Archivos para enero, 2017

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Cuadro realizado con pintura acrílica sobre lienzo.

Medidas: 30 x 30 cm.

Autor: Heberto de Sysmo

«Unos árboles resecos se aprecian oscuros por el contraluz del amanecer primaveral. En sus ramas vuelven a brotar las hojas y paulatinamente el entorno se armoniza del color y el calor, de la vida en constante mutación y su belleza arborescente».

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Publicado en la web Anika Entre Libros:

http://www.anikaentrelibros.com/universos-por-descubrir

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Título: Universos por descubrir

Autor: J. Javier Arnau

Editorial: James Crawford Publishing Independence Edition (edición digital)

Género: poesía

Año de publicación: 2015

Número de páginas: 41

Que la ciencia ficción es un género literario que se expande por un terreno más amplio al que ocupó en sus orígenes, es un hecho que celebrar en nuestros días. Cada vez son más las editoriales que apuestan por el género fantástico, y su creciente influencia es notoria no solo en literatura, sino en cómic, cine y me atrevería a decir, también en el mundo científico. No sería la primera vez que un guionista o creador de ficción trasciende su labor artística aportando ideas de gran relevancia al mundo real.

La poesía que utiliza como argumento motivos de ciencia ficción propone un terreno no tan trillado como el de la poesía convencional, resulta paradójico, pues su campo es muy extenso; y ese círculo puede estrecharse más si contamos los autores que la cultivan con cierta calidad. Este es el caso de J. Javier Arnau, editor de la revista Planetas Prohibidos, escritor y poeta ligado profundamente a la ciencia ficción valenciana.

“Universos por descubrir” está disponible en formatos epub y mobi en la plataforma Lektu. Es el tercer poemario de ciencia ficción del autor tras “Paisajes de Ciencia Ficción” (Ediciones Efímeras) y “Paraísos Cibernéticos” (Erídano Ediciones), este último en coautoría con Carlos Sueiro, y ganador del Premio Ignotus 2011 en su categoría.

Según palabras del propio autor: « […] es un recopilatorio de poemas publicados en diversas revistas y otros medios, algunas nominadas a los Ignotus del año correspondiente a su publicación».

El diseño de la cubierta es obra de Ángel García Alcaraz, basado en la fotografía “Apple Planet”, de Jorge Elías (Flicker).

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Javier Arnau

Javier Arnau nos propone descubrir sus universos, en concreto, veintiséis; uno por cada poema del libro. En su apuesta, están tan presentes realidades extrañas, visiones de un mundo futurista o fenómenos cósmicos, como la naturaleza humana. En sus poemas, de corte fantástico, reside un rasgo metafísico, filosófico y humano que es el hilo conductor durante todo el libro. Lo exótico y desconocido de sus mundos nuevos conecta de manera sencilla, sin hermetismos ni alardes, con la dimensión más existencial del lector.

Así, en el primer poema del libro, titulado “Somos insania”, se aprecia un tono melancólico y dramático, tesitura que comparte, casualmente, con “Religiones (Fremen)”, poema de clausura, como forma culminante de su narrativa circular: Y sus vates nos darán la bienvenida / como sus nuevos dioses, / omniscientes seres / de más allá de su comprensión; / somos locura, somos insania, / y eso es todo lo que heredaréis / en vuestro funesto destino.

Con la morfología —aunque no extensión— del versículo, el poeta nos va adentrando por tiempos y lugares donde la ambigüedad es patente, todo ocurre entre un equilibrio de fuerzas que se contraponen y puede decantar la balanza —de un momento a otro— hacia el lado luminoso o más oscuro: Diseña tu propio universo, / pero déjame morar en él. Si en el poema titulado “Crea un universo” el yo lírico implora un espacio para compartir su mirada con la entidad amada, en “Destilados” la iconografía descrita evoca hábitats casi apocalípticos al estilo de Philip K. Dick: […] ni para uso y deshecho de cuerpos / comprados —o robados— en los megabazares / que adornan las avenidas de la realidad; / el fin de todo es anunciado / con estridentes publianuncios de xenón / y las pequeñas tiendas de recuerdos  / cesan su negocio por culpa  / de la crisis de personalidad.

Y es que muchos son los referentes de Arnau, a algunos, como Arthur C. Clarke, homenaje en sus versos, como en el poema titulado “Homenaje”, donde utiliza títulos de sus novelas para argumentar su discurso: Dos mil diez veces / surge tu recuerdo / a través del firmamento. / El Martillo de Dios nos golpea / y nos sumerge En las profundidades / del  Vacío Estelar / que recorro Dos mil sesenta y una veces / antes de quedarme obsoleto.

Encontramos poemas distópicos a la manera orwelliana: Ocio y molicie / para la especie / humana / que será dominada / por las máquinas / en la sociedad mecanizada, / en el futuro informatizado / y más allá; / la exploración espacial / la colonización estelar / por / las creaciones / de la raza humana, / robots, cyborgs y androides.

La raza humana, evolucionada, híbrida y quizá sometida por las máquinas, busca su humanidad en escenarios cibernéticos. Arnau encuentra en el amor el baluarte de la conciencia que sostiene al héroe frente al caos: […] soledad  / entre los soles / tu recuerdo  / como único consuelo / en los momentos de desconexión / reparación y restauración / del software y hardware / de mi armazón / cibernético y orgánico. / Pienso en ti.

Toda conciencia se cuestiona a sí misma, ansía reconocerse entre el tumulto de artificiales mentes, busca su identidad. El cisma antropológico entre el ser y la ciencia propone un escenario de debate: Holopájaros en sus pantallas / ciberárboles en sus monitores / mecanoaromas en sus sensores.
/ Ella recorre su AlteroRealidad / buscando a su amor / buscando a su creador.
Encuentro analogías con autores contemporáneos como: Cinzano, Geeregat o Luménics, metodología dialogística ambientada en atemporales suburbios.

Si alguna comparación en fondo y forma de este libro fuese posible con Ammons, me inclino más al futurismo existencialista de Diego Doncel, autor de “En ningún paraíso”, el que ha sido en llamar «texto fundacional de poesía mutante». Doncel, no solo con el citado libro, sino con otro posterior titulado “Porno ficción” contribuye, junto a J. Javier Arnau, entre otros, a engrandecer un género poético en el que no todo está dicho.

Editor de la colección Órbitas Prohibidas, Javier Arnau, además ha escrito y dirigido varias obras de teatro gestual para el grupo La Farola Apedreá, así como guiones para el programa “Crónicas Urbanas”, de Canal 7 TV de Sagunto. Recientemente ha sido antólogo del libro de relatos de terror “Herederos de Cthulhu” (Kokapeli Ediciones), entre otras publicaciones. Su blog: “Por Si Acaso: Previniendo Desastres”: http://jjarnau1.blogspot.com/

 

«Manchado en sangre está, todo lo inunda
un rojo enajenado.
Un rojo ciego».

Carlos Marzal

Síntesis aditiva del dolor

Los colores no existen.

Las palabras, tampoco.

Y nosotros, tal vez,

jamás hayamos existido.

Tal vez no exista el tiempo,

la muerte ni la música;

reconocerse en ellos

aún dicen que es de humanos.

Reconocerse número, luz, símbolo;

palparse en los cadáveres;

sentir que ya se ha muerto.

Amarte como a ellos:

descubrirse cociente

en un reparto de imprevistos.

Subordinado siempre

y ya sin ínfulas, pregunto:

¿podrá morir el rojo?

Así sobre tus carnes espejean

colores innombrados, vidas, muertes,

quiero pintarte y reseñar el mundo:

conspira el universo en voluntades

que nos parecen propias.

Tú fuiste el rosa inexistente

que inventó mi egoísmo

y yo el exégeta borracho

que dijo leer tu cuerpo.

Te desnudas y caes

sobre el altar, sonríes,

me observas con deseo,

conservas la expresión que me perturba.

