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portada fuera de campo

 

foto pablo garcía

 

Título: Fuera de campo

Autor: Pablo García Casado

Género: Poesía

Editorial: Visor

Número de páginas: 181

Año de publicación: 2013

 

Los amantes del «realismo sucio» están de enhorabuena,  ya que la editorial Visor presenta la compilación poética de García Casado, un trabajo dividido en tres partes que engloba diez años de su poesía. El buen olfato de Sergio Gaspar al frente de la desaparecida «DVD Ediciones» es algo —a estas alturas— incuestionable, y fruto de esa apuesta, muchos poetas españoles, entre ellos, Pablo García Casado, dieron sus primeros pasos como escritores amparados en ese fraternal sello, un sello que ganó su prestigio con esfuerzo y perspectiva de futuro, apostando muchas veces por autores noveles y su legado es un preciado bien que ahora literariamente “compran” otras editoriales.

El poeta y periodista Antonio Lucas (Madrid. 1975) autor de Los mundos contrarios (XXX Premio Internacional Ciudad de Melilla) firma una introducción a los versos de Casado en forma de prólogo muy acertado, no escatima en adjetivos precisos que definen lo inclasificable del autor, la extraña naturaleza de sus poemas en prosa, pero además nos regala una frase antológica que bien podría ser el primer o último verso de un soneto de belleza insultante, frase que además describe quizá parte de las pretensiones de este libro: La vida en su imprevista transparencia.

Pablo García Casado nació en Córdoba, en el año 1972, con veinticinco años publicó su primer y celebrado poemario Las afueras (DVD Ediciones, 1997) que fue merecedor del I Premio Ojo Crítico de RNE, una obra que irrumpía por su rebeldía y su descaro en un panorama ávido de experiencias nuevas; la propuesta del joven poeta ya sentó las bases de una poética tan desencantada como turbadora, anclada en ese realismo sucio que comentábamos al principio. El lirismo de García Casado dista mucho de referir a cánones estéticos, métricas o retórica, su voz es un breve encuadre que prescinde de ornamentos y se reafirma de crudeza para contar algo desagradable, y es que el poeta acerca el zoom de su cámara para fijarse en cotidianeidades de habitantes de los extrarradios que reafirman el porqué de un mundo deshumanizado y casi post apocalíptico. Para tratar de subyugar al lector en su descripción del desaliento, Casado se vale de poemas cortos, narrativos, utiliza el justo lirismo para que el poemario no se convierta en un libro de microrrelatos, porque el poeta nos hace saber sus impresiones a través del relato de una historia, una historia contada en diferentes secuencias que hace trabajar la mente del lector dado su gran número de elipsis, referencias, sugerencias o ironía. Al igual que en un libro de microrrelatos, la importancia del título de los poemas es vital, porque sin él, muchas veces no sabríamos en qué parte de la historia nos encontramos, ni qué se nos quiere transmitir. Casado renuncia a puntuar sus escritos con puntos ni comas en una arriesgada puesta en escena de la que sale airoso; su ocurrencia, hace que las elipsis sean más visibles y que sea imposible hacer una lectura rápida de sus poemas, lo cual es propicio para la reflexión y para el poso. La cultura audiovisual de García Casado es un hecho fehaciente en sus textos, en este caso, la frase que da título al volumen es un término cinematográfico que alude a lo que no se encuentra en la imagen encuadrada por el objetivo de una cámara, esa realidad no contada, adquiere un peso relevante en el transcurso de sus versos, y está muy bien descrita en la ilustración que José María García Parody ha prestado para componer la cubierta del libro con la mayor sencillez. García Casado es en la actualidad director de la Filmoteca de Andalucía, tarea que le ha permitido organizar talleres, retrospectivas de cineastas y coloquios invitando a poetas y escritores en un intento por acercar la Poesía al Cine o el Cine a la Poesía, artes que —para muchos— nunca se han separado. La mirada cinéfila de García Casado puede entreverse muchas veces en la colocación o supresión del yo lírico, como por ejemplo: lentos los automóviles buscan un solar en las afueras / cada uno se adueña de su propio pedazo de cielo / en las líneas vacías de los planes urbanísticos. Su traición a la prosa es descrita en ocasiones desde el gráfico punto de vista de sus personajes, o de manera afín a un libreto teatral, como por ejemplo, en estos versos: será hijoputa! qué hago? Que qué haces? / Ponte las bragas y vístete yo cojo las llaves / y arranco deprisa! No vayamos a salir / en este poema. Son diálogos textuales en la ausencia del yo lírico, sin puntos ni comas, llenos de ordinariez, escatológicos, con tintes de metapoesía, no muy disímiles a cómo figurarían en un guion literario, pero sin duda, transmiten inmediatamente toda la visceralidad de una escena en la que el fracaso y los instintos son parte del escenario, un escenario que trasciende su rol de lontananza y va configurándose el protagonista absoluto del mensaje.

