Crtica publicada en el número 1 de “Crátera. Revista de Crítica  Poesía Contemporánea” (2017).

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Título: Infierno y nadie

Autor: Antonio Marín Albalate

Editorial: Unaria Ediciones

Género: poesía

Año de publicación: 2015

Número de páginas: 346

ISBN: 978-84-943850-8-7

 

 «Nací cerca del mar y creo en mis hijos como en la palabra por venir. Dejo para el fuego cuanto he publicado. No busco otro destino que escribir un verso muy hondo, donde ahogar la nieve de la vida».

 

Con estas precisas palabras se presentaba a sí mismo el poeta Antonio Marín Albalate (Cartagena, 1955) en una de sus páginas digitales. Y sí, es cierto que deja para el fuego cuanto ha publicado. Poeta esforzado en ser y escribir, no lo es tanto para bailar el agua, pavonearse o entrar en los escaparates de intercambio de favores, tan a la orden del día en la lírica actual. Como ocurre con los grandes poetas, escriban prosa, textos periodísticos o la lista de la compra, en sus palabras siempre se halla poesía.

    Como poeta díscolo y no homologado por la ortodoxia del canon, Albalate lleva componiendo desde el año 1978, en el que publicó Apocalipsis en mi menor para bajo a una sola voz (Cuadernos de poesía “El Cuervo”), una densa e irreverente obra poética que respira por sus múltiples heridas y a su vez se regenera y cicatriza en su particular búsqueda de una belleza sincera en contraluz con el absurdo.

    Como parte de ese autorretrato involuntario que compone toda bibliografía, vuelvo a poner de ejemplo las palabras del propio autor como reflejo verdadero de su vida y su poética:

«Yo, Antonio -que, como Juan Cartagena, ¿Sombra de lo siniestro? escribí- siguiendo el dictado de Pessoa, me declaro un fingidor y, por tanto, partidario del elogio a la mentira. Ejercitándome en ello, a la hora de escribir, he perdido ya más de media vida. Por eso estoy tan Todo, de vuelta de Nada; llamarme Pilatos y sólo eso sí, en el camino, escuchando la música de las palabras por si llegaran a ser canción en el tiempo del poema. Desconozco el significado de la palabra vanidad, de la misma manera que detesto el necio lenguaje de los espejos. Suelo llevar agua en los bolsillos por mi tendencia a llamarme Pilatos y sólo me humillo ante la erótica del poder que la Belleza ejerce en mis ojos. Lo demás, es más mentira todavía».

    Navegar como lector por Infierno y nadie, una antología esencial —editada por Unaria Ediciones— que compendia treinta y seis años de vida poemática (1978-2014), propone, además de un viaje en el tiempo a través de una conciencia, el particular decálogo poético de un inconformista renovador de la palabra, como lo es Marín Albalate.

    El libro cuenta con la selección de textos, estudio preliminar y notas de José Luis Abraham López, quien en su —breve, para cuanto abarca— atrio no necesita más que unas cuantas páginas para radiografiar acertadamente al autor de El humo de las palabras (1996). Aquí, el profesor Abraham López llama al poeta «desdoblado» debido a sus múltiples perspectivas, tonos y voces; lo cual se ha transcrito también a lo largo de su carrera a través de sendos seudónimos con los que ha firmado algunos de sus libros: Juan Cartagena, Josep Tapies Segundo o Tonino Albalatto. Subraya también que la conciencia creadora del artista marcha en paralelo a su capacidad metamórfica. Y es que no es fácil esquematizar una obra conformada en treinta y seis volúmenes, un legado  diverso y polivalente que en simbiosis con la experiencia vital tiende a mutar, no solo sus modos, sino su punto de vista: «Eso pienso -luego escribo- en tanto / intento poner a punto la vieja / “Remington” que mi padre olvidara / en una caja llena de Guerra Civil».

    Poeta prolífico como pocos, Albalate ofreció al mundo, solo en los años 1996 y 2001, hasta ocho poemarios. Estamos, por tanto, ante un creador que preserva su esencia con el paso de los años, pero a su vez la pervierte, la estira y muerde, invierte y reconfigura en un ejercicio —coherente en su dinámica indagadora— paralógico.

    Esa capacidad transformadora se convierte en manos del autor en una herramienta incidental y parentética frente a la realidad aglutinante y su discurso. Su novación continua de la forma para replantear y enriquecer el fondo es una constante que flexibiliza su poética al tiempo que incentiva a participar al lector más activo.

    En esta síntesis poética es frecuente encontrar sarcasmo, erotismo, realismo, criticismo. Como también, paráfrasis, antonimia o antítesis, como vehículos de una potenciación gráfica capaz de trascender en el pensamiento, lo que revela el doloroso divorcio del lenguaje y el mundo.

    Entre el juego (bala de fogueo) y la necesidad de expresar (ráfaga de tiros), los versos de Albalate no censuran sus estados de ánimo, al contrario, los magnifica y vuelve juez de su particular duelo con la vida: «Frío es tener hígado con cirrosis / para ver cómo se desangra el poema. / Frío es tener hígado suficiente  / para rematarlo en un callejón  / sin salida. De una bala en la bilis,  / rematar a esa víscera que nos mata». Y en ese desafío constante, la muerte, tácita sombra en invernal espera, cobra un valor metafísico, filosófico y determinante. Desaparecer del mundo obliga a profundizar lo máximo posible en ese tiempo de vida, el iniciático proceso de maduración, análogo al de la fruta, que comienza por asumir el desapego y culmina, al igual que esta, en servir para algo antes de la putrefacción: «Frío es también abrir la nevera / y no hallar cerveza alguna con que / seguir asesinando al rojo pardo / que en su síndrome de abstinencia protesta; / y frío es abrir sin éxito alguno / la ventana para ver cómo el vacío / todavía no se atreve a llamarnos».

    Pesimista por existencialista, pero también libre por apasionado y comprometido con la vida, Marín Albalate llama a las cosas por su nombre sin tapujos y sus preocupaciones mundanas, trasladadas a la poesía, se transforman en incertidumbres universales: «Dejarse llevar por la maquinaria / de la melancolía es muy fácil. / Lo realmente complicado es poder / pararla a tiempo, antes de que / su engranaje nos detenga a nosotros».

    Antonio Marín Albalate, además de poeta, es agitador cultural y un personaje habitual en la cultura murciana. Famosos son sus intentos por fusionar poesía y otros géneros, así como sus ediciones sobre Leopoldo María Panero y trabajos con grandes cantautores, como Serrat o Aute.

    Entre los numerosos premios que ha conseguido por su obra poética podemos citar algunos como: Murcia-Joven, 1984; Ciudad de Hellín, 1993; Ernestina de Champourcin, 1995; Ciudad de Purchena, 1997; Emma Egea, 1997; José de Espronceda, 1999; Pedro Marcelino Quintana, 2001; Juan Bernier, 2002.

    Infierno y nadie quizá cierra una etapa para abrir otra nueva. Su anárquico talento necesita un sesgo trasgresor en constante cambio: ultraísmo, creacionismo; en definitiva, valentía, para contrarrestar la caterva, cada vez más ingente, de un mundillo poético adocenado.

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Antonio Marín Albalate

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