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Título: Las Identidades

Autor: Felipe Benítez Reyes

Género: Poesía

Editorial: Visor

Año de publicación: 2013

Número de páginas: 113

La editorial Visor, en su colección de poesía “Palabra de Honor” dirigida por Luis García Montero y Jesús García Sánchez, nos ofrece en su número 19, Las Identidades, el poemario de Felipe Benítez Reyes. Una estimable edición en tapa dura, con páginas gruesas y utilización de tinta roja, que alberga un retrato del autor en sus primeras páginas firmado por Juan Vida.

Hace ya bastante tiempo que las publicaciones de Benítez Reyes en al ámbito poético son de obligada recomendación. Para algunos, es imprescindible desde Los vanos mundos, publicado en el año 1985, para otros lo es desde Sombras particulares, año 1992 y para todos (o eso creo), a partir de Vidas improbables, en el año 1995, su trabajo más reconocido.

Es por todos conocida la versatilidad de este roteño inquieto, creador de una vasta obra que incluye traducciones a Nabokov o Elliot, y cultivador de todos los géneros de la literatura, en muchos casos, con éxito rotundo. Pero si tenemos que definir a este autor con tan sólo una palabra, esta sería “prolífico”. Sólo él es capaz de, en un mismo año, publicar tres ensayos de gran calibre, o dos novelas de peso y altura, doblete que ha repetido hasta en dos ocasiones, incluyendo entre sus títulos la magnífica El novio del mundo. En tres ocasiones ha publicado dos poemarios el mismo año y ha ganado el mismo año dos premios de prestigio. Sin duda un osado e incombustible literato sin parangón.

Las identidades, engloba la poesía de Benítez Reyes comprendida entre los años 2006 y 2012, y está dividido en tres bloques bien diferenciados: “los protocolos inversos” “actualidades y símbolos al paso” y “entre sombras y bosquejos”.

En la primera parte encontramos un discurso poético que subraya todos los matices que nos devuelve el espejo y que se convierten, en los versos de Benítez, en igual de lícitos o ilícitos que la figura original que ante el espejo se coloca. A veces, en las preguntas que formulamos está la misma respuesta. No hay verdad ni mentira, sólo la experiencia que tenemos de ello. El poema “inacción de gracias”, el primero del libro, habla con optimismo acerca de las gracias que por culpa del egoísmo o la ignorancia nunca se transmiten, invita  a ver el lado bueno de las cosas, al mismo tiempo que redunda en el juego de palabras (un tanto arriesgado y no siempre brillante) que se niegan y afirman entre ellas y que estará presente en todo el poemario. Buen ejemplo de ello son estos versos finales: …cuídate tú de ti para ser nadie. / Custodia tu ser nadie de ti mismo.

En “aprendizaje del espejo” la certidumbre de su lectura nos aboca al que debería ser su verdadero título “desaprendizaje del espejo”. Porque podemos pensar que existen los conocimientos ciertos, pero no podemos constatarlos. Misma afirmación que en “conjetura”, tal vez no seamos capaces de absorber y comprender la pureza de las cosas, no por ignorancia, sino porque en una vida no hay tiempo suficiente.

“Mitos” es un poema de transición, en el que tras una letanía mitológica de entidades que podemos ser, volvemos a la incertidumbre de no saber qué somos. Y es que en este poemario, hay una presencia omnipresente y soberana de la niebla, una bruma bituminosa que a todo impregna, un personaje más, y no es otra cosa que la duda. Una duda encarnada en el velo natural que a todos nos confunde.

Tras el bello título: “La eternidad contenida en los puntos suspensivos” comienza el poema: Los pensamientos interrumpidos / se ajustan con precisión a lo que somos, y nace la metáfora metapoética de una deriva perpetua, una divagación, que será el argumento principal de este poema, como del último y más extenso poema de este bloque “la divagación”.

El segundo bloque “actualidades y símbolos al paso”, como el propio nombre indica, trata de temas de actualidad como: la pobreza, el dinero, la crisis por la especulación, la familia real, con pinceladas de poesía social enmascarada por la sobriedad de la poesía de la experiencia. “Playa de Rota, Octubre de 2003” habla del naufragio de una patera, “Real sitio” de la hipocresía monárquica, “Dinero” es una crítica a la opulencia. El poema “Mirlos” es el único al que no encuentro justificación en el desarrollo contextual del bloque. Un bloque en el que también alternan las estampas de viaje o apuntes paisajísticos con los mensajes subliminales de denuncia. Buena muestra de ello son: “Palacio de Invierno, San Petersburgo” donde después de rememorar con precisión y belleza la ornamental arquitectura del interior de un palacio, aparece el brusco y cruel contraste de la miseria humana. “Postal del Báltico” “Nápoles, plaza Garibaldi” y el magnífico “Lectura de Lisboa” son excelentes muestras de la agreste configuración nostálgica de una mirada itinerante, que en ocasiones utiliza como pretexto para homenajear.

“Entre sombras y bosquejos” el tercer y último bloque del poemario, está escrito en un tono más evocador e intimista, más cercano a anteriores poemarios del autor, como por ejemplo: “Equipaje abierto”, y en él expresa la incertidumbre del devenir y la nostalgia de lo ocurrido. “Monólogo interior” “Una perspectiva” y “Las identidades” son una continuación de ese axioma que constata la certeza de la duda, una duda en la que se instala el yo lírico para no dejarse arrastrar por las tentaciones inefables. En el poema “Los ecos” sigue ese temor a abandonar la niebla y afrontar la certidumbre: Son las simetrías anómalas, / las rimas imperfectas de uno mismo y el mundo. / Son los ecos del tiempo, como digo: / todo aquello que sabemos de dónde viene, / pero no adónde va.

Si alguna carencia tuviese que encontrar en esta obra coherente con la bibliografía de su autor, sería la pasión. No hace falta hablar de amor para ser apasionado, todo lo expresado en esta aventura poética está perfectamente redactado, desde la semántica al ritmo, pasando por el léxico o la riqueza de figuras retóricas, pero yo extraño no encontrar esa chispa que provoca el fuego en la imaginación del lector, hallo estas identidades elaboradas desde el formalismo más arriesgado que permiten los manuales, pero quizá sea una apreciación personal. Recomiendo a todo el mundo su lectura, ya que la limpieza en el lenguaje de Felipe, su precisión de cirujano a la hora de encontrar metáforas o dibujar detalles, es hoy sólo alcanzada por los grandes.

Espero que sea cierta la noticia que el propio autor reveló en la presentación de su libro,  y es que esta obra le sirva de punto de inflexión en su carrera poética y que tras haberla culminado llegue la hora de hacer algo distinto. Todavía recuerdo la enorme capacidad de creación que demostró Benítez Reyes en el año 2005 cuando publicó su única obra teatral Los astrólogos errantes, leyenda en verso en tres actos, o en el año 2010, cuando publicó: Formulaciones tautológicas, una obra considerada de género híbrido, al contener texto y collage, técnica dominada por el autor de Mercado de espejismos.

Si existe un autor contemporáneo capaz de escribir una obra capital en cualquiera de los géneros de la literatura, ese es Felipe Benítez Reyes, un referente que habiendo recogido el testigo de sus predecesores, los novísimos, busca un sendero, cual Prometeo, hacia un clasicismo modernista.

 

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