Archivos para octubre, 2017

Publicado en “Sala 1. Revista Digital de Cine”:

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Javier Bardem se dirige a Jennifer Lawrence como «mi diosa», y su diosa confiesa a otro de los personajes que está esforzándose para convertir su hogar en un paraíso para ella y su esposo. Así, o más explícitas, son las alusiones de Madre!, nueva obra de Darren Aronofsky, al apartado genésico de algunos textos religiosos. Y es que la polémica que envuelve a cada trabajo de este realizador, en Madre! se potencia y magnifica hasta tal punto que la película, para algunos criterios, puede resultar desagradable. Con esto, no quiere decir que la película sea una obra maestra, ni mucho menos, ni siquiera es una película de terror, como afirman en algunos foros; como drama psicológico, su concepción simbólica y teatral puede fascinar a algunos y aburrir, además de resultar alambicada para otros.

Un afamado poeta (artista) se encuentra en el dique seco de su inspiración, vive con su esposa (abnegada trabajadora y madre) en una apartada casa, en medio de un bosque, y la relación entre ambos no es idílica, pero sí más o menos equilibrada. Con los roles bien definidos de cada personaje: uno se esfuerza por él mismo, y el otro, lucha por los dos; el cineasta, además de poner en blanco sobre negro el machismo, contrapone la analogía entre la creación artística, la creación del hogar y la propia creación del ser humano, ya que la protagonista se encuentra embarazada. Como elemento misterioso, aparentemente vinculado a esa futura madre que interpreta Lawrence, se encuentra la casa, la cual parece estar viva, ya que tiene pulso, sangra y emite sonidos guturales; y es precisamente en su interior, donde únicamente transcurrirán los hechos.

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La visita de una pareja de desconocidos, interpretados solventemente por Ed Harris y Michelle Pfeiffer, irá desencadenando los sucesos, así como desenmascarando a los personajes. La generosidad del personaje encarnado por Bardem provocará la pérdida de intimidad, el abuso de la confianza y constantes discusiones con su pareja, hasta que paulatinamente todo se volverá caótico y desembocará en una epiléptica catarsis colectiva. Lawrence, eje de simetría de buen número de planos, erigida mártir y heroína al mismo tiempo, se sentirá indefensa, desbordada, amenazada y ajusticiada, pero también será valiente, luchadora y hasta asesina. Amplio es el registro que este papel le ofrece, como también es rico en matices el repertorio temático del film, además de los citados ejes troncales, hay egoísmo, violencia, fanatismo, hipocresía: pandemias universales de rabiosa actualidad.

Con mayor espectacularidad y grafismo que reflexión e insinuación, la alegoría orquestada por Aronofsky retrata la realidad político-social del ser humano, además de su propia moral. La culminación cíclica de la historia también puede interpretarse como un sueño, más bien una pesadilla, y tras el calvario de las pulsiones, pasiones y miserias humanas, el mensaje final del amor como elemento seminal para reconstruir de nuevo el mundo, es una exégesis de la creación de ese mismo mundo y de la vida, no exenta de maldad. Si algo no termina de encajar en esta historia, podría achacarse a la primera parte de la película, donde el ritmo pausado y la iteración de sucesos ralentizan un discurso que —quizá por ello mismo— se ve obligado a explotar en la última parte del metraje. En cualquier caso, Aronofsky sigue demostrando que le preocupa la historia bíblica, y arriesgando en sus propuestas cinematográficas, algo que mezclado en su justa proporción, puede dar como fruto, interesantes y futuras películas.

 

 

 

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Publicado en la revista “La Galla Ciencia”:

http://www.lagallaciencia.com/2017/10/la-piel-melaza-de-sonia-aldama-por-jose.html

Sonia Aldama, foto de Eduardo Cano

Sonia Aldama. Fotografía de Eduardo Cano.

Título: La piel melaza

Autora: Sonia Aldama

Editorial: Ediciones Torremozas

Género: poesía

Año de publicación: 2017

Número de páginas: 60

ISBN: 978-84-7839-699-3

Sonia Aldama Muñoz (Madrid, 1973) publica La piel melaza, su segundo poemario tras Cuarto solo (Aflora Libros, 2013), y lo hace bajo el sello Ediciones Torremozas, en su colección La Noctámbula. Si en su anterior obra la autora decidió como uno de sus ejes, la familia, y como simbólico baluarte de la luz y cuanto representa, las flores, en La piel melaza regresa a esa misma tesitura, pero la amplía. Aquí la dimensión humana abarca a lo social, también lo íntimo, y las flores forman ya jardines que son asolados por la incomprensión, la soledad o el paso del tiempo.

El cuerpo humano sigue siendo una geografía de la metáfora para la autora. No en vano, la piel, elemento corpóreo de extrema sensibilidad, además de protagonizar el título, es la frágil corteza que registra las heridas y es hollada por la tristeza y erosionada por el tiempo, suponiendo una analogía de la consciencia a través del tacto.

El poemario se estructura en tres partes: “De tanto tiempo”, “Labios, ojos, vida y calma” y “De tantas hojas”. Cada una de estas partes se compone de diez poemas, su equilibrio estructural es simétrico, como también lo es su equilibrio pictórico. Dos ilustraciones esplenden en cada bloque, y hasta tres artistas plásticos se encargan de ilustrar este poemario: Javier Plata, Silvia Domínguez y Guadalupe Aldama; excepto Javier, ambas artistas ya trabajaron con Aldama en su anterior proyecto.

