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Interstellar en clave científica                             

  (Contiene Spoilers)

NO PUEDES ARRANCAR UNA FLOR SIN PERTURBAR LAS ESTRELLAS”

FRANCIS THOMPSON

Todavía no ha transcurrido un año desde su estreno aquí en España, y sin embargo, la cinta de Christopher Nolan, que ha recaudado ya más de 320 millones de dólares en todo el mundo, sigue y sigue dando que hablar, desde al mero aficionado al cine, hasta el crítico más experimentado, pasando por la comunidad científica, bien para ser elogiada o criticada, aunque desde mi punto de vista son muchos más aquellos que se pronuncian públicamente para defenderla. Y no es fácil contentar a una mayoría de espectadores, ya no por la formación científica o paciencia de que dispongan para valorar una obra, sino por las pretensiones, el mensaje y lenguaje de esta.

Algunas personas juzgan a Interstellar como si se tratara de un documental, algo injusto, no podemos exigirle a una pera las características de una barra de pan. Interstellar, por más realista que sea o fidedigna a bases científicas,  es y será siempre una obra cinematográfica, y el cine, no lo olvidemos, es ficción. Tirar por tierra una escena en la que hay invertidos millones de dólares, meses de trabajo y muchas páginas de aventura científica con base real, tan sólo sentenciando: «es que eso no puede ser posible» es hacer una lectura bastante pobre de algo que quizá nos sobrepasa.

Nolan no está obligado a ser realista en sus planteamientos, pero asumió ese reto, precisamente porque ese desafío conlleva una mayor dificultad, pero también mayor credibilidad y eso es algo a valorar. Su genio creador, llevó al cineasta a escribir situaciones que, en ocasiones, se instalaban en la fantasía, como por ejemplo, una de las escenas, ya una vez lanzado hacia el horizonte de sucesos de Gargantúa, donde el protagonista, no sólo alcanzaba, sino superaba la velocidad de la luz. Por suerte, Kip Thorne, uno de los científicos más reputados de la actualidad, estaba detrás en todo momento e insistió a Nolan para que desistiera en su empeño por rodar esa escena.

Kip Thorne y Cristopher Nolan

Kip Thorne y Cristopher Nolan

A decir verdad, la sola representación de esa idea pone los pelos de punta, ya que fue el sueño obsesivo que tuvo Albert Einstein cuando era un adolescente de dieciséis años y fue precisamente esa circunstancia, la de un hombre alcanzando un rayo de luz, la idea que lo llevó a culminar su famosa Teoría de la Relatividad General. Llegados a este punto cabe destacar la cláusula que exigió Thorne para participar como asesor de la película, y fue que ninguna de las hipótesis expuestas en el argumento se alejara de principios científicos reales, es decir, que por más inverosímiles que pareciesen las propuestas, siempre hubiese algún científico capaz de creer en ellas. Y así fue, Kip Thorne certifica que todas y cada una de las escenas de Interstellar parten de una base científica real, algo difícil de creer desde la perspectiva del profano.

Tal fue la implicación de Thorne en el proyecto, que se puso a trabajar con todo su equipo para tratar de representar un agujero negro en rotación, como lo es Gargantúa, de forma tan real como jamás había sido vista en el cine. En mayo de 2013, se decidió que los gráficos por ordenador de Interstellar serían desarrollados por la empresa Double Negative, propiedad de Paul Franklin. Los responsables de que los gráficos fueran físicamente correctos fueron Oliver James y Eugénie von Tunzelmann. A partir de un código en Mathematica escrito por Kip se obtuvieron los gráficos fotorrealistas que fueron renderizados con calidad IMAX y que propiciaron la morfología icónica que aparece en el film. Esta idea le llevó varios meses de ecuaciones, así como largas jornadas de procesos informáticos que, no sólo consiguieron su propósito, sino que provocaron nuevos hallazgos científicos que culminaron en dos artículos que Kip publicó en dos de las revistas más importantes en su género.

