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Publicado en “Sala1. Revista Digital de Cine”:

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Déjame salir (Jordan Peele, 2017), es un buen ejemplo de película en equilibrio entre varios géneros. Por un lado, la cinta va dosificando su intriga a medida que el personaje protagonista va adentrándose en la trama; por otro, su planteamiento podría ser mucho más visceral o gore, si se quiere, pero el director se decanta por un suspense realista —terror, para algunos—que no solo viene a reivindicar la emoción en el espectador, sino también su reflexión, a través de un par de cuestiones que plantea: racismo y seres autómatas.

 Muchas de sus situaciones evocan a otras cintas: chica blanca conoce a chico negro, se enamora y quiere presentarlo a su familia (Adivina quién viene esta noche); y de principio a fin utiliza clichés, pero no cae en lo gastado y manido, su pericia radica en que todas sus referencias son un punto de apoyo para aportar algo nuevo. Es atípico encontrar un grupo de villanos que no pretendan asesinar a sus víctimas, la manipulación de la conciencia que plantea la película es una suerte de crítica social a la deshumanización de la sociedad actual.

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Mucho se ha dicho acerca del racismo con motivo del estreno de esta película; ya desde su portada se alude al blanco y al negro, y su trasfondo es más patente en escenas como la de la identificación policial, o la reunión de invitados que juegan al bingo. Su denuncia no es casual, Peele, su director y también guionista, es de raza negra, y enfoca sin tapujos esa predilección de los blancos por los negros, ya que en el fondo, los blancos quieren ser como ellos.

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La hipnosis juega un papel importante en la película. Su tratamiento recuerda a El último escalón, cinta en la que por primera vez se mostraba el punto de vista del personaje hipnotizado. Los planos del protagonista suspendido en una densa oscuridad que lo engulle incrementan la angustia del espectador. Como también resulta acertado el tratamiento del sonido en la parte final del metraje, su empleo pone de manifiesto la importancia del relieve sonoro en el relieve visual, algo que aquí es explotado con eficiente destreza. Sin ser una obra maestra, Déjame salir es una película interesante y recomendable que pone al espectador tras la pista de Jordan Peele, un director poco convencional de recursos originales.

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