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Reseña publicada en el número 12 de la revista Planetas Prohibidos:

http://planetasprohibidos.blogspot.com/2016/01/revista-planetas-prohibidos-12.html

 

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Ficha técnica:

Título: Coherence

Director: James Ward Byrkit

Año de producción: 2013

Nacionalidad: Estados Unidos

Guion: James Ward Byrkit y Alex Manugian

Duración: 1: 27 minutos

Reparto: Emily Baldoni, Maury Sterling, Nicholas Brendon, Elizabeth Gracen, Alex Manugian, Lauren Maher

Género: Ciencia ficción, Thriller psicológico

James Ward Byrkit, a quienes los cinéfilos pueden recordar por dirigir cortos como Fractalus (2005), una rareza de género fantástico-filosófico —de 26 minutos de duración—, donde ya trabajó con el actor Maury Sterling, quien repite en Coherence; se estrena exitosamente en la dirección cinematográfica de largometrajes, y digo «exitosamente» porque Coherence, si alguna virtud tiene, es la de no dejar indiferente a nadie.

Piratas del Caribe: Cuentos del Código: Wedlocked (2006) fue otro corto dirigido por Byrkit, donde contó con el compositor de bandas sonoras Hans Zimmer, la producción del magnate hollywoodiense Jerry Bruckheimer y la interpretación de otra de las actrices de Coherence, Lauren Maher.

40.000 euros de presupuesto, un rodaje de cinco días y el salón de su casa como el —casi único— lugar donde se desarrollan los hechos de la película que nos ocupa, demuestran que Byrkit es un cineasta de recursos, unos recursos que, en este caso y sin ninguna duda, se sustentan sobre la viga maestra del guion.

Y es que, viviendo en una época donde la desmesurada utilización de los efectos especiales, los presupuestos fastuosos o los guiones malos o mediocres son salvados en taquilla por el tirón de actores de primera línea, ya no nos extrañamos de que estas  cosas están a la orden del día, por lo que es preciso valorar y agradecer que un cineasta —y más en el género fantástico— rompa esa baraja y se lance a la aventura con buenas ideas, valor y mucha templanza para mantener el tipo.

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Estrenada en el Festival de Sitges 2013, donde acertadamente fue premiada al mejor guion y proyectada en la Muestra SyFy 2014, el punto de partida de Coherence es una reunión de amigos que llevan tiempo sin verse, una reunión que tiene lugar en una típica casa americana ubicada en una villa, allí, los personajes se disponen a compartir la experiencia de ver pasar un cometa muy cerca de la tierra, hecho que les lleva a recordar un suceso acaecido en Finlandia en el año 1923. El paso de un cometa en aquel entonces hizo que los habitantes de un pequeño pueblo quedaran completamente desorientados, no encontraban su propia casa, olvidaban quienes eran, hasta el punto que una mujer llamó a la policía alertando de que el hombre que estaba en su casa no era su marido. Cuando llegó la policía le dijo a la señora que en efecto, el señor que había allí era a todos los efectos su marido y ella alegó que eso era imposible porque el día anterior lo había asesinado y había escondido su cadáver.

Dicha premisa original, la de una reunión de amigos y la cercanía de un cometa, me recuerda inevitablemente a una película española que comienza con los mismos ingredientes, Fin (Jorge Torregrosa, 2012), un intento fallido de ciencia ficción (a la española) que termina siendo un desfile de animales, por lo que Coherence se encuentra más en la línea de películas como Primer (2004), debut en el cine del matemático Shane Caruth; Otra tierra (Mike Cahill, 2011); Triangle (Christopher Smith, 2009) o Los cronocrímenes (Nacho Vigalondo, 2007), películas de género fantástico, de bajo presupuesto, con sólidas actuaciones y guiones entre lo especulativo y metafísico que funcionan por una conjunción de factores en equilibrio.

Coherence foto

La puesta en escena de Coherence es teatral, sobria, sin excesos de ningún tipo, rodada casi absolutamente en interiores, circunstancia que obliga a su director a mover la cámara —al hombro— de forma precisa y discreta, de manera que no entorpezca en ningún momento el natural transcurso de la trama. La técnica narrativa de Byrkit se apoya en transiciones bruscas en el montaje, cortes radicales o fundidos a negro que alimentan el desconcierto y la intriga del espectador por posibilitar las elipsis.

Es difícil reseñar una película como Coherence sin destripar su argumento, por eso, a partir de aquí, quien no haya visto la película y quiera conservar intacto su factor sorpresa, debe dejar de leer esta reseña.

¿Qué nos ocurriría si fuésemos uno de los protagonistas de la película y al salir de la casa, por la circunstancia que fuese, nos encontrásemos con alguien, alguien que resulta ser nosotros mismos? ¿Cómo estarían seguros, los habitantes de la casa, de que soy yo quien regresa con ellos y no es la copia de mí mismo? Encontrarse a sí mismo, literalmente, es casi más aterrador que ser sorprendido por un monstruo horrendo o un asesino despiadado, ¿cómo afrontaría nuestra mente un hecho así?

