Archivos para agosto, 2015

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Título original y traducido: Twelve Years a Slave (12 años de esclavitud)

Año de producción: 2013

Duración: 133 minutos

Nacionalidad: Estadounidense

Dirección: Steve McQueen

Música: Hans Zimmer

Fotografía: Sean Bobbitt

Guion: Jhon Ridley y Steve McQueen (basado en la biografía de Solomon Northup)

Producción: Summit Entertainment / Plan B / River Road Entertainment / New Regency Pictures / Film4

Género: Drama

Reparto: Chiwetel Ejiofor, Michael Fassbender, Lupita Nyong’o, Benedict Cumberbacht, Paul Dano, Paul Giamatti, Sarah Paulson, Brad Pitt, Alfre Woodard, Michael K. Williams, Garret Dillahunt, Quvenzhané Wallis, Scoot McNairy, Taran Killam, Bryan Batt, Dwight Henry.

12 años de esclavitud es, sin duda, fue una de las más firmes candidatas a los premios Oscars 2014.  Y es que la cinta del director Steve McQueen es un compendio de bellas facturas que al mismo tiempo ilustra y emociona.

El actor de raza negra Chiwetel Ejiofor (American Gangster, 2007) encarna el personaje principal de la película, Solomon Northup, un hombre libre que se gana la vida como ebanista, además es un virtuoso violinista y hombre culto que vive con su esposa y sus dos hijas en Saratoga Springs (New York). Solomon es embaucado por dos estafadores que le prometen trabajar en un circo importante y tras un encuentro con ellos es drogado y secuestrado para ser vendido como esclavo. Los hechos ocurren en 1841 tal y como fueron relatados por el verdadero Solomon Northup en su libro autobiográfico, a partir de ahí, la vida del protagonista será una odisea de racismo y supervivencia que marcará su vida para siempre.

La película cuenta con un elenco de actores de considerable riqueza interpretativa, como: Fassbinder, Giamatti o Pitt, sin embargo todo el peso dramático del film recae sobre los hombros de Chiwetel, un actor que —paradójicamente— debutó de la mano de Steven Spielberg en (Amistad, 2007) otra muestra de cine sobre la esclavitud. La carga emocional que expresa el rostro de Chiwetel es muy densa, está llena de matices y trasciende significativamente a la mirada compasiva del espectador, su rol de mártir y luchador al mismo tiempo es reforzado por la forma de abordar la película de McQueen, sólida, sin concesiones al sentimentalismo y fiel en todo momento —salvo detalles intrascendentes— al libro original.

TWELVE YEARS A SLAVE

12 años de esclavitud es la tercera película como director de Steve McQueen, el autor de Hunger (2008) y Shame (2011) que hasta el momento ha contado en su completa filmografía con uno de los actores de moda, Michael Fassbinder, su actor fetiche. Hunger, a pesar de ser una interesantísima y dura película sobre la huelga de hambre de un miembro del IRA sigue siendo inédita en España, y Shame, a pesar de haber merecido varios reconocimientos internacionales no obtuvo ninguna nominación a los Oscar, quizá debido a su contenido sexual que incluye un desnudo frontal de McQueen como actor que dio mucho que hablar. La valía como actor de Fassbinder está en línea ascendente y consigue convertir a Edwin Epps, su personaje en la película, en uno de los más terribles villanos que ha dado últimamente el cine.

La puesta en escena de la película también es un factor bien cuidado, el vestuario, elige la gama de colores tierra para complementar la aridez de los escenarios, los decorados recrean perfectamente la época, ya sea al comienzo en New York o durante la película recreada en las plantaciones de Louisiana. Las localizaciones escogidas, muy cerca de las verdaderas plantaciones donde Solomon Northup sufrió su esclavitud en el Siglo XIX, corresponden a Nueva Orleans. Steve McQueen demuestra tener una sensibilidad muy particular, con tres películas ha demostrado tanto su perfeccionismo como su talento narrativo, abordando temas de relevancia social desde la perspectiva de un ciudadano crítico cultivado en las bellas artes. McQueen además de director de cine es escultor, guionista, actor y fotógrafo, reconoce en sus inicios la influencia de la nouvelle vague y Andy Warhol, unos inicios donde sus trabajos fílmicos se proyectaban sobre las dos paredes de las galerías de arte, en formato corto, en blanco y negro y sin sonorización.

Buena parte de la libertad creadora que ha gozado McQueen en 12 años de esclavitud, ha sido proporcionada por el equipo de producción, un conjunto de productoras donde destaca «Plan B», propiedad de Brad Pitt, quienes han dotado a McQueen además de historiadores, localizadores geográficos y todo tipo de recursos para crear una obra rigurosa y verídica durante sus siete semanas de rodaje.

Durante el periplo del personaje protagonista viviendo su calvario de esclavitud, vamos conociendo las diferentes formas humanas de posicionarse ante un problema social del que todo el mundo —exceptuando la raza sometida— saca partido. Por ejemplo, los dos embaucadores que estafan a Solomon lo hacen por dinero, el mismo dinero que según el personaje de Paul Giamatti borra su humanidad. Benedict Cumberbacht (Agosto, 2013) es uno de los diversos <dueños> por los que va pasando el atribulado protagonista, pero un dueño que demuestra su humanidad hasta cierto punto, no disfruta sometiendo y humillando a los esclavos, pero se beneficia de ello. Después encontramos el personaje encarnado por Fassbinder, un psicópata cruel que utiliza el terror y la opresión para soportar su ruinosa vida al lado de su esposa, probablemente el personaje más maléfico de la película protagonizado por Sarah Paulson. Y para terminar encontramos el personaje de Brad Pitt, que es muy breve en la película pero tremendamente importante, ya que aquiescencia y humanidad permiten uno de los sueños del protagonista y arriesga su propia integridad desinteresadamente. Por tanto la película dibuja muy bien las posturas diversas que adopta el ser humano ante un problema enquistado en la sociedad, es la denuncia moderna de una etapa oscura de nuestro pasado que conviene conocer y reconocer para que su lección moral no se pierda en el olvido.

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Si tomamos la película como una historia coral llena de personajes que conforman un relato armado de mensaje social y humanista, podríamos culparla de no dotar de trascendencia a algunos personajes, de no terminar de cerrar círculos que en un momento dado, se abren pudiendo enriquecer la historia y convertirse en derivaciones y subtramas interesantes; pero debemos valorarla como lo que es, una reproducción visual basada íntegramente en el libro que escribió el verdadero Solomon Northup a finales del Siglo XIX.

En cuanto a la banda sonora, resulta muy extraño que hayan escogido a Hans Zimmer (El Rey León, 1995) uno de los maestros actuales en cuanto a la realización de bandas sonoras, para la musicalización de esta historia, si bien el compositor alemán elabora una partitura minimalista y austera, casi imperceptible, consigue que su -poca- instrumentación entronque magníficamente con la historia, sobre todo en los pasajes en que se utilizan canciones tradicionales de los esclavos negros, diégesis en la que incluso participa el personaje protagonista con voz grave y fuerte. Pero sin duda, los amantes de la increíble carrera musical de Zimmer verán decepcionadas sus expectativas de encontrar en 12 años de esclavitud una banda sonora de Oscar. La partitura, exceptuando el escueto tema organístico, se reduce a música atmosférica y parecida —muy parecida— a anteriores temas de su autor, como por ejemplo: El llanero solitario (Gore Verbinski, 2013) y especialmente Origen (Cristopher Nolan, 2010). Siempre se espera mucho de un músico de su capacidad y no siempre los resultados contentan a sus seguidores, es cierto que Zimmer lleva muchos años perteneciendo a esa élite de compositores elegidos para la gloria, pero en esta ocasión no parece haberse estrujado mucho los sesos para ofrecer una de esas bandas sonoras a las que nos tiene acostumbrados.

La película merece ser vista y recomendada tanto por su indudable valor artístico como por su historia de valores y miserias humanas, una lección de esperanza ante las adversidades que nos viene muy bien para afrontar un presente no tan diferente en injusticias.

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Vicente Haya

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Título: Aware

Autor: Vicente Haya Segovia (Abdelmumin Aya)

Género: Investigación (teoría del haiku)

Editorial: Kairós

Número de páginas: 306

Año de publicación: 2013

Vicente Haya es ya considerado como el mayor experto en haikus de la lengua castellana. Supera la docena de libros publicados con referencia a este formato poético, un formato poético tan antiguo en oriente como moderno en occidente, y es que la pasión que ha despertado este terceto sin rima en la cultura popular (de ya muchísimos países) es una eclosión sin parangón en nuestros días.

