A Francisco Olmedo Martínez

 

Morir, antes de hora. Marchar, sin despedirse.

Pocas veces o nunca la vida nos prepara

para el final incierto que tanto nos preocupa.

Toda muerte es injusta, inesperada y trágica,

esta lo es más si cabe: profunda herida abierta.

 

Te has ido pronto, Paco. Ingente es tu vacío.

Hoy tu familia llora porque antes te ha querido.

 

Qué palabras decir cuando se agolpan

sentimientos en masa, emociones contrarias

que nos desequilibran; ¡tanto duelen!

Que nos quedamos mudos.

 

Qué frase dedicarte, si puede ser la última:

Adiós, gracias, te quiero:

nunca te olvidaremos; quizás alguna de estas

o todas ellas juntas.

 

Ningún idioma tiene la hondura de un abrazo.

Hoy todos te abrazamos en tu último viaje.

Despedirte es difícil, como fácil fue amarte.

No aceptamos tu muerte, viviremos con ella,

recordando aquel niño para el que todos eres.

 

Adiós, como quien dice: hasta siempre, hasta pronto.

Descansa de este mundo, en el que tanto dejas.

Cuanto eres, vivirá en nuestra memoria,

vuela tan alto como puedas,

mucha gente buena te espera,

solo del pájaro es hogar el cielo.

 

Adiós, gracias, te quiero, te queremos,

nunca te olvidaremos, tengo el alma en las manos.

Adiós, esposo, tío, hijo, padre, sobrino,

cuñado, amigo, primo, hermano.

 

Valencia, 28 de julio de 2017

 

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