Archivos para junio, 2017

 

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El pasado viernes, 23 de junio, el Salón de Actos del Ayuntamiento de Quart de Poblet (Valencia), acogió la presentación oficial de la antología poética “50 voces”, uno de los frutos del ingente Proyecto Nacional de Cultura “Granada Costa”.

José Romero, gestor cultural y presidente de la agrupación literaria La Platea, fue el encargado de presentar la ceremonia en calidad de coordinador de dicha antología y prologuista y poeta de la misma. A su lado, una de las poetas más distinguidas de Valencia, Carmen Carrasco Ramos, intervino también como poeta antologada, y además como Delegada Nacional de Poesía del proyecto Granada Costa.

En su intervención, Carmen Carrasco dio a conocer algunas pinceladas de lo que integra el proyecto Granada Costa. Así pues, mencionó que desde hace 18 años la Fundación edita el periódico “Granada Costa. Proyecto Nacional de Cultura”, de ámbito nacional. Un trabajo de 64 páginas editado a todo color bajo el sello Granada Club Selección, otro de los baluartes de dicho núcleo cultural.

Bajo el sello Granada Club Selección han sido publicados cientos de trabajos, no solo literarios, sino también discográficos.

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Otra de las actividades de dicho proyecto es la convocatoria de 10 certámenes literarios, algunos de participación libre, y de muy diversas temáticas: poesía amorosa, mística, infantil, de navidad, también relatos; sin duda, una acertada propuesta que hará ampliar la ya de por sí amplia lista de socios que integran dicho proyecto.

Por su parte, José Romero introdujo brevemente a la antología, un libro en el que 50 poetas, procedentes de toda la geografía española, componen un excelente repertorio cultural y lírico. En sus más de 200 páginas se encuentran poemas de muy diversa índole: poesía amorosa, social, celebratoria, mística o de la experiencia, un buen ejemplo de la variedad de la práctica poética española, aunque en este caso, con una clara tendencia al clasicismo.

Como presidente del Grupo Literario La Platea, José Romero comentó lo satisfactorio que fue, tanto a título personal, como para todos los socios, la convocatoria y entrega de premios del I Concurso “Quart de Poblet es Poesía”, un certamen dirigido a todos los colegios de esta localidad valenciana en el que destacó el alto índice de participación juvenil.

Para finalizar el acto, algunos de los poetas del Grupo La Platea, así como poetas participantes de dicha antología, recitaron poemas del libro. Para finalizar, tanto público como participantes disfrutaron de un Vino de Honor.

El acto fue cubierto gráficamente por el escritor y gestor cultural José Carlos Lloréns.

 

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A continuación, la nómina de autores antologados:

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Publicado en la Gaceta Internacional de Haiku “Hojas en la Acera”, (núm. 34):

http://hela17.blogspot.com.es/2017/06/numero-34-el-haiku-debate.html

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Al lector acostumbrado a la poesía japonesa le resulta demasiado agresivo el contraste entre la naturaleza y lo urbano. De hecho, me atrevería a afirmar que enfrentarse a un tipo de poesía urbana, tras haber degustado la sagrada, le hace degradar inconscientemente toda aquella lectura ambientada en una fría y desesperanzadora metrópolis. La contemplación necesaria para presenciar una emoción que conduzca a un haiku se nos facilita en el recogimiento, en el silencio; no cabe duda.

Otra cosa es afirmar que solo rodeados por naturaleza somos capaces de percibir un haiku verdadero; lo cual es más que discutible. A primera vista, y tomando la urbe como algo más oscuro, artificial y contaminado que la propia naturaleza, la civilización parece haber esculpido una realidad ideal para concebir en ella el haiku cruel.

niños jugando,

el viento agita el ala

de un pájaro muerto

                                                            Félix Arce

 

Podemos imaginar la instantánea del haiku anterior de manera clásica, es decir, los niños juegan en el campo simplemente, o también podemos contextualizarlos, por ejemplo, en el parque de una gran ciudad. En ambas situaciones, el impacto de los versos en quien los lee, su punto de vista, no mengua ni siquiera un ápice.

