Archivos para junio, 2016

Publicado en la revista La Galla Ciencia:

http://www.lagallaciencia.com/2016/06/la-simetria-de-los-insectos-de-jorge.html

 

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Título: La simetría de los insectos

Autor: Jorge Ortiz Robla

Género: poesía

Editorial: Lastura

Número de páginas: 87

Año de publicación: 2014

ISBN: 978-84-942866-3-6

Jorge Ortiz Robla (Las Palmas de Gran Canaria, 1980) es escritor y restaurador de bienes culturales, su inquietud literaria —hasta el momento— le ha llevado a cultivar el relato, el microrrelato y la poesía, y ha demostrado en todos estos géneros una equilibrada destreza, como también, un merecido reconocimiento. Y es que este autor canario se mueve excelentemente en las distancias cortas; motivo por el cual me atrevo a vaticinar que no tardará en abordar, como género más de su bibliografía, el aforismo.

La simetría de los insectos, publicado por Lastura, ya va por su tercera edición, ocupa el número diecinueve de su colección Alcalima de poesía, y cuenta con el valor añadido de Joaquín Pérez Azaústre, cuya signatura esplende en un acertado prólogo como pretexto a los poemas.

Muchas son las percepciones que se avienen tras la lectura de este poemario, la poética de Ortiz Robla invita a ello. Comenzaré diciendo que nos encontramos ante una obra muy madura que no responde a esa fragmentación del hielo a que acostumbran las primeras obras de un autor; por el contrario, el poeta afincado en Catarroja (Valencia), con este libro no comienza a levantar del suelo su bibliografía poética, sino que ahonda en la tierra para cimentar en ella la sólida base que soportará todo el peso de su futura estructura.

La economía lingüística es otro rasgo en el estilema de Ortiz Robla, los poemas son —en general— breves, lo que no evita que en poco más de trescientos versos su autor componga su particular decálogo poético, un manifiesto que nos lleva a otra apreciación sobre su poesía, lo humanístico.

La simetría de los insectos se divide en seis apartados, cada uno de ellos compuesto por un número diferente de poemas a los que, por lo general, se suma un texto breve cuyo epígrafe es “Cuaderno de bitácora”, este elemento literario, histórico cuaderno de sucesos del navegante, compone aquí su particular doble lectura, ya que, mientras los poemas divagan acerca de preocupaciones existenciales, antropológicas y metafísicas; los cuadernos de bitácora parecen narrar la historia paralela de un prestidigitador a la deriva que culmina su periplo marino —invadido de recuerdos—, divisando tierra.

Aunque el amor sea el pretexto e hilo conductor de todo el libro: Ese es nuestro fin, buscar siempre nuestra otra mitad. Un amor al que se invita: Mi corazón, una puerta abierta, / de par en par. Un amor al que se recuerda: Cómo no recordarte, / cómo no imaginar tu cuerpo / apoyado en la mesilla / proyectándose hacia afuera; Ortiz Robla, con esta obra se adscribe a la corriente posmodernista, demuestra ser un poeta de su tiempo, su discurso es actual, como también sus modos, aunque en su caso se encuentra más cerca del irracionalismo y la elipsis, que al culturalismo o hermetismo. Su palabra, indagadora, en verso libre y blanco, también se acoge a los postulados del criticismo, todo es cuestionable, no a la indiferencia, por ello, en ocasiones, el poemario adquiere tintes de poesía social.

Uno de los temas centrales en los “poetas posmodernistas” es la descripción del mundo inmediato frente al cosmopolitanismo modernista. Los nuevos poetas centran su atención en lo cercano —no en lo exótico—, y en lo cotidiano —como símbolo de lo universal— encuentran la metáfora perfecta. El enclave escénico de La simetría de los insectos es urbano, a él responde toda la iconografía de sus imágenes: Llegar a casa y buscarte en Google Earth, // […] otra vez mi reflejo / en la profundidad lacónica del metro. Y es precisamente en esa tesitura, inconformista y contemporánea, donde el poeta encuentra su mejor versión: Amo las bolsas de los supermercados / y detesto las de las tiendas caras. / Su rugosidad / sus asperezas / sus asas de cuerda, que me recuerdan a una soga. / La hondilla que esposa el consumismo / a nuestras muñecas. La poética de Ortiz Robla arremete sin tapujos contra la burguesía y el capitalismo, su conciencia liberal y filosófica no comprende a una sociedad tecnócrata donde la única estabilidad la otorga el dinero: Asegurarse un plato caliente / con un máster en riesgos laborales. / Asegurar el aparato de los dientes, / la maleta, el Ipod y el coche. / [Como si eso fuera la vida].