¿Por qué el haiku? Y ¿por qué Vicente Haya? En mi opinión, defiendo la tesis de una comunión del haiku con una serie de tendencias y necesidades de la sociedad actual. Defino las tendencias (en la poesía): ausencia de rima, brevedad, claridad, métrica imparisílaba. Y necesidades (humanas): sed de experiencias, inmediatez, avidez de valores. Lo que llamamos haiku puede venir a cubrir una buena parte de las necesidades más viscerales del habitante citadino, su esencial pureza, su sorpresa, su inocencia, su catálogo de sabores, de percepciones, un viaje por lo sensorial que se necesita para contrarrestar la opulencia y la vanidad que hoy padecemos la mayoría de los urbanitas.

¿Por qué Vicente Haya?. Es muy difícil escribir un buen haiku residiendo en una gran ciudad, igual de difícil que hacerlo escapando a la naturaleza en los ratos libres. Es imposible creer que hacemos buenos haikus sin conocer los fundamentos de la cultura en que nació, sin conocer su historia o siendo una persona superflua sin mundo interior o sin noción ninguna sobre la lengua japonesa. Por todo ello adquiere una vital importancia la figura de Vicente Haya para nosotros. Vicente aprendió los entresijos del haiku de la mano del maestro Reiji Nagakawa, vivió un retiro espiritual de 16 años confinado en el Templo Köfukuji en Nagasaki, es traductor de lengua japonesa y desde la soledad de su celda acometió la árdua tarea de reunir en un solo libro las reglas fundamentales para escribir un buen haiku.

Esta gigantesca empresa da buena cuenta de la calidad humana de Haya al ofrecer literariamente el gran legado de su sabiduría, poderse introducir en un mundo tan hermético como el de la cultura japonesa, discernir la verdad entre la mentira, muchas veces difundida por sus propios difusores y protectores para salvaguardar sus sagrados secretos, enclaustrarse en un encierro tan prolongado, renunciando a todos los placeres de la vida para después recorrer el mundo de ponencia en ponencia para divulgar lo aprendido es una tarea que a él le honra y a nosotros nos debería enriquecer.

El libro está escrito de forma coloquial, los que hemos sido alumnos de Vicente sabemos que leer sus páginas es como estar presente en una de sus clases, llenas de vitalidad, de humor, de ironía, pero también en ciertos pasajes de hondura y misticismo. Así Vicente elige las 88 reglas básicas para acometer nuestra iniciación en el haiku. Con una habilidad metódica va diseccionando hasta 262 haikus de autores clásicos de quienes tenemos la suerte de ver sus obras en japonés, ya que Vicente se toma la molestia de ofrecer esos 262 haikus de forma trilingüe, tanto en japonés como en jeroglífico (obviando el castellano) para que podamos ser partícipes de los cambios que sufre un haiku traducido y seamos conscientes de la imposibilidad de conservar la verdadera esencia del haiku que padece el traductor ya que hay palabras japonesas que significan frases enteras en castellano.

Aware es un libro dividido en cinco bloques que desvela las pautas a seguir para no caer en los errores más típicos, un manual didáctico que rompe muchos de los tópicos instaurados a fuerza de desconocimiento, una herramienta más que aconsejable para adentrarnos con soltura y acierto en una poesía iniciática que no es más que un prolegómeno a una filosofía, una forma de vida espiritual descrita en otro libro del mismo autor “haiku-do”.

Vicente Haya se licenció en Filosofía y Letras por la Universidad de Granada, en la especialidad de Historia de las Mentalidades en la Edad Moderna Europea (ss. XVI-XVIII), después se doctoró en Filosofía Pura en la Universidad de Sevilla. Pertenece desde el año 2002 al grupo de investigación HUM 153 de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Sevilla y actualmente coordina el Máster de Religiones de las Tres Culturas (MATREM) de la Universidad de Sevilla. En sus más de treinta libros, además del haiku, ha profundizado en temas como niponología e islamología.

Para todo aquel que crea que en un haiku no puede haber verbos, o no puede haber yo, o que debe escribirse siempre en 17 sílabas está escrito este libro, un golpe de suerte para todos aquellos escritores que quieran conquistar, desde la más fiable ilustración, nuevos horizontes.

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Título: Manifiesto asténico

Autor: Eloy Sánchez Guallart

Género: Poesía

Editorial: Unaria ediciones

Número de páginas: 86

Año de publicación: 2012

Natural de Castellón, Eloy Sánchez Guallart (1963) es uno de los miembros de la tertulia poética castellonense El Almadar y colabora habitualmente con sus textos en su revista Azharanía. Ha participado en las antologías de varios autores Poetas del 15M (Séneca, 2011) y Arando versos (ACEN, 2012). Sánchez Guallart debuta en la poesía con Manifiesto asténico que se enmarca como una ópera prima pionera en la colección Astrolabio coordinada por la poeta y editora Amelia Díaz Benlliure.

El título del poemario puede abocarnos a equívoco, ya que la astenia reflejada en él no hace justicia con el corpus final tras su lectura, la vigorosidad, el tratamiento colorista o su riqueza de imágenes no me permite aceptar que el conjunto sea un manifiesto escrito desde el decaimiento o la debilidad, sino más bien lo contrario, intuyo que está escrito desde una fuerza interior que ser rebela contra todo ello, aunque no por ello está exento del desencanto que proporciona ser consciente de la realidad que nos rodea.

Los temas centrales escogidos por el poeta castellonense para vehicular su discurso son el amor, el ser humano y el tiempo pero abordados cada uno desde las más variadas lecturas y gradación de hondura que su versatilidad como cantor y filósofo le confiere.

El libro está dividido en tres bloques y para diferenciarlos utiliza fragmentos de otro cantor y filósofo legendario como es Leonard Cohen, fragmentos que dicho sea de paso podrían haber sido traducidos al castellano. El primer bloque abre el fuego con una estrofa de la canción “Suzanne” que fue la más popular del disco en que se publicó y una de las más famosas de su carrera, The Songs of Leonard Cohen (1967) no por casualidad este disco es la ópera prima del autor canadiense que provenía de la literatura -ya había escrito dos novelas y cuatro poemarios- y se lanzaba al mundo de la música a la edad de 33 años. Son tantas las analogías que Sánchez Guallart encuentra en Cohen que el poeta de Castellón decide separar cada bloque de su poemario con fragmentos de canciones del genio autor de The Partisan.

El primer poema del libro lleva por título “Poética” y no en vano al mismo tiempo que inaugura la aventura en sus versos el poeta trata de justificar las motivaciones de su escritura, un envite en el que podemos entrever tanto los temas capitales de sus preocupaciones como el patológico e impulsivo mecanismo que lo lleva a escribir casi en legítima defensa, planteamiento que ya compartiera otro excelente poeta valenciano como es Sergio Arlandis en su obra Caso perdido (Renacimiento, 2010).

El poemario abarca un espectro muy amplio tanto en léxico como en puntos de vista del yo lírico, en el lenguaje por ejemplo encontramos desde lo sórdido y casi ordinario hasta lo más culto y refinado, pasando por una supresión de artículos y preposiciones así como un espíritu neologista que no ocultan una búsqueda estética y convierten la lectura en ocasiones -posiblemente alambicada para algunos- sofisticada e impactante. También observo un uso anárquico de las comas y las asonancias, rasgos que exigen cierta entrega por parte del lector y que además confirman una concepción ultra liberal de un versolibrismo desatado que busca nuevos caminos, algo muy de agradecer en estos tiempos en los que para mucha gente está todo dicho en la literatura.

En la página 34 encontramos el poema titulado “Valentine´s day” y una de sus estrofas dice así: “…talle frondoso en tarro esencial/volcánica flor hierática altiva/en formas sinuosas onduladas tu ser/capicúa guía deseo inalcanzable”. El agrupamiento de sustantivos y adjetivos dan buena cuenta de lo intenso de la lectura, una sucesión de imágenes, de sabores, de colores en espasmódica vorágine de sucesos y de formas.