Pero si mantenemos la objetividad, si abrimos nuestra percepción a nuestro entorno y nos guiamos por la sensibilidad, advertiremos que somos naturaleza, estemos donde estemos, hagamos lo que hagamos; lo orgánico, espiritual y trascendente camina con nosotros.

Uno de los primeros haijines en escribir haiku urbano fue el propio Basho. Al igual que otros haijines con posterioridad, como Kerouac, Basho fue un caminante incansable que viajó a través de la naturaleza de ciudad en ciudad, algo que, como es natural, vertió en sus haikus.

todavía en Kyoto
y ya extraño Kyoto:
canto de cuco

                                                 Matsuo Basho

Los haijines Seishi y Shuoshi son de los más mencionados en lo que a haiku urbano se refiere. En el primer tercio del siglo XX practicaron lo que denominaron «shinkoo haiku» o «haiku nuevo», algo a lo que Seishi se atrevió a definir como: versos con materiales nuevos, pero profundamente concebidos. Ambos fueron tan intrépidos como para practicar este género, aunque quizás no con la necesaria sensibilidad como para ser pioneros de algo grande y señalar una tendencia al respecto. Todo lo positivo que puede aportar que varios autores se atrevan a abrir camino en este sentido, se vuelve perjudicial para la causa si su audacia queda en mera anécdota y no trasciende en los lectores.

rugby: un pelotón de jugadores

llega corriendo

algo retrasado

                                Seishi

A este respecto, el maestro Vicente Haya comenta:

Este subgénero no existe en Japón. Se habla de “haiku contemporáneo” y se presupone que hay dentro de él un espacio posible para todo lo que es actual. He oído expertos japoneses argumentando que el coche del siglo XX es el carro del XVIII, y que por qué uno merecería entrar en el haiku y otro no.

En comentarios análogos, Haya pone en valor qué es aquello que queremos preservar en el haiku, y cito textualmente: los coches, los edificios, los postes eléctricos, el béisbol. Evidentemente, lo peyorativo de sus palabras nos previene del culto a lo artificial, un ámbito en el que podemos pasar con suma ligereza de lo cotidiano a lo vulgar.

Hablar de sociedades modernas, es hablar de atascos, comercios, fábricas, ruido, pero también de violencia, y en algunos momentos, guerra. El famoso Incidente de Manchuria provocó que un grupo de haijines pertenecientes al movimiento Shinkoo Haiku introdujesen la guerra en sus haikus. La editorial Hiperión publicó un libro con el llamativo título de Haikus de guerra, con selección de textos a cargo de Seiko Ota y traducción al castellano de Elena Gallego. Ellas mismas expresan en su libro algunos motivos de la introducción de la guerra en el haiku, así como algunas características formales del denominado en castellano «haiku contracorriente».

«Este movimiento surgió hacia 1931 en contra de la escuela Hototogisu, escuela tradicional liderada por Takahama Kyoshi, cuyos principios eran cantar a la naturaleza, mantener la métrica tradicional de 5, 7 y 5 sílabas y usar kigo, la palabra de estación. De esta manera, el movimiento de haikus contracorriente empieza a cuestionar estos dos principios básicos del haiku, como consecuencia de la dificultad para mantener el kigo al expresar la realidad de aquella época, la vida moderna y urbana, alejados de la naturaleza y rodeados de maquinaria, consecuencia de la revolución industrial y también de la realidad de las guerras».

¿Podemos hacer poesía pura de algo impuro? Precisamente, esa es una de las constantes demostraciones que ofrece la naturaleza. En el universo, no hay etiquetas, nada es puro o impuro, todo se crea, se mezcla y se transforma —o esa es nuestra percepción— con la misma arbitrariedad. El animal que muere es alimento para otros animales, estiércol para la tierra; la lluvia que anega las cosechas es la misma que florece la belleza en sus altares.

