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Fotografía: Fernando Rincón

Título: Las gárgolas de la Lonja de Valencia

Autor: Ricardo Bellveser

Editorial: Araña Editorial

Idioma: español / inglés

Género: narrativa (relatos)

Año de publicación: 2015

Número de páginas: 222

ISBN: 978-84-942573-0-8

El, aproximadamente, medio millón de visitantes al año, distingue a la Lonja de Valencia como uno de los espacios más visitados de la Comunidad Valenciana. Construida entre los siglos XV y XVI, siguiendo los diseños de Pere Compte —célebre arquitecto en esta comunidad—, la belleza de este monumento responde a los cánones de un gótico tardío que fue declarado Patrimonio de la Humanidad, por la Unesco, hace ahora veinte años. Algo en lo que muchos de sus visitantes no han podido reparar, puesto que —entre otras cosas— su ubicación hace imposible una visión panorámica, es en la extraña y grotesca belleza de sus gárgolas. Utilizadas como recurso arquitectónico para evacuar las aguas fluviales, estas veintiocho construcciones decoran los muros de este singular escenario, envolviéndolo en un misterio que no hace más que avivar su belleza.

Ricardo Bellveser (Valencia, 1948), destacada figura literaria, no sólo en la región levantina, sino a nivel nacional e internacional, se estrena en la publicación de un libro de relatos con Las gárgolas de la Lonja de Valencia, editado por Araña Editorial; veintidós historias ficticias, de carácter histórico, que recuperan lo satírico y picaresco de una Valencia que expiraba su era medieval.

Bellveser, consumado ensayista, crítico literario y poeta, fija su mirada en unas gárgolas centenarias que, a su parecer, ocultan una historia que posiblemente y por muchos motivos, no haya sido contada. El libro viene acompañado de sendas fotografías a todo color, realizadas por el propio autor, en las que puede apreciarse de manera gráfica todas esas singularidades que convierten —con toda justicia— a un secundario elemento arquitectónico, como es el vierteaguas, en protagonista absoluto de este libro.

Donde algunos ven humor y sátira, por ejemplo, en la gárgola número cinco, que da origen al cuento “El caracol y el soldado”, el autor encuentra la moraleja de su propia interpretación que, como previene la Navaja de Ockham: de entre todas las posibilidades, la verdadera tiende a ser la más sencilla. Tras una oleada de hurtos en Valencia, la gárgola protagonista advierte una conducta inusual en su mujer, a esto se añade el encontronazo, durante varios días consecutivos, con un caracol muy especial, así que el preocupado marido busca consejo en todo tipo de personajes: primero, el heraldo (gárgola narradora), después: adivinas, agricultores, religiosos; todos tenían una interpretación diferente para la visión de aquel caracol. Así que, atribulado por la incertidumbre, y resuelto a responder a esa llamada del necio, que subtitula la historia, se descubre cornudo al tiempo que explica su poca semejanza con su último vástago.

A medio camino entre la ucronía, la historia contrafactual y el engaño, con más propósito didáctico que estético, las breves historias de Bellveser poseen un ritmo, una extensión y un lenguaje asequibles que favorecen una amable lectura. La imagen antropomórfica y quimérica de estos seres tallados en la piedra, junto a sus actitudes libidinosas y ofensivas, elevan a estos cuentos grotescos a la categoría de posible crónica extramoral. Monjes que llevan a hombros a niños, en actitud poco cuidadosa, como con prisa, empujan a pensar en una interpretación poco cristiana de la imagen. Muchos son los que piensan, entre ellos el autor, que estas pequeñas piezas de orfebre sirvieron para denunciar actos —todos delictivos y casi todos sexuales— que eran llevados a cabo, puertas adentro, por todo tipo de personajes y de alcurnias, desde la total impunidad.

El cuento número trece lleva por título “Nuestras primeras madres” y la gárgola que lo suscita es una mujer sedente en posición de amamantar a un pequeño simio. De las múltiples interpretaciones de esta imagen, el autor intuye una alusión a la teoría de la evolución de las especies, formulada por Charles Darwin, pero siglos antes de que el famoso naturalista inglés se pronunciara. Esta perturbadora escena, sirve a Bellveser para teorizar acerca de la univocidad de Lilith (figura legendaria del folclore judío, de origen mesopotámico, considerada la primera esposa de Adán) y Eva (primera mujer según las Sagradas Escrituras). En su narración, el poeta describe casi como una violación el primer acto entre Lilih y Adán, el fruto de ambos sería un  mono de aspecto humano. Tras esto, la mujer es expulsada del Edén y en su lugar Dios crea a Eva, para que sea sumisa al hombre y lo sirva y le otorgue hijos. Bella e inquietante es esta especie de fábula que, sin ánimo de ofender, da protagonismo también a los demonios.

Una mujer palpándose de forma indecorosa sus partes íntimas, orientada —además— al que era el burdel más grande de la ciudad; ángeles con atributos sexuales desmesurados o seres que emergen del interior de un pez. Muchos son los pecados y vicios en las gárgolas representados, sea una estrategia de la comunidad religiosa para —según ellos— ahuyentar a los demonios representando la vulnerabilidad de la carne; sea para prevenir a los turistas de los excesos que allí se producían; lo cierto es que el obsceno predicamento de estas alegorías en las fachadas de la Lonja sigue y seguirá suscitando diversas interpretaciones.

La iconografía de la Lonja ha sido estudiada, entre otros, por el académico valenciano Salvador Aldana, pero fue la historiadora valenciana Mercedes Gómez-Ferrer, autora entre otras muchas obras de una monografía imprescindible sobre Compte, escrita a medias con Arturo Zaragozá, quien afirmó que las gárgolas de la Lonja no son atribuibles al arquitecto que diseñó el edificio. En sus numerosas investigaciones no halló documento alguno que acreditase ni su proyecto ni autoría, por lo que, cinco siglos después, estas representaciones escultóricas siguen siendo huérfanas y extrañas; atemporales y estremecedoras, y como ninguna otra escultura valenciana  han conseguido conservar intacto todo su misterio.

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