Etiquetas

, , , , , , , , ,

    9788483834374

gamoneda5

Título: Canción errónea

Autor: Antonio Gamoneda

Género: poesía

Editorial: Tusquets

Fecha de publicación: octubre de 2012

Número de páginas: 160

ISBN: 978-84-8383-437-4

 

En su colección “Marginales” Nuevos textos sagrados, número 278, la editorial Tusquets edita Canción errónea, la obra del genial poeta ovetense Antonio Gamoneda.

     Tras ocho años de silencio, de reflexión y trabajo en la oscuridad, después de la publicación de Cecilia y de la concesión del Premio Cervantes en 2006, nos llega Canción errónea, una esperadísima obra que no pretende ser cumbre pero lo es, la cumbre de un autor en plenitud que, como él mismo dice en una entrevista —muy consciente de su longevidad—, tiene prisa por contar. A sus 81 años, Antonio Gamoneda, poeta de la generación del 50, parece haber encontrado el camino de la tranquilidad, ha cambiado el miedo por la indiferencia, y nos ofrece una mirada combativa, que traspasa, empapada de memoria, sin olvidar su germen original de insurgencia poética.

     El libro presenta los poemas, sin títulos ni citas, en palabras del propio Gamoneda, desnudos, tan sólo rompe esa idea una cita de Lezama Lima que ha querido salvar de tal envite. Encontramos los versos esparcidos por la hoja, separados por vacíos que los dilatan entre el silencio. Tampoco hay bloques que estructuren su armazón interior, su lectura es de naturalidad continua, como si con ese desplante el poeta pretendiese ofender al tiempo en su correosa tentativa.

En la página previa al primer poema podemos leer: Luz, Otras luces, Límites, Imposibilidades, Insistencias, / Contradicciones, Fiestas fúnebres, Causas ciegas, / Extravíos, Causas lingüísticas, Indiferencia, / Negaciones, Olvido, Ira, Agonía, Madera, / Poemas con nombre, Pérdidas. Así el poeta nos previene sobre aquellos a lo que nos vamos a enfrentar. Hasta la propia editorial, en el sumario inicial advierte textualmente: Índice alfabetizado: primeros versos o frases. Y es que esta miscelánea también incluye la prosa.

Juan Carlos Suñen dijo de su poesía: Modernidad practicable: filología y re-significación. Y acertó de pleno, su ética poética es una estética de marcado sentido irracionalista; también de sensualidad y abstracción sensorial; de perífrasis alusivas, onirismo; destellos alucinatorios, en definitiva, de un lenguaje versicular y extensivo que progresa a través de yuxtaposiciones léxicas —que muchas veces se queda corto de página—, una expansión de deslizamientos semánticos, imágenes y demás tropos (con preferencia de la metáfora y la metonimia) que configuran el universo poético de un autor autodidacta, hecho a sí mismo, que tuvo que soportar en su niñez los horrores de la guerra y la ausencia de su padre.

Gamoneda ha declarado que la verdadera poesía —de ahí su carácter autorreferente— ha de ser subversiva en la naturaleza de su lenguaje y no en sus contenidos.

Antoni Tápies, viejo colaborador de este leonés de adopción, ornamenta la cubierta del libro con una ilustración en blanco y negro correspondiente al libro ¿Tú?, un libro de Gamoneda con grabados de Tápies del año 1999.

     Los versos de Gamoneda destilan figuras metafóricas recurrentes durante toda la obra, la luz de mil maneras, las palomas, las flores o su particular concepción del amarillo, son algunos de los rasgos semióticos de su estilema, al que hay que añadir también las gallinas. Hay en este volumen un verso (vamos a decir, polémico) que exclama: Creo en las madres propietarias de gallinas locas, / ¡cuánto amo sus huesos amarillos!