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El libro también cuenta con un espléndido prólogo, el que firma Sara Medina, quien acierta al disertar sobre la morfología argumental e interpretaciones de la obra: Resistir ante tanto desamparo, ante tanta hostilidad, pero ¿cómo? / Arropados por la oscilante y apasionada certeza de la poesía. Es cierto que en el prólogo no se menciona la labor plástica de los ilustradores, y también es justo subrayar que las creaciones artísticas dialogan con los versos en equilibrada armonía.

Ya sea evocando un recuerdo, describiendo o apelando, el tiempo en el que se expresa el hablante lírico —trasunto de la propia poeta— es el presente. Confesional y a través del monólogo en algunos poemas, la autora escoge un tono dialogístico general para apelar con su discurso a diferentes interlocutores. Con una cadencia en verso libre y blanco no exenta de ocasionales asonancias —el poema titulado “Ella” está escrito totalmente en rima asonante cruzada— y usos polimétricos, la autora otorga a la primera persona el enclave principal de los poemas; la segunda y tercera personas aparecen en contadas ocasiones, y la transparencia léxica de todas, unida a una rítmica y vital sintaxis, provoca la aparición del resplandor poético en la ruptura gramatical.

Es recurrente el uso de aposiciones sustantivas: labios lengua, pétalos espinas o caléndula guirnalda, son rasgos vigorosos de una conciencia poética encendida que va en busca de su propia gramática.

La constatación de un mundo en disenso consigo mismo: Cada emisario en sus vicios, unida al desencuentro social: prejuicios disfrazados / en deslenguada ofrenda, / desertores sin acento,  provocan la inquietud y el miedo en la inocencia de lo frágil, pero también su instinto de supervivencia: Sobre gotas metales / palpitan escombros / en muros desarraigados. / Y a veces, aun entonces, / sobre este acero / quema el vientre y regreso. De esta manera se culmina el poema titulado “Batalla”, un fiel exponente del carácter combativo que impregna a toda la obra.

El poema titulado “Te tengo bajo mi piel” (traducido del inglés que aparece en el libro) es un préstamo titular de una canción de Frank Sinatra. En él se narra de forma dulce una reconciliación provocada por un emotivo momento musical: […] Una canción resbala de tu boca / y nuestros labios ponen fin / a la melodía y al desamor.

En 276 versos, la poeta compone un manifiesto moral y psicológico de resistencia y daño. El desvelo y adoración por los seres queridos, la recepción del dolor por la percepción de la realidad, la metáfora carnal de lo inefable en lo erógeno del cuerpo; todo pensamiento o emoción es transferido al lector con precisa pulcritud, la brevedad de los poemas y su humildad lo hacen posible.

La mirada poética de Sonia Aldama madura en cada libro, y con ella, aumenta el estremecimiento y asombro del lector, pues este descubre que el mundo y todo cuanto nos hace humanos, olvida sus diferencias y consuena a través de la emoción, la orografía y accidentes de la tierra tienen su analogía en la morfología del cuerpo humano, al menos, así lo advierte y argumenta la poeta; toda verdad que es colocada ante el espejo es temblor, música y luz, como los poemas de esta herida piel melaza que construye su propio lenguaje en la cúspide del sentimiento, a través del amor.

Pulicado en la revista Planetas Prohibidos:

https://lektu.com/l/planetas-prohibidos/planetas-prohibidos-14/7758

 

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¿A qué se refería Michel Houellebecq cuando afirmó: hay algo en Lovecraft que no es del todo literario?

Pocas presentaciones necesita Howard Phillips Lovecraft, (Providence, Rodhe Island, 1890). A día de hoy, podemos afirmar que fue uno de los escritores más influyentes del siglo XX, en lo que a literatura fantástica se refiere, claro está. Pero no siempre su reconocimiento fue así. Es más, pasó desapercibido en su época y tras vender a bajo coste los derechos de sus relatos, tuvo que ocuparse en trabajos que le dispensaron poco dinero.

Uno de los hechos que más llama mi atención de su corta, pero densa biografía, es que ninguno de sus relatos o novelas cortas fueron publicados en forma de libro durante el periodo de vida de su autor. Sus historias eran malvendidas y publicadas en revistas de poca repercusión. Quizá a ese hecho influyese la extraña personalidad de un autor sombrío y misógino, conservador y xenófobo, con no pocas frustraciones y traumas que lo acompañaron y atormentaron durante toda su vida.

Lovecraft empezó a escribir a los siete años, sus inicios fueron miméticos con sus referentes de adolescente, gustaba del terror y de la ambientación gótica como escenario y argumento de sus tramas, pero había algo en su interior que no acababa de convencerle. Con la idea de encontrar su sello personal, comenzó, no solo a leer, sino a estudiar los métodos y estilos de insignes autores del género. Tales fueron sus lecturas y su erudición, que su ensayo titulado El horror sobrenatural en la literatura (1927), representa una exposición más que competente de los principios del relato sobrenatural hasta la fecha, demostrando un dominio exhaustivo de la materia.

