Archivos para noviembre, 2015

 

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Título: Caso perdido

Autor: Sergio Arlandis

Género: Poesía

Editorial: Renacimiento

Año de publicación: 2010

Número de páginas: 57

ISBN: 978-84-847-2513-8

Como si de una conjunción de estrellas se tratara, el jurado que decidió premiar este libro de poemas lo formaron: Ricardo Bellveser, Guillermo Carnero, Carlos Marzal, Vicente Gallego y Antonio Hernández.

Sergio Arlandis nació en Quart de Poblet (Valencia) allá por el año 1976, por lo que, a mi entender, pertenece a una de las generaciones más interesantes y a tener en cuenta en la actual poesía valenciana. Es filólogo y docente de Literatura en la Universidad de Valencia, en el año 2007 se encargó del Diccionario de Autores Valencianos de la Biblioteca de Valencia, y además de gran poeta es un gran teórico de la poesía, algo tan poco común hoy en día como necesario. En sus publicaciones, los estudios literarios superan a los poemarios: “Vicente Aleixandre” (2004), los dos tomos de “Verso a verso” (2004-2005), “Mapa. Treinta poetas valencianos en la democracia” (2009), la edición crítica de “Las brasas” de Francisco Brines, o la “Cenotafio, Antología poética” de Jaime Siles (2010). Su poemario anterior al presente es: “Cuando sólo queda el silencio” Ayuntamiento de Mislata (1999).

Caso perdido está estructurado en tres partes: “Nada en particular”, “Caso perdido” y “Anunciación de la carne”, un solitario poema “Coda” es el broche que cierra el conjunto. Ya en las primeras páginas, y antes de llegar a los primeros versos, Arlandis comienza a sincerarse con el lector a través de nombres propios como por ejemplo: Evangelina Rodríguez, a quien va dedicado el primer bloque, con quien trabajó en la exhaustiva redacción de: léxico y vocabulario de la práctica escénica en el teatro de los siglos de oro: hacia un diccionario crítico e histórico. fase I y II. Seguidamente encontramos dos citas de apertura, una de Marco Aurelio y otra de Vicente Aleixandre. Recordemos que el premio nobel ha motivado numerosos estudios del poeta valenciano sobre su vida y obra por lo que el respeto y la admiración sentidos a Aleixandre son tan enormes que lo convierten en un referente no confesado. Y llegamos a la dedicatoria del primer poema “Nada en particular” a Carlos Alcorta, el poeta de Torrelavega, autor de: Sol de resurrección, con quien Arlandis ha compartido ponencias y ha declarado en varias ocasiones ser admirador de su obra. Por tanto entramos en los primeros versos condicionados a ser sorprendidos por anotaciones que nos hagan rememorar tiempos pasados, las huellas de un pasado que permanecen imperturbables en el presente. “Nada en particular” narra la duda existencial del yo lírico a través de la metáfora de la realidad que lo rodea, así abril nunca sabremos si es abril verdaderamente, y por tanto es inútil afirmar que lo es y cómo lo es: Es injusto —será siempre— / sobrevivir sin más alegato, / como si faltaran pruebas / de que abril no es abril…

En el poema “El regreso” el poeta sueña con volver a instaurar la alegría en la vida, una alegría necesaria que necesita de paciencia para tejer sus costuras a las nuestras: Propongo la feliz paciencia siempre, / tejer su manto en las enjutas noches / de su delgada ausencia. El poeta adolece el estigma del paso del tiempo, muy presente en toda la obra y cree que ese devenir nos traerá consigo una ligera recompensa: El tiempo nos hará en la espera a su imagen, / y sonrisa en los labios de la tierra.

Los poemas: “Aroma” “La maldición” así como el segundo bloque del poemario “Caso perdido” van dedicados a sendos ex futbolistas del Valencia C.F; Juan Manuel Mata, Fernando Gómez Colomer y José Manuel Sempere respectivamente. Sin duda es un tributo a personajes que marcaron la vida del autor a su paso por el Valencia C.F como jugador, ya que Arlandis fue jugador de fútbol tanto del Valencia como del Xátiva, Tenerife…etc.

En “Recuento de bajas” como si de una guerra contra la soledad se tratara, el autor hace balance de los daños sufridos, de los seres y valores perdidos en su sangrada contienda: “Cierro el almanaque: / las fechas son contadas heridas”, “los días estallan / sin color de fondo”, “…solo este acto erróneo de recuerdo, / estos versos que nada curan / de su hemorragia”. Sergio, tanto en este poema como en “Regla” protesta en sintonía con Gamoneda y su concepción de la vida como un error. Recordar, vivir, soñar, son cosas que no deberían estar ocurriendo en el natural transcurso de las cosas, cada segundo de vida es un milagro, un milagro empapado de su consciente y efímera existencia. Este mismo poema va dedicado a Fernando Operé, autor del poemario Salmos de la materia (Madrid, año 2000), y compañero de Arlandis en su etapa docente en la Universidad de Virginia, en Estados Unidos.

Ya en el segundo bloque encontramos una cita de José Luis Hidalgo, poeta, ensayista, pintor y grabador español nacido en Torres, Cantabria en 1919. Hidalgo, a pesar de haber vivido 28 años, brilló en la llamada “Quinta del 42” junto a poetas como José Hierro y ha sido estudiado por Arlandis y difundido en varias conferencias.

El poema “Realidad usada” título que también enuncia el blog personal de Sergio Arlandis, dedicado entre otras cosas a la crítica literaria, es un poema que se hermana con la coda final del poemario, ya no por lo parecido de su título si no por la impregnación que ambos textos reciben por parte de la soledad. Una soledad que pretende profanar la extensa y rica sustancia de la memoria sembrando en nuestros corazones el vacuo contenido del olvido, la nada. “Realidad usada” está dedicado a Miguel Ángel García, con quien Arlandis colaboró en la redacción de Olvidar es morir: nuevos encuentros con Vicente Aleixandre. Miguel Ángel, desde la Universidad de Granada escribió un precioso artículo sobre el poemario Caso perdido de Arlandis, publicado en la revista semestral de humanidades y ciencias sociales “El genio maligno”.

Como si de un estudio antropológico se tratara, Arlandis nos va sumergiendo con su poemario en un encadenamiento de inquietudes humanas, desde: la muerte, el tiempo, la soledad o la nada, hasta el amor, la memoria, el miedo,  el sueño o el erotismo. En “Sentencia” los breves versos de Sergio dilapidan al protagonista de un sueño, que no es más que un alter ego del autor, que necesita de la maravilla onírica para soportar la crueldad y sordidez de su vida real.

En “Las pruebas del crimen” el autor exculpa a  los artistas que como él se escudan en la escritura como terapia: “Pero ten claro que todo lo escrito / fue siempre en defensa propia”. “Cárcel de sombra” asevera que la condición humana, los reversos ocultos, esa oscura parcela del que vive, no es menos impropia al amor como a cualquier otra cosa, y nada que pensemos, sintamos o imaginemos podrá escapar a ese influjo sombrío que todos llevamos dentro.

