Archivos para noviembre, 2016

Cuaderno de Poesía, como su propio nombre indica, es una publicación periódica de contenido lírico, poemarios colectivos —para algunos— en los que, junto a poemas creados por los creadores y promotores de esta revista, los miembros de la asociación castellonense Poetas sin sofá, participan poetas de distintos lugares de España, Latinoamérica y El Caribe. Un total de 32 autores en representación de siete países aportan sus poesías en este octavo cuaderno que tiene como motivo principal la letra «A».

Mariajosé Sangorrín y Soledad Benages son coordinadoras de este grupo literario, dos personalidades del mundo de las letras valencianas que han demostrado que con esfuerzo y sacrificio los artistas pueden unirse, mejorar entre todos y conseguir grandes cosas aunando esfuerzos.

En la propia heterogeneidad de este número radica una de sus mayores riquezas literarias, la diversidad no impide que los textos seleccionados sean de buen gusto, y por tanto, este Cuaderno de Poesía, como también lo fueron sus predecesores, se convierte en un objeto de estudio y coleccionismo para bibliófilos, amantes de la poesía y demás letraheridos.

Primeros espadas de la poesía comparten espacio con voces emergentes, conformando así un excelente abanico de poéticas que ha conseguido rebasar ya sus fronteras locales.

A continuación, dos poemas incluidos en este número:

Rosas amarillas

Regálame unas rosas amarillas

ponlas en el jarrón si ya me he ido

acaricia la copa que he bebido

riega de mi balcón las gitanillas.

 

Tú me cogiste una rosa roja

fue la tarde más bella en mi camino

la sangre se esparció por el espino

compitiendo con el rojo de la rosa.

 

Te busqué en los escombros del desastre

bajé a los avernos del abismo

toqué la luna para acariciarte.

 

Cuando ya solo queden los recuerdos

acuna en tu regazo mi locura

mis rosas, la ternura de mis versos.

 

Juana Soto Baena

 

Baile de honor

 

Me gusta tu disfraz, este año, acentúa tu delicada figura,

solo que el sombrero oculta tu mejor propuesta.

Déjalo, no sigas por esa vía.

Un camuflaje perfecto, querida y de bajo coste.

La pena es que no se te ve, con tanto corsé.

Las mangas, dividen a la mitad tu paralelismo perfecto,

en una irregular montaña llena de efecto.

Me dejas sin palabras, sin aliento,

un disfraz dentro de otro, ni camuflajes ni falsas apariencias. Touché.

Mucho hablar pero tú no te dejas ver, enigmática como siempre,

ni una cosa ni otra, sino todo lo contrario. ¿Por qué no te muestras de una vez?

Disfruto con el anacronismo, la anarquía. Voilà.

Tengo que sacarle punta al primer baile juntas.

Dejarme llevar por esta tecnología y abandonarme.

Cuando todo termine y todas volvamos al papel,

mis temerarios juicios habrán desaparecido

y mis sueños se habrán convertido en humo.

No pienses tanto compañera, empiezas a evaporarte.

Vaya quien fue a hablar, la primera en salir, y en apagarse.

Las grandes puertas del salón de baile, se abrieron

dando paso a las mejores réplicas de cada una de nosotras,

el jurado, en pie, daba por inaugurado un año más, el baile de honor.

 

Rosa Lluch Ayza

 

A continuación la lista de autores participantes:
Ximo González   (Castellón)

Julio F. Alcalá    (Castellón)

Pilar Bellés     (Castellón)

Mariajosé Sangorrín   (Castellón)

Paula Patrón    (Castellón)

Alicia Gómez de la Maza   (Cuba)

Juana Soto   (Castellón)

Tony Calix   (Honduras)

Amparo Andrés Machí   (Valencia)

Soledad Benages   (Castellón)

Alina M. Paz   (Venezuela)

Rosa Lluch     (Castellón)

Iris Almenara   (Castellón)

Manuel Méndez Hernández   (Castellón)

Ivonne Gordon   (Ecuador)

Arantxa Esteban   (Castellón)

Reis Lliberós   (Castellón)

Mar Busquet Mataix   (Valencia)

Luis Tamarit   (Valencia)

Antoni Albalat   (Castellón)

Gabriela Amorós Seller  (Alicante)

Marysol Patiño  (Ecuador)

María A. Fonellosa  (Castellón)

María Roca   (Castellón)

Malu Otero   (Brasil)

Iosu Moracho Cortés  (Pamplona)

Santiago Liberal  (Bilbao)

Simón Zavala  Guzmán  (Ecuador)

Chema Rubio   (Madrid)

Antonio Arbeloa   (Castellón)

Rayo Guzmán  (México)

Vicent Jaume Almela  (Castellón)

 

Diseño de portada y contraportada de Leonor Seguí.