En dicho trabajo trató de definir el atractivo peculiar de la historia de terror, en la que debe haber presente una cierta atmósfera de mortal terror inesperado a fuerzas exteriores desconocidas, y describió la evolución de la novela gótica a través de las obras de Walpole, Radcliffe, Lewis y Maturin.

Algunos esquematizan la obra de Lovecraft en cinco partes, otros no encuentran sentido en hacerlo —pues las fronteras son muy difusas entre ellas—, sin embargo, parecen claras las influencias de Poe, Dunsany y Machen, por lo que es fácil desglosarlo en tres etapas: gótica, onírica y mitos, respectivamente. De todos ellos trató de quedarse lo mejor y poco a poco fue forjando su sesgo como autor: barroquismo en las descripciones, muchos adjetivos, introducción de descubrimientos científicos y una atmósfera opresora, hasta que todo ello culminó en su particular universo tenebroso y primordial con los mitos de Cthulhu.

Del espiritismo, satanismo y fantasmagoría decimonónicos, Lovecraft saltó a los viajes en el tiempo, los seres extraterrestres, otras dimensiones y la idea de que la Tierra, antes que el ser humano, fue habitada por criaturas monstruosas con poderes increíbles que fueron expulsadas. El temor a su regreso y toda una iconografía de dioses y mitología fueron su mejor baza, una apuesta arriesgada que le permitía abrir el abanico de posibilidades, no solo para aterrorizar a sus lectores, sino para hipotetizar sobre una más que posible «otra Historia Universal».

La perspectiva del tiempo hace que hoy miremos a Lovecraft como un creador de historias de terror que algo aportó a la tradición de su época. Su influencia en autores contemporáneos es evidente, pero no solo en el ámbito literario, sino también en el cinematográfico, en el cómic, juegos de rol o videojuegos.

Su particular imaginario incluye toda una letanía de criaturas extraordinarias, seres extraños con poderes increíbles y capaces —aun sin proponérselo— de los más terribles actos. Uno de los rasgos característicos de estos dioses es su casi desprecio por la raza humana. Las narraciones lovecraftianas devienen del temor humano ante fuerzas tan desproporcionadas. Lejos queda el asunto del bien y el mal, polarización con la que fueron contaminados los mitos en su última etapa, por autores que, con buenas intenciones, trataron de transfigurar en dichas historias algunas reminiscencias de sus ideas religiosas.

El «Círculo de Lovecraft» nació de forma epistolar, ya entrados los años veinte y motivado por las periódicas publicaciones del genio de Providence en la famosa revista pulp Weird Tales. Algunos aseguran que Lovecraft mantuvo correspondencia con los componentes del grupo y otros admiradores mediante más de cien mil cartas. Y es que todo fue excesivo y enfermizo en su vida. Solo con parte de sus datos biográficos probados, y otra ingente cantidad de habladurías sobre su persona, podría filmarse una película interesante, incluso sin introducirse en el grotesco mundo de sus narraciones; ahí lo dejo.

Dijeron de él que caminaba solo por las noches, que frecuentaba cementerios. Que no salió de su casa durante los primeros treinta años de su vida. Que leía y leía en la biblioteca de su abuelo. Lovecraft tomaba por poco más que un insulto el hecho de cobrar por sus escritos, no quería prostituir la única vía de escape de su alma. Su madre decía de él que era feo, horrible, y lo animaba a no salir de casa ni relacionarse; algo a lo que tuvo que enfrentarse, muerta su madre y mermada entonces la fortuna familiar. Astrónomo frustrado y divorciado de una mujer, diez años mayor que él, quien aseguraba haberse separado por no mantener relaciones sexuales, Lovecraft fue el blanco perfecto para las ociosas lenguas que veían en él a una persona extraña.

Robert Bloch, Donald Wandrei, Robert E. Howard, Frank Belknap Long, Clark Ashton Smith y August Derleth, fueron algunos de los autores más destacados e incluidos en el círculo lovecraftiano, por lo menos, fueron los más fieles, ya que su relación epistolar duró hasta la muerte de Howard Phillips, quien solía firmar algunas de sus cartas bajo el seudónimo —entre otros— de «Sumo Sacerdote».

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Este año sus más fanáticos seguidores celebran el ochenta aniversario de la muerte del autor de El horror de Dunwich. Kokapeli Ediciones se estrena en el mercado editorial del libro de papel con Herederos de Cthulhu, una antología de relatos de terror que se inscribe en la línea de horror cósmico lovecraftiano. El responsable antólogo, y además coautor y prologuista del libro, es Javier Arnau, editor de la revista digital Planetas Prohibidos y ganador del premio Ignotus 2011. La sabia elección de Arnau a la hora de seleccionar a los autores es su baza más fuerte, ya que, Herederos de Cthulhu no solo es un homenaje al uso a los Mitos, sino que aporta historias que se ajustan al canon de su fundador, relatos en los márgenes establecidos y otros en parámetros más experimentales. Esta nueva aportación al círculo de Lovecraft, también incluye humor y parodia, algo inusual en este tipo de publicaciones, pero coherente —décadas después— si el lector-autor trata de dimensionar algo de tanta repercusión y trascendencia en la literatura fantástica como lo han sido estos Mitos.