En definitiva, Caso perdido, a pesar de ser un poemario de no muchas páginas, posee un elevado peso metafísico, como la tremenda fuerza con que arrastra las piedras un oculto río subterráneo, hay una precisión en la palabra y en el punto de vista que eleva a la categoría de poesía aluviones de renglones escritos. Hay una necesidad de explicar el porqué de la melancolía, el porqué de un pesimismo implícito, un afán por separar el caos para ordenarlo, así como una musicalidad en su discurso. Espero que Arlandis, afincado de nuevo en Valencia, a pesar de seguir dedicando la mayoría de sus publicaciones a la investigación y difusión de la literatura (aunque también se aventure en labores de edición) siempre tenga el detalle de escribir un poemario, aunque sea cada diez años, que es el tiempo transcurrido entre sus dos primeros poemarios, ya que para mí, la poesía necesita de ambas cosas, teoría y práctica, y en ambos terrenos Sergio Arlandis es un valor seguro.

 

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Título: Cuarto solo

Autora: Sonia Aldama Muñoz

Género: Poesía

Editorial: Aflora Libros

Número de páginas: 65

Año de publicación: 2013

Sonia Aldama Muñoz nació en Madrid el 25 de Marzo de 1973, es licenciada en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid. Ha estudiado en la Escuela de Escritores de Madrid y en el Hotel Kafka donde cursó su Máster de Escritura Creativa. Es coautora del libro de relatos “Atocha 17:15” (editorial Libros en Red). Ha publicado cuentos en varias antologías editadas por: “Adamar” o “Minor Network” entre otras.

La sugerente portada de “Cuarto solo” el primer libro de poesía publicado por esta madrileña afincada en Guadalajara, es una fotografía de Rafa Turnes que ilustra unos pies desnudos caminando sobre unas tablas de madera mojada por la espuma del mar, con esta evocadora instantánea en blanco y negro Turnes ilustra a la vez que vaticina lo sensorial del poemario; el claroscuro, las texturas, la naturaleza, un bello trabajo de Rafa quien estuvo presente en la presentación en sociedad del libro. Las seis ilustraciones interiores, realizadas por: Silvia Domínguez Hernán y Guadalupe Aldama Muñoz, también respiran ese aroma del claroscuro que ofrece el carboncillo y retratan, de alguna manera, esa gama de sabores que ofrece la portada: nariz y labios (olfato y gusto), pies desnudos (el tacto de la piel) y flores (naturaleza). Las flores abundan por todo el poemario: margaritas, magnolias, lotos, rosas, violetas…etc, flores que para Muñoz son un símbolo de la luz, el color, la vida y la energía que transmite este libro de poemas.

El poeta chileno Guido Eytel firma el prólogo del libro y en su breve intervención elige subrayar la densidad de lo que Aldama deja fuera de campo a la hora de encuadrar sus versos, una vibración inquietante de memorias y fuegos que se esconden detrás de las vivencias cotidianas.

Un breve poema de Alejandra Pizarnik cuyo título ha cogido prestado Sonia para su poemario dilucida unas premisas clave, quizá para averiguar las motivaciones que llevaron a la autora a escribirlo; una habitación de paredes viejas, soledad, el confinamiento del tedio enroscado en el miedo, y la alargada sombra de la esperanza que incita a la liberación a través de la creación.

Como antesala al primer poema, encontramos unas palabras de la autora que me recordaron inevitablemente a otra madrileña y poeta ilustre, Gloria Fuertes. Sus palabras, hablando de sí misma, resolvieron en mi mente las mismas sensaciones que me abrumaron cuando Gloria escribió aquella maravillosa autobiografía que comenzaba así: “Gloria Fuertes nació en Madrid a los dos días de edad…”. Y por si fuera poco, tras leer ese pequeño texto introductorio (un acierto absoluto) y degustar frases como: “Nací en hilera de hormigas…” “Fui colonia de pájaros sin voluntad…” “Habité un enjambre de abejas…”, volvieron a mi mente las abstractas imágenes del mejor Huidobro en “Altazor”. En los versos de Aldama hay un trasunto incontestable de la naturaleza, la rotundidad de lo sagrado irrumpe en el mundo interior del ser humano provocando esas tremendas metáforas visuales.

El poemario lo vertebran 23 poemas consecutivos, sin estructurar por bloques, algunos de ellos sin título, desdeña la métrica y la rima y se expresa en verso libre, poemas de corta extensión con versos no muy extensos con predominio del arte menor.

Hábito de estas manos/manchadas/en equinoccio azul.” Magistral comienzo para un libro de poemas, un surrealismo pictórico invade por completo los versos de Sonia, una abstracción quizá influida por un Mestre referencial, a quien Aldama rinde pleitesía en su sección de agradecimientos.

Muchos de los poemas del volumen están dedicados a familiares y amigos, el amor y la gratitud conforman el eje y la motivación primordiales, por lo que el conjunto goza de una sinceridad y simpatía que hacen apacible su lectura.

Tu fuego arde/como llama bailarina,/ pábulo incandescente/que alcanza el aire”. Romanticismo, nostalgia, erotismo, destilado en cuidadas gotas de un perfume arrebatador, una fragancia trascendida del proceso vital que subyuga al lector por su encanto y dulzura: “Derrotados, mudos/sobre aguas muertas/navegábamos entonces,/ solos/alcanzamos la otra orilla”.

En líneas generales “Cuarto solo” es un canto a la familia y a la belleza de sentirse vivo, una apología del ser como aventura del yo poético descrita a través del sentir de un alma en carne viva. Agrestes paisajes, telúricas sensaciones, el crisol de texturas que nos ofrece la vida envueltos por la sutil gasa de la inspiración, la inspiración de una artista que las une a todas ellas, las concilia por y para nosotros en un intento por eclosionar esa conciencia dormida que nos ofrezca el amor como concepto universal y evite que cualquier otro ser, por desdichado que fuese, jamás vuelva a sentirse en un cuarto, solo.

 

Daylight

Publicado: 23 noviembre, 2015 en obra pictórica, Sin categoría
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Título: Daylight

Acrílico sobre lienzo

Medidas: 60 x 40cm

El amarillo se diluye durante la lucha del azul y el blanco. El azul se aclara, el blanco se rompe, el pigmento ambarino no consigue renacer en verde. Así el amanecer conjuga los naturales visos de la luz. Una ponderación de fuerzas se resuelve en el aire y su textura es telúrica, poderosa.

 

Todo lo sólido se desvanece en el aire.

Karl Marx

 

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Las promesas son aire y van al aire

El conflicto israelí-palestino que vio sus orígenes a comienzos del siglo XX, ha pasado de ser un conflicto para convertirse en genocidio. Y es que, basándonos en las más oscuras premisas de la condición humana, ¿por qué tenemos que pactar con alguien, si somos más fuertes que él? Todos conocemos la naturaleza violenta del ser humano; si un país entero decide borrar a otro del mapa ¿quién puede evitarlo?

Tenemos el ejemplo de la Segunda Guerra Mundial, provocada por Hitler y su obcecación por exterminar judíos. Para cuando los países del mundo se coordinaron con intención de frenarlo, la cantidad de muertes humanas  era ya vergonzosa. Lamentablemente, no estamos demostrando —como ciudadanos del mundo— haber aprendido de los errores, y en pleno siglo XXI la historia se repite.

Dicha transformación convierte al resto del mundo en cómplice del barbarismo. El aire, y toda su significación, tiene mucho que ver, bajo mi punto de vista, en el pasado, presente y futuro de tal lamentable situación humanitaria.