En la pagina 56 se encuentra el poema titulado “Mediodía” quizá sea una apreciación mía pero encuentro en estos versos la misma cadencia que en la letra de una canción, por lo que intuyo cierta vocación de músico en Eloy, una inquietud que -de ser cierta- sin duda le beneficiaría a la hora de componer poemas: “Soy un flamenco rojo en la cocina, /aquel estúpido que todavía no emigró, /soy el último habitante que declina/los verbos del fútbol y el bar. /Así se dispone en los bandos que cuelgan/de las esquinas de plomo en esta puta ciudad”. La acólita visión descarnada de un mundo que acompaña a aquel que no lo asume no es cinismo ni crítica sino un lenguaje fundado contra la tiranía sistémica que instaura en los corazones tanta desazón como inhumanidad. “Tanta moneda en el centro de las apáticas vidas…” “Tantos números venciendo la lágrima en un desahucio…” “La horma se ha hecho sistema/y agrieta la calidad del ser que abrió…”. El poeta se indigna ante un panorama desolador, el escenario del urbanita del siglo veintiuno, no entiende el estatismo, la vida autómata, y hasta se cuestiona la utilidad de la poesía: “Tantos árboles huérfanos de abrazo/y tan poca/la utilidad de un poema”. Es lícito cuestionarse hasta la validez de nuestro silencio, es comprensible que nazca la desconfianza cuando lo demás no acompaña, somos humanos, por eso son necesarias las “Proposiciones”: “Provoquemos el acto, /una fugaz rebeldía, /las manos/que encienden/e incendian/el páramo ciego”. Revulsivo, fiscal acusador, díscolo sublevado, la audacia como autor de Eloy inquieta y atenaza al pensamiento, incita al movimiento y su dinámica. A lo largo de los 53 poemas que componen este libro vamos conociendo la historia no contada por su autor, el estigma del amor, la angustia por lo efímero de estar vivo, influencias musicales, como también influencias cinematográficas, si bien en ocasiones esas influencias se delatan textualmente en títulos como “Habitación con vistas” o “Del tiempo sin retorno o la conciencia del Replicante” hacia filmes -tan dispares- de Ivory o Scott respectivamente, también lo hacen sutilmente en descripciones muy gráficas dignas de una cultura audiovisual, se muestran perspectivas narradoras ubicadas con la misma precisión que colocaría sus aparatos un director de fotografía. Hay guiños en sus versos a autores clásicos como cuando dice: “Espinas como labios…” o a películas míticas de géneros mucho más explícitos: “Tras la puerta verde…” “Quiméricos inquilinos…” aunque debo confesar que mi intuición me dice que su criterio artístico le hace inclinarse más por el género de la ciencia ficción, no por nada es autor desde el año 2008 de un blog que lleva por nombre “Lágrimas en la lluvia” cuyo título hace alusión al magnífico monólogo interpretado por el actor Rutger Hauer en la secuencia final de la película “Blade Runner” un clásico que sin duda ha influido en este autor.

En la página 73 encontramos el poema titulado “El poema que escribo” donde el poeta se sincera con sus lectores en su afán por atisbar nuevos senderos en el lenguaje construido con palabras y confiesa tanto su necesidad de afirmarse como disidente gramatical de una mayoría aborregada –cronopio– como su verdadera naturaleza de autor-canal más que autor-caudal. Lo ajeno de la inspiración nos nombra cauces de argumentos que no entendemos, Eloy acepta ese sometimiento de orden natural pero no pierde la esperanza de intentar introducir sus cláusulas para mejorar las condiciones de ese contrato leonino: “El poema que escribo/se enzarza en las esquinas, /con ira costurera/gruñe su condición disidente/ajeno a los modismos/a los pies de la manada”.

En definitiva Manifiesto asténico es un viaje por las entrañas de un nuevo poeta que ofrece buenas formas y buenos contenidos, un poeta que no redunda en lo ya leído sino que con valentía aspira a encontrar nuevas vertientes, algo que lo destaca de una gran masa tradicionalista que comercia con monas vestidas de seda tan héticas como pergeñadas. Espero que en el futuro podamos hablar de Sánchez Guallart como uno de los benefactores de esa raza en peligro de extinción que son los verdaderos poetas.

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Cartografías de Orfeo es una antología de la joven poesía escrita en Valencia, en lengua castellana, que abarca principalmente autores nacidos entre 1970 y 1987. Precisamente, junto a ciudades como Madrid y Barcelona, la capital levantina se ha descubierto como un auténtico vivero de poetas de incuestionable prestigio en el panorama poético español actual y su obra, tanto como lo hicieron sus predecesores, está llamada a traspasar rápidamente las fronteras nacionales. Estos jóvenes autores han destacado ya como la nueva hornada que marcará, en parte, los nuevos y destacados rumbos de la poesía española en las venideras décadas.

”Bajo el signo de Orfeo, se congregan aquí doce de las voces más notables de la poesía valenciana actual. El mapa del descenso al Hades va trazando una poesía heterográfica, donde germina la poiesis experiencial (Paz Moreno, Valero, Vicedo y Ceballos), el neoformalismo indagatorio (Candel, de Sysmo, Muelas Bermúdez y Mascarell) y la epistemología del espacio (Navarro, García Caballero, Saneleuterio Temporal y Collado). El viaje hacia el Hades mundano, o al Averno interior, emprendido por estos poetas embiste felizmente con el sublime descubrimiento de la esencia de la poesía, en la que se  transparenta la infinitud de la palabra.  En Cartografías de Orfeo, Sergio de Arlandis ha sabido armar con acierto el mapa del acontecer lírico de Valencia transitado de variegados matices y disímiles resonancias.”
–Alberto Martínez-Márquez
Departamento de Humanidades
Universidad de Puerto Rico en Aguadilla

Sergio Arlandis (Valencia, 1976) es Doctor de Literatura Española por la Universidad de Valencia, donde también fue profesor; igualmente, ha impartido clases en el Hispanic Studies Program University of Virginia y otras universidades de diferentes países. Actualmente es profesor de University of Pennsylvania. Su labor académica la ha compaginado con la dirección general de la editorial Anthropos-Siglo XXI. Reconocido especialista de la poesía española contemporánea, entre sus publicaciones académicas más recientes se destacan: Cenotafio. Antología poética de Jaime Siles (Cátedra, 2011), La revelación poética en José Luis Hidalgo: Paisaje, experiencia y lenguaje. Aspectos de su mundo poético (Ayto. Torrelavega, 2013), Huésped del tiempo esquivo: Francisco Brines y su mundo poético (Renacimiento, 2013), El desvelo del lenguaje. La poesía de Jaime Siles (Biblioteca Nueva, 2014). Finalmente, como, poeta, ha aparecido en numerosas antologías de poesía española actual y ha sido invitado a diferentes festivales de poesía nacional e internacional.

INDICE

Mirada en el tiempo:
motivos para una antología de joven poesía valenciana
Sergio Arlandis

Xelo Candel

María Paz Moreno

Andrés Navarro

José Ángel García Caballero

Gregorio Muelas Bermúdez

Heberto de Sysmo

Lola Mascarell

Elia Saneleuterio Temporal

Bibiana Collado

Javier Vicedo

Manuel Valero Gómez

Andrea Ceballos

Reseña sobre el libro escrita por Carlos Alcorta:

https://carlosalcorta.wordpress.com/2015/05/13/cartografias-de-orfeo-antologia-de-la-poesia-valencia/

“El capitalismo es capaz de destruir la posibilidad de una vida digna”

Noam Chomsky

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Zygmunt Bauman

Cíclicamente, la historia se repite. Cualquier hemeroteca puede dar buena cuenta de ello: Gripe A (2009-2010), Gripe aviaria (2003) o el Síndrome Respiratorio Agudo severo (2002). Actualmente, el ciudadano del siglo XXI, sobrevive instalado en la desconfianza hacia sus gobernantes; el descrédito político es tal, que a nadie sorprende ya que -tras una investigación- una pandemia resulte ser provocada por los gobiernos para dos fines: atemorizar y controlar a la sociedad con su propagación (cortina de humo), al tiempo que para enriquecerse después con la venta de su vacuna. Entidades mediáticas como la fundada por Julian Assange (Wikileaks) en 2007, se han encargado de desvelar los oscuros propósitos de los gobiernos, así como las mentiras que han utilizado para encubrir sus verdaderos intereses. La sombra de una monumental conspiración, urdida por la mayoría de riquezas mundiales en consenso, ha provocado un florecimiento de teorías conspiratorias que daría para formar otra historia universal no contada. Poco a poco, se asume la maldad por su costumbre, se tolera porque es trivial y cotidiana, algo tan patético como terrible.

Que la salud mundial sufre secularmente serias amenazas virales, es algo —a día de hoy— innegable. Otra cosa es pensar que dichas amenazas, sean propiciadas por causas naturales. Basta con hacer un somero repaso a la aparición de algunas pandemias que han marcado relevantemente nuestra historia, para darnos cuenta de las constantes que se repiten y comparten -tácitamente- como denominador común:

En el año 430 a.C. Tuvo lugar la llamada “Plaga de Atenas”, aparecida curiosamente “durante la Guerra del Peloponeso” y más desconcertante todavía, debido a “un agente desconocido”; el caso es que le fue atribuido a la fiebre tifoidea la muerte del cuarenta por ciento de las tropas atenienses. Ya terminada la guerra, la infección siguió haciendo estragos y acabó con la cuarta parta de la población. ¿Pudo haber sido utilizada tal pandemia estratégicamente?