«La invocación» de Marta Martínez Velasco, es uno de los relatos paródicos que tratan de caricaturizar el cliché de los rituales sombríos, de los nombres archiconsonánticos, de la muerte y su escenografía icónica. Algo que no ocurre en «El demonio está aquí» de Gabriel Romero de Ávila, un relato en el que en la narración de un aparente trotamundos callejero que se hace llamar Abdul Alhazred, no todo es lo que parece. En esta historia, el autor utiliza el recurso metaliterario del diario narrado en primera persona, tan de uso novelesco en la época que añoraba Lovecraft; sus páginas, de importancia también cronológica, desvelan una intrahistoria sombría que, como su narrador principal indica, en ocasiones, es muy difícil diferenciar de la realidad.

Sergio Mars y León Arsenal son joyas polivalentes —ya consagradas en el género fantástico— que enriquecen y equilibran esta corona formada junto a valores emergentes, como ofrenda a los dioses oscuros. Unos dioses que moran en «El Inframundo» de Javier Arnau y suponen un «Horror sin nombre» en palabras de Javier Redal.

Variadas y terroríficas son las propuestas de este nuevo «círculo español lovecraftiano», un envite que muestra su vitalidad y en el que no faltan palabras —casi lovecraftianas— evocadoras de esos terrores primigenios: runas, monolíticos, ciclópeos, necronomicón, impronunciables… La magia y lo sobrenatural convergen en Herederos de Cthulhu, un libro que en pocos meses se ha situado como una de las lecturas fantásticas imprescindibles de este año 2017.

A continuación, la lista de autores y el título de sus obras por orden de aparición:

Prólogo por J. Javier Arnau

Beatriz T. Sánchez con «Los ojos de Yog-sothot»

Javier Redal con «El horror sin nombre»

Nieves Delgado con «El color que salió del agua»

Laura López Alfranca con «Arrastra las palabras»

Heberto de Sysmo con «El cuadro negro»

Juan José Tena con «El heredero»

Marta Martínez Velasco con «La invocación»

Pablo García Naranjo con «Advenimiento»

Aída Albiar con «La Hermandad del umbral de la vida»

León Arsenal con «Whateley terminal»

Sergio Mars con «Yamata-no-orochi»

Javier Arnau con «En el inframundo»

Sonia Córdoba y Alberto Valverde con «Origen»

J.E. Álamo con «Abdel Muta’al»

Ramón San Miguel con «Infiltrada»

Gabriel Romero de Ávila con «El demonio está aquí»

Ramón Muñoz con «Final de trayecto».

 

Publicado en “Sala 1. Revista Digital de Cine”:

http://revistasala1.com/?p=8430

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Después de visionar Blade Runner 2049, uno de los estrenos más esperados del año, comprendo con resignación que todas esas críticas que valoran estratosféricamente la película están más empujadas a ello por la nostalgia de recibir una secuela por la que han esperado 35 años, que por el contenido de la misma. La cinta de Villeneuve no es una mala película, pero dista mucho de ser una obra maestra o un clásico a la altura de su predecesora. Es cierto que la novedad argumental es un factor del que gozó Ridley Scott, como también es cierto que la atmósfera de oscura mega ciudad futurista, donde siempre llueve, repleta de gentes extrañas que llenan sus vacíos con tecnología, está bien conseguida y es otro apunte más del futuro distópico al que nos dirigimos. Pero ¿qué podemos exigir como espectadores a la secuela de un clásico? De entrada, que no nos decepcione. Difícil tarea si el actor protagonista es el impertérrito Ryan Gosling, si la duración del metraje sobrepasa los 160 minutos y el guion no solo no es brillante, sino flojo.

Villeneuve, cineasta de recursos, demuestra haber concentrado esfuerzos en la estética de esta película. Hasta el mínimo detalle visual está cuidado: planos, efectos, decorados, iluminación, vestuario; su factura visual es potente y atractiva, pero la historia no termina de hacer pie ni conecta emocionalmente con un espectador que no sea adepto de la saga. A fin de cuentas, las piezas fundamentales del guion son personajes y situaciones ya vistos en otras películas, como por ejemplo: Joi, papel interpretado por la prometedora actriz cubana Ana de Armas, es una sensual holografía, comercializada como un videojuego, que se convierte en el sustento emocional de K (Ryan Gosling), un modelo de replicante que puede llegar a ser más humano que los humanos; y esta situación es análoga a la interpretada por Joaquin Phoenix en la película Her (Spike Jonze, 2013).

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Como también, la actriz suiza Carla Juri interpreta a Ana Stelline, una creadora de recuerdos que más tarde serán vividos por los replicantes, papel que encuentra su analogía con el de la actriz Ellen Page (Ariadne), como arquitecta de sueños en la película Origen (Cristopher Nolan, 2010). Para que una película alcance el rango de obra maestra, su creatividad debe predominar en el guion y no únicamente en el apartado técnico.

Es de esperar que Roger Deakins, director de fotografía de Blade Runner 2049, sea oscarizado por este trabajo, además de haber sido nominado hasta en trece ocasiones, tanto la historia de la película como la forma de contarla de Villeneuve, han propiciado su merecido lucimiento. Algo parecido ocurre con Hans Zimmer y Benjamin Wallfisch, encargados de la banda sonora. Es cierto que algunos pasajes están basados en la partitura original de Vangelis, y su incidente potencial sonoro es empleado por Villeneuve en repetidas transiciones, pero aunque resulta efectiva como acompañamiento de las imágenes e importante factor atmosférico, no es más destacable que otras obras menores de Hans Zimmer.