La postmodernidad es un período que problematiza los discursos totalizadores procedentes de la idea de progreso basada a su vez en la idea de la razón ilustrada. El racionalismo se convirtió en una sucesión de dogmas malheridos que desembocaron en el totalitarismo, por lo que el poeta posmodernista está obligado a ser expeditivo y voluntarioso, razones por las cuales algunos se radicalizan. No es el caso de Ortiz Robla, quien con equilibrada técnica transita diversos géneros, senderos y ámbitos morales sin caer en ningún momento en la caricatura, la parodia o el esperpento.

Algunos de sus poemas podrían considerarse aforismos, tanto por su brevedad, como por su dosis reflexiva: Intentar labrarte un futuro. / [Y que la tierra que sacas se convierta en fango, / y arenas movedizas]. O este otro: Tu cuerpo es la solapa del libro / que se escribe / dentro de ti.

Así culmina el tercer acto de una historia de amor: Después llegaron las rarezas del sexo, / la manera de esconderse entre los cojines y la cama / y decidir follarse / entre las plumas y la lycra / de su descanso. Realismo que lo acerca a la concepción poética de Pablo García Casado, poeta admirado al que homenajea en una de sus citas.

El amargo escepticismo —síntoma del fin de la modernidad— choca contra el neovanguardismo formal y surge la duda, la incertidumbre óntica que criminaliza a la certeza: Nadie sabe lo que es en verdad el hombre, / nadie sabe, / nadie conoce, / nadie desbrizna la pauta. // […] pero lo que no es, / bien, / bien, / lo conocemos.

Sin duda, a Jorge Ortiz Robla le espera una interesante carrera literaria, en breve verá la luz su segundo poemario que llevará por título Presbicia y será editado por la editorial tinerfeña Baile del Sol; un  trabajo al que deseo tenga un largo recorrido.

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Jorge Ortiz Robla

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Publicado en:

Periódico de Poesía de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México)

http://www.periodicodepoesia.unam.mx/index.php/4369

Revista de Letras (La Vanguardia)

http://revistadeletras.net/las-lineas-rojas-de-antonio-rivero/

Revista La Galla Ciencia

http://www.lagallaciencia.com/2016/05/el-bosque-sin-regreso-las-lineas-rojas.html

EL BOSQUE SIN REGRESO

Título: El bosque sin regreso

Autor: Antonio Rivero Taravillo

Editorial: La Isla de Siltolá

Género: poesía

Número de páginas: 84

Año de publicación: 2016

ISBN: 978-84-16682-04-1

En muchas situaciones de la vida nos encontramos ante senderos que únicamente nos brindan un camino de ida, no hay retorno posible y si lo hubiera, jamás regresaríamos al punto de origen. Tal es el caso de la lectura de un libro, una relación amorosa o un suceso traumático; somos seres maleables y por tanto, frágiles; nuestra conciencia soporta cosas increíbles, pero también añade a su bazar de vivencias, pequeños souvenirs de cada experiencia vivida, por lo que, como buenos anticuarios, tarde o temprano debemos hacer balance, inventario y limpieza.

Para Antonio Rivero Taravillo (Melilla, 1963), poeta, traductor, ensayista y director de la revista Estación Poesía, ese recuento vital es un análisis profundo y metódico que forma parte del proceso evolutivo. Autor, entre otras obras, de varios cuadernos de viajes y de Cirlot. Ser y no ser de un poeta único, biografía por la que mereció recientemente el Premio Antonio Domínguez Ortiz 2016, desde Bajo otra luz (La llave de Plata, 1989) hasta El bosque sin regreso, la trayectoria como poeta de Rivero Taravillo ha dado como fruto siete libros durante veintisiete años; por lo que no es ningún disparate, —tal como el autor afirma en una nota final—, que sean veinte los poemarios inéditos que posee, algo que recuerda a la célebre afirmación juanramoniana.

Fuertemente influenciado por la cultura inglesa —no por casualidad, Taravillo ha sido traductor al castellano de Yeats, Shakespeare o Keats—, el autor dedica el libro a dos entidades de ficción: Gretta Conroy y Michael Furey, dos de los personajes del relato The Dead, incluido en la colección Dubliners (1914) de James Joyce.  Para quienes conozcan esta obra, la mera referencia a esta pareja irá justificando algunas de las cosas que iremos encontrando durante la lectura. Gretta y Michael fueron dos jóvenes enamorados que vivieron un cortejo idílico en los impresionantes parajes de Galway (Irlanda). Su aventura se truncó con la muerte del joven Furey a los diecisiete años. A pesar de haber transcurrido el tiempo y de haber rehecho su vida, Gretta no olvida a su amor de juventud y, aun no habiendo consumado su amor, su historia, a vueltas con la muerte, es un pretexto en manos de Joyce para explorar el fenómeno por el que algunos muertos siguen muy vivos en las vidas de algunas personas. Ese culmen de amor idealizado, pero no llevado a cabo, supone ser el raquis de este libro y precisamente, en “La taza intacta” y “Solar y yermo”, primero y último poema de esta obra (narración circular) queda muy evidenciado: La mañana que te conocí, / aunque a punto estuve de hacerlo, / no me atreví a invitarte a un café; / y te dejé marchar, / no sé si para siempre. // (La lluvia en el tejado, el ruido triste / del amor que no hicimos en el colchón del sueño).