La fe, una de las posibles arquitecturas del aire, parece ser uno de los primigenios gérmenes latentes en esta disputa, esa gran disparidad de creencias, con su invisible infraestructura cada una, parecen conformar una problemática irresoluble. Sionismo, Panarabismo, búsqueda de un asentamiento para la comunidad judía. Las primeras pretensiones de ambas naciones, aquellas que fundamentaban una esperanza holográfica como solución al conflicto eran: el reconocimiento mutuo, la repartición del agua o el establecimiento de fronteras seguras, lejos quedan ya estas metas igualitarias en el panorama actual, ahora, el horror de la guerra, el exterminio y la conquista, hieren unas tierras que en otro tiempo fueron el escenario de las Sagradas Escrituras.

Muchos han sido los que han intentado mediar entre Israel y Palestina: los acuerdos de Oslo, la cumbre de Camp David, la cumbre de Taba, todas las palabras, todas las promesas, se han evaporado y diluido como burbujas en el aire, un aire enrarecido que se ha ido volviendo paulatinamente irrespirable.

Los aires de grandeza del actual dirigente de Israel, Benjamín Netanyahu, han propiciado la asfixia del pueblo palestino. La Franja de Gaza ha sido bombardeada indiscriminadamente por tierra, mar y aire, inocentes han sido y son masacrados; hospitales, escuelas, mientras el resto de países, incluidos los más desarrollados, van a su aire. El aire y toda su simbología, sirve para describir una tragedia que podría evitarse si los vientos de todos los países del mundo soplasen en la misma dirección. Los niños palestinos, a los que se les acaba el oxígeno, sueñan con ese huracán que limpie para siempre la tierra que les vio nacer, un cambio de aires que sería tan justo como necesario.

 

 

 

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El viaje en paracaídas de Huidobro

Aire para limpiar, para respirar, el mismo aire en que son provocados los chemtrails, el medio gaseoso donde se propagan algunos virus, el vaporoso telón de fondo del guiñol de nuestras vidas. En la aérea cartografía de ese limbo, el poeta Vicente Huidobro (Chile, 1893-1948) desató toda su creatividad lírica en una de las cumbres poéticas de la historia de la literatura Altazor o el viaje en paracaídas (1931). Un poema-libro, como definieron algunos, que representa un antes y un después en la poesía y en la poética, en el lenguaje y en el poder e interpretación del mismo. Altazor resultó ser un trabajo elaborado durante doce años, un poema dividido en siete cantos, siete bloques que representan siete cielos diferentes, siete espacios aéreos concernientes a los habitados por planetas o cuerpos celestes. Y es que Altazor es, como de alguna manera apunta la frase que acompaña al título, un viaje en el espacio. El poeta necesita alejarse de lo terreno, corrompido y hostil, tanto en su época como en la actual, para proferir palabras sinceras, coherentes, incoherentes, claras, confusas, pero sinceras, que exorcizan a través de la retórica liturgia de la poesía, los fantasmas y pesares de un alma alanceada.

Viaje astral, vuelo interestelar; verter el espíritu libre en palabras pronunciadas desde el cielo, resulta ser el axis universi propicio para que el hablante lírico del poema resulte en un continuum dialógico constante. El llamado viaje en paracaídas, no es más que la metáfora de una larga caída, una caída libre que por ser tan prolongada, invita a una reflexión memento mori. Cruzado —desde su inicio— el punto de no retorno, el destino no es el planeta Tierra, sino el fruto de esa búsqueda metafísica que termina —para nosotros— en un renacimiento —por deconstrucción— del lenguaje.

Así, la cita de Karl Marx que encabeza este artículo, representa esa gradual descomposición del lenguaje contenida en Altazor, un escaecer que va ocurriendo durante los cantos del poema, y que convierte al aire en la solución de esa desnudez metapoética.

El aire, por tanto, se convierte en el escenario de Altazor, una lontananza que ofrece al sujeto poético la cosmovisión de un dios, y sus versos, aéreos y surrealistas, traspasan toda barrera para instalarse en el subconsciente: Siento un telescopio que me apunta como un revolver / La cola de un cometa me azota el rostro y pasa / relleno de eternidad / Buscando infatigable un lago quieto en donde / refrescar su tarea ineludible.

Los estudiosos de la obra de Huidobro, coinciden al formular una teoría —que comparto— sobre una de las motivaciones que llevaron al poeta chileno a concebir Altazor; y es que en el año 1918, Huidobro publicó su libro Poemas árticos, donde trasladó a su lengua materna las técnicas del llamado “cubismo literario”. Dichas técnicas fueron depuradas un año antes en compañía del pintor Juan Gris (1887-1927), uno de los pioneros del cubismo pictórico, y bajo la supervisión del grupo “Nord-Sud” que vertebraba el núcleo de la famosa revista del mismo nombre. Poemas árticos dio como resultado unos poemas transgresores en su forma, ya que están compuestos basándose en los principios artísticos del collage verbal, algo que ya apuntaba el espíritu libre como creador del autor. En el mismo año, Huidobro aplica esa misma técnica a un poema largo titulado Ecuatorial, poema donde el sujeto lírico asume la perspectiva de un dios para narrar el dramatismo de la guerra europea, pero advierte que aquello que funcionaba en los poemas cortos de Poemas árticos, aplicado a una larga extensión, no mantiene la fuerza, y con ella, el interés del lector, confundiendo en muchos casos a propios y ajenos. Debido a eso, seis meses después de verse publicado, Huidobro se puso a trabajar en Altazor, como correctivo personal de Ecuatorial, tarea que se dilató más de una década, y que significó por completo, estrofas como ésta: Hace seis meses solamente /  Dejé la ecuatorial recién cortada / En la tumba guerrera del esclavo paciente / Corona de piedad sobre la estupidez humana / Soy yo que estoy hablando en este año de 1919 / Es el invierno / Ya la Europa enterró todos sus muertos / Y un millar de lágrimas hacen una sola cruz de nieve.

Huidobro y Altazor vinieron a traer nuevos aires a la poesía. Su concepción creacionista, desemejante al resto, disímil en su ambición lingüística, se convirtió en un viento de naturaleza mistral, un aire nocturno, enérgico, un soplo de vitalidad que destrozó las erotemas del tradicionalismo más básico y sembró panspérmicas semillas en los escajos de la estancada poesía popular.

 

 

 

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Mujer con paraguas (1875) Monet.

 

Polivalencia de la palabra “aire”

Una de las virtudes de la lengua castellana es la riqueza interpretativa de sus palabras. Existen tantos significantes como posibles utilidades que un contexto pueda proporcionarnos. Esa concreción nos conduce de lo coloquial a lo académico con igual soltura, su flexibilidad, su musicalidad, su fuerza y precisión descriptiva; desdeñar esa posibilidad maravillosa de comunicación, es cortar las alas de un pájaro enjaulado; abrazar su riqueza de oportunidades es liberarlo de su cautiverio.

Si uno decide aprender esta lengua, su diversidad, tanto en sinónimos como en interpretaciones y significados, puede resultar un escollo difícil de sortear. Sin embargo, si decidimos ser escribientes utilizando la lengua castellana, encontraremos que posee un abanico inmenso de posibilidades para expresarnos, en diferentes estratos, con casi total exactitud.

La palabra “aire” tiene —según la Real Academia de la Lengua— quince acepciones diferentes y otras tantas significaciones —incluyendo jergas y argot— dependiendo del contexto y palabras que la acompañen:

Si nos encontramos en un programa de radio o de televisión y escuchamos la expresión «estamos en el aire», significa que desde ese momento, todo lo acontecido se emite o graba.