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Ilustraciones interiores obra de Antoni Albalat.

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Publicado en la Revista Sala 1:

http://revistasala1.com/?p=8089

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Título: Un monstruo viene a verme

Título original: A Monster Calls

Dirección: Juan Antonio Bayona

País: Estados Unidos

Año: 2016

Duración: 108 min.

Género: Drama, Fantástico

Reparto: Felicity Jones, Lewis MacDougall, Liam Neeson, Toby Kebbell, Sigourney Weaver, Geraldine Chaplin

Distribuidora: Universal Pictures

Productora: River Road Entertainment, Participant Media, Apaches Entertainment

 

Como no quiero hacer perder el tiempo a quienes pretenden saber el laudo de una crítica antes de leerla, mucho menos, a quienes pretenden pagar el precio de una entrada con el deseo de ver una buena película, diré sin ambages que Bayona, con Un monstruo viene a verme, ha rodado su peor película.

Evidentemente, la cinta recaudará una buena suma de dinero, porque lo que sí es una obra maestra en este estreno, es su campaña publicitaria. Algo que ya pudimos comprobar en su anterior película, Lo imposible (2012), otro “producto” manufacturado a la americana con pretensiones sentimentales.

A día de hoy, El orfanato (2007), sin ser una obra maestra, es la pieza más salvable de su filmografía, un legado que en tres películas sigue contándonos la misma historia: el miedo a la separación entre una madre y su hijo. El propio autor reconoce que con el estreno de la película conforma una trilogía materno-filial que esperamos de por concluida. Si Lacan levantara la cabeza consideraría que Bayona está atrapado en un bucle creador como terapia personal.

Lewis MacDougall es Conor, un chico de doce años que está viviendo la peor etapa de su vida. Por una parte, su madre (Felicity Jones) está sufriendo la fase terminal de un cáncer devastador; debido a ello debe pasar más tiempo con su abuela (Sigourney Weaver), un personaje autoritario y frío que poco a poco irá acercándose más al muchacho. A todo esto hay que sumar el desangelado papel de un padre que tras divorciarse ha rehecho su vida y no tiene lugar en ella para su vástago. Situación dramática que no hace más que empeorar con el acoso escolar que sufre el joven protagonista. Hasta aquí, como si de un melodrama de mediodía se tratase, todo encaja. La historia es verosímil, aunque fríamente interpretada. El joven MacDougall, dotado para transmitir emociones, de no ser por ciertas escenas donde sobreactúa con notoriedad, es el único actor convincente y destacable. Pero de buenas a primeras, aparece un árbol de tamaño descomunal que habla y viene a visitar al muchacho en repetidas ocasiones. Y aquí es donde, en lugar de una película recomendable para mayores de doce años, se convierte en una película para niños.

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La factura técnica de Juan Antonio Bayona es impecable: los efectos especiales, el montaje, la fotografía; pero el guion es lineal y en ocasiones, predecible. Patrick Ness alcanza mucha más profundidad en sus descripciones y reflexiones en la novela, su monstruo es más voluble y rico en matices. Otorgar a la película el rango de «bomba lacrimógena» como he leído por ahí, es sobradamente excesivo; intenta conmover al espectador pero no consigue sobrepasar la empatía.

Otra etiqueta excesiva, esta, mediática, es llamar a Bayona el Spielberg español. Nuestro cineasta ha confesado en alguna ocasión que el director americano es su referente, pero de ahí a equiparar sus talentos invita a una tarea inabarcable. Hay escenas en la película que parecen sacadas de Poltergeist (1982), quizá la obra más impropia de Tobe Hooper y paradójicamente, más genuinamente Spielberg. Un árbol entra por la ventana y se lleva al niño. Los objetos se mueven solos y se desplazan en una misma dirección. La película de Juan Antonio Bayona está llena de clichés narrativos que imitan el quehacer de Steven Spielberg, y con ello, no hace más que constatar su lugar en el ranking.