Abordar la construcción del haiku urbano no debe desacralizar al haiku de lo sagrado, al contrario, su punto de vista es el mismo, su destino, también, solo es disímil el camino. Es más, si la antítesis visual, el equilibrio de fuerzas contrarias del haiku es uno de los principales resortes de su capacidad comunicadora, el haiku urbano que combine la naturaleza y el mundo civilizado será todavía más fiel a su esencia taoísta.

al sentir pasos,

gorriones en la acera

alzan el vuelo

                                                       Grego

Tal vez no emocionen las mismas cosas a un urbanita que a una persona acostumbrada a un entorno natural, pero ambos están legitimados para buscar su emoción, cada uno a su manera, y es cuestión del compilador y crítico, desglosar esas vivencias y encontrar o no en ellas, vasos comunicantes.

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Escribir un haiku ambientado en la ciudad no es solo cambiar el escenario de nuestros versos, es también cambiar los códigos de cifrado y descifrado del mensaje, apelar a las características de una forma de vida diferente, pero en el fondo, vida. Por tanto, quizás el lector citadino esté predestinado a emocionarse solo leyendo poemas ambientados en su ecosistema, algo reversible mediante el cambio de hábitos para acercarse a lo natural.

La modernidad trajo consigo la tecnología, la frialdad de escenarios de hierro, cristal y asfalto; también la decadencia de los valores humanos. La transformación de la sociedad es un hecho a todos los niveles, y eso es algo que afecta forzosamente al individuo. Encuentro necesario, no recuperar, sino cultivar y dignificar el shinkoo haiku, ya no por la poesía japonesa, sino por el efecto conciliador entre el ser humano y su entorno que puede provocar. Siempre se ha dicho que una persona impedida físicamente debe dar seis pasos más que una persona que no lo está, para alcanzar lo mismo. Entraña dificultad recuperar el haiku urbano, pero no es imposible.

Si aspirar a escribir un haiku verdadero ya es complicado, el haiku urbano es un reto más complejo para el haijín actual, ya que para conseguir la misma meta que con el haiku sagrado, este encuentra sus símbolos sensiblemente depreciados. Los tótems de la modernidad han perdido fuerza expresiva con respecto a buscar la traslación de una honda emoción. La flor de loto, por ejemplo, su belleza natural, su historia, juegan con ventaja con respecto a una señal de tráfico o un semáforo. Es responsabilidad del haijín tratar de ir acortando esa distancia, ahora insalvable.

El haijín que consiga elevar al haiku urbano de la categoría de subgénero, será sin duda un maestro. Aunque su gesta seguramente comporte ligeras transformaciones o apuestas al cambio a un género que, como cualquier otra vertiente literaria, está expuesto a ello.

 

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Título: Castillo de Benisanó

Autor: Heberto de Sysmo

Técnica: Acrílico sobre lienzo, acuarela, bolígrafo

Medidas: 90 x 60 cm.

“Basado en una fotografía realizada una tarde en que el día estaba despejado y comenzó a nublarse de repente”.

Lienzo preparado con varias capas de geso lijado, esbozo a lápiz, base de acuarela en cielo y acrílico sobre lienzo. La luminosidad del día no ofrecía mucha profundidad en la morfología del castillo. Conseguir el acabado del cielo (3 capas) me llevó varias noches, fue lo más costoso. De cerca se aprecia la textura, múltiples direcciones de la pincelada y profundidad o relieve de la pintura. Sin darlo por acabado se ha expuesto. Es el cuadro de mayores dimensiones que pinto hasta la fecha.