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Y más todavía, Thorne escribió un libro titulado The Science of Interstellar (W. W. Norton & Company, 2014), un libro que lo salva de la quema inquisitoria por sus detractores, ya que en él explica, punto por punto, cuándo hay física de manual en la película, cuándo dicha física se acerca a los límites establecidos y cuándo los rebasa, siempre de manera factible. Aunque por sí sólo, el libro sería insuficiente para el espectador científico y debería leer también los artículos que Thorne ha escrito en revistas especializadas durante cuarenta años.

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En la propia película se manifiestan ciertos factores que ayudarían a sortear ciertas críticas sin despeinarse. Por ejemplo, algunas críticas manifiestan que los planetas de Miller y Mann están iluminados como la Tierra, es decir, como si tuviese relativamente cerca un Sol como el nuestro. Cuando los personajes de la película barajan la idea de aterrizar en ellos, hablan de una estrella de neutrones “cercana”, lo que podría justificar esa luz ambiental, de hecho, en el planeta de Miller, el propio agujero negro con su disco de acreción podría ser una importante fuente lumínica, y en el planeta de Mann, tanto el día como la noche duran 67 horas y hace frío, lo que explicaría una mayor órbita y una mayor distancia a dicha fuente, como también —en su caso— una menor velocidad de rotación.

También he leído que algunos tildan de imposible la cercanía de un planeta a un agujero negro, tal es el caso del planeta de Miller. Por supuesto que los planos de Nolan son muy cinematográficos y ello puede motivar el equívoco. Es obvio que si la órbita del planeta lo llevara en algún momento a atravesar su disco de acreción, este sería bombardeado violentamente por una enorme energía desatada en varias direcciones y la vida en él sería imposible, por tanto obviamos que su órbita lo aleja de la situación vista en el famoso plano. Por supuesto, con el tiempo, un planeta en esas circunstancias estaría condenado a ser absorbido por el agujero negro, además de no ser el lugar más recomendable para vivir, pero estaríamos hablando posiblemente de mucho tiempo, puesto que Gargantúa es un cuerpo celeste en rotación.

Universo

Hay quien cree que los agujeros de gusano existen realmente, pero la verdad es que de momento son entidades hipotéticas, lo mismo que el taquión, predichas en la Teoría de la Relatividad. La idea de poder aparecer en un punto lejano del Universo sin perder la vida recorriendo el camino, es sin duda aventurera y romántica, pero nada más lejos de la realidad, sería posible provocar un agujero de gusano deformando el espacio-tiempo en una zona concreta, más todavía ahora, que desde el año 2012 los científicos del CERN descubrieron el Bosón de Higgs, la llamada «Partícula de Dios» que podría explicar el proceso de formación de la masa.

Quizá esa posibilidad explique por qué aparece el agujero de gusano en la película justo cuando las gentes de la Tierra lo necesitan. Y no es casualidad que, una vez atravesado el túnel de gusano o Bulk, lo que vendría a suponer una gigantesca grieta que une dos edificios diferentes, aparezcan los personajes demasiado cerca de Gargantúa, ya que parece ser que los datos y la información que necesitan en la Tierra se encuentran en la Singularidad que existe en el corazón del agujero negro.

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El tiempo que los personajes tardan el llegar a Marte y después a Saturno, es también un tiempo basado en nuestra tecnología real, aunque en el presente se estén calculando y proyectando motores cuánticos de propulsión que disminuirán radicalmente esos tiempos de llegada.

¿Y qué decir de la coyuntura social descrita en Interstellar? Donde los ingenieros son reconvertidos en granjeros por la necesidad de alimento del mundo. Un mundo que hace diez años colapsó y en el que la propia tierra se rebela contra el ser humano. Poco a poco van quedando menos alimentos que cultivar, tormentas de polvo, plagas, superpoblación, las fuerzas de la naturaleza nos obligan —por nuestra obstinación material por tenerlo todo— a regresar a los tiempos de las cavernas. Esta circunstancia no es que sea posible, es que está predicha por el propio Hawking; en menos de cien años no habrá recursos para todos, los combustibles fósiles, los minerales, el alimento, todo escaseará y debido a “soluciones” ridículas como el fracking, la situación empeorará drásticamente. Por tanto, la idea de abandonar el planeta Tierra para perpetuar la especie no es ningún disparate.