Si nos sorprenden antes de completar algo, «nos pillan con el culo al aire».

Darse aire en algo, es acelerar la velocidad.

Tomar el aire, es darse una vuelta, relajarse.

Echar una cana al aire, es darse un homenaje, no siempre de acuerdo con la moral.

Algunos restaurantes son denominados “Venta del aire”.

Aire es un mamífero insectívoro que habita en Cuba.

Aire puede ser espacio, ínfulas, estilo, viento, rasgo, vanidad o gracia.

El artista Jorge Fin se hace llamar “pintor de nubes”. Una de sus aspiraciones es pintar el aire y admira a otros pintores que han intentado artísticamente tal hazaña, como: Joaquín Risueño, Constable, Turner, Corot o Jacob Van Ruysdael, aunque para la posteridad quedará la frase de Monet, que hacía referencia, tanto a su deseo de representar con maestría ese elemento invisible, como a su imposibilidad.

«Quiero lo inalcanzable. Otros artistas pintan un puente, una casa, un barco, y eso es el fin. Están acabados. Yo quiero pintar el aire que rodea el puente, la casa, el barco, la belleza del aire en el que estos objetos están inmersos, y eso es prácticamente imposible».

                                                                                  Claude Monet

El aire es uno de los principios reveladores de la falsedad del vacío.

Aire es la ventisca, el oxígeno, una burbuja de vida bajo el océano.

El aire es y será por siempre la demarcación limítrofe de la materia.

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Título del cuadro: Ruego de las palomas

Carboncillo sobre papel esbozo

Pertenece a la colección “Historia y sueño de la paz”

Medidas: 40 x 50 cm

«Tolerancia, comprensión, compasión, piedad.

Valentía, decisión, actitud, voluntad.

Ternura, lealtad, amor, misericordia.

Todo eso somos, o deberíamos ser».

 

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Título: Al dios del lugar

Autor: José Ángel Valente

Género: Poesía

Editorial: Tusquets

Año de publicación: 1989

Número de páginas: 107

ISBN: 9788472231047

Valente, considerado escritor de la generación de la posguerra, empieza su trayectoria profesional cuando todavía era un estudiante, eso sí, que destacaba como poeta. Formó parte del grupo poético de los cincuenta, representando a su poesía como una vía del conocimiento. En los años sesenta su poesía evoluciona adquiriendo tintes de metapoesía y se separa del grupo que vio sus inicios para seguir las tendencias de la llamada “poesía del silencio” formato en que se podía adscribir mejor su nueva poética.

Dicha corriente, la poesía del silencio, fue muy influida por la mística sincrética, la cábala judaica, el sufismo iranio, el misticismo cristiano, el taoísmo o el budismo zen entre otros, y aunque la aproximación de Valente a la mística propiamente dicha se aleja de cualquier dogma religioso concreto, su concepción artística de la poesía, como catalizador de tendencias filosóficas, tradiciones culturales e históricas lo convirtieron en heredero de la tradición mística española, de ahí su obsesión por el problema de la inefabilidad, del vacío y de la nada.

Contemporáneo de Gamoneda, del que se dice que fue muy influido por la figura y obra de Valente, nos presenta su libro como aquel hiciera con Canción errónea, prescindiendo del título de los poemas. A decir verdad, para mi sentido común sería preciso, hacer una extensísima introducción sobre Valente antes de opinar sobre la obra que nos ocupa, dado que como artista es un paradigma de la síntesis, del simbolismo, de la encriptación de la alusión y la metáfora, pero una reseña no permite espacio físico para tal análisis. La lírica valentina ha sido de las más estudiadas del siglo XX, pero por una minoría de críticos, dada la dificultad que entraña destrenzar su sistema poético-ontológico. Esa inextricabilidad pretendida en su praxis como poeta quizá  haya alejado de su obra al lector más pasivo como también haya acercado a ella a los lectores más necesitados de su inmanencia.

El primer verso del libro es el siguiente: El vino tenía el vago color de la ceniza. Supone un diálogo abierto, de tú a tú, entre un hombre mortal y quizá el dios con de minúscula que hace referencia el título del poemario, un monólogo que hastía al orador que lo pronuncia ya que al saberse silencio la respuesta nunca irá más allá de sus limitadas posibilidades. Los poemas de Valente comienzan siendo muy escuetos, de versos generalmente cortos y de tres líneas, cinco, algunos de tres o cuatro estrofas, pero a medida que vamos adentrándonos en esta plegaria enclaustrada en el retorno de un viaje iniciático, la extensión lírica se va dilatando por el ancho y largo de la hoja.

Formó / de tierra y de saliva un hueco, el único / que pudo al cabo contener la luz, tres versos para referirse a una hipotética génesis de la materia. Y encontramos otros tres versos muy significativos con los conceptos que tiene del lenguaje su autor: BORRARSE. / Sólo en la ausencia de todo signo / se posa el dios. El dios del lugar puede habitar el fondo de una copa de vino, pero donde realmente vivirá será en la ausencia de todo signo, es decir, en el silencioso lenguaje o en el lenguaje no corrompido, ya que el que tenemos fue creado para el entendimiento de los seres pero es a su vez un obstáculo dado sus limitaciones, hay cosas que no pueden explicarse con palabras, quizá porque no deban ser explicadas. Borrarse, y en letras mayúsculas, señala la imperiosa necesidad de desandar, desaprender, desdecirse y retrotraerse hasta el estado de primigenia pureza al que se aspira mediante la meditación y la catarsis de opciones dogmáticas como la mística, para favorecer así el asentamiento del dios necesitado. Según María Zambrano, introductora de Valente en la mística, el poeta, al crear, recorre el tiempo en sentido inverso, y quizá, si conseguimos ser poetas toda nuestra vida, justo antes de morir, será el momento en que más cerca estemos de ese imaginado punto cero.

El poema que comienza con dos palabras de Paul Celan dice así: Quedar / en lo que queda / después del fuego, residuo, sola / raíz de lo cantable. Además de aludir al renacimiento del Ave Fénix atribuye al fuego la capacidad de redención que necesitamos para alcanzar nuestra esencia, ese fuego podría ser nuestra conciencia, que una vez desatada por las ofensas tomara realmente el mando de nuestra conducta y nos obligara a realizar esa purga, esa desnudez que mostraría lo cantable.

Línea o modulación, apenas / trazo, tentativa del cuerpo, envite / oscuro / del ángel que aún no puede / afirmarse en el borde / sumido de la luz. En la ultrahistoria que va diseminando Valente a lo largo del libro subyace la esperanza de cumplir el viejo sueño del hereje Miguel de Molinos, figura admirada por José Ángel que fue motivo de su segundo ensayo. En estos versos se vislumbra levemente la posibilidad de un hombre venidero como esbozo de semidiós, el encarnamiento de todas las esperanzas en un héroe que terminará con la ruindad de la humanidad.