La muerte es un bosque sin regreso, como también la vida; entre ellos, primero el amor y después la memoria, suponen un trayecto en pulsión itinerante. El libro es por completo una carta a la persona amada, una declaración de amor narrada en primera persona en la que el poeta hace fácil lo difícil; su naturalidad, su inquietud, quedan meridianamente reflejados en versos cuya lontananza es de belleza irlandesa: […] y estamos entonces aislados, como / si el viento se llevara tus palabras, / y las mías, / sobre los acantilados de Moher. // Si buscas Inisfree, viajera, / callada hada de mis sueños de Irlanda, / toma siempre el camino más recto: // adéntrate en mis ojos y mis brazos.

La poesía de Taravillo se distingue aquí por contener lo posible y lo imposible, el ser y el no ser del que hablaba Cirlot. La emoción en los poemas subyace de forma contenida, su gramática y lenguaje no buscan a cualquier precio el lirismo estético, algo que es muy de agradecer en estos tiempos de escuálidas poéticas; por lo que su equilibrio poético es variable y va dependiendo del grado de autenticidad de cada momento.

Uno de los poemas que mejor representa el espíritu del libro es “El otro”, en él, el poeta alude a la alteridad del yo, se reconoce enamorado, artista, mundano, de tantas formas como posibles son los modos; de todos los desdoblamientos o estadios de su conciencia advierte que el más cierto es el que ama y es amado: Aquel que firma mis papeles, / el que va a clase a hablar de poesía, / el que pasa la ITV del coche / pero nunca pasaría la del alma, // […] El autómata que dejo para engañar a nadie, / el maniquí vestido con mi nada / en medio de los otros, // […] Aquel que está contigo / cuando lo hallan ausente.

Los poemas titulados “Dream”, “Contigo” y “Golondrinas”, están escritos siguiendo la métrica y temática del senryu japonés, una forma poética apta para expresar sentimientos y temas humanos con la misma economía lingüística del haiku clásico: Sueño contigo: / que, durmiendo también, / conmigo sueñas.

Rivero Taravillo dota al conjunto de misterio, no se sabe muy bien si ciertos sucesos son retrospectivos o fruto de la ensoñación, la naturalidad es su denominador común; el hombre se aferra a la poesía para reconstruir esos pasajes en los que tras haber cruzado la línea roja de no retorno, los recuerdos, a fuerza de dolor o tiempo, son difusos o inexistentes.

Creo todo un acierto la libertad del libro a todos los niveles; ese rasgo, desde el principio al fin del poemario se mantiene inalienable y consigue hacer de El bosque sin regreso un sistema de formas y colores diferentes que coexisten en armonía: metafísica, metaliteratura, filosofía, romanticismo, ironía, homenaje; muchas son las texturas y sabores que propone este viaje inaplazable. Y para terminar, un poema íntegro del libro que lleva por título “Fidelidad”:

Si el niño que admiraba Camelot

terminó publicando traducciones de Alfred Tennyson;

si el joven que leía con devoción a Shakespeare

puso en su lengua los Sonetos, y de paso

Venus y Adonis, Lucrecia y lo demás;

si quien garabateaba versos después los vio editados

en colecciones que como lector admiraba,

 

así con el amor: el hombre adulto

que sueña con tu alma y no la tiene

también la alcanzará, no importa cuándo.

Antonio Rivero Taravillo blanco y negro

Antonio Rivero Taravillo

Publicado en:

http://www.todoliteratura.es/noticia/10504/poesa/la-casa-de-los-titanes-y-otros-poemas:-ediciones-lupercalia-recupera-una-de-las-obras-capitales-de-george-william-russell..html

cubierta la casa de los titanes y otros poemas

Título: La casa de los titanes y otros poemas

Autor: George W. Russell

Editorial: Ediciones Lupercalia

Género: poesía

Número de páginas: 144

Año de publicación: 2012

ISBN: 978-84-939395-2-6

 

La casa de los titanes y otros poemas, un libro escrito un año antes de la muerte de su autor, es ofrecido en esta edición de Lupercalia de forma bilingüe, en inglés y español. Es de celebrar que esta sea la primera traducción en nuestro país de una obra culmen en la bibliografía de un autor que injustamente vive en el olvido.