Algunos piensan que por más surrealista que se ponga el maestro ovetense sus bromas literarias no pueden engañarle a sí mismo, sin embargo,  esta elucidación ha dado mucho que hablar —fuera de contexto— en multitud de espacios digitales, llegando a conformar una hilarante rumorología parecida al efecto provocado por la restauración del Cristo de San Borja en España. Sin entrar en valoraciones personales, que casi siempre son injustas y más tratándose de un autor con una bibliografía tan dilatada como el que nos ocupa, sostengo que Canción errónea no es una de las mejores versiones de Gamoneda, pero a pesar de sus tesis opositoras no deja de ser una lectura imprescindible.

     Gamoneda nos propone recurrir a una insurgencia poética contra la injusticia, nunca ha creído Antonio que la poesía sea un arma cargada de futuro, como afirmó Gabriel Celaya, sin embargo, sí cree que el artista debe luchar contra la opresión y pronunciarse, ahora más que nunca, contra un presente que lo conmina y lo flagela. Parece que los tiempos no han cambiado mucho desde que escribiera Sublevación inmóvil (Rialp, 1960), hasta nuestros días.

     Entendiendo la existencia universal como un accidente, el poeta tiene una concepción de la vida como milagro efímero. Si lo normal es no existir, tanto la vida como todo lo que nos ofrece: amor, dolor, amistad, descubrimiento de la belleza…etcétera, son errores divinos que tenemos que saber disfrutar y de los que debemos aprender.      Estos hallazgos deberían ser, según Gamoneda, verdaderamente importantes para nosotros, ya que enaltecen positivamente nuestro ánimo e invitan tanto a la reflexión como a florecer la sensibilidad; aunque la trascendencia de ese pensamiento lo reduzca todo a un “ser” entre dos inexistencias.

A continuación, un poema integral del libro:

Había

vértigo y luz en las arterias del relámpago,

fuego, semillas y una germinación desesperada.

Yo desgarraba la imposibilidad,

oía silbar a la máquina del llanto y me perdía en la espesura

                                                                          vaginal. También

entraba en urnas policiales. Así

olvidaba los ojos blancos de mi madre.

                                                               Vivía

 Parece ser.

              Vivía

Ahora mismo atiendo distraído a mi estertor. No hay en mí

memoria ni olvido; única y simplemente lucidez.

Han desaparecido los significados y nada estorba ya a la

indiferencia.

Definitivamente, me he sentado

a esperar a la muerte

como quien espera noticias ya sabidas.

Cuando un libro de poemas contiene en sus páginas finales un índice de primeros versos, nunca me resisto a leerlo como si de un poema más se tratase. No siempre funciona, a veces, esos comienzos líricos otorgados por los dioses no tienen la obligación de relacionarse unos con otros, menos aún, ordenadamente. Pero se da la situación que, en ocasiones, la poesía brota donde menos se la espera y las correlaciones semánticas, las elipsis o esa mágica confluencia del azar, suplen la coherencia gramatical. Fíjense en este poema no escrito por Gamoneda, (página 153):

Sacudí las cenizas de mis párpados,

sí, la negación avanza por mis venas,

todo es incomprensible. Quizá

tus cabellos descienden en un ala de sombra,

una flor blanca finge la unidad,

una flor en mi muerte, sólo una flor,

un desconocido habita en mí. Agoniza y,

un lugar. No es un lugar. Es semejanza,

ves la fugacidad silvestre,

viene el cuchillo que atraviesa la luz,

vi palomas. Vi sus alas temblando.

 

     Sirvan de argumento testimonial las propias palabras del autor para obviar la tesis filosófica que impregna toda su obra:

«Tengo una pequeña filosofía con respecto a lo que estamos viviendo: las cosas tiene que ponerse muy mal para que cambien, la poesía intensifica la capacidad de conciencia del lector. El poeta crea un estado de alerta en él, pero sin necesidad de predicar porque la poesía no es para predicar ni el marxismo ni el cristianismo».

 

Anuncios