Una membranza del Mont St-Michel pone de manifiesto el ancestral ichthus de los orígenes, el pez griego con lecturas cristianas que inauguró la vida, los apóstoles de Jésus eran pescadores de almas, el milagro de los panes y los peces relatado en las Sagradas Escrituras, pero que como acrónimo refiere mayormente su significado a Cristo, veamos: “Iesous Christos Theou Uios Soter”, Jesucristo, Hijo de Dios, el Salvador. Según la teoría de Carlos Bousoño, este ichthus es un símbolo de carácter disémico que mira tanto a una explicación científica de la vida como hacia una explicación religiosa o espiritual. Veamos el siguiente poema para cerciorarnos de la dualidad entre la ambigüedad y el sincretismo que son constantes en la poesía valentina:

La arena tenía el color de las escamas/de un enorme pez extendido / y la luz caía sobre ella / con el secreto brillo del acero / como un ala rasante. / Vacío y extensión. / El súbito / relámpago de la piedra en el aire. / Y nada. / El vuelo. / Y nadie. Recordemos que el pez era el antiguo símbolo de los primeros cristianos, ya que decir cristiano era lo mismo que ser perseguido. Ichthus significa pez en griego, y para el cristianismo era lo mismo que ahora es para nosotros el símbolo de la cruz, símbolo que fue introducido por Constantino.

En el poema que comienza: Lugar de destrucción. / El humus de la muerte / ha sido recubierto / por otra primavera… Digamos que existe el primer indicio de que la conversión del hombre en su propia salvación es posible, es posible el reinicio de la Historia, le reunificación de los criterios y los seres en una comunión que hará posible la catarsis universal.

En el siguiente poema se alude a un estado de quietud, de anulación del ser, que fue preconizado por Molinos en su Guía espiritual, como hipertrofia de las tres vías místicas de San Juan de la Cruz para llegar a la unión divina: Estar. / No hacer. / En el espacio entero del estar / estar, estarse, irse / sin ir/a nada. / A nadie. / A nada. En su búsqueda de la palabra seminal, de un nuevo lenguaje, la sencillez y brevedad son el resultado de un viaje a la retórica que simplifica cualquier filosofía hasta el extremo de su esencia, una esencia que palpita en los versos de Valente y que es significación pura.

Al llegar a Passy / la torre se alumbraba por el aire / y las nubes se llenaban de pájaros. El poeta es embargado de melancolía y nostalgia, ya que Passy es un cementerio parisino.

Y voy a concluir mi indagación sobre este libro, ya que su interpretación invita a extenderse en infinitas vertientes, es muy difícil resumir un libro con tantas aristas, con tantas lecturas, intentar ser justo con él sin olvidar cosas importantes en el tintero. Como curiosidad diré que hay un poema monosílabo escrito en su totalidad por palabras que comienzan con la letra pe. También contiene un poema dedicado a Antoni Tàpies con quien trabajó en el año 82 en el libro de arte titulado: “El péndulo inmóvil”.

En líneas generales, no puedo más que recomendar el libro pero advertir al lector de que encontrará una ardua tarea de paciente indagación e interesante composición de imágenes mediante señales alegóricas. Desde “A modo de esperanza” 1953, hasta “Fragmentos de un libro futuro” 2000 (que recibió póstumamente el Premio Nacional de Literatura), Valente nos ha dejado mucho, un legado que a pesar de sus utópicas pretensiones universales ha conseguido permanecer en lo más elevado, atemporal, taumatúrgico, como objeto de culto y estudio para las generaciones venideras.

 

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Foto de Mudanzas de lo azul

 

 

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Título: Mudanzas de lo azul

Autor: Jesús Cárdenas

Género: Poesía

Editorial: Vitruvio

Año de publicación: 2013

Número de páginas: 96

ISBN: 978-84-941328-1-0

Hablar de Jesús Cárdenas es hablar de un trabajador de la palabra, un escribiente afanado tanto en poetizar su vida como en comprender ese vínculo invisible que aferra su alma indeleblemente a la palabra. Jesús nació en 1973 en Alcalá de Guadaira (Sevilla) es profesor de Literatura además de ensayista y articulista, vocaciones que constatan una personalidad tan analítica como inquieta, entre sus publicaciones poéticas se encuentran: Algunos arraigos me vienen (Diputación provincial de Sevilla. 2006) y La luz entre los cipreses (Ediciones en huida. 2011).

Entre sus trabajos de investigación destacan: El concepto de lo popular en Juan Ramón Jiménez (Procompal. 2007) o Textos literarios: comentarios lingüísticos (Procompal. 2007), no es casualidad que en varios de sus estudios Jesús haya fijado su atención en la obra de Juan Ramón, si bien el poemario empieza con tres citas pertenecientes a Cernuda, Hierro o Reed, que pueden interpretarse como influencias del autor, es la sombra no confesada del autor de Espacio (1954) la que planea bajo estos versos.

Mudanzas de lo azul comienza con un poema titulado La curvatura solitaria del azul una premisa escrita en heptasílabos que ya dilucida —a grandes rasgos— algunos de los caracteres temáticos y recursos del libro: En el vasto horizonte / los recuerdos sin rostro, /trazo el tiempo sin tiempo / sin celebrar mudanza… Amor, Tiempo, talante dialogístico, melancolía. Quizá este primer poema no está incluido entre los cinco bloques que componen el poemario porque es utilizado a modo de poética, el autor dirige unas palabras previas al lector y para ello utiliza el heptasílabo de manera exclusiva.

Cuando el famoso científico Isaac Newton allá por el año 1672 consiguió demostrar que el espectro luminoso se divide en siete colores, constató que el color azul ocupa el quinto lugar en esa escala, como cinco son los bloques del poemario. En vexilología —estudio de las banderas— el azul es un color frecuente y vinculado muchas veces a aspectos de significación trascendental, Cárdenas hace de buen vexilólogo y utiliza la coloración cian del título para encarnar las más diversas acepciones de un azul que translitera su influjo en la conciencia del yo lírico narrador y viceversa, invitando al lector a asistir a un intercambio de efluvios tan expresionista como perturbador.

Si analizamos el título del poemario, observamos que el azul no es tal, sino lo azul, y ese artículo neutro que lo precede sustantiva la maravilla informe de una mirada que va transmutando su esencia en busca del conocimiento, de ahí la mudanza.

El primer bloque lleva por título La hora del té y comienza con el poema La búsqueda inagotable y permanente de las palabras —escrito en endecasílabos blancos—  donde el poeta aborda una cuestión tan arraigada en el ser humano como la de querer conquistar lo imposible: En sueños buscas adueñarte de ella: / una palabra hermosa, nunca dicha… Buscar la Palabra significa dos cosas, que no se posee y que se anhela, y yendo más allá en nuestra pretensión de “Prometeos” buscamos una palabra nunca dicha, queremos no sólo la Palabra sino toda su exclusividad y poder, el ego nos lo ordena y no podemos negarnos  a ello, es demasiado atrayente, pero el discurso poético de Cárdenas trunca ese sueño al concluir el poema narrando lo absurdo de perseguir dioses: Relámpago en la noche, verso esquivo… o En vano buscas adueñarte de ella. La belleza de las palabras es una de esas posesiones efímeras de las que gozamos —o al menos eso creemos— mientras vivimos, un perfume imposible de atrapar si pretendes eternizarlo que discurre siempre ajeno tanto a conciencias como a  voluntades.

El poemario arranca con la “palabra” como eje central de su argumento, los poemas Palabras como avispas —endecasílabos blancos— y Palabras —versos libres que terminan sin punto final— expresan ese amor por esas pequeñas y volátiles canciones que nos comunican: Raras son las palabras que oscurecen, / las que terminan siendo doblegadas. El autor reconoce el poder comunicativo y eucarístico de la palabra y dedica versos apasionados a sublimar esa fusión no planeada entre el alma inquieta y la escritura: Cómo si no se entiende / Que un cosmonauta haya visto maravillas / Y esté deseando pronunciarlas”. Como decía Carlos Bousoño: Así fue la palabra, / así fue y así sea / donde el hombre respira, / porque respire el hombre.