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Indiferencia produce el papel de Jared Leto, poco afortunado últimamente es sus elecciones. Bien es cierto que es el único personaje que se acerca a esa poesía en los diálogos de la primera entrega, no consigue alcanzarla —algo que los seguidores de K. Dick hubiesen agradecido— quizá deliberadamente por su guionista, Hampton Fancher, o por el descrédito que su vacuo histrionismo le viene propiciando. El papel de Harrison Ford es casi prescindible, los guiños a la cinta de Scott: archivos sonoros, holografía de Sean Young, cameo de Edward James Olmos; son retóricos y parte del engarce visual de su envoltura. Las apariciones de Elvis Presley, Frank Sinatra y Marilyn Monroe son coherentes dentro de la historia, aunque hilarantes. El ritmo pausado del cine negro es acorde a la obra maestra de Scott, también su contenido filosofal en cuanto a las reflexiones sobre la conciencia y el ser humano, quizá Villeneuve debería haber inventado su propia saga más que haber prolongado la de otro, películas como Enemy (2013) o Incendies (2010) ratifican su talento como cineasta, pero sus retos no terminan aquí, ya que ha sido elegido para rodar la nueva Dune en 2018, proyecto al que le deseo tenga mayor acierto y profundidad que el aquí comentado.

Publicado en la revista Oculta Lit:

http://www.ocultalit.com/poesia/lienzos-de-mar-busquets-mataix-y-la-ecfrasis-de-la-memoria/

Cubierta de Lienzos

La pintura y la poesía siempre han estado unidas. O por lo menos, todo pintor aspira a la poesía en sus obras, y todo poeta se ha inspirado en la pintura, ya que le es imposible aspirar a detener el tiempo o atrapar la luz. Ambas artes poseen lenguajes diferentes. El ser humano es capaz de pintar o poetizar para expresar con ello mensajes que provienen de diferentes latitudes interiores, seguramente, de no ser así, la historia de la raza humana habría sido muy diferente. Mar Busquets-Mataix pinta con palabras en Lienzos, y al mismo tiempo su palabra aspira a ser pigmento.

La editorial valenciana Pre-Textos edita este libro tras haber sido premiado en el XXXIV Premio Ciudad de Valencia Juan Gil-Albert. Busquets-Mataix es una escritora tenaz, como pocas. En los inicios de los años noventa del pasado siglo comenzó a publicar poemarios: La pausa (1992), Los hombres de paja (1996), La curva del aire (1997), y también comenzó a merecer sus primeros reconocimientos: La Buhardilla (1992), Premio Valle Inclán de la Universidad de Bilbao (1994), y así fue creciendo como escritora y forjándose una fructífera carrera, no solo como poeta, sino también como narradora. De la invisibilidad (2013) y Lo efímero (2015) son sendas novelas que su pluma ha brindado a los lectores.

Hemos dicho que la pintura y la poesía pueden cubrir diferentes necesidades expresivas del artista, no cabe duda, ¿pero qué ocurre cuando la una describe a la otra? Pintar un poema, poetizar un paisaje. De esa pretensión nacen la ilustración y la écfrasis, técnicas de las que surgen obras cognadas de una misma belleza.

Los versos contenidos en Lienzos representan una necesidad vital para su autora, en ellos, conviven poemas de cinco versos con otros de varias páginas; poemas con título o desprovisto de él, y en su naturaleza óntica se trasluce el sentimiento, la reflexión y la emoción de una mirada que recuerda, sufre y se interroga: Cómo entender el silencio / que blinda la tierra / de los vivos y nos cose / al filo de los días / acaso redención / o abismo.

Su lectura manifiesta pulsión, catarsis; ya en su primera parte, titulada “Grito”, nos topamos de lleno con la realidad de los refugiados, asunto que no tarda en encogernos el corazón. La orilla de una playa es el escenario permanente donde la realidad pone a prueba a la conciencia humana: Siempre tan solitarios / como ahora / cuando vamos al mar / y no somos el mar, // y mordemos la orilla / o morimos.

Cuestionamiento de la palabra escrita, pero también evocación, al ser afectados por su influjo, son temas abordados en una segunda parte donde el amor se posiciona en un estatus privilegiado con respecto a la efervescencia que lo rodea: Mis palabras / se posan en tu piel, / respiran quedamente, / sonríen, / se desvisten, / te desarman.

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Mar Busquets-Mataix

En este segundo apartado titulado “Palabras” la viga maestra es el lenguaje. La preocupación de la autora sobre este tema inunda los poemas de reflexiones metaliterarias, sus palabras se dirigen a un interlocutor homólogo, pero aluden constantemente a esa fuerza ulterior que es el lenguaje: Hablemos de metáforas; / ideas nuevas y cambiantes, / oscuramente bellas / cuando juntas muerte amor / lo bello y lo siniestro, / te suben por los brazos / o los párpados, / asombran y sublevan.

Lo erógeno y frágil del cuerpo humano encarna la fisicidad de las preguntas en el tercer apartado, titulado “El cuerpo”; una caricia, un silencio, un amanecer puede desencadenar el cielo o el infierno, la seguridad de la montaña o el vértigo del abismo: Desprovista de mis armas / me vi dentro de ti, / lo que ansiamos, / y no somos; / la belleza.

