (Torremozas, 2011) o Frágil (Obrapropia, 2012), libro que mereció el Premio Ciudad de Valencia Vicente Gaos.

    El acto comenzó con unas palabras del poeta y anfitrión —junto a Almudena— Francisco Benedito, con las que agradeció al público su asistencia y subrayó la relevancia cultural y el cariño que las tres figuras literarias allí reunidas despiertan en la casa.

    Sergio Arlandis, una de las voces más destacadas de su generación, tomó la palabra en calidad de editor para manifestar que el manuscrito de Elena Torres no convenció a la mayoría del comité lector a su llegada a la editorial, sino a todos. Puso en valor la dilatada experiencia de la autora y su particular admiración por una obra que conecta emocional e intelectualmente con el lector a varios niveles. Alabó la capacidad de síntesis de los poemas, su arraigo con lo cotidiano pero a la vez metafísico, su universalidad y carácter metaliterario, lo que dota a los versos de profundidad y múltiples interpretaciones. Arlandis añadió que el lenguaje y su finitud gramatical lo convierten, precisamente, en una herramienta de infinitas posibilidades, motivo temático que filtrará toda su simbología por los diferentes pasajes del libro.

    Elena Torres, por su parte, compartió con los allí presentes algunas claves que ayudan a conocer mejor su poética y a desentrañar el libro. Comentó que urdió el poemario con la idea preconcebida de abordar temas nucleares y recurrentes en su poética, como lo son: el amor, el deseo, el tiempo, la duda; añadió que el libro está dividido en ocho partes y que a cada una de ellas precede una cita en la que se encuentra implícita la palabra temática a la que va referida cada sección. Decidió envolver esta obra con una retórica lingüística en la que la palabra fuese vehículo, pero también modelo y cuerpo de su universo simbólico. De este modo, la autora manifestó haber subrayado la importancia de los adverbios, las preposiciones y locuciones como partes de la gramática que posibilitan combinaciones que nos acerquen a describir lo inefable.

    El poeta Blas Muñoz fue breve en su intervención, pero —tal y como acostumbra— contundente y preciso. Vinculó la importancia de esas mínimas partes de la oración, como pueden ser los adverbios y preposiciones, con la coherencia y cohesión de una gramática necesitada de esas membranas articulatorias del discurso. Antepuso el valor de la solvente utilización de dichos nexos  a la sustantivación o adjetivación, recursos  banalizados y trillados por el acervo popular. Al igual que Sergio Arlandis, Blas Muñoz fue uno de los lectores privilegiados cuando Gramática de sombras era solo un borrador, y sostuvo con la autora una conversación en la que ambos comentaron la decisiva influencia que su criterio tuvo en el acabado final del libro.

    El acto culminó con un breve recital de los poemas del libro a cargo de Blas Muñoz y Elena Torres, quienes pausadamente y alternando sus lecturas convirtieron la declamación en un diálogo brillante y fluido que no hizo más que revelar la condición de macrotexto de la obra.

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Reseña publicada en “Todoliteratura.es”:

https://www.todoliteratura.es/articulo/criticas/nada-griega-miguel-catalan-paradojas-metafisicas-vacio-ser/20180903064204048909.html

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Título: La nada griega

Autor: Miguel Catalán

Editorial: Sequitur

Género: paradoja

Año de publicación: 2013

Número de páginas: 62

ISBN: 978-84-15707-06-6

Miguel Catalán González nace en Valencia en 1958. Realiza sus primeros estudios en el Patronato de la Juventud Obrera. Trabaja como aprendiz en la imprenta Sucesores de Vives Mora antes comenzar su etapa como profesor en el Instituto Luis Vives de su ciudad natal. Leer a filósofos como Bertrand Russell, Schopenhauer y Nietzsche le lleva a matricularse en la licenciatura de Filosofía. Comienza a escribir ficciones bajo la influencia de Thomas Mann y Marcel Proust, lecturas juveniles que marcarán su estilo narrativo. Se licencia en Filosofía Pura en 1984 y realiza su tesis doctoral sobre la teoría moral del pragmatista norteamericano John Dewey; la publicación de esta tesis bajo el título Pensamiento y acción supondría su debut editorial en 1994. Actualmente, Catalán sigue ejerciendo su labor docente en la Facultad de Ciencias de la Información en la Universidad CEU Cardenal Herrera.

    Catalán ha publicado veinticuatro libros en veinticuatro años, su ritmo creativo no ha menguado un ápice después de más de dos décadas, algo que demuestra —además de disciplina y trabajo— lo apasionado y comprometido que está con la literatura.

    La nada griega se compone de ciento once paradojas, formato que ya empleó —con su misma cantidad— en El sol de medianoche (Edicions de Ponent, 2001), y para quien no esté familiarizado con la paradoja como género literario cabe apuntar que se trata de textos, por lo general, breves, en los que las expresiones envuelven una contradicción. Además de eso, y trascendiendo su antitética materialidad, los factores presentados en ella deben resultar válidos, reales o verosímiles; estos y otros rasgos hacen que las paradojas puedan concebirse de varios tipos. Para Julián Pérez Porto y María Merino dicha clasificación puede llevar se a cabo en dos grandes grupos: en función de su veracidad y en base al área de conocimiento al que se suscribe. O lo que es lo mismo: antinomias, condicionales, de definición y verídicas; y por citar solo unos ejemplos: economía, matemática y física.