En el segundo bloque, titulado En vibrante sacudida, la comedida solemnidad y el declarado elogio son cambiados por una desesperanza plausible, el autor nos muestra caminos distintos en su andadura, adentrándose por parajes más existencialistas y humanos, y aunque su discurso soporta una densa carga de desencanto ello no le impide —al igual que Juan Ramón— seguir en busca de la belleza: Ahora lo sé. / Me reconozco en aquella arena, / vestigios de un amor en lenta retirada. La soledad, el amor, la memoria, la percepción del sentido absurdo, una demolición de los pilares que sustentan la esperanza pero no a la esperanza misma: A pesar de los malos tragos, / se prometió seguir… Sobrevive en los versos del poeta un optimismo latente que no permite la aparición del victimismo ni la sensiblería, haciendo honor al título del libro, el discurso poético de este autor sevillano no queda varado en ningún punto concreto, sino que va fluctuando por un recorrido argumental —nunca mejor dicho— en constante mudanza. Y esa mudanza es la de la misma vida, una metamorfosis procurada por el paso del tiempo y las circunstancias que conlleva verse obligado a vivir hasta morir.

Ya en el tercer bloque El mar desde la orilla y tras paladear los dos bloques anteriores, el lector encontrará una variada gama de matices al paso ya que, al igual que los buenos vinos, los versos van expandiendo sus cláusulas ganando en densidad y aromas.

En el poema De escamas y de abismos estos versos sentencian a nuestra arrogancia: Todo deja curtido el tiempo / para que podamos entregarnos a la memoria. A momentos, el talento del artista camina por senderos de poesía de la experiencia, a momentos también lo hace por encrucijadas metafísicas, pero encuentro un postgusto prolongado de postmodernismo en toda la obra en general, una miscelánea de sabores que en lugar de proscribirse unos a otros se concatenan de manera natural formando un ecléctico caudal de atrayentes motivaciones.

Lo predecible y el miedo comienza con estos versos: Descubres que en las cosas predecibles / el miedo y el dolor / se hacen más soportables, y no puedo evitar recordar ese dibujo en el agua que trazó Benítez Reyes: Bien sabes que estos años pasarán, / que todo acabará en literatura. Coronando esa matemática certeza, Benítez Reyes no sólo concluyó uno de sus mejores poemas, sino que diagnosticó hábilmente su propia enfermedad y la de muchos otros, como entre ellos, Jesús Cárdenas.

Además de la notoria influencia poética del gran poeta de Rota, Felipe Benítez Reyes, también encontrará, quien conozca la obra de los poetas Dolors Alberola o Francisco Basallote, suficientes motivos para comprender que estos autores figuren en la página de «agradecimientos» del poemario.

Lo humano y lo metafísico conviven en este poemario manteniendo una alternancia tautomérica en sus roles, un equilibrio a veces sacudido por el descarnado mensaje de la realidad.  A cerca de la soledad y circunscritos en el poema Playa de solitarios resplandecen estos versos: Me he preguntado al verlos / si bajo sus gafas arrastran fantasmas. Entre las tantas y tantas pinceladas de género variopinto, aparecen fotogramas elegíacos que son satélites de la luz y el tiempo:Vencer la luz abrasadora / y dejarme atrapar por su frío cuarzo de invierno  o En mi espacio requiero de más tiempo, / de agujas que corran hacia atrás, imágenes que dibujan el mismo escenario donde sembró su maestría el maestro de Oliva, Francisco Brines, curiosamente otro admirador de Juan Ramón Jiménez y Cernuda.

En el cuarto bloque, titulado Mecanismos eróticos la luz adquiere una mayor relevancia, se sobredimensiona su poder simbólico para así trascender en los versos todo su valor pictórico: Hay una mano que insiste en borrar luz del cuadro, / desnudez del océano, / y en dejar otra luz que no resulte indiferente. La Nada se conceptualiza en una encarnación metapoética, o debería decir metapictórica: Podría interpretarse que el propio silencio / aparece en los bordes del lienzo. En ese solipsismo del viajero, la carga se reduce a los enseres del desposeído, es decir, a su propia experiencia, por ello la metáfora de lo absurdo del mortal que sueña la inmortalidad en ese carboncillo de Boceto de una mujer, o esas alas perdidas que renacen gracias al pensamiento del amor en El deseo o el mar.

Llegados al quinto y último bloque del libro titulado Mudanzas del viento, las dudas y cavilaciones existenciales son sustituidas por las certezas de las imposibilidades, Cárdenas relata su propio adiós sin despedida, consciente de la revelación panteística del mundo y de la vida decide consagrarse a esa trasformación periódica que le obliga a cambiar de rumbo, a desandar, a desaprender. Cercano en ocasiones a esa tercera etapa en la poética de Juan Ramón, Cárdenas alcanza cotas de poesía suficiente como en estos versos: Sobre la comunión de carne y espíritu, / interviene el bramido del silencio.

El dictado del poeta es un soliloquio que rememora el amor a la vez que condena el absurdo de los apegos, esa controversia incrustada en todo ser viviente que lo flagela y angustia, que lo asusta pero a la vez lo enciende.

En definitiva Mudanzas de lo azul es una aventura recomendable, ya no por su riqueza de sensaciones que pueden terminar en reflexión, sino por su honestidad de fondo y forma, un peldaño importante en el ascenso de Jesús Cárdenas que posee la valía de lo auténtico, algo que sin duda le reportará gratas consecuencias.

Jesus_Cardenas

josé coronado

 

Evento: Cinergía

Patrocinador: Gas Natural Fenosa                                

Localización: Teatro Victoria Eugenia, San Sebastián (España)

Fecha: 9/7/2014

Redactor enviado/entrevistador: José Antonio Olmedo López-Amor

Persona entrevistada: Jose Coronado (actor)

Jose Coronado (Madrid, 14 de agosto de 1957) es uno de nuestros actores más emblemáticos. Un todoterreno de la interpretación curtido tanto en televisión, como cine o teatro. Una persona sensible que ha colaborado en proyectos solidarios promovidos por “Ayuda en Acción”. Un galán de cine ganador del Goya al mejor actor. Actualmente ha triunfado en televisión con la serie “El Príncipe” y hemos podido entrevistarlo a raíz de su participación en el proyecto cinematográfico “Cinergía” promovido por la energética Gas Natural Fenosa.

Entrevista

 

-El proyecto que patrocina Gas Natural Fenosa y que nos ha reunido aquí es CINERGÍA (Cine & Energía), una propuesta voluntariosa que apuesta por la cultura, en este caso por el Cine. En otros países, como Francia, la cultura supone la tercera fuente de ingresos del país. Sin duda, un ejemplo a seguir; considerar la cultura como inversión y no como gasto. ¿Cree usted que esta iniciativa es buena y que debería cundir el ejemplo en otros inversores, tanto públicos como privados, para impulsar una industria llena de talento como es la de nuestro cine?