Elijo en mi paleta de dolores

los tonos que combinen con la vida:

dibujo en verde jade tus hipnóticas

pupilas,

blanqueo tus axilas,

tizno dorado y ocre tus cabellos…

A mandoble de brocha

todos me suman negro.

Antes de darle fin, desapareces.

ΠΡΟΣΘΕΤΗ ΣΥΝΘΕΣΗ ΠΟΝΟΥ

«Λεκιασμένος με αίμα είναι, όλα τα κατακλύζει

ένα κόκκινο εκστασιασμένο.

Ένα κόκκινο τυφλό.»

Κάρλος Μαρθάλ

Τα χρώματα δεν υπάρχουν.

Μήτε κι οι λέξεις.

Και μεις, ίσως,

ποτέ να μην έχουμε υπάρξει.

Ίσως ο χρόνος να μην υπάρχει,

μήτε ο θάνατος ή η μουσική,

να ξεχωρίζεις τον εαυτό σου μέσα τους

ακόμη λένε ότι είναι ανθρώπινο.

Να ξεχωρίζεις νούμερο, φως, σύμβολο,

να ψηλαφίζεις τα πτώματα,

να αισθάνεσαι ότι ήδη πέθανες.

Να αγαπήσεις τον εαυτό σου όπως αυτούς,

να ανακαλύψεις το πηλίκο

σε μια μοιρασιά από απρόοπτα.

Υποτελής πάντα

και δίχως αέρα μεγαλείο, ρωτώ:

μπορεί να πεθάνει το κόκκινο;

Έτσι πάνω στις σάρκες σου καθρεφτίζονται

χρώματα δίχως ονόματα, ζωές, θανατικά,

θέλω να σε ζωγραφίσω και να παρουσιάσω τον κόσμο:

το σύμπαν συνωμοτεί με βουλές

που κατάλληλες μας μοιάζουν.

Συ ήσουν το ανύπαρκτο ροζ

που εφηύρε ο εγωισμός μου

κι εγώ ο μεθυσμένος ερμηνευτής

που είπε να διαβάσει το κορμί σου.

Γυμνώνεσαι και πέφτεις

πάνω στο βωμό, χαμογελάς,

με παρατηρείς με πόθο,

διατηρείς την έκφραση που μ’ αναστατώνει.

Διαλέγω από την παλέτα μου με πόνους

τόνους που να συνδυάζονται με τη ζωή:

σχεδιάζω με πράσινο του ιαδεΐτη τις υπνωτικές σου

ίριδες,

λευκαίνω τις μασχάλες σου,

μουτζουρώνω με χρυσαφί και ώχρα τα μαλλιά σου…

Με διπλό κοφτό πινέλο

όλοι μαύρο με κάνουν.

Πριν δώσεις τέλος, εξαφανίζεσαι.

Traducción al griego por: Natasa Lambrou

Autor del texto: Heberto de Sysmo

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Natasa Lambrou

Información sobre Natasa Lambrou:

2015 / PSP ahora Traducción, la comunicación y el espacio editorial de la Universidad Aristóteles de Tesalónica.

2012/2015 licenciatura en lengua y cultura española, griega Universidad Abierta. Grado: 8,46.

1996/1998 aplicaciones título de especialista de TI.

Publicaciones:

2016

  1. IV Concurso de microrrelatos, homenaje a Gabriel García Márquez, “La historia de la cándida Eréndira con las Alas y de Ulises Con Los cuernos” en «El legado de Gabo», Ojos Verdes Ediciones, http://ojosverdesediciones.com/producto/ el-legado-de-Gabo /
  2. http://www.vakxikon.gr/%CE%BC%CE%B1%CE%BD%CE%BF%CF%85%CE%AD%CE%BB-%CE%B1%CE%BB%CF% 84% CE% BF% CE% BB% CE% B1% CE% B3% CE% BA% CE% AF% CF% 81% CE% B5% CF% 80% CE% AD% CE% BD% CF 84% % CE% B5% CF% 80% CE% BF% CE% B9% CE% AE% CE% BC% CE% B1% CF% 84% CE% B1 /
  3. http://www.lagallaciencia.com/2016/06/tres-poemas-de-jose-maria-alvarez-en.html
  4. «Apagados» Ojos microrrelato en http://www.microrrelato.es/?p=10007

2015

  1. Microrrelato “Muerte” en

http://es.e-stories.org/read-stories.php?&sto=12002

2012

Noveles Microrrelatos , I Concurso de microrrelato del Instituto Cervantes de Rabat, con la participación mikrodiigima “Loca”.

La formación continua :

5/2015 II Congreso Internacional Sobre Iberoamérica:

              Sobre las Realidades Reflexiones ibero-americanas  los antes los desafios del siglo XXI que , Universidad de Atenas Nacional y.

5/2016 III Congreso Internacional Sobre Iberoamérica

1994-1995 Taller de traducción del griego al español, el Instituto Cervantes.

Experiencia profesional :

1995- hoy Inglés y profesor de idioma español.

lenguas extranjeras :

Español 1998 Superior, Universidad Internacional Menéndez Pelayo.

Inglés 1993, el Certificado de Competencia en Inglés.

1994 1995 Diploma de Monitoreo en Estudios Ingleses.

Francés 1987 Certificado de Lengua Francesa, B2.

1988 Monitoreo Sorbona cursos I.

Reseña publicada en la revista Todoliteratura.es:

http://www.todoliteratura.es/noticia/11589/criticas/y-te-diste-la-media-vuelta-es-la-cuarta-novela-de-elga-reategui.html

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Título: Y te diste la media vuelta

Autora: Elga Reátegui

Género: novela

Editorial: Add Editorial

ISBN: 978-84-6089454-4

Número de páginas: 213

Año de publicación: 2016

Elga Reátegui, periodista, narradora y poeta peruana afincada en Valencia, actualmente de gira por tierras latinoamericanas, escribe Y te diste la media vuelta, la que supone su cuarta novela. Con un título tan musical, publicado en el sello Add Editorial, Reátegui ofrece a los lectores una nueva entrega de su faceta novelística, recordemos que la autora publicó Ventana opuesta, su primer poemario, hace más de dos décadas, y desde entonces ha alternado la escritura poética, el periodismo y la creación narrativa.

Nacida en Lima, un 19 de junio de 1967, la joven Elga Reátegui, ya por aquel entonces, como ahora: alegre, de personalidad fuerte y muy trabajadora, se interesó por la comunicación, por lo que se graduó en Periodismo. Poco a poco esa vocación informativa fue acercándose más a la creación de historias y expresión de sentimientos, pronto las vicisitudes de una vida intensa y un carácter inquieto y apasionado revelaron en ella a una comunicadora comprometida con sus principios. Sus primeros trabajos periodísticos, como después los argumentos de algunas de sus novelas, pusieron de manifiesto su conciencia crítica, una vertiente analítica, de protesta contra las injusticias de una moral contemporánea que a ella le ha tocado vivir entre dos mundos, Perú y España.

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Y te diste la media vuelta narra la historia de Sergio, personaje protagonista, nacido en Perú pero residente en España (alter ego de la autora), quien espoleado por Sara, su hermana, decide emprender un viaje a su tierra natal con el fin de cerrar asuntos pendientes con su madre y su familia.

Ambientada en las vicisitudes de un Perú contemporáneo, la novela desdibuja un panorama desencantado y realista, el escenario por el que, no solo el cuerpo, sino también la memoria de ese narrador protagonista recorrerá distintos pasajes de su vida en una introspección que irá justificando las decisiones que ahora conforman su presente, decisiones que no siempre ha llegado a comprender.

Escrita con un lenguaje claro y directo, coloquial y a la vez introduciendo expresiones castellanas de uso panhispánico, la autora utiliza el recurso del flashback para ir reproduciendo ese tiempo crucial y pasado que hilvana a la perfección con el relato en tiempo presente de Sergio.