Artículo publicado en Revista Sala 1:

http://revistasala1.com/?p=8251

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Título: El tren del infierno

Director: Andréi Konchalovsky

Reparto: Jon Voight, Eric Roberts, Rebecca de Mornay, Kyle T. Heffner, John P. Ryan, TK Carter, Kenneth McMillan

Género: acción, thriller

Año de producción: 1985

Nacionalidad: estadounidense

Banda sonora: Trevor Jones

Fotografía: Alan Hume

Montaje: Henry Richardson

Guion: Djordje Milicevic, Paul Zindel, Edward Bunker (Basado en un guion                                    original de Akira Kurosawa)

Duración: 112 minutos

Andréi Serguéyevich Mijalkov-Konchalovsky (Moscú, 1937), estaba llamado a ser artista. Nacido en la familia aristocrática Mijalkov, hermano del reconocido cineasta Nikita Mijalkov e hijo de Serguéi Mijalkov, poeta y famoso creador de cuentos infantiles, además de ser el creador del texto de los himnos de la Unión Soviética y la actual Rusia.

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Andréi Konchalovsky

La madre de Kochalovsky, Natalia Konchalovskaya, también fue una brillante poeta, y dos de sus tíos fueron pintores destacados. En su árbol genealógico se encuentra el poeta Alexander Pushkin y el mismísimo León Tolstoi. En su juventud estudió varios años de piano en el conservatorio, hasta que se cruzó en su camino el cineasta Andréi Tarkovski, con el cual entabló amistad, le inoculó su pasión por el cine, lo que le llevó a estudiar en el Instituto de Cinematografía de Mijaíl Romm y coescribieron juntos los guiones de La infancia de Iván, ganadora del León de Oro en el Festival de Venecia (donde también actuó), la monumental Andréi Rubliev y El violín y la apisonadora, cortometraje de graduación del director de Sacrificio, aclamadas cintas de Tarkovski.

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En la fotografía: Tarkovski (izquierda) y Konchalovsky (derecha).

Además de ese encuentro de juventud entre Konchalovsky y Tarkovski, ambos cineastas coincidieron en más cosas: ambos tuvieron de mentor a Romm, antes de debutar en el largometraje rodaron interesantísimos cortometrajes, llamados «de estudiante». Ambos sufrieron la censura del gobierno soviético: recortes drásticos de presupuesto, prohibiciones de estrenos, vigilancia permanente; algo que les obligó a probar suerte como cineastas fuera de sus fronteras.

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Una de las cuestiones por la que Konchalovsky fue seguido muy de cerca por la censura de su país, era porque no comprendía su cine si no reflejaba en él los problemas socio-políticos que sufrían sus compatriotas. El primer maestro (1965) fue su debut como realizador de largometrajes, basándose en una novela epónima de Chinguiz Aitmátov, la historia transcurre poco después de concluir la Guerra Civil Rusa. Diuishen, miembro del Komsomol y exsoldado del Ejército Rojo, llega a Kukureu como nuevo maestro del pueblo. Su entrega por traer las ideas nuevas se enfrenta a la forma de vida tradicional de Asia Central. Esta película supuso el merecimiento a la actriz Natalia Arinbasaroba de la Medalla de Plata y Copa Volpi del Festival de Cine de Venecia (1966). Este hecho, el de colocar a sus actores en la palestra internacional y propiciarles reconocimientos, será una constante a lo largo de su carrera.

Julie Andrews fue nominada a los Globos de Oro por su interpretación en Ansias de vivir (1986); Barbara Hershey fue merecedora del Oscar a la mejor actriz en 1987 por Gente salvaje; Martha Plimpton fue nominada a los Premios Independent Spirit por esa misma película y Greta Scacchi también fue nominada a los Globos de Oro como mejor actriz por su trabajo en la premiada serie para televisión La Odisea (1997). Incluso los dos protagonistas de El tren del infierno fueron nominados a los Oscar, a Jon Voight le concedieron el Globo de Oro por este papel.

Su siguiente película, La felicidad de Assia (1966), trata de los dramáticos avatares de una madre soltera, una historia en la que de forma sutil, el cineasta insinúa cual podría ser el incierto futuro político de su nación. Este hecho supuso la prohibición de su estreno y paradójicamente, la cinta no se estrenó hasta 21 años después, siendo considerada por un buen número de críticos entonces, como su gran obra maestra.

Konchalovsky rodó dos adaptaciones, de Turgueniev y Chéjov respectivamente, para intentar despistar con ello a los censores, quienes le seguían muy de cerca.