Hay un momento en la película, en que se cuenta que, tras el colapso económico, social y moral del mundo, el gobierno de los Estados Unidos ordena a la NASA bombardear pueblos hambrientos desde la estratosfera, algo a lo que la NASA se niega y para evitar que la gente se subleve contra la inversión económica que su funcionamiento supone, deciden seguir trabajando en secreto, clandestinamente, en un lugar alejado e inhóspito. Nuestro presente es un caldo de cultivo ideal para la conspiración, ya nadie confía en nadie y toda traición es posible, incluso sería viable que jamás hubiésemos pisado la Luna, pero los americanos lo hubiesen fingido con filmaciones para arrastrar a sus competidores, los rusos, a la ruina. Algo que narran en la película como argumento para reescribir los libros de historia.

Cuando las circunstancias se complican y uno se encuentra en apuros, nadie duda que cualquiera pondría en marcha todos los recursos a su alcance. En caso de hecatombe mundial, las personas pobres y sin recursos son las primeras en caer, lo cual no es ninguna novedad.

Otro de los aspectos de la película que ha sido comentado con escepticismo, es el comportamiento psicótico del doctor Mann interpretado por Matt Damon. Pocos justifican su drástico cambio de conducta, a pesar de comprender sus motivos de supervivencia, ya que parece transformarse en un perfecto villano sin escrúpulos. Es tema de actualidad el proyecto «Mars One» que pretende llevar humanos a Marte a fin de arraigar una colonia de 25 personas, sacrificando para ello las primeras remesas, voluntarios condenados a morir en un periodo de cinco años, ya que el ser humano no es capaz de soportar la cantidad de radiación a la que estaría expuesto en tierras marcianas. Dicha radiación, no sólo puede ser mortal, sino que puede alterar el genoma humano, puede reconfigurar nuestra conducta y aptitudes desencadenando con ello trastornos de actividad en distintas zonas del cerebro (cambio de conciencia). Nadie sabe qué tipo de radiación puede hacer mella en un  ser humano si este habita un planeta desconocido, ni cuáles podrían ser los cambios derivados de esa exposición, por tanto, el rol del doctor Mann también transita terrenos probables.

Einstein y Thorne en el Teseracto

Si podemos decir que Interstellar puede dividirse en tres partes: vida en la tierra, vida en el espacio y viaje místico, la tercera es sin duda la que más ha dado que hablar. El momento en que Cooper decide separarse de la Endurance y arrojarse al interior del agujero negro “acompañado” del robot dotado con inteligencia artificial, es sin duda el momento culminante de la película, ya que, todo lo que ocurre a partir de ahí, desata las dudas, la polémica e incluso la incomprensión del espectador.

Para acercarnos a comprender lo que proponen Nolan y Thorne, tenemos que considerar la Teoría de la Relatividad General y la Física Cuántica; la primera se hizo para analizar lo gigantesco, y la segunda —por decirlo de algún modo— fue concebida para estudiar lo más pequeño. Aunque cada una en su campo funcione de forma independiente, todavía no se ha encontrado el vínculo que las una; del resultado de esa pretensión nace la Teoría de Supercuerdas  o Teoría de Cuerdas.