Si una voz masculina es la narradora y protagonista de esta historia, qué habrá hecho Reátegui para que su novela sea, para Ana Noguera, prologuista del libro, una novela de mujeres:

«Es un novela de mujeres, sobre mujeres, sobre sus dilemas, sus personalidades diferentes, los roles prefijados, la rebeldía, la crueldad de la vida, la maternidad como parte del éxito de la mujer, la controversia entre ser madre o ser mujer, el papel determinante de la madre sobre las frustraciones de los hijos.

Una novela que habla de “Ellas” desde una visión masculina, pero sin perder, ni un solo momento narrativo, la visión femenina en una constante contradicción entre lo que se es y lo que se espera que las mujeres sean».

Este es uno de los principales atractivos de Y te diste la media vuelta, la construcción de un universo femenino de múltiples lecturas y texturas, siempre con los pies en el suelo, la autora expone y denuncia el machismo de una sociedad que todavía tiene mucho que hacer en lo referente a la igualdad de sexos.

Shaby es la madre de Sergio, personaje capital en la trama, ya que la novela comienza y termina con ella, y en ella está personificada la esencia misma de la historia. Shaby es una mujer de personalidad marcada, díscola, inconformista y también egoísta. Valiente y luchadora, pero también cegada en muchas ocasiones por su propia fuerza. Su criterio ha sido el motor de la familia, pero también ha influido y marcado —no siempre para bien— a sus seres queridos.

Sergio piensa como su madre, tiene su misma forma de ser y aunque no lo quiera, es fiel reflejo suyo. Por eso está solo y no conoce el amor. Ambos cubren con una coraza sus zonas vulnerables y desconfían recelosos cuando alguien les abre su corazón. Sergio no comprende por qué es así y tampoco quiere seguir siéndolo, así que su viaje, además de remembranza, anhela se resuelva como iniciático y restaurador.

Por no desvelar muchos secretos de la trama, diré que Shaby sufrió una infancia y adolescencia de sometimiento y opresión, fue obligada a contraer matrimonio y toda esa tiranía a la que fue expuesta la transformó en un ser hiriente, cerrado al amor que, sin embargo, ama y hace sufrir a partes iguales a quienes tiene alrededor.

Ese equilibrio entre el amor y el dolor hace que la historia de Sergio sea tan universal como humana. ¿Quién no siente nostalgia al abandonar su patria por largo tiempo? El fuerte arraigo a las costumbres y cultura de la tierra en que uno ha nacido es aquí un inesquivable sentimiento patriótico.

La indecisión de Sergio entre dos amores, la injusta adjudicación del rol social a las mujeres, lo que aflora temas como: embarazos no deseados, matrimonios forzosos, maternidad como castigo, violencia machista o discriminación sexual; temas todos de lamentable actualidad, se unen al convulso panorama político-social descrito en la novela, cuarenta años en los que la sociedad peruana ha pasado por la crisis económica y social de los 80, las consecuencias de la inflación, deuda externa o conflicto armado interno. Un periplo de sucesos, no exentos de represión política, que han conformado con sus luces y sus sombras, el mapa político-social actual.

Este libro incluye en sus últimas páginas una carta escrita por Juan Ramón Barat, poeta y narrador valenciano, dirigida a la autora. En ella, el poeta se reconoce alma afín a su destinataria, y comparte y odia y disfruta con ella todas las incertidumbres, golpes y regalos de la vida. Sus palabras, llenas de amistad, de densa carga sentimental, son el excelente colofón a una aventura apasionada y dolorosa, madura y necesaria como es la narrada en Y te diste la media vuelta.

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Artículo publicado en HELA (Hojas en la acera), la gaceta trimestral del haiku, nº 32:

https://onedrive.live.com/?authkey=%21AHBjRWzkwkasaoc&cid=E922665CD109AC5E&id=E922665CD109AC5E%21377&parId=E922665CD109AC5E%21235&o=OneUp

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Afirmar que el verdadero haijín japonés no pretende hacer literatura con sus haikus es algo difícil de asimilar para el escritor occidental. No ya por el mercantilismo editorial, ni por motivos estéticos —rasgos tónicos de la literatura contemporánea— sino más bien por motivos filosóficos, espirituales. Pero así es. De ahí que las características de su métrica y factores constituyentes posean una horquilla tan amplia.

Si la finalidad del haiku se ve cumplida tras su lectura, una sílaba de más o de menos en sus versos no desvirtúa el conjunto. No podemos decir lo mismo de la mayoría de formatos poéticos utilizados en otras culturas. Prevalece entonces el fondo a la forma, como en el verso libre, de manera cuantitativa y diametralmente opuesta a poéticas (métricas) de canon estricto.

Hallar, experimentar una honda emoción, quizá ser trascendido por la misma y tratar de reproducirla después para compartirla, legarla, pueden ser motivos más que suficientes para sumirnos en un dilatado silencio, un silencio de desconocida fecha de ruptura, al que acompañar con la honda reflexión de un estado contemplativo. Porque, sí, el haiku es poesía sensorial, pero dicha experimentación deviene en trascendencia a través de la reflexión.

Ser capaces de agitar mente y espíritu es tarea de los grandes maestros japoneses, pero a través de otro tipo de reflexión, a la que denominaremos «refractación» —esta, caligráfica—, tanto para distinguirla de su acepción mental, como para ser más exactos, puesto que el plano de la realidad se desvía y recompone en el plano literario para ser  descodificado por el lector.

Para que esa refracción del hecho emocionante se traslade al plano escrito ¿qué método no invasivo podemos emplear? Recordemos que es mejor prescindir del yo lírico, prescindir de la erudición, del adorno, de la invención; la herramienta a utilizar no debe corromper ni adulterar el mensaje que traslada, lo cual es imposible dadas las limitaciones e imprecisiones de cualquier lenguaje escrito. La poesía oriental es milenaria, y si la pintura es demasiado precisa para equivaler a un haiku por muy inacabada que se exprese, la fotografía no existía en la antigüedad. Así que la escritura asumió el rol de fiel testigo, de cornucopia sin velas cuya luz no sobreimpresionase lo vivido.

Escritura, sí, pero no cualquier tipo de escritura. La naturaleza es el modelo a imitar, la escritura debe ser su espejo. La altura de esta aspiración resultaba un gran desafío, la cuadratura del círculo taoísta: creencia, poema que refleja la creencia y lenguaje neutro que los vincule a ambos, mostraba visos de cerrarse.

La tradición china atribuye la invención de sus primeros caracteres escritos en calidad de lengua unificadora  a un personaje legendario llamado Cang Jie, ministro del mítico Emperador Amarillo (Huang Di), quien habría inventado los caracteres, por mandato de este, inspirándose en las huellas que los pájaros y otras aves dejaban en la tierra y en la nieve. El emperador, cansado de tener un pueblo dividido culturalmente por pequeños dialectos o sistemas arcaicos para mercadear, como la cabuyería  (hacer nudos en cuerdas) o marcas en la madera, encargó a su sabio de cámara resolver este problema.

Con el alumbramiento de Cang Jie, la comunicación social se vio enormemente mejorada, el comercio, las tareas legislativas; nació el pictograma, un único símbolo para referirse a un motivo, y con él, un sistema simbólico, basado en raíces naturales, que a priori parecía el lenguaje ideal para escribir un haiku: mediante las huellas de los pájaros describir el vuelo de los pájaros.

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Existen otras leyendas menos difundidas sobre el origen de estos pictogramas. Una de ellas, recogida en el Laozi sitúa el origen de los caracteres en un sistema de nudos en cuerdas. Otra leyenda señala a los 8 trigramas del Yijing, inventados por el sabio legendario Fu Xi, como precursores de los mismos. Pero sin duda, la creencia de la gesta de Cang Jie es la más extendida.