Alejandra Adrover y Francisco Sempere son los traductores de la obra además de firmar una introducción muy interesante en la que reivindican la importancia que en su momento tuvo la obra y figura de George Russell. Una importancia que excede los términos literarios y se amplía a ámbitos socio-político-económicos, ya que fue uno de los grandes promotores de la independencia de Irlanda, además de economista, experto en agricultura, periodista y visionario.

Para aquellos que no conozcan la vida y obra de George William Russell, comenzaré diciendo que fue un escritor y ensayista irlandés, de comprometida ideología nacionalista, además de editor, crítico, reformador y pintor. Nació en Lurgan, (Irlanda del Norte), en 1867 y falleció en 1935. Dublín fue la ciudad donde se formó académicamente. Un rasgo característico en su obra literaria fue su seudónimo, Æ, contracción de la palabra latina «æon», cuyo significado es “período de tiempo indefinidamente largo o época”. Dicha grafía comenzó a utilizarla como rúbrica y más tarde la utilizó como seudónimo. Russell fue uno de los fundadores del histórico Abbey Theatre, pero abandonó su tarea en 1904 después de una fuerte discrepancia con su compañero y cofundador William Butler Yeats, el reconocido poeta y dramaturgo irlandés.

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George William Russell

George William Russell fue la mayor figura en el renacimiento de la literatura irlandesa de finales del siglo XIX y comienzos del XX, movimiento que intentó reivindicar el antiguo folklore irlandés, sus leyendas y tradiciones mediante la creación de nuevas obras literarias. Se distinguió como editor de los periódicos “The Irish Homestead” y “The Irish Stateman”. Los poemas, historias cortas y ensayos de Russell sobre la cuestión de la independencia irlandesa fueron su mayor contribución al movimiento cultural, conocido también con el nombre de “Renacimiento Celta”.

Algunas de sus obras más importantes fueron: Homeward: Songs by the Way (1894), Colección de poemas (1913), El candil de la visión (1918) y La casa de los titanes y otros poemas (1934), el libro que nos ocupa. Los poemas de Russell reflejan su continua preocupación por la teosofía además de  su profunda creencia en la naturaleza como la conexión entre Dios y el ser humano. Este libro incluye el poema La casa de los titanes de forma íntegra y una selección de Colección de poemas, a lo que hay que añadir una selecta muestra de su obra pictórica.

Juan Ramón Jiménez llegó a la literatura de Russell a través de Yeats. En 1927 tradujo al castellano su poema “Holgorio” que publicó en 1932 en la sexta entrega de Sucesión y reeditó en 1949 en el número 7 del Boletín Español de Londres. En Guerra en España (1985: 91-92) se recogen otras tres traducciones a este autor fechadas en 1938: “Reconciliación”, “Inmortalidad” y “El gran hálito: El soplo de belleza”. Y no sólo en nuestro premio Nobel influyó la poesía de Russell, Valle-Inclán también fue seducido por el misticismo de este poeta inglés y su huella puede verse en obras como La lámpara maravillosa: ejercicios espirituales.

La casa de los titanes es un largo poema épico de reminiscencias celtas, lleno de imágenes sobrecogedoras y una belleza sobrenatural, Nuada, Angus, Lir, Balor, son algunos de sus protagonistas, reyes, príncipes, divinidades, el universo de Russell está plagado de connotaciones místicas y protagonistas de leyendas druidas  y el gaélico antiguo.

Por su parte, la selección pictórica aquí recogida comprende desde retratos a Elizabeth Young y Lia Clarke, hasta paisajes en los que la figura humana es protagonista: Good bye, A visión in the glade, Two waters devas o Morning visión dan buena cuenta, no sólo de la importancia del cuerpo humano en sus pinturas, sino también de su creencia en algo trascendente plasmado en las numerosas visiones de sus protagonistas. George W. Russell tuvo visiones desde niño  y a lo largo de toda su vida, apariciones místicas, se dijo de él que sufría estados de trance en los que era capaz de ver el pasado y el futuro.

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También en su selección de poemas vemos reflejado ese interés de su autor por lo sobrenatural y teosófico. Poemas como: “El don”, “Inmortalidad”, “Dualidad” o “La visión divina” se encargan de reflejar ese aspecto esotérico de su vida trasladado a su poesía.

morning vision

Se dice de William Russell que probablemente no era un genio, quizá no debió dedicarse a tantas y diferentes disciplinas, se dice que injustamente, tras su muerte, su obra cayó en el olvido, muchos de sus colegas contemporáneos alcanzarían mayor fama y rédito, pero también se dice que ninguno de sus compatriotas podría rivalizar con su versatilidad y mucho menos con su calidad espiritual.

two waaters devas

A continuación, y ya para finalizar, unos versos de su poema titulado “Invierno”:

 

«Nunca visible a los sentidos o el pensamiento

la belleza no nace sino retrayéndose o huyendo;

y aunque la conozcamos

siempre acaba por abandonarnos».

