“Masa crítica” de Francisco Alba: crónica de la decadencia.

Publicado: 17 marzo, 2018 en reseñas literarias
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Publicado en el número 1 de “Crátera. Revista de Crítica y Poesía Contemporánea”.

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Título: Masa crítica

Autor: Francisco Alba

Editorial: Vaso Roto

Género: poesía

Año de publicación: 2013

Número de páginas: 88

ISBN: 978-84-15168-22-5

    Advertido por cierta reseña del poeta Bruno Mesa, abordé la lectura de este libro con el recelo de quien pretende disfrutar de una buena lectura, de quien pretende averiguar los secretos ajenos, saber a qué huele su miseria, airear sus trapos sucios —sí, por ese orden—, pero jamás en ese intercambio de golpes pretende encontrarse a sí mismo.

    Un libro es el lugar menos pensado, el espejo no advertido para encontrar las huellas —versos con piel en sus uñas— de una conciencia herida. Tal es el caso de Masa crítica, el tercer poemario de Francisco Alba. De nada sirvió la advertencia, los poemas de este libro hablan del mundo, quizá con pesimismo, sí, y por ello sus formas son realistas, su reflejo, crudo, pero de forma inesquivable, también habla de nosotros.

   Francisco Alba nació en Barcelona, en 1967. Ha publicado los poemarios Teoría de la culpa (1995) y El contrario (2008), dos obras separadas por trece años de silencio editorial. Ha escrito además un libro de prosa breve titulado Contra el ruido (2010). Es, además, colaborador de revistas literarias como Clarín y El Ciervo.

    Considerado rara avis en el panorama poético nacional, a Francisco Alba le interesa la ciencia, pero también el culturalismo de los novísimos; quizá su lírica se acerca al realismo sucio, pero está impregnada de metafísica, filosofía y humor en distintos niveles y gradaciones. Una pluma inquieta e indagadora que no mancha su amor a las palabras aunque haga cual prestidigitador manoseándolas y travistiéndolas ante el lector profano. A ese incauto lector accidental, o incluso, a ese no lector, va dirigido este libro, un alarde poco convencional de fusión genérica donde en el último poema del libro coexisten sin romper la armonía —y a un mismo nivel literario— diferentes lenguajes: títulos de canciones, números de teléfono, menú de un restaurante, eslóganes publicitarios, alta cultura, basura televisiva, y así hasta desmitificar la solemnidad de un vuelo poético fingido que poco o nada tiene que ver con la realidad.

   Y es que esa masa anónima que conforma la sociedad, lo es por incluir la particularidad del ser, pero también por corromperla, fundirla y homogeneizarla. El sistema fabrica mentes utilitarias, mecánicos y vacíos individuos, y además lo hace en serie. A este desarme y reconfiguración de la conciencia se refiere el poeta en textos como “Roma”, donde tras la aparente inocencia y vulgaridad de lo cotidiano se esconde el veneno de la religión capitalista y sus métodos de control e incitación sa[n]grados: Vamos a por la parejita. / Hablaremos de la fugacidad de la vida en una trattoria de Via Panisperna. / De la destrucción de Corinto hablaremos, y de la tala de los olivos centenarios del jardín de la Academia en Atenas. / La luz ha subido un 9%. / Un profeta de Judea ha redimido a la gata. / En las calles de Roma es relativamente fácil que te atropelle el papamóvil.

    Si es posible jugar en serio, Francisco Alba lo hace. No distinguir la broma del enfado, la sátira feliz del humor negro, son acicates para el lector que busca acomodo en sus versos. La lectura de Alba es siempre incómoda, no busca condescendencia, arde y escupe, huye de la etiqueta popular, pero en su huída, forma la suya propia: Toda nación necesita la tumba de un cadáver anónimo sobre la que dejar flores y baba.

   Debo admitir que llamó mi atención el título del libro, precisamente por la proliferación de una masa acrítica de individuos, su masa crítica globaliza la banalidad y otras aberraciones antropo[i]lógicas. Pero para esclarecer el epígrafe vayamos al diccionario:

 

«En física, la masa crítica es la cantidad mínima de material necesaria para que se mantenga una reacción nuclear en cadena».