El sistema de escritura chino, de origen logográfico, consta de miles de símbolos que se han utilizado durante, al menos, tres mil años como escritura oficial de la lengua china. Dicho sistema de escritura fue adoptado también por otras lenguas asiáticas, en particular el japonés, el coreano y el vietnamita. Estas dos últimas abandonaron casi por completo el uso de caracteres durante la segunda mitad del siglo XX, mientras que en japonés se utiliza actualmente —para flexivos y posposiciones—, junto a los silabarios katakana e hiragana, como una de las tres formas de escritura japonesa los denominados kanjis, ideogramas tomados directamente del chino.

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La influencia cultural china fue muy fuerte —a todos los niveles— en los países cercanos, hace 1500 años los japoneses fueron instruidos por chinos y coreanos y forjaron su escritura. Los kanjis, representaron palabras enteras mediante un solo símbolo, después fueron utilizados solo fonéticamente y más tarde de forma abreviada, su aportación, pese a ser una lengua aglutinante y flexiva, se mantuvo vigente y de forma primaria durante varios siglos.

Conseguir refractar la realidad mediante un sistema nacido de huellas idealizadas, o por lo menos inspirado en la aleatoriedad de hendiduras en la tierra provocadas por animales, es una idea demasiado romántica para perdurar en el tiempo. Conozco pocos casos de una posible mayor imbricación entre fondo y forma en el ámbito lingüístico.

Imagino poder escribir mis impresiones, tras inspeccionar un volcán, con un lenguaje escrito que haya sido inspirado en los relieves y accidentes producidos por la lava en la roca, y no alcanzo a ver el límite de posibilidades, de singularidad y adecuación entre el signo, sujeto emisor y objeto referido, que esta concepción expresiva puede alcanzar. Esta visión totalizadora del lenguaje oriental desautomatiza toda convención ortotipográfica occidental actual y nos invita a reflexionar sobre nuestra propia fe en la palabra escrita.

 

Publicado en la revista La Galla Ciencia:

http://www.lagallaciencia.com/2016/12/poemas-que-mojo-la-lluvia-jose-antonio.html

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Título: Poemas que mojó la lluvia

Autor: José Antonio Mateo Albeldo

Editorial: Neopàtria

Género: poesía

Año de publicación: 2015

Número de páginas: 76

ISBN: 978-84-16391-40-0

 

Poemas que mojó la lluvia es el quinto poemario de José Antonio Mateo Albeldo, poeta convicto, fundador del grupo poético Argila de l`Aire y un habitual en la escena lírica valenciana. Desde sus inicios, hace ya veinte años, con la publicación de Alas mágicas, pasando por Mundo azul (1999), hasta el libro que nos ocupa, ha publicado dos obras por década y en todas y cada una de ellas ha manifestado una particular habilidad para aunar reflexión y sensibilidad en sus poemas.

Su generación es la de Gallego y Marzal, no así su adscripción a la mal llamada «poesía de la experiencia», su singular destreza a la hora de transitar géneros y ponderar densidades lo convierte en un creador de difícil etiquetado. Su poesía es realista, pero también mágica, quizá en este libro sea más experiencial que en otros, más sensorial, pero se advierte en ella una maceración temporal, un trabajo de poda y buen gusto frente al que el buen lector podrá encontrar a un autor verdadero al tiempo que a sí mismo.

A través de los cuatro bloques —sí titulados— en que se divide la obra, encontramos tres constantes: brevedad, aumento exponencial del número de poemas y ausencia de títulos. Esta obra progresa geométricamente en muchos sentidos: en longitud (7, 8, 13, 18 poemas por bloque), en textura (se desplaza desde la tiniebla a la luz), en espacio (del paisaje interior se dirige hacia el paisaje exterior); y además desvela en su primera pieza —a modo de poética— toda su creatividad (neologismo), y a su vez toda la polisemia al servicio de un tema troncal que vertebra este peregrinar en cuatro actos, el amor.

La poeta Mar Busquets-Mataix firma unas palabras liminares como prosaica antesala a lo sinfónico, y en ellas dilucida —además del amor— otras cuestiones vertebrales y argumentales de la obra. Por ejemplo, su morfología de camino, la fusión entre el ser y la naturaleza a través de la contemplación o su honda metafísica expresada a través de signos telúricos, son solo algunas cualidades latentes de este poemario, rasgos que encuentran la argamasa que los une en lo sentimental.

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José Antonio Mateo Albeldo

 Armado de un lenguaje sencillo y diáfano, de verso blanco y libre, el poeta comienza su andadura mencionando a una niebla como metáfora total: Reconozco tus pasos / envueltos de niebla / entre las hojas que cayeron… Una niebla que no menciona, pero sí se revela y regresa en el último poema del libro: […] donde aún se escucha / el rumor del agua sin verla. Esa condensación de humedad en el aire, esa agua suspensa, esa garúa que invita a la opacidad, estará presente a lo largo del libro incluso en diferentes estados: […] caminar contigo, / atravesar senderos de espuma… // Lágrimas antiguas / amenazan la serenidad / de un paseante que vaga dormido. Su rol, tan magnificente como desasosegante, significa por entero el título del primer bloque “El desequilibrio que me habita”. En este apartado, el poeta expresa en un tono memorístico y trágico —exceptuando el poema en el que su hijo es el paisaje— un memorial de heridas —pasadas y futuras— que lo consternan y aleccionan en el fluir de la vida: De la luz que fuiste, / apenas quedan / unos zapatos sin pasos… // No hay nada más, / una sombra, / una muerte que se acerca despacio.

En el segundo bloque, titulado “Lo que no es soledad”, los poemas oscilan entre tres y seis versos. Si en su sección anterior todo era influenciado por la contingencia de la muerte, ahora el poeta se dirige a la persona amada, y con mayor optimismo y esperanza lea ella se confiesa, la homenajea e incita, le agradece y canta: Siempre queda un paisaje / en la memoria, / un hilo de ausencia / sobre la sombra de tus manos. // Bésame. Dibuja sobre mi piel / olas que nunca regresen. // Lloramos versos de tierra.

Esas olas que nunca regresan; como metáfora de los buenos recuerdos en eterna fuga; pasajeros irrecuperables de un tren hecho de tiempo, son las responsables de titular el tercer bloque. En este vagón de la estructura el poeta regresa a la elegía, aunque no absoluta, y anticipa con ella ese anhelo del vuelo que será el último epígrafe de su espina dorsal. Aquí la reflexión es más existencial, las imágenes más pictóricas y el dolor más mecánico: Tras cada puerta que se cierra / hay un pasado que renace. // El vértigo acecha / en el olvido de la noche. De repente, la palabra poética adquiere visos aforísticos, un tono sentencioso demuestra que el ser abatido recobró su entereza: Ser poeta es morir siempre buscando. // La poesía es una condena / que encadena al mar. Y da comienzo una deconstrucción de la conciencia que busca ahormarse a la hendidura de lo permanente: La soledad es una mirada atrás / entre una niebla de farolas.

Esa mirada atrás constata la procrastinación de la inteligencia reflexiva a favor de la serena y profunda contemplación. Aprender el mensaje cifrado en el paisaje —antes lontananza— conlleva a fundirse con él y emprender el vuelo hacia el cuarto y último bloque.

“Intuición de vuelo” es su título. Aquí, a modo de apuntes paisajísticos, el poeta aborda en cada poema una localización concreta, un punto en la geografía y en el tiempo para modalizar el cauce de su nueva mirada. Los versos en esta ronda final perpetran luz y agradecimiento, el paisaje recobra —como un todo— su trono en primer plano y propone una enfática clausura de conocimiento y celebración: No soy nada. // Lo soy todo, / un río de melancolía / que olvidó arrastrar el agua, / un animal pequeño y torpe, / una ínfima porción de eternidad.// Desconocemos una vida / que la poesía solo intuye…

Sin duda, resulta apasionante y revelador el itinerario que este libro propone. En palabras de Busquets-Mataix: El poeta no escribe, / abre su alma a la tierra. Como ya hiciesen —entre otros— poetas como Félix Grande, Mateo Albeldo abre su alma a la tierra y es la tierra misma, así nos lo transmite, y su canto, sin asomo de alarde u ornamento, transfiere en ocasiones su verdad y naturalidad a la manera de la poesía pura.