Hemos dicho que la verosimilitud de la historia termina con la reiterada aparición de un árbol gigantesco que visita al joven protagonista, pues bien, ese acto sobrenatural recuerda a Los fantasmas atacan al jefe (Richard Donner, 1988). En dicha película, el protagonista recibe la visita de tres fantasmas —por navidad— que le narran tres historias; su motivación: concienciarle de sus actos. En el film de Bayona dicho árbol aparece para contarle tres historias a su protagonista, también para concienciarle y ayudarle a ser fuerte y superar su realidad. Y aquí llegamos al punto culminante y controvertido de esta cinta, las tres historias que narra el monstruo. Como ya hiciese —y de nuevo— el propio Spielberg en Parque Jurásico (1993) y Ari Folman en El congreso (2013), película muy superior; Bayona utiliza el cine de animación para narrar esas tres historias. Y dichas piezas de animación son obra de Headless, un estudio barcelonés, compuesto por tres socios y fundado en 2008, que partiendo de las premisas del cineasta (hacer creaciones artísticas basándose en la acuarela) consiguen hacer verdadero arte. Las tres historias están dotadas de una fluidez narrativa y una composición-descomposición pictórica —en planos de continuo movimiento— que consiguen hipnotizar al espectador adulto, al tiempo que desconcertar al público infantil, ya que la moraleja de cada historia contraviene el dañino legado moral de la industria Disney.

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Resulta ambiguo que, por un lado, la película contenga momentos deslumbrantes de cine animado, y por otro, la historia narrada por sus personajes reales llegue a ser aburrida, poco creativa y sentimentalmente mecánica. En mi opinión, introducir las historias animadas perjudica a la película por el simple hecho de que son mejor que ella y algunos no se explican siquiera su justificación.

La banda sonora de Un monstruo viene a verme es obra de Fernando Velázquez, quien ya trabajó anteriormente para Bayona. En esta ocasión, el compositor ha contado con la Orquesta Sinfónica de Euskadi para acompañar el dramatismo de las imágenes, aunque su trabajo trasciende al primer plano en contados momentos pianísticos. El grupo británico Keane también participa en la banda sonora, su aportación es “Tear up this town”, tema central de la película.

Los lugares comunes por los que transita Un monstruo viene a verme son muchos, quizá demasiados para su presupuesto. Por citar sólo algunos, ¿quién no recuerda a seres imaginarios como metáfora de un yo atribulado? Una mente maravillosa, El club de la lucha; planos exactos de otras películas, como la sombra del árbol en la fachada iluminada por la noche, Nosferatu; cuando el protagonista aprieta su puño acompañado del monstruo en el colegio, Acero puro. Todos recordamos los árboles andantes de El señor de los anillos o King Kong llevando en volandas y protegiendo a su particular compañera.

Hay que reconocer que la moraleja de esta fábula lanza un mensaje de lucha y esperanza, de fe en la verdad, en el amor y reconocimiento del arte como herramienta para reeducarnos y superar adversidades, algo muy digno y encomiable, pero carece de originalidad, hondura y promete mucho más de lo que ofrece.

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Publicado en revista Todoliteratura.es:

http://www.todoliteratura.es/noticia/11326/presentaciones/presentacion-de-azharania-n-12—revista-de-poesia.html

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El pasado miércoles, 2 de noviembre, el centro cultural La Bohemia acogió en sus instalaciones a los integrantes de la tertulia poética El Almadar. El propósito de esta asociación cultural castellonense era presentar en sociedad el nuevo número de Azharanía, la revista de poesía que desde hace algunos años editan y promueven.

En esta publicación, la número doce, participan hasta once poetas de El Almadar, a lo que hay que añadir las aportaciones de hasta trece poetas invitados, en ambos casos, de calidad manifiesta. Por parte de la agrupación los autores seleccionados son: Mariela Diego, Rafael Mesado, Amelia Díaz Benlliure, Petra Dindinger, Carlos eMe, Pedro Gómez, Marcelo Díaz, Lluïsa Lladó, Eloy Sánchez, Enric Serra y Javier Medall. Hay que destacar, que tanto el presente número como el evento en sí de la presentación fue dedicado a la memoria de Mariela Diego Núñez, miembro de la asociación recientemente fallecida, por lo que el acto, además de contar con un especial recuerdo a sus poemas, contó con una sensible carga emotiva.

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Por otra parte, la nómina de autores invitados incluye a: Arantxa Esteban, Olalla Castro, Jaume Pont, Jorge M. Molinero, Fran Picón, Carine Deboaisne, Rodrigo Garrido, Josep Porcar, Katy Parra, Enrique Falcón, Martha Asunción, Pilar Martin Gila y Laura Casielles.

