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Título: Cuarto solo

Autora: Sonia Aldama Muñoz

Género: Poesía

Editorial: Aflora Libros

Número de páginas: 65

Año de publicación: 2013

Sonia Aldama Muñoz nació en Madrid el 25 de Marzo de 1973, es licenciada en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid. Ha estudiado en la Escuela de Escritores de Madrid y en el Hotel Kafka donde cursó su Máster de Escritura Creativa. Es coautora del libro de relatos “Atocha 17:15” (editorial Libros en Red). Ha publicado cuentos en varias antologías editadas por: “Adamar” o “Minor Network” entre otras.

La sugerente portada de “Cuarto solo” el primer libro de poesía publicado por esta madrileña afincada en Guadalajara, es una fotografía de Rafa Turnes que ilustra unos pies desnudos caminando sobre unas tablas de madera mojada por la espuma del mar, con esta evocadora instantánea en blanco y negro Turnes ilustra a la vez que vaticina lo sensorial del poemario; el claroscuro, las texturas, la naturaleza, un bello trabajo de Rafa quien estuvo presente en la presentación en sociedad del libro. Las seis ilustraciones interiores, realizadas por: Silvia Domínguez Hernán y Guadalupe Aldama Muñoz, también respiran ese aroma del claroscuro que ofrece el carboncillo y retratan, de alguna manera, esa gama de sabores que ofrece la portada: nariz y labios (olfato y gusto), pies desnudos (el tacto de la piel) y flores (naturaleza). Las flores abundan por todo el poemario: margaritas, magnolias, lotos, rosas, violetas…etc, flores que para Muñoz son un símbolo de la luz, el color, la vida y la energía que transmite este libro de poemas.

El poeta chileno Guido Eytel firma el prólogo del libro y en su breve intervención elige subrayar la densidad de lo que Aldama deja fuera de campo a la hora de encuadrar sus versos, una vibración inquietante de memorias y fuegos que se esconden detrás de las vivencias cotidianas.

Un breve poema de Alejandra Pizarnik cuyo título ha cogido prestado Sonia para su poemario dilucida unas premisas clave, quizá para averiguar las motivaciones que llevaron a la autora a escribirlo; una habitación de paredes viejas, soledad, el confinamiento del tedio enroscado en el miedo, y la alargada sombra de la esperanza que incita a la liberación a través de la creación.

Como antesala al primer poema, encontramos unas palabras de la autora que me recordaron inevitablemente a otra madrileña y poeta ilustre, Gloria Fuertes. Sus palabras, hablando de sí misma, resolvieron en mi mente las mismas sensaciones que me abrumaron cuando Gloria escribió aquella maravillosa autobiografía que comenzaba así: “Gloria Fuertes nació en Madrid a los dos días de edad…”. Y por si fuera poco, tras leer ese pequeño texto introductorio (un acierto absoluto) y degustar frases como: “Nací en hilera de hormigas…” “Fui colonia de pájaros sin voluntad…” “Habité un enjambre de abejas…”, volvieron a mi mente las abstractas imágenes del mejor Huidobro en “Altazor”. En los versos de Aldama hay un trasunto incontestable de la naturaleza, la rotundidad de lo sagrado irrumpe en el mundo interior del ser humano provocando esas tremendas metáforas visuales.

El poemario lo vertebran 23 poemas consecutivos, sin estructurar por bloques, algunos de ellos sin título, desdeña la métrica y la rima y se expresa en verso libre, poemas de corta extensión con versos no muy extensos con predominio del arte menor.

Hábito de estas manos/manchadas/en equinoccio azul.” Magistral comienzo para un libro de poemas, un surrealismo pictórico invade por completo los versos de Sonia, una abstracción quizá influida por un Mestre referencial, a quien Aldama rinde pleitesía en su sección de agradecimientos.

Muchos de los poemas del volumen están dedicados a familiares y amigos, el amor y la gratitud conforman el eje y la motivación primordiales, por lo que el conjunto goza de una sinceridad y simpatía que hacen apacible su lectura.

Tu fuego arde/como llama bailarina,/ pábulo incandescente/que alcanza el aire”. Romanticismo, nostalgia, erotismo, destilado en cuidadas gotas de un perfume arrebatador, una fragancia trascendida del proceso vital que subyuga al lector por su encanto y dulzura: “Derrotados, mudos/sobre aguas muertas/navegábamos entonces,/ solos/alcanzamos la otra orilla”.

En líneas generales “Cuarto solo” es un canto a la familia y a la belleza de sentirse vivo, una apología del ser como aventura del yo poético descrita a través del sentir de un alma en carne viva. Agrestes paisajes, telúricas sensaciones, el crisol de texturas que nos ofrece la vida envueltos por la sutil gasa de la inspiración, la inspiración de una artista que las une a todas ellas, las concilia por y para nosotros en un intento por eclosionar esa conciencia dormida que nos ofrezca el amor como concepto universal y evite que cualquier otro ser, por desdichado que fuese, jamás vuelva a sentirse en un cuarto, solo.

 

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