Rodar Siberiada (1979), una cinta en cuatro actos, en la que los protagonistas se enfrentan a la realidad política rusa, supuso un gran éxito para su director y obtuvo el pasaporte a América.

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Konchalovsky probó suerte trasladándose a Hollywood, las injerencias y problemas de libertad de expresión en su cine eran constantes. Pero en Hollywood rodó unas cuantas películas y comprobó cómo esa manipulación en el artista también se daba, aunque de otra forma. El espectador y el productor americanos no toleran un cine lento, de historias anónimas e intimistas, buscan la comercialidad, la grandilocuencia, cosas que ofreció —y de qué manera— en la serie de televisión La Odisea, la cual sirvió para merecer el Premio Emmy al mejor realizador. Muchas fueron sus manifestaciones públicas al respecto. Tras su etapa hollywoodiense regresó a Rusia ya comenzados los años noventa.

El guion de El tren del infierno nace de una idea original del maestro japonés Akira Kurosawa. En concreto, se pensaba que esta idea fuese el motivo para rodar su primera película en color. Pero por cosas del destino, no pudo llevarse a cabo este proyecto y el guion anduvo de mano en mano por diferentes productoras durante más de una década sin que ningún cineasta se decidiese a rodarlo. De esta forma llegó a la Cannon, Golan y Globus, sus productores de éxito, por aquel entonces centraban sus esfuerzos en producir taquillazos, cine comercial de entretenimiento, pero tenían la espinita clavada de que ninguna de sus películas fuese aclamada por la crítica y tomada en serio en los festivales; algo que consiguieron con El tren del infierno.

Djordje Milicevic, Paul Zindel, Edward Bunker fueron los guionistas que hicieron lo imposible, reescribir a Kurosawa. El tiempo transcurrido desde la idea original, alrededor de quince años, añadido al perfil comercial de la productora, hizo que la historia original cambiase pero conservase intacta la fuerza de sus metáforas principales.

Konchalovsky, quien a partir de 1984 —momento en que se traslada a Hollywood y comienza su etapa americana— se hizo llamar Konchalovski, era además de cineasta, un consumado músico, actor, y también guionista; por lo que no es de extrañar que influyese en algo durante el proceso de construcción del argumento.

Dos presos peligrosos, Manny (Jon Voight) y Buck (Eric Roberts), están cumpliendo condena en una prisión de máxima seguridad en Alaska. La única relación entre ellos es de admiración por parte de Buck a Manny, ya que este es un preso famoso por su rebeldía. Manny sufre en sus carnes su particular lucha contra Ranken (John P. Ryan), el malvado alcaide de la prisión. Ranken es un tipo sin escrúpulos, su crueldad y agresividad lo emparentan a sus propios presos, pero técnicamente él se encuentra al otro lado de la ley. Manny ha intentado fugarse varias veces y ha puesto en evidencia al alcaide, por lo que este lo odia con todas sus fuerzas y trata de hacerle la vida imposible. La película comienza tras ser liberado Manny de un encierro, a solas y en la oscuridad, que ya duraba varios años. El alcaide lo devuelve al patio y a su celda, no sin antes animarle a volverse a fugar para poder matarle. A partir de aquí, todas las escenas son duras y violentas, la estancia de Manny en la prisión es un infierno, por lo que planea volverse a fugar.

Hasta aquí, parece que esta historia no posee ingredientes especiales más allá de una película de fugas carcelarias. La solvencia narrativa de Konchalovsky es manifiesta, aunque también se evidencia el uso del cliché de este tipo de producciones.

Buck ve la oportunidad de escapar junto a Manny y no la desaprovecha, algo que Manny no termina de aprobar. Ambos se las ingenian para adentrarse por el alcantarillado en plena noche y consiguen llegar hasta un río helado que los arrastra y aleja de la penitenciaría. En la prisión no tardan en advertir su fuga, por lo que rápidamente se pone en marcha un dispositivo para perseguirles hasta atraparles.