El Bosco, Munch, Sorolla o Klimt, dan pie a la autora, a través de algunas de sus obras maestras, a culminar “Lienzos”, un apartado lleno de luz y sensibilidad, donde el color y el verbo se funden en una poesía que se espacia sobre la hoja, que se reitera en los versos, y subraya la importancia de vivir: Son los mantos, las sedas / con que cuidamos este roce / frágil y misterioso / para elevarlo, / y pulsar // lo que nos devuelve / a nuestro origen: // la luz.

“Vivir” es el nombre del último apartado, una coda diseminada en tres actos en la que las manos, como símbolo dador de amor mediante abrazos, caricias, consuena armoniosamente en esa noche ilimitada  en la que el yo lírico arde, vive, ama ignorando de qué lado está la vida: Porque finalmente / no son tus manos / lo que tanto amo en ti / sino su propio giro silencioso, / la cadencia de mi piel / en la yema de tus dedos.

Viaje sensorial el que propone Busquets-Mataix, donde la prosografía del cuerpo humano a su vez describe la orografía de un mundo interior, ideal y metafísico que permanece atenazado por el daño. Lo inefable vibra y se estremece por analogía al temblor de la carne, ya que después de todo, un libro es un lienzo buscando una vida que lo reconozca; un cuerpo es un lienzo cuyo autor es la vida.

 

Publicado en:

http://almaenlaspalabras.blogspot.com.es/2017/10/entrevista-capotiana-heberto-de-sysmo.html?m=1

cubierta, contraportada y solapas de la flor de la vida

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Heberto de Sysmo.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?

Una respuesta borgiana sería, una biblioteca. Pero habría más sensatez en la respuesta si incluyese cualquier lugar en el que uno se sienta amado.

¿Prefiere los animales a la gente?

En demasiadas ocasiones. Parece que sus silenciosas lecciones de amor no le son suficientes al ser humano.

¿Es usted cruel?

Nunca me lo he preguntado. Supongo que en un mundo como este, sin algo de crueldad y mentira nadie llega muy lejos. La sociedad instruye en la crueldad, lo cual no implica que cada uno no se esfuerce por combatirla.

¿Tiene muchos amigos?

Creo que nadie los tiene. La palabra «amigo» es muy grande.

¿Qué cualidades busca en sus amigos?

No solo en los amigos, la aspiración es rodearse de personas nobles y honestas con las que disfrutar y sufrir, aprender y compartir esa alternancia entre el dolor y la felicidad que es la vida. No podemos exigir más de lo que damos.

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¿Suelen decepcionarle sus amigos?

Supongo que si así fuera, sería en la misma medida que yo a ellos. Los amigos de verdad no decepcionan o no deberían hacerlo.

¿Es usted una persona sincera? 

Trato de serlo la mayor parte del tiempo. La mentira es adictiva, y lo peor, procura trofeos. Desenvolverse en un mundo lleno de mentirosos, sin mentir, es todo un reto. Lo mejor es aprender a no ser sincero cuando convenga, pero eso para el profano conlleva un proceso largo.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?

No tengo tiempo libre. Pienso y escribo a tiempo completo. En mis ratos libres, trabajo.

¿Qué le da más miedo?

De pequeño, la oscuridad de mi habitación. Ahora, la oscuridad del corazón de mis semejantes.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?

La indiferencia ante las injusticias.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?

Habría inventado la manera de serlo. No concibo la vida de otra forma. Soy de esos que si no escribiesen se volverían locos.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico?

Sí. Uno muy recomendable. Diez re-flexiones al día.

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¿Sabe cocinar?

Tengo mucho que aprender pero me gusta. No sé si es porque después de cocinar uno se come lo cocinado o por la satisfacción de explorar creativamente otros ámbitos.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?

A muchos: Johannes Kepler, Hugo Von Hoffmansthal, Marie Curie, Mary Shelley, Roman Jakobson, Clarice Lispector…

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?

Educación.

¿Y la más peligrosa?

Política.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien?

Los seres humanos somos animales instintivos y emocionales. La idea de suicidio la ha tenido todo el mundo, al menos, una vez en la vida. Lo mismo ocurre con el odio o los actos reflejos como mecanismo de defensa. Por suerte, no he sentido esa necesidad, de momento.

¿Cuáles son sus tendencias políticas?

Desencantado. Ningún partido político me representa. No soy apolítico porque pienso que se puede hacer política para la paz y prosperidad de los pueblos, algo de lo que estamos muy lejos a nivel mundial.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?

Astrofísico. El universo y sus misterios me cautivan.

¿Cuáles son sus vicios principales?

No fumo, no bebo ni me drogo. Leer y escribir son pulsiones adictivas constantes. Si tuviese tiempo elegiría tener algún otro vicio sano.

¿Y sus virtudes?

Generoso y trabajador.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?

Mi madre, mi pareja y mis gatos.  Momentos de felicidad ya vividos: graduación, primer premio, fiestas familiares, y ojalá que otros muchos que me quedan por vivir.

Prólogo a III Encuentro Internacional de Poetas “Ciudad de Valencia” (Asociación Rincón Poético Valle del Vinalopó, 2017).