 

«En sociología, es una cantidad mínima de personas necesarias para que un fenómeno concreto tenga lugar. Así, el fenómeno adquiere una dinámica propia que le permite sostenerse y crecer».

 

    Ambos conceptos son de análogo movimiento, aunque aplicados a campos diferentes. Alba nos dice —invirtiendo el presupuesto de la teoría de centésimo mono—, que la conciencia global es la que es porque esa mínima cantidad necesaria para influir en el inconsciente colectivo se convierte en mayoría, es innegable, pero se dirige hacia el abismo. Si el propósito o el sueño de cualquier urbanita-filósofo contemporáneo y no adaptado a las miserias tecnócratas que lo rodean, es meditar y trascender en otras mentes la esencia y valores de su pensamiento, la realidad es otra, cruelmente la contraria, la vulgaridad, el consumismo, la violencia, acaparan los vidrios de historia y a nadie sorprende ya que sus valores surjan de un modelo de conducta autodestructivo tan irracional como instintivo: El Nuevo Testamento y la bomba de hidrógeno / pasan por el escáner. / Porque la vida humana es de tal forma / que cualquier cosa puede sucedernos. / Un parásito vive en tu cerebro / y te empuja al suicidio o te enamoras. […] Las almas de nosotros consumidores ascienden / hacia las claraboyas suspirando. / Nos impulsan las alas de murciélago / y un deseo de amar aprendido en el cine.

   El pesimismo de Alba está sobradamente justificado, aunque no alardea de sentimental dramatismo, ni se corona como fácil opositor de esta alarmante tendencia. ¿Cómo se puede concienciar a alguien sin conciencia? Vendiéndole una. ¿Y cómo hacemos que se sienta seguro de su compra? Poniendo nuestro producto en contraste con otros, o simplemente, ridiculizando al rival.

   Y es que en este mundo competitivo, el lenguaje y métodos publicitarios —nada más lejos de la realidad— se convierten en un evangelio de la moral hueca que congracia sus míseras creencias con la prisa, la moda y el mercado de valores: Me preguntaron cuál era mi profesión: soy una res de matadero”. Algo vendemos, eso está muy claro. ¿Qué vendemos? Ni idea.

    Si una tónica lingüística del libro es su prosaico discurso, algunos poemas destilan un manifiesto estilo aforístico. Se alterna el uso del poema en prosa. El yo lírico en primera persona es predominante, aunque existen poemas dialogísticos. Si la sonoridad del verso es blanca de forma permanente, en todo el libro hay una armonía construida en su mayoría por versos imparísilabos: endecasílabos y heptasílabos, frente a una minoría de dodecasílabos.

    Para Alba, el ser humano actual padece un ergotismo galopante como efecto —por ejemplo— tras consumir demasiada cultura envasada; yo lo llamo «lírica transgénica», otros «cultura de masas». De ahí su vocación de poema-molotov para incendiar conciencias, para muchos, producto de un poeta difícil de clasificar: Vivís paralizados por el miedo. //  ¿Qué veis entre las sombras? // Veis a un señor que os roba la cartera. / Carteras de inversiones hipotecas / primas de riesgo, formas refinadas / de la pornografía financiera. / Y cuando estáis tumbados / —en ese duermevela— / un niño autista en Sydney calcula en un programa / a qué edad moriréis.

    Estructurado en tres partes y un epílogo-coda, la impresión general tras su lectura es la de haber contemplado una esperpéntica función de teatro del absurdo. Con el tono seco y descriptivo de Simic, el dramaturgo ordena a los actores que sus muecas empiecen a desdibujarse como parodia, pero también, que no se relajen, pues en cualquier momento pueden resolverse en daño. El resultado de equilibrar las dosis de sarcasmo, ironía y crítica, con humor, historia y expresión poética, da como resultado Masa crítica, un erario moral de irreverencias y verdades, histórico en sus referentes, humano en su doctrina, una poética inquieta y reflexiva en busca —quizá— de un nuevo género, posmodernista e inconforme, antropocéntrico y mutante.

 

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