El sueño de la libertad empuja a ambos presos a sobrevivir a pesar de las bajas temperaturas y el cansancio. Corren entre un paisaje helado que no saben hacia dónde les conducirá. Así llegan a una vieja estación de tren, donde tras robar ropa de los trabajadores y haciéndose pasar por polizontes, escogen un tren de mercancías para ocultarse en él y así huir lo más lejos posible.

Este es un momento decisivo en la película. Konchalovsky presenta a ese tren entre humo, su aparición, acompañada por el matiz musical de Trevor Jones, hacen pensar que dicho tren es más especial de lo que parece. Ambos presos suben, se esconden en un pequeño recinto del último vagón y pocos segundos después, emprenden su marcha.

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El tren se compone de cuatro viejas locomotoras enganchadas, por lo que es la de cabeza la que tira de todas las demás. A partir de este momento, comprendemos que todo lo acontecido en la película ha sido exposición. El escenario cambia y a partir de ahora comienza el desarrollo de una trama que con los mínimos elementos tendrá al espectador pegado a la silla hasta el final.

El tiempo que los dos protagonistas, verdaderos artífices en duelo apoteósico, pasan juntos en el tren, sirve al cineasta para ir mostrando, cada vez con más profundidad, tanto sus rasgos personales como las grandes diferencias que los separan. Así, la dimensión humana de los personajes irá siendo el hilo conductor de la historia y alternándose con las escenas de acción.

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El maquinista sufre un colapso cardíaco y antes de desvanecerse aprieta el freno de emergencia y cae fuera del tren encontrando la muerte. El sistema de frenos trata de detener el tren, pero debido a su velocidad y el peso de las cuatro locomotoras, no logra más que averiarse. Unos operarios ven caer el cuerpo del maquinista, por lo que dan el aviso a la compañía de trenes: un tren de mercancías formado por cuatro locomotoras está sin control. Este es el metabolé de la particular tragedia griega de Konchalovsky.

Entra en juego entonces la sala de operaciones de la central, lugar de máxima tensión, donde se dirimirán todas las decisiones tomadas para tratar de detener el convoy. Todo lo acontecido en la central de operaciones de la compañía ferroviaria, será utilizado por Konchalovsky para dibujar con claridad pasmosa el perfil de sociedad —mundo moderno— occidental para criticarlo en ocasiones, y en otras, evidenciarlo con el propio relato de sus miserias.

Así comprobamos que el papel de la mujer en dicha torre de control no es más que el de recadera, una secretaria acostumbrada a traer los cafés, que se pasa todo el tiempo maquillándose y ni si quiera coge el teléfono. El machismo es evidente, pero también la aceptación de ella, así como la influencia —por así decirlo— del culto a la imagen.

Todo está mecanizado y, casi más por el prestigio de la empresa, que por la integridad de los ocupantes del tren, los personajes secundarios van tomando decisiones para tratar de frenar esa amenaza evitando el menor número de destrozos.

Las cosas se van complicando cada vez más, los personajes protagonistas se enfrentan entre sí, cada vez con más odio, y de repente descubren que no están solos en el tren, una ayudante de maquinista que ha tratado de alcanzar la locomotora se reúne con ellos y les advierte que es imposible llegar al módulo de cabeza y que se dirigen sin control, lo más probable, a una muerte segura. Esto avivará la rabia de los personajes protagonistas, acrecentará su angustia y miedo y les empujará a tratar de frenar el tren por sus propios medios.

Desde la central van desviando todos los trenes con riesgo de colisión, tratan de despejarle las vías pero las cosas se van complicando y en un error de otro convoy, el tren maldito colisiona con el último vagón de un tren que trataba de apartarse. Esto tampoco logra frenarlo, pero provoca una transformación física en el ferrocarril. Una masa informe de hierros se han incrustado en la locomotora delantera y a partir de ahora, los planos de la misma serán más inquietantes.

