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juan antonio masoliver ródenas

Juan Antonio Masoliver

Título: El ciego en la ventana (Monotonías)

Autor: Juan Antonio Masoliver Ródenas

Género: Narrativa

Editorial: Acantilado

Colección: El Acantilado (nº300)

Año de publicación: 2014

Número de páginas: 144

ISBN: 978-84-16011-230

Ya todo era pasado cuando cerró los ojos.

El título que precede a estas palabras, además de un posible y perfecto verso alejandrino, no es sino el último de los «aforismos» o «autoficciones» que clausuran este libro; y digo «aforismo» en el sentido más amplio y referencial de la palabra, para diferenciarlo de otro tipo de textos que pueblan este liriprosaico misal, ya que Masoliver Ródenas (Barcelona, 1939), no sólo como aforista o narrador, sino como poeta y creador de lenguaje, empuja las márgenes del canon en busca de una transgresión que en ocasiones termina en exorcismo y provocación. Su mordacidad  camina entre el lirismo, la ironía o el humor con tintes biográficos; esa inquietud e inconformismo, no sólo artístico, sino también intelectual del autor, no son gratuitos; la lucidez y serenidad que otorga una experiencia vital —que ya va en busca de su octava década— empujan a revisitar una memoria llena de vivencias y reflexiones que merecen ser contadas.

Juan Antonio Masoliver Ródenas ha sido catedrático de literatura española y latinoamericana de la Universidad de Westminster de Londres. Es crítico literario del diario barcelonés La Vanguardia. Una amplia recopilación de sus artículos y ensayos sobre literatura española y mexicana ha sido recogida en Voces contemporáneas (Acantilado, 2004). Como narrador ha publicado los libros de relatos La sombra del triángulo (1996),  La noche de la conspiración de la pólvora (Acantilado, 2006), La calle Fontanills (Acantilado, 2010) y las novelas Retiro lo escrito (1988), Beatriz Miami (1991) y La puerta del inglés (Acantilado, 2001). Ha traducido entre otros a Cesare Pavese, Giorgio Saviane, Carson McCullers, Djuna Barnes y Vladimir Nabokov. Algunos de sus poemarios son Poesía reunida (Acantilado, 1999) o La memoria sin tregua (Acantilado, 2002).

“El ciego en la ventana” es un hermoso título que define como ningún otro la naturaleza troncal de este libro, ¿qué puede describir o contar un ciego desde una ventana? Aproximaciones. No ver, resulta aquí como no recordar o recordar imprecisamente, por eso, el autor de Las libertades enlazadas (Acantilado, 2000) utiliza el humor y la sátira para llenar esos espacios en blanco de la memoria, una memoria que no sólo a veces se reescribe por motivos de olvido. Nada es lo que parece en este libro que sorprenderá a los habituales lectores de aforismos o microrrelatos, ya que la naturaleza de los textos de Masoliver Ródenas se revela como un caudal de imágenes en busca de su origen, por lo que resulta difícil diferenciar entre ficción o realidad, entre crítica u homenaje en esta compilación de historias que conviven con reflexiones, versos y quizá algún nuevo formato narrativo.

El ciego en la ventana cuenta con una exquisita edición a cargo de Acantilado, editorial que viene publicando sus escritos desde el año 2000; y en esta ocasión el artista encargado de diseñar la cubierta no es otro que Nito Masoliver, hermano del autor. Nito compone un excelente collage partiendo de dos obras del pintor flamenco Pieter Brueghel el Viejo: El combate entre don Carnaval y doña Cuaresma (1559) y La parábola de los ciegos (1568), referencias pictóricas de corte renacentista que ilustran sobremanera lo absurdo de las tradiciones —en el caso de la primera obra— como lo absurdo de la obediencia gregaria que padece el ser humano, representado en la segunda.  A decir verdad, comentar el diseño de la cubierta me hace recordar que ese ciego en la ventana referido en el título, supone ser la encarnación del autor según la narración del epílogo. Si el libro en sí es rompedor y sorprendente, no iban a serlo menos el prólogo y epílogo; en ellos, la mismísima Sònia, aquí personaje y narradora, pero en la vida real, trasunto del amor y musa venerada —a quien ya dedicara un poemario completo, Sònia (Acantilado, 2008) —, es la encargada de, en el prólogo, entrevistar ficticiamente al autor, y en el epílogo, dirigirse a los lectores de forma intensa tras el supuesto fallecimiento de su amado.