No es la única vez que un potente virus irrumpe al mismo tiempo que un conflicto bélico, por ejemplo, el tifus. En el año 1489 y durante las famosas Cruzadas, el tifus se llevó la vida de 20.000 españoles que combatían contra los musulmanes en Granada. Más tarde, en el año 1528, los mismos españoles se vieron beneficiados por el tifus, ya que en su lucha contra los franceses por la posesión de Italia, el tifus arrasó las filas francesas llevándose más de 18.000 vidas, dato por el cual, los franceses, perdieron su supremacía en Italia. 30.000 personas más murieron a causa del tifus en 1542, mientras se combatía a los otomanos en los Balcanes. La recurrencia de dicha enfermedad en tiempos de guerra era tal, que fue llamada «fiebre de los campamentos».

La mayor pandemia del siglo XIV, la peste negra, se “supone” que empezó en algún lugar del norte de la India. Se “supone” también que cruzó el mar a través de marineros infectados, y así pudo devastar la población europea cobrándose 25 millones de víctimas. Demasiadas suposiciones y coincidencias; brotes de origen desconocido, apariciones que casualmente coinciden con periodos de conflicto, y lo más importante, casi siempre las epidemias aparecen en zonas superpobladas: India, Europa, la antigua Rusia, China, el continente africano. El impacto causado por el Cólera, el Sida o la Viruela, ha demostrado con creces la fragilidad de nuestra especie, sus aportaciones a la raza humana, mediante grandes campañas de exterminio, nos han ayudado a sobreponernos a grandes obstáculos y a tener —cada vez— mucho más en cuenta, la vida microscópica.

Gracias al imparable desarrollo de la tecnología, cada vez resulta más fácil crear un virus letal en cualquier laboratorio y liberarlo impunemente en algún lugar inhóspito del mapa. ¿Hasta qué punto es ilícito vincular esta mascarada con la gran industria farmacológica? Recordemos que tras ellas se encuentran los grandes inversores. Esa misma sospecha -la de liberar un virus en una zona concreta- mantuvieron los habitantes de Sierra Leona desde que empezó a operar en sus tierras el famoso hospital de Kenema. Dicho hospital era gestionado tanto por administradores locales, como por doctores e investigadores de la Universidad de Tulane en Nueva Orleans, como del Instituto de Investigación Médica de Enfermedades Infecciosas de la Armada de los Estados Unidos. Allí trabajaba el doctor Shiekh Humar Khan, uno de los máximos expertos en Ébola de Sierra Leona, considerado un héroe nacional por su lucha contra la enfermedad y que murió el pasado 29 de julio tras ser infectado “extrañamente” por el virus. En dicho hospital, existe un laboratorio de armas biológicas, y es allí donde el experto en VIH y Ébola, Glenn Thomas, consultor de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en Ginebra, participó en una serie de investigaciones acerca de operaciones de prueba en la zona con el virus. Tras esto, los habitantes de Sierra Leona culpabilizaron al hospital de inocular el virus a algunos de sus pacientes; existen pruebas constatables de ello. Thomas fue consciente de que el hospital había manipulado pruebas y diagnósticos de algunos pacientes, con la intención de convencerlos de que estaban infectados del virus y se sometieran a un tratamiento que no haría otra cosa que infectarles. Tal maniobra tenía como fin último la comercialización de una vacuna; pero la gente, tan asustada como indignada, se rebeló y el hospital fue atacado. El gobierno de Sierra Leona tomó cartas en el asunto y terminó cerrando el hospital.

Glenn Thomas se negó rotundamente a participar en tales prácticas, por lo que —y ahora viene parte de la teoría conspiratoria que sostengo— además de ser considerado peligroso, al estar al tanto de los intereses extranjeros en Sierra Leona y poder desenmascararlos, también era considerado como competencia, ya que sus estudios sobre el Ébola tarde o temprano terminarían culminando en una vacuna. Así que, casualmente, Thomas fue uno de los pasajeros que se perdieron en aquel vuelo de la compañía Malasyan Airlines sobre el cielo de Ucrania. Que cada uno extraiga sus propias conclusiones.

Tras la clausura del hospital de Kenema, hemos podido conocer, poco a poco, datos que ya ponen nombres y apellidos a las personas relacionadas —de alguna manera— con esta trama. Nombres como los de Bill Gates y su esposa Melinda, quienes —presuntamente— tenían algún tipo de conexión con este asunto. Y en esta dinámica, aparece el nombre del multimillonario George Soros, quien a través de su fundación (Fundación Soros Open Society) se descubrió como uno de los fuertes inversores interesados en la zona llamada “Triángulo de la muerte del Ébola” formada por Sierra Leona, Guinea y Liberia.

Tres grandes firmas farmacológicas han duplicado ya sus beneficios bursátiles sólo con anunciar que tienen una vacuna contra el Ébola. ¿Por qué razón desaparecen misteriosamente expertos en el tema? ¿Alguien tiene una explicación para justificar la desaparición del vuelo MH- 17 de Malasyan Airlines sobre Ucrania? Si la idea principal era que el virus del Ébola se propagase por África con posibilidad de llegar a otros países, era completamente necesario —puesto que los países vecinos son más desarrollados— que tuviese lugar una cadena de errores humanos que propiciaran su expansión. La realidad es incontestable, no hay más que leer los periódicos.

Que el virus del Ébola se expanda y mate a miles o millones de personas por todo el mundo, además de todas las “utilidades” mencionadas para sus creadores, conlleva otro “beneficio” más para aquellos que tratan de injerir y manipular el mundo; el control demográfico.

Ya en el siglo XVIII, el famoso clérigo anglicano y erudito británico Thomas Robert Malthus (1766-1834), considerado uno de los primeros demógrafos, expuso la crasa importancia que supone para un gobierno, conocer y controlar el crecimiento demográfico de su población. Malthus fue miembro de la Royal Society desde 1918, fue quien popularizó la teoría de la renta económica, y alcanzó la categoría de verdadera celebridad al publicar la primera edición de su Ensayo sobre el principio de la población (1798). En dicha obra, Malthus expuso la problemática que resulta de acrecentar el número de habitantes de un país sin tener en cuenta la cantidad de recursos naturales que la tierra puede proveer para sostener tal crecimiento. Esto mismo, es lo que en su libro resumió en dos párrafos de esta manera:

“Mas en el hombre los efectos de éste obstáculo (límites naturales de espacio y alimento) son muy complicados; guiados por el mismo instinto, le detiene la voz de la razón que le inspira el temor de ver a sus hijos con necesidades que no podrá satisfacer. Si cede a este justo temor es muchas veces por virtud. Si por el contrario le arrastra su instinto, la población crece más que los medios de subsistencia”.

“Cuando no lo impide ningún obstáculo, la población va doblando cada 25 años, creciendo de período de período, en una progresión geométrica.
Los medios de subsistencia, en las circunstancias más favorables, no se aumentan sino en una progresión aritmética”.

Robert Malthus (Ensayo sobre el principio de la población)

Para llegar a tales conclusiones, Malthus estudia el modelo de crecimiento de la sociedad norteamericana durante el siglo XVIII. Así constata que debido a la libertad de emancipación y la abundancia de los recursos alimenticios —fomentados por la industrialización—, no existe nada que frene la natural fuerza de expansión de una población y ésta puede crecer descontroladamente. Para Malthus, existían unos obstáculos al crecimiento de la población que clasificó de dos maneras: como obstáculos privativos y obstáculos destructivos:

Obstáculos privativos (implican voluntariedad)

  • Restricción moral: abstinencia del matrimonio, castidad, retraso del matrimonio hasta acumular recursos.
  • Vicios: libertinaje, prácticas contrarias a la naturaleza, violación del lecho conyugal, uniones criminales, uniones irregulares.

Obstáculos destructivos (no requieren voluntariedad)

  • Miseria: ocupaciones malsanas, trabajos penosos, pobreza, mala alimentación, insalubridad, enfermedades, epidemias, hambre, peste.
  • Vicios y desgracias: excesos, guerras.

La capacidad de síntesis de Malthus, consigue reducir a tres premisas la argumentación de su postulado:

“La población está limitada necesariamente por los medios de subsistencia.
La población crece invariablemente siempre que crecen los medios de subsistencia, a menos que lo impidan obstáculos poderosos y manifiestos.

 La fuerza superior de crecimiento de la población no puede ser frenada sin producir miseria”.

El crecimiento desmesurado de una población —según Malthus— ponía en peligro el sistema capitalista, no garantizaba el alto nivel de vida de los países desarrollados y por el contrario, sí garantizaba que una gran parte del mundo, estaría instalada por siempre en la pobreza y la miseria, por lo que se generaría una profunda desigualdad y ese numeroso estrato social se convertiría en un foco interminable de problemas: robos, epidemias, desobediencia.

