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Publicado en la revista Oculta Lit:

http://www.ocultalit.com/poesia/lienzos-de-mar-busquets-mataix-y-la-ecfrasis-de-la-memoria/

Cubierta de Lienzos

La pintura y la poesía siempre han estado unidas. O por lo menos, todo pintor aspira a la poesía en sus obras, y todo poeta se ha inspirado en la pintura, ya que le es imposible aspirar a detener el tiempo o atrapar la luz. Ambas artes poseen lenguajes diferentes. El ser humano es capaz de pintar o poetizar para expresar con ello mensajes que provienen de diferentes latitudes interiores, seguramente, de no ser así, la historia de la raza humana habría sido muy diferente. Mar Busquets-Mataix pinta con palabras en Lienzos, y al mismo tiempo su palabra aspira a ser pigmento.

La editorial valenciana Pre-Textos edita este libro tras haber sido premiado en el XXXIV Premio Ciudad de Valencia Juan Gil-Albert. Busquets-Mataix es una escritora tenaz, como pocas. En los inicios de los años noventa del pasado siglo comenzó a publicar poemarios: La pausa (1992), Los hombres de paja (1996), La curva del aire (1997), y también comenzó a merecer sus primeros reconocimientos: La Buhardilla (1992), Premio Valle Inclán de la Universidad de Bilbao (1994), y así fue creciendo como escritora y forjándose una fructífera carrera, no solo como poeta, sino también como narradora. De la invisibilidad (2013) y Lo efímero (2015) son sendas novelas que su pluma ha brindado a los lectores.

Hemos dicho que la pintura y la poesía pueden cubrir diferentes necesidades expresivas del artista, no cabe duda, ¿pero qué ocurre cuando la una describe a la otra? Pintar un poema, poetizar un paisaje. De esa pretensión nacen la ilustración y la écfrasis, técnicas de las que surgen obras cognadas de una misma belleza.

Los versos contenidos en Lienzos representan una necesidad vital para su autora, en ellos, conviven poemas de cinco versos con otros de varias páginas; poemas con título o desprovisto de él, y en su naturaleza óntica se trasluce el sentimiento, la reflexión y la emoción de una mirada que recuerda, sufre y se interroga: Cómo entender el silencio / que blinda la tierra / de los vivos y nos cose / al filo de los días / acaso redención / o abismo.

Su lectura manifiesta pulsión, catarsis; ya en su primera parte, titulada “Grito”, nos topamos de lleno con la realidad de los refugiados, asunto que no tarda en encogernos el corazón. La orilla de una playa es el escenario permanente donde la realidad pone a prueba a la conciencia humana: Siempre tan solitarios / como ahora / cuando vamos al mar / y no somos el mar, // y mordemos la orilla / o morimos.

Cuestionamiento de la palabra escrita, pero también evocación, al ser afectados por su influjo, son temas abordados en una segunda parte donde el amor se posiciona en un estatus privilegiado con respecto a la efervescencia que lo rodea: Mis palabras / se posan en tu piel, / respiran quedamente, / sonríen, / se desvisten, / te desarman.

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Mar Busquets-Mataix

En este segundo apartado titulado “Palabras” la viga maestra es el lenguaje. La preocupación de la autora sobre este tema inunda los poemas de reflexiones metaliterarias, sus palabras se dirigen a un interlocutor homólogo, pero aluden constantemente a esa fuerza ulterior que es el lenguaje: Hablemos de metáforas; / ideas nuevas y cambiantes, / oscuramente bellas / cuando juntas muerte amor / lo bello y lo siniestro, / te suben por los brazos / o los párpados, / asombran y sublevan.

Lo erógeno y frágil del cuerpo humano encarna la fisicidad de las preguntas en el tercer apartado, titulado “El cuerpo”; una caricia, un silencio, un amanecer puede desencadenar el cielo o el infierno, la seguridad de la montaña o el vértigo del abismo: Desprovista de mis armas / me vi dentro de ti, / lo que ansiamos, / y no somos; / la belleza.

El Bosco, Munch, Sorolla o Klimt, dan pie a la autora, a través de algunas de sus obras maestras, a culminar “Lienzos”, un apartado lleno de luz y sensibilidad, donde el color y el verbo se funden en una poesía que se espacia sobre la hoja, que se reitera en los versos, y subraya la importancia de vivir: Son los mantos, las sedas / con que cuidamos este roce / frágil y misterioso / para elevarlo, / y pulsar // lo que nos devuelve / a nuestro origen: // la luz.

“Vivir” es el nombre del último apartado, una coda diseminada en tres actos en la que las manos, como símbolo dador de amor mediante abrazos, caricias, consuena armoniosamente en esa noche ilimitada  en la que el yo lírico arde, vive, ama ignorando de qué lado está la vida: Porque finalmente / no son tus manos / lo que tanto amo en ti / sino su propio giro silencioso, / la cadencia de mi piel / en la yema de tus dedos.

Viaje sensorial el que propone Busquets-Mataix, donde la prosografía del cuerpo humano a su vez describe la orografía de un mundo interior, ideal y metafísico que permanece atenazado por el daño. Lo inefable vibra y se estremece por analogía al temblor de la carne, ya que después de todo, un libro es un lienzo buscando una vida que lo reconozca; un cuerpo es un lienzo cuyo autor es la vida.

 

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