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Por si fuera poco, el alcaide de la prisión ya se ha puesto en contacto con los responsables de la central de trenes y, suponiendo que entre los tres pasajeros de ese tren fantasma puedan encontrarse sus dos presos, se dirige hacia ellos, armado y en helicóptero.

Llega el momento crítico, si el tren continua circulando colisionará frontalmente con otro tren y la pérdida de vidas humanas, además de los daños materiales, será enorme. Se baraja la opción de descarrilamiento, puesto que un tramo de los que encontrará alberga una curva muy cerrada, la cual por la velocidad que lleva, provocará el descarrilamiento. El problema es que en esa zona se encuentra una planta de productos químicos, por lo que, de darse el accidente, pondrían en riesgo incluso hasta la población. Así que deciden desviarlo a una vía muerta, no sin antes lanzar una crítica directa a la visión tecnócrata del mundo: ¿cómo es posible que con toda esta tecnología no hayamos sido capaces de pararlo?

El desenlace está servido. Solo añadir que la escena más violenta entre los personajes protagonistas se da a partir de entonces. La muerte segura, el alcaide sobrevolando en helicóptero, la desesperación humana desata la heroicidad de Manny, quien arriesga su vida saltando a la locomotora principal y a partir de ahí, por no destrozar el factor sorpresa a sus futuros espectadores, diré que los diálogos se vuelven crepusculares, más tarde, ni siquiera habrá diálogo. La música de Antonio Vivaldi (Gloria in d major, RV 589: Et in terra pax), arreglada por Trevor Jones, acompañará a toda la secuencia final hasta su conclusión apoteósica, aportando con su belleza toda su trascendencia épica.

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El concepto de libertad, su simbolismo y significado. El poder restañador de la venganza. Lo bueno lo malo. Era preciso rodar esa primera parte visceral y violenta para comprender mejor este descenso a los infiernos. ¿Se puede luchar contra un destino ineluctable?

En el último trayecto de este patíbulo de hierro asistimos a todo ello, pero también a la redención, o a su aspiración a ella. Su giro final alude al homérico viaje iniciático del —en este caso— antihéroe; el tren es un personaje más, una metáfora de interpretaciones poliédricas, tan inexorable como la justicia, el tiempo o el destino. Una cita de Ricardo III concluye el metraje recordando que todavía somos seres humanos, feroces, pero también piadosos.

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La interpretación de Voight pone los pelos de punta y el pulso y decisiones de Konchalovsky, lejos de perder el control y provocar aburrimiento o reiteración, intensifican las emociones de una road movie filosófica que nos había sido vendida como una burda película de acción.

La Cannon, por fin, consiguió aspirar con una de sus películas a la Palma de Oro en el Festival de Cannes. Recibió el elogio de la crítica y nominaciones a los Oscar y Globos de Oro.

Sin calificarla como una redonda obra maestra, cuando uno termina de ver El tren del infierno sabe que ha visto algo más que una película de fugas o de trenes.

Por suerte, 32 años después, Konchalovsky sigue rodando. En 2016 estrenó Paraíso, por la que recibió el León de Plata al mejor director en el pasado Festival de Cine de Venecia, un magnífico drama en blanco y negro sobre el Holocausto de la Segunda Guerra Mundial, donde sus personajes, a partir de las atrocidades cometidas por el ser humano, todavía apelan a la justicia divina a las puertas del paraíso.

Anécdotas sobre la película

En la fase de preparación para interpretar el papel de Manny, Jon Voight pasó bastante tiempo con los presos de la prisión de San Quentin. Además mantuvo el contacto con algunos de ellos durante varios años después del rodaje.

La película está dedicada a la memoria de Richard Holley, un piloto de helicóptero que falleció en un accidente durante el rodaje.

Marlon Brando alabó la película de Konchalovsky en su autobiografía; manifestó que en cierto modo se identificaba con el personaje interpretado por Jon Voight.