Adam Smith (1723-1790), fue un ilustre economista y filósofo escocés, y para mucha gente, uno de los padres de nuestra economía actual. En su célebre obra La riqueza de las naciones (1776), asentó las bases del capitalismo moderno. A Smith, quien en sus comienzos trató de compaginar la ética y la política en sus reflexiones, debemos la idea de someter el mundo a una globalización que dependa mayoritariamente de los intereses de los mercados; y lo más interesante, también contemplaba Smith en su tesis, la idea de controlar la demografía de la población a gobernar, secundando así la propuesta de Robert Malthus.

El influjo de Malthus impregnó los dogmas de algunas de las entidades más poderosas del mundo, como: El Grupo Bilderberg, el Club de Roma, La Comisión Trilateral (TC) y el Consejo de Relaciones Exteriores (CFR). El Malthusianismo convenció a estos organismos, todos masones, de una manera tal, que pronto construyeron un mecanismo para llevar a cabo ese control en la demografía a cualquier precio. En el año 1968 los integrantes del Club de Roma, convencidos de que nuestra civilización colapsaría a partir del año 2000 debido a la escasez de recursos, idearon un diabólico plan que consistía en fabricar un microbio indetectable, casi invisible, que atacara de forma infalible el sistema inmunológico de los seres vivos (VIH) y por lo tanto, favorecer que la aparición de una vacuna inmediata fuera casi imposible. Las órdenes dadas fueron desarrollar el microbio y también desarrollar una cura y profiláctico. El microbio podría ser usado contra la población en general y se introduciría mediante vacunas administradas en complicidad por la O.M.S. y organismos de salud continentales, tanto en África y Sudamérica como en Asia. El uso del profiláctico y antídoto sería utilizado en un principio por la élite gobernante. La cura sería administrada a los supervivientes, cuando los mandatarios decidiesen que ya había muerto el número de personas conveniente a sus intereses. Entonces, sería anunciada la vacuna como si fuese un descubrimiento reciente. Este plan fue llamado Global 2000.

Quien piense que está a salvo de toda esta ansia por controlar e influir en las personas, por parte de sus gobernantes —a veces en la sombra—; quien piense que todo es falso y es producto de mentes conspiranoicas; además de engañarse a sí mismo, estará contribuyendo a que dichas tramas encuentren mucha menos resistencia para ser llevadas a cabo. Dichas prácticas, conducen a un  nuevo feudalismo, donde la población atemorizada, sucumbe ante el poder del tirano que la somete y amenaza con un virus, al tiempo que lo alienta y premia con el favor de su panacea. Todo esto puede resultar mucho más grave e importante de lo que parece.

Para contrarrestar toda es urdimbre de amenazas que conllevan el capitalismo y la globalización de los mercados, encuentro un fino hilo de esperanza en la propuesta filosófica que defiende uno de los filósofos más importantes de la actualidad, Zygmunt Bauman (1925), y su teoría de “La identidad en la modernidad líquida”.

En el lúcido y referenciado planteamiento de Bauman, la búsqueda de la identidad propia, es concebida como tarea y responsabilidad vital de cualquier individuo; y su culminación, entendida como proceso y fin de su doctrina, constituirá la última fuente de arraigo del ser humano.

Bauman añade, que en la modernidad líquida —y para ello utiliza una bella y telúrica metáfora—, las identidades se asemejan a una costra volcánica que se endurece, vuelve a fundirse y cambia constantemente de forma. Todo aquel que quiera sobrevivir con dignidad, deberá adaptarse a las condiciones del entorno, cumpliendo así uno de los factores clave de la selección natural. El filósofo y ensayista polaco, plantea que dichas identidades, parecen estables desde un punto de vista externo, pero que al ser miradas por el propio sujeto revelan una fragilidad y desgarro constantes.

Según sus argumentos, en la modernidad líquida, el único valor heterorreferenciado es la necesidad de hacerse con una identidad flexible y versátil que haga frente a las distintas mutaciones que el individuo ha de superar a lo largo de su vida.

La identidad, se configura pues, como una responsabilidad reflexiva que busca la autonomía de los demás incluyendo la constante autorrealización personal, aunque, por su propia naturaleza, esté abocada a una constante inconclusión de sí misma, debido principalmente a una flagrante falta de estabilidad en todos los ámbitos de la modernidad tardía.

El Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2010, entiende que la felicidad se ha transformado de aspiración ilustrada para el conjunto del género humano, a un implacable y enfermizo deseo individual. Y en una búsqueda activa, más que en una circunstancia estable, porque si la felicidad puede ser un estado, sólo puede ser un estado de excitación espoleado por la insatisfacción. El exceso en los bienes de consumo nunca será suficiente, por más que la verdadera felicidad tenga poco o nada que ver con la materia.

Bauman, al plantear la modernidad líquida, se refiere al proceso por el cual el individuo tiene que pasar para poder integrarse en una sociedad, cada vez más global, pero sin identidad fija, y sí maleable y voluble. La identidad se tiene que inventar y reinventar, construir y deconstruir, moldeando así las máscaras de la supervivencia. Sin llegar a ser una apología de la hipocresía, Bauman llega a esta conclusión a partir del análisis histórico de los grandes cambios que ha experimentado la sociedad, en especial, a partir de la lucha entre clases, entre el proletariado y los dueños de los procesos de producción, a finales del siglo XIX. El desintegramiento de las sociedades colectivas dio paso a la individualidad en términos de ciudadanía, los cambios vertiginosos que ha provocado la globalización y el imperialismo comercial de los monopolios en contubernio con los gobiernos neoliberales, el resurgimiento de la alteridad (movimientos indígenas), feminismo, la lucha arcaica en medio oriente, el crecimiento exponencial de la población mundial; son factores que han marcado y forjado —cada uno en su medida— la creación de nuestro panorama contemporáneo hasta llegar a la era de las tecnologías de la información y comunicación, donde más se observa la problemática de la identidad en la modernidad líquida. Si antes, en el siglo XVIII, la sociedad se caracterizaba por su sentido de pertenencia del individuo muy marcado entre los distintos estratos sociales, ahora con el auge de las redes sociales y los múltiples medios de comunicación, las identidades globales, volubles, permeables y propiamente frágiles, oscilan de acuerdo a la tendencia que marca el consumismo. Sin embargo, esta identidad escurridiza, nos hace cada vez más dependiente del otro y es ahí donde se encuentra la esperanza de crear condiciones de crecimiento en términos de humanidad, conciencia colectiva, siempre aspirando al bien individual pero partiendo del bien común, en un intento humanista de imitación a la naturaleza. Sin duda, un planteamiento utópico que, de ser desarrollado, compondría un nuevo y necesario orden mundial, más justo, menos destructivo, y por el que valdría la pena luchar.

jun cruz

Con Juan Cruz, director de cine, en la ciudad de San Sebastián.

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portada las fases del mercurio

Título: Las Fases del Mercurio

Autor: Rafael Coloma

Género: Poesía

Editorial: Brosquil

Año de publicación: 2005

Número de páginas: 98

Rafael Coloma es sin duda, una de las voces poéticas españolas más originales y auténticas de finales del siglo XX. Su osadía como poeta le ha llevado a ganarse títulos como: radical, iconoclasta, transgresor, irreverente, calificativos en él, llenos de lucidez y sarcasmo.

Rafael nació en Valencia en 1945 y atraído por los conceptos humanistas estudió Filosofía en la Universidad de Valencia, ocupó el cargo de Jefe de Sección del Libro de la Generalidad Valenciana y fue el máximo responsable de la Biblioteca Pública de Valencia. Actividades de importancia social y todas ellas ligadas a la cultura, en concreto a la Literatura, arte que para muchos es ciencia o religión, un arte que en las manos de Coloma adquiere un nuevo significado.

Persona entusiasta y amante de las artes en general como el Cine, la Música o la Pintura, es una figura omnipresente en los círculos artísticos valencianos, ligado por afinidades y amistad, por ejemplo, al grupo poético “El Limonero de Homero” o al “Taller de Poesía” de la Universidad de Valencia impartido por Elena Escribano.

Ha incursionado en la narrativa desde sus inicios en varias ocasiones: Jornada intensiva (CAM 1976), Fragmentos para Miss Urquhart (Alfaguara 1982) o De la Naturaleza del Cielo (Aries 1985), pero ha sido en la vertiente poética donde Coloma ha encontrado un verdadero vehículo con potencia suficiente como para poder canalizar toda su abstracción. Facsímile (Víctor Orenga, 1987), El regreso de Holly Golightly (Libertarias, 1992) o Los silencios de Jane Austen con el que ganó el premio de la Crítica Valenciana en 1987 son un buen ejemplo de ello.