Desde el primer momento en que tal contacto ocurriese en un mismo presente, el sistema cuántico se rompería y la realidad,  que se habría decantado por una de las muchas opciones posibles, se volvería caótica e incoherente, provocando con ello un conflicto que probablemente terminaría en tragedia. Una curiosa característica que propone la física cuántica es que el mero hecho de observar contamina el experimento observado (principio de incertidumbre) y define una realidad frente a las demás. Einstein expresaba así su desconcierto: “¿quiere esto decir que la Luna no está ahí cuando nadie la mira?”

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A esta tesitura se enfrentan los personajes de Coherence, cuya trama fantástica, va creciendo exponencialmente a la par que la trama humana de sus personajes, un doble argumento inflacionista cuya atmósfera, in crescendo, consigue mantener alerta en todo momento a los espectadores.

¿Pero qué puede provocar algo así? En la película, el hecho de que un cometa, denominado «Miller» se aproxime a la tierra es el macguffin que —a priori— desencadena tales hechos. Pero su director, quien también escribe el guion junto a Alex Manugian, va más allá en su justificación de lo improbable y añade a su propuesta, nada más y nada menos que la —posible— existencia de universos paralelos, algo que defiende la Teoría de Cuerdas.

La película Frequency (Gregory Hoblit, 2000), ya especulaba con un posible contacto (aunque no físico) entre universos paralelos a través de un elemento energético como factor desequilibrante, en este caso, la aurora boreal; pero Byrkit, yendo más allá en su arriesgada ópera prima, introduce dos conceptos físicos más: “colapso de la función de onda” y “decoherencia cuántica”, por ello lo del título.

Este proceso de tránsito de la realidad cuántica a nuestra realidad clásica, llamado «decoherencia», es el responsable de que veamos el mundo tal y como lo conocemos, es decir; como una única realidad.

¿Qué ocurriría si ese «contacto» entre realidades paralelas fuese a nivel físico, es decir, simultáneo? En la película, para tratar de racionalizar tal cisma se postula la famosa paradoja del gato de Schrödinger, publicada en el año 1935. Una de las variantes más sencillas e interpretación contraintuitiva de la mecánica cuántica incluida en la paradoja del Premio Nobel  Erwin Schrödinger (Austria, 1887/1961), es:

«Una caja cerrada y opaca contiene un gato en su interior, una botella de gas venenoso y un dispositivo, el cual contiene una sola partícula radiactiva con una probabilidad del 50% de desintegrarse en un tiempo dado, de manera que si la partícula se desintegra, el veneno se libera y el gato muere.

Al terminar el tiempo establecido, hay una probabilidad del 50% de que el dispositivo se haya activado y el gato esté muerto, y la misma probabilidad de que el dispositivo no se haya activado y el gato esté vivo. Según los principios de la mecánica cuántica, la descripción correcta del sistema en ese momento (su función de onda) será el resultado de la superposición de los estados «vivo» y «muerto» (a su vez descritos por su función de onda). Sin embargo, una vez que se abra la caja para comprobar el estado del gato, éste estará vivo o muerto.

Sucede que hay una propiedad que poseen los electrones, de poder estar en dos lugares distintos al mismo tiempo, pudiendo ser detectados por los dos receptores y dándonos a sospechar que el gato está vivo y muerto a la vez, lo que se llama Superposición. Pero cuando abramos la caja y queramos comprobar si el gato sigue vivo o no, perturbaremos este estado y veremos si el gato está vivo, o muerto.

Ahí radica la paradoja. Mientras que en la descripción clásica del sistema el gato estará vivo o muerto antes de que abramos la caja y comprobemos su estado, en la mecánica cuántica el sistema se encuentra en una superposición de los estados posibles hasta que interviene el observador, lo que no puede ser posible por el simple uso de la lógica. El paso de una superposición de estados a un estado definido se produce como consecuencia del proceso de medida, y no puede predecirse el estado final del sistema: solo la probabilidad de obtener cada resultado. La naturaleza del proceso sigue siendo una incógnita, que ha dado lugar a distintas interpretaciones de carácter especulativo».

Como pueden comprobar, la tensión y el misterio están servidos. Si a eso añadimos un inquietante y casi impredecible final, motivado por el factor emocional de uno de sus protagonistas, tenemos un cóctel que hace presagiar una carrera interesante para James Ward Byrkit, quien está escribiendo en la actualidad y junto a Alex Manugian de nuevo, el guion de —la esperada por los seguidores del universo Jim Henson—, Fraggle Rock, la película.

Coherence es ya considerada una película de culto en el género fantástico, probablemente yo no alcance a tanto en mis calificaciones, pero sin duda la considero una película recomendable que merece un debate tras su visionado.

portada de Coherence

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