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Artículo publicado en la Gaceta Internacional de Haiku “Hojas en la acera”:

http://hela17.blogspot.com.es/2016/03/numero-29.html

Contemplación

 

Contrariamente a lo que algunos piensan, el haiku no proviene de la filosofía Zen, aunque sí comparta algunos principios con dicha doctrina. El haiku proviene del taoísmo. El taoísmo es una vía espiritual, filosofía, religión, llámese como se quiera, una forma de ver y entender el mundo, ya milenaria. El Tao Te King, atribuido a Lao Tse[1],  recoge proverbialmente, y en tono poético, toda la sabiduría y belleza de ese texto sagrado chino que influyó en las escuelas legalistas y neoconfucionistas y cambió para siempre los fundamentos espirituales de buena parte de los pueblos orientales.

Taoísmo significa “literalmente” «enseñanza del camino» término tan poético como revelador del contenido sustancial que representa. Por una parte, dicho epígrafe nos habla de una enseñanza, es decir, una sabiduría que un ser carente de ella, aprende o aprehende; por lo tanto, para ser iluminado por ese conocimiento, con esa experiencia nueva y sorpresiva, es necesario ser receptivo a la vez que admitir, a través de una prospección interior autocrítica, que vivimos con numerosas carencias. Por otra parte, ese aserto nominativo nos conmina al camino, es decir, a la búsqueda, al movimiento, a la adaptación constante, pero no con la intención de encontrar al final del camino una meta concreta, sino con la intención de hacer de ese trayecto, —que es la vida— la propia meta.

«El haiku nos invita a comenzar un viaje». «En el fondo de todas las cosas hay algo que busca nuestro encuentro. Y el haiku nos invita a ese encuentro». Con estas palabras, el maestro Vicente Haya está balizando un camino que estábamos empezando a dilucidar en los párrafos anteriores, pero, ahondemos un poco más en los fundamentos del taoísmo para comprender mejor la estructura interna del haiku.

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El sistema de vida taoísta posee un “decálogo” cuyos conceptos parten de una idea de unidad absoluta y al mismo tiempo mutable denominada Tao, un factor que conforma la realidad suprema así como el principio cosmológico y ontológico de todas las cosas. “Unidad” y “mutable”, antes hemos hablado de una adaptación al camino en el haiku, ahí podemos encontrar esa mutabilidad o ese acercamiento a ella, mientras la concepción de unidad, por no perdernos en interpretaciones, puede darse en la simbiosis de fuerzas negativas y positivas de la naturaleza, en esa lucha perpetua del bien y el mal representada en el yin yang, símbolo por excelencia del taoísmo. Yin y yang son dos conceptos que exponen la dualidad de todo lo existente en el universo.  El yin es el principio femenino, la tierra, la oscuridad, la pasividad y la absorción. El yang es el principio masculino, el cielo, la luz, la actividad y la penetración. La interiorización de estos conceptos no sólo ha tenido lugar en la filosofía, sino también en la medicina. ¿Y en qué parte del haiku encontramos esa analogía? ¿De qué forma trasciende todo ese conocimiento a la poesía? En la polaridad interna. El haiku verdadero se equilibra en una lucha de contrarios, en un juego de contrastes que es visible en la vida misma:

Haciendo un fuego

bajo un nido de vencejos

¡la lluvia nocturna!

                                        Shirao

 

Entre términos aparentemente antitéticos surge un brillo de belleza inequívoca, lo que en la poética occidental es un recurso literario, en el haiku es una razón de ser. No siempre es reconocible en un haiku el calibrado por contrapesos, tampoco es indispensable, pero al introducir en un haiku elementos antagónicos, además de intensificar el desafío del haijin, estamos siendo más fieles a su verdadero espíritu.

Siguiendo con el concepto unificador del taoísmo, la unión a gran escala que postula también incluye, además de las fuerzas, a los seres, animales y cosas; unir lleva consigo compartir. Una de las máximas del haiku es trasladar una emoción vivida (aware), tal cual, sin adornos, con la finalidad de que otra persona sienta lo mismo que nosotros. Eso mismo es compartir. Esa pretensión generosa hace que escribir un haiku sea darse a los demás, vivir el haiku es algo iniciático, compartirlo es vocación de abrazo. Tratar de educar a nuestro yo egoísta, aniquilarlo, según palabras de Haya, es un ejercicio de honestidad con nosotros mismos que nos permite llegar desnudos a la humildad. El verdadero haijin se enfrenta a la naturaleza y advierte su propia insignificancia con su contemplación. Generosidad, humildad, silencio, factores en huída en esta sociedad pero imprescindibles para comprender el haiku y su procedencia del taoísmo.

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El verdadero haijin no pretende hacer literatura, pero se sirve de ella para trasvasar su testimonio-emoción-sabiduría. ¿Qué hay más hermoso que olvidarse de sí mismo y buscar la belleza para compartirla?

El haiku es una invitación a la reflexión a través de lo sensorial, por eso, la verdadera página de un haiku siempre será la piel.

[1] Otro libro de lectura imprescindible con respecto al taoísmo como cosmología del haiku es Chuang-Tzu, título que corresponde al nombre de su autor, el filósofo chino considerado el segundo taoísta más importante después de Lao Tse y heredero intelectual de este.

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