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Un encuentro internacional de poetas siempre es motivo de celebración y un síntoma de la buena salud, o por lo menos, vitalidad, con la que los amantes de ese bien inmaterial, llamado poesía, afrontan su responsabilidad como activos valores culturales.

La actividad cultural valenciana, en la actualidad, es intensa y variada, más todavía, si centramos la atención en el gremio literario, y dentro de este, si auscultamos el torrente sanguíneo de lo lírico. Intensa, por la cantidad de grupos, asociaciones e instituciones que organizan recitales, presentaciones o premios; y variada, porque prácticamente todas las formas de expresión del hecho poético —y precisamente esa heterogeneidad es uno de sus rasgos de identidad— se encuentran en ella representadas.

José Romero, Presidente  de la Asociación Cultural la Platea y coordinador del grupo literario junto a  José Carlos, relaciones públicas, un colectivo de amantes de la poesía con núcleo en la localidad de Quart de Poblet, en Valencia. Muchas y muy variadas son las propuestas culturales que ambos vienen llevando a cabo en el tiempo, este III Encuentro Internacional de Poetas “Ciudad de Valencia”, encuentro celebrado durante varias jornadas, es una de sus actividades más exigente y compleja, debido a la labor logística que todo evento de esta índole exige.

Este encuentro no se reduce a una reunión de amigos que intercambian poemas con la única finalidad de pasar un rato agradable. Su mayor valor radica en la pluralidad geográfica —y por tanto, lingüística— de sus participantes, así como en la trascendencia literaria de sus poéticas, ya que además de la experiencia vital de los poetas que en él participan, una selección de poemas de cada autor se inmortaliza en el libro que usted tiene ahora entre las manos, esto con el valor añadido de homenajear, además, la obra y figura de Federico García Lorca, el Andaluz Universal al que han precedido en estos encuentros, autores —no menos universales— como Juan Ramón Jiménez o Miguel Hernández.

Dicho esto, me es obligado agradecer a los citados José Romero y José Carlos Llorens, su confianza y generosidad depositadas en mí, ya que al confiarme la redacción de estas palabras introductorias a su citada antología, no hacen más que afianzar entre nosotros un vínculo cultural y temporal que hace tiempo cristalizó en una sana amistad.

Proyectos como este son más necesarios que nunca. Como ciudadanos del siglo XXI, somos testigos de una decadencia socio-política sin precedentes. Por un lado, el capitalismo sigue su curso como flautista de Hamelín y guía a la humanidad a una sociedad tecnócrata, consumista, deshumanizada y controlada por una minoría de élites; y por otro, la violencia, la intolerancia y el odio brotan en el ser humano como síntomas de ese envenenamiento endémico.

Como bibliófilo, aplaudo la iniciativa de convertir en libro el germen de este encuentro. Como bien se sabe, de la oralidad solo quedan rumores, no siempre acertados; el negro sobre blanco que ofrece la escritura, sin duda, favorece que cualquier legado haga más oposición al tiempo. Como persona, entiendo que toda poesía emerge de la experiencia, y no pocas experiencias conlleva viajar, conocer a otros poetas e intercambiar con ellos vivencias y pensamientos. Esta sociedad se ocupa de tener, mientras que los artistas deben poner el foco de atención en ser. Compartir es darse a los demás, pero también, conocer al otro. En la diversidad se halla la riqueza, y este tipo de concentraciones favorece en algunos casos la convergencia de pensamiento de autores de poéticas, en apariencia, divergentes. Ahí radica una de las muchas grandezas de la poesía; como dice el poeta Francisco Brines: la poesía nos educa en la tolerancia.

La cultura, algo que los medios de comunicación de masas confunden y emparentan en sus últimas páginas al ocio, jamás ha sido reducida al entretenimiento, a la celebración popular. La cultura es mucho más. Quienes creemos que en ella se encuentran los principales valores que dignifican al ser humano, entendemos que hay que apoyar iniciativas como las que promueven los amigos de La Platea. En ocasiones, el pueblo se organiza y respondiendo a un estímulo, habla y ofrece sabiamente una solución que debe ser escuchada.

Mi admiración y respeto a José Romero y José Carlos Llorens, defensores de la cultura en Valencia, ciudad en la que su silenciosa y valiosa labor va edificando áreas de abrazo y divulgación de la poesía, así como de otras artes. Y mi felicitación a todos y cada uno de los autores, aquí compendiados, pues en todos ellos, por separado, anida una ilusión inquebrantable, una esperanza que a través del arte va alejándose de lo irreal y materializándose; y en su conjunto, representan una de las más constructivas versiones del ser humano. Espero que estos versos, cada uno a su forma y por más diferentes que parezcan, encuentren acomodo en la mente y el corazón de sus lectores.

José Antonio Olmedo López-Amor

Valencia, 24 de agosto de 2017

Publicado en la revista “Oculta Lit”:

http://www.ocultalit.com/poesia/metamorfosis-el-poliestilismo-de-amparo-andres-machi/

 

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Título: Metamorfosis

Autora: Amparo Andrés Machí

Editorial: Chiado Editorial

Género: miscelánea de artículos, relatos y poemas

Año de publicación: 2017

Número de páginas: 112

ISBN: 978-989-51-9900-6

El diseño de cubierta del libro, obra de María Guirão, ya es premonitorio en cuanto al contenido, pues el eclecticismo de un collage representa a la perfección el afán convergente y unitario de esta obra con referencia a los géneros literarios.