Me parece una iniciativa estupenda, ojalá cundiera el ejemplo. Gas Natural Fenosa lleva años apoyando al cine, patrocinando Festivales, colaborando con la Academia de Cine a llevar el cine hasta donde no llega, no olvidemos que hay muchísimos pueblos y ciudades que ya no tienen salas, y me parece que es necesario que el cine Español recorra el país y lo pueda ver la gente, es cultura. El cine además de ser una industria que da trabajo a muchísimas gente, es una forma de entretener, es una forma de contar las cosas que nos ocurren, las que nos han ocurrido.

Hace unos días, nuestro querido Juan Antonio Bayona, estuvo muy lúcido en un artículo “Pompeya en Toronto” que refleja perfectamente la pasividad de nuestro gobierno ante esto. Da mucha pena ver como muchos rodajes se van a otros países donde los tratamientos fiscales son favorables. Eso denota la falta de cariño a nuestro cine, a nuestro arte, en definitiva a nuestra cultura.

http://cultura.elpais.com/cultura/2014/06/28/actualidad/1403972824_805549.html

 

-Usted es uno de los mejores actores de su generación que, sin duda, está llamado a convertirse en el nuevo Paco Rabal o Fernando Rey. A pesar de tener una carrera dilatada tanto en Cine, como en Teatro y Televisión, parece que su personaje de Santos Trinidad encarnado en la película “No habrá paz para los malvados” de Enrique Urbizu, ha  supuesto un antes y un después en su carrera como actor. Urbizu descubrió su faceta como villano en películas anteriores, como La Caja 507 ¿piensa usted que ese cambio de rol le ha dado la oportunidad de ofrecer al gran público otros matices de su talento interpretativo? ¿O simplemente este momento dulce de su carrera se debe a una madurez adquirida que anuncia interpretaciones cada vez más memorables?

Muchas gracias. Esa película, ese personaje, Santos Trinidad, fue un regalo maravilloso que me hizo Enrique Urbizu.

He tenido muchos premios, me ha dado muchas satisfacciones y ahí queda eso, una película rotunda, Urbizu en estado de gracia.

El resto pues yo creo mucho en el trabajo, trabajo y trabajo.

 

-En el proyecto Cinergía, ha colaborado como actor en el corto titulado “Domonic” de Juan Cruz. Una historia que narra la incompatibilidad de la tecnología y el ser humano a la hora de informatizar nuestras vidas. ¿Qué piensa de esa tendencia tecnócrata que aboga por una automatización a escala total de nuestras vidas? Es decir, depender impulsivamente de los avances tecnológicos en lugar de utilizarlos para mejorar nuestros recursos y confort? Y sobre todo ¿cómo ha sido la experiencia de rodar con Juan Cruz?

Trabajar con Juan Cruz ha sido muy fácil y ya teníamos ganas el uno del otro, aunque haya sido en un corto pero ¡ya hemos roto el hielo!

En cuanto a las tendencias tecnócratas, pues yo soy más de encender y apagar la luz desde un interruptor, abrir un grifo con la mano, subir y bajar la persiana cuando me moleste el sol. Que esté todo programado no me da mucha seguridad, tranquilidad… sobre todo después de hacer este corto, ya me lo dirá Vd. después de verlo.

 

-No todos los actores de cine que han incursionado en la televisión han tenido éxito, sin embargo, en tu caso es todo lo contrario. Primero fue la serie “Brigada Central”, después “Hermanos de leche” “Periodistas” y ahora “El Príncipe”. ¿Cómo explicas esa conexión con el público? Y sobre todo ¿Crees que la televisión, como medio de sustento, está siendo cada vez más importante para los actores españoles?

La ficción española pasa por un momento muy dulce, bueno, yo soy un defensor de ella desde el principio, empecé con Pedro Masó en la mítica “Brigada Central” y luego vinieron tantas otras, siempre he apostado por ella y me ha gustado mucho el medio.

En la actualidad tenemos éxitos en todos nuestros estrenos televisivos, tenemos talento delante y detrás de las cámaras. Unos buenísimos guionistas, técnicos estupendos y compañeros que antes no querían ni acercarse ahora trabajan felices en las series, no creo que nadie rechace un buen proyecto de televisión. Los técnicos y los actores, ahora mismo se mueven en los dos medios,  en el cine y en la televisión.

 

-Uno de los valores que intenta transmitir la empresa Gas Natural Fenosa en este proyecto, es concienciar a las personas de lo importante que es hacer un consumo responsable de la energía, sin duda, algo a tener muy en cuenta si queremos preservar la sostenibilidad de los recursos naturales del planeta.  ¿Qué opinión tienes de la postura adoptada por Jordi García Tabernero (director general de Comunicación y Gabinete de Presidencia) al liderar con pasión y determinación una propuesta tan renovadora?

Como ya he comentado antes, Gas Natural Fenosa y en especial Jordi García Tabernero,  tiene desde hace años un claro compromiso con la industria del cine en España. Esta trayectoria le ha reportado numerosos reconocimientos y ha supuesto un gran impulso en su reputación. Esta aceptación ha motivado a la compañía a lanzar este nuevo proyecto CINERGIA que permite aunar su compromiso con el cine y la difusión de la eficiencia energética.

 

-¿Nunca ha sentido la necesidad o la tentación de ponerse tras la cámara y dirigir una película? Algo que han hecho colegas suyos de profesión, como Antonio Banderas o Achero Mañas.

Pues por ahora no, la verdad es que me han hecho propuestas, pero yo creo que para dar ese paso tienes que tener la necesidad de contar una historia, si llega ese momento pues lo haré. La técnica creo que la tengo, después de tantos años… y rodeado de un buen equipo.

 

-Cómo ve y qué opina del futuro del Cine español

Pues me gustaría verlo con mucha vida, lo veo con mucha vida y mucho talento. Tenemos talento para exportar, pero necesitamos que nos cuiden en casa.

 

-Sabemos que uno de sus últimos trabajos ha sido la película “Betibú” de Miguel Cohan, una coproducción hispano-argentina que es una adaptación de la novela de Claudia Piñeiro y en la que comparte protagonismo con Alberto Ammann y Mercedes Morán. ¿Podría contarnos alguna anécdota del rodaje y comentarnos cómo ha sido el trabajo y la convivencia tanto con el reparto como con su director?

Siempre es interesante ir a Argentina a rodar, no es la primera vez, y espero que no sea la última. Te hacen sentir en casa. El encuentro con Miguel Cohan fue en España, para preparar el personaje y durante el rodaje fue estupendo. Además me encanta la carne…

 

-Y para terminar, háblenos de sus próximos proyectos

Seguir con la segunda temporada de “El Príncipe”, con Fran, personaje con el que me siento muy cómodo.

Estrenar “Fuego”, dirigida por Luís Marías que rodamos en Bilbao el pasado enero, sobre el conflicto de ETA.

Hacer una pequeña colaboración en la próxima película de Enrique Urbizu, y seguir trabajando.

cartel zinemaldía

uvas del frío

julia conejo

Título: ¿Para qué sirve el frío?

Autora: Julia Conejo Alonso

Género: Poesía

Editorial: Origami

Año de publicación: 2013

Número de páginas: 66

ISBN: 978-84-941551-6-1

La editorial gaditana Origami, publica en el número 36 de la colección La Casa del pintor, el nuevo poemario de Julia Conejo (Tarrasa. Barcelona), ¿Para qué sirve el frío? El primer trabajo de la autora que ve la luz sin necesidad de haber obtenido ningún premio, lo cual es un claro síntoma de que la carrera literaria de la poeta —iniciada en 2010— se ha consolidado.