Cualquier pretexto es aprovechado por Masoliver Ródenas para reconocer una ayuda o castigar una ofensa en el decurso de la memoria, así, personajes del pasado, anónimos, populares, rivales, amigos, personajes reales y fantásticos, amores que fueron y no fueron, seres e historias se suceden en historias comprendidas entre un renglón a seis páginas:

«Siento un profundo afecto por algunas personas. Parientes, amigos de mis años de universidad, amigos que he ido dejando por el mundo, escritores con los que me he identificado y con los que me ha ido ganando una amistad más allá de la escritura. Desprecio a unos cuantos. Ignoro a muchos más. Y no odio a nadie, o son odios que el tiempo transforma en desprecio, no quiero derrochar mi energía. Prefiero invertirla en los afectos. Me importa no ser querido. No me importa ser odiado. […]».

Sagaz, sincero, paladín de una irreverencia forzada por el hastío, Masoliver respira a través de sus palabras y compendia una vida en la que él es protagonista, director, coreógrafo y cronista. Pero no todo es literatura en este visor vuelto al pasado, la luz que proyectan estos textos atraviesa una genial y bien dispuesta lente, la filosofía:

«La amaba profundamente, pero no soportaba que ella le amase. Teorizó mucho sobre el amor, hasta que se enamoró. Dejó muy pronto de amar y regresó a sus teorías, porque lo suyo no era amar sino teorizar».

Crítica:

«Las puertas de las iglesias no deberían estar nunca cerradas».

Y así hasta el infinito.

Ninguno de los textos lleva numeración o título. Resulta fascinante leer a un intelectual como Masoliver Ródenas, un erudito que ya ha triunfado, que ya ha vivido y no presume de ello, despacharse a gusto contra todos sus fantasmas en su camino de regreso. Nada le importa porque a nada teme, nada vende, nada perpetra. La forma de abordar cada una de sus historias en bastante anárquica, a veces utiliza la primera persona como eje narrador, en otras ocasiones habla a través de sus personajes, incluso hay diálogos como podríamos encontrar en una novela. Contundencia aforística, coloquialismo de un diario, alta poesía. A pesar que —como el propio autor confiesa— huye de las etiquetas y los críticos, y salvando la dificultad que entraña la mezcla de variedades estilísticas presente en este libro, me atrevo a aseverar que entre posibles trabucaciones, jitanjáforas, limericks o «palabras maleta», hay una apuesta mayoritaria por un formato, el nonsense[1].

Y más allá de formatos o tendencias, la prosa de Masoliver Ródenas se reconoce ante el espejo de un postismo anacrónico que intenta aunar lo mejor de lo antiguo y lo moderno:

  • Supremacía de la imaginación que depende del subconsciente y la razón.
  • Utilización de materiales sensoriales.
  • Su carácter lúdíco, dionisiaco y humorístico.
  • Control técnico que incluye la exploración de las posibilidades del lenguaje.
  • Voluntad de destruir prejuicios.

La palabra «monotonías» que aparece como subtítulo del libro, tiene aquí la aspiración de constituirse como un nuevo género de literatura breve, un género que bebe de la greguería, del aforismo y el microrrelato y a su vez justifica todo lo citado anteriormente, ya que Juan Antonio es conocido por «tono» entre sus amigos, de ahí las «tonías».

Como dice el propio autor: «en las monotonías, pensar e imaginar son una misma cosa», por tanto, y para no desentrañar más un libro que invito a leer a los buenos lectores, invito a pensar o imaginar en esta monotonía o politonía de arte y ensayo:

«Vi a Dios

Llorando en la escalera como un niño.

No quería oraciones ni consuelo.

Sólo llorar en la escalera de mi casa.

El que insiste en que no cree en Dios, es que tiene muy poco que decir.

Por respeto a Dios no entro en las iglesias».

[1] Figura literaria que puede darse en verso o prosa, puede ser humorística y su naturaleza aspira a formar juegos de palabras transgrediendo la sintaxis y la semántica.

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