En la propia contraportada del libro, Amparo Andrés Machí (también conocida como Stelmarch), su autora, alude a la Ars poética de Horacio —también conocida como Epístola a los Pisones—  para relacionar la fusión de filosofía y literatura —si es que tal separación puede llevarse a cabo— llevada a cabo en Metamorfosis, un libro en el que los géneros narrativos se imbrican, sí, pero sin renunciar a la poesía.

El propio Horacio, en el siglo I a. C. ya observó en el tópico denominado prodesse et delectare, las cualidades que debía tener todo texto que aspirase a entretener y enseñar. Una posible traducción a dicho término sería «enseñar deleitando», y eso es precisamente lo que consigue este libro. Dulce et utile, este libro miscelánea (según palabras de José Vicente Peiró, firmante del prólogo) encuentra en la emoción de la diversión el recurso mnemotécnico para ser didáctico.

Que las ideas de un artista, en este caso, poeta además de narradora, no siempre confluyen en una obra aparentemente homogénea, en una ordenación de modos y tiempos que nos parezca coherente, es algo que Cortázar demostró con Rayuela, Borges con El hacedor —como bien señala Peiró—, o más recientemente el propio Masoliver Ródenas con El ciego en la ventana. Cuando el caudal expresivo-artístico es torrencial, encontrar el molde que lo contenga se convierte en una tarea compleja.

Conceder al texto la morfología que reclama es más sabio que forzar su armadura al esbozo de nuestras aspiraciones. Amparo Andrés comienza su libro con un texto ensayístico sobre la poesía, “Metamorfosis de la poesía”, y sus consideraciones no resultan chocantes con respecto al siguiente texto, “Tu magia, poesía”, un elegante poema en prosa, ya que su lenguaje, lejos del academicismo presumible en un texto ensayístico, se naturaliza y acerca a la conversación íntima, provocando con ello no solo la comprensión del lector, sino también una agradable clima de recogimiento y confianza.

Dicha continuidad en el lenguaje hace que los saltos entre géneros, lejos de resultar bruscos, sean interesantes. Pone de manifiesto la estratificación inconsciente del hecho literario. Por ejemplo, para ejemplificar con pasajes de los textos citados: El buen estilo en prosa es siempre rehén de la precisión, / rapidez e intensidad lacónica de la dicción poética. La autora expone opiniones sobre temas que le preocupan y también las argumenta. Pero también:

En esos mismos momentos te capturo intacta como una flor de un día y tú, juguetona, me das la espalda y desapareces como un hada que se esfuma dentro de la flor que la contiene… pero siempre queda tu perfume en el aire, intacto y embaucador.

De lo testimonial, a lo confesional y sensible con la habilidad de los grandes narradores que envuelven con imágenes muy nítidas cualquier suceso o pensamiento. La autora hace uso de una gradual profundidad en sus escritos a través del estilo.

El libro está estructurado en trece partes: doce metamorfosis y un ensayo sobre un relato de Borges. La temática de esos doce apartados abarca: la poesía, el silencio, el tiempo, la libertad, el amor, las personas; temas humanos abordados de manera existencial; pero sobre todos ellos prevalece un cuestionamiento o una reflexión permanente sobre las palabras. Es verdad que la poesía ocupa un lugar protagonista, pero la preocupación por el lenguaje presenta en sus textos una perfecta oposición al silencio:

La poesía me resuelve

la línea curva donde reposan mis ojos de insomnio

entre versos ajenos

cuando no te tengo

y me duelen las llagas de las paredes

que sin voz delatan al mundo y sus intrigas

sobre mí vertidas ahora.

La poesía, y por ende las palabras, representa la tabla de salvación contra el desamor o el tiempo. El silencio es un refugio en el que el yo lírico se adentra para equilibrar un mundo interior atestado de emociones:

La tierra, el agua y el aire

saben de mi fuego de lucha callada

y el mar del desasosiego

espera su amor

en el naufragio de las preposiciones.

Por no desentrañar más contenidos del libro, ya que descubrir sus argumentos y múltiples correlaciones son algunas de las apasionantes tareas del lector, reproduciré un fragmento del interesante y necesario prólogo —que un libro de estas características necesita— de José Vicente Peiró, quien acierta de lleno en su disertación sobre esta obra:

No se pierdan “Claroscuros de otoño” por su intensidad y su pasión lírica. Si la autora no se ha dado cuenta del silencio, como expresa, el lector sí debe hacerlo porque es necesario, y si cita a Schopenhauer y su división de la libertad en tres modos (física, intelectual y moral) no es para debatir con el filósofo alemán, ni tampoco con Saussure o Wittgenstein al hablar del sentido de las palabras, sino para construir un mundo poético, que es donde se encuentra más a gusto.

Con la publicación de Metamorfosis, Amparo Andrés culmina su tercer libro, tras Filoversando en Nod (Evohé, 2013) y Cuentos neuróticos (Chiado Editorial, 2015), demostrando con ello la escisión de su corazón entre la narrativa y la poesía, además de un inquieto talento para plantear preguntas y contar historias, escenarios donde esta autora se maneja con versátil creatividad.

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Amparo Andrés Machí