En 2011, la obtención del premio Joaquín Benito de Lucas que convoca el ayuntamiento de Talavera de la Reina permitió a Julia publicar su primer poemario Muñecas recortables, que fue publicado en la colección Melibea y supuso el principio de un nuevo y singular cauce poético.

En el año 2012, de nuevo Julia Conejo vio premiado su buen hacer literario, obtuvo el prestigioso premio que organiza la institución Alfonso el Magnánimo de Valencia, su poemario, Peces transparentes, era publicado en la editorial Hiperión.

Sin duda, es imposible vaticinar, cuando uno comienza su andadura como escritor, si sus desvelos en la sombra serán reconocidos o no; Julia Conejo, con ¿Para qué sirve el frío? Constata que su poética ha dejado de ser emergente y se ha constituido como un valor seguro en la poesía actual.

El libro comienza con un escueto prólogo escrito por la gran poeta Ana Isabel Conejo, autora de Atlas (Hiperión, 2005), una breve pincelada de luz para el lector que acierta plenamente en su exposición: “…nos brinda un recorrido a través de lo cotidiano” “…un pensamiento poético que trasciende lo sentimental para construir una visión coherente y poliédrica del mundo”. Son palabras que definen muy bien el fondo y la forma del argumento sensorial y sentimental que contiene el libro.

El poema titulado Poética destila una modestia que desciende de la sinceridad, Julia nos confiesa que sus pretensiones como poeta no van más allá de la supervivencia; advierte que su relación con la literatura es por interés, que no busca la sublimación gramática ni espera su laurel, y tal vez por eso, conforme vamos leyendo los poemas y confirmando que su testimonio es cierto, comprendemos la grandeza de su perspectiva, una mirada pura y sencilla de la que florecen versos desnudos.

El primero de los tres bloques que conforman el libro lleva por título De noches que hielan. Aquí encontramos el primer poema, titulado “Arrugas” y paradójicamente está enlazado con el último poema del libro, titulado “Más vieja”. En ambos, Julia alude al paso del tiempo,  son poemas breves, casi divertidos, y la autora emplea en ellos tanta ironía como optimismo; quizá sea ésa preocupación, la del paso del tiempo, la gran herida invernal a la que alude el título del poemario, la herida con más peso, la adecuada para abrir y cerrar el libro. El frío de la muerte y el olvido, el frío del silencio y de lo absurdo. La poeta, consciente de que ese frío que transmite sentirse no querido, desangelado, no produce más que dolor, acomete la tarea de sondear sus preocupaciones a través del humor y el sarcasmo: Se me cayeron de la cara / las arrugas / y las patas de gallo”. “Ya soy más vieja / que cualquiera de los versos / que escribió Dylan Thomas.

Los poemas de Julia Conejo están circunscritos a un estado de ánimo, sus divagaciones, son unas veces llenas de rabia, otras melancólicas, pero en todo momento se encuentra en ellas la nostalgia, a veces romántica, a veces hiriente, cerniéndose como un velo sobre sus poemas y dotándolos de un encanto magnético: Te regalaron / un verbo subjuntivo / entre dos azucenas // para que no se te olvidara / en el incierto viaje que emprendías / la posibilidad de la belleza.

La realidad es objeto de estudio en la mirada poética de la autora, como por ejemplo en el poema titulado “Un paréntesis de paz”, donde la contemplación del cuadro La Lechera de Vermeer, es causa suficiente para poetizar las sensaciones que le produce: recogimiento, paz, sueño, un remanso de quietud donde la leche vertida por la protagonista del cuadro es fresca, y sin embargo ese frescor es siempre vigoroso y aromático. La contemplación del arte, o más bien los efectos que provoca en nosotros observarlo, también son el trasunto del poema titulado “Clint”. En él, la autora se identifica con el personaje encarnado por el actor Clint Eastwood en la película Los puentes de Madison y no se resigna a que el amor entre los protagonistas no pueda continuarse e imagina un nuevo final, más esperanzado y con el que comulga por completo: En alguna carretera secundaria / del medio Oeste, / Clint Eastwood sigue esperando / la llamada / de Meryl Streep.

El segundo bloque lleva por título Almas de invierno, aquí, el desencanto y la crítica adquieren más presencia en los versos, como por ejemplo en el poema “Estallaba la guerra”, donde su voz contestataria a través de un sueño, dibuja la metáfora cruenta de un posible escenario real: “…Esta noche soñé que estallaba la guerra. / O una manera más de imaginarme / este fin de los tiempos / en el que están convirtiendo nuestras vidas”. Ese desasosiego por la crudeza de la realidad, está presente también en los poemas Reservado ambulancia, Bingo e Historia de un local comercial, donde con el mismo talante irónico y lenguaje sencillo, Julia va reflexionando hasta de la cosa más mínima y mundana, nada escapa a su mirada de poeta, un rumor al otro lado de la pared, un cartel de “se alquila” colgado en la puerta de un local, un vado para vehículos. Cualquier cosa es susceptible de convertirse en verso en las manos de Julia Conejo, un verso libre y expansivo cargado de argumento y dobles interpretaciones.

En el poema Barbacoa, la poeta reflexiona sobre las costumbres de vida del ciudadano contemporáneo y advierte que no son muy distintas a las de nuestros padres primitivos, razonamiento que lleva consigo una buena carga de decepción, ya que como sociedad, poco hemos evolucionado: Las mujeres preparan la sopa. / Y los hombres se encargan de la leña…”, “…No estoy hablando de hombres primitivos. / Estoy contando / cómo fue la barbacoa / del pasado viernes,….

El tercer y último bloque es el más breve, lleva por título Refugio transitorio y se compone de 11 poemas. Aquí la argumentación de los versos es casi unípede y esplende en ellos, la rotunda convicción de que lo único que puede luchar contra el amenazante frío es el calor de la palabra. La palabra es ese refugio transitorio al que alude el título, una palabra de naturaleza luminosa que invita a consagrarse a ella y así romper la cadena de frío formada por los dolores que soportamos. La poesía transfunde a la palabra todo su poder y la convierte en arma y antídoto: Cuando escribo / no quiero contenciones / ni distancias. Quiero lanzarte palabras  / hasta que caigas / herido, o muerto —si es el caso— / lapidado hasta las cejas / de verdades como puños.

Así, poema tras poema, encontramos que la palabra vence a las matemáticas, como en el poema Matemáticos rusos; encontramos que la palabra, su fuerza rutilante vence a los miedos; en ella, la poeta encuentra un bastión que defender, una herramienta que esgrimir para soportar el curso atribulado de esta vida lacerante.

Finalmente, el tercer bloque se convierte en un canto a la vida, la palabra nos brinda esa necesitada esperanza y todo en sí se vuelve menos dramático. Palabras para enamorar, para maldecir, para compartir un pensamiento, en definitiva, palabras bellas para combatir el gélido frío que nos aguarda tras la esquina de las cosas.

alepo dibujo

Medidas: 40 X 50 Carboncillo sobre papel esbozo Pertenece a la colección: Historia y sueño de la paz

El dolor es el mismo para todos los seres, humanos o animales, su impronta nos marca y flagela, puede desencadenar el odio pero también puede hacernos madurar y crecer si aprendemos a valorar su enseñanza.