Rafael ha contado en muchas ocasiones con colaboraciones de personalidades ilustres del mundo de la cultura para presentar con mucho más empaque su obra ante el público, como por ejemplo, once años después de publicar su poemario Yoni Bismuler Forever! se publicó una reedición en el año 2004 por la editorial “Edicions de ponent” pero ilustrada por el artista alicantino Arly Jones. En el año 1997 Los silencios de Jane Austen publicado por la editorial “Aguaclara” ganó el premio de la Crítica Valenciana con prólogo firmado por Rosa María Rodríguez Magda, catedrática de Filosofía, directora del Aula de Pensamiento de la Institución Alfóns el Magnánim de Valencia y Miembro del Consell de Cultura de la misma ciudad, sin duda Coloma sabe elegir muy bien a sus colaboradores.

Para esta ocasión Rafael cuenta ni más ni menos que con la aportación de Jaime Siles, que nos confiesa en su acertado prólogo la dificultad a la hora de elaborar para cualquier persona las cartas de navegación que utilizará el lector de cualquier obra artística, máxime si la obra es de un autor como Coloma, abstracto en ocasiones, surrealista en otras, y digamos que tan capaz de alcanzar cotas en diferentes estilos como inclasificable.

Una ilustración de Manuel Bellver ornamenta la cubierta del libro, libro que comienza con una dedicatoria a la psicóloga Margarita Sánchez Durá que fue miembro fundador del Colegio de Psicólogos de Valencia y falleció tristemente once meses después de la publicación de éste libro. Seguidamente encontramos dos citas de apertura, una de Ítalo Svevo que clama «Yo soy un hombre nacido realmente a destiempo» y otra de Fernando Pessoa que apunta «Decirse es sobrevivir», notas luminosas con respecto al pensar de un artista que adolece el desencuentro entre su alma y el  panorama artístico contemporáneo de los semovientes —o debería decir de los semovivientes— que lo rodean.

El poemario está estructurado en siete partes, aunque yo diría que son tres, distingo claramente un preludio representado en el primer bloque que está compuesto por un poema “El punto de fuga”, después comienza el aria que está compuesta por los tres bloques esenciales, los que soportan el peso de la obra: “Continuidad de las tardes”, “Paisaje urbano con espejo” y “Las Cárceles del Tiempo”, y para finalizar, Coloma utiliza otro poema solitario o coda llamado “Las fases del Mercurio”. Debo decir que antes y después del que sería el cuarto bloque natural, Rafael introduce dos pinceladas tituladas “Dama en azul I y II” en forma de anotaciones en primera persona a las que él llama (e-mail).

Coloma prescinde de títulos para sus poemas en todo el libro exceptuando los del apartado “Paisaje urbano con espejos” quizá porque sean necesarios para ubicar en el mapa los motivos poéticos de sus descripciones. Ningún poema supera los diez versos y están presentados con la continuidad narrativa de una poesía en prosa, ¿o prosa poética? Una ardua tarea que sin duda deberá abordar cada lector.

Confieso que al terminar la lectura de Las fases del Mercurio sentí la sensación de tener entre mis manos un cuaderno lleno de ilustraciones, un libro pictórico plagado de colores y texturas, algo así como el Cuaderno de Roma de Mestre, así que volví a abrirlo por el principio para cerciorarme, pero sólo había palabras.

Coloma tiene la cualidad de utilizar, yo diría que inconscientemente, la lengua castellana como una pluralidad de sistemas para inmiscuir al lector en una vorágine de sensaciones, en un contexto aparentemente caótico y laberíntico donde todo aquel que quiera hallar un sentido coherente se lo tendrá que trabajar: “Descifrar el enigma de una lágrima y sentir el espasmo de la tarde sobre la planicie de mi espalda”. Desde la estética de sus renglones narrativos, al léxico, sus múltiples figuras y argumentos, a la sustancia de su expresión, todo está subordinado al vaivén de sus pinceles que van expandiendo los colores sobre el tapiz de nuestra imaginación: “Un barco de papel zarpa en los muelles de la Luna”. Los primeros poemas van componiendo una lontananza pictórica llena de veladuras y sfumatos, todo sugerencias, sutileza envuelta en gasas de misterio, y poco a poco vamos reconociendo las texturas: “Busco palabras que no me den problemas, que no dependan de mi humor”, existencialismo, autocrítica, búsqueda de la utopía, un tímido abocetado comienza a esquiciar las formas. “Los piratas saquearon la caja fuerte del diccionario”, no hay lugar para el aburrimiento entre los versos de Coloma, pasamos de la excitación al desencanto en un abrir y cerrar de ojos, somos testigos de una vehemente crítica bordada con ironía y sarcasmo. “El asesinato sistemático es el mejor recurso para silenciar a todos aquellos que fabrican vacío con la sintaxis”, el poeta se ensueña y reflexiona en voz alta, sin tapujos, aunque lo que expulse a veces sea imprudente o violente a quien lo escucha.

El bloque “Paisaje urbano con espejos” es un cuaderno de bitácora, una hoja de ruta de apuntes paisajísticos, pero unos paisajes de su mundo interior que deambula por un itinerario de plazas, puentes, óperas o bibliotecas, coliseos dorados de naturaleza muerta sobre los que Coloma estofa sombras demoníacas como relieves al temple.

De repente, a la manera de Klint o Kandinsky y cuando parece que estamos formando nuestra composición de campo frente a un cuadro, Rafael nos sorprende con trazos gruesos y enérgicos dignos de una pintura de acción y rompe todos nuestros esquemas, una aerografía inolvidable salpica lo pintado e inunda los vacíos, los enclaves ideales para colocar figuras, y pensamos por un momento que quizá el motivo principal no es el color o las formas, sino la imagen que de ellos se forma nuestra percepción. “Mensaje de esperanza para la juventud: el ombligo de E.T está a tres kilómetros de aquí. (Ya queda menos piensan los yonquis). Expresionismo abstracto, surrealismo, posmodernismo, es difícil concretar los géneros que la creatividad de Coloma toca con suma sencillez para embargarnos el alma, nos arrastra con su descaro y su mordacidad hasta callejuelas infestas donde puede aparecer un unicornio con alas que huele a hamburguesa. Todo es posible en éste poemario escrito entre Valencia, Berlín y Mallorca que no es más que una piedra preciosa de engarce en el suntuoso conjunto de la obra de éste autor que ya forma un corpus digno de admiración.

Me gustaría afirmar que Las fases del Mercurio es un termómetro para calibrar las emociones, o un manual teórico sobre las paulatinas fases del extraño metal, pero no lo es, quizá está más cerca de la divinidad que Mercurio encarnaba como dios en el Olimpo romano como mensajero de los dioses, aunque después de haber leído y releído estos versos sólo alcanzo a afirmar que una de las características del Mercurio en estado líquido como metal pesado es romper las leyes de la gravedad y de la lógica debido a su deslocalización electrónica, curiosamente la misma cualidad que posee Rafael Coloma como poeta, un estado de gracia que transporta a sus lectores. 

                           

imagen de agosto

meryl streep

Título original: August: Osage County.

Dirección: John Wells.

País: USA.

Año: 2013.

Género: Comedia dramática.

Interpretación: Meryl Streep, Julia Roberts, Ewan McGregor, Chris Cooper, Abigail Breslin, Benedict Cumberbatch, Juliette Lewis, Margo Martindale, Dermot Mulroney, Julianne Nicolson, Sam Shepard, Misty Upham.

Guión: Tracy Letts, basado en su obra.

Producción: George Clooney, Jean Doumanian, Steve Traxler, Grant Heslov y Bob y Harvey Weinstein.

Fotografía: Adriano Goldman.

Banda Sonora: Gustavo Santaolalla.

Montaje: Stephen Mirrione.

Diseño de producción: David Gropman.

Vestuario: Cindy Evans.

Distribuidora: DeAplaneta.

Duración: 120 minutos aprox.

Estreno en España: 10 Enero 2014.

Agosto comienza de forma evocadora, la voz de Sam Shepard (Beverly) en su única escena, recitando versos del poeta T. S. Eliot: «La vida es demasiado larga». Ya en los títulos de crédito preliminares, la ausencia de los nombres del reparto comulga con la honda y expansiva soledad de este verso, el personaje encarnado por Shepard, confiesa ante la que será su empleada de hogar, que los libros han sido y son su refugio, de hecho ha sido un poeta laureado, y esa desoladora sensación de aislamiento y resignación, es la que inunda toda la película, todos los escenarios, todos los personajes.

Jhon Wells, director de la película, demuestra un talento inusitado en un cineasta con su trayectoria, su anterior película (The Company Man, 2010) también contaba con estrellas en el reparto y relataba momentos críticos en la vida de una persona, ese es el único precedente como director con el que cuenta, sus anteriores trabajos, como actor en Duma (Carol Ballard, 2005) o como productor en (La flor del mal, 2003) o (Historia de un crimen, 2007) fraguaron una vertiente humana en su visión como artista, no hay que olvidar que Wells también ha escrito, producido y realizado teatro, algo que le ha dado muchas tablas en su etapa de aprendizaje. Pero sin duda, donde el director nacido en  Virginia ha alcanzado fama y notoriedad ha sido en la televisión, no en vano ha sido reconocido en numerosas ocasiones por su talento en series como (Urgencias, 1994) por la que ostenta el record de premios Emmy en Estados Unidos ganados durante más de una década de emisión. Debido a su participación en esta exitosa serie debemos la participación del actor George Clooney en la producción del film, ya que una fuerte amistad une a ambos artistas desde hace veinte años.