Los poetas Marcelo Díaz y Eloy Sánchez Guallart fueron los encargados de presentar el volumen y dar paso a los diferentes rapsodas que recitaron. Hay que decir que en esta ocasión el argumento temático del número era la risa.

Este número, además de contener poemas de todos los autores citados, incluye un editorial sobre el eje temático, tres breves reseñas de libros y una retrospectiva sobre Juan Porcar, poeta barcelonés que falleció en el año 1986 afincado en Castellón de la Plana.

En Azharanía se abrazan la diversidad y el buen gusto, un objeto de coleccionismo para el amante de la buena poesía. Desde aquí mi enhorabuena a los integrantes de El Almadar, un grupo de poetas unidos y confraternizados en pleno ejemplo de lucha activa y generosidad.

Más información en: http://elalmadar.blogspot.com.es/

Publicado en la revista La Galla Ciencia:

http://www.lagallaciencia.com/2016/11/la-pasion-de-ser-debil-de-francisco.html

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El poeta Francisco Benedito

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Título: La pasión de ser débil

Autor: Francisco Benedito

Editorial: Ediciones Contrabando

Género: poesía

Año de publicación: 2015

Número de páginas: 63

ISBN: 978-84-943103-7-9

Una sorpresa, más que grata, fue encontrarme con los versos de Francisco Benedito. Y esta sensación —me consta— invadió a muchas otras personas, quienes leyeron esta ópera prima sin referentes de su autor y fueron inundados por completo de una sinceridad a la que no se intuía muy forzada.

Y es que La pasión de ser débil (Ediciones contrabando, 2015), supone la carta de presentación de un poeta, Francisco Benedito (1967), nacido en Toulouse (Francia) y afincado en España, su partida de nacimiento como poeta, y no ha hecho más que acertar en sus elecciones, unos factores determinantes que convierten este debut en una pequeña gran obra.

¿Por qué pequeña? Porque en apenas treintaisiete páginas y poco más de trescientos versos se da cuanto se ha de dar —y un poco más— para justificar su nacimiento. ¿Por qué gran? Por todo cuanto queda en nosotros al terminar su lectura: una pequeña parte del poeta y de su mundo revelado —y quizá también nuestro—, y una gran parte de nuestro propio paisaje submarino completamente transformado por sus corrientes.

Entre sus elecciones, el poeta ha sabido rodearse de sabias y maduras voces, como la de Juan Pablo Zapater, quien firma el comentario de contraportada y radiografía, a través del mismo, la poética de Benedito con términos precisos: «catálogo de debilidades», «fe, tanto en un dios ausente, como en sí mismo», «valientes dudas». Como también, la voz de Xelo Candel, prologuista del libro, quien aporta su certera lectura e interpretación de unos versos ya limpios de partida: versos reescritos y pulidos, poemas depurados hasta el límite que le permite la palabra. Candel Vila anuncia que el autor se encuentra en sus propios versos, sostiene que en cada una de las tres partes que conforman el poemario se representa una etapa vital del autor, que nada es gratuito y coincide, en sintonía con Zapater, al subrayar a esa supuesta debilidad del principal epígrafe para redescubrirla valentía.

Pero ahí no terminan las sabias elecciones del poeta. A quienes conocemos la poesía de Vicente Gallego, y sabemos también de su proximidad con el autor, nos parece escucharle en sus poemas. Hay algo, quizá en el tono experiencial, confesional, quizá en el ritmo, que nos recuerda la hondura y armonía del maestro valenciano.

Pero sin duda, —y esto no se aprende en los manuales—, el campo magnético que se alinea rápidamente con la imaginería, con lo vital y sensorial del lector, es irradiado desde su sinceridad. La poética de Benedito rehúye la estrategia y se planta frente  a nosotros con naturalidad, no se esconde, y nos mira a los ojos, y aguanta la mirada mientras su alma, necesitada de encontrarnos, va despojándose de capas y más capas protectoras para estremecernos con una desnudez que la haga merecedora de su propia redención.

En una belleza decadente encuentra el poeta su paisaje memorístico: sobre la mano rota del recuerdo / acaricio la suma de una vida, / un caudal de monedas devaluadas / se agolpan en su palma, / y nada tengo.

