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Título de la obra: Con la luz sumergida

Autor: Víctor del Moral

Género: poesía

Editorial: Renacimiento

Año de publicación: 2009

Número de páginas: 54

ISBN: 978-8484724469

Víctor del Moral nació en Úbeda (Jaén) allá por el año 1979, pero su destino lo llevó muy pronto —él y a su familia— a Granada, tierra de poetas. Su vocación literaria lo condujo a licenciarse en Filología Hispánica en la Universidad de Barcelona, y posteriormente realizó estudios de Filosofía en la Universidad Ramón Llull.

Por tanto, estamos hablando de un escritor joven, con amplios conocimientos en el ámbito de la filosofía y el verso, ingredientes que inundan esta obra en forma de fotones de la luz de la memoria.

Víctor toma el título prestado de entre los versos de Luis García Montero y dedica su libro al poeta compostelano Miguel D’ors, quizá un espejo en el que poder reflejar parte de su tradicionalismo lírico y de sus preocupaciones poéticas.

Un jurado compuesto por: Ricardo Bellveser, Ignacio Caparrós, Santiago Fortuño, Antonio Hernández y José Iniesta, decidió premiar a del Moral con el premio Vicente Gaos de poesía del año 2009.

Después de varias lecturas del poemario, aún hoy no consigo explicarme cómo con tan poco material literario este libro ha podido conseguir un premio tan prestigioso, a lo que hay que añadir el auspicio de uno de los mejores sellos editoriales en el género; no es por desmerecer en ningún momento la tarea del poeta, ni mucho menos la labor del jurado (el ganador depende de la calidad de los demás participantes), sino porque contando las páginas escritas suman veintinueve y muchas de ellas contienen tan sólo cortas estrofas. Es evidente que la cantidad no lleva a la calidad, quizá sea por mi modo de entender la poesía, pero no pude encontrarle el tono; no fui lector para este libro. Para lectores que hayan leído otras obras premiadas en este certamen, la lectura de este poemario les supondrá un salto cuantitativo y cualitativo considerable, ya que la escritura de del Moral también escatima en simbolismos y lenguaje poético.

El poemario se divide en cinco partes y comienza con este verso del poema “Reseña”: Paisajes que transforma la memoria. Sin duda, un vaticinio de su argumento. En el poema titulado “Junto al mármol eterno”, la mirada del poeta evoca una estancia en Roma y en concreto, la visión de una niña que toma apuntes mientras yace apoyada en una columna del pórtico de Adriano; por alguna razón, esa imagen queda grabada indeleblemente en su memoria y queda traducida en estos versos: Y estos versos quisieran / rescatar su belleza / junto al mármol eterno, / protegerla del tiempo / y su avaricia huraña. El poeta pretende adscribir su estilo a la poesía de la experiencia, con la cual posee concomitancias, pero en poesía no todo es ordenar las palabras al número y color del canon, el verso debe tener alma.

El poema “Ordesa” es otro apunte paisajístico y memorial de la estancia del poeta en el monte pirenaico: Frontera de dos mundos. / Nubarrones huraños la cortejan / con una luz sin tiempo. En el poema “Un epílogo” la luz sigue incidiendo en los versos: Sólo anotas —te dices—, / las cosas que vas viendo / con la luz sumergida. Lo mismo que en el poema “La Belleza”: No era la nostalgia que Rafael retuvo / en unos ojos del Museo del Prado. / Ni la luz herrumbrosa de las calles de Roma; o en el poema “Recuerda”: […] y con la voz sellada / de naufragios, regreses / a la luz de tu patria.

En la luz, encuentra el poeta su referente a todos los niveles: físico, simbólico, metafísico; es un tropo recurrente en la poesía lírica, de su uso y abuso todos conocemos clichés gastados, un hándicap que obliga a quien adopte la luz como baluarte totémico, —cuando menos— un esfuerzo en su renovación.

Quizá su punto fuerte radica en la pulcritud métrica y el equilibrio en la combinación de versos. Ese andamio es estructura y retórica que invita a recrear un mar de sensaciones en el que el argumento no hace pie.

Lamentablemente, a estas alturas de la historia de la Poesía, el tema de la luz está más que manido, por lo tanto su uso es sensato regulado a pinceladas, o si se prefiere tratar en profundidad exige del autor enfoques nuevos y originales, factores que no se hallan en esta obra.

Durante toda la obra se cita a D’ors, Borges o Eloy Sánchez Rosillo, por lo que es fácil pensar que su autor siente admiración hacia ellos. Por ejemplo en su poema “Víctor contra Víctor” ya desde el título hace un guiño al famoso poema de Jaime Gil de Biedma en que dialoga consigo mismo como si fuese otra persona. Toda la poética representada en el libro no rebasa el homenaje, los lugares comunes, la enunciación y descripción en lugar de la emoción o reflexión. Quizá por falta de riesgo o limitaciones del talento, su lectura me ha resultado mimética e intrascentemente epigonal.

En definitiva, encuentro el conjunto del poemario de fácil y breve lectura, la utilización de un lenguaje sencillo y la somera profundidad de un  planteamiento costumbrista hacen que al poemario no se le pueda exigir mucho.

Actualmente Víctor del Moral es profesor de enseñanza secundaria en Castilla La Mancha y este poemario sigue siendo, desde el año 2009, su única aportación a la Poesía.

 

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