El preso que boxea en un ring con Buck, personaje encarnado por Eric Roberts, es interpretado por el actor hispano Danny Trejo. Trejo, popular en la actualidad por sus apariciones secundarias en películas hollywoodienses de acción y grandes presupuestos, pero sobre todo por su personaje llamado Machete, con el que ha rodado varias cintas como protagonista principal, comenzó su carrera como actor con El tren del infierno, puesto que en 1985, el equipo de rodaje se trasladó a la prisión de San Quentin y Trejo, quien por entonces cumplía condena como preso allí mismo, se prestó como voluntario para coprotagonizar la escena de la lucha.

 

Publicado en El Cotidiano:

http://www.elcotidiano.es/75496-2/

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A partir del 2 de junio y hasta el próximo 5 de agosto,estará abierta al público en Imprevisual Galería (Valencia), la exposición de fotografía, ilustración y texto “Amarillo Amor” de los artistas Andrea Zaragoza y Javier Cillero.  Un viaje conceptual a través del amor y el color amarillo que promete ser reflexivo y participativo. El comisario de la exposición es Alberto Adsuara.

Qué mejor que las propias palabras de su comisario para introducir al público en este singular proyecto visual:

AMARILLO Y AMOR

«Dos proyectos diferentes con un nexo común: cierta metodología de trabajo que contempla la opinión del otro para la formalización objetual de la obra. Tanto Andrea Zaragoza como Javier Cillero han recurrido a la(s) entrevista(s) para la elaboración de sus respectivos, y bien diversos, productos artísticos. Ambos pues, tuvieron que acometer un trabajo de campo que no contemplaba la producción de un objeto que se encontrara predeterminado, como suele ser habitual en la mayoría de artistas.

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El trabajo de Javier Cillero nos sitúa ya desde su mismo nombramiento, “Amor”, y su objetivo es reflexionar, desde la más pura contemporaneidad, en torno a este concepto sobre el que todo el mundo tiene opinión. Cillero quiere, ante todo, tratar de entender cómo se formaliza y constituye el amor, un concepto que semánticamente ha evolucionado mucho en muy poco tiempo. Así, analiza y estudia algunas de las posibles formas de amor que se encuentran muy lejos de las maneras tradicionales (y conservadoras) de entenderlo. Por eso rastrea en relaciones que entienden el amor –y/o la familia en tanto que núcleo derivado del amor- a partir de conceptos tan diversos como significativos: poliamor, relaciones abiertas, familias homosexuales, anárquicas, interraciales, polifidelidad, trimonios, círculos matrimoniales, etc.

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Por su parte Andrea Zaragoza bucea en torno al concepto de amarillo. Según la propia Andrea todo el mundo sabría describir lo que significa “la vida en rosa” y por eso se pregunta (y pregunta a sus entrevistados) ¿sabríamos describir con la misma contundencia lo que significa “la vida en amarillo”? Tras una laboriosa investigación acerca de dicho color Andrea Zaragoza planifica y lleva a cabo una serie de entrevistas de las que extraerá la información necesaria para poder formalizar sus serigrafías digitales. Por tanto su producto, también, vendrá determinado por esas entrevistas. Concretamente por una palabra clave extraída de cada una de ellas.

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De alguna forma, y a aún en su diversidad, ambos trabajos tienen en común su aspecto sociológico y antropológico. Y también ambos formalizan “sus” conclusiones en tradicionales formas de expresión: fotografía, ilustración y texto. Aunque es en las peculiares características instalativas donde, de nuevo ambos pero cada uno a su manera, nos muestran las conclusiones de forma tan definitoria como eficaz».

Texto de presentación del comisario: Alberto Adsuara

Título exposición: “Amarillo Amor”.

Artistas: Javier Cillero y Andrea Zaragoza.

Inauguración: Viernes, 2 de junio de 2017 a las 20:30 h.

Temporalidad: Hasta el 5 de agosto de 2017 .

Lugar: Imprevisual Galería, Sito en c/ Doctor Sumsi 35, b. Russafa, Valencia.

Un proyecto en colaboración con la ESAT, Escuela Superior de Arte y Tecnología