Lejos de resultar un plan premeditado, la textura y reflexión de estos versos revelan su necesidad original. El poeta se vacía continuamente en un ejercicio aparentemente antirretórico, casi fisiológico: cuando mi cuerpo viejo y gastado / —que aún solicita un poco de sol— / cede sus ruinas / a los que solo sostienen / el brillo de lo inútil. Quizá por ese sufrimiento y esa inercia interior que lo empuja hacia el vacío, aprecio en la métrica que estructura su andamiaje una aspiración al verso imparisílabo —tan de los poetas de la experiencia— pero continuamente quebrada por esa huída de lo estético y su afán de refugio en esa razón de ser, insobornable. La lucha argumental ha trascendido al ábaco que escande y procura una armonía —aquí numéricamente desarmonizada— que no condena al fracaso lo operístico, sino lo mimetiza con su mensaje: En esa pelea estoy / subiendo las apuestas / de los que ven cercana mi derrota / vencido por la bala del abismo.

Sin dejarse anegar en la ciénaga de lo melancólico, aunque reconociendo que lo quemado nunca se recupera, el discurso del poeta previene floraciones, adelanta destinos luminosos, empequeñece el miedo. Sin celebrar de antemano el optimismo, su maldita certeza parece ser una bendita esperanza. En esta incursión psicológica no hay más itinerario que el salvaje acontecer de una memoria que sangra y resplandece por su misma herida; una herida que no sabe si evolucionará a cicatriz o será el orificio en la embarcación que lo conducirá al naufragio: A estas edades, / como nunca, / soy / una llama expectante / que se esfuerza por seguir / viva entre la oscuridad; / luz en un rincón del universo.

Esa otra sentimentalidad de la que hablaba aquel ilustre triunvirato granadino, alianza moldeada por Juan Carlos Rodríguez Gómez, es aquí vivencia particular reconocida por el lector en vivencia colectiva. El poeta, cuando habla de sí mismo, habla por todos. ¿Quién es ajeno a la pasión? Aquí sinónimo de debilidad ¿quién no reconoce en lo amado la fortaleza y flaqueza al mismo tiempo de aquel que ama?

No hay lugar para el análisis en esta emotiva introspección, el proceso del lector es intuitivo, como también el de quien suscribe —a modo de recensión— su particular lectura. La pasión de ser débil se agiganta en su tercer acto “Ahora me crece vida en las manos”, epígrafe que puede hacer suyo el lector que haya sangrado. Aquí el misticismo se aprecia en reflejos caleidoscópicos, en variados matices que intensifican la partitura y conocen que el final llega tras ellos: Cuando sus rostros llenan / los campos y montañas que atravieso / me vuelvo agua de río, astro callado. // Detrás de una cancela sometida / los restos de una casa / ya no emiten sonido alguno. // En su ausencia de cuidados / se describe la vida / desde dentro hacia afuera.

 

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La Bohemia se está convirtiendo en el pulmón cultural de una ciudad, Castellón, que reivindica por derecho propio, un lugar destacado en el actual panorama artístico español. Debido al auge de las agrupaciones artísticas y sus múltiples y vitales impulsos, el espacio y los muros de La Bohemia han servido y sirven de plataforma a esas voces creadoras, inquietas e inconformistas, que ya no proceden tan solo de tierras castellonenses, sino de cualquier punto de la geografía española.

Hay que añadir también que la gestión de este centro neurálgico ha trascendido su función inicial como escenario y ahora crea y promueve sus propios proyectos culturales. Tal es el caso de “Tabula Rasa” una exposición colectiva de pintura de los llamados artistas bohemios: Juan Antonio Álvarez, José Antonio Collado, Chezlalá Art, Gema Elagua, Agustín Falomir, Joan Feliu, Mónica González, María Griñó, Juani Berbabé, Lluna Llunera, María Ordoñez, Piluka Photographer, Ulalau Images, Sergio Ventura, Nayra Pimienta y el propio Manu Vives.

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Obra de José Antonio Collado Mateo

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Obra de Juani Bernabé Muñoz

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Obra de Chezlalá Art

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Obra de María Griñó

Dicha exposición forma parte de un intercambio con sus homólogos de Sporting Club (calle Sevilla, número 4 de Valencia), y en ambas sedes pueden visitarse las exposiciones desde el pasado 4 de noviembre. Como puede apreciarse en las fotografías la exposición al completo es un homenaje a la figura circular.

Buena parte de este efecto aglutinador y crecimiento de La Bohemia es responsabilidad de Manu Vives, su fundador y director de orquesta. Su gran capacidad de convocatoria unida a su amplitud de miras prevé que La Bohemia seguirá creciendo para constatar lo que ya es para muchos, un referente.

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Artistas de La Bohemia y Sporting Club.

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