Citando a José Luis Zúñiga, a quien el propio autor invoca para empezar este viaje, cierro este comentario e invito a los futuros lectores de este libro a abordarlo con la misma inocencia que el verdadero haijín es sorprendido por la iluminación de un haiku:

Mojó la lluvia / mi cuaderno de versos. / Se emborronaron todas las palabras: / solo quedó poesía.

 

Artículo publicado en el número 59 de la revista Sede:

https://drive.google.com/file/d/0B6P2W_d6v-TvbFZVMFJKNWRYQzA/view

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“A menudo sobre las paredes, en la mezcla de las piedras, en las fisuras,

en los dibujos del moho del agua estancada,

he encontrado semejanzas con sitios maravillosos,

con montañas, con picos escarpados…” .

Hermann Rorschach

 

“Ninguna forma de realidad es independiente: de alguna manera todo se relaciona”.

Juan Eduardo Cirlot

De ser cierta la teoría de la reencarnación, no existirían las ideas nuevas, los recuerdos o el libre albedrío, todo sería experimentado como nuevo, pero en verdad resultaría ser una huella de algo ya vivido. Ese constante eco de la vida sería el resultado de mecánicas combinaciones. Ni siquiera los primeros seres vivos pudieron inventar o escoger libremente, las leyes y fuerzas naturales ya los habrían abocado previamente a ello. De ser cierta la hibridación entre el ser humano y las máquinas y su posible evolución, puede ser que una civilización mucho más desarrollada que la nuestra ya lo haya conseguido, puede que nosotros seamos obra de ellos, si acaso todo lo humano puede traducirse en algoritmos.

Los burros y elefantes lloran la pérdida de sus seres queridos, las plantas tienen muchos más sentidos que nosotros, los monos, además de compartir el 96% de nuestro patrón genético, se comportan de forma cultural, se reconocen en el espejo, se organizan y reparten tareas, etcétera. No sabemos todavía qué nos hace humanos realmente. Hay a quien no importa esto, quien tiene suficiente con vivir y parecerle nuevo y libre todo cuanto vive. Algo innegable es que a estas alturas de la Historia Universal parece sensato pensar que hay más por descubrir que descubierto, en cuanto a las grandes preguntas del ser humano se refiere.

Los neurocientíficos, con el pretexto de investigar la construcción de una inteligencia artificial, han profundizado como nadie hasta ahora en esos rasgos estratificados de lo que llamamos personalidad. Sostienen que la conciencia se origina en la zona posterior del córtex cerebral: interacción de células nerviosas, reacciones bioquímicas, pero cuando más profundizan sus estudios, más indefinido y nebuloso es su escrutinio y explicación. Dos grandes líneas de investigación tratan de desglosar el funcionamiento  de la conciencia. Por un lado, la neurobiología y sicología cognitiva aúnan sus esfuerzos y tratan de dar respuesta a ese paradigma mediante sus propias herramientas tratando de no adentrarse en otros campos. La física teórica, por su parte, postula que la conciencia es una propiedad de la materia a nivel cuántico.

Cuando enfrentamos nuestra capacidad de raciocinio a la abstracción pura y dura, es decir, cuando encaramamos nuestro cerebro al acantilado de lo indefinido, nuestro afán por comprender, espíritu de lucha, miedo, fascinación o creatividad, construyen un puente cognoscible entre el sujeto y la abstracción para tratar de superar esa barrera que empezó en lo desconocido. Es decir, en nuestras capacidades humanas, la rendición se resiste a instalarse, poseemos una pasión exploradora irreductible, la ciencia y la tecnología avalan incontestablemente este aserto.

En ese proceso de descodificación, o interpretación de lo indefinido, interviene todo aquello que denominamos conciencia e inconsciencia. Quizá intervenga algo mucho más profundo e indescifrado, lo cierto es que para cada encrucijada del intelecto el cerebro improvisa —o eso nos parece— una elección.

Siempre he pensado que los artistas, en sus numerosas disciplinas, esbozan inconscientemente trazos que, en algunos casos y desarrollados después y combinados de forma científica, darán como resultado certezas objetivas. La intuición encuentra a través del arte esa analogía que parece demostrar que todo está vinculado; tal vez la razón, analizando a posteriori los presupuestos de la intuición, llegue a esos mismos resultados, incluso los justifique y explique, pero siempre para dar un paso necesitará de ese patrón que la improvisación ofrece; algo que los artistas no necesitan. La evolución tecnológica —y por tanto, mental— es el resultado de ambas cualidades.

Si todo arte puede considerarse un simulacro de la realidad, y por tanto, de la vida, ¿por qué la pintura parece —no solo singularizarse por sus propias características— sino trascender más profundamente en el individuo que otras disciplinas?

 La fotografía detiene el tiempo, y la pintura lo contiene. (Alejandro Häsler, El libro negro).

Buen ejemplo de esta tesis es la obra pictórica llamada Cuadrado negro sobre fondo blanco, (Kazimir Malévich, 1915). Hace más de cien años que esta obra revolucionó los conceptos del arte, en plena ebullición de las vanguardias artísticas de comienzos del siglo XX, Malévich demostró que era posible crear una obra hipnótica fuera de los parámetros de la dictadura de la forma. Su obra, considerada por su laconismo plástico y su ausencia de objetos como «el punto cero del arte moderno», se convirtió en el primer fruto del denominado suprematismo ruso; movimiento artístico surgido paralelamente al constructivismo y basado en formas geométricas fundamentales en búsqueda de la supremacía de la nada y la representación del universo sin objetos.

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Muchas opiniones vertió la sociedad de la época acerca de las connotaciones de aquel cuadro. Su autor fue llamado desde embaucador, hasta genio. Aquel color negro sobre fondo blanco, un blanco que era considerado la nada, fue tomado por una misteriosa tiniebla que había que desentrañar. Obras como esta fueron educando la mirada de un amante del arte que fue abandonando, cada vez más, su zona de confort en el conservadurismo tradicional para abrir su campo perceptivo a nuevas figuraciones.

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La composición de un cuadro es de verdadera importancia, la morfología del espacio, dónde se coloca cada cosa; también lo es la simbología de los elementos representados, su fuerza visual. Por supuesto, también juega un papel muy importante la técnica empleada en su construcción. Pero el arma más sutil y poderosa de que dispone un artista pictórico, sin duda, es el color.

El color afecta a nuestros sentidos de manera más precisa que la forma. Su efecto actúa en el ámbito psicológico y emocional del ser humano. Cada color provoca en nosotros una reacción espontánea, cada uno tiene un sentido simbólico completo y concreto.

Aproximadamente cien años antes de que Malévich hiciese reflexionar sobre conceptos metafísicos a través de una pintura, Francisco de Goya (1746-1828), firmó —probablemente— uno de los cuadros que ha promovido más interpretaciones, comentarios o en general, controversia. Estoy hablando de Perro semihundido, una obra concebida como pintura mural en la célebre morada “La Quinta del Sordo”, lugar que el pintor habitó antes de marchar a Burdeos. Dicho cuadro, adscrito a la colección conocida como «Pinturas negras» de Goya, no lo fue como tal, hasta que, entre 1874 y 1878, Salvador Martínez Cubells, a instancias del barón Émile d`Erlanger, trasladó —no sin dañar las obras— esta y otras trece obras de la misma colección, del revoco al lienzo. Dicho proceso fue traumático para las pinturas, ya que perdieron gran cantidad de materia pictórica, muchas veladuras se perdieron, pero quizá sin esa traslación no conoceríamos a día de hoy algunas de las obras maestras del genio de Fuendetodos.