La Teoría de Cuerdas postula que la materia es un estado vibracional de la energía, por tanto, no existe la materia, sólo la energía, la cual va adquiriendo una apariencia en una función adaptativa de la que se desconoce su pretensión. Esto es algo fácil de intuir si pensamos que en el momento de formación del Universo no había más que energía, es decir, no existía la madera, el hierro, la carne. Por tanto, podemos sospechar que seres, entidades, conciencias más desarrolladas que nosotros, o simplemente que habiten otra coordenada de este Universo —o de otro— podrían ser incorpóreos, deformes o invisibles. La geometría que conocemos es tal, debido a las fuerzas de la naturaleza, que en nuestro caso son cuatro: fuerza nuclear, fuerzas electromagnéticas fuerte y débil y la gravedad, si dichas fuerzas cambiasen de potencial, si se añadieran otras fuerzas o se suprimiesen otras, “todo” tal y como lo conocemos, sería distinto. La gravedad es para nosotros la fuerza más desconocida. Y según el argumento de Interstellar, la gravedad es la única fuerza capaz de atravesar dimensiones.

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Tomemos el espacio-tiempo de Einstein como la típica representación de una manta cuadriculada, los cuerpos que pongamos sobre dicha manta la deformarán hundiéndola según su peso, y por tanto, cualquier cuerpo cercano que caiga en esa zona hundida tenderá a acercarse al cuerpo mayor. Ahora imaginemos que las fuerzas se componen de microcuerdas que vagan de acá para allá, cuerdas abiertas, digamos, con forma de “C”, el concepto sencillo y fácil de comprender, lo que ocurre, es que todas las fuerzas tienen esa forma de microcuerda a escala cuántica, por eso, en su discurrir, llega un momento en quedan enganchadas en la cuadrícula del espacio-tiempo, todas, excepto la gravedad, cuya microcuerda es cerrada y vaga libremente, incluso cruzando dimensiones.

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Pero para poder viajar a otra dimensión deben existir otras dimensiones, y esa es otra de las hipótesis que pronostica la Teoría de Cuerdas, hasta un total de once dimensiones se prevé en sus ecuaciones. Además de las cuatro dimensiones conocidas (tres espaciales y el tiempo), dicha teoría argumenta la posibilidad real de la existencia de conceptos como Bulk (espacio más allá de las tres dimensiones), el multiverso, los universos brana o el llamado espacio de Calabi-Yau.

Supuestamente tras el Big Bang, y por causa de esa explosión (supuesto contacto entre dos universos diferentes en paralelo), zonas del espacio en tres dimensiones físicas, más el tiempo, solaparon otras zonas espaciales que contienen esas seis dimensiones desconocidas. Es decir, zonas del espacio se enrollaron y escondieron para siempre esta maravilla de la naturaleza a la espera de que algún fenómeno, como un agujero de gusano, permita vislumbrar ese escenario algún día. La existencia de universos en paralelo podría dar otro sentido a la llamada «radiación de fondo», así como también podría justificar la existencia de los viajeros del tiempo, significar los déjà vu y reescribir por completo la Historia que conocemos.

Durante la película se insinúa en varias ocasiones la posibilidad de que unos seres que habitan más allá de las dimensiones conocidas, son los que de alguna manera están guiando y ayudando a la raza humana, por ello las anomalías gravitacionales, por ello aparece el agujero de gusano, pero sobre todo, esta teoría culmina con la escena del protagonista en el interior del teseracto.

En teoría, aquello que sucede más allá del horizonte de sucesos de cualquier agujero negro, nadie lo sabe, es un misterio, por tanto nadie podría refutar cualquier afirmación en ese sentido. Más allá de un horizonte de sucesos se extiende un amplio limbo científico que toda inteligencia intenta conocer. Lo que parece claro, es que debido a la cantidad de energía colapsada en ese punto, las fuerzas de marea y velocidades que la materia puede alcanzar en él (recordemos que los agujeros negros son enormes aceleradores de partículas naturales) nada vivo puede sobrevivir a su absorción. El término espaguetización es utilizado en ciertos círculos para representar ese despedazamiento que sufriría algo físico sometido a tales fuerzas. Por tanto, decir a secas que el protagonista de Interstellar entra en un agujero negro, sobrevive y sale, sería algo más que fantástico.

Las supuestas entidades superiores, quieren enseñar a Cooper que la gravedad es manipulable y evitar con ello la extinción de la raza humana. Para ello, además del vínculo emocional que Cooper tiene con Murphy, su hija, es necesaria una clase avanzada de tecnología interdimensional. Es por esto, que antes que el protagonista sea descuartizado en el interior del agujero negro, es necesario que entre en un recinto habilitado para su masterclass, un lugar llamado teseracto.