Otra técnica que emplea reiteradamente García Casado es el encabalgamiento, esa omisión de la pausa final de un verso dota a sus narraciones de ritmo y acrecienta la angustia. Recursos de lo más variado para acometer la tarea de narrar todo el pesimismo y desencanto que adolecen los actuales citadinos empadronados en suburbios, un ejercicio de posmodernismo que en algunos pasajes desafía las leyes de la racionalidad y del buen gusto.

El mapa de América (DVD Ediciones. 2001) es otro de los bloques que componen el conjunto, el segundo poemario de García Casado si no contamos El poema de Jane que fue previo a su debut con Las afueras y vio la luz en forma de “plaquette” al amparo del Ateneo de Gijón; un racimo de trece poemas que ya vaticinaban  el corte existencialista y truculento de su poética. Aquí, el poeta cordobés mantiene sus constantes, no hay puntuación de puntos ni comas, sí encabalgamiento, los poemas son algo más extensos y parece que buscan una evolución más narrativa, ningún texto comienza en mayúscula, no hay principio ni final, y los títulos son en su mayoría coordenadas para ubicarnos en el espacio-tiempo del territorio americano. Si en Las afueras la figura del automóvil tenía una importancia capital, al ser casi la «sancta sanctorum» desde donde se contemplaban o donde transcurrían todos los sucesos, en El mapa de América se consolida este icono añadiendo a sus prestaciones la de ser vehículo, no sólo físico, sino como metáfora de libertad y autonomía, elemento de rango, escenario, por lo que podemos afirmar que El mapa de América es un road book en toda regla: y tu voz al oído es tan dulce que saqué / todo el dinero del banco me compré un Ford / y me puse a conducir por las vastas extensiones.

Como presagiando el tremendo varapalo económico mundial que sufriríamos a partir de entonces como sociedad, García Casado publicó Dinero (DVD Ediciones. 2007) su tercer poemario y tercer bloque del libro, una prolongación temática de los dos anteriores que sigue redundando en los coches, las oposiciones, el desarraigo, y también en las preocupaciones que debería tener un alter ego de la edad del autor, por lo que creo que la poética de Casado está intrínsecamente ligada a su proceso evolutivo. En este bloque,  paradójicamente, el poeta retorna al origen de la puntuación formal, los versos se transforman en oraciones y las estrofas se convierten en párrafos, adquiriendo ya toda la entidad de microhistorias en prosa que aspiran —con el beneplácito y apoyo del lector— a ser poesía. García Casado reconoce en su página de agradecimientos que Javier Fernández le ayudó a pensar en «no poemas», una concepción poética que yo colocaría entre el antipoema de Nicanor Parra y la prosa poética o microrrelato, bailando entre los géneros y buscando su lugar propio.

No sé si será necesario, para tratar de transmitir una emoción al lector —y menos tratándose de literatura— quitar recursos al lenguaje en lugar de enriquecerlo, la coma y el punto no impiden la comprensión de una elipse, abusar del encabalgamiento para dotar de dinamismo al texto para después ralentizarlo con la falta de puntuación son decisiones que, a título personal, yo tomaría para algún texto concreto, pero hacerlo en un libro completo, en un poemario, es todo un desafío. Lo mismo que utilizar la ordinariez y el esperpento como lenguaje sistemático para describir lo grotesco, son demasiados riesgos, a mi juicio, para acometer una trilogía casi monotemática, pero sin duda, es un camino que a García Casado le ha funcionado y hoy goza de un prestigio envidiable en el género como uno de sus mejores creadores.

 

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