Publicado en:

http://elcoloquiodelosperros.weebly.com/la-biblioteca-de-alonso-quijano/fotos-de-manicomio

cubierta fotos de manicomio

Título: Fotos de manicomio

Autor: Jesús Arroyo

Editorial: Unaria Ediciones

Género: poesía

Número de páginas: 99

Año de publicación: 2015

ISBN: 978-84-943850-7-0

 

Bajo el sello castellonense Unaria Ediciones, el poeta madrileño Jesús Arroyo ha publicado Fotos de manicomio, el que supone ser su cuarto poemario, un trabajo que cuenta con ilustraciones a color de Paco Ibáñez, Pilar López Alcolea y Miguel de Unamuno Vera.

Montse Morata, Doctora en Periodismo y escritora, firma un breve prólogo titulado “El manicomio de la realidad”; un espacio liminar en el que algunas de sus certeras afirmaciones previenen al lector del terreno en el cual va a adentrarse. Algunas de sus aseveraciones son estas: «Decía Edgar Allan Poe que la ciencia todavía no nos ha enseñado si la locura es la más sublime forma de inteligencia», « […] Jesús Arroyo desciende al averno del dolor y su locura para rescatar de allí la vida» o «Es una poesía que no bebe de las modas sino de los grandes». En su espléndida aportación al poemario, Morata recurre a tres personajes de la historia literaria por su clara analogía con el submundo de Jesús Arroyo;  el licenciado Vidriera de Cervantes, la trinidad formada por las Brujas de Macbeth y  la dualidad del flâneur, o curioso paseante universal de personalidad desconocida; pocos son los consejos que alguien puede dar para afrontar este intenso cuaderno de viaje que supone Fotos de manicomio, el testimonio de un artista rodeado de sufrimiento que sin pretenderlo, revela belleza.

Considero necesario señalar que este libro fue escrito por Jesús Arroyo tras vivir una experiencia que cambió su vida. Durante el invierno de 2014, el autor se encontró con la locura como nunca antes lo había hecho; fue profesor de los internos del Módulo de Discapacidad Intelectual del Centro Penitenciario VII de Estremera (Madrid), allí comprendió muchas cosas y no comprendió otras muchas, la experiencia le marcó profundamente, hasta el punto de reconocerse en gratitud emocionada, como el verdadero alumno de aquellas personas.

Nada es habitual ni pueril en este proceso psicológico, así, el primer poema del libro lleva por título “Pala sin cordura”, tres cuartetos endecasílabos de rima consonante (ABCA) que suponen ser la única pieza del conjunto con dicha estructura; tal vez este poema sea —métricamente— el elemento discordante que rompe la armonía emulando a la enfermedad mental.

Algunos poemas parecen narrar pesadillas, escenas surrealistas no exentas de ironía y crítica, y otros se asemejan al género fantástico al relatar esa otra realidad que nadie cuenta: […] y al volver la vista / el rincón aguarda en telaraña, / decidió, a piel desnuda / y ojo terciopelo, / retirar con mimo aquellos hilos / para vestirse de artrópodo. // Se aseguró: / a ocho manos / la limosna sería una constante.

En el poema titulado “Creyéndose Balzac” los versos narran la heroica gesta de un enfermo que decidió no separarse jamás de un manojo de poemas, en su gesto y en el de sus compañeros, pervive una solemnidad enmascarada de disturbio: Lo único que quiso / fue llevarse a la tumba / los veinte poemas escritos en la sensatez de un escondite, / el olor a humedad que deja la tinta en las paredes / y una mirada de amor que jamás sacó de sus pupilas. // El pabellón, en fila y cuerdo de demencia, / asistió a cada uno de sus veinte funerales.

Emocionado al narrar la vida en un escenario tan estremecedor, la gramática se vuelve quebradiza y por cada grieta se filtra la poesía; no es de extrañar que para tal empresa el autor utilice sendas citas de Leopoldo María Panero o Friedrich Nietzsche, poetas del ensayo o ensayistas de la poesía que vivieron su particular relación con la locura. Aunque a decir verdad, la cita que más impresiona es la de Thomas Szasz, uno de los referentes de la antipsiquiatría, quien afirmó en su día: «Si tú hablas a Dios, estás rezando; si Dios te habla a ti, tienes esquizofrenia».