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Recordemos que Goya fue un pintor de veladuras: la veladura es una técnica pictórica milenaria, su utilización se remonta al año 400d.c, cuando los pintores empezaron a mezclar color con aceite crudo de lino (aceite de linaza, esencia de trementina), logrando así extender un “velo” semitransparente dando una nueva profundidad a la obra, exaltando así claroscuros y sombras.

También es destacable e importante a la hora de interpretar Perro semihundido, conocer que fue concebido entre 1819 y 1823, periodo de decadencia física de su autor, enmarcado casi exactamente en ese proceso social convulso que vivió España entre 1820 y 1824, el conocido como «Trienio Liberal», una de las matanzas históricas que obligó a reinstaurar el negocio de la monarquía en contra de la voluntad de pueblo español.

En Perro semihundido, hay personas que ven un diálogo entre la materia y el vacío, unas breves y escuetas pinceladas dan forma al único icono presente, la cabeza de un perro descentrada del foco de interés. Dos tercios superiores del lienzo permanecen vacíos en un desafío minimalista. Con muy pocos recursos el maestro logra una notable monumentalidad dramática. Algunos afirman que el perro ha sido semienterrado por su dueño para abandonarlo y hacerlo esperar su propia muerte. Otros encuentran en esa espera, además de conmoción, esperanza. Soledad, crueldad, plegaria, antesala entre la vida y la muerte; la factura del cuadro no resuelve el enigma. Ni siquiera asegura qué elementos pueden ser los ubicados en la dirección que observa el animal, ya que en dicha zona la homogeneidad del color se perturba, pero no puede distinguirse nada.

 Goya dotó a su perro de densidad, fluidez, ligereza, aire en calma pero amenazada, humedad de cieno, luz que huye y calor que se apelmaza. Muchos ven en este trabajo una denuncia social, un socorro que revela una amenaza. El caos ferruginoso del tercio inferior de esta pintura, ese torrente fangoso de mineral de hierro, también puede ser visto como una loma de tierra que no contiene, sino solapa al animal debido al punto de vista del artista. Puestos a elucubrar, esa curva de tierra que se ondula y asciende, podría resultar, visto desde otro ángulo, la espalda o cadera de una mujer desnuda y tumbada.

En conversaciones con artistas, poetas, grabadores, pintores, se ha escuchado la posibilidad de que Goya dibujase el cuerpo del perro, que no quedase satisfecho con el resultado y decidiese tapar su cuerpo con capas de pintura. Estudiando minuciosamente la zona que debería ocupar ese cuerpo, es cierto que lo que ahora es tierra tiene matices proporcionales que concuerdan con su anatomía y refrendan esta teoría.

Si el rostro de este perro sin nombre fuese ligeramente deformado, nos encontraríamos ante un cuadro abstracto que bien podría ser utilizado como test de Rorschach, aunque sin simetría bilateral. Análisis científicos realizados con posterioridad, demostraron que en la parte derecha del cuadro, donde parece que quiere aparecer algo pero no lo consigue, el autor pintó un risco o peña que es sobrevolada por pájaros. De ser cierta esta afirmación, el cuadro no se devalúa ni afecta a un ápice de su misterio.

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Esta obra demuestra tener un poder magnético hacia los visitantes —hoy del Museo del Prado—, ya que sin ser aparentemente de las obras más importantes del autor, sí es de las más comentadas.

En la parte superior derecha se insinúa una oscura cavidad ocular, tal vez acompañada a su izquierda por un esbozo de nariz picassiana.  Un haz de luz blanca cae sobre la atribulada cabeza del dramático animal (grafito y antracita como única variación cromática), o bien podría tratarse de la húmeda columna de un aguacero en proceso de formación; también un halo metafísico que ilumina al desdichado protagonista.

 ¡Qué pocos elementos para tantas posibles lecturas! Y lo que vemos, sin embargo, es ocre. Solo ocre, pero las mil versiones de un ocre trabajado, apasionado, telúrico y penitente: brillo opalino y cadmio se adhiere a las partículas de atmósfera pluviosa, dependiendo de los focos que iluminan el cuadro se aprecian dorados reflejos en la tostada arcilla. ¿Cae la noche o rompe el alba? Vemos ocre, y aunque las tonalidades de esta gama suelen aterciopelar las superficies, aún resulta vibrante la fugitiva luz: el aire parece cargado de plata densa que replica reflejos del humus inferior en tonos de oro viejo. ¡Qué resonancias! Fértil lluvia en el barro primigenio, magma filosofal que transmuta a la fangosa arenisca puliéndola con metal herrumbroso. Hemoglobina resecada, heces, fibra textil, zarrapastrosa y vieja. El color es el espejo que reconduce nuestra mirada a páramos de atómicos, fueros desnudos. Aquí el ocre es todos los ocres, la vida es toda la vida, su quietud es atmósfera cargada de desolación y ternura. Cálido acogimiento de la luz —quizá en su último abrazo— a su antónima tiniebla.

Reseña publicada en la revista Sede, número 59:

https://drive.google.com/file/d/0B6P2W_d6v-TvbFZVMFJKNWRYQzA/view

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Título: Poemarte (El reto de Calíope)

Autores: VV. AA  (Antólogo: José Luis Pérez Fuente).

Género: poesía

Editorial: Poesía Eres Tú

Año de publicación: 2016

Número de páginas: 330

ISBN: 978-84-16480-21-0

La editorial madrileña Poesía Eres Tú, radicada en Madrid, celebra su décimo aniversario en activo con la culminación de una antología poética algo distinta a lo que nos tienen acostumbrados este tipo de ediciones.

José Luis Pérez Fuente, quien ha coordinado este trabajo, es filólogo, escritor y crítico literario. Trabaja como docente y compagina la organización de un Taller de creación literaria “Carpe Litteram” —donde nació este proyecto— incluido en las actividades del Seminario de Humanidades del IES Príncipe Felipe de Madrid con las tareas y proyectos de un grupo de teatro; y por si fuera poco, también participa como poeta en esta antología bajo el heterónimo “Jaco Liuva”.

Ocho trovadoras y siete bardos son, en palabras del profesor Pérez Fuente, los escribas que han aceptado y superado con creces el “reto de Calíope”, subtítulo de la obra, un desafío creativo donde la poesía y el arte musical y pictórico se funden, amén de otras reivindicaciones y homenajes que son la razón de ser de esta conjunción.

Blanca Uriarte, Diego Vadillo, Analía Amaya, Felipe Espílez, Sandra Sánchez, Jaco Liuva, Pilar Elvira, Jorge Castro, Lupe Bohorques, Antonio Morenés, Isabel Alamar, Antonio Montoya, Mª Ángeles Chavarría, Raúl González y Carmen Badillo constituyen un grupo de poetas que ha comenzado hace unos años a recorrer los distintos escenarios de la lírica actual.

Ya en el título de esta antología apreciamos esa unión entre el arte y la poesía en un neologismo que a su vez revela su aspiración humanista con connotaciones verbales. El reto de Calíope, musa de la poesía épica y de la elocuencia, es la estructura que vertebra este glosario de autores que merece la pena recomendar y descubrir. Dicha estructura consiste en la fotografía, nombre y breve biografía del autor, a lo que sigue una pequeña entrevista del antólogo, unas preguntas que son iguales para cada autor, salvo alguna excepción: ¿Por qué la poesía? // Háblanos de un poeta admirado. // ¿Qué poema recomiendas a los lectores? // Y Preséntate poéticamente. A través de esas cuatro preguntas el lector se adentra en la personalidad del poeta, así como también en sus gustos e influencias poéticas, a lo que sigue un breve estudio de cada autor por José Luis Pérez Fuente. La última parte de esta estructura lleva como epígrafe “Algunos lances poéticos” y en ella se engloba el grueso del desafío a los artistas. En este apartado encontramos cinco retos que han de llevarse a cabo mediante poemas: Homenaje a Antonio Machado, Iconografía (describir las emociones frente a una obra pictórica concreta), Filarmonía lírica (la misma descripción pero basada en una obra musical), Cromografía sensible (escoger un color para desarrollar la composición lírica y Homenaje a Gloria Fuertes (lo que incluye reivindicar la letra eñe en el escrito). Fuera de los retos y como último colofón se ofrece un apartado libre que clausura la aportación de cada uno de los diecisiete autores.