La dimensión literaria del realizador entronca perfectamente con las exigencias del guión, una adaptación de la exitosa obra teatral escrita por Tracy Letts, dramaturgo que es —por suerte— el autor del guión de la película. La obra de teatro, estrenada en 2007, fue merecedora de  5 premios Tony y el premio Pulitzer, distinciones que la llevaron a ser una de las representaciones mejor valoradas no sólo de su año, sino de su época. Esa condición de teatralidad es la baza fuerte, sin duda, del largometraje; la riqueza y hondura de los rasgos de los personajes, sus mundos interiores, la densidad interpretativa, no ya de unos diálogos logrados, sino de una recreación milimétrica de una atribulada realidad.

Parte de ese peso atmosférico es transmitido por varios factores que confluyen equilibradamente, por un lado está el calor representado en el título, un agosto sofocante, extenuante y opresivo que va lacerando poco a poco los nervios, va mermando la paciencia y se convierte casi en un personaje más de la historia. Lo mismo ocurre con los paisajes; esas grandes llanuras que rodean la mansión en las afueras de Pawhuska, áridos, hermosos a la par que desasosegantes, una gran labor del director de fotografía y la planificación, factores clave en la textura y ritmo narrativos que hacen de la historia un fresco de las relaciones familiares contemporáneas.

La luz de algunos planos, estáticos, pictóricos, compuestos con un sentido de la estética, sí, pero subordinado al mensaje que se quiere transmitir, dan buena cuenta del perfeccionismo invertido por Wells a la hora de narrar un texto con tanto peso: los planos medios con ligero contrapicado, los planos contraplanos, la lenta cadencia de los sucesos, sin prisas por llegar a su desenlace,  la casi total ausencia de maquillaje en los actores, la herrumbre y desgaste del atrezzo, la escalonada aparición de los personajes —muy bien escogidos— que van oxigenando el conjunto, esos cristales sucios de los coches, o la selección de canciones que van apareciendo en esta suma aritmética de logros y virtudes. Pero si no fuese suficiente con las miradas sostenidas al vacío de los personajes, esos planos que barren las estancias y paisajes en busca de detalles tan imprescindibles como insignificantes, tenemos el trabajo instrumental de Gustavo Santaolalla, una simbiosis tan perfecta de música y texto que apenas se percibe en el natural transcurrir del metraje. Santaolalla ha sido merecedor del Oscar en dos ocasiones y es un paradigma entre los compositores de bandas sonoras, ya que, este argentino —ya ilustre— autor de la banda sonora de Babel (Alejandro González Iñárritu, 2006) es un autodidacta que no sabe leer ni escribir música. Para que se hagan una idea del esfuerzo musical de la película, el trabajo elaborado por Santaolalla está a la altura del que realizó Hans Zimmer para Thelma & Louise (Ridley Scott, 1991).

Pero no nos engañemos, si hay un valor irrefutable entre los aciertos de esta película, ese es sin duda el de Meryl Streep, cualquier adjetivo que pudiera escoger se quedaría corto al lado de la proeza interpretativa de la actriz de Los puentes de Madison (Clint Eastwood, 1995). El papel de una Streep en estado de gracia eclipsa por completo al elenco interpretativo de la película, su jalonado poder magnético como actriz recuerda el rol interpretado por Gloria Swanson en El crepúsculo de los dioses (Billy Wilder, 1950), una interpretación que sin duda dará que hablar y quedará para el recuerdo.

La simple historia de un funeral y el impacto que este causa en las relaciones de una familia de clase media americana es el leit motiv suficiente como para que Wells aborde los entresijos de la condición humana: la hipocresía, el absurdo costumbrismo, el tedio, la incomprensión, secretos inconfesables, todo son ambages que afloran en lo que uno de los personajes define como familia: “Una selección genética aleatoria”.

El género de la película es comedia dramática, pero su director no concede a la comedia muchos minutos, el drama gobierna por completo la historia, una historia que podría ser la de cualquiera de nosotros, unos personajes que despiertan formando parte de un grupo de personas dispares con las que está obligado a relacionarse, de ahí esas insalvables distancias entre orgullos y mentalidades, la metáfora de las grandes llanuras como soledad en expansión y el calor de un agosto que regresa cada año para extenuar nuestras almas.

manuel velles

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Evento: Cinergía

Patrocinador: Gas Natural Fenosa                                

Localización: Teatro Victoria Eugenia, San Sebastián (España)

Fecha: 9/7/2014

Redactor enviado/entrevistador: José Antonio Olmedo López-Amor

Persona entrevistada: Manuela Vellés (actriz)

Manuela Vellés Casariego (Madrid, 16 de enero de 1987) debutó en el cine con tan solo 20 años de la mano del director Julio Medem (Caótica Ana, 2007). Es pareja del también actor Miguel Ángel Muñoz. Hemos podido verla en televisión en las series: Hispania, la leyenda, La chica de ayer, La señora o Velvet. A pesar de su juventud, tiene un amplio recorrido como actriz y -lo que es más importante- su futuro es muy prometedor.

Entrevista:

-En el año 2013 rodaste la película “Al final todos mueren” un proyecto original, compuesto de cinco historias diferentes, cinco cortos de aproximadamente 20 minutos de duración encabezado por el director Javier Fesser. ¿Cómo fue la experiencia?

Pues fue un proyecto muy interesante, también parecido a este, eran varios directores, a mí me tocó rodar con Pablo Vara, y como has dicho, el padrino era Javier Fesser, con quien ya trabajé en (Camino, 2008). También aquello fue género fantástico, de terror, un género que permite contar cosas muy distintas. El tema general de la película era el fin del mundo, y en mi caso concreto, faltaban diez días para que un meteorito colisionara contra la Tierra; me metí de lleno en el personaje y pensé en la posibilidad real que aquella historia tenía de ocurrir y la verdad es que fue muy emocionante e intenso.

-En el año 2007 tuviste la gran suerte de ser elegida por el director de cine Javier Prado Benítez, que por aquel entonces hacía las labores de director de casting, para rodar Caótica Ana (Julio Medem, 2007). ¿Qué supuso para ti y tu carrera aquel rodaje?

Pues lo supuso todo. Fue el principio de mi carrera, mi primer papel, mi primera película. Medem era un director que yo admiraba y soñaba con trabajar con él. Aquel fue un rodaje maravilloso, aprendí muchas cosas, viajamos mucho, para mí fue como un sueño.

-Acabas de rodar para el proyecto Cinergía un corto titulado 1:58 a las órdenes de uno de los directores más prometedores de nuestro cine, Rodrigo Cortés, que ha dirigido a dos leyendas como Sigourney Weaver y Robert de Niro. ¿Cómo ha sido la experiencia de rodar junto a él?

Pues muy gratificante. Cortés es un director al que admiro, he visto todas sus películas. Él se mueve entre los géneros del terror y el thriller, casualmente los géneros que más me gustan, aunque en el caso del corto que mencionas hay un poco de humor. Rodrigo es un director muy inteligente y ha sabido añadir ironía a la historia; es un director muy completo porque además de dirigir, escribe, actúa, produce, y la verdad es que mi experiencia con él ha sido fenomenal, nos hemos entendido muy bien.

-¿Con qué directores de cine que no hayas trabajado te gustaría hacerlo?

Pues me gustaría mucho trabajar con Icíar Bollaín, Daniel Sánchez Arévalo, Gracia Querejeta, Enrique Urbizu.

-¿Y extranjeros?

Tarantino, Lars Von Trier, Spielberg.

-A pesar de tu juventud tienes una amplia experiencia como actriz. Háblanos de tus próximos proyectos.

Pues estoy rodando actualmente una película con Paula Ortíz, la directora de (De tu ventana la mía, 2011) se trata de una película que se titulará “La novia”, una versión de Las bodas de sangre de Federico García Lorca. Actualmente estamos rodando en Zaragoza y este mismo lunes viajo a tierras mañas. Y tengo la suerte de poder compaginar el rodaje de esta película con los capítulos de la nueva temporada de la serie “Velvet”.

-Ya para finalizar, ¿cómo ves el futuro del Cine español?