Como obedeciendo a los postulados de Szasz, los maestros de Arroyo no escatiman en lecciones y día tras día siguen expresando sus mensajes a través de su —para nosotros— nuevo lenguaje metafórico: Me lo dijo hace decenas de horas, / miles de lustros… / No supe ver la muerte en su mirada, / el final de un ciclo llamado esperanza. // Fue la rosa plantada en un jardín de hielo, / la guadaña clavada en verde prado, / la paloma invadiendo mi buhardilla.

Las ilustraciones que acompañan a los poemas no hacen más que inquietar más todavía al lector: formas humanas deformadas, doloridas, tristes; la brevedad de los poemas hace que, de un momento a otro, la situación sea distinta; su blancura vibra con la asepsia. El discurso de Jesús Arroyo es un doloroso testimonio cuya máxima pretensión es ser justo con esos desheredados que describe; su conciencia, contrariada por lo que supuso un azote a su sensibilidad, no duda en mostrar la crueldad, el caos o el rencor si es preciso, su poética no se adscribe a nada, sobrevive y se hace fuerte en su protección a la verdad: A ti, educador de púber, / más diablo que Marista / en proclama de iglesia que no sientes / creyente y dueño del sermón / que nunca llevarás a confesiones. […] A ti, masturbador entre lavabos / a cambio del notable despiadado / y clases de guitarra en dormitorio. […] A ti, que escondes en despachos / o en negro país misericordia… / no te veré morir como mereces, / ese es castigo que me toca.

Traumático y magnético relato a partes iguales. Jesús Arroyo, misionero en el infierno, nos invita a compartir su fantasmagórica vivencia, su estancia en ese purgatorio de los vivos es una exploración de la mente humana que trasciende en emociones y reflexiones a cualquier otra lectura común. Quizá la poesía sea el lenguaje más propicio para encarnar el torrencial discurso de esa otra consciencia que nos aguarda tras el fino dique de la cordura. En cualquier caso, estos retratos de manicomio son necesarios en una sociedad en la que locuras menos sanas son constituidas como negocio.

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Jesús Arroyo

 

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http://www.lagallaciencia.com/2016/05/licencia-para-bailar-de-katy-parra.html

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Título: Licencia para bailar

Autora: Katy Parra

Editorial: Valparaíso

Género: Poesía

Número de páginas: 66

Año de publicación: 2016

ISBN: 978-84-16560-40-0

 

Katy Parra (Totana, Murcia, 1964), lleva ya algunos años dignificando el oficio de poeta. Entre sus libros se encuentran Por si los pájaros y Coma idílico, editados por Visor e Hiperión, respectivamente, trabajos por los que obtuvo los premios de poesía Viaje al Parnaso e Internacional Miguel Hernández. El año 2008 fue sin duda el año del reconocimiento a su poesía. Desde Acordes de soledad (Murcia, 1997), libro que supuso su bautismo poético, hasta Licencia para bailar, han transcurrido casi dos décadas en donde títulos como Síntomas de olvido o Espejos para huir hacia otra orilla, no han hecho más que constatar que la poeta murciana es una de las plumas más distinguidas de su generación.

Licencia para bailar es un apropiado título para este libro, por un lado, la poeta rompe el cliché —en este caso, lo dulcifica— y nos invita a un baile, a la danza de la vida, a su mutabilidad; y por otro, la polisemia de la palabra «licencia» nos previene en cuanto a  cronopios y libertades. Los cuarenta y siete poemas que contiene están agrupados en dos bloques: “Canciones para un lunes sin recreo” y “La danza de las cosas”.

“Solus vita” es el poema que inaugura este pasaje musical; sólo la vida será el eje de gravedad de esta coreografía; sólo la verdadera poesía, ática y vírica, será el conductor de esta electricidad contada: La música te arrastra y es tu cuerpo / un trapo a la deriva, / la causa y el efecto del placer, / sinestesia que alumbra / la oscuridad sonora del instante. Desnuda sencillez que transparenta en su armonía esa infraestructura invisible: la métrica; vértebra compleja —aquí natural— que al relojero exige, no sólo precisión, sino verdad.

Así es la poesía de Katy Parra, precisa y verdadera. Pocas presentaciones requiere lo diáfano y cierto. Limpia de añadiduras, sin altas ínfulas, elocuente. Su magna destreza a la hora de doblegar el discurso poético al corsé del canon supone un recurso poderoso en manos de la poeta. Argumento, léxico, ritmo, perspectiva; cada rasgo de su poética potencia a los demás en el impecable equilibrio de la madurez.