   Atendamos a la paradoja número cuatro para ejemplificar su razón de ser: «Las personas que creen que nunca mienten, lo hacen por partida doble. Mienten a los demás, como todo el mundo, y además se mienten a sí mismos». Podemos considerar también paradojas a las ideas opuestas a la opinión general, aserciones aparentemente absurdas que se presentan como verdaderas. En la paradoja anteriormente citada de Miguel Catalán atendemos a un juicio moral, más allá de una actitud frente a la verdad o la mentira, Catalán nos habla de la hipocresía, del uso o desuso que hacemos de ambas y del invisible castigo-consecuencia natural que se sufre por ello.

    La máscara social se deforma y destruye con cada paradoja de Catalán: «Cómo estresa que el presentador nos diga al despedir las noticias: “Sean ustedes felices”.». En ocasiones, una paradoja dentro de otra: seleccionan noticias trágicas y desasosegantes para inducirnos preocupaciones y miedos pero nos desean felicidad; a la ya acelerada vida citadina, llena de sueños por cumplir y esfuerzo por conseguirlos, añadimos la petición de un presentador de tres al cuarto y nos parece estresante.

    Las luces y las sombras equilibran complejamente una balanza lingüística que muchas veces refulge como una aporía: «El poderío germinativo de la putrefacción». No en vano, la paradoja ha servido históricamente y sirve a filósofos y científicos —su uso en matemáticas es recurrente— para esclarecer anatemas como una forma de reducción al absurdo. Una correcta decodificación de las paradojas y sus argumentos beneficia el desarrollo del análisis y procesamiento de nuestra información abstracta.

    Para Umberto Eco, la paradoja es un vehículo para verdades ultrajantes que solo tras una segunda lectura o reflexión desvela su parte de verdad (2002). A diferencia del aforismo, las paradojas son más complejas tanto para su autor como para su lector. A la agudeza aforística hemos de sumar el juego de palabras máscara-esencia que va más allá de la opinión común y traza senderos marcados por la lógica, los cuales, sin embargo, presentan afirmaciones autocontradictorias: «Los fantasmas, esos muertos inmaduros».

    En la bibliografía de Miguel Catalán podemos encontrar mucha filosofía, y también política o temas y reflexiones políticos, pero por encima de su repertorio temático hay una vertebral investigación sobre la naturaleza humana. De forma interdisciplinar, Catalán elabora un constructo científico que basa su esencia en la ilusión, el engaño y el error humano, algo que desarrollaría de manera extensa en su libro-tratado que lleva por título “Seudología”, así como en posteriores obras de mismo título.

    En La nada griega, como su propio título anticipa, el filósofo presta especial atención a lo que el concepto de nada representaba para los pensadores griegos, por supuesto, sin desdeñar las mencionadas preocupaciones antropológicas. Partiendo del plenum o el ser en Parménides, conocemos el no ser, la vacuidad de la materia, o lo que es lo mismo, la nada, una nada que aparentemente empujada por la lógica deja de ser nada para ser algo. El paradojista aludirá a Meliso, Leucipo y Demócrito, por supuesto a la sofística y especialmente a Platón.  Aunque hay referencias a muchos otros artistas y pensadores, encuentro de especial interés las reflexiones inherentes a Plotino y Cirlot: «”Los viajes inútiles”: Quien nada tiene dentro de sí, nada encuentra fuera».

    Las paradojas más extensas se encargan de ilustrar la casuística helénica en cuanto a la nada y sus satélites: « El matemático griego Hipaso de Metaponto descubrió un buen día que no todos los números eran racionales […]; Cuando llegó la mala noticia a oídos del racionalista Pitágoras, este condenó a Hipaso a morir ahogado». Parménides y la ontología eleática apostaron por una nada como espacio vacío y finito, a lo que Meliso propuso la eternidad infinita. El pensamiento de Catalán actualiza y versiona una problemática milenaria y la contextualiza en un presente controvertido y necesitado de filósofos que lo cuestionen: «”Los tres niveles”: En un mundo de simuladores (1), el individuo sincero (0) será considerado un cínico (2)».

    Como hemos dicho antes, algunas paradojas irresolubles de la antigüedad fueron resueltas merced a los avances cognitivos o cambios de paradigma, cosmovisión o episteme, he ahí una de las grandezas de la paradoja asociada al pensamiento, un afán por trascender, por superar lo trillado y consabido que dibuja puertas en los muros más gruesos, puertas que el lector reflexivo podrá o no abrir.

    En la última parte del libro encontramos elementos que apuntan a una especie de paradoja cancroide o más experimental: intertextualidad con acervo popular, paradoja visual, atribución de paradojas a otros autores. No es la primera ocasión en que el talento creativo e inquieto de Miguel Catalán empuja los márgenes de un género y crea pasajes o alguna que otra obra completa híbrida.

    Rousseau opuso la paradoja a los prejuicios. Pitigrilli la colocó a la altura de la poesía entre los valores intelectuales; lo que está muy claro, es que además de un recurso semántico para el filósofo moderno, la paradoja se ha constituido como uno de los procesos fundamentales del pensamiento contemporáneo.

    Para terminar, transcribo la paradoja de Miguel Catalán atribuida a Jorge Luis Borges: «La biografía es un género en el que un individuo quiere despertar en otro recuerdos que sólo tuvo un tercero».

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Miguel Catalán González