Pues poco a poco, veo que es muy complicado sacar proyectos adelante, pero creo en el talento absolutamente, hay muchísima gente con ganas de trabajar y muy capacitados, gente que trabaja con mucho esfuerzo para realizar sus sueños, y aunque está siendo muy duro para todos, soy muy positiva y siempre diré que la cosa irá a mejor y que lo que importa realmente es el talento y el esfuerzo.

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Yacouba Sawadogo

¿Cuántas veces hemos dicho que nada vence a las fuerzas de la naturaleza? ¿O cuántas otras hemos sucumbido ante amenazas que se perpetraban inexpugnables? Si bien la raza humana como especie se considera a sí misma como la más desarrollada del planeta y quizá del cosmos, el ser humano, al ser analizado de manera individual no coteja esa misma grandeza.

Y es que nadie duda a día de hoy acerca del potencial físico o mental de que dispone cualquier persona, sin embargo, todas esas virtudes pueden venirse abajo tras un desengaño, una pérdida o un accidente; si hay algo que diferencia a las personas ganadoras y plenas de las perdedoras y frustradas, es la voluntad.

Según el diccionario, la definición de la palabra «voluntad» significa algo así:

«La palabra voluntad proviene del latín voluntasvoluntātis (verbo volo = ‘querer’, y sufijo -tas-tatis = ‘-dad’, ‘-idad’ en castellano), y consiste en la capacidad de los seres humanos y de otros animales que les mueve a hacer cosas de manera intencionada. Es la facultad que permite al ser humano gobernar sus actos, decidir con libertad y optar por un tipo de conducta determinado. La voluntad es el poder de elección con ayuda de la conciencia».

Por tanto, advertimos rápidamente que una de las graves carencias de las que adolece el ciudadano moderno, sin duda, es la voluntad; la persistencia, el empeño o la entereza, son factores importantísimos también, pero en todo caso se adscriben al motor principal de todo acto, la voluntad.

Se dice que en la actualidad, la voluntad individual de cualquier ciudadano, se disuelve y desaparece frente a los intereses del sistema; se dice también que los medios de comunicación —y de qué manera— influyen notoriamente en la conciencia de las personas y las condiciona directa o subliminalmente; el diseño de nuevas —y terribles— drogas de laboratorio que, nadie sabe cómo, se “comercializan”; y es que, anular la voluntad de un ser humano es convertirlo en marioneta, en esa dirección camina la siembra del capitalismo, del imperialismo, un escenario demasiado atractivo para aquel que pretende controlar el guiñol de la vida.

Los libros de Historia Contemporánea informan con total claridad y brevedad, de hecho, les basta con tan sólo un renglón, que la miseria y el hambre en el mundo fueron las principales consecuencias de la instauración del imperialismo. Un «daño colateral» dirían ahora, algo que muchos se esforzaron en aplicar y muy pocos en erradicar. Esa aplicación de un modelo de prosperidad económica dictatorial y violento, además de haberse arraigado, causa lo que llamamos «Tercer Mundo». Una parte de la humanidad disfruta el lujo y la gula, mientras que la otra subsiste en condiciones infrahumanas. Con esa realidad, aceptada por todos, convivimos. Aunque, por suerte, algunos seres humanos se resisten a asumirla y luchan contra ella protagonizando heroicas gestas que, además de asombrarnos, deberían ridiculizarnos e instarnos a imitarles.

En el Sahel, una región al norte de Burkina Faso, hace más de cuatro décadas que el desierto del Sáhara comenzó una desertificación progresiva procedente de Mali que amenazaba seriamente las condiciones de vida de sus pobladores. Si ya de por sí era complicado sobrevivir en esta zona debido a la pobreza, la escasez de recursos o la impunidad frente a la violencia de algunas sociedades del terror, a ello había que añadir la imparable expansión de un desierto que crecía y crecía provocando el éxodo masivo de las regiones del noroeste del país.

Yacouba Sawadogo era un humilde agricultor de apenas treinta años; afectado por las dramáticas consecuencias de la desertificación en su pueblo, pensó la forma de combatir esa tragedia paulatina con sus propias manos. Mientras los demás huían, Sawadogo decidió probar suerte utilizando una técnica de agricultura, ya en desuso, denominada «Zaï». Dicha técnica consistía en excavar agujeros en la tierra de veinte centímetros de profundidad, en su interior se depositaba estiércol y compost al lado de la semilla que se pretendía germinar. Tras tres largos años de perseverancia y una considerable extensión de tierra cultivada, llegó una temporada de lluvias que duplicó el resultado de las cosechas, con el tiempo, incluso se multiplicó por cuatro. Yacouba, lejos de regocijarse tras su éxito, decidió —entonces más que nunca— que esta técnica podía mejorar considerablemente la vida de sus compatriotas. Así que sin dilación, y teniendo en cuenta la envergadura del gigantesco desierto, fue consciente de que necesitaba ayuda y recorrió en moto todas las ciudades que, por su ubicación geográfica, eran susceptibles de sufrir el avance del desierto con la única misión de enseñar a los vecinos de la zona, tanto el éxito de sus técnicas como su forma de aplicarlas.

Este hecho hizo que los beneficios de una técnica actualizada como el  «Zaï» se viesen incrementados y con ellos, la calidad de vida de los burkineses. Uno de los factores por los que se dice que fue actualizada esta técnica, es la plantación de árboles, de esta manera, sus profundas raíces mantienen por más tiempo la humedad en el terreno, un terreno que debe soportar, durante su estación más seca, el llamado «harmatán»: un viento continental proveniente del nordeste sahariano que “literalmente” seca la tierra.

Hoy, tras cuarenta años de lucha contra la naturaleza, Yacouba Sawadogo tiene casi setenta años y la satisfacción de ser uno de los benefactores más populares de su tierra, una tierra a la que nunca abandonó y por la que luchó sin importarle su propio sacrificio. Después de cuarenta años aguantando que lo llamaran loco, enfrentando su cuerpo y su mente al sol, a la lluvia, al viento, la obstinada tarea llevada a cabo por Sawadogo ha vuelto fértiles más de tres millones de hectáreas de tierra estéril, trayendo consigo mayores ingresos económicos para los agricultores, además de poner freno al éxodo rural y fortalecer el nivel de autosuficiencia alimentaria de las zonas reforestadas.

¿Cuántos Yacoubas conocemos en nuestro entorno? A lo largo de nuestra vida, ¿cuántos locos se convertirán en héroes sin que les hayamos brindado nuestra ayuda? Este tipo de personas son las que deberían ser referentes en la sociedad, referentes por su inquebrantable voluntad, sin embargo son los olvidados. Recuerdo la noticia de un niño en Sierra Leona que recogía componentes electrónicos de la basura y a fuerza de intentar repararlos y conectarlos llevó la luz eléctrica a los vecinos de su aldea; sus inventos, cada vez más complejos y “útiles” para la población, lo llevaron de ser autodidacta a convertirse en ingeniero y recibir invitaciones desde los Estados Unidos para completar su formación.

Hay quien no se detiene frente a la misma muerte, esos corazones que, no sólo son la viva encarnación de la voluntad, sino que entregan todo su talento a mejorar la vida de los demás, deberían obtener algo más que nuestro aplauso tardío. Cuando en la actualidad escucho noticias indignantes a cerca de la corrupción, a cerca de las dificultades de las familias para sobrevivir, los miles y millones de niños, no sólo en el umbral de la pobreza, sino esclavizados y en la más absoluta necesidad, escucho en boca de alguien que la solución a todo esto pasa por la llamada «voluntad política» y algo en mi interior se revuelve.

El nepotismo, la crueldad, la ambición, forman parte de otro acto de desertificación a gran escala, el que se lleva a cabo en nuestras almas. Por suerte, todos sabemos de algún cruzado soñador que contradice los cánones y las modas en los ámbitos más variopintos, raras avis que nadan a  contracorriente en una sociedad cainita: humanistas que movilizan a todos sus contactos para dignificar la caridad convirtiéndola en solidaridad; funcionarios que se niegan a aplicar las crueles órdenes de sus jefes y son despedidos por ello o anónimos poetas que no venden su estilo y desempolvan métricas, cultismos y argumentos que, por más prístinos que sean, siguen y seguirán golpeando nuestras conciencias y reforestando las zonas quemadas de nuestro pensamiento.

Con el apoyo de los expertos internacionales, Yacouba Sawadogo ha recorrido el mundo como conferenciante invitado para transmitir el valioso legado de su experiencia. A día de hoy, el conocido como «el hombre que detuvo el avance del desierto» escucha como, en lugar de loco, le llaman héroe, y lejos de olvidar de dónde procede, lejos de volverse altanero o entregarse a las abrumadoras metamorfosis de la fama, Sawadogo es inmensamente feliz por poder ayudar a los suyos y confiesa sonriente hoy un antiguo deseo que siempre lo ha acompañado: “Me gustaría que la gente tuviera el valor de crecer a partir de sus raíces”.