El poema titulado “El último tango” resulta desgarrador por su crudeza, en él, sus versos desvelan el drama biográfico sobre el que su autora ironiza con desencantada sangre fría; la poeta parafrasea a Claudio Rodríguez convirtiendo su optimismo de amor en preocupación y confesada herida: …Yo sólo puedo hablarte / de los escorpiones o de las garrapatas, […] y ahora estoy aquí como un intruso, / escribiéndote a ti que estás leyendo / y mirando el reloj para escaparte de toda esta indigencia.

La resolución estética de Katy Parra se compone en su mayoría de versos clásicos combinados libremente: alejandrinos, heptasílabos, eneasílabos o endecasílabos se alternan en la blanca sonoridad de su monólogo lírico. Su discurso, en parte, confesional, con vocación dialogística, encuentra en lo cotidiano el pretexto para manifestar su sentimiento íntimo, su reflexión, rémora o en definitiva, su subjetividad.

“Si no fuera por ella” es un poema inquietante. Alocución a la madre, al hijo no sido, a esas manos desnudas de verdades a las que alude la cita de Cernuda: Sé que ella existió antes de conocerme, / con todas sus orquídeas y todos sus laureles, / con todos sus parásitos. […] Ahora vivimos juntas, / descontando los hijos que no he sido.

El objeto mundano más mínimo desencadena el baile de palabras, un baile que es letra, coreografía y música de un tiempo ya ocurrido; así los alfileres, las ventanas, un espantapájaros o un ojo de cristal son motivo suficiente para orquestar elucidaciones de soplo metafísico: […] Confieso que a menudo / me inundan con sus cánticos, / con su danza improbable; / que sus senos roídos, / violados por la fe de las polillas, / no lograron salvar su abismo ni su dogma, / su palabra de honor rota a balazos.

Los versos de Katy Parra gozan de una profundidad psicológica que evidencia esa doble lectura que podemos hacer de ellos; por un lado, la parte lingüística superficial o estructura exterior del poema, la cual debido a sus connotaciones supone un fenotexto cuya genología se complejiza al transitar senderos de realismo sucio, feistas o existencialistas; y por otro, la determinante estructura interior o genotexto, rico, evocador, donde la artista, inconscientemente influye decisivamente, no sólo en los signos que se manifiestan en el poema, sino también en los que se ocultan.

En palabras del poeta Antonio Praena, quien firma el comentario de contraportada del libro: « […] la macabra y hermosísima danza de la muerte transformada en exploración de la recóndita belleza de las cosas que se acaban». Y acierta —como era de esperar— en perspectiva y términos el poeta granadino, puesto que la poética de Parra Carrillo posee esa ambivalencia entre lo grotesco y hermoso; explora la belleza, sí, pero también prospecciona en sus propias simas; amplía su mirada en lo que acaba y encuentra, en el lenguaje universal de la música —que nunca dejó de ser poesía—, la herramienta para no rendirse y revelar la mudanza de la vida.

En el penúltimo poema del libro, titulado “Coreografía del ego” la poeta afirma que debemos aprender a danzar al ritmo de las cosas, adaptarnos para sobrevivir; pero también critica ferozmente al sentimentalismo: El corazón no entiende de numerología. / Sólo sabe ser víscera: / discípulo de un dios completamente sordo.

Licencia para bailar es un libro para leer una y otra vez y encontrar nuevos matices, su lectura ahonda en las preocupaciones humanas y se constituye como un pequeño tratado de filosofía; la poeta solista deleita al gran público con un solo de palabra en el que la música nos invita a escuchar la letra y la palabra es música.

katy parra carrillo

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http://caocultura.com/las-balas-cineasta-alma-escritor/

cubierta dormir es de patos

 

Título: Dormir es de patos

Autor: Rodrigo Cortés

Género: aforismos

Editorial: Delirio

Número de páginas: 160

Año de publicación: 2015

ISBN: 978-84-15739-14-2

 

Nada más abrir este libro podemos leer unas palabras editoriales con referencia a Rodrigo Cortés (Pazos Hermos, Orense, 1973): «Rodrigo Cortés quiso ser pintor, escritor y músico, hoy lo hace todo a la vez al dedicarse a cine». La capacidad artística de Cortés, uno de nuestros cineastas con mayor proyección internacional, es muy amplia y variada; el director de Buried (2010), se ha revelado en poco tiempo como un creativo nato cuyo techo todavía está por descubrir.

Activo usuario de las redes sociales, Rodrigo Cortés posee una legión de fans en el famoso foro de los ciento cuarenta caracteres; Dormir es de patos es un título algo irracionalista, feliz y pegadizo, cualidades que comparte con el interior del libro, un título que nació como trasnochado tuit.

Hay que decir que esto de escribir no es en Cortés un desahogo del guerrero o una excentricidad, A las tres son las dos y Sí importa el modo en que un hombre se hunde son un libro de aforismos y una novela respectivamente que evidencian una particular relación entre su autor y las letras. Todos los libros de Rodrigo Cortés han sido publicados bajo el mismo sello editorial de Dormir es de patos, la editorial Delirio, una empresa gestionada hábilmente por el cazatalentos Fabio de la Flor.