Es interesante decir que para que el lector pueda ver y oír las obras pictóricas y musicales escogidas por los autores fue creada una página web en la que, además pueden escucharse poemas en la voz de sus autores: http://nubr.co/G2TGus.

Diego Vadillo, madrileño de nacimiento, es profesor de Lengua y Literatura, analista de Arte y Literatura y politólogo. Entre sus variadas incursiones literarias se pueden destacar varias novelas, ensayos y su poemario “Burladeros de hojaldre”, publicado en 2010. En 2012 obtuvo el Premio MAC 2012 (Movimiento Arte Contemporáneo de Lisboa) a la Divulgación Cultural. Su poema sobre cromografía sensible versa sobre el color gris: Apresado en las grises estampas / de la más cotidiana codicia, / desanudo tragedias a ratos, / sin saber cómo recomponerlas; / desestimo, según dicte el ánimo, / sugestiones con falso trasfondo.

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“Sobre la ciudad” de Chagall.

Jorge Castro es un compositor, cantautor y poeta nacido en Ma­drid. En 2012 obtiene el Título Profesional de Música en la especiali­dad de Guitarra. Nombrado nuevo Talento de Orange en los años 2007 y 2008. Lleva desde 2005 actuando en diversos locales de la geografía española y ha colaborado en discos recopilatorios. Lleva publicados tres discos. Su último trabajo, llamado “10 años después”, se publicó en 2014. En él cuenta con las colaboraciones especiales de Luis Eduardo Aute y Cristina del Valle. En 2015 publica su primer libro de poesía “Alpheratz”. Como poema iconográfico ofrece en el libro “En días como hoy”, un trabajo que describe las emociones sentidas ante la pintura titulada “Sobre la ciudad” de Marc Chagall: […] En días como hoy me gusta desatar el silencio / o volverme piedra que acuna el agua. / Pequeño universo que encierra la luz de todas las mareas, / que camina silente y permite que descanse / mi corazón viajero.

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“Línea transversal” de Kandinski.

Y para finalizar mi invitación a leer este libro sin revelar más de la cuenta, destaco la aportación de la poeta valenciana Isabel Alamar Torró. Isabel nace en Valencia en 1970, es licenciada en Filología Hispánica y en Filología Valenciana por la Universidad de Valencia. Algunos de sus poemas, reseñas literarias o artículos sobre lingüística han aparecido en prestigiosas revistas culturales como: Prisma, Espacio Luke, Culturamas, Todoliteratura.es, The Barcelona Review, Espéculo y periódicos como El Correo. También ha sido incluida en varias antologías, por ejemplo, en 2007 en Ventanas (Antología de poetas valencianas), Torremozas. Y también en Poesía experimental española (Calambur, 2012), en la antología Arquitectura de la palabra, (Instució Alfons el Magnànim, 2012) y, recientemente, en la antología sobre haiku, Un viejo estanque. Su exclamación poética tras enfrentar el cuadro “Línea transversal” de Vladimir Kandinski reza así: Giro hacia la vida / y me encuentro que es / un recorrido de puntos y comas, / de pausas abruptas y de puntos sin fin, / una escalada de sílabas, de frases hechas / y de frases todavía por hacer. / Un recorrido que va más allá de cualquier signo, un huracán / que con su curso cambia / el rumbo de las cosas: / superando obstáculos, / abrasando límites.

Resulta interesante, tanto la selección de autores de esta antología, como las formas de los mismos para abordar los retos propuestos por su antólogo. La plasticidad de obras clásicas de la pintura sirve como pretexto ideal para traducir las emociones que su contemplación provoca en el ser humano, los versos resultantes podríamos decir que constituyen un intento de écfrasis del alma; por su parte, la inabordable e intraducible música hace lo propio en unos versos que aspiran a ir balizando los senderos que recorre la conciencia cuando esta es azotada por el hecho artístico, un escenario siempre interesante en todos los tiempos y en todas las culturas.

Reseña cinematográfica de “La llegada” publicada en Caocultura:

http://caocultura.com/la-llegada-ciencia-ficcion-austera-reflexiva/

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Título: La llegada

Director: Denis Villeneuve

Género: ciencia ficción / drama

Reparto: Amy Adams, Jeremy Brenner, Forest Whitaker, Michael Stuhlbarg, Mark O’Brien, Tzi Ma, Nathaly Thibault, Pat Kiely, Joe Cobden, Julian Casey, Larry Day, Russell Yuen, Abigail Pniowsky, Philippe Hartmann, Andrew Shaver

Música: Jóhann Jóhannsson

Guion: Eric Heisserer (basado en la novela corta de Ted Chiang)

Año de producción: 2016

Nacionalidad: estadounidense

Duración: 118 min.

Como suele suceder a menudo, a priori, con películas prometedoras, las opiniones al respecto tras su visionado son de lo más dispares. Bien es cierto que cuando decidí ver La llegada había leído varias críticas que vertían elogios sobre ella, también críticas negativas, pero estas eran mucho menores. Entre las positivas, por ejemplo, leí a mi apreciado Pedro Vallín: […] incontestable obra maestra de la ciencia ficción. O José Manuel Sala: “La llegada” podría representar (simbólicamente) el principio de un nuevo modelo de ciencia-ficción en el cine. Ante tales afirmaciones no dudé en abordar su visionado desde una perspectiva más seria y reflexiva a lo que es habitual en cintas de este género.

(Contiene Spoilers)

Para empezar, me llamó la atención la rapidez del comienzo, una presentación escueta del personaje principal que se limita a decirnos que es una de las mejores lingüistas del mundo y ha perdido a su hija. Dicha rapidez, por muy circular que sea el pasillo del hospital en ese plano kubrikiano, es insuficiente si tal y como afirman algunas opiniones de la película, esta pretende ser emocional.

El momento de la llegada de esas doce misteriosas naves (cascos) tampoco es filmado, nuestro contacto visual empieza con los objetos flotantes ya dispuestos, cada uno en un país —no por casualidad, potencias mundiales—, a pocos metros del suelo. Nadie advierte a la doctora Louise Banks (Amy Adams) de aquello a lo que va a enfrentarse, teniendo en cuenta que no es la primera persona en tratar de comunicarse con esos seres, no costaba mucho prepararla previamente para evitar un impacto psicológico.

Por si fuesen pocas las elipsis narrativas, el hecho de “amenaza mundial” que la aparición de estos objetos representa, se limita a imágenes de noticiario una y otra vez, algo que a las personas acostumbradas a películas de naves espaciales y criaturas extraterrestres les parecerá demasiado sobrio. Las supuestas decisiones y acciones que van tomando los diferentes países amenazados se reducen a una frase que pronuncia alguien agarrado a un teléfono.

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Para no desentonar con este recital de economía visual, la entrada y llegada al lugar de contacto con los visitantes, también es rudimentaria. Una (cutre) plataforma elevadora, de esas que se utilizan para cambiar las bombillas en los centros comerciales, es lo que utilizan los científicos para ascender a la nave. Dentro de ella, la gravedad es distinta a la que soportamos en la tierra y por temor a algún tipo de radiación utilizan trajes especiales. La raza humana ha soñado, fabulado y esperado durante mucho tiempo un contacto así, y la visionaria arquitectura de Villeneuve lo reduce todo a un rugoso pasillo vacío con una sala luminosa al fondo. En dicha sala, los científicos aguardan la llegada de esos seres separados de ellos por una especie de cristal (espejo, en la novela). Para colmo, apenas puede verse a las dos únicas criaturas que contactarán con ellos entre una espesa niebla, dos calamares gigantes que escriben símbolos escupiendo tinta. Creo que lo más trascendente que pronuncia el personaje encarnado por Jeremy Renner es: los llamaremos About y Costello. Todas las escenas del interior de la nave son desarrolladas en la misma sala y el mismo pasillo, nada cambia en el transcurso de los días, excepto en el momento culminante, en el que Villeneuve decide añadir (tachán) dos focos más de luz y un ventilador.