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¿Por qué un teseracto?  Además de ser conocida esta figura por los amantes el universo Marvel en particular y los enamorados de la ciencia ficción en general, teseracto es un término acuñado en el Siglo XIX que posee cierto uso en la geometría, donde también es conocido como hipercubo, cuyas palabras describen una determinada figura que se forma a partir de dos cubos tridimensionales unidos en uno sólo que se desplazan en un cuarto eje dimensional, donde podemos catalogar al primero “longitud”, por otro lado al segundo “altura”, y finalmente al tercero, “profundidad”. El teseracto, en un dado espacio tetradimensional, es un cubo de cuatro dimensiones espaciales, un cubo  compuesto por 8 celdas cúbicas, de 24 caras cuadradas,16 vértices y 32 aristas, claro está, tomando en cuenta el desarrollo del polinomio (x+2)n, donde el valor de “n” es equivalente al número de dimensiones, que en este caso seria 4, y “x” es el largo, ancho, alto, entre otros, de la figura polidimensional, equilátera. El teseracto es elegido por considerarse una figura geométrica desfasada en el tiempo, en la que pueden confluir varios tiempos simultáneamente; así, Nolan concibe su analogía del mítico monolito de Kubrick en la morfología de una onírica biblioteca de babel. Si Borges levantara la cabeza, encontraría en esta puesta en escena el imaginario ideal para representar esa hipotética bilblioteca eterna donde todo libro susceptible de ser escrito, existe, otro aspecto que correlaciona la Biblioteca de Babel, con la Geometría, la Teoría de Cuerdas y la Ley de Murphy tan mencionada en la película.

Un simple cuadrado sería la representación de un teseracto en dos dimensiones, su evolución a una tercera dimensión sería el cubo, y así llegamos a una cuarta dimensión física representada en la figura del teseracto.

Es incluso lógico incluir la figura del teseracto una vez traspasado el horizonte de sucesos, o tal vez antes de traspasarlo, ya que tras esa hipotética barrera se esconden muchos de los secretos mejor guardados de la naturaleza. Las leyes de la física se rompen en el interior de un agujero negro, quizá por ello es la zona adecuada para que los seres supradimensionales influyan sobre el protagonista. Quizá sólo esa tesitura inestable de fuerzas y espacio-tiempo distorsionados sea la más propicia para el contacto.

Nolan no explica qué ocurre exactamente con Cooper, si antes de llegar a la Singularidad desnuda entra en el teseracto, si atraviesa por completo el agujero negro y es expulsado por su supuesto lado de expulsión, lo que entroncaría con la teoría de los agujeros blancos, o si en todo momento el protagonista es conducido por entidades superiores que salvan milagrosamente su vida justo al traspasar o no el horizonte de sucesos e introducirlo en el teseracto.

Si las entidades superiores llegan a apiadarse de su existencia, o son benévolas por algún motivo, subraya dicho hecho la afirmación que hay en la película sobre el amor como vínculo análogo a la gravedad.

Neorromántica es la idea de Nolan, volver al código MORSE, a los relojes analógicos, al sencillo clasicismo de lo primordial; los drones terminan siendo estériles y ser granjero es lo único que garantiza el sustento alimenticio. Con toda claridad, ese es otro de los mensajes de esta película, ese regreso anacrónico a la humildad ante la grandeza y peligrosidad de cosas que nos superan, aunque quizá sea cuestión de tiempo estar a la altura.                                                                                                                                                                                                                                                               Sin duda, Nolan ha marcado un antes y un después en la ciencia ficción con esta película, la perspectiva del tiempo la colocará donde merece, quién sabe si la velada historia de amor entre Cooper y la doctora Brand pueda continuar en una segunda entrega, la colonia de seres humanos criogenizados en el planeta de Edmunds invita a ello.

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