A las múltiples facetas artísticas de Rodrigo Cortés, hay que añadir la de guionista, productor y actor, y es que el ganador del Meliés de Oro en el Festival de Cine de Sitges 2010 necesita caminos diferentes para encauzar su talento expresivo, quizá por ello en la actualidad firma una Tercera mensual en el diario ABC, así como la sección diaria “Verbolario” (diccionario satírico) en la última página del mismo medio.

Ya entrando en materia del libro que nos ocupa, merece destacar la edición de Dormir es de patos, número dos de la colección “Tragos”, como un libro de bolsillo, no por la ligereza de su argumento, sino por su tamaño; once centímetros de alto por once centímetros de ancho hacen que esta colección de aforismos sea un libro redondo dentro de un cuadrado. Dicho formato hace que este cuaderno de viaje quepa en el bolsillo “literalmente” y por tanto pueda convertirse en un pequeño manual para desestresarse y arrancar sonrisas al mismo tiempo que para invitar a la reflexión a los itinerantes urbanitas.

Es evidente que el género aforístico vive una eclosión en nuestros autores contemporáneos que ha conseguido revitalizarlo de su repositorio en telarañas. Autores como Benjamín Prado, José Luis Morante o Karmelo C. Iribarren han sabido exprimir este pequeño formato literario aportando excelentes obras al género. Es justo decir que Rodrigo Cortés, a pesar de no ser un consumado escribiente con trayectoria reconocida, no lo hace nada mal, incluso me atrevería a decir que alcanza cotas de brillantez en su singular apuesta, un envido que además del aforismo, incluye: rimas, nonsenses, jitanjáforas y otros elementos postistas como aventura del lenguaje. Sean antiaforismos, delirios o balas —como afirma su editor— lo que este autor nos ofrece, las breverías de Rodrigo Cortés, del tipo: «Si la fama te precede, ya no hace falta que vayas» trascienden el mero entretenimiento por su ingenio y desvelan su ironía clarividente bajo un tono humorístico: «Blindar la ruina», «Pronadores y supinadores. Las dos Españas», «Analfabetismo ilustrado, el barniz de los campeones».

Encontrar aforismos que referencien al cine es casi una sospecha evidente en un libro escrito por un cineasta, por eso no faltan las analogías con el séptimo arte ni la escritura visual: «Hay películas que te ven a ti», «Si alguna vez matas a alguien, que sea con la típica elipsis», «Una película es tantas como espectadores la ven».

Aunque el autor de Dormir es de patos ha manifestado en ocasiones que huye del sermón y la monserga, encuentro especial brío en pedradas aleccionadoras y críticas como: «El reconocimiento ajeno se mide en mármol», «El odio es una forma de consenso» o «Lo único que el español hace mejor que sobrevalorar es infravalorar».

Rodrigo Cortés se revela dueño de una amplia cultura, además de poseer también un espíritu inquieto y filósofo. De su acervo plural, divertido a la vez que profundo, encuentro con sorpresa una veta poética que esplende con particular brillo en un armazón prosaico: «Vivir no es durar», «Sólo lo efímero permanece», «Un mundo de demonios es admisible si en él cabe un ángel», «Bendito sueño salvador que nos guarda a los mediocres de nosotros mismos».

Greguerías, sentencias; hibridación entre la Consolación de la filosofía de Boecio y aseveraciones del propio Pato Lucas; a caballo entre muchas cosas el ingenio expresivo de Rodrigo Cortés resulta ileso de su propia ecuación; sus cápsulas, —sin ser antibióticas— funcionan a la perfección como analgésico general para esos malestares que suponen ser la ignorancia y el aburrimiento.

A propósito de los elementos integrantes de la tradición novelesca peruana, Ricardo Palma[1] escribió en 1964:

«Estilo ligero, frase redondeada, sobriedad en las descripciones, rapidez en el relato, presentación de personajes y caracteres en un rasgo de pluma, diálogo sencillo a la par que animado, novela en miniatura, novela homeopática, por decirlo así, eso es lo que en mi concepto, ha de ser la tradición».

Todo ello, todo lo contrario y mucho más es Dormir es de patos, un pequeño depósito de sabiduría, socarronería, mala leche y puntería que no se toma en serio a sí mismo por si al hacerlo pudiera resultar del todo incongruente.

[1] Ricardo Palma, Tradiciones peruanas completas, Madrid, Ed. Aguilar, 1964, p. 1474.

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Rodrigo Cortés. Fotografía: José Antonio Olmedo