Flashback y flashforward, son junto a la elipsis, los recursos cinematográficos que el cineasta utiliza para poner imágenes a la historia de Ted Chiang. Adams no está mal en su rol de traductora atribulada, pero ningún personaje más es digno de mención. La música compuesta por Jóhann Jóhannsson, anterior colaborador de Villeneuve y nominado al Oscar en los dos últimos años,  tampoco es muy destacable, cumple dignamente su contribución enfática, aunque a mi parecer, apoyándose demasiado en la frialdad new age de sintetizadores y efectos enlatados,  por lo que los mejores momentos musicales de la película son al principio y al final, cuando suena On the Nature of Daylight de Max Ritcher, pieza dramática interpretada a cuerda, de delicada ejecución y bella intensidad.

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De poder haber llegado a ser una gran película, La llegada no alcanza más que a ser una película interesante, a la que debemos agradecer el hecho de no haber enfocado una visita extraterrestre a la pobre manera comercial a que nos tienen acostumbrados. Su planteamiento inicial pone de manifiesto la descentralización real de un mundo que se hace llamar global. La especie humana no se pone de acuerdo y carece de un protocolo razonable para situaciones así, lo cual, sería un buen pretexto para ponerse a ello. En la cinta se plantea el problema de tratar con una especie que no tiene un único líder, una civilización separada. Lo que debería ser un motivo de unión mundial y una madura prueba de crecimiento, se convierte en un despropósito y un caos que a punto estará de arruinarnos como especie.

Conforme la película va desarrollándose nos adentramos en el principal valor de su guion —mérito de Chiang—, la reformulación y puesta en práctica de la Relatividad Lingüística o Teoría de Sapir-Whorf. Sin este factor, la película se derrumbaría como un castillo de naipes.

Y es que, no solo del materialismo vive el ser humano. Así pues, y basándose en la conjetura de Sapir-Whorf, los alienígenas (entregan el arma) a Louise Banks, es decir, enseñan su idioma a la traductora —un pasaje del que se podría haber sacado mucho más partido—, y con él, algo muy valioso. A medida que la protagonista va descifrando sus códigos, la esencia expresiva de un hermoso lenguaje circular —uno de los indiscutibles baluartes de la película—, va siendo testigo de imágenes pasadas y futuras de su propia vida que la turban y desconciertan. La pérdida de su hija Hannah (palíndromo no casual) la sume en una grave tristeza, pero al tiempo se observa felizmente enamorada y con más descendencia, por lo que tras sucesivos flashes de emociones entremezcladas, llega a la conclusión de que el aprendizaje de aquella lengua lleva consigo una percepción panorámica del tiempo, es decir, se es consciente de la vida en diferentes tramos temporales de forma simultánea, rompiendo con ello la coherencia lineal de nuestro punto de vista temporal y de toda convención asociada a ello.

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La lengua de estas criaturas difiere por completo de su habla (sonidos ininteligibles hasta teniendo contacto visual con el hablante), lo cual hace más complicado el proceso de traducción. La idea de un lenguaje capaz de modificar el pensamiento es muy romántica, a la par que posible. La escritura apareció como tal hace miles de años en la tierra, en lugares diferentes, de forma simultánea y nadie sabe por qué. Tal vez nuestro pensamiento esté articulado en base a este lenguaje en que expresamos la duda o el miedo, reflexión o fantasía condicionados por un pasado y un futuro que no existen.

Tomamos el lenguaje como herramienta para comunicarnos pensando que es un canal por el que expresar nuestras ocurrencias, cuando podría tratarse de un caudal de información evolucionado que utiliza sus canales (nosotros) para comunicarse y cuestionarse hasta su propia existencia.

Quizá nuestro confinamiento en el lenguaje sea consecuencia de la tragedia babélica que supuso la confusión a gran escala debida a la aparición de multitud de lenguas. Quizá debamos recuperar ese protoidioma universal, pre-babélico y motor para que la especie humana actúe —verdadera y sanamente— como una inteligencia de enjambre de conciencia renovada.

El idioma alienígeno representado en la película es una especie de escritura semasiográfica parecida a una versión del Test de Rorschach. Eric Heisserer, guionista que se mantuvo diez años detrás del proyecto, trabajó junto al diseñador Patrice Vermette y los asesores científicos Stephen y Christopher Wolfram con el objetivo de crear un “código analítico del logograma”, algo para lo que utilizaron programación y codificación y consiguieron diseñar con éxito cerca de cien logogramas “con componentes capaces de mutar”.

El famoso Dilema del Prisionero, —juego de suma no nula— desarrollado por los matemáticos Merrill M. Flood y Melvin Dresher, también está presente en la película. La idea de cooperar con otras fuerzas —en teoría, enfrentadas— para cambiar lo que sería una pérdida para ambos en lugar de confrontarse, por una ganancia y evolución compartidas por el hecho de colaborar, es otra visión positivista —poco realista para algunos cuando hay desigualdad tecnológica— de una tesitura de estas características. Villeneuve, en una de sus muchas licencias con respecto a la novela corta de Chiang, decide que la raza humana sea indispensable para la supervivencia de la raza alienígena en un futuro muy lejano y ello justifica su visita y la importancia —nada altruista— de su regalo.

En cualquier caso, y para contrarrestar algunas opiniones blasfemas que no solo comparaban este film con Interstellar (Christopher Nolan, 2014), sino que la situaban muy por encima de ella cinematográfica y argumentalmente, no llega, ni mucho menos, a la altura de la tesis cosmológica contemporánea de Kip Thorne. Sin embargo, no deja de ser una película interesante, de agradable —aunque a veces lento— visionado, que aporta su granito de arena a ese grupo de no muchas películas que se toman en serio eso de la ciencia ficción.

 

Poema publicado en el número 59 de la revista Sede:

https://drive.google.com/file/d/0B6P2W_d6v-TvbFZVMFJKNWRYQzA/view

 

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Perros ossiánicos. Abildgaard, El fantasma de Culmin.

 

SÍNTESIS ADITIVA DEL DOLOR

 

«Manchado en sangre está, todo lo inunda
un rojo enajenado.
Un rojo ciego».

Carlos Marzal

Los colores no existen.

Las palabras, tampoco.

Y nosotros, tal vez,

jamás hayamos existido.

 

Tal vez no exista el tiempo,

la muerte ni la música;

reconocerse en ellos

aún dicen que es de humanos.

 

Reconocerse número, luz, símbolo;

palparse en los cadáveres;

sentir que ya se ha muerto.

Amarte como a ellos:

descubrirse cociente

en un reparto de imprevistos.

 

Subordinado siempre

y ya sin ínfulas, pregunto:

¿podrá morir el rojo?

 

Así sobre tus carnes espejean

colores innombrados, vidas, muertes,

quiero pintarte y reseñar el mundo:

conspira el universo en voluntades

que nos parecen propias.

 

Tú fuiste el rosa inexistente

que inventó mi egoísmo

y yo el exégeta borracho

que dijo leer tu cuerpo.

 

Te desnudas y caes

sobre el altar, sonríes,

me observas con deseo,

conservas la expresión que me perturba.

 

Elijo en mi paleta de dolores

los tonos que combinen con la vida:

dibujo en verde jade tus hipnóticas

pupilas,

blanqueo tus axilas,

tizno dorado y ocre tus cabellos…

 

A mandoble de brocha

todos me suman negro